miércoles, 27 de mayo de 2026

 

LOS ORÁCULOS DE CHAVIN Y PACHACÁMAC COMO
MECANISMOS DE MANIPULACIÓN MEDIANTE DROGAS
PARA CONSEGUIR Y MANTENER EL PODER ABSOLUTO

 

«Templo Nuevo” con su «Portal de las falcónidas» y la plaza hundida cuadrada

 Esta es una aproximación a sobre cómo operaron dos famosos oráculos de nuestra prehistoria: Chavín de Huántar y Pachacámac y su condición de sustratos ideológicos como eficaces mecanismos de la manipulación por parte de las élites para hacerse del poder y conservarlo.

No obstante, Marco Curatola Petrocchi, en su ensayo, en su ensayo, «Adivinación, oráculos y civilización andina» (2001), trata de explicar el extraordinario desarrollo del fenómeno oracular en el Perú antiguo.

Con sus predicciones, indicaciones y el descifrado de signos, hechos y situaciones de difícil inteligencia, los oráculos aportaron conocimiento, racionalización de la realidad y fueron una de las instituciones andinas «eje», desde que surgieron desde la aparición de la cerámica y el avance del Periodo Formativo (II milenio a. C.).

Una hipótesis etnohistórica dice que los “templos” de Caral, Kotosh, Huaricoto, La Galgada, Pampa de las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán, fueron recintos religiosos restringidos, donde pocos humanos creían percibir manifestaciones de dioses a través del fuego. De lo que no hay duda, es de que al final de nuestra prehistoria los oráculos representaron un formidable mecanismo de legitimación del poder, dictado de normas sociales (si lo ha dicho el oráculo, así es) acopio de información, de comunicación y de negociación, afianzaba de modo determinante que los grupos en el poder controlaran, por las buenas, inmensos territorios bloqueando el independentismo político de distintos grupos sociales de linajes.

EL ORÁCULO DE CHAVIN DE HUÁNTAR

El arqueólogo John Rick actual investigador principal de complejo arqueológico Chavín de Huántar por la Universidad de Stanford desde 1994,  ha planteado que los varios medios usados en sus “templos”– paisaje, arquitectura, decoración, luz, sonido, drogas alucinógenas–  prueban que la Cultura Chavín desarrolló y aplicó una política general de manipulación individual y colectiva con fines de poder y dominación planificada y ejecutada por su élite sacerdotal.

Según esta percepción, sus esculturas líticas fueron herramientas para tal manipulación; sus templos fueron sitios de exploración psicológica y experimentación para comprobar las reacciones de las personas ante diferentes estímulos. Desde esta óptica, Rick y otros autores ven a Chavín como un lugar construido para impresionar y manipular a las personas hasta integrarlas a una religión que consolidaba la autoridad y el poder de los miembros del culto.

 

Extensión de la influencia o dominio de la teocracia Chavín
Durante su apogeo (Alfonso Klauer)

El ORIGEN

Sobre el origen de esta cultura primordial, Rick y su equipo también han hecho un aporte importante: En 2003, en el sector de «La Banda» de Chavín, hallaron un depósito compuesto por puntas de cuarzo y sílex, huesos de venado y otros instrumentos de piedra pulida, fechadas mediante radiocarbono y luminiscencia ópticamente estimulada - OSL con una antigüedad de entre los años 4 850 y 4600 antes del presente (a.d.p.) En otra excavación desenterraron un fogón cuadrangular de piedra con un ducto de ventilación y herramientas de piedra lascada. Estos vestigios son del pase del sub periodo pre cerámico Arcaico Temprano al Arcaico Tardío, cuando el sitio era solo una pequeña aldea de precoces sedentarios. Así mismo, en un segundo hallazgo pre cerámico, al excavar en un costado de la actual iglesia del pueblo de Chavín de Huántar, recuperaron un conjunto de sencillos fogones de piedra que conservaban carbón y herramientas líticas, cuya antigüedad fluctúa entre los años 4 450 y 4 150 a.d.p. 

