Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Siete
LA CERÁMICA
CHAVIN
Uno de los vasos fragmentados chavín del primitivo estilo urrabarriu, recuperado por R. Burger
La evolución del conocimiento de la cerámica chavín tuvo un origen y un curso equívoco y tortuoso a la luz del avance actual de la arqueología y la antropología respecto a los periodos Arcaico y Formativo. Sucedió que, llevados por la espectacularidad, mayor avance y una aparente amplitud regional de Chavín, aunque sin soportes de fechados, los investigadores atribuyeron a esta artesanía, estilos y formas halladas en sitios de otras culturas de la costa centro–Norte poco estudiadas por entonces (Sechín, Cupisnique, Caral, La Galgada, Kuntur Wasi, Pacopampa), arguyendo que eso demostraba su dominio o influencia de Chavín sobre esos pueblos.
La diferencia cronológica es más pronunciada aún respecto a Sechín, Caral
y las cuatro primeras fases de evolución de la Cultura Kotosh.
En consecuencia, hay investigadores que
aceptan que, por lo menos, la influencia inicial fue en sentido contrario:
tanto la arquitectura como el arte lítico y la cerámica de Chavín, fueron el
resultado de la influencia de los estilos de las culturas anteriores.
Otra observación sobre este tema es que su amplia clasificación de
estilos y formas alfareras con sus correspondientes características no son bien
conocidas fuera de los círculos arqueológicos.
Botella asa-estribo con figura
chamánica felínica, de manufactura Cupisnique, pero tenida inicialmente como de
Chavín
En su trabajo ya citado Lumbreras dice
al respecto: “En efecto, la cerámica identificada como Chavín, procedía de
otros sitios, sobre todo de la costa”.
Cerámica
Urabarriu
De los pedazos de esta alfarería que recobró el propio Richard
Burger, en su libro de 1989, Excavaciones en Chavin de Huántar, dedujo tres periodos–estilos para la cerámica
Chavín, a la primera de las cuales llamó urabarriu, cuyas formas principales
fueron:
Ollas sin
cuello, de forma globular, la cual fue la más común o de
mayor uso, con diseño y manufactura similar a las de los cántaros. Muy pocas
presentan decoración incisa. Burger dedujo también 10 formas de este tipo de
ollas.
Cuencos, de entre 12 y 23 Cms. de
diámetro, color gris oscuro; fue la segunda forma mayoritaria que tuvo,
a su vez, cuatro sub-formas.
Vasos, de los que recuperó poca
cantidad. Son de color negro, con defectos de cocción y algunos no tienen
decorado.
Botellas, halladas en número abundante, todas decoradas, tanto con un solo gollete
como con gollete-estribo y acampanadas en el borde.
Cántaros, de poca cantidad como los
vasos. Casi sin decoración, su superficie es áspera. Hubo cinco sub-formas de
cántaro.
Discos
cerámicos planos de forma circular; los hicieron de vasijas
quebradas, por lo general, cántaros u ollas sin cuello. Se especula que éstos
servían como tapones de cántaros.
La mayoría de las piezas urabarriu tienen defectos de cocción debido a
temperaturas insuficientes que producen un mal quemado de la pasta, una
tecnología de producción similar a la de Kotosh.
A este periodo–estilo pertenecen cuencos abiertos con decoraciones
mejoradas mediante incisiones curvilíneas y elegantes en vez del punteado, así
como con similares aplicaciones en el exterior e interior de vasijas abiertas,
con dibujos de círculos pequeños y puntos centrales.
Se expresó en formas de ollas sin cuello, platos, vasos, botellas, con
gollete-estribo decoradas, cántaros; fue recuperado un solo disco de cerámica
muy similar a los de la fase urabarriu, pero de 36 mm. de diámetro.
La técnica de producción mejoró. Para dar mejor textura a sus piezas,
emplearon las técnicas: peinado, excisión o corte de la superficie de la pasta
para adornar, impresión con sellos, aplicación de engobe rojo y de grafito,
ahumado y bruñido.
Burger
sostiene que la transición del estilo «Chakinani» al «Janabarriu» fue gradual.
Dentro del conjunto de vestigios que recuperó los «Janabarriu» forman la
mayoría de las piezas.
Pusieron
énfasis en los cuencos monócromos, oscuros y bien pulidos con decoración
exterior, en ollas sin cuello y en botellas de gollete-estribo con decoración
elaborada continúa.
