lunes, 2 de febrero de 2026

 

LA MISTERIOSA CULTURA TOPARÁ CREADORA

DE LOS FAMOSOS MANTOS DEL DESIERTO DE ICA

1.     LA REESCRITURA DE LA PREHISTORIA DEL DESIERTO DEL ICA

En el antiguo curso “Historia del Perú”, de la etapa secundaria, nos metieron en la memoria que, en el desierto de Ica primero existió la Cultura Paracas (deformadores y trepanadores de cráneos, excelentes ceramistas y eximios tejedores de sus bellos mantos). No nos dijeron por qué desaparecieron; solo añadieron que fueron reemplazados por la también muy conocida Cultura Nazca, la de las famosas líneas o gigantescos dibujos hechos en lienzos de pura arena y piedra en pleno desierto, pasión total de doña María Reiche.

Esa sucesión cronológica fue establecida por el padre de la arqueología peruana, don Julio C. Tello y su equipo, el mismo que, deslumbrado en 1919 por la imponente y potente fortaleza – templo de Chavín de Huántar en el magro valle ancashino del Mozna, casi junto al Marañón y a la Alta Amazonía, nos dijo que esa fue nuestra primera civilización o la cultura madre de todas las peruanas y cuyo origen debía buscarse en nuestra Amazonía.

Gran trabajo, mucha dedicación, perseverancia y amor al terruño del doctor Tello, pero lamentablemente erró en eso de Chavín primera cultura andina, pues hoy está comprobado que mucho antes de ese pueblo, habían existido como sociedades complejas de avance civilizado, los Sechín, en Casma – Ancash; los Cupisnique, en los valles del Jequetepeque y Moche, en La Libertad; los Kotosh, en Huánuco y los Caral, en el valle del río Supe.

Su gran interés por conocer, recuperar y estudiar nuestro pasado, por encima de la incuria y el absoluto desinterés de los gobiernos, llevó a Tello a descubrir en 1925 la Cultura Paracas, a través de los vestigios del cementerio de “Las Cavernas”, en Cerro Colorado, Bahía de Paracas. Amplió su conocimiento de los paracas en 1927 con sus impresionantes hallazgos: los sitios “Wari Kayán” y “Cabeza Larga/ Arena Blanca”, en una ladera alta y en la falda baja de Cerro Colorado.

 

1.1.         La confusión de Tello

En Wari Kayán, Tello recuperó 429 momias enterradas sentadas, envueltas en fardos, por lo que Tello supuso que había sido una necrópolis para muertos de alcurnia. Halló más testimonios similares en Cabeza Larga/Arena Blanca.  Las momias y sus ofrendas de vasijas, armas, peines, adornos metálicos, de plumas y semillas, estaban envueltos con varios mantos de distinta calidad, entre los que resaltaban unos de gran belleza y calidad, tejidos con algodón, fibra de alpaca y vicuña, dibujados con tintes irreductibles.

Respecto a su primer hallazgo, “Paracas Cavernas”, Tello bautizó a los nuevos yacimientos “Paracas Necrópolis”, una segunda fase final evolutiva de la Cultura Paracas, antes de la Cultura Nasca.

Así como nuevas estudios han rectificado la prehistoria peruana estableciendo que la primera civilización surgió entre los años 6,000 y 5,000 antes del presente en la costa norcentral andina, mucho antes que Chavín de Huántar y Caral, así también, hoy, la historia de la costa surcentral andina está siendo reescrita.  

La novedad es que recientes hallazgos arqueológicos y una cronología más exacta basada en métodos modernos de datación, han hecho emerger a la Cultura Topará como un dominio en la costa central sur, en un tiempo intermedio entre las culturas Paracas y Nasca, la cual prevaleció aproximadamente desde el año 150 a. C.  hasta el año 150 d. C., es decir, tres siglos, tiempo mucho mayor que el de nuestra vida republicana actual.

 

Tumba caverna, tradición paracas-topará

2.     PRIMEROS RASTROS DE LOS TOPARÁ

Como parte del “Proyecto Arqueológico Fullbright” (1957 y 1959), durante el auge de estudios sobre la costa central sur, los arqueólogos Donald Lathrap y Edward P. Lanning, recuperaron en el sitio «Jahuay» del pequeño valle de Topará, entre Chincha y Cañete, vestigios de una cerámica monócroma desconocida, de alta calidad, diferente a los estilos ya registrados.

Lanning la describió así: “es un estilo monocromo con incisiones simples y una decoración de patrón bruñido. La pintura bicroma, cuando ocurre, es escasa y extremadamente simple, en general, el estilo se deriva de su efecto decorativo fino, de sus formas elegantes y la delicadeza de sus alfares”.


Ubicación de la quebrada Topará

 Su colega, Dwight Wallace, dentro del mismo proyecto y en su resumen, “Trabajo de campo en la Costa Sur del Perú”, registró la intrigante cerámica en el sitio «Chongos», valle bajo de Pisco, y la describió así: “una cerámica delgada, pulida de color anaranjado y sin decoración. Los tipos relativamente raros con decoración incluyen bruñido de molde, engobe crema, puntuación interior y ocasionalmente un engobado rojo e inciso exterior”.  Le asignó dos fases de evolución: «Chongos A» y «Chongos B», después de analizar una vasija y un plato. Anotó que «Chongos A» es similar al estilo «Jahuay», estudiada por Lanning y que «Chongos B» ha sido hallado en varios sitios del valle de Pisco y hasta en Ica.

En 1963, Lannning y Wallace, dedujeron que tal cerámica procedía de los valles al norte de la Bahía de Paracas, por lo que eligieron el nombre del valle de «Topará», como el de la novedosa cerámica monócroma.

Hoy, sin embargo, debe quedar claro que, una cosa son los primeros sitios de hallazgo de vestigios Topará y otra muy diferente, es el lugar de origen, desarrollo y expansión de esa formación cultural, punto central de su conocimiento que aún está en proceso de investigación.

 

2.1.         Alerta arqueológica

Sin embargo, lo que prendió la alerta entre los arqueólogos que excavaban en Chincha, Pisco, Ica, Palpa y Nasca fue que Wallace determinó que el estilo «Chongos A», es similar a lo que hasta entonces se conocía como el estilo “Paracas Necrópolis”.  

Todos los arqueólogos se enfocaron en el nuevo estilo de cerámica, diferente a las alfarerías Paracas y Nasca, con algunos rasgos similares y comprobaron que la cerámica Topará tuvo una presencia  considerable en los valles de Cañete, Chincha y Pisco, durante el final de la Cultura Paracas (final del Periodo Formativo u Horizonte Temprano) y se desarrolló independientemente, sin interrupción, hasta bien iniciada la Cultura Nasca (Periodo Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales) en los valles de Ica, Palpa y Nasca.

Obsérvese en el siguiente cuadro que el tiempo de la Cultura Topará coincide con los que un sector de arqueólogos denomina la transición de Paracas a Nasca.

 Cuadro 1

                             Elaboración propia

El panorama descrito ha llevado a los arqueólogos a debatir intensamente, si Topará fue un cultura o sociedad en regla o simplemente fue un estilo cerámico, textil e iconográfico vigente en la transición de Paracas a Nasca.  

3.     SITIOS DE LOS PRIMEROS HALLAZGOS

3.1.         Topará

El arqueólogo alemán, Wolfang F. Wurster, investigó el pequeño valle de Topará en 1984 y lo describió así: “está situado entre los ríos Cañete y Pisco 'y se encuentra a unos 15 kms., al norte de la ciudad de Chincha Alta. El río Topará no lleva agua durante todo el año y raras veces sus aguas alcanzan el mar. El área del valle de mayor interés arqueológico empieza a una distancia de 15 kms del litoral pacífico, en donde termina una zona arenosa y desértica. A continuación, el valle sigue por un trecho de aproximadamente 25 kms en forma de una franja irrigada y fértil con un ancho de alrededor 800 ms en la parte baja. En la parte alta se ensancha hasta formar un cañón estrecho. El nivel del fondo del valle dentro de esta zona se encuentra entre 300 ms. hasta 1.400 ms sobre el nivel del mar. Las ruinas investigadas están en su mayoría situadas en los márgenes del valle o en pequeños valles laterales sobre conos de eyección”.

Wurster no fue a ese valle a investigar la cerámica Topará. Fue a hacer un barrido catastral multidisciplinario de todo el valle para un estudio de las sociedades prehispánicas andinas y del surgimiento del urbanismo.

Lo que halló fue que este pequeño y escondido valle, es una vitrina estratigráfica de la mayor parte de la prehistoria de la costa sur central, con vestigios de:

Dos sitios de la Cultura Paracas, tres sitios del Intermedio Temprano (Cultura o transición Topará) aún no identificados plenamente, dos o tres sitios Wari, una considerable cantidad de sitios del Intermedio Tardío y Horizonte Tardío, varios edificios importantes que muestran diseños y sistemas constructivos diversos, pedazos de cerámica de los estilos Paracas, Topará, Chincha, Wari, Inca, Chincha-Inca y Chincha-Inca-Colonial, pero en su mayoría pertenecientes al Intermedio Tardío (Pre inca) y al Horizonte Tardío (Inca). También ubicó cementerios extensos y distintos tipos de tumbas, largos caminos en laderas protegidos por muros de contención y artefactos de piedra, madera, mates y conchas, todo lo cual fue sometido a diversos análisis técnicos.

 


Vistas de secciones de la quebrada Topará

 

3.2.         Chongos, valle bajo de Pisco

En su trabajo: Topará en Pisco: patrón de asentamiento y paisaje, 2013, Ann Peters, escribe que Chongos fue una aldea principal que controlaba el caudal del río Pisco para el riego. Sus habitantes dominaban la zona de las lagunas y controlaban la ruta de la margen sur de Pisco hacia las bahías de Paracas y de la Independencia rumbo a la sierra central.

