Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Tres.
LA PREDICCIÓN DEL CLIMA Y DEL FENÓMENO EL NIÑO COMO FACTOR DEL PODER DE LA TEOCRACIA CHAVÍN
Concha Spondylus o Mullu, especie marina tenida por sagrada en la prehistoria
Uno de los factores del poder religioso y político que logró la teocracia chavín fue su capacidad de predecir con anticipación las condiciones del clima que determinaban la vida o la muerte de los pueblos con lluvias o sequías moderadas o intensas y prolongadas, gracias a su conexión directa con los dioses.
Pero antes, veamos otros elementos materiales que respaldan la nueva cronología de Stanford-Rick sobre el surgimiento, desarrollo y final de esta cultura.
MÁS FECHADOS FUERA DE LA ZONA MONUMENTAL DE CHAVÍN DE HUÁNTAR QUE RESPALDAN LA NUEVA CRONOLOGÍA
En su informe ya citado del 2009, Rick y su equipo dieron cuenta de los siguientes resultados cronológicos obtenidos en lugares externos al núcleo del centro ceremonial Chavín.
Principales zonas de la periferia del santuario chavín.
DEL CAMPO OESTE
Es un terreno casi plano hacia el oeste, es decir atrás de los edificios principales de Chavín. Tiene terrazas y probablemente edificios abandonados y rellenados intencionalmente o enterrados por aluviones, en particular por el del año 1945.
El equipo de Rick obtuvo seis fechados por radiocarbono-14 de la época Chavín, de los cuales, cuatro tienen relevancia.
Las dos muestras más antiguas, procedieron de un fogón de una construcción ritual de la «Tradición Mito» y dieron un rango del 900 a.C. y de entre el 650 y 550 a.C. Como estos dos últimos fechados provienen del mismo contexto, combinando sus probabilidades, el fechado se reduce al lapso entre 840 y 760 a.C.
Las otras dos muestras, menos antiguas fecharon los años 800 y 400 a.C. y las capas superiores que dieron fechas más recientes contenían cerámica Janabarriu.
Las fechas más antiguas corresponden al último uso del fogón y quizá del recinto ritual antes de quedar enterrado, sellado o abandonado, aunque los escavadores detectaron varias construcciones en estratos más profundos, no los alcanzaron ni los estudiaron.
Rick y su equipo asumen que esas evidencias indican que los chavines ocuparon «Campo Oeste» en el lapso del 800 al 500/400 a.C. Esto, sin contar vestigios pos Chavín ni materiales anteriores de esta cultura en esta zona, aún no estudiados.
ZONA DEL WACHEQSA
Los investigadores de Stanford, en esta zona que pertenece al sector norte del lugar, tomaron 10 muestras radiocarbónicas de varios estratos y áreas de uso. Indican que existe una clara superposición de estratos entre los años 1 200–800 y 800–500 a.C.
En cuanto a la cerámica, los fechados señalan que en el rango 1 200–800 a.C. no hay rastros de la alfarería Janabarriu. Sí está presente en el rango de los años 800–500 a.C., de lo que se colige que la cerámica Janabarriu se superpuso a otro estilo cerámico.
Por áreas de uso y estratos, los fechados logrados son los siguientes:
Del Basural. Está en la parte sur del sector Wacheqsa, con un área de 40x4 metros y una profundidad de cerca de 2 metros, lo que da un volumen de 320 metros cúbicos de basura asociada con cerámica Janabarriu. Son desechos de festines ceremoniales, en los que consumieron grandes cantidades de carne de camélidos, abundante líquido fermentado y drogas alucinógenas. Fueron recuperados gran cantidad de huesos de fauna, tiestos, objetos de piedra y otros materiales. Las muestras dieron tres fechas 800, 500 y 400 a.C.
Plataformas tardías. Están al norte del basural. Son plataformas superpuestas, sin vestigios en superficie. Al parecer, solo fue un área intermedia entre el basural y las estructuras de piedra ubicadas al norte. Una superficie compacta de cantos rodados tiene más cerámica Janabarriu en un contexto de escasos materiales arqueológicos.
Una muestra dio el rango de 1 000-800 a.C. Lo muy antiguo fue una sorpresa y es considerado una anomalía, aun sin explicacion por su posición estratigráfica y su comparación con materiales que están en otras capas de este rango de fechas en este mismo sector.
Ruinas de piedra canteada. También están en el norte del Sector Wacheqsa, estratigráficamente encima de las Plataformas Tempranas. Son restos de recintos de piedra canteada, de cuyo interior fueron recuperados pedazos de cobre natural y de lajas de piedra. Una muestra de la superficie de un piso arcilloso proporcionó una fecha del rango de 800 a 500 a.C., vinculada a la cerámica Janabarriu.