El tercer hallazgo fue el más notable: en la zona del rio Wacheqsa encontraron vestigios cerámicos de la fase “Kotosh–Kotosh”, de la cultura Kotosh, que indican, sin lugar a dudas, una ocupación más antigua al año 3 200 a.d.p., considerado como el inicio de la Cultura Chavín. Además, confirmaron que el material que la arqueóloga Rosa Fung había recobrado de la misma zona y que estaba almacenado sin ser estudiado en el Museo de Arqueología de San Marcos, correspondía a esa misma etapa cerámica del lugar. 

Este resultado confirmó entonces que los pobladores originarios que desarrollaron la Cultura Chavín procedieron de la Amazonía (Hipótesis de Julio C. Tello), en concreto de la Cultura Kotosh surgida en el año 4 000 a.d.p. en Huánuco, cerca del rio Huallaga.

 

Plaza circular hundida que lleva al «Templo Viejo” por las
escalinatas, ruta hacia la Galería del LANZON que representaba al dios supremo

 EL PRIMER EDIFICIO O «TEMPLO VIEJO» CHAVIN

Rick y su equipo creen también – sin saber aún si fue como continuación de la ocupación Kotosh–Kotosh ni por qué-, que la primera construcción del «Templo Viejo» y sus instalaciones conexas empezó lentamente, aproximadamente, el año 3 200 a.d.p. A medida del crecimiento del poderío y prestigio de las divinidades que allí se adoraban, sus acabados, remodelaciones y la edificación de nuevas instalaciones con notables innovaciones, se prolongaron por unos 400 años y durante los siguientes 300 los chavinenses hicieron refacciones y algunas ampliaciones menores.

No obstante, aun con los nuevos fechados, hay un notable lapso de 900 años, entre el 4 200 y 3 300 a.d.p., de contenido difuso, entre el Arcaico Tardío precerámico y el inicio del desarrollo de la Cultura Chavín, cuando la cerámica ya había surgido en la costa norcentral.

LA MÁS ANTIGUA GALERIA CHAVÍN

En 2022, Rick informó que su equipo había descubierto una galería subterránea y cuencos de piedra del inicio de Chavín, de más de 3 000 años de antigüedad, en el Edificio C., gracias a un robot equipado con cámara de video que desplazaron por un ducto de solo 45 Cms. de diámetro mostraron el recinto y objetos de piedra en el centro. El primer vestigio es un cuenco escultórico ceremonial de piedra que en su parte superior tiene tallada la cabeza de un cóndor y en los lados, sus alas, así como la cola en parte opuesta a la cabeza. La otra vasija lítica es más sencilla. Las dos tienen 30 Cms. de diámetro por 25 Cms. de altura. La vasija del cóndor pesa 17 kilos.

Los investigadores creen que fueron ofrendas por la clausura de la galería, la cual ahora deviene como la más antigua de esta innovación arquitectónica que, ahora se sabe, data de la época pre cerámica o temprana de Chavín, coetánea con la fase final o de disolución de la también pre cerámica Cultura Caral. El recinto hallado ha sido nombrado como “Galería del Cóndor”.

 

En la recóndita Galería del Cóndor descubierta en 2022,
John Rick, explica a la prensa sus hallazgos en el «Templo Viejo»

 En julio de 2026, Rick y su equipo comenzaron una nueva temporada de investigación equipados con tecnología moderna para la exploración, análisis estratigráfico, fechados, recuperación y conservación de vestigios inorgánicos y orgánicos. Se enfocarán en estudiar el edificio principal maltrecho por sismos que removieron sus cimientos, lo que permitirá conocer sus primeras etapas constructivas internas sin desmontar sus estructuras intactas; también excavarán alrededor de la Plaza Circular, en busca de más galerías con “robots arqueólogos”.  

 

El cuenco de piedra (pre cerámico)  con figura del cóndor

 Rick y su equipo tratarán de obtener fechados con métodos actuales con un margen de error de solo 20 años y que podrían esclarecer si el gran sismo que afectó a Chavín alrededor del 550 a. C., influyó en su decadencia y cuánto tiempo continuó en acción después del desastre lo que podría cambiar radicalmente su interpretación histórica.