Durante el final de Paracas, fue un centro importante tras una reocupación   extensa por los Topará en las fases «Jahuay» y «Chongos». Tenía áreas de producción y fue escenario de grandes reuniones públicas, pero sin vestigios de ocupación permanente a gran escala.  

Al norte de Chongos, está el sitio de Maymi. Los restos de sus muros son de adobes de planta óvalo, o casi redondo. En la margen norte del valle, Peters también recuperó cerámica fina anaranjada con fragmentos diagnósticos de la fase «Chongos» cerca del actual pueblo de Independencia.

En 1997, Peters excavó nuevamente en yacimiento y, además en el sitio cercano de Pachinga o Alto Molino, de los que recuperó 395 fragmentos de cerámica procedentes de depósitos de basura, de rellenos constructivos y de la superficie del terreno. El material es una de las colecciones más representativas de la cerámica Topará, de las fases «Jahuay 3» y «Chongos».

De su estudio del lugar, Peters concluyó:  

·     Que los patrones de asentamiento de Paracas Tardío y Topará no cambiaron muchos, en un panorama en el que los aldeanos se dedicaban a diversas actividades productivas que configuraban el paisaje del valle de Pisco, mediante el manejo de agua.

·     Que en el área de Chongos al norte y sur de la desembocadura del río Pisco hubo hasta tres asentamientos dedicados a la pesca y al marisqueo, como las localizadas en la Península de Paracas y cuya producción alimentaba a otras aldeas hacia el este.

·     Que, durante a fase alfarera «Carmen», la organización sociopolítica del valle cambió radicalmente. Eso afectó más a la población de la margen sureste y determinó la aparición de nuevos sitios en la margen norte, relacionados a nuevos sistemas de riego, a base de puquiales, la napa freática y lagunas que dividieron el valle de Pisco en por lo menos ocho «sub valles» o comunidades de riego segmentado a independiente. Ocurrió que las zonas de riego de las comunidades Paracas pasaron al control de los Topará.

·     Que Chongos habría sido el principal centro político en la costa del valle de Pisco durante el fin del Período Formativo, hasta que cambios en el balance de poder en la región, durante la fase Chongos y el lapso de los entierros en la necrópolis de Wari Kayan, desplazaron el centro político hacia Pachinga.

Pozuelo, Chincha

El sitio arqueológico de Pozuelo está en el lado sur del delta del Valle de Chincha, a menos de 2 km de distancia de la línea de playa. Actualmente está compuesto por cuatro construcciones o montículos (A, B, C, D) de entre 2 y 3 m de alto, algunas afectadas por la actividad agrícola y avícolas. Fue ubicado por Wallace en 1957.

Su ocupación más antigua data de la cerámica Pozuelo “chavinoide”. Siguió la ocupación Paracas, en siglos V a III a.C.

Este asentamiento arqueológico fue investigado con 8 pozos de excavación por los arqueólogos Boris Orccosupa, Henry Tantaleán y Charles Stanish, quienes presentaron sus resultados en: El estilo cerámico Topará: una perspectiva desde Pozuelo, valle bajo de Chincha, publicado en 2023 por Chungara Revista de Antropología Chilena.

Sus estratos superiores contenían pedazos de alfarería Topará, de las fases Jahuay 3 y Chongos; el sitio fue ocupado por los Topará después de los Paracas.

Solo se halló una construcción Topará sobre el edificio B.

Las edificaciones habría sido áreas doméstico-familiares. En la excavación del edificio B hallaron la única vasija entera del lugar en posición invertida, como ofrenda, tal vez a la llegada de los Topará.

Del total de fragmentos cerámicos recobrados, 2.347 corresponden al estilo Topará, de los cuales 318 fueron analizados y corresponden a vasijas de servicio como cuencos, tazones y escudillas.  

Para su elaboración usaron cuidadosas técnicas de cocción resultantes de un nivel alto de conocimiento de control del fuego.

 

Único cuenco completo del estilo Topará Jahuay 1,
recuperado en Pozuelo, Chincha

 

 

En resumen: el material cerámicoTopará de Pozuelo corresponde a las fases Jahuay 3 y Chongos y fueron hallados en las mismas capas estratigráficas.

En total lo analizado fue: ollas, 25,16%, tazones, 18,55%, cuencos, 16,98%, escudillas, 3,77%, cántaro, 1,26%, botella, 0,63%, instrumentos de trabajo, plato de alfarero y otros 13,21%.

Esto último dice que Pozuelo, durante la ocupación Topará estuvo bastante relacionado con talleres de alfareros, pero su actividad principal fue de tipo aldeano para producción agrícola y pesquera de autoconsumo doméstico -familiar.

Los Topará ocuparon Chincha en un solo momento cronológico y modificaron las edificaciones que los Paracas habían abandonado. En Pozuelo las excavaciones mostraron el mismo patrón.

En cambio, a los valles de Ica y Nasca, Topará llegó cuando en ese territorio aún se utilizaba la cerámica Paracas y continuó hasta la aparición de la cerámica Nasca 1 (siglos III al I a.C.), coexistiendo con esos estilos.

Pero, además de su cerámica, los Topará llegaron con una nueva estructura y organización comunal que, en los valles de Chincha y Pisco, fueron implantadas por una nueva jefatura, asentada posiblemente en Pisco, en el sitio de Chongos, que también ejerció dominio sobre comunidades dispersas de Chincha y Cañete.

Los investigadores, creen que, más al sur, en los valles de Ica y Nasca, la población local asimiló la cerámica Topará, conservó y transformó algunos rasgos sociales Paracas en transición hacia la Cultura Nasca. Sin embargo, en el Valle de Palpa, ocurrió el cambió en el patrón de asentamiento por un súbito aumento de la población, debido a la migración de grupos Topará.

Lo autores esperan que nuevos hallazgos transformen la percepción del fenómeno Topará y permitan explicarlo no solo como un momento de “transición”, sino, más bien, como un conjunto de comunidades con características y prácticas sociales propias que impactaron en los valles de la costa sur, las cuales merecen ser estudiadas por derecho propio.

En conclusión, los autores declaran que, sobre la base de otros estudios de Topará en Chincha y sus propias  investigaciones, sustentadas en la observación de claras superposiciones estratigráficas, análisis ceramográficos y estilísticos y fechados radiorbónicos, Topará fue una sociedad diferente de Paracas y de Nasca, con sus propias expresiones sociales.

 4.     EL ORIGEN

4.1.         Alternativa Cañete

Los arqueólogos Krszysztof Makowski y Tomasz Kołománski, señalan que, entre el año 120 a.C.  y el 90 d.C. (210 años), en los valles de Cañete, Chincha y Pisco hubo un mosaico de estilos cerámicos: Paracas Cavernas, Topará (fases Chongos y Jahuay 3) y Nasca (fases 1 y 2), pero con dominio de la alfarería Topará, mientras que, en los valles de Ica, Palpa y Nasca, los aldeanos hacían su cerámica y textiles con técnicas Paracas que ya habían sido reemplazadas en los valles norteños mencionados por las nuevas tecnologías Topará.

En consecuencia, ya estaba en plena vigencia la tradición Topará, surgida en el valle de Cañete y se hallaba en curso de expansión hacia el sur coexistiendo con los demás estilos.

 

4.2.         La alternativa Chongos, en Pisco

En cambio, Ann Peters, así como los arqueólogos, Boris Orccosupa, Henry Tantaleán y Charles Stanish, en su obra ya citada, plantean que la jefatura inicial Topará habría surgido en la zona baja del valle de Pisco, en el sitio de Chongos, desde donde ejerció dominio sobre comunidades dispersas en los valles de Chincha y Cañete.

 

  1. CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS TOPARÁ

I.     Su cerámica monocroma y con poca decoración; eso sí, hecha con una técnica avanzada respecto a la Paracas, pues tenía paredes finas, era pintada antes de su cocción, la cual se hacía a casi 1,000 grados centígrados.

II.   Una avanzada y bella textilería con algodón y fibra de camélidos sudamericanos (llama, alpaca y vicuña), de colores variados e intensos, con motivos decorativos de alta complejidad (La confusión inicial hizo que sus obras fueran bautizadas como los famosos “mantos paracas”).

III. Sus prácticas de la deformación craneana y la técnica de la trepanación craneana iniciada por los Paracas.


5.1.         Territorio

Los arqueólogos Boris Orccosupa, Henry Tantaleán y Charles Stanish, en: El estilo cerámico Topará: una perspectiva desde Pozuelo, valle bajo de Chincha -2023, plantean que la cerámica Topará tuvo vigencia en el territorio comprendido desde el valle del Rímac en la Costa Central hasta la cuenca del Río Grande en la Costa Sur.

Durante su apogeo, los topará establecieron su centro político administrativo en el gran valle de Chincha, más al Sur, en donde hay edificios monumentales con su estilo arquitectónico y técnica constructiva que aún se mantienen en pie.

La Cultura Topará abarcó las actuales provincias de Cañete (Lima), Chincha y Pisco, Nazca y Palpa (Ica), desde el litoral hasta las cabeceras de los valles de la región y sitios en la puna.

 

5.2.         Principales sitios arqueológicos:

• Jahuay (valle de Topará).

• Huaca Santa Rosa (valle de Chincha)

• Huaca Soto (valle de Chincha).

• Chongos (valle de Pisco).

• Cerro Colorado (Paracas).

• Wari kayan o “Paracas-Necrópolis” (Paracas).

• Carapo (Palpa y Viscas).

• Campanario (valle río Grande)

• Gramadal Chico (valle río Grande)

• Alto La Isla (valle río Grande)

• Paucarastro (valle río Grande)

• Estaquería (Palpa)

• Buena Vista (Palpa)

• Belén Alto (valle de Ingenio)

 

5.3.         Cerámica

La siguiente es la secuencia estilística de la cerámica Topara.