Otras de sus
formas fueron: platos con asa cinta horizontal y decorado externo; platos con
pedestal, una innovación neta Janabarriu con esta forma posiblemente importada
de la costa norte; vasos, sin duda derivados de las formas y decoración de los
cuencos y cántaros.
Las técnicas y
motivos del decorado de la fase anterior se mantuvieron, pero algunas
mejoraron; la técnica de cocción mejoró porque los alfareros lograron controlar
la temperatura adecuada para las diversas formas de las piezas a fin de
conseguir una mejor oxidación.
con motivos felínicos. Resalta su color negro pulido brillante
Botella asa-estribo, estilo janabarriu de Chavín de Huántar.
SEGÚN
LUMBRERAS
En 1993, por su lado, Luis Lumbreras estableció cuatro períodos–estilos
de la cerámica chavín: Urabarriu, Ofrendas, Chakinani y Rocas o Janabarriu, este último considerado también
como “Clásico Chavín”, definida
como cerámica negra brillante, cuyo rasgo más saltante es la decoración con dos
círculos concéntricos sobre un fondo llano, frecuentemente asociados a unos bols de lados convergentes y el uso de
decoración mediante el estampado y la aplicación de sellos.
John Rick y su equipo, no han validado esta
periodicidad cerámica porque provenía, exclusivamente, de la cerámica
recuperada por Lumbreras de la Galería de las Ofrendas y de su extenso
análisis y no de muestras de varios estratos o contextos estratificados.
Además, en el material que recobraron por su cuenta, encontraron solo reducidos
vestigios de las formas definidas por el arqueólogo peruano.
Como parte de lo que consideró vestigios del Estilo Ofrendas, hallado, seleccionado y estudiado únicamente en la «Galería de las Ofrendas», Lumbreras propuso, cuatro sub-estilos: Ofrendas, Floral, Dragoniano y Qotopukyo:
Ofrendas: cerámica lisa con
formas y recursos decorativos singulares. Subgrupos: Gris Pulido, Negro
Fino, Rojo Pulido y Ofrendas Decorada.
Floral: versión elegante de la alfarería Ofrendas, pero con formas particulares.
Dragoniano: definida por un conjunto iconográfico propio centrado en complejos
personajes a los que Lumbreras identificó como “dragones”. Hay botellas y
cuencos.
Sus íconos son: Dragón con cabeza de cocodrilo,
Dragón Ápodo serpentiforme, Dragón con brazo delantero, El Dragón con
aleta caudal, Dragón que persigue a otro dragón, Dragón con cabeza de serpiente, Serpiente o Amaru de dos colmillos, Serpiente o amaru de tres y cuatro colmillos,
Dragón visto de frente. Dragón con cabeza
de Serpiente voladora, Personaje
que parece un loro, Rostros con boca tridente, Cabeza de ojos saltones, Cabeza
con antena, Cabezas con
“pelos”, Cara de lechuza, Cuencos como caparazón de tortuga, Cabeza
ventral y personajes secundarios. Cabeza
voladora, Cabeza sin perfil facial y La cabeza complementaria dorsal
Los subgrupos del sub-estilo dragoniano son:
chocolate o marrón, chavín ante y caramelo fino.
Qotopukyo: hechas mediante enrrollado. Subgrupos: Qotopukyo gris claro, Qotopukyo
ante y Qotopukyo marrón. Su forma más característica es una botella con las
variantes garrafa, floreros, botellas con el gollete en forma de estribo y cuencos. Sus adornos son dibujos geométricos y partes anatómicas.
de Chavín de Huántar.
RELACIÓN DE LA CERÁMICA CHAVÍN CON OTRAS CULTURAS Y SITIOS
CON LA
CERÁMICA DE LA CULTURA KOTOSH.
John Rick y su equipo señalan en sus trabajos que la cerámica inicial de
la fase “Kotosh-Kotosh”, de la Cultura Kotosh, sería predecesora
o contemporánea del primer estilo alfarero de Chavín de Huántar, el urabarriu.
Esto, en consonancia con el hallazgo de una ocupación cerámica anterior
al probable comienzo de la construcción de la plataforma original del «Templo
Viejo», al extremo de que es posible que, incluso, la fase cultural andina Mito,
haya sido también precursora directa de la Cultura Chavín.
Lo que sí está claro es que la subsiguiente fase cerámica de la
Cultura Kotosh, Kotosh-Chavín tiene
características muy parecidas a la alfarería final de Chavín, según observaron
en 1963, los arqueólogos japoneses Izumi y Sono.