Plataformas Tempranas. En esta área antigua fueron obtenidos cuatro fechados: el más remoto, del rango de 1 200- 950/900 a.C., provino del carbón de un fogón hallado sobre el suelo estéril y representa, hasta el momento, la ocupación más temprana detectada por el equipo de Rick en el Sector Wacheqsa. Los otros tres fechados son de rango de 1 000-750/650 a.C.
Es deducible que este tiempo corresponde a una fase de ocupación anterior o paralela a la cerámica Urabarriu. Pero, hasta el momento, la relación entre la cerámica del Wacheqsa y la Urabarriu no es clara.
En resumen, los fechados indican que las Plataformas Tempranas fueron utilizadas entre 1 200 – 750/650 a.C.
Del Canal. Estratigráficamente está debajo del basural, hacia el extremo sur del Sector Wacheqsa. Es un espacio por el que discurrió agua en, al menos, tres grandes momentos. Solo se obtuvo un fechado que procede de una capa asentada directamente sobre suelo estéril. Su rango es de 900 a 800 a.C., sin vestigios de cerámica Janabarriu.
LA ZONA DE LA BANDA
En «La Banda» fueron fechados dos contextos: el primero, en la terraza alta del sitio de cuya excavación se obtuvieron seis muestras que dieron un rango de 1 300 a 400 a.C.
Otros tres fechados de las capas 5 hasta 8, sugieren un rango de 800 a 400 a.C. En contraste, las capas más profundas 17 y 18, proporcionaron fechas en el rango de 1 250 y 800 a.C. La inversión del orden cronológico de las capas 17 y 18 es de poca preocupación debido a que estas capas más profundas son muy delgadas y la diferencia en profundidad, desde la superficie de estas muestras, es mínima.
En total, puede percibirse una secuencia con dos temporadas: una, en el rango de 1 200 a 800 a.C. y otra de 800 a 400 a.C.
El segundo contexto de La Banda fue su terraza baja. Sus seis fechados muestran una ocupación del 900 al 400 a.C., con cinco fechados más recientes. El fechado más antiguo y más profundo provino de una muestra hallada debajo del relleno de un canal, donde hubo actividad aislada sin ocupación intensiva. En esta área no existen evidencias arqueológicas. La muestra indica una presencia, no necesariamente residencial, en una etapa anterior.
En resumen, las excavaciones en «La Banda» permitieron hallar evidencias de ocupaciones posiblemente contiguas, en espacio y tiempo, de dos temporadas asociadas con cerámica formativa Chavín, pues no hay la menor duda de que en la ocupación de 900 a 800 hasta 450/400 a.C. hubo cerámica con rasgos janabarroides. La ocupación más temprana o más antigua tiene mucho menor densidad de cerámica y no se ha determinado aún si faltan, por completo, los caracteres janabarroides.
Como marco general para su nueva cronología de Chavín, además de fechados de otros investigadores y los propios, Rick y su grupo han establecido la relación de estos marcadores con los estilos cerámicos asociados para comprender los vínculos entre Chavín de Huántar y sitios contemporáneos durante el Periodo Formativo, sub periodos Temprano, Medio y Tardío.
RESUMEN DE EVIDENCIAS DE LA INVESTIGACIÓN STANFORD–JOHN RICK
En Chavín de Huántar existió una ocupación pre cerámica importante, pero poco conocida que abarca unos 900 años, entre el Pre Cerámico Tardío y el comienzo de la ocupación chavín entre el 2 200 y 1 300 a.C.
El periodo chavín del 1 250 al 900/800 a.C., anterior a la ocupación intensiva detectada a partir del 900/800 a.C. en adelante, tiene evidencia de fechados por radiocarbono en el «Campo Oeste», en el «Sector Wacheqsa» y en «La Banda», así como en los edificios monumentales, sin presencia de cerámica Janabarriu.
La ocupación documentada con fechados por radiocarbono–14 en los edificios monumentales y con los materiales generados por la Cultura Chavín, duró desde, aproximadamente el año 1 200 a.C., hasta probablemente el año 400 a.C.
Los fechados más antiguos precerámicos o cerámicos, proceden de profundidades de entre 2 y 7 metros por debajo de la superficie, en una geología y paisaje local muy inestable y cambiante, con propensión al enterramiento profundo de superficies en el fondo del valle del río Mosna.
El patrón de fechas antiguas vinculadas a una cerámica «no clara», ¿Kotosh-Kotosh o Urabarriu?, se debe a la escasez de vestigios que impide identificar el material de chavín, de 1 200 al 800 a.C., tal vez, carencia que tal vez se deba a: i) lo reducido de la población de entonces – unas 200 a 300 personas– respecto a la que hubo del 800 al 400 a.C. –unas 3 000 personas–, ii) a la división social, iii) a distintos comportamientos que generaron basurales de menor densidad y con menos carbón o, iv) a la falta de uno o más factores que generam vestigios arqueológicos.
