viernes, 25 de septiembre de 2026

 Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Siete

LA CERÁMICA CHAVIN

Uno de los vasos fragmentados chavín del  primitivo estilo urrabarriu, recuperado por R. Burger

La evolución del conocimiento de la cerámica chavín tuvo un origen y un curso equívoco y tortuoso a la luz del avance actual de la arqueología y la antropología respecto a los periodos Arcaico y Formativo. Sucedió que, llevados por la espectacularidad, mayor avance y una aparente amplitud regional de Chavín, aunque sin soportes de fechados, los investigadores atribuyeron a esta artesanía, estilos y formas halladas en sitios de otras culturas de la costa centro–Norte poco estudiadas por entonces (Sechín, Cupisnique, Caral, La Galgada, Kuntur Wasi, Pacopampa), arguyendo que eso demostraba su dominio o influencia de Chavín sobre esos pueblos.

 El extremo de este equívoco ocurrió con Cupisnique a la que los primeros investigadores endilgaron la designación de “Chavín de la Costa”. Esto era inexacto, por decir lo menos, porque hoy está demostrado que Cupisnique tuvo un desarrollo propio, prolongado y distinto antes del surgimiento de Chavín y durante el desarrollo de esta nueva cultura.

La diferencia cronológica es más pronunciada aún respecto a Sechín, Caral y las cuatro primeras fases de evolución de la Cultura Kotosh.

En consecuencia, hay investigadores que aceptan que, por lo menos, la influencia inicial fue en sentido contrario: tanto la arquitectura como el arte lítico y la cerámica de Chavín, fueron el resultado de la influencia de los estilos de las culturas anteriores.

Otra observación sobre este tema es que su amplia clasificación de estilos y formas alfareras con sus correspondientes características no son bien conocidas fuera de los círculos arqueológicos.  

 


Botella asa-estribo con figura chamánica felínica, de manufactura Cupisnique, pero tenida inicialmente como de Chavín

 

En su trabajo ya citado Lumbreras dice al respecto: “En efecto, la cerámica identificada como Chavín, procedía de otros sitios, sobre todo de la costa”.

 SEGÚN BURGER

Cerámica Urabarriu

De los pedazos de esta alfarería que recobró el propio Richard Burger, en su libro de 1989, Excavaciones en Chavin de Huántar, dedujo tres periodos–estilos para la cerámica Chavín, a la primera de las cuales llamó urabarriu, cuyas formas principales fueron:

Ollas sin cuello, de forma globular, la cual fue la más común o de mayor uso, con diseño y manufactura similar a las de los cántaros. Muy pocas presentan decoración incisa. Burger dedujo también 10 formas de este tipo de ollas.

Cuencos, de entre 12 y 23 Cms. de diámetro, color gris oscuro; fue la segunda forma mayoritaria que tuvo, a su vez, cuatro sub-formas.

Vasos, de los que recuperó poca cantidad. Son de color negro, con defectos de cocción y algunos no tienen decorado.

Botellas, halladas en número abundante, todas decoradas, tanto con un solo gollete como con gollete-estribo y acampanadas en el borde.

Cántaros, de poca cantidad como los vasos. Casi sin decoración, su superficie es áspera. Hubo cinco sub-formas de cántaro.

Discos cerámicos planos de forma circular; los hicieron de vasijas quebradas, por lo general, cántaros u ollas sin cuello. Se especula que éstos servían como tapones de cántaros.

La mayoría de las piezas urabarriu tienen defectos de cocción debido a temperaturas insuficientes que producen un mal quemado de la pasta, una tecnología de producción similar a la de Kotosh.

 Cerámica Chakinani

A este periodo–estilo pertenecen cuencos abiertos con decoraciones mejoradas mediante incisiones curvilíneas y elegantes en vez del punteado, así como con similares aplicaciones en el exterior e interior de vasijas abiertas, con dibujos de círculos pequeños y puntos centrales.

Se expresó en formas de ollas sin cuello, platos, vasos, botellas, con gollete-estribo decoradas, cántaros; fue recuperado un solo disco de cerámica muy similar a los de la fase urabarriu, pero de 36 mm. de diámetro.

La técnica de producción mejoró. Para dar mejor textura a sus piezas, emplearon las técnicas: peinado, excisión o corte de la superficie de la pasta para adornar, impresión con sellos, aplicación de engobe rojo y de grafito, ahumado y bruñido.  

 Cerámica Janabarriu

Burger sostiene que la transición del estilo «Chakinani» al «Janabarriu» fue gradual. Dentro del conjunto de vestigios que recuperó los «Janabarriu» forman la mayoría de las piezas.