5.3.1.    Jahuay

 Jahuay 1. +- 300 a.C.

Cerámica Tosca: de color marrón oscuro con temperantes de arena fina. Ollas sin cuello, Ollas con bordes redondeados ligeramente engrosados al interior. Ollas con cuello pequeño. Tazas abiertas. Cántaros, con decorados incisos simples.

Cerámica Fina: de paredes delgadas con poco temperante, elaboradas en cocción oxidante. La superficie es pulida y coloración entre marrón claro y anaranjado con algunas variantes. Cuencos bajos. Cántaros con cuellos ligeramente altos. Botellas de doble pico asa puente, con decoraciones incisas internas.

Jahuay 2. +- 200 a.C.

Continúan las formas de las vasijas y la decoración de Jahuay 1, sin pulido con cepillado ni engobe rojo interno. Son cuencos de paredes delgadas acinturados. Botellas de doble pico. Ollas sin cuello con una ligera proyección del labio externo. Cántaros gruesos con cuellos cónicos pequeños de labios acampanados. Su decoración es ahumado interno con patrón bruñido de diseños de líneas cruzadas y figuras complejas (ubicadas al fondo de los cuencos o tazones pulidos). También decoración bícroma de colores: blanco sobre rojo, blanco sobre superficie sin pigmento y rojo sobre blanco.

Jahuay 3. A +- 50 a.C.

Se distingue por la ausencia de varios rasgos de las fases antecesoras, y por la predominancia de las innovaciones introducidas en la fase Jahuay 2 como el cuenco ahumado pulido con diseños bruñidos, la decoración con pintura bícroma.


5.3.2.    Chongos – de +- 50 a. C a + - 100 d.C

Similar a la fase Jahuay 3 con vasijas monocromas en las cuales predominan las vasijas finas de pasta anaranjada. De acabado pulido, además, algunas presentan una decoloración morada en su superficie (control de la cocción como medio decorativo). Cuencos bajos abiertos o platos con un carenado entre la base y el cuerpo. Cuencos profundos ligeramente divergentes en la pared. Cuencos con borde evertido. Botellas con doble pico y asa puente.

Presentaban ocasionalmente engobe blanco (enlucido con mezcla de arcillas y polímeros) o crema que es muy común durante esta fase. Usan precisión en el control de atmosfera del horno, para áreas decoradas de color negro ahumado acompañadas de un patrón bruñido.

 

5.3.3.    Campana – de + 100 d.C. a + - 200 d.C.

Surgen nuevas formas de vasijas con ángulo basal y con lados bajos de bordes ligeramente gruesos, con un labio aplanado y pintado de negro, con engobe morado en el interior y negro al exterior. Esta incorporación de pigmento morado es influencia del estilo Nasca Inicial. Desaparecen los cuencos con tratamiento ahumado y decoración bruñida al interior.


5.3.4.    La cerámica de Paracas Cavernas (Cerro Colorado), según Kołománski

 Para el ensayo, “Paracas Cavernas, Topará y Ocucaje, en el origen de los conceptos: materiales cerámicos de Cerro Colorado - 2018”, uno de sus autores, Thomas Kolománsky, analizó detalladamente 67 vasijas enteras procedentes de excavaciones en Cerro Colorado, en la Bahía de Paracas, pertenecientes a “Paracas Cavernas”.

La muestra, por su forma, 42 son cuencos, 11 platos hondos, 5 ollitas sin cuello, 4 botellas con gollete corto y 2 botellas asa –puente, 1 figurina antropomorfa y una ollita con cuello corto evertido. La muestra fue dividida en cuatro grupos y sometida a un minucioso análisis comparativo de estilos y de su probable procedencia.

 

Grupo I.- Seis cuencos y dos platos hondos, procedían de la cuenca de Cañete.



Grupo II. Tazones, vasos de fondo redondeado, botellas con gollete o con asa-puente y la figurina antropomorfa. Procedían de la parte superior del valle Bajo Ica, estilo Ocucaje.

 


 

Grupo III. Platos hondos, un tazón, un cuenco, una copa y un cántaro, correspondientes al estilo Topará en su fase expansiva.




 
Grupo IV. Un cuenco importado desde la sierra, que corresponde al estilo Cochachongos del valle del Mantaro (Junín).

 

Características de la cerámica Topará en Paracas Cavernas

Kolománsky estableció las siguientes características de la alfarería topará;

a. Cuidadosa preparación de pastas de textura fina, que permitía reducir sensiblemente el grosor de las paredes.

b. Predominan formas de cuencos y botellas.

c. La decoración se limita a diseños incisos, bruñidos geométricos, excepcionalmente figurativos.

d. Usa engobes blancos, anaranjados, a veces rojos.

e. Usa esporádicamente pintura roja sobre el fondo crema, antes de la cocción, particularmente en el borde (a partir de Jahuay 2),

f. Su cocción fue bien controlada en ambiente oxidante o reductor.

g. Cambios de coloración hacia las tonalidades violáceas, por uso de temperaturas de más de 1000 °C.

 

5.3.5.    La cerámica Topará de Wari Kayán (Paracas Necrópolis), según Vanessa Tinteroff

La arqueóloga Vanessa Tinteroff, en su trabajo publicado también en el boletín PUCP ya citado: “Las vasijas de Necrópolis, península de Paracas (costa sur, Perú): ensayo de análisis de su producción, su distribución y su depósito en contextos funerarios”, analizó la cerámica de las necrópolis de Wari Kayan.

Tinteroff identificó 550 piezas cerámicas recuperadas por Tello en Wari Kayan, la mayor parte de las cuales permanece sin ser estudiadas en el Museo Nacional Arqueológico, Antropológico e Histórico del Perú. Del total, centró su análisis en 115 ceramios, habiendo terminado el estudio de formas y acabados de superficie de 44 piezas, cuyo contexto pudo ser establecido.

Entre las 44, identificó cuatro grupos: i) Ofrendas de grupos locales del pueblo llano. ii) Dádivas de grupos medios locales, iii) Presentes de grupos medios de fuera de la península, y iv) Aportes de grupos de alto rango, procedentes de distintos lugares de la región.

Como resultado de ese trabajo, dedujo que la transición Topará entre Paracas y Nasca, correspondió al surgimiento de una organización sociopolítica aglutinante, multicultural, compuesta por grupos paracas, toparás y nascas, en condición de dirigentes de los valles de la costa central sur. Una suerte de coalición étnica que dio lugar a un reparto territorial para un control compartido, social, político y económico multivalle.

Tinteroff planteó que esa organización singular mantenía intercambios social, político y económico y sobre todo la paz, en un periodo de convulsión y crisis, criterio que ha tenido una acogida negativa por otros autores, porque su esquema políticamente es muy volátil por no decir, imposible.

Según Tinteroff, Wari Kayan habría sido un lugar neutral y sagrado de cohesión donde se enterraban las elites de las diferentes comunidades.

Sin embargo, acepta que su trabajo está incompleto. Para comprender mejor el panorama de la etapa de Wari Kayán, es necesario conocer el origen y los detalles de la cadena productiva  de los grupos alfareros disponibles, es decir, saber de dónde procedió la arcilla y los demás insumos, similitudes de las herramientas usadas y las técnicas decorado y de cocción.

Tinteroff asume que es una tarea titánica, pero sugiero el empleo de la aqueometría y otras técnicas modernas de análisis físico químico de este tipo de vestigios.  

 

Muestra de cerámica hallada en Wari Kayán,
 analizada por Vanessa Tinteroff

 

5.4.         Arquitectura

Topará desarrolló un particular diseño arquitectónico: grandes casas de planta rectangular dotadas de varios ambientes amplios, cuyas entradas se abren hacia un patio y sus muros siguen un riguroso trazo ortogonal.

Sus edificios ceremoniales más imponentes están en el valle de Chincha. Constan de una alargada plataforma orientadas de este a oeste, sobre la cual se alza una fila de recintos adosados unos a otros y cercados por elevadas murallas que tienen como promedio 4 m. de altura.

Huaca Santa Rosa, en Chincha, junto a la Carretera Panamericana, está considerado como su edificio principal. Fue construido con canto rodado y mide 250 por 300 metros, aproximadamente. Otras construcciones, como Huaca Soto, están hechas de adobe.

Cerro del Gentil. En Las ocupaciones paracas y topará en Cerro del gentil, valle de Chincha,  (2017), Henry Tantaleán, Charles Stanish, Kelita Pérez y Alexis Rodríguez, narran que es un conjunto de edificios que fueron construidos por los Paracas en el lapso entre los años 600 al 200 a.C. (fases Paracas Medio y Tardío).

El principal servía para reunir a todas las aldeas del valle de Chincha para actividades de coordinación agrarias, ganaderas, pesqueras, trueque, trabajos comunes, adoración a las deidades y contención de peligros comunes. Tuvo dos patios hundidos cuadrados y en una primera excavación se observó que había tenido tres fases constructivas.

En el siglo III a.C. sellaron el único patio hundido en uso con artefactos, ofrendas y desechos durante muy rápidamente y fue abandonado, pero poco después los Topará lo reocuparon y construyeron una plataforma de piedra y tierra, sobre su parte central, ganando casi un metro más de altura; en su perímetro levantaron muros hechos con adobes hemielípticos, así como varios recintos que fueron encontrados muy deteriorados; en uno hay un fogón con piedras no canteadas.

En todo este lugar y alrededor hay pedazos de cerámica topará, especialmente de la variante Chongos Blackware, lo que indica que serían el resultado de actividades del culto o de observación astronómicas en el lugar y vinculados a otros edificios monumentales chinchanos.

Otros sitios Paracas en Chincha, reocupados por los Topará son, El Mono, Huaca Soto, complejo Alto del Molino y también hay sitios en Ica.