Hay evidencias de ocupaciones intensivas de Chavín del 900 al 800 y del 500 al 400 a.C., asociadas a la cerámica con rasgos janabarroides pero, como no hay una definición precisa de qué es «Janabarriu», por lo que Rick y su gente la llaman janabarroide, solo se atreven a decir que una expresión cerámica variada, con un núcleo que presenta estampados con decorados en forma de «O», «S» y otras formas, fue desarrollada ampliamente por los alfareros chavín entre 800 y el 400 a.C.
En ese lapso hubo otros estilos cerámicos que están en proceso de estudio como la cerámica «Ofrendas», identificada por Lumbreras.
Todos los fechados del Periodo Cerámico tienen un margen de error de entre 25 y 57 años, aunque Rick y su equipo reconocen que hay algunas inconsistencias en la secuencia de fechados, debido a la variedad de procesos de formación de las muestras analizadas.
Los fechados sobre el fin de la ocupación chavín tienen rangos muy amplios y, en particular Rick y su equipo, a pesar de que tienen como cálculo final el 400 a.C., mantiene su sospecha de que la Cultura Chavín sucumbió cerca del año 500 a.C.
La Etapa Soporte, que abarca el tiempo después del cese de toda construcción monumental, solo consistió en el levantamiento de muros para evitar, o esconder el colapso de paredes principales debido a un probable potente terremoto en el rango de 550 a 500 a.C., probablemente de 8 grados de intensidad en la raíz de la falla geológica de la Cordillera Blanca.
Los investigadores sospechan que el cataclismo fue el inicio de una transición durante la que, las funciones ceremoniales del culto chavín se extinguieron paulatinamente, siendo posible que, para el 400 a.C., todavía hubiera alguna producción de material cultural.
Con todo lo avanzado hasta el primer cuarto del siglo XXI, no se sabe aún cómo fue la disolución de Chavín y la superposición de Cultura Huaraz. ¿Fue rápida o lenta? ¿Qué transformaciones y procesos sociopolíticos ocurrieron? Estos y otros aspectos importantes están pendientes de resolver y lo que se puede decir de modo concluyente es que, después del 400 a.C., no hay evidencia alguna, material o ideológica, de algo parecido a Chavín en el mismo sitio.
Por lo tanto, es inexacto que la teocracia Chavín se encontraba en el auge de su influencia en el lapso entre el 390 y 200 a.C.
La desaparición de la cerámica Janabarriu, junto con todas las variedades de cerámica chavín, es evidente en la transición a la época Huaraz. No sobrevivió tradición alguna de decoración cerámica, ni tampoco la mayoría de las formas y técnicas de Chavín.
LOS POR QUÉ DEL CENTRO DE CULTO CEREMONIAL DE CHAVÍN DE HUÁNTAR.
En un notable esfuerzo por explicar importantes aspectos del modo de vida chavin –sin llegar a la deseada descripción detallada del «día a día» en el centro de culto– John Rick ha tratado de responder preguntas cruciales, con base en testimonios arqueológicos, con dos informes reveladores.
¿Por qué fue construido?, ¿quiénes lo hicieron funcionar?, ¿cómo operaba? ¿a quiénes atendía o servía? ¿Qué ofrecía Chavín a los «peregrinos? ¿Qué les exigían? ¿cuáles eran los objetivos de sus operadores? ¿cómo obtuvieron poder y autoridad?
Gran parte de sus respuestas están en, Un análisis de los centros ceremoniales del periodo Formativo a partir de los estudios en Chavín de Huántar, 2006.
¿POR QUIENES Y POR QUÉ FUE CONSTRUIDO?
El centro ceremonial de culto y administracion Chavín de Huántar fue construido durante la transición del Periodo Arcaico (pre cerámico) al Periodo Formativo, una etapa de profundos cambios sociales, considerada como toda una revolución neolítica en los Andes Centrales, con el auge de los edificios públicos monumentales en la costa y sierra norte, el acelerado desarrollo de la agricultura y las crianzas como actividad económica principal, aunque aún sin cerámica.

Como ya se ha anotado, esta revolución neolítica en los Andes Centrales, antes de Chavín de Huántar, involucró necesariamente a las culturas Sechín, Caral, Cupisnique, los sitios cajamarquinos Kuntur Wasi, Huacaloma y Pacopampa, la Cultura Kotosh y la recién configurada Cultura Manchay, en la costa central. Por eso, es necesario que los investigadores arqueológicos se esfuercen por dilucidar, por lo menos el grado y la modalidad de intervención de los sechines, los cupisniques, los cajamarquinos y de los pueblos de la costa central, tanto en el surgimiento de Chavín de Huántar como en su desarrollo, apogeo y final, toda vez que varias de esas sociedades fueron contemporáneas del santuario del Mosna durante sus apogeos.
Aplicando el concepto actual, John Rick asume que el tipo de edificios al que corresponde Chavín de Huántar fueron “templos”, porque en esa época la religión con sus ritos tuvo un papel protagónico como el más importante agente de cambios sociales transcendentales, específicamente, de la transición de sociedades relativamente igualitarias del Arcaico a las definitivamente jerárquicas o de clases sociales.