Pusieron énfasis en los cuencos monócromos, oscuros y bien pulidos con decoración exterior, en ollas sin cuello y en botellas de gollete-estribo con decoración elaborada continúa.

Otras de sus formas fueron: platos con asa cinta horizontal y decorado externo; platos con pedestal, una innovación neta Janabarriu con esta forma posiblemente importada de la costa norte; vasos, sin duda derivados de las formas y decoración de los cuencos y cántaros.

Las técnicas y motivos del decorado de la fase anterior se mantuvieron, pero algunas mejoraron; la técnica de cocción mejoró porque los alfareros lograron controlar la temperatura adecuada para las diversas formas de las piezas a fin de conseguir una mejor oxidación.



Botella de pico del estilo janabarriu de Chavín de Huántar, grabada
 con motivos felínicos. Resalta su color negro pulido brillante

 

Botella asa-estribo, estilo janabarriu de Chavín de Huántar.

 

SEGÚN LUMBRERAS

En 1993, por su lado, Luis Lumbreras estableció cuatro períodos–estilos de la cerámica chavín: Urabarriu, Ofrendas, Chakinani y Rocas o Janabarriu, este último considerado también como “Clásico Chavín”, definida como cerámica negra brillante, cuyo rasgo más saltante es la decoración con dos círculos concéntricos sobre un fondo llano, frecuentemente asociados a unos bols de lados convergentes y el uso de decoración mediante el estampado y la aplicación de sellos.

John Rick y su equipo, no han validado esta periodicidad cerámica porque provenía, exclusivamente, de la cerámica recuperada por Lumbreras de la Galería de las Ofrendas y de su extenso análisis y no de muestras de varios estratos o contextos estratificados. Además, en el material que recobraron por su cuenta, encontraron solo reducidos vestigios de las formas definidas por el arqueólogo peruano.

Como parte de lo que consideró vestigios del Estilo Ofrendas, hallado, seleccionado y estudiado únicamente en la «Galería de las Ofrendas», Lumbreras propuso, cuatro sub-estilos: Ofrendas, Floral, Dragoniano y Qotopukyo:

Ofrendas: cerámica lisa con formas y recursos decorativos singulares. Subgrupos: Gris Pulido, Negro Fino, Rojo Pulido y Ofrendas Decorada.

Floral: versión elegante de la alfarería Ofrendas, pero con formas particulares.

Dragoniano: definida por un conjunto iconográfico propio centrado en complejos personajes a los que Lumbreras identificó como “dragones”. Hay botellas y cuencos.

Sus íconos son:  Dragón con cabeza de cocodrilo, Dragón Ápodo serpentiforme, Dragón con brazo delantero, El Dragón con aleta caudal, Dragón que persigue a otro dragón, Dragón con cabeza de serpiente, Serpiente o Amaru de dos colmillos, Serpiente o amaru de tres y cuatro colmillos, Dragón visto de frente. Dragón con cabeza de Serpiente voladora, Personaje que parece un loro, Rostros con boca tridente, Cabeza de ojos saltones, Cabeza con antena, Cabezas con “pelos”, Cara de lechuza, Cuencos como caparazón de tortuga, Cabeza ventral y personajes secundarios. Cabeza voladora, Cabeza sin perfil facial y La cabeza complementaria dorsal

Los subgrupos del sub-estilo dragoniano son: chocolate o marrón, chavín ante y caramelo fino.

Qotopukyo: hechas mediante enrrollado. Subgrupos: Qotopukyo gris claro, Qotopukyo ante y Qotopukyo marrón. Su forma más característica es una botella con las variantes garrafa, floreros, botellas con el gollete en forma de estribo y cuencos. Sus adornos son dibujos geométricos y partes anatómicas.

 


Botella de pico del estilo ofrendas, sub-estilo Qotopukyo
de Chavín de Huántar.

 

RELACIÓN DE LA CERÁMICA CHAVÍN CON OTRAS CULTURAS Y SITIOS

CON LA CERÁMICA DE LA CULTURA KOTOSH.

John Rick y su equipo señalan en sus trabajos que la cerámica inicial de la fase “Kotosh-Kotosh”, de la Cultura Kotosh, sería predecesora o contemporánea del primer estilo alfarero de Chavín de Huántar, el urabarriu.

Esto, en consonancia con el hallazgo de una ocupación cerámica anterior al probable comienzo de la construcción de la plataforma original del «Templo Viejo», al extremo de que es posible que, incluso, la fase cultural andina Mito, haya sido también precursora directa de la Cultura Chavín.

