martes, 6 de octubre de 2026

 

Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Ocho

LA LITOESCULTURA CHAVIN: LOS DIBUJOS EN PIEDRA
DE LA VIDA Y DEL UNIVERSO 

Chavín de Huántar fue el mayor sitio de nuestra prehistoria, donde sus artistas lograron la hazaña de dibujar en piedra sus más importantes creencias sobre la vida y el universo las cuales, sin embargo, siguen siendo un gran misterio por resolver. Veamos los vestigios del impresionante arte lítico chavín.   

ESCULTURA

Con el arte en piedra, los chavines hicieron monolitos de culto, estelas y ornamentos de muros, columnas, clavos enormes y losas voladizas, entre otros. Destacan los siguientes vestigios, en orden cronológico de más a menos antiguo, según Uwe Carlson:  
·      Monolito del «Lanzón», en el «Templo Viejo»;
·      Algunas placas de relieve de la Plaza Circular Hundida.
·      Obelisco Tello, frente al «Templo Viejo»;
·      Cornisa del «Templo Nuevo»
·      Estela de Raymondi;
·      Ulteriores placas de relieve de la Plaza Circular Hundida y de la rectangular;
·      Portada de las Falcónidas.
 
EL «LANZÓN».
La teoría arqueológica general decía que representaba a la deidad chavín principal; pero ese enfoque está frontalmente cuestionado por la emergente visión chamánica como el marco conceptual para el conocimiento de la ideología sobre el ser, la realidad, el universo, la vida y la muerte que fue vigente en todas las culturas prehistóricas de los Andes Centrales y en todo el nuevo mundo.
Como ya se ha expuesto antes, esta nueva visión define a este vestigio como la imagen de un chaman ancestral en pleno «vuelo astral» para cumplir su sagrada tarea de conectar y mediar entre el mundo de los hombres y el de los dioses, asumiendo los poderes sobrenaturales de especies de poderosos animales depredadores de tierra y aire. 
Físicamente es una escultura de 5 Ms. de altura que esta clavada en medio de una de las más antiguas galerías de reducida forma cuadrangular, al final de uno de los pasillos, en el centro del «Templo Viejo». 
También, es una huanca, que del quechua se traduce como “piedra sagrada”, de primordial importancia en el conjunto de las creencias, presuntamente de índole chamánica, de los pueblos prehistóricos andinos. 
Nadie sabe el porqué de su forma de cuchillo o punta lítica de proyectil. En su superficie está labrada una imagen antropomorfo–zoomorfa, que los expertos consideran como la deidad principal de los chavines del tiempo del «Templo Viejo», o como una especie de totem del sacerdote chamán fundador o ancestral. Su cabello y cejas asemejan serpientes. De su boca salen dos grandes colmillos y sus dedos terminan en garras felinas. Su mano derecha está alzada y la izquierda apoyada en su muslo.
Tiene muchas similitudes con las imágenes esculpidas en la Estela Raymondi, con la diferencia de que la figura del «Lanzón» no lleva báculos.
Krisztof Makowsky cree que la personalidad de lo que representa el dibujo sintetiza las características de las fuerzas sobrenaturales que, según la cosmovisión chavín, residen en el inframundo. 
 
EL OBELISCO TELLO
Tiene la forma de un prisma de piedra, de 2.52 Ms. de altura y 32 Cms. de ancho en la base. Está esculpido en sus cuatro caras. Pesa unos 400 kilogramos.
En estado fracturado en su parte superior fue hallado por el campesino Trinidad Alfaro en el año 1907, cuando trabajaba su campo de maíz. El propio Alfaro le dijo a Julio C. Tello que el lugar exacto del hallazgo fue en la sección de la esquina suroeste de la terraza sobre la Plaza Mayor Cuadrada, al este del «Templo Nuevo», en el perímetro del trozo de roca que tiene varios hoyos redondos a manera de morteros» (el altar de Choque Chinchay).
Junto con sus vecinos, Alfaro la desenterró y la llevó hasta la puerta de la iglesia del pueblo. Doce años después, en 1919, Julio C. Tello la incluyó en su investigación de la cultura Chavín Huántar. Durante su estudio del santuario, Tello encontró el fragmento menor faltante cerca de donde se encontró la parte mayor. En 1919 fue trasladado en hombros al puerto de Huarmey desde donde por vía marítima llegó a Lima para su cuidado.
Su función: Tello y sus seguidores, postulan que el obelisco cumplía la función de representar a un dios de culto, aplicando el concepto del Viejo Mundo sobre sus efigies sagradas, es decir el uso de ídolos.
Perennización de un mito. Otros estudiosos, en cambio, opinan que el obelisco es la exposición de un relato o narrativa mítica. De la presencia en la escultura de una serie de oposiciones duales en los ideogramas como animal–planta, salvaje–doméstico, arriba–abajo, semilla–raíz y masculino–femenino, Richard Burger dedujo que se trata de la narrativa de un mito de origen de la agricultura, relato muy común en la mitología sudamericana. 