No hay testimonios, pero sí la intensa hipótesis de que el santuario Chavín fue también un centro político–administrativo regional que decidía y manejaba la distribución de tierras agrícolas, las obras de riego y la distribución del agua dulce, la promoción del intercambio comercial y el control de rutas.
Sí hay pruebas arqueológicas de la celebración de fiestas y banquetes masivos con abundante ingesta de hasta de potajes hechos con base en restos de humanos sacrificados, bebidas fermentadas y gran consumo de drogas alucinógenas líquidas y en forma de polvo.
Guillermo Lumbreras en su obra de 1993, Excavacioes en la Galería de las Ofrendas expuso que Chavín, NO le parecía “el producto de una sociedad local con desarrollo independiente”, por lo cual postuló que “Chavín es el resultado de un proceso de integración territorial muy vasto que incluye, desde Cajamarca y Lambayeque por el norte, hasta el borde septentrional de la meseta de Junín y los valles de Lima por el sur. Pero distingue que esta integración “no fue forzada por mecanismos políticos o guerreros; no hay indicio ninguno para una tal hipótesis; fue, en cambio, un centro de cohesión y convocatoria, cuya fuerza y causa deben estar en el poder predictivo y la sabiduría de quienes se asentaron en este lugar. Ellos eran herederos de una experiencia milenaria de los viejos pescadores y agricultores de la costa de Lima, Ancash y Trujillo- Lambayeque y de los igualmente viejos agricultores de los valles templados y los páramos de Cajamarca, Ancash y Huánuco; y, finalmente, de los pastores “llakuash” de las punas circundantes del sur. “Guaris” y “llacuashes” eran sus ocupantes”.
Según otros investigadores, entre ellos el antropólogo Alfonso Klauer, este criterio carece de alguna aproximación hacia la conducta religiosa, política, social y económica global de los chavines que llevó a los seguidores de Lumbreras a considerar a los chavines casi como “Los buenos muchachos de los Andes” quienes, por las buenas, la alta calidad de su religión, su eficientísima operación como el principal oráculo y conector con los dioses de los Andes centronorteños y por sus avanzados conocimientos tecnológicos y técnicos, consiguieron convencer a una gran cantidad de pueblos de que se sometieran a ellos de buen grado y que les entregaran gran parte de su producción y fuerza de trabajo para construir el enorme santuario en forma gratuita a fin de que ellos se dedicaran a los dioses, a sus adivinnzas y a gozar de la buena vida.
Como el mayor centro ceremonial de la sierra norte, Chavín de Huántar se distinguió por:
Su alto grado de monumentalidad.
Una larga historia arquitectónica de 800 a 1 000 años con los mismos patrones de diseño y construcción dirigida por líderes probablemente hereditarios.
Un alto grado de decoración o «arte», particularmente lítico integrada a la arquitectura.
Una vocación intensa por las estructuras pétreas con apariencia subterránea, dimensiones estrechas y aspecto intimidante, la que después incluyó edificaciones a campo abierto para reuniones masivas con decorado especial.
Disposición de «altas tecnologías» para el manejo de la piedra de construcción, el tallado de decorados líticos excepcionales, el atractivo brillo de su cerámica y para el trabajo con hueso.
¿QUIÉNES Y CÓMO LO HICIERON FUNCIONAR?
La devoción religiosa popular como el motor de Chavín
Chavín fue operado por una elite sacerdotal–chamánica local, que fue capaz de liderar la devoción religiosa, primero de su población local y, después, de jerarcas de otras zonas cercanas y alejadas y de convencerlos para que participaran únicamente en el componente arquitectónico–constructivo del proyecto religioso, como especialistas o aportantes de mano de obra de apoyo, claro está, bajo su mando y control total.
Además de evaluar los componentes grandilocuentes de la Cultura Chavín, los investigadores han desarrollado hipótesis que plantean que para conseguir sus éxitos de mando y control, sus gestores adoptaron alguna de las siguientes formas de organización política:
i) Una coalición o alianza anfictiónica religiosa similar a las que hubo en la Grecia Antigua e torno a las ciudades de Delfos y Olympia, para preservar la hegemonía del culto y la defensa mancomunada (Krysztof Makowsky).
ii) Un estado teocrático andino (Henry Tantaleán). Y, en el extremo,
iii) Un imperio teocrático absolutista con todos los componentes de agresión por ambición y codicia, abuso, crimen y explotación que tal condición conllevaba.
¿A QUIÉNES ATENDÍA O SERVÍA CHAVÍN?
Chavín fue un lugar de y para la elite, sin acceso general, que No sirvió directamente a los simples del pueblo ni siquiera de su área de influencia directa, sino a quienes dirigieron su planificación y construcción y a los selectos «peregrinos», quienes recibían de los primeros el derecho de acceso, por su condición de jefes de etnias, curacas o jefes de ayllus de poblaciones cercanas y distantes.