Lo que sí está claro es que la subsiguiente fase cerámica de la Cultura Kotosh,  Kotosh-Chavín tiene características muy parecidas a la alfarería final de Chavín, según observaron en 1963, los arqueólogos japoneses Izumi y Sono.

CON LA CERÁMICA DEL SITIO HUARICOTO

Huaricoto surgió en el Callejón de Huaylas, Ancash, del Arcaico Tardío al Formativo Inferior, en el contexto de la Fase Mito de la Cultura Kotosh, caracterizada por edificios de piedra canteada con amalgama de barro, dotados de recintos cuadrados con pisos hundidos circulares y un fogón central ventilado por ductos para el culto al fuego y otras divinidades.

Respecto a sus fases alfareras, a) Toril, b) Capilla Temprano y c) Capilla Tardío, solo esta última presenta cerámica que podría relacionarse con la cerámica Janabarriú, por sus fechados radiocarbónicos 330+80 y   310+110 a.C.

 

Gráfico 6


CON LA CERÁMICA DEL SITIO BUENAVISTA–LA PAMPA

Este sitio también emergió en Ancash, en el distrito La Pampa, provincia de Corongo, a 1 800 m.s.n.m. El lugar consiste en 9 edificios sobre unas 100 hectáreas, los mismos que replican progresivamente los patrones arquitectónicos y constructivos de Chavín de Huántar, entre ellas la de galerías líticas, de las cuales han sido halladas tres pero con adaptaciones a materiales de la zona y a las particulares condiciones geológicas y tectónicas de la zona (sismos).

Con relación a sus fases cerámicas: a) Yesopampa, b) La Pampa, c) Tornopampa y d) Caserones, la cerámica chavín janabarriu fue encontrada durante la segunda, La Pampa (Formativo Tardío), correspondiente al apogeo del culto Chavín.

Está alfarería fue identificada como La Pampa, en 1979, por el arqueólogo japonés Terada y corroborada como Janabarriu por la misión japonesa de Onuki y por Peter Kaulicke, en 2010. Esta alfarería habría tenido relación directa con Chavín de Huántar, Huacaloma, Kuntur Wasi, Kotosh y otros de su época.

 CON LA CERÁMICA DE LOS SITIOS KUNTUR WASI Y PACOPAMPA, EN CAJAMARCA.

Según los cálculos de Richard Burger, en Kuntur Wasi la presencia de cerámica janabarriu está asociada a la fase Kuntur Wasi, que va del 700 al 450 a.C. y a la que corresponde la construcción de un nuevo centro ceremonial compuesto por plataformas superpuestas y plazas que fueron erigidas sobre la modesta construcción de la fase primigenia, «Ídolo». Burger asumió esa presencia alfarera como un indicador de la aceptación de los cajamarquinos al «Culto Chavín», es decir a la religión de los del Mosna.

Pero, la minuciosa investigación del sitio por la misión japonesa a cargo de Yoshío Onuki ha revelado que eso es inexacto por una total incongruencia cronológica. El arqueólogo japonés Kinya Hinokuchi, en su ensayo “La cerámica de Kuntur Wasi y el problema Chavin” - 1998, ha aclarado que su connacional Onuki, estableció que la primera fase «Ídolo» de Kuntur Wasi terminó a causa de una invasión militar por parte de fuerzas de la costeña Cultura Cupisnique, las que se desplazaron hacia la sierra  abandonando sus asentamientos a causa de desastres naturales provocados por el Fenómeno El Niño.

Así, la segunda fase «Kuntur Wasi» es de neto dominio cupisnique durante la cual prevalecieron sus estilos arquitectónicos–constructivo, cerámico, metalúrgico y orfebre, muy conocidos en los pueblos de la sierra norte como Huacaloma, La Conga/Cerro Blanco, Pandanche A, Pacopampa, Pacopampa II y, por supuesto, Kuntur Wasi.

Los invasores cambiaron abruptamente las formas de la cerámica Kuntur Wasi, excepto las utilitarias y de esto surgieron 17 tipos de cerámica, en general, de vasijas ceremoniales.

Por tanto, Hinokuchi remarca que las vasijas monocromas negras o rojas, de superficies con acabado muy fino, la técnica del grafitado, la decoración barroca, las formas de botella con asa–estribo, la iconografía de felinos, serpientes, los objetos de adorno personales de oro, plata y cobre y el patrón arquitectónico-constructivo y funerario de los 6 contextos mortuorios de dignatarios hallados en el nuevo edificio de Kuntur Wasi, provienen de la Cultura Cupisnique.

En consecuencia, Hinokuchi concluye que, cronológicamente no es posible que existiera cerámica janabarriu en la fase Kuntur Wasi (700 a.C. - 450 a.C.) porque esa alfarería chavín recién surgió cuando esa fase terminaba.