Tantaleán alude que, según D. Wallace, esta distribución de la cerámica topará “fue consecuencia de una invasión de grupos humanos relacionados con esta cerámica procedentes desde el norte, posiblemente del valle de Cañete o la misma quebrada de Topará. Incluso, para Wallace y Lanning, la distribución de este estilo en los valles de Cañete, Chincha y Pisco sería la consecuencia de la expansión de un estado. Sin embargo, esta hipótesis, como ya señaló Helaine Silverman, en la actualidad, cuenta con poco sustento empírico”.

De hecho, el sitio Topará principal es Chongos, en Pisco. De esta manera, por el momento, el valle de Pisco es el mejor candidato para el surgimiento y mayor desarrollo de la tradición Topará en la costa sur.

 

Restos de arquitectura Topará superpuestos a construcciones
Paracas, en Cerro del Gentil, en Chicha.

 

5.5.         Culto a los muertos

La tradición mortuoria Topará es la que Julio c. Tello, encontró en Wari kayan, y en otros sitios de la Bahía de Paracas. Otro cementerio importante de esta cultura fue el de Chongos, pero ha sido muy saqueado por los ladrones de tumbas. Hay indicios de que parte del rito funerario incluía el canibalismo, probablemente de enemigos muertos en combate.

El ceremonial funerario topará era riguroso y prolongado. Momificaban el cadáver con una técnica muy elaborada cuyo procedimiento físico químico es aún desconocido, pero se cree que en la mayoría de los casos la momificación fue natural debido a las condiciones del medio ambiente.

La momia, en posición sedente, era colocada en un cesto de mimbre conjuntamente con un ajuar funerario compuesto por una serie de objetos para la vida ultraterrena. Como parte de las ofrendas fueron halladas prendas de vestir, hondas, tejidos, así como vasijas con granos de maní, mazorcas de maíz, etc. Todo estaba envuelto con un número no siempre igual de mantos o tejidos de diferente calidad en forma de fardo funerario.

El manto más cercano al cadáver solía ser el de mayor calidad, bordado con figuras que representaban simbólicamente el mundo mitológico Topara. Los mantos restantes son de menor calidad. Algunos fardos funerarios contienen hasta diez u once mantos y, sin duda, estos casos correspondían a restos de dignatarios.

En el 2005, en el Museo Nacional de Arqueología y Antropologia, un equipo de arqueólogos liderados por Carlos del Águila y cinco curadoras empezaron a abrir el hoy famosos fardo 298, catalogado por Julio C. Tello como especial y escondido por él para evitar que el dictador Leguía lo regalase al extranjero. Pero el proceso quedó trunco hasta que en 2017 cuando las expertas, Maritza Pérez, Elsa Tomasto-Cagigao, Mellisa Lund y Julissa Ugarte terminaron de abrirlo y estudiarlo. Hoy el fardo y su contenido se exhiben en la Sala Paracas del Museo.

Estaba compuesto por doce grandes mantos tejidos con la conocida iconografía Paracas – Topará. Otras finas piezas textiles, entre otros detalles, incluían tejidos de pallares multicolores. También se hallaron cerámicas y algunas piezas de oro.

El difunto fue un hombre de 40 a 50 años de edad, medía 1.64 metros, era de contextura atlética, diestro, su cráneo era alargado de acuerdo a las costumbres de la élite social de la época y probablemente fue pescador y agricultor. Sufrió de caries y otras graves dolencias dentales por la falta de higiene.
Por condiciones inadecuadas de resguardo durante 70 años, algunas de sus piezas textiles han sufrido deterioro.

 

Apertura final del fardo Topará 298, en el año 2017 que cubría
a un jefe que también era pescador y agricultor

Esquema de un fardo Topará, de Wari Kayan. Nótese
el adorno superior con el motivo del zorro - Ann Peters


5.6.         Textilería funeraria

Los finísimos y bellos mantos Topará descubiertos en Wari kayan (Paracas Necrópolis) que suscitaron la admiración universal, están hechos con base de fibra de algodón, de camélidos sudamericanos, algo de cabello humano y otras fibras vegetales.

Algunas telas contienen trescientos hilos por pulgada cuadrada, solo posible gracias a un hilado finísimo de las fibras. Sobre ellas se bordaron con gran colorido temas naturalistas (peces, felinos, aves, serpientes, frutos y flores), así como figuras míticas y simbólicas, todas con un arte extraordinario. Puede afirmarse que el arte textil topará alcanzó alturas no igualadas por ninguna otra cultura del mundo.


Manto Topará  de uso del dignatario del fardo de un difunto dignatario
sepultado en Wari Kayán - momia 310- Museo Chileno de Arte Precolombino

Los arqueólogos creen que los mantos más finos debieron pertenecer a los jefes y otros dignatarios del valle de Pisco, a juzgar por su complicadísima elaboración que debió exigir miles de horas/hombre de trabajo.

A pesar del tiempo, la variedad, vivacidad e intensidad de los colores de los mantos aún mantienen su vigor; los topará lograron tintes de prolongada duración. Teñían sus hilos hasta con siete colores, a los que añadían el blanco y el pardo–oscuro del algodón natural. Los matices del rojo provenían de la cochinilla, los azules del índigo; un tono rojizo amarillento era obtenido de diversas especies de la familia Rubiaceae, género Galium, que comprende unas 400 especies de plantas herbáceas anuales y perennes.

 

Típico fardo funerario Topará de Wari Kayán


5.7.         La iconografía

La iconografía representada en los mantos Topará constituyen el antecedente de la iconografía nasca. Las figuras y motivos complejos corresponden a dos grupos:

• Grupo Simbólico: imágenes naturalistas de animales y vegetales.

• Grupo Mitológico o de culto: compuesto por figuras de antropomorfas con parte de ave, felino, orca, vegetales y otros seres sobrenaturales de mayor rango. Entre ellos destaca uno en especial, con rasgos humanos combinados con los de felino y ave.

 

5.8.         Cráneos alongados

La costumbre del alargamiento craneano fue ampliamente vigente entre los Topará. Aplicaban dos formas: cráneos alargados (paltauma) y cráneos redondeados. La deformación craneana se iniciaba a temprana edad. Se cree que aplicaban vendas alrededor de la cabeza sobre las cuales colocaban tablillas, las que sujetadas al cráneo con cuerdas ejercían presión sobre los huesos, haciendo que a lo largo de varios años la cabeza adquiera la forma requerida.

Esta práctica es muy antigua y se ha dado también en otras culturas en diversas partes del mundo. Los investigadores especulan que tuvo su origen en el remoto paleolítico del viejo mundo y fue trasladada al nuevo mundo durante el proceso del poblamiento de América. Teóricamente, debió ser motivada por el deseo de algunos individuos de diferenciarse de otros de su mismo grupo racial, por razones de jerarquía.


5.9.         trepanación craneana

Los Topará mantuvieron la tradición paraquense de las operaciones de trepanación craneana. Es posible que esto haya sido una habilidad de ciertos shamanes avanzados.

El curandero cirujano disponía de un equipo especial: cuchillas de obsidiana de diversos tamaños, cuchillos de corte curvo en forma de medialuna, tipo tumi (hechos de aleación de oro y plata), pinzas, algodón y tejidos tipo vendas. La intervención buscaba salvar a personas afectadas por fracturas craneanas producto de accidentes, de golpes en combate o que eran pacientes de distintos tipos de cefalea o de enfermedades mentales

El curandero–cirujano suministraba al paciente algún tipo de droga para dormirlo y mitigar el dolor. Eliminaba el cabello de la zona crítica, cortaba la piel para levantarla y acceder a la parte dañada de la caja craneana afectada o a la que se sospechaba estaba bajo la influencia de un espíritu maléfico.  Luego perforaba el hueso con el cuchillo de obsidiana con movimientos circulares abriendo poco a poco una abertura circular o cuadrada hasta llegar al material cerebral sin dañar su membrana protectora. Entonces realizaba el tratamiento respectivo para la desinflamación del tejido cerebral o el conjuro necesario para extirpar el espíritu dañino. La parte final consistía en el cierre de la trepanación con placas de oro o secciones de calabaza, lo que permitía que la herida cicatrizara sin ningún problema.

Hay un buen número de vestigios humanos con rastros de trepanación y callos óseos que indican que los pacientes sobrevivían a esa práctica.


6.     6. INVESTIGACIÓN: ¿CULTURA O TRANSICIÓN?

Tras la detección de la cerámica topará por Lanning y Wallace, su vinculación cultural con Paracas y Nasca inicialmente fue estudiada por Dorothy Menzel, en 1971, Ann Peters, en 1997 y por Vanessa Tinteroff, en 2008. 

Lanning, Wallace y Menzel, determinaron que la cerámica Topará se desarrolló inicial y principalmente en los valles de Chincha y Pisco, desde donde se expandió al valle de Ica, innovando la alfarería Paracas.

No obstante, como ya hemos anotado, los arqueólogos discuten si Topará fue una Cultura o solo fue una expresión estilística, o que debe ser entendida solo como una etapa de transición de Paracas a Nasca

Krszysztof Makoswsky y Tomasz Kolománski, tratan esta controversia en su ensayo, Paracas Cavernas, Topará y Ocucaje, en el origen de los conceptos: materiales cerámicos de Cerro Colorado (excavaciones de Julio C. Tello), publicado en el Boletín de Arqueología N° 25 de la PUCP de 2018.  

7.     7. EL DEBATE SOBRE SI TOPARÁ FUE REALMENTE UNA CULTURA

El debate no se resuelve, a pesar de nuevos hallazgos y estudios arqueológicos que sustentan con creciente validez la existencia de Topará como cultura y su posición cronológica de cerca de tres siglos entre las culturas Paracas y Nasca. Veamos las posiciones en pugna:

7.1.         Si fue

Según Makoswsky y Kolománsky los siguientes son investigadores que dan por sentada la realidad de Topará como cultura y, por consiguiente, ven necesaria la reescritura de la prehistoria de la costa central sur en el tiempo del paso del Periodo Formativo u Horizonte Temprano al Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales, respeto a los postulados del sabio Julio c. Tello y de sus seguidores: Dwigth Wallace, Sara Massey, Ann Peters y David Silverman. Recientemente, Henry Tantaléan y su equipo, también postulan lo mismo.