La campaña de Rick también apunta a confirmar que cada espacio arquitectónico del complejo fue realizado con el fin específico de reafirmar el poder de su élite teocrática. Hubo recintos específicos para sacrificios de humanos y animales, de aislamiento sensorial, preparación ritual, escuela de novicios y ritos reservados para líderes políticos y religiosos. También buscarán ampliar el conocimiento del uso de drogas alucinógenas en ciertos rituales, para grupos pequeños en ambientes acondicionados de experiencias controladas. “Si querían asustar, podían hacerlo. Si querían imponer asombro, también. Chavín fue muy bien pensado, calculado al detalle”, declaró Rick a la prensa.

 

Uno de los robots “arqueólogos” del equipo de Rick

 El tema de los alucinógenos mágico-místicos, es otro factor vinculante de los chavines con la Amazonía, a través de la potente semilla de la Vilca, así como el San Pedro, lo fue con la shamanería de los Cupisnique.

LOS ALUCINÓGENOS COMO COMPONENTES DE LA RELIGIÓN. 

El uso de drogas alucinógenas fue común en las religiones del mundo prehistórico.

Los sacerdotes chavines ingerían el jugo del cactus de San Pedro  (Mezcalina) e inhalaban polvo de semillas de la planta llamada comúnmente Vilca o Cebil,   de nombre científico Piptadenia colubrina o Anadenanthera (bufotenina), por sus propiedades alucinógenas, supuestamente facilitadoras del desligamiento temporal del espíritu respecto al cuerpo del intermediario ante los dioses.

Estas plantas aparecen en talladas de la Estela del portador del cactus, la cual fue hallada en 1972 por Guillermo Lumbreras; una pieza de granito que aún permanece en su emplazamiento original, en el lado noroeste de la Plaza Circular. En 2001, hallaron en esa misma plaza un fragmento de otra estela que muestra una imagen espejo exacta de la estela del portador del cactus. Se cree que existieron cuatro estelas con esta misma representación: dos en el cuadrante noreste y dos en el cuadrante sureste, todas mirando hacia la escalera que lleva a la galería donde estaba el «Lanzón» de Chavín, ídolo del dios máximo de esa cultura. Hay cabezas clavas que muestran claramente fugas de mucosidad de la nariz por efecto de los alucinógenos.

 

Cultivo actual del San Pedro

 LOS BUENOS MUCHACHOS CHAVINENSES

En su obra, Excavaciones en la Galería de las Ofrendas –1993, el extinto arqueólogo Guillermo Lumbreras percibió que Chavín, no fue producto de una sociedad local autónoma, sino el resultado de un vasto proceso de integración territorial desde Lambayeque y Cajamarca por el norte, hasta la meseta de Junín y los valles de Lima por el sur. Muy benévolamente, Lumbreras añade que tal integración no fue forzada; fue una cohesión cuyo sustrato fue el poder predictivo y la sabiduría de la curia chavín.

Por todo lo anterior, un gran grupo de investigadores militaba junto a Julio C. Tello considerando a los chavines como los iniciadores de la “alta cultura andina”, creadores de “primera cultura pan andina”, pero con solo incipientes y hasta errados estudios de su cerámica, de su arte lítico, de sus monumentales templos, sus grandes esculturas y sus acueductos sin profundizar su conducta política, social y económica global.

 

Árboles de Vilca o Cebil.

 Entre los investigadores chavinistas hay quienes, en las líneas de Tello y de Lumbreras, siguen considerando a los chavines casi como los “buenos muchachos” de la segunda mitad de Formativo, quienes, por la alta calidad de su religión, eficiente oráculo y conector con los dioses andinos y por sus avanzada técnica y tecnología, convencieron, persuadieron a una gran cantidad de pueblos para que se sometieran a ellos de buen grado y les entregaran gran parte de su producción y fuerza de trabajo gratuita para que ellos se dedicaran a los dioses, a los templos y a gozar de la buena vida.