Por la misma razón, Burger también no acertó al sostener que las tumbas de la fase Kuntur Wasi eran contemporáneas de la fase Janabarriu, considerando los rasgos de sus ofrendas.

En Pacopampa, la Fase Pacopampa II que comprende la Plaza Cuadrangular, el muro de retención de la tercera plataforma y, principalmente, el resto de los muros y todas las plataformas que rodean a la plataforma superior y el resto de las estructuras menores, corresponde al lapso entre el año 850 y el 585 a.C.  del que proviene la cerámica pacopampeña, más o menos parecida a la Janabarriu.

Entonces, existen contundentes elementos para deducir que Janabarriu fue resultado de la “influencia” de Cupisnique sobre Chavín de Huántar en su etapa final y no al revés como proclamaron entusiastamente los primeros “chavinólogos”, pues otro dato crucial que se debe tener en cuenta es que las fases Kuntur Wasi y  Pacopampa II corresponden al periodo reconocido como inicio de la declinación de la Cultura Chavín.

Por otro lado, el mismo Kinya Inokuchi afirma que en el caso de la «Galería de las Ofrendas» –además de la abundante cerámica foránea de agradecimiento–, hubo más variedades de la cerámica propiamente Chavín (estilos Floral, Dragoniano, Qotopukyo y Ofrendas), que no han sido halladas en la costa norte ni en Kuntur Wasi. Estas vasijas muestran técnicas de decoración e iconografías netas de Chavín y una parte de sus rasgos está asociado al estilo de su muy exclusiva escultura lítica.

Sin embargo, la decoración iconográfica del estilo Dragoniano ha sido encontrada fuera de Chavín de Huantar, en Ancón, Garagay y Cardal, en material cronológicamente anterior a la Galería de las Ofrendas, aunque en poca cantidad. Por tanto, como no hay pruebas de la aceptación directa de esta cerámica e iconografía chavinistas en la mayor parte de los Andes Centrales y admitiendo que estos rasgos iconográficos cerámicos proceden de la costa central, solo cabe sospechar que pudieron ser importados por los chavines, cuyos alfareros la perfeccionaron con más finura y la produjeron en mayor cantidad.

En la «Galería de las Ofrendas» también fue recuperado otro tipo de cerámica de la fase Kuntur Wasi: la Kuntur Wasi Rojo sobre Anaranjado que no se encuentra en la costa y que en Chavín era reproducida como la cerámica mosna, aunque ha sido encontrada en Huacaloma, La Pampa y Kotosh en la sierra norte.

 CON LA CERÁMICA DE GARAGAY, DE LIMA.

El conjunto de frisos polícromos del Atrio Medio de Garagay se asemeja a las imágenes representadas en la cerámica hallada en la «Galería de las Ofrendas» de Chavín de Huántar; pero, eso no es suficiente argumento para deducir una relación subordinada de Garagay respecto a Chavín y, por extensión, tampoco de la Cultura Manchay de la costa central, cuya existencia ha sido planteada por Richard Burger y Lucy Salazar. Precisamente, Burger y Ravines, identificaron a Garagay como un sitio pre Chavín en el cual el segundo de estos arqueólogos halló en Garagay seis vestigios cerámicos del estilo janabarriu (Rocker stamping y círculos impresos con y sin puntos), correspondientes a la última fase arquitectónica del sitio limeño, aproximadamente el año 780 a.C., faltado poco para la ocurrencia del abandono de Garagay en la centuria de los 600 a.C. por motivos aún desconocidos.

En líneas generales, puede decirse, al observar los fechados de Kotosh, La Pampa, Kuntur Wasi, Pacopampa, Garagay y la secuencia relativa de Ancón (Formativo Medio u 800 a.C.), que los vestigios cerámicos janabarriu son considerablemente más antiguos respecto a la propuesta de Burger, lo que hace relevante el planteamiento de Bischof acerca de que el estilo Janabarriu, podría haber finalizado alrededor de los 500 e incluso 600 a.C., mucho antes del siglo III propuesto por Burger.

Obviamente, Chavín podría tener material cultural parecido y con edad distinta que otros lugares, pero las fuertes semejanzas, especialmente en la cerámica con decoración estampada y la relativa uniformidad de fechados en los distintos sitios mencionados indica que, probablemente, Chavín esté dentro del mismo rango de tiempo.

Las implicancias de la aclaración cronológica de Janabarriu como un fenómeno más antiguo que 390 – 200 a.C. no solo involucran a Chavín de Huántar, sino, también, a los procesos regionales de complejidad social del Formativo Andino.