 
El obelisco Tello
 
Al respecto, el etnohistoriador peruano Marco Curatola ha determinado que aún en la versión moderna del antiguo «Mito de Achkay» se puede identificar los contenidos que habrían inspirado a los escultores chavín para la creación de las imágenes del obelisco.
Este mito fue recopilado por el arqueólogo peruano Toribio Mejía Xesspe en 1933-1934 en el área de Chavín de Huántar y según Bortoluzzi, M.; Martínez Armijo, I. (2019) en,  «Hacia una mitografía chavín: apuntes sobre el estado del arte». Kaypunku. Revista de Estudios Interdisciplinarios de Arte y Culturas, la leyenda se resume así:
Una vieja antropófaga rapta a dos huérfanos, un niño y una niña, para devorarlos, pero después de varias peripecias los dos infantes logran escapar transformándose en la estrella de la mañana (Achachi Ururi) y en aquella de la noche (Apachi Ururi). La vieja, en cambio, durante la persecución hacia el cielo caerá destrozándose cerca de las alturas de Chavín de Huántar dando origen, desde sus miembros, a los principales cultivos de la zona.
Curatola, afirma que los tallados del Obelisco muestran claramente «una monstruosa criatura carnívora con rasgos cocodrilescos, de cuyo cuerpo se ven surgir una serie de cultígenos», todo lo cual reflejaría una versión moderna del antiguo mito de origen de la agricultura, a pesar de las modificaciones y las transformaciones sufridas luego de los más de 2 500 años transcurridos.
El antropólogo Uwe Carlson, en Chavin enigmático: simbolismo y su significado, opina que, de la variedad de imágenes que contiene, es probable que no son de la divinidad,
sino una explicación gráfica complementaria necesaria de un contenido de los rituales religiosos.

 
Extracción de los dibujos del Obelisco Tello los que, supuestamente,
narran un célebre mito sobre el surgimiento de la agricultura.