 LOS MALOS MUCHACHOS CHAVINENSES

Pero, otros investigadores, además de evaluar los componentes grandilocuentes de la Cultura Chavín, la determinaron también como el primer imperio suramericano de la Costa del Pacífico, con todos los componentes de agresión por ambición y codicia, engaño, abuso, crimen y exacción de recursos que tal condición conllevó.

 LA MALA COSTUMBRE DE OCULTAR LO MALO BAJO LA ALFOMBRA.

Antes de avanzar sobre el tema de fondo de este artículo, veamos un punto negativo: la vigencia de una conducta de la mayoría de investigadores del Perú Antiguo, sobre todo de los autóctonos, de no ahondar o soslayar aspectos supuestamente negativos de nuestro pasado prehistórico.

Eso ocurrió, por ejemplo, con la detección de la práctica de sacrificios humanos de los mochicas y su ritual de ingesta de sangre para aplacar la supuesta ira de su dios castigador «Ai Apaec», El Degollador, presunto causante de los desastres climatológicos como lluvias, inundaciones y sequías prolongadas que hoy sabemos constituyen el Fenómeno “El Niño”.

Esos ritos brutales y feroces, que se aplicaba a prisioneros de guerra o a víctimas propiciatorias (jóvenes púberes y niños), recién fue admitido a regañadientes, cuando investigaciones financiadas por National Geographic, dieron con un yacimiento mochica de restos fósiles de cientos de sacrificados, entre ellos, niños, en un tiempo compatible con un mega Fenómeno El Niño que provocó una larga sequía de 30 años, allá por el año 600 d.C. Esta hecatombe, de acuerdo con el análisis de testimonios de hielo extraídos de glaciales andinos que demostraron su ocurrencia, llevó a los mochicas a ofrecer a sus divinidades la sangre y la vida de sus jóvenes y niños en un vano esfuerzo por terminar con el azote climatológico y la infertilidad del suelo, lo que, finalmente, contribuyó a su disolución como cultura.  

 EL SAGRADO ORÁCULO QUE HABLABA CON DROGAS Y ANTROPOFAGIA 

Conforme a la conducta descrita, con relación a Chavín de Huántar, son pocos los autores, entre ellos el descubridor de la práctica, Guillermo Lumbreras, que remarcan la antropofagia o canibalismo de la gran curia chavinense, en lo más alto de su apogeo imperial.

En su obra, “Un Formativo sin cerámica y cerámica preformativa”. 2006”, fundamenta que la antropofagia fue una práctica común desde antes de Chavín; da como ejemplo a la Cultura Sechín (Casma), sobre la base de los macabros y enormes frisos líticos de Cerro Sechín: “El muro con los granitos grabados parece representar una enorme carnicería, en la que guerreros o verdugos de Sechín deshacen cuerpos humanos, ya sea como parte de sacrificios o de prácticas guerreras antropofágicas. La evidencia arqueológica indica que el canibalismo (resalte nuestro), iniciado a fines del tercer milenio, se había generalizado en esta época y estaba asociado consistentemente a la vida de todas las poblaciones. Cieza de León (1553), de su viaje por el norte de Colombia, describe escenas que coinciden mucho con la iconografía de Sechín, con una antropofagia asociada a la guerra en la región del Cauca, envuelta en estas prácticas de manera casi doméstica, en donde, al parecer, se consumía a los vencidos al final de cada batalla en el campo y en casa”.

La precisión de la antropofagia chavinenses está en el documental de National Geographic, titulado “El Teatro del más allá”, estrenado el 2 de julio de 2015– 44 minutos, apuntando a mostrar cómo la teocracia dominante durante el imperio Chavín, usaba a fondo el «Templo Viejo» e instalaciones especiales para engañar y convencer a curacas y jefes de ayllus vasallos y a quien los altos sacerdotes creían conveniente, de que el lugar era un centro de comunicación directa con los dioses y que ellos y solo ellos –la curia chavinense– eran sus únicos representantes.