 CON LA CERÁMICA PARACAS.

En su artículo, Paracas y Chavín. Variaciones sobre un tema longevo–2013, Peter Kaulicke, tras analizar las numerosas propuestas de una supuesta estrecha relación  de subordinación de Paracas respecto a la ancashina, desde la visión de Julio C. Tello hasta la actualidad, concluye que las “elucubraciones” sobre antiguas evidencias de que la sociedad compleja en la costa sur, es decir Paracas, ocurrió por el impulso chavinista, se deben a una percepción demasiado global de Chavín y a su concentración en un único sitio, Chavín de Huántar.

En ese cuadro, a Kaulicke le parece que la costa sur recibió impulsos iniciales de las nuevas élites de la costa norte, cuando en la sierra emergía un desarrollo general sin el predominio exclusivo del Chavín de Huántar y de su religión «panandina». Sugiere que Paracas pudo recibir de Ayacucho productos de alto valor como la obsidiana, lana, metales, piedras semipreciosas, plumas exóticas y otros. De Huancavelica habría importado cinabrio y de Huancayo/Jauja, otros productos, entre los cuales la cerámica janabarriu, probablemente, solo fue un bien colateral de los contactos serranos, sin que se haya demostrado fehacientemente su origen en Chavín de Huántar ni que haya sido testimonio de la difusión de una religión.

Ese tiempo tiene antecedentes en el Período Formativo Medio (1 200-800 a.C.) y calcula que corresponde al siguiente Formativo Tardío (800-500 a.C.) hasta el Formativo Final, cronología que excluye un exclusivo papel protagónico de Chavín de Huántar y permite vincular el desarrollo de la costa y sierra sur central con otros focos de progreso, posteriores a la desaparición de la teocracia chavín.

En consecuencia, para Kaukicke, las supuestas estrictas correlaciones cerámicas con Chavín no tienen mayor sustento y enfocar la fase cerámica Ocucaje 3 como único vínculo «comprobado», es poco útil.

 CON LA CERÁMICA DE CAMPANAYUQ RUMI

Aunque los propios investigadores de este sitio en el distrito de Vilcashuaman, provincia del mismo nombre, del departamento de Ayacucho, los arqueólogos, Yuri Cavero y Yuichi Matsumoto, se esfuerzan en confirmar las características de la supuesta dominación Chavín sobre este sitio, no han tenido éxito aún.  Se debe anotar que el patrón arquitectónico y constructivo del lugar es de planta en U, con plazas cuadradas y circulares hundidas, hechas con piedra y argamasa de barro, pero no importada de Chavín, pues fueron aplicadas casi en el mismo periodo del surgimiento de santuario de Ancash. En este aspecto no hay ninguna subordinación.

La base de este componente de su investigación es que aproximadamente en el año 500 a.C. ya entrando al Formativo Final, los alfareros de Campanayuq Rumi comenzaron a replicar intensamente el estilo Janabarriu, mientras que vasijas de otros estilos cerámicos de la sierra centro sur que habían sido habituales en el sitio desaparecieron y fueron reemplazadas por piezas chavinoides importadas de la costa central sur.

Así mismo, algunos edificios del conjunto de planta en U del lugar fueron ampliados y mejorados, pero sin modificaciones sustanciales. Cavero y Masumoto, tienen la hipótesis de que estos hechos son indicadores de una intrusión chavinista, pero no han hallado ninguna evidencia de la presencia del Culto Chavín en el lugar ni de dibujos murales, textiles o esculturas del felino, de la serpiente o del ave rapaz.

De este modo, la “intrusión” de la influencia chavín, se vuelve endeble y dudosa solo con base en la presencia del estilo Janabarriu, sobre todo porque los años 500 a.C. corresponden a la época de abandono total de los templos chavines, es decir de su disolución.

 CERÁMICA HUARÁZ BLANCO SOBRE ROJO

Lo que siguió a Chavín fue la ocupación Huaraz con su cerámica Blanco sobre Rojo.  Los del Callejón de Huaylas utilizaron el centro ceremonial como área doméstica y dejaron un importante rastro cerámico tanto en el lugar como en Kotosh, San Blas, Puerto Moorín, Baños de Boza, Cerro Trinidad, Pashash, La Pampa, Huaricoto, Kuntur Wasi y Salinar, sin ninguna relación con un centro ceremonial específico.

Entonces, se cree que la fase Huaraz, en la zona de Chavín se inició alrededor de 500 a.C. y continuó durante la aparición de la Cultura Recuay a inicios de nuestra era.

SIGUE EN LA PARTE OCHO


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