Origen y antigüedad. No hay fechado ni siquiera aproximado de su manufactura, ni del inicio de su vigencia en el santuario. El arqueólogo Donald Lathrap especuló que el obelisco puede ser más antiguo que el «Lanzón» y que en realidad pudo haber sido traído a Chavín de Huántar desde otro sitio.
Richard Burger, señaló que cualquiera sea su origen, el obelisco, probablemente, fue venerado en Chavín de Huántar desde la vigencia del «Templo Viejo», lo que coincide también con la teoría de Luis Lumbreras, acerca de que su emplazamiento inicial habría sido el centro de la Plaza Circular Hundida, vinculada directamente con el viejo templo.   
Percepción general de las imágenes. De modo general, lo esculpido muestra la figura de un personaje desdoblado lateralmente o de dos personajes a lo largo del todo el obelisco, lo que ha generado varias interpretaciones: desde un Dios hermafrodita con un lado masculino y otro femenino o la existencia y una doble divinidad. Se perciben representaciones humanas, de felinos, serpientes y aves, además de algunas plantas.
Sobre sus interpretaciones: algunos investigadores coinciden en que el Obelisco Tello representa los ciclos de la naturaleza y al jaguar hermafrodita y es la representación más complicada de la iconografía lítica chavín. Sin embargo, hay quienes piensan que tiene más sentido que el felino representado sea un puma andino, debido a que compartía territorios con la antigua Cultura Chavín, no el jaguar.
Las dos figuras principales son muy parecidas, pero también tienen varias pequeñas diferencias. Sus similitudes son: largas mandíbulas con dientes y patas pequeñas con garras o zarpas, las colas de pez, según John Rowe o las plumas de un ave, según Federico Kauffmann, la figura de la chakana o Cruz del Sur y la figura de un felino.
Las otras representaciones que se pueden discernir son las de animales y partes de vegetales como flores, tallos, frutos y semillas. De animales se pueden identificar a un felino, una concha mullu y otra en condición de pututo o trompeta, un par de aves, un pez y algunos seres humanoides con cabeza, brazos y piernas, serpientes, más felinos. Entre los vegetales se puede identificar a la calabaza, el ají, el maní, la yuca, etc. Una gran muestra de la riqueza iconográfica compleja de Chavín.
Interpretaciones. La mayor parte de los investigadores concuerdan en que las figuras gemelas principales corresponden a la del caimán o a la de un cocodrilo ecuatoriano. Gary Urton planteó que las figuras «Amaru», versiones de un animal mítico que incorpora características de los caimanes de Rowe y Lathrap y del «jaguar-dragón» de Tello. 
Kauffman Doig afirmó que por la ausencia de rasgos antropomorfos se trata de representaciones del felino volador halladas también en culturas posteriores como Paracas, Nazca, Moche y Lambayeque.
En 1923, Julio C Tello percibió que los dos seres eran de sexo opuesto: el masculino muestra un falo desde el cual emerge un flujo que interpreta como semen y que Lathrap interpretó como la planta de la yuca. El femenino muestra el ícono de una semilla de una leguminosa o un maní, que se ha interpretado como un símbolo de lo femenino
En su obra ya citada, Krsysztof Makowsky, sobre los dioses prehistóricos andinos, expone la interpretación de que este monolito representa al mundo como un todo bipartito animado por una pareja de lagartos dragonianos, de pie, con las garras traseras en las entrañas de la tierra y las delanteras, en el océano. Los líquidos que salen de los órganos sexuales, de las bocas y las narices significan todas las fuentes de agua que aportan entre las mitades del mundo, la masculina y la femenina.
El acto sexual de las figuras genera la vida y las estaciones, mientras que las columnas vertebrales de ambos seres en forma de gran boca dentada, se manifiestas como el eje del mundo (axis mundi), protegido por tres parejas de otros seres antropomorfos ubicados en las partes baja, media y superior. Una cuarta pareja acciona una soga que simboliza el accionar para la creación de la vida.
En suma, Makowski, cree que los «lagartos cósmicos» son «una pareja animadora primordial» en el momento de un coito anal, representando así «una gran metáfora espacio–temporal, organizada alrededor del tema del régimen de aguas en el universo». En ese sentido, las representaciones en el obelisco tendrían la función de transmitir una enseñanza, «una compleja doctrina religiosa» sobre el origen del universo.
Estado actual. En 2010, estando el obelisco en el Museo Nacional Chavín, los restauradores fijaron con cemento la base del obelisco a su soporte y para reparar una fractura visible en la unión de los dos fragmentos en la parte superior. En 2015, el equipo del arqueólogo Peter Fux del Museo Rietberg de Zürich, Suiza, y los conservadores Gregor Frehner y Horacio Fernández, desmontaron la pieza con una barra de acero inoxidable introducida  en el centro del monolito unieron los dos fragmentos, reforzando la unión con un pegamento especial, así como reemplazaron la base de cemento armado por una de granito. Todo este trabajo se hizo con financiamiento de la empresa Antamina. Hoy la obra sigue en pueblo de Chavín de Huántar, en el museo de carácter nacional en Áncash.
 
LA ESTELA RAYMONDI
Es de granito pulido de 1.98 Ms. de alto por 0.74 de ancho y 17 Cms. de grosor. Por su forma es un paralelepípedo.
Según el historiador José Toribio Polo, fue hallada enterrada en 1840 por el campesino Timoteo Espinoza, en Chavín de Huántar cuando cavaba una sección de lo que fue la terraza cercana al «Templo Nuevo». Espinoza, junto con otros logró llevarla hasta el patio de su casa y con el lado de los relieves hacia el suelo, la utilizó como mesa. Eso conservó sus dibujos y evitó su destrucción. Veinte años después, en 1860, fue reconocida y registrada por el geógrafo y explorador italiano, Antonio Raymondi. En 1874 fue traslada a Lima.
En solo una de sus caras muestra el tallado de una imagen complicadísima de un ser mitológico, de frente y de pie, con rostro humano, pero con rasgos felínicos –boca con grandes colmillos, brazos y piernas que terminan en garras–, cuya expresión es muy severa y penetrante, con dos báculos, varas o bastones de vegetales o plantas en sus garras y una gran cabellera compuesta por serpientes entrelazadas. De su cinturón emergen también dos pares de culebras.
Por los rasgos de felino, la figura tiene similitud con el tallado del «Lanzón».
Si la imagen se invierte, muestra otros rostros y figuras ocultas, lo que representaría la dualidad y los cambios en la cosmovisión andina.