Hay pocos ejemplos de instalaciones para el servicio práctico de la población común. Uno de ellos habría sido el observatorio solar/agrícola de la Plaza Circular Hundida.
La ausencia de imágenes de animales y plantas de la producción agroganadera zonal en la iconografía de Chavín, apunta a que eso no importaba a sus sacerdotes chamánicos.
El rastro cerámico revela que hubo una desconexión entre la elite del santuario y los modestos pueblos de su alrededor en todo el Callejón de Conchucos. Varios investigadores han detectado que en esos sitios solo hubo cerámica rústica y total ausencia de la elaborada cerámica, pulida y muy decorada del centro ceremonial.
Eso contrasta con el intenso intercambio que hubo con otros centros ceremoniales de la época, situación que indica que había un conjunto de productos tangibles e intangibles compartidos por las elites, pero no por los «simples», con algunas excepciones como los constructores, alfareros, escultores, metalurgistas y orfebres, que no debieron ser muchos. Al respecto y sin duda, los sitios del Formativo con cerámica decorada en la zona de Chavín: Pojoc, Waman Wain y Gotush, fueron solo la excepción que confirma la regla.
De este contexto, Rick deduce que, por lo menos en el Callejón de Conchucos hubo tres «grupos distintos» – no menciona «clases»– de personas:
Los altos líderes religioso–politicos del Complejo Chavín, tipo sacerdotes chamánicos.
La elite de poblados, ayllus o curacazgos cercanos y lejanos, que acudían al lugar en condición de «peregrinos»
El grueso de personas comunes o «simples» (agricultores, criadores y comerciantes)
Hay poca evidencia de la participación significativa de los «simples» en el mecanismo del culto.
La conclusión es que el centro ceremonial chavín funcionaba para los dos primeros «grupos» de personas con gran desconexión y poca integración respecto al tercero, es decir, los comunes.
El caso de las ofrendas respalda esta segregación. Todos los conjuntos de probables ofrendas —que en su mayoría son materiales de chavín–, son muy elaborados, exclusivos y más valiosos en términos de trueque o intercambio; no hay evidencias de ofrendas correspondientes a los «simples», aunque esto pudiera obedecer a la necesaria limpieza de los ambientes, aun en el caso de ritos con asistencia de numerosos participantes.
¿QUÉ OFRECÍA CHAVÍN A SU «PEREGRINOS»?
La oferta era una oferta muy atractiva con componentes de magia, poder, autoridad, prestigio y probablemente negocios.
El producto principal de Chavín era psicológico, intangible: un privilegiado vínculo con la divinidad y la recepción de información de alto valor para la vida individual y comunal a corto y quizá a mediano plazo, con lo cual se satisfacía la necesidad pública de la religión, mediante la función oracular (predicción por adivinación); pero, según Rick, esto no incluía a la población en general, sino solo a los jerarcas «peregrinos» con derecho al acceso restringido a los templos.
La gran Estela Raymondi, que nadie ha descifrado aún, no se sabe dónde
estuvo emplazada. Solo se sospecha que fue objeto de rituales msivos.
La adivinación, herramienta de poder. Marco Curatola Petrocchi, en su ensayo, «Adivinación, oráculos y civilización andina» (2001), explica así el fenómeno oracular, desde el Arcaico: una hipótesis etnohistórica dice que los “templos” de Caral, Kotosh, Huaricoto, La Galgada, Pampa de las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán, fueron recintos religiosos restringidos, donde pocos humanos creían percibir manifestaciones de dioses, a través del fuego.
Desde entonces, con sus predicciones, indicaciones y el descifrado de signos, hechos y situaciones de difícil inteligencia, los oráculos aportaron conocimiento, racionalización de la realidad y fueron una de las instituciones andinas «eje», desde que surgieron antes de la aparición de la cerámica y el avance del Periodo Formativo (II milenio a.C.).
Y, no hay duda de que, al final de nuestra prehistoria, los oráculos representaron un formidable mecanismo de legitimación del poder, del dictado de normas sociales (si lo dijo el oráculo, así es y sanseacabó), de acopio de información, de comunicación y de negociación; afianzaron que los grupos en el poder controlaran, por las buenas, inmensos territorios bloqueando el independentismo político de distintos grupos sociales de linajes (¿Chavín?)
El arqueólogo polaco, Krsysztof Makowski cree que tras su llegada al Santuario, los jerarcas «peregrinos» y sus comitivas acampaban en la periferia o en el poblado cercano que hoy es la ciudad Chavín de Huántar y permanecían, por lo menos, durante un mes a la espera de que fueran recibidos en el templo para realizar sus consultas oraculares.
Imagina que esa congregación posibilitaba un gran intercambio comercial de distintos bienes y el funcionamiento intensivo de talleres locales de producción cerámica, textil y orfebre.