 BANQUETES CANÍBALES   

En el tramo del minuto 33.50 y el 35.39 del documental de Nat Geo, Lumbreras confirma directamente que durante su excavación en el «Templo Viejo», a nombre de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, específicamente en la “Galería de Ofrendas”, halló un cúmulo de huesos y otros materiales. El análisis forense demostró que una parte de los restos óseos son de animales y otra parte considerable, de humanos. El antropólogo físico, José Baraybar, tras analizar los restos humanos, confirmó que eran humanos y que porciones de los huesos habían sido cocinados, otros asados y rotos por masticación. Lumbreras narra en pantalla que cuando Baraybar comunicó sus hallazgos, ambos sonrieron y estuvieron de acuerdo en que los chavines hicieron sacrificios humanos y, además, realizaron Banquetes caníbales, como parte de su política de fidelización de los jerarcas visitantes.

Entonces, el mecanismo religioso de dominación de los dirigentes de pueblos sometidos incluía el consumo de drogas y la entrega de personas, jóvenes y prisioneros de guerra, para sacrificios; así como opíparos banquetes de culto y adhesión sin condiciones con potajes hechos con los restos de los sacrificados. Hay abundante literatura acerca de la primera visión sobre qué buenos muchachos fueron los chavines. Pero, por el contrario, la segunda visión tiene pocos autores. 

 

El intimidante LANZÓN Chavín

 EL MECANISMO ORACULAR  

El mecanismo de consulta al oráculo o a la palabra de la deidad chavín ocurría en la noche. Para empezar el aspirante a dialogar con la divinidad consumía drogas disueltas en la chicha, en dosis controladas. En estado de conciencia alterada le hacían seguir a pie un recorrido por los siniestros, lóbregos y aterradores pasillos del templo. Intensificaban sus visiones, angustias y miedos, mediante el impacto de sonidos provocados por trompetas de conchas y agua subterránea corriente. La puesta en escena final  era su comparecencia ante el famoso todopoderoso personificado en el gran «Lanzón», el enorme monolito de piedra de 4 metros de altura que tenía la figura del poderoso dios antropo-zoomorfo tallado en su superficie, del cual el discípulo creía escuchar el vaticinio crucial sobre el clima, las siembras y todas sus preocupaciones, así como  instrucciones precisas sobre qué hacer en su pueblo para la vida sea mejor y respecto a las ofrendas que debía entregar al templo.

Sin duda, tales directivas de la deidad no eran más que parlamentos de los sacerdotes chavines, también drogados, pronunciados como órdenes desde cubículos adecuados, procedimiento ancestral que usaron todos los llamados oráculos de la antigüedad para engatusar, embaucar y manipular a los creyentes, desde el poder.

LOS MENSAJES

La principal preocupación de los peregrinos, en particular de curacas, jefes de ayllus y de etnias era que el dios chavín, cuatro meses antes del inicio de la temporada de preparación de tierras y siembras en los Andes, les avisara si iba a llover adecuadamente, en exceso o si venía un diluvio o la sequía, si el ganado pariría y si se lograría abundante pesca en el litoral. Los jerarcas acudían también para saber novedades específicas sobre sus comarcas, así como para hacer pedidos de gracias personales o colectivas. Para eso iban en largas caravanas de camélidos portando productos alimenticios, tejidos valiosos, cerámica fina, piezas de orfebrería de oro, plata y cobre y otros bienes exóticos de sus zonas, enemigos prisioneros y jóvenes elegidos para ser sacrificados al dios como ofrendas a cambio de su favor. Con las respuestas, los gobernantes regionales y locales podían decidir con alguna certeza el inicio, postergación o cancelación de las siembras, así como disponer el aumento de sus reservas a distribuir en caso de peligro.