CON LA CERÁMICA DEL SITIO HUARICOTO
Huaricoto
surgió en el Callejón de
Huaylas, Ancash, del Arcaico Tardío al Formativo Inferior, en el
contexto de la Fase Mito de la Cultura Kotosh, caracterizada por
edificios de piedra canteada con amalgama de barro, dotados de recintos
cuadrados con pisos hundidos circulares y un fogón central ventilado por ductos
para el culto al fuego y otras divinidades.
Respecto a sus fases alfareras, a) Toril, b) Capilla Temprano y c)
Capilla Tardío, solo esta última presenta cerámica que podría
relacionarse con la cerámica Janabarriú, por sus fechados radiocarbónicos 330+80
y 310+110 a.C.
Gráfico 6
CON LA
CERÁMICA DEL SITIO BUENAVISTA–LA PAMPA
Este sitio también emergió en Ancash, en el distrito La Pampa, provincia
de Corongo, a 1 800 m.s.n.m. El lugar consiste en 9 edificios sobre unas 100
hectáreas, los mismos que replican progresivamente los patrones arquitectónicos
y constructivos de Chavín de Huántar, entre ellas la de galerías líticas, de
las cuales han sido halladas tres pero con adaptaciones a materiales de la zona
y a las particulares condiciones geológicas y tectónicas de la zona (sismos).
Con relación a sus fases cerámicas: a) Yesopampa, b) La Pampa, c)
Tornopampa y d) Caserones, la cerámica chavín janabarriu fue encontrada
durante la segunda, La Pampa (Formativo
Tardío), correspondiente al apogeo del culto Chavín.
Está alfarería fue identificada como La Pampa, en 1979, por el arqueólogo
japonés Terada y corroborada como Janabarriu por la misión japonesa de Onuki
y por Peter
Kaulicke, en 2010. Esta alfarería
habría tenido relación directa con Chavín de Huántar, Huacaloma, Kuntur Wasi,
Kotosh y otros de su época.
Según los cálculos de Richard Burger, en Kuntur Wasi la presencia
de cerámica janabarriu está asociada a la fase Kuntur Wasi, que va del
700 al 450 a.C. y a la que corresponde la construcción de un nuevo centro
ceremonial compuesto por plataformas superpuestas y plazas que fueron erigidas
sobre la modesta construcción de la fase primigenia, «Ídolo».
Burger asumió esa presencia alfarera como un indicador de la aceptación de los
cajamarquinos al «Culto Chavín», es
decir a la religión de los del Mosna.
Pero, la minuciosa investigación del sitio por la misión japonesa a cargo
de Yoshío Onuki ha
revelado que eso es inexacto por una total incongruencia cronológica. El
arqueólogo japonés Kinya Hinokuchi, en su ensayo “La
cerámica de Kuntur Wasi y el problema Chavin” - 1998, ha aclarado
que su connacional Onuki, estableció que la primera fase «Ídolo» de
Kuntur Wasi terminó a causa de una invasión militar por parte de fuerzas de la
costeña Cultura Cupisnique, las
que se desplazaron hacia la sierra abandonando sus asentamientos a causa de
desastres naturales provocados por el Fenómeno El Niño.
Así, la segunda fase «Kuntur Wasi» es de
neto dominio cupisnique durante la cual prevalecieron sus estilos
arquitectónicos–constructivo, cerámico, metalúrgico y orfebre, muy conocidos en
los pueblos de la sierra norte como Huacaloma, La Conga/Cerro Blanco,
Pandanche A, Pacopampa, Pacopampa II y, por supuesto, Kuntur Wasi.
Los invasores cambiaron abruptamente las formas de la cerámica Kuntur
Wasi, excepto las utilitarias y de esto surgieron 17 tipos de cerámica, en
general, de vasijas ceremoniales.
Por tanto, Hinokuchi remarca que las vasijas monocromas negras o rojas,
de superficies con acabado muy fino, la técnica del grafitado, la decoración
barroca, las formas de botella con asa–estribo, la iconografía de felinos,
serpientes, los objetos de adorno personales de oro, plata y cobre y el patrón
arquitectónico-constructivo y funerario de los 6 contextos mortuorios de
dignatarios hallados en el nuevo edificio de Kuntur Wasi, provienen de la
Cultura Cupisnique.
En consecuencia, Hinokuchi concluye que, cronológicamente no es posible
que existiera cerámica janabarriu en la fase Kuntur Wasi (700 a.C. - 450 a.C.)
porque esa alfarería chavín recién surgió cuando esa fase terminaba.