En Chavín, el ritual o procedimiento oracular ocurría en la noche. Para empezar al aspirante a dialogar con la divinidad, los oficiantes le hacían consumir drogas disueltas en la chicha, en dosis controladas. Así, ya en estado de conciencia alterada le guiaban a pie hacia un recorrido por los siniestros, lóbregos y aterradores pasillos del templo. Intensificaban sus visiones, angustias y miedos, mediante el impacto de sonidos provocados por trompetas de conchas y agua subterránea corriente.
La puesta en escena final era su comparecencia ante el famoso ser todopoderoso personificado en el gran «Lanzón», el enorme monolito de piedra de 4 metros de altura que tenía la figura de un dios antropo-zoomorfo tallado en su superficie, del cual el discípulo creía escuchar el vaticinio crucial sobre el clima, las siembras, las cosechas y crianzas, sobre su pueblo, su familia y sobre su destino personal, respecto a sus preocupaciones más íntimas, así como instrucciones precisas sobre qué hacer para mejorar sus ofrendas, a fin de que en su territorio la vida sea mejor.
El misterioso y supuestamente poderoso totem EL LANZÓN
Tales directivas de la deidad no eran más que parlamentos de los sacerdotes chavines, también drogados, que eran pronunciados como órdenes desde cubículos adecuados, procedimiento ancestral que usaron todos los llamados oráculos de la antigüedad para engatusar, embaucar y manipular a los creyentes, desde el poder.
Las profecías. La principal preocupación de los «peregrinos», en particular de curacas, jefes de ayllus y de etnias, era que el dios–oráculo chavín, cuatro meses antes del inicio de la temporada de preparación de tierras y siembras en los Andes o en la costa, les avisara si iba a llover adecuadamente o si venía un diluvio o la sequía, si el ganado pariría y si se lograría abundante pesca en el litoral. Los jerarcas querían saber también novedades específicas sobre sus comarcas, y deseaban, además, implorar al todopoderoso gracias personales y colectivas.
Para eso llegaban en largas caravanas de llamas portando productos alimenticios, tejidos valiosos, cerámica fina, piezas de orfebrería de oro, plata y cobre y otros bienes exóticos de sus zonas. También llevaban enemigos hechos prisioneros y jóvenes elegidos para ser sacrificados al dios como ofrendas a cambio de su favor y luego ofrecidos como platillos de banquetes caníbales descritos con pruebas científicas por el sabio Luis Lumbreras.
Con las respuestas, los gobernantes regionales y locales podían decidir con alguna certeza el inicio, postergación o cancelación de las siembras, así como disponer el aumento de sus reservas a distribuir en caso de peligro.
El antropólogo Alfonso Klauer, en su obra “El Mundo Pre – Inka: Los abismos del cóndor” (2006), afirma que los chamanes chavín sabían más o menos cómo se desarrollaría el clima por las siguientes condiciones de la evolución del mullu o caracol Spondylus en el fondo marino, frente a la costa del actual Ecuador:
Si la especie adelantaba su reproducción a agosto y setiembre, y
Si antes de que las aguas del Pacífico Sur empezaran a calentarse por encima de lo normal, las conchas Spondylus adquirían un color rojizo cada vez más intenso.
Estas dos señales advertían a los pescadores norteños que se avecinaban problemas climatológicos que destrozarían la vida diaria y, en el mayor secreto, lo transmitían a sus curacas y estos, a su vez, también en secreto hacia llegar muestras de los Spondylus a los shamanes de Chavín.
En cambio, la ausencia de los indicadores eran buenas noticias. Esta red informativa logró mantener ese conocimiento reservado solo a la curia, durante mucho tiempo. Lo único que pudo trascender a los demás fue que el mullu era portador de mensajes divinos, más no el contenido y menos aún el modo de “leerlos”, por lo que el tal crustáceo fue objeto de inestimable valor en forma de abalorios y como elemento sagrado del culto general a la fertilidad.
No obstante, la observación del mullu estaba lejos de determinar la intensidad y duración de las lluvias, desbordes, inundaciones, avalanchas y sequías. No daba para tanto. Por eso, el gran impacto positivo de las predicciones de buen clima era muy beneficioso para el prestigio y poder de los chavines.
Las consecuencias de lluvias intensas y prolongadas de hasta media intensidad podían ser enfrentadas con el stock común de víveres y la organización de más abastecimiento, el uso de refugios seguros y otras medidas de prevención en cada región o comarca.
Pero, a los adivinos chavines, las graves consecuencias de un mega El Niño con una sequía de tres décadas cuya duración no pudieron calcular y menos conjurar con el favor de su dios, les estallaron en la cara. Su credibilidad fue cuestionada y su prestigio empezó a derrumbarse en la centuria de los 500 a.C., porque los jefes vasallos dedujeron que su capacidad de adivinación tenía un límite o que su dios les había maldecido quietándoles su apoyo.