Ellos postulan que sí; Paracas y Topará fueron dos culturas distintas, por lo siguiente:

a. El estilo cerámico topará significó la ruptura completa de la larga tradición alfarera regional Paracas, contribuyó a su ocaso y condicionó el nacimiento del estilo Nasca.

b. La cadena productiva alfarera Topará es incompatible con la alfarería Paracas.

Los expertos Lechtman, Hegmon y Dobres, han determinado que dicha cadena productiva genera una «identidad tecnológica» propia destilo Topará, pues tiene características diferentes a la técnica paracas

c. La arquitectura que corresponde a la cerámica topará, es diferente a la de Paracas, en diseño y técnicas constructivas. Consiste en extensos complejos amurallados de trazo ortogonal (Chongos) con asentamientos de unidades domésticas de planta rectangular sobre terrazas como Wari Kayán, y Cabezas Largas/Arena Blanca.

c. Hay evidencias que durante Paracas Tardío, los estilos alfareros Paracas y Topará fueron contemporáneos y tuvieron como eje divisor a la Península de Paracas,  el primero  se difundió hacia la costa norte (Pisco, Chincha, Cañete, Mala, Lurín y Huaycoloro y Ancón, en el valle del Rímac), mientras que los artefactos Topará se expandieron hacia los valles del sur (Ica, Palpa y Nasca) y  avanzó hacia el norte, ya sin la presencia de la cerámica Paracas, como lo demuestran los hallazgos en la Tablada de Lurín, Villa el Salvador y en Huachipa.

7.2.         No fue

En la otra orilla están los convencidos de que Topará fue solo una expresión estilística cerámica–textil–arquitectónica importante e interesante de un sector poblacional de los Paracas y, por tanto, fue parte del cuerpo cultural material e inmaterial de esa sociedad, de tal modo que Tello tuvo razón cuando planteó que, impregnados por la gran influencia de Chavín de Huántar, los Paracas dieron origen a la Cultura Nasca, en el tiempo del desarrollo de las culturas regionales.

Alan Sawyer, Luis Lumbreras, José Canziani, James Hill y su equipo y B. T. Nigra, están convencidos de que Paracas y Topará fueron expresiones estilísticas de la misma cultura regional. Alinean, entonces, con la tradición académica de Julio C. Tello que se sustenta en hallazgos de objetos de ambos estilos en un solo contexto, frecuentes en particular en la península de Paracas y en el valle de Ica.

Para su posición, consideran crucial el hecho de que ambas áreas, respectivamente al norte y al sur de la Bahía de Paracas, conocieron un común desarrollo en la época Chavín durante la primera mitad del primer milenio a. C.

7.3.         Fue una transición

Sin embargo, hay un tercer grupo de investigadores de posición ecléctica respecto a los extremos y plantean que, si bien existen probados vestigios del predominio militar, político, social, económico y religioso Topará en toda la costa central sur, no califica como una cultura, sino como un mero factor que catalizó la transición de 300 años de Paracas a Nasca.

Este planteamiento fluye de la mayoría de los trabajos incluidos en el Boletín de Arqueología N° 25 de la Universidad Católica del Perú, del año 2018, cuyo objetivo fue profundizar el tema de si la «Tradición», «Fenómeno», o «Sociedad» Topará fue una mera bisagra entre Paracas y Nasca. El volumen tiene el título: “De Paracas a Nasca, interacción y transición: esferas geográficas, prácticas sociales y procesos históricos en la costa sur” , y compendia trabajos de connotados investigadores. Todos trataron el tema dando por sentado la existencia de Topará, pero solo como una suerte de metamorfosis social de Paracas a Nasca.

Su resumen fue realizado por Ann H. Peters y Elsa Tomasto Cagigao, en su trabajo: “De Paracas a Nasca: ¿por qué la necesidad de estudiar una época «transicional»? – 2018.

Ellas, remarcan la tesis transicional reduciendo lo Topará a la influencia de su estilo alfarero, a pesar de que reconocen que fue “una transición con aspectos políticos (…) definida solamente con base en restos arqueológicos”, que también contiene componentes “de una transición sociotecnológica (…) que merece y requiere de un estudio propio”.

También, pero extrañamente, dicen que durante la transición no hubo cambios importantes en lo “doméstico”, es decir en la vida diaria; pero, a renglón seguido afirman que “sí fue una etapa de convulsión social, marcada por desplazamientos de grupos humanos de norte a Sur, por la migración de elementos Topará y, de este a oeste, por la migración de pobladores serranos hacia la costa”. Entonces, ¿cómo se entiende los día a día transicionales, supuestamente pacíficos si se afirma que fue una etapa de convulsión social con grandes movimientos de gentes en todas las direcciones?

8.      LA TRANSICIÓN TOPARÁ, SEGÚN ANN PETERS.

En 2013, en su trabajo ya citado, “Topará en Pisco: patrón de asentamiento y paisaje”, Ann Peters aclaró que, antes de Lanning, pero sin que el sabio lo supiera,  la cerámica Topará fue documentada por primera vez por Julio C. Tello, en 1927, como el estilo Paracas Necrópolis, por su hallazgo en los fardos de Wari Kayán en la Bahía de Paracas, que datan a aproximadamente del lapso entre el 150 a.C., y el 200 d.C.

La «entidad sociopolítica» Topará. Peter postuló que, durante la primera mitad del Período Intermedio Temprano, el valle de Pisco fue parte de la entidad sociopolítica Topará centrada en el valle de Chincha y con presencia en el de Cañete.

Esa entidad dejó como su última expresión alfarera de platos y botellas del estilo «Carmen» y su arquitectura de edificios monumentales con muros gruesos de adobe y cantos rodados. Estos edificios eran centros sociopolíticos que albergaban a una población fluctuante que participaba en ritos de culto, en trueque de bienes e intercambio de información sobre el clima, actos organizados por los dirigentes zonales.  

Sistema vial Topará y trueque a larga distancia. Desde Pisco, los principales sitios Topará fueron ubicados, hacia el sur, en las rutas a la Bahía y la Península de Paracas, a la Bahía de la Independencia y los valles de Ica, Nasca y Palpa. Hacia el norte, a Chincha, Cañete y hacia a la sierra, lo que dice que el bagaje material Topará incluía recursos costeños, serranos y hasta del lejano altiplano, mediante trueque de larga distancia.  

Tras la disolución de Topará, todos sus centros principales fueron reocupados por los nasca, los waris, los incas y los invasores españoles porque, sin duda, eran claves para el manejo de recursos naturales y el acceso a otras regiones.

La arquitectura Topará. Los asentamientos de las fases cerámicas toparenses «Jahuay» y «Chongos» se caracterizan por tener núcleos de recintos aglutinados, rodeados por grandes patios amuralladas, separadas por plazas abiertas, cada área con múltiples funciones: residencial en ciertas temporadas y escenarios de actividades especiales de producción; espacio para compartir conocimientos especializados sobre textilería, alfarería, tallado en madera y otras labores.

Una rara organización social. De eso Peters infiere que la organización social toparense era segmentaria, de grupos definidos por el parentesco y ancestros míticos e históricos, controladora de recursos naturales y del paisaje antropogénico. Su liderazgo político, militar y ritual debió ser algo similar al de los curacas de las sociedades posteriores de los Andes Centrales, aunque diferente del poder que ejercieron los Wari y los Incas.

En conclusión, Peters entiende que, a fines del Período Formativo, los líderes de Topará, Paracas y de Nazca Inicial, cohabitaron en un mismo territorio, pero no funcionaron como un estado o un imperio, sino como un conglomerado o coalición de desigualdades que lograron manejar con fluidez para controlar el trabajo, la producción y la lealtad de sus comunidades.

Su riqueza provenía del desarrollo y buen manejo de sus escasos recursos. A través de sus alianzas, deben haber negociado tránsito libre y protegido para el trueque a larga distancia, tanto por la costa como por la sierra.

De eso, Peters dedujo que lo que existió entre Paracas, Topará y Nasca fue una red cambiante de relaciones de poder que se redefinía constantemente por la guerra y las alianzas de parentesco, en cuyo contexto gran cantidad de trabajo comunal y finos productos de alto valor fueron usados en ritos mortuorios de preservación, entierro y mantenimiento de los fardos de sus ancestros.

 

8.1.         Hablan los fardos funerarios de Wari Kayán.

En su trabajo más reciente, Peters estudió dieciséis (16) fardos mortuorios de Wari Kayán a los que comparó con otros estudiados por el propio Julio C. Tello y con 60 del mismo sitio y de Arena Blanca, analizados por otros colegas.

Sus resultados están en su informe: ¿Qué constituye la transición Paracas – Nasca en Paracas Necrópolis? Prácticas mortuorias, artefactos presentes, formas de indumentaria y diversidad sociocultural, publicado también en la revista PUCP N° 25 del año 2018.  Su muestra:

·     16 fardos que equivalen a menos de la quinta parte de los fardos intactos recuperados de Wari Kayán y otros sectores de Paracas

·     Restos humanos de adultos de entre 35 a 50 años

·     El mayor número de fardos es del sub periodo Formativo Final y pocos de la cultura Nasca.

Estableció el sexo de sus examinados a partir de sus características físico – biológicas y el género, en los artefactos afines. Sus resultados son los siguientes:  

Predominio de «Topará» en Wari Kayán (Paracas Necrópolis). Durante el uso de la necrópolis de Wari Kayán, al final del Formativo u Horizonte Temprano, estuvieron vigentes alianzas entre grupos de pobladores de la «Tradición Topará» que interactuaban con grupos de la declinante Cultura Paracas.