 
La Estela de Raymondi, imagen real e impresionante descripción a colores del dios de los báculos
 
Interpretaciones. Julio C. Tello vio en la imagen al dios jaguar, reiterando los lazos de origen de Chavín con la Amazonía y lo definió como el antecedente del dios Viracocha de la iconografía tiahuanaco. John Rowe coincidió y admitió que es el «Dios de los báculos». A su vez, Max Ulhe, por desconocer que no hubo relación cronológica entre Nasca y Chavín,  creyó que el trazado iconográfico del monolito derivó del estilo nasca e interpretó a la figura como un hombre–felino, de cuya cabeza se desprende una escolopendra o tal vez un milpiés con sus patas estilizadas en forma de bastones o culebras. Federico Kauffmann, en cambio, sostiene que se trata de un dios humanizado con atributos combinados de felino y de ave de rapiña, pues lo que para Uhle es una escolopendra y para Tello una mitra, son alas y plumas estilizadas que deben verse como la prolongación de la espalda de la divinidad, a manera de capa. Kauffmann denominó a esta divinidad como Piscoruna-Pumapasimi; en quechua: hombre ave con boca atigrada. Este «felino volador» estaría relacionado con el culto al agua y la invocación a la fertilidad, de tanta importancia en las civilizaciones agrícolas del Perú antiguo.

 
Dibujo de la Estela Raymondi mostrando al dios de los báculos, en posición
normal e invertida, expresión de la dualidad y más misterios
 
Función de culto. Algunos investigadores creen que el «Dios de los báculos» habría sido motivo de culto en el «Templo Nuevo» del santuario de Chavín de Huántar en las dos últimas etapas –Consolidación y Blanco y Negro– de la nueva cronología del sitio. Kauffmann especula que para su veneración la estela fue colocada en alguna parte principal del frontis del «Templo Nuevo», expuesta públicamente para ser reverenciada en los rituales masivos al aire libre que entraron en vigor con la construcción de las plazas Mayor y Menor, en la etapa de auge del santuario. Esto contrastaba con el uso del «Lanzón» que se hallaba oculto en una galería del «Templo Viejo», adonde solo podrían entrar los consultantes nobles y los sacerdotes.
Del «Dios de los báculos» han sido halladas similares representaciones líticas en otras esculturas de culturas andinas posteriores a Chavín, como Pukará, Tiahuanaco, Wari y en unos tejidos hallados en el cementerio de Karwa o Carhua, cerca de la necrópolis de Paracas; todas estas culturas reconocían la imagen como la representación del dios Viracocha con algunas variantes regionales y temporales. 
Actualmente, este vestigio está en el patio del Museo Nacional de Arqueología Antropología e Historia del Perú, en donde ha sido sometido a numerosos análisis para determinar su estado de conservación y si es posible su traslado seguro al Museo Nacional Chavín en Áncash.
 
LA ESTELA DE YAUYA
También tiene forma de prisma. Actualmente está quebrada en cuatro partes.


Dibujo de la Estela de Yauya, completa. Otro enigma.

Su fragmento principal, sección superior, fue descubierto cerca de la localidad de Yauya (Áncash) por Julio C. Tello, en 1919, como dintel de una iglesia. Ahora está en el colegio de Yauya, donde está actualmente. Mide:1.65 m. de alto, 57 cm. de ancho y 15 cm de espesor.
Este fragmento es el más grande corresponde a casi la mitad de la escultura.  No se sabe cuándo la pieza fue llevada a Yauya. Una versión dice que el hacendado Ponce León Melgarejo lo llevó a Yauya desde las ruinas del Tambo Real de Huancabamba, al inicio del siglo XIX.

 
Parte mayor de la Estela de Yauya.

El segundo fragmento fue reportado por Julio Espejo Nuñez en 1964 con base en el testimonio de su informante Gerardo Vidal, quien lo había visto en la casa del vecino Mancisidor, como pedestal para una viga del tejado de su casa.  Medía: 43 cm de alto por 57 de ancho. Su actual ubicación es desconocida.
Un tercer fragmento se encuentra en el Colegio San Diego de Chincho, llamado Monolito de Chincho, descubierto en 1993, en Ingaragá. Mide: 1.05 m de alto, 56 cm de ancho y 15 cm de espesor y parece ser la parte inferior del monolito.