Las pésimas condiciones ambientales y carencia de ofrendas, hicieron que las peregrinaciones fueran imposibles y con eso la subsistencia se debilitó, con el añadido de que los curacazgos de la periferia chavinista empezaron a sublevarse y a desligarse de la teocracia. Fue entonces que un potente terremoto, cuyo fechado preciso y sus consecuencias político-sociales John Rick y su equipo tratan de dilucidar, afectó y casi sepultó una gran parte del «Templo Nuevo» y las demás estructuras. Rick y su gente están seguros de que frenó casi en seco la actividad en Chavín de Huántar, pero quieren precisar la fecha aproximadamente de su abandono final.
Casi un milenio después, otro mega El Niño provocó similares consecuencias en el oráculo de Cahuachi, provocando la caída del poder de la clase sacerdotal nazca y su reemplazo por jefes militares.
Otros componentes de la «Oferta Chavín» eran:
La relación exclusiva con la curia del templo, la cual se proyectaba hacia sus respectivas poblaciones como un reconocimiento o legitimación divina de su poder, autoridad y prestigio.
La vinculación personal y directa con otros jerarcas (curacas, jefes de ayllus y jefes de etnias) durante la estancia o retiro en Chavín, para resolver problemas, hacer alianzas y aumentar el comercio.
La asistencia a ritos públicos que terminaban en fiestas coronadas por banquetes de clausura de las visitas, actividades que, de estar restringidas a los «peregrinos» con acceso, en la etapa arquitectónico-constructiva «Blanco y Negro» pasaron a incluir, probablemente por separado, a los «simples» de otras zonas y a miembros de las comitivas o delegaciones de cada jerarca.
Ritos, festividades, festines o banquetes. No hay un catálogo de los ritos que se oficiaban en Chavín. Además del ritual de consulta oracular, solo son hipótesis los rituales de veneración del agua, al sol, a la luna llena, a alguna conjunción astral y alguno de sanación por ingesta de brebajes. También solo se supone que cada tipo de rito tenía como marco una gran festividad con cantos, música instrumental de percusión, viento y danzas, cuya calendarización es desconocida.
Sí hay pruebas arqueológicas de festines o banquetes, tipo “fin de fiesta”, hasta con platillos de carne y huesos de humanos sacrificados.
Antropofagia sagrada. Apartándose de cierta conducta encubridora de ciertos investigadores proclives a poner “bajo la alfombra”, aspectos chocantes del comportamiento de nuestros pueblos originarios, Guillermo lumbreras, expuso su hallazgo de la práctica de antropofagia o canibalismo de la gran curia chavinense, en lo más alto de su apogeo imperial.
El documental de National Geographic, titulado “El Teatro del más allá”, estrenado el 2 de julio de 2015, apunta a mostrar cómo la teocracia Chavín usaba a fondo el «Templo Viejo» e instalaciones especiales para convencer a curacas y jefes de ayllus vasallos y a quien los altos sacerdotes creían conveniente, que el lugar era un centro de comunicación directa con los dioses y que ellos y solo ellos (la curia chavín) eran sus exclusivos representantes y ejecutores en el mundo.
En el tramo del minuto 33.50 y el 35.39 del documental de Nat Geo, Lumbreras confirma personalmente que durante su excavación en el «Templo Viejo», a nombre de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, específicamente en la “Galería de Ofrendas”, halló un cúmulo de huesos y otros materiales, entre ellos huesos humanos correspodientes a ocho individuos: tres adultos, dos adolescentes, dos infantes y un neonato.
El antropólogo físico, José Baraybar, tras analizar los restos humanos, confirmó que los huesos habían sido cocinados, otros asados y rotos por masticación. Lumbreras narró que cuando Baraybar comunicó sus hallazgos, ambos sonrieron y estuvieron de acuerdo en que los chavines hicieron sacrificios humanos y, además, realizaron comilonas caníbales, como parte de su política de fidelización de los jerarcas visitantes.
Esta política consistía en que los jerarcas «peregrinos» entregaran como ofrendas sacrificiales, personas jóvenes o niños y prisioneros de guerra. Después de eso, los “bendecidos” por el dios chavinense y la curia disfrutaban de opíparos banquetes de culto y adhesión sin condiciones, en los que se servía potajes y platillos con los restos de los sacrificados.
Lumbreras ya había fundamentado esta práctica en su ensayo, “Un Formativo sin cerámica y cerámica preformativa”. 2006”, anotando que, desde antes de Chavín, el canibalismo fue una costumbre común de la Cultura Sechín, lo que quedó grabadp en los macabros frisos líticos de Cerro Sechín: “El muro con los granitos grabados parece representar una enorme carnicería, en la que guerreros o verdugos de Sechín deshacen cuerpos humanos, ya sea como parte de sacrificios o de prácticas guerreras antropofágicas. La evidencia arqueológica indica que el canibalismo (resalte nuestro), iniciado a fines del tercer milenio, se había generalizado en esta época y estaba asociado consistentemente a la vida de todas las poblaciones. Cieza de León (1553), de su viaje por el norte de Colombia, describe escenas que coinciden mucho con la iconografía de Sechín, con una antropofagia asociada a la guerra en la región del Cauca, envuelta en estas prácticas de manera casi doméstica, en donde, al parecer, se consumía a los vencidos al final de cada batalla en el campo y en casa”. Nada quedaba para los buitres y gusanos.