La mayoría de los fardos estudiados son pequeños, pues contenían una momia, un tocado, uno o dos mantos, otras indumentarias y artefactos. El 8% corresponde a fardos grandes. Contenían entre 30 y más de 200 vestigios de diferente tipo por lo que pertenecerían jerarcas. Peters cree que parte de los vestigios son trofeos de guerra o regalos de pares, en un contexto en que el liderazgo se fundamentaba en alianzas o confrontaciones, que asegurasen el manejo del Poder.


Otro manto topará procedente de Wari Kayán

Gradual aparición de la cerámica y los textiles nasca. En una segunda etapa, de esta convivencia en los ajuares fúnebres aparecen nueva vestimenta y objetos novedosos de los estilos textil y cerámica nasca.

Correspondiente a la fase Nasca 1A, las momias de Wari Kayán, mostraron nuevas formas de vestidos, de tipos de artefactos, estilos cerámicos e iconos procedentes de los nasca.

En las fases Nasca 1B y 2, aparecieron nuevos vestidos nasca, nuevas prácticas, íconos y estilos que fueron adoptados por los aún existentes grupos Topará y Paracas.

Cambios en el patrón mortuorio Topará. El patrón mortuorio de Wari Kayán correspondió a grupos sociales de la tradición cerámica y textil Topará, o vinculadas a esta, pues en cada fardo también fueron encontrados artefactos evidentemente no Topará. El carácter de estos artefactos cambió a través del tiempo, en función de las relaciones políticas cambiantes con otras comunidades

Hallazgos durante la interacción Paracas Tardío – Topará. Las momias de esta etapa tienen tatuajes grandes en manos, antebrazos y piernas, en color negro-azulado.

Artefactos. Los ajuares masculinos incluyen armas: cuchillos de obsidiana con mango de madera, estólicas, hondas y flechas grabadas. Otros instrumentos: peines, coladores, flautillas y quenas de caña o de hueso, varas de madera tallada con pulido fino y complejo. Los ajuares femeninos incluyen coladores y peines.

Los adornos de metal tienen detalles que muestran buena metalurgia. Entre los adornos de plumas predominan las de papagayo amarillas y azules en forma de abanico, de penacho triangular, de borla y pendientes triangulares de piel con plumas amarillas adheridas.

Textiles. Entre los textiles la mayoría es de tela llana de algodón en forma de túnicas cerradas y faldas. El manto Topará típico de las tumbas necrópolis es de color rojo en fardos masculinos. Los tocados también se encuentran en la cabeza del individuo o la cima del fardo como turbante.

La indumentaria masculina consta de una túnica y un manto con un mismo ícono. Los trajes femeninos estaban muy deteriorados. Fueron halladas una túnica y un manto con bordados predominantes, típico del valle de Ica.

Hallazgos de la interacción Topará – Nasca inicial. De esta interacción, fueron recobradas nuevas versiones de túnicas bordadas: la “Unkuña” o “Esclavina”; más pequeñas que los “Unkus”, fueron una nueva vestimenta masculina. Siguió en uso la falda, pero apareció la “Wara” o taparrabo. Las telas de tocado masculino y los mantos cambiaron de estilo de bordado.

Aparecieron también motivos que corresponden a la fase Nasca 1 con múltiples figuras del “guerrero” y algunas armas nuevas como lanzas de madera y los bastones con anillos de tendones.

Los penachos estan compuestos de plumas largas amarillas de oropéndola amazónica; otros son como una especie de borla con una armadura cónica cubierta por hileras de plumas amarillas, con otras plumas colgantes. Una variante tiene plumas de halcón y otra, un par de borlas con plumas de loro.  Estos penachos incorporaron plumas de cóndor y de loro.

En los fardos femeninos de esta fase Nasca apareció el vestido femenino de dos paños de tela llana de algodón natural o de camélido teñido. Este tipo de fardo incluye también telas bordadas que cubren ofrendas más novedosas.

Aparecieron también la túnica abierta, llamada por Tello “Casulla”, cubriendo la parte exterior del fardo; una gran variedad de cuerdas y cintas delgadas de fibras vegetales, de camélido y cabello humano.

En la fase Nasca 2 aparecieron:  un nuevo vestido con franjas en los cuatro márgenes llamado “Anako”, el “Mantón”, turbantes y túnicas, así como los “llautus”, o cintas diversas y telas de tocado de colores brillantes que eran colocados en la cima del fardo.

Estos cambios indican que el fardo ancestral mutó de identidad cultural, como resultado de un realineamiento en las relaciones políticas y nuevos balances de poder entre las alianzas, durante unas cinco generaciones.

Las innovaciones iconográficas. De su estudio de los fardos Wari Kayán, Ann Peters deduce que Topará solo fue una transición entre Paracas y Nasca, pues los mismos íconos fueron representados en todos los estilos de materiales: el ave - insecto dorsal, los monos – humanoides, el felino lateral con manchas corporales, el ave de dos cabezas y el personaje de dos apéndices cefálicos, que fueron los centrales.

También fueron importantes la figura danzante o sacrificada, como representación de la mortalidad y las de guerreros, cóndores, halcones y serpientes de dos cabezas.

Los íconos relacionados con la pesca, caza marina y la agricultura surgieron en la cerámica Topará, pero la figura del “pez con brazo humano”, apareció en los textiles nasca inicial, como también los del lobo marino, la llama y la vicuña, las plantas alimenticias, diversas especies de aves, las flores y los insectos.

 

9. LA TRANSICIÓN TOPARÁ, SEGÚN MAKOWSKI Y KOŁOMÁNSKI

En el Boletín de Arqueología N° 25 de la PUCP de 2018 ya aludido, los arqueólogos Krzysztof Makowski y Tomasz Kołománski, publicaron también  el artículo, Paracas Cavernas, Topará y Ocucaje, en el origen de los conceptos: materiales cerámicos de Cerro Colorado (excavaciones de Julio C. Tello), contribuyendo a reforzar la llamada opción transicional de Topará y las carencias de su conocimiento que impiden considerarla como una cultura.

Dicen que, si bien es cierto la alfarería topará procede del sitio Jahuay, de la quebrada de Topará, entre Chincha y Cañete, su origen y secuencia cronológica es aún materia de estudio y debate, ya que vestigios de sus fases Jahuay 3 y Chongos solo están presentes en sitios ceremoniales reutilizados para fines distintos a los originales. (Subrayado nuestro)

Pero, admiten que, al finalizar el Periodo Formativo, en la costa central sur ocurrieron profundos cambios en el patrón de asentamiento, en el estilo alfarero y en la iconografía que interrumpieron la continuidad cultural Paracas: el Ser Oculado desplazó al felino y todos los centros regionales fueron abandonados.

Solo una «tradición». A pesar de su admisión del colapso Paracas, insisten en llamar solo como la «tradición Topará», a la causa principal de la ruptura Paracas para no darle la condición de cultura y casi contradiciéndose indican:

i) Que la influencia de tal tradición aumentó durante el comienzo del Período Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales, hasta eclipsar por completo a la Cultura Paracas.  

ii) Que los estudios de Wolfgang Würster, Dwight Wallace, Ann Peters, Luis G. Lumbreras y José Canziani, Rubén García, José Pinilla y Fernando Herrera, Helaine Silverman, los recientes de Ann Peters y los de Kevin Hill, Ben Nigra, Henry Tantaleán y Terrah Jones, muestran:

a.   Que, la «ocupación Topará» tuvo una gran dimensión en los valles de Cañete, Chincha y Pisco e indican que lo que haya sido Topará se consolidó en ese territorio al final del Periodo Formativo y avanzó con autonomía y sin interrupción hasta bien comenzado el Período Intermedio Temprano hacia el Sur, a los valles de Ica, Palpa y Nazca y

b.   Que, durante Paracas Tardío, las poblaciones Paracas y Topará, con diferentes técnicas alfareras, textileras y constructivas de edificios públicos, convivieron en los valles de Cañete, Chincha y Pisco, hasta que Topará logró el predominio total.

c.   En el Alto Ica, Dwight Wallace, Mercedes Delgado y Splitstosser, al volver a excavar en el poblado de Cerrillos, comprobaron que el sitio ceremonial tuvo una ocupación continua durante el Periodo Formativo, con cinco remodelaciones hasta el año 400 a. C., después de lo cual fue abandonado y sellado con barro hasta que fue reocupado en el sub periodo Formativo Final (200 a. C.), con una arquitectura de distinta planta y finalidad, ¿los Topará?


9.1.         La expansión Topará

Makowsky y Kolománsky, fijan el comienzo de la expansión de los Topará, durante Paracas tardío, lo que generó una especie de frontera o límite estilístico entre el norte y el sur, en la Bahía de Paracas. Cerro Colorado y Arena Blanca- Cabezas Largas correspondían al valle de Pisco, al norte, mientras que Karwas y otros se alinearon con el valle de Ica, al sur. La supuesta repartición continuó el Período Intermedio Temprano hasta que fue eliminada por los Nasca.

En general, sobre la «Tradición Topará», Makowski y Kołománski remarcan que, después del dominio Chavín, el contacto entre los pobladores del desierto de Ica con los Cupisnique del norte, aumentó solo con registros de la cerámica Topará (estilos Chongo y Campana), según ajuares funerarios desenterrados en Tablada de Lurín, Villa el Salvador y Huachipa, en Lima.

También anotan que a pesar de que casi toda la cerámica hallada por Tello en la Bahía y la Península de Paracas pertenece al estilo Topará no existe una base física de corroboración porque aún no ha sido hallado ningún taller de producción de esta alfarería ni se ha establecido su relación cronológica con los estilos cerámicos Pinta, de Chincha y Ocucaje, de Ica.