Por la misma razón, Burger también no acertó al sostener que las tumbas
de la fase Kuntur Wasi eran contemporáneas de la fase Janabarriu, considerando
los rasgos de sus ofrendas.
En Pacopampa, la Fase Pacopampa II que comprende la Plaza Cuadrangular,
el muro de retención de la tercera plataforma y, principalmente, el resto de
los muros y todas las plataformas que rodean a la plataforma superior y el
resto de las estructuras menores, corresponde al lapso entre el año 850 y el
585 a.C. del que proviene la cerámica
pacopampeña, más o menos parecida a la Janabarriu.
Entonces, existen contundentes elementos para deducir que Janabarriu fue
resultado de la “influencia” de Cupisnique sobre Chavín de Huántar en su etapa
final y no al revés como proclamaron entusiastamente los primeros
“chavinólogos”, pues otro dato crucial que se debe tener en cuenta es que las
fases Kuntur Wasi y Pacopampa II
corresponden al periodo reconocido como inicio de la declinación de la Cultura
Chavín.
Por otro lado, el mismo Kinya Inokuchi afirma
que en el caso de la «Galería de
las Ofrendas» –además de la abundante cerámica foránea de agradecimiento–, hubo más
variedades de la cerámica propiamente Chavín (estilos Floral, Dragoniano,
Qotopukyo y Ofrendas), que no han sido halladas en la costa norte ni en Kuntur
Wasi. Estas vasijas muestran técnicas de decoración e iconografías netas de
Chavín y una parte de sus rasgos está asociado al estilo de su muy exclusiva
escultura lítica.
Sin embargo, la decoración iconográfica del estilo Dragoniano ha sido
encontrada fuera de Chavín de Huantar, en Ancón, Garagay y Cardal, en material
cronológicamente anterior a la Galería de las Ofrendas, aunque en poca
cantidad. Por tanto, como no hay pruebas de la aceptación directa de esta
cerámica e iconografía chavinistas en la mayor parte de los Andes Centrales y admitiendo
que estos rasgos iconográficos cerámicos proceden de la costa central, solo
cabe sospechar que pudieron ser importados por los chavines, cuyos alfareros la
perfeccionaron con más finura y la produjeron en mayor cantidad.
En la «Galería de las Ofrendas» también fue
recuperado otro tipo de cerámica de la fase Kuntur Wasi: la Kuntur Wasi Rojo
sobre Anaranjado que no se encuentra en la costa y que en Chavín era
reproducida como la cerámica mosna, aunque ha sido encontrada en
Huacaloma, La Pampa y Kotosh en la sierra norte.
El conjunto de frisos polícromos del Atrio Medio de Garagay se asemeja a
las imágenes representadas en la cerámica hallada en la «Galería de las Ofrendas» de Chavín de
Huántar; pero, eso no es suficiente argumento para deducir una relación
subordinada de Garagay respecto a Chavín y, por extensión, tampoco de la Cultura Manchay de la costa central, cuya existencia ha sido
planteada por Richard Burger y Lucy Salazar. Precisamente, Burger y Ravines,
identificaron a Garagay como un sitio pre Chavín en el cual el segundo de estos
arqueólogos halló en Garagay seis vestigios cerámicos del estilo janabarriu (Rocker stamping y círculos impresos con y
sin puntos), correspondientes a la última fase arquitectónica del sitio limeño,
aproximadamente el año 780 a.C., faltado poco para la ocurrencia del abandono
de Garagay en la centuria de los 600 a.C. por motivos aún desconocidos.
En líneas generales, puede decirse, al observar los fechados de Kotosh,
La Pampa, Kuntur Wasi, Pacopampa, Garagay y la secuencia relativa de Ancón
(Formativo Medio u 800 a.C.), que los vestigios cerámicos janabarriu son
considerablemente más antiguos respecto a la propuesta de Burger, lo que hace
relevante el planteamiento de Bischof acerca de que el estilo Janabarriu,
podría haber finalizado alrededor de los 500 e incluso 600 a.C., mucho antes
del siglo III propuesto por Burger.
Obviamente, Chavín podría tener material cultural parecido y con edad
distinta que otros lugares, pero las fuertes semejanzas, especialmente en la
cerámica con decoración estampada y la relativa uniformidad de fechados en los
distintos sitios mencionados indica que, probablemente, Chavín esté dentro del
mismo rango de tiempo.
Las implicancias de la aclaración cronológica de Janabarriu
como un fenómeno más antiguo que 390 – 200 a.C. no solo involucran a Chavín de
Huántar, sino, también, a los procesos regionales de complejidad social del
Formativo Andino.