En Festines y poder en Chavín, 2014, el arqueólogo peruano, Christian Mesía Montenegro, miembro del equipo de Rick, detalla que en sus excavaciones en el gran basural del Sector Wacheqsa del sitio Chavín, recuperó evidencias arqueológicas de festines supracomunales que habrían tenido lugar en la «Plaza Cuadrada Hundida», localizada frente al «Templo Nuevo», con capacidad para 1 500 personas, así como en la «Plaza Circular Hundida», frente al «Templo Viejo», capaz de albergar unas 500 personas y ambas construidas en la fase arquitectónica Blanco y Negro, entre el 800 y 550 a.C. Un tercer lugar pudo ser una probable plaza, hallada recientemente por John Rick, al norte del Edificio D.
En las plazas se realizaban las fases públicas previas a los rituales secretos de Chavín de Huántar, probablemente, simultáneamente, pero para distintos rangos de concurrentes, de tal modo que solo los elegidos ingresaban a la «Plaza Circular Hundida» y de ahí al «Templo Viejo» para recorrer galerías y corredores participando en las actividades previas a la llegada a la Galería del Lanzón.
Luego de que todos los «peregrinos» de la temporada cumplían con el ritual, los demás concurrentes segregados asistían a los festines finales en sus mismos lugares, al mismo tiempo. Después los desechos de eso que hoy se describe como «tremendas juergas», con abundante droga, eran acopiados para ser depositados en el basural del Wachesqa.
Los vestigios hallados por Mesía son:
Cerámica janabarroide, término que designa a toda la alfarería chavín, distinta a la del estilo inicial llamado Urabarriú, debido a la aún imprecisa definición de Richard Burger sobre la cerámica del final de Chavín, a la que nombró, Janabarriu.
De todo el Sector Wacheqsa, fueron recobradas 3 020 piezas, correspondientes a seis tipos de vasijas, de las cuales, las jarras, las ollas sin cuello y los cuencos están en todo el lugar ; pero, las botellas, vasos y platos estaban solamente en el Basural. Es evidente que este menaje culinario no tiene connotaciones religiosas, como si la tiene el conjunto cerámico hallado por Lumbreras en la Galería de las Ofrendas y que, en su gran parte, procede de fuera de Chavín de Huántar.
Restos de fauna, compuestos por gran cantidad de huesos de camélidos y de otras especies comestibles.
Parafernalia narcótica, compuesta por pequeñas cucharas fragmentadas y tubos de hueso pulido de diferentes tamaños que indican el consumo autoadministrado de la droga en forma de polvo, proveniente de la semilla del árbol de la Vilca o Anadenanthera, durante los festines. Instrumentos similares han sido recuperados en «La Banda»
Productos exóticos, entre los que destacan moluscos del litoral, puntas de proyectil de cuarcita y cuentas de crisocola, una quena, collares de hueso, restos de maíz, gramíneas, cucurbitáceas, tuberosas, legumbres, frejol, calabaza.
Fragmentos de frisos, muros, pisos y columnas. Los desechos fueron producidos por el consumo colectivo de alimentos y bebidas en festines supracomunales, durante el Formativo Tardío.
Otro componente de la «Oferta Chavín», fue:
La participación de las comitivas, que constituían verdaderas caravanas de llamas cargadas con las ofrendas del curaca o jefe al templo y con diversos productos para el intenso intercambio comercial que se realizaba en el pueblo o en las zonas Wachesqa o en La Banda, al otro lado del Río Mosna.
¿QUÉ EXIGÍA CHAVÍN A SUS «PEREGRINOS»?
La contraparte de la «Oferta Chavín» o las exigencias que debían cumplir sus devotos peregrinos, eran:
Fidelidad total a la religión, creencias mágico-astrales o como se llamase en aquel tiempo el conjunto de ideas y actividades que proclamaba y predicaba el santuario.
Su réplica fiel en los pueblos de sus respectivas demarcaciones, sin la exclusión de creencias locales.
La entrega periódica y obligatoria de información sobre el estado y la evolución del clima en sus respectivos territorios, en particular sobre las condiciones de las lluvias, de los caudales de los ríos y de la pesca en el litoral.
El aporte de ofrendas en productos de alto valor para la manutención de la curia.
El suministro de mano de obra para la ampliación y mejoramiento de los edificios de Chavín.
La entrega de varones y mujeres para sacrificios humanos en rituales con los «peregrinos» con acceso a recintos restringidos.
Sigue en la parte cuatro