Es posible que en las fases Nasca 1 y 2, en la etapa final de la “transición” entre el año 120 a. C., y el año 90 d. C., según Reindel e Isla, los Topara construyeran edificios monumentales de carácter ceremonial y produjeran cerámica fina de prestigio solo en los valles de Pisco y de Nasca,  

Si los bellos mantos hallados en Wari Kayán fue obra de artesanos Topará, como sugieren los vestigios de las necrópólis de Bahía Paracas, la combinación o integración de las tradiciones iconográficas Paracas Tardío y Topará, fue decisiva para la formación del estilo Nasca.

Al inicio del período Intermedio Temprano, la iconografía Nasca, apareció primero en su textilería y luego se integró a su alfarería (fases Nasca 2 y 3) con las nuevas tecnologías de cocción y preparación de pinturas y engobes que se gestaron con el aporte Topará, proceso que redujo gradualmente la cerámica Topará en el contexto del auge del nuevo centro ceremonial de Cahuachi en el valle de Nasca


9.2.         Conclusiones de Makowski y Kolomanski.

a.     Durante la fa fase final del Periodo Formativo Tardío y el inicio del Periodo Intermedio Temprano varios asentamientos compitieron por el poder y consiguieron la supremacía en periodos sucesivos, en el área costeña, desde el valle de Mala hasta Acarí. Esos centros, en el siguiente orden, habrían sido: el valle Bajo Chincha con sus edificios monumentales (Formativo Tardío), Ánimas Altas, en Callango – Ica (Formativo Tardío), Ánimas Bajas, en Callango – Ica (Formativo Tardío) y el valle Bajo Pisco (Transición entre el Formativo Tardío y el Período Intermedio Temprano).

b.     Está parcialmente comprobado que cada uno de estos cuatro centros de poder generó e impuso un estilo alfarero particular, durante no mayor de tres siglos. Así, al estilo alfarero Pinta (Chincha), se superpuso la tradición Ocucaje de Ica. Sobre ésta se impuso el estilo Topará (Pisco), el cual fue desplazado por la cerámica Nasca.

c.     La formación, auge y ocaso de cada uno de los centros de mando y culto religioso están estrechamente relacionados con la difusión de la alfarería Topará, el abandono de los sitios Animas Altas/Ánimas Bajas y el inicio de la construcción de Cahuachi.

d.     La cerámica de Paracas Cavernas incluye vasijas del Bajo Pisco (Topará), del Alto Ica (Ocucaje) y del Bajo Ica (pos cocción Ocucaje), con diferencias notables entre la cocción y acabado de la cerámica iqueña y la Topará; la mayoría de piezas estudiadas proceden de Callango en el Bajo Ica o tienen influencia de los alfareros de esa zona.

e.     La cronología relativa sugiere que la tradición funeraria Paracas Necrópolis reemplazó a Paracas Cavernas, para el uso de los sitios de la cima de Cerro Colorado y de sus faldas norteñas.

f.       La cerámica Topará fue vigente en los fardos funerarios de Paracas Cavernas, pero con su esilo Chongos, fue absolutamente dominante durante Paracas Necrópolis y en cantidad relevante, equivalente al 30% de la muestra estudiada por Kolomansky..

g.     El número reducido de cerámica del estilo Nasca 1, con formas monócromas y engobe marrón, en Paracas Cavernas y Paracas Necrópolis, se debería a que este tipo de ofrendas no definía el rango social del individuo, lo que sí expresaban los vestidos y tocados. Es posible que, por eso haya aumentado la variabilidad estilística en los ajuares textiles. La mayoría de las textiles podría haber procedido de las mismas zonas de las que anteriormente provenía la cerámica.

10.  LA TRANSICIÓN TOPARÁ EN PALPA, SEGÚN ISLA Y REINDEL

Los arqueólogos, Jhonny Isla y Markus Reindel, también publicaron su trabajo, “La Transición Paracas – Nasca en los valles de Palpa”, en el volumen 25 del Boletín de Arqueología de la PUCP, del 2018, para también reforzar la condición de Topará como una fase de transición de Paracas a Nasca.

Isla y Reindel estudiaron la zona desde 2006 en el marco del “Proyecto Arqueológico Nasca – Palpa”, que cubrió pisos ecológicos entre los 200 y 4350 m.s.n.m., en los que hallaron evidencias de ocupaciones culturales durante todos los períodos prehistóricos.   


Su percepción general es que durante el Formativo Medio y Tardío – desarrollo Paracas (800 al 200 a.C.), la población de la zona aumentó ocupando todos los pisos ecológicos.

Los grupos humanos se ubicaron entre los 250 y los 1800 m.s.n.m., en más de 790 sitios durante todos los periodos prehistóricos, en forma de aldeas, sitios ceremoniales, cementerios, geoglifos y petroglifos, estructuras funerarias y vestigios menores como espacios abiertos, altares o plataformas rituales. Isla y Reindel registraron también andenería agrícola, canales y caminos prehispánicos.

El mayor número de sitios arqueológicos, incluidos petroglifos y geoglifos, corresponde al supuesto periodo de la supuesta “transición Topara”, durante el cual el pico poblacional más alto ocurrió al final del Formativo (200 a. C. al año 50 d. C.)  

 

10.1.     Extraña Hipótesis: transición natural con “influencia” Topará

En su trabajo ya citado, sobre la base de cinco fechados radiocarbónicos provenientes de excavaciones realizadas en el sitio Estaquería, en Palpa, Isla y Reindel han establecido que la “transición” ocurrió entre el año 120 a. C., y el 90 d. C. (210 años).

Su hipótesis es que la transición se dio en el contexto de una evolución natural, pero afectada por la influencia de los Topará. Para comprobarla, estudiaron durante quince años la cerámica, la textilería y nuevas evidencias arqueológicas como los patrones de asentamientode prácticas funerarias, así como los petroglifos, geoglifos y más restos cerámicos y textiles.

 

10.2.       Los cambios sociales “fuertes y abruptos”

Al cabo de su larga pesquisa Isla y Reindel concluyeron en que en el periodo transicional no encontraron la continuidad cultural o evolución natural que habían imaginado en su hipótesis, pues, en cambio hallaron números y claros indicadores de “cambios fuertes y abruptos”, como:

·     La transición no fue tan gradual ni tan natural como pensaban, pues estuvo marcada por profundos cambios en la estructura social, en la organización de los asentamientos y en la cultura material de ese tiempo.

·     La causa de esos cambios, tanto en los valles de Nasca como en los de Palpa fue la toma del poder por los jefes Topará, quienes generaron e impulsaron la transformación.

·      El aumento de la población y del número de asentamientos

·      Un nuevo uso del territorio

·      Predominio de la nueva cerámica Topará con nuevas formas de vasijas, producto de nueva tecnología alfarera.

·      El aumento del número de petroglifos y geoglifos con respecto al pasado

·      El uso de una técnica nueva para hacer geoflifos

No obstante, sus hallazgos, Isla y Reindel persisten en su criterio de Topará como “transición de Paracas a Nazca”, porque encontraron algunos rasgos de continuidad cultural, como el caso de íconos religiosos de los textiles bordados de Paracas Necrópolis, que luego fueron grabados en la cerámica pintada del estilo Nasca.

 

10.3.     Sitios de la transición en el valle de Palpa

En Palpa 553 sitios arqueológicos, equivalentes al 73% del total son aldeas residenciales con tumbas, petroglifos y geoglifos cercanos. De ese total de caseríos, 224 (42%) corresponden a la transición y fueron clasificadas así:

·     Caseríos simples con pocas unidades de vivienda

·     Aldeas con mayor número de viviendas y espacios comunales, y

·     Poblados grandes con muchas viviendas, espacios comunales y algunas estructuras o espacios abiertos de posible función pública

 

10.4.     Sitios principales en Palpa

Carapo. Tuvo 20 hectáreas. Otros sitios similares son Campanario, Gramadal Chico, Alto La Isla y Paucarastro en el valle del río Grande, Estaquería, Buena Vista, en el de Palpa y Belén Alto, en la margen derecha del valle de Ingenio.

 

Momia hallada en Carapo, de la transición Paracas –Nasca,
sentada y con las piernas hiperflexionadas (Foto Johny Isla).

 

10.5.     Cambio del patrón de asentamiento en la transición

Los Topará emplazaron su poblado principal, en cada valle, en la zona más próxima al océano, pero en laderas altas y colinas, cerca de las zonas planas y con mayores terrenos de cultivo, más arriba de los asentamientos Paracas.

Esto obedeció a una sequía generada por el Fenómeno El Niño, la cual es considerada como uno de las causas del colapso Paracas.

En Palpa, la humedad que mitigó el desastre manteniendo la agricultura atrajo la migración Topará y su toma del poder en los valles de Palpa y Nasca, lo que causó el súbito aumento de sitios, el crecimiento de la población, la aparición de un nuevo estilo de cerámica y la construcción de más petroglifos y geoglifos.

Otro sitio importante de la transición fue La Ventilla, en el Valle de Ingenio, pues sus grandes patios con muros bajos replican el modelo arquitectónico Topará del sitio Chongos, en el valle de Pisco.

 

10.6.     Cambios en la cerámica de los valles de Palpa:

La cerámica de la transición en los valles de Palpa es Topará, aunque muestra elementos propios indicadores de cierta independencia cultural a pesar de que, al final del Período Formativo, los Topará impusieron su estilo alfarero en todos los valles de la cuenca del Río Grande.


10.7.     Culto a los muertos en los valles de Palpa

La muestra mortuoria de la investigación de Isla y Reindel fue insuficiente para establecer patrones de enterramiento. Algunas características de este rasgo cultural, son:

Los cementerios de la “transición” en Palpa se encuentran cerca de los sitios de habitación y varios fueron afectados por ocupaciones posteriores. En Belén Alto, en un espacio cercano delimitado, las tumbas están dispuestas en filas.

En cinco tumbas individuales saqueadas, tipo pozo – tumba, los restos de cuatro adultos estaban en posición sentada con las piernas flexionadas y la cabeza apoyada en las rodillas. Los restos de un niño estaban dentro de una olla.