En su artículo, Paracas y Chavín. Variaciones sobre un tema
longevo–2013, Peter Kaulicke, tras analizar las numerosas propuestas
de una supuesta estrecha relación de subordinación
de Paracas respecto a la ancashina, desde la visión de Julio C. Tello hasta la
actualidad, concluye que las “elucubraciones” sobre antiguas evidencias de que
la sociedad compleja en la costa sur, es decir Paracas, ocurrió por el impulso
chavinista, se deben a una percepción demasiado global de Chavín y a su
concentración en un único sitio, Chavín de Huántar.
En ese cuadro, a Kaulicke le parece que la costa sur recibió impulsos
iniciales de las nuevas élites de la costa norte, cuando en la sierra emergía
un desarrollo general sin el predominio exclusivo del Chavín de Huántar y de su
religión «panandina». Sugiere que Paracas pudo recibir de Ayacucho productos de
alto valor como la obsidiana, lana, metales, piedras semipreciosas, plumas
exóticas y otros. De Huancavelica habría importado cinabrio y de
Huancayo/Jauja, otros productos, entre los cuales la cerámica janabarriu,
probablemente, solo fue un bien colateral de los contactos serranos, sin que se
haya demostrado fehacientemente su origen en Chavín de Huántar ni que haya sido
testimonio de la difusión de una religión.
Ese tiempo tiene antecedentes en el Período Formativo Medio (1
200-800 a.C.) y calcula que corresponde al siguiente Formativo Tardío
(800-500 a.C.) hasta el Formativo Final, cronología que excluye un
exclusivo papel protagónico de Chavín de Huántar y permite vincular el
desarrollo de la costa y sierra sur central con otros focos de progreso,
posteriores a la desaparición de la teocracia chavín.
En consecuencia, para Kaukicke, las supuestas estrictas correlaciones
cerámicas con Chavín no tienen mayor sustento y enfocar la fase cerámica
Ocucaje 3 como único vínculo «comprobado», es poco útil.
Aunque los
propios investigadores de este sitio en el distrito de Vilcashuaman, provincia
del mismo nombre, del departamento de Ayacucho, los arqueólogos, Yuri Cavero
y Yuichi Matsumoto, se esfuerzan en confirmar las características de la
supuesta dominación Chavín sobre este sitio, no han tenido éxito aún. Se debe anotar que el patrón arquitectónico y
constructivo del lugar es de planta en U, con plazas cuadradas y circulares
hundidas, hechas con piedra y argamasa de barro, pero no importada de Chavín,
pues fueron aplicadas casi en el mismo periodo del surgimiento de santuario de
Ancash. En este aspecto no hay ninguna subordinación.
La base de este componente de su investigación es que aproximadamente en
el año 500 a.C. ya entrando al Formativo Final, los alfareros de
Campanayuq Rumi comenzaron a replicar intensamente el estilo Janabarriu,
mientras que vasijas de otros estilos cerámicos de la sierra centro sur que habían
sido habituales en el sitio desaparecieron y fueron reemplazadas por piezas
chavinoides importadas de la costa central sur.
Así mismo, algunos edificios del conjunto de planta en U del lugar fueron
ampliados y mejorados, pero sin modificaciones sustanciales. Cavero y Masumoto,
tienen la hipótesis de que estos hechos son indicadores de una intrusión
chavinista, pero no han hallado ninguna evidencia de la presencia del Culto
Chavín en el lugar ni de dibujos murales, textiles o esculturas del felino, de
la serpiente o del ave rapaz.
De este modo, la “intrusión” de la influencia chavín, se vuelve endeble y
dudosa solo con base en la presencia del estilo Janabarriu, sobre todo porque
los años 500 a.C. corresponden a la época de abandono total de los templos
chavines, es decir de su disolución.
Lo que siguió a Chavín fue la ocupación Huaraz con su cerámica Blanco
sobre Rojo. Los del Callejón de Huaylas
utilizaron el centro ceremonial como área doméstica y dejaron un importante
rastro cerámico tanto en el lugar como en Kotosh, San Blas, Puerto Moorín,
Baños de Boza, Cerro Trinidad, Pashash, La Pampa, Huaricoto, Kuntur Wasi y
Salinar, sin ninguna relación con un centro ceremonial específico.
Entonces, se cree que la fase Huaraz, en la zona de Chavín se inició
alrededor de 500 a.C. y continuó durante la aparición de la Cultura Recuay a
inicios de nuestra era.
SIGUE EN LA PARTE OCHO






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