 
Parte menor o tercer hallazgo de la Estela de Yauya que está en Chincho
 
Lo hallaron accidentalmente enterrado en un campo de cultivo en Montengayoc, distrito de Yauya. El fragmento presenta una rotura diagonal en su parte superior y daños superficiales en la esquina inferior izquierda y a lo largo de los bordes. El material lítico es granito blanco, muy duro, material que no existe en la zona. La cara frontal y ambas laterales están grabadas con incisiones de grosor y profundidad uniformes sobre una superficie previamente pulida.
Sobre la cara frontal, los grabados muestran representaciones de tres bocas trasversales con dientes triangulares, la superior con dos, las restantes con tres largos colmillos, siendo los laterales más largos y ligeramente curvos hacia afuera. Ojos con pupila excéntrica están asociados a la boca superior.
De estos fragmentos se infiere una idea cabal de su forma original: medía más de 3 Ms. de alto, 50 Cms. de ancho y 18 Cms. de grosor. Por tanto, es la estela Chavín más grande hasta ahora conocida.
El grabado. Es una «huanca» o piedra sagrada. La pieza fue esculpida en sus cuatro caras. En su cara principal está la representación de un ser mítico o divinidad (con forma de pez o caimán) rodeada de imágenes talladas de hombres, aves, serpientes y vegetales. Sin embargo, tiene la particularidad de que la figura principal está tallada en altorrelieve. Es la imagen de un ser híbrido, monstruoso, mostrado por sus dos costados, en forma vertical. El cuerpo es serpentiforme y enroscado, con cabezas provistas de hocicos felínicos con colmillos y ojos con pupila excéntrica.
Sobre el eje vertical de esta representación se ven motivos superpuestos que sugieren vértebras, las que conforman una columna vertebral, y a ambos lados figuran unos diseños geométricos que para algunos estudiosos representan escamas y para otros, plumas.
Origen y antigüedad.  No hay información certera sobre dónde fue esculpida esta estela ni fechado sobre su vigencia. En términos generales correspondería al conjunto de tótems asociado al «Templo Nuevo» de Chavín de Huántar. En la nueva cronología de John Rick correspondería a las etapas Consolidación y Blanco y Negro.
Los investigadores creen que fue llevada al valle de Yauya, a unos 50 Kms. de Chavín de Huántar luego de la caída de la teocracia y el abandono de su capital. Los yauyenses continuaron venerándola y la colocaron en Huancabamba, nombre que del quechua se traduce como “Pampa de la piedra sagrada”.
Los incas instalaron en ese lugar un tambo para el paso de soberano y construyeron por ahí un tramo del gran camino del inca lo que da cuenta de la importancia del monolito incluso para los cusqueños.
Se cree que el vestigio fue destruido por los invasores españoles durante su feroz campaña de la “Extirpación de idolatrías”, violenta represalia por la sublevación de Túpac Amaru II en el Cusco.
Interpretaciones. Hay diversas interpretaciones. En 1923 Julio C. Tello interpretó la imagen de estela como la representación de una divinidad ictiomorfa, porque su diseño se parece a las partes del espinazo de un pez y a escamas estilizadas, pero está ­ vinculada al felino y simboliza la Luna; es decir, otra modalidad de la divinidad principal.
Para John Rowe, se trata de un caimán, supuestamente representado también en el Obelisco Tello y en el friso de los felinos, de forma tal que puede tratarse de una divinidad. Dwight Wallace desarrollando los planteamientos de Lathrap. Identifica los rasgos típicos del caimán propuesto por Rowe
Donald Lathrap, también cree que es la misma deidad, el caimán, pero como Señor de los Peces.
A Alexander Herrera, en El tercer fragmento de la Estela de Yauya, NO le parece adecuado suponer que dos piezas tan diferentes como lo son la Estela de Yauya-Chincho y el Obelisco Tello contengan el mismo personaje. Para él, la estela es un ejemplo gráfico de una secuencia de procesos de procreación y desarrollo de personajes mitológicos, en la cual, las posiciones relativas de las figuras constituyen una antigua muestra de una genealogía mítica sudamericana.

 



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