Estos vestigios de Palpa quieren decir que, fuera de Bahía Paracas, los entierros fueron sin fardos, pero siempre en la posición sentada.

 

10.8.     Los petroglifos

Hallaron más de 40 sitios con petroglifos, la mayoría en las zonas media y alta de los valles de los ríos Grande, Palpa y Viscas y sobre los 2 500 m.s.n.m. En Chichictara, hay 158 petroglifos con 400 figuras que corresponden a todo el desarrollo Paracas, del 800 al 200 a.C. Es el mayor número de petroglifos de toda la región. Pero, la mayoría pertenece a Paracas Tardío – Transición Topará, con representaciones de figuras antropomorfas que luego fueron trasladadas a los geoglifos.

 

 

10.9.     Los geoglifos

Al sur de Ciudad Palpa, los investigadores hallaron más de 50 geoglifos sobre las laderas y en las planicies que bordean los valles de Palpa, con imágenes zoomorfas (aves y felinos), antropomorfas, seres míticos y con dibujos geométricos de simples líneas, trapecios y algunos pequeños campos o espacios barridos.

Los trazos antropomorfos – solos o en grupos –, muestran cuerpos humanoides de frente y brazos abiertos, con una especie de tocado o penacho, una figura frecuente en los petroglifos y en la cerámica Topará. Estos vestigios son pequeños y están en planos inclinados, es decir, son técnica y estilísticamente diferentes a los geoglifos de la época Nasca.

Los primeros geoglifos fueron hechos al comienzo de “Paracas Tardío” y su número aumentó durante el poderío Topará. Por eso, los dibujos corresponden a aves y felinos, pero también al «Ser Oculado», y a motivos de los textiles de “Paracas Necrópolis - Topará”.

 



10.10.   Conclusiones de Isla y Reindel

·     Topará surgió en los valles de Chincha, Pisco e Ica, centro de la cultura Paracas, durante drásticos cambios en el patrón de asentamiento, debido al crecimiento y aglutinamiento de la población; los vestigios de Palpa de una supuesta transición Topará entre Paracas y Nasca, presentan casi similares características de los de Ica y en menor escala, respecto a los de Pisco. 

·     Topará empezó a extenderse desde Chincha y Pisco hacia los valles de Ica, Nasca y Palpa, al final del Formativo o Horizonte Temprano y ejerció su influencia transicional hasta el surgimiento de los Nasca.

·     El cambio más importante que caracterizó a la transición, ocurrió en el patrón de asentamiento: fue repentino, con aumento tanto en el número como en el tamaño de los poblados, así como con el crecimiento de la población respecto al anterior periodo Paracas y al sucesivo surgimiento de Nasca.

·     Este y los demás cambios económicos, políticos, sociales y culturales fueron el resultado del impacto de “la influencia Topará” en los valles de Palpa en la cuenca del río Grande, incluso en Acarí.

·     La “transición Topará” fue una etapa de experimentación y cambio en toda la Costa Central Sur, como ocurrió casi en todos los Andes al final de período Formativo, una especie de un enorme y prolongado “ensayo – error” social; solo “experimentando”, los Topará aportaron complejidad social y la interacción regional, conservando y transformando solo algunos rasgos culturales Paracas que luego se manifestaron en la Cultura Nasca, como lazos lógicos de continuidad cultural entre Paracas y Nasca.

·     Durante la “transición”, la influencia topará también propició una mayor integración costa – sierra en la parte alta de los valles de Palpa, zona cercana a las cabeceras de los valles de Ica y Pisco, por una mayor demanda de fibras de camélidos sudamericanos para bienes de prestigio durante la fase Necrópolis – Topará

Ante estas conclusiones, se debe resaltar que los investigadores – tal vez por carencia de mínimos testimonios – no dan contenido claro al concepto “influencia” y sobre todo a su procedimiento de aplicación: ¿fue la fuerza bruta, la persuasión ideológica – religiosa, las alianzas o el vasallaje? Tampoco precisan los ámbitos de la vida diaria que abarcó el nuevo dominio.

Isla y Reindel remarcan que falta saber con mayor detalle a qué se denomina Cultura Topará y cuál fue centro de origen. Y, como tratando de conseguir aliados a su postura en contra de Topará como cultura, escriben: “Nosotros, al igual que otros colegas como Patrick Carmichael (1988), consideramos que el desarrollo de la cultura Nasca como tal —entidad política y social— empieza con la fase estilística Nasca 2 y no en la fase Nasca 1. En este sentido, también pensamos que la fase Ocucaje 9 marca el final del desarrollo autónomo de la cultura Paracas. Las fases Ocucaje 10 y Nazca 1 corresponden a la época de transición Paracas y Nasca, la cual estaba fuertemente influenciada por la cultura Topará”. ¿? El subrayado y el desconcierto es nuestro.

 

11. ORFEBRERÍA TOPARA EN WARI KAYÁN, SEGÚN MARÍA VELARDE Y PAMELA CASTRO

María Velarde y Pamela Castro, estudiaron los objetos de metal hallados en los fardos de Wari Kayan y los compararon con los correspondientes a Ocucaje, Nasca y otros, obtenidos del mismo lugar. Hallaron cambios estilísticos muy notorios a lo largo del tiempo de uso de Wari Kayan, como mayor variabilidad tipológica, simplificación en la factura y el acabado y la introducción de nuevas formas que se hicieron más frecuentes en Nasca.

 

12. LA VIDA TRANSICIONAL EN SAMACA (ICA) - LAUREN CADWALLADER Y SU EQUIPO

Sobre la ocurrencia más hacia el Sur de la zona de intensa interacción, es decir en el valle Bajo Ica, Lauren Cadwallader y su equipo estudiaron, sin excavar, los indicios de cómo fue la vida diaria en el sitio transicional de la cuenca del Samaca, cerca de geoglifos similares a los de las pampas de Nasca.

Analizaron la cerámica, textiles, redes, material lítico, restos botánicos, de fauna y restos humanos. Según los autores, los lugareños tenían varias estrategias de subsistencia sobre la base de un manejo eficiente del medioambiente.

Pero, hallaron rastros de un ambiente social convulsionado, similar a los encontrados en otros sitios de la época, de lo que deducen que esos pobladores participaron en la transición.

 

13.  LA MINERÍA TOPARA EN MINA PRIMAVERA, SEGÚN HENDRICK VAN GIJSEGHEM Y SU EQUIPO

Sobre otras innovaciones tecnológicas que marcaron la supuesta etapa de transición, Hendrick Van Gijseghem y su equipo, sobre la base de sus investigaciones en Mina Primavera, han determinado que la hematita que se extraía del lugar durante la transición, posibilitó la técnica del pintado pre cocción de la cerámica Topará, uno de los hechos que marcaron el final de la cultura Paracas.

Su análisis de las áreas de trabajo, herramientas, demás equipo y 17 fechados radiocarbónicos, muestra que con la aplicación de la nueva técnica de pintado de la cerámica se produjo un aumento gradual de la explotación minera desde Paracas Tardío hasta Nazca Temprano.

También ponen énfasis en que, tanto la actividad minera como el material que se extraía eran actividades que se cumplían cargadas de un fuerte componente simbólico, mediante ceremonias y rituales especiales y periódicas, dedicadas a divinidades de la tierra y de sus profundidades. Esto expresaba el hecho de una estrecha relación cotidiana entre la tecnología y la producción de bienes de prestigio durante la transición.

14. GUERRA DE EXPANSIÓN Y DOMINIO

Lamentablemente sin la debida cita, la enciclopedia global Wikipedia consigna que, en realidad, los topará desataron una guerra de expansión (invasión y ocupación) contra los Paracas y, tras su dominio militar, impusieron cambios en la alfarería, la textilería, la arquitectura, la construcción y en otros ámbitos de la vida diaria de aquel tiempo.

Fundamenta esta tesis afirmando, sin también dar fuente cierta, que en muchos fardos funerarios, fueron hallados muchas armas y gran número de cráneos con fracturas provocadas por instrumentos contundentes, algunos trepanados, como signos de una época muy violenta.

15.  EL COLAPSO TOPARÁ Y LA CONSOLIDACIÓN DE LOS NASCA

Henry Tantalean y su equipo, en su informe “El fenómeno Paracas: estado de la cuestión y un modelo de explicación social”, del año 2020, plantean que en el curso de la consolidación del dominio Topará, hay registros en el valle de Palpa de que en el año 50 a.C., un catastrófico Fenómeno El Niño desató una intensa sequía que devastó la flora y la fauna terrestre y redujo los recursos pesqueros y marisqueros de la costa central sur.

Este desastre ambiental provocó inevitablemente una severa crisis económica y social imposible de manejar por parte de las elites Topará de los valles, en medio de lo cual avanzaron los militantes de la «Tradición Nasca” ya vigente con su centro ceremonial en Cahuachi hasta desplazar totalmente   la llamada «Tradición Topará».

Según Krisztoft Makowski, el surgimiento de Nasca como cultura, está marcado por la difusión de un nuevo estilo cerámico con engobe (aplicación de una pasta de arcilla coloreada sobre la cerámica antes o después de su cocción) en el valle de río Grande.

Otros elementos arqueológicos marcadores de la nueva Cultura Nasca fueron:

i)     El traslado de la representación iconográfica de los tejidos a los ceramios polícromos.

ii)   El cambió del panteón de espíritus o divinidades, con la desaparición de algunas deidades y el surgimiento de otras.

Makowski, en su libro, “Señores de los imperios del Sol”, (2014), afirmó que el análisis del ADN de los fósiles humanos de tumbas de la costa central sur ha demostrado que fue una misma población la que habitó en el territorio desde la Cultura Paracas, por supuesto durante la vigencia de los Topará hasta el desarrollo la Cultura Nasca.

 FIN