 

Concha Spondylus o Mullu, especie marina tenida por sagrada en la prehistoria

El antropólogo Alfonso Klauer, en su obra “El Mundo Pre – Inka: Los abismos del cóndor” (2006), afirma que los shamanes chavín sabían más o menos cómo se desarrollaría el clima por las siguientes condiciones de la evolución del mullu o caracol Spondylus en el fondo marino frente a costa del actual Ecuador: i) Si la especie adelantaba su reproducción a agosto y setiembre y ii) si antes de que las aguas del Pacífico Sur empezaran a calentarse por encima de lo normal, las conchas Spondylus adquirían  un color rojizo cada vez más intenso. Estas dos señales advertían a los pescadores norteños que se avecinaban problemas climatológicos que destrozarían la vida diaria y, en el mayor secreto, lo transmitían a sus curacas y estos, a su vez, también en secreto hacia llegar muestras de los Spondylus a los shamanes de Chavín. En cambio, la ausencia de los indicadores eran buenas noticias. Esta red informativa logró mantener ese conocimiento reservado solo a la curia durante mucho tiempo. Lo único que pudo trascender a los demás fue que el mullu era portador de mensajes divinos, más no el contenido y menos aún el modo de “leerlos”, por lo que el tal molusco fue objeto de inestimable valor en forma de abalorios y como elemento sagrado del culto general a la fertilidad.

No obstante, la observación del Mullu estaba lejos de determinar la intensidad y duración de las sequías o de las lluvias. No daba para tanto. Por eso, es claro que el gran impacto positivo de las predicciones de buen clima era muy beneficioso para el prestigio y poder de los chavines, pues las consecuencias de lluvias intensas y prolongadas de hasta media intensidad se podían enfrentar con el stock común de víveres y la organización de más abastecimiento, el uso de refugios seguros y otras medidas de prevención en cada región o comarca.

Pero, a los adivinos las graves consecuencias de un mega El Niño con una sequía de tres décadas cuya duración no pudieron calcular y menos conjurar con el favor de su dios, les estalló en la cara. Su prestigio empezó a derrumbarse en la centuria de los 500 a.C., porque los jefes vasallos dedujeron que su capacidad de adivinación tenía un límite o que su dios les había maldecido quietándoles su apoyo. Las peregrinaciones fueron imposibles y con eso la subsistencia se debilitó, con el añadido de que los curacazgos de la periferia chavinista empezaron a sublevarse y a desligarse de la teocracia. Fue entonces que un potente terremoto, cuyo fechado preciso y sus consecuencias político-sociales John Rick y su equipo tratan de dilucidar, afectó y casi sepultó una gran parte del «Templo Nuevo» y las demás estructuras. Rick y su gente están seguros de que eso disminuyó tremendamente la actividad en Chavín de Huántar, pero quieren precisar la fecha aproximadamente de su abandono final.     

EL ORÁCULO DE PACHACÁMAC

La arqueología ha determinado que, como pequeño sitio o asentamiento humano costero-pesquero, Pachacámac (nadie sabe con cuál nombre) existió desde antes del surgimiento de la Cultura Lima, sin característica alguna de santuario u oráculo. Tampoco hay algún indicio de que tal sitio de pescadores y agricultores sedentarios devenga de la Cultura Manchay, la antecesora de la Cultura Lima, pero separadas cronológicamente por varias centurias.

La Manchay tuvo como centro el valle bajo de Lurín, durante el Formativo Medio y Final, teniendo como dominadora o influencia principal a la teocracia Chavín. La identificaron recién el 2009 los arqueólogos Richard Burger y Lucy Salazar, como resultado de sus investigaciones, en los vestigios de edificios públicos de Mina Perdida, Cardal y Manchay Bajo, zona baja del valle de Lurín. Ellos creen que, constituida por ayllus y curacazgos autónomos, la Sociedad Manchay habitó la costa central, desde el valle de Huaura, en el norte, al de Lurín, en el sur, Aprox. entre el 3 800 a 2 200 a.d.p. y estuvo bajo el dominio de la teocracia Chavín. Otros sitios manchay, de menor importancia en Lurín, son: Candela, Buena Vista, Manchay Bajo, Pampa Cabrera y Parka. Se hallan a relativa corta distancia unos de otros. Sin embargo, nadie sabe aún el origen de los manchay, ni de los pachacamenses originarios. 

Durante la Cultura Lima, la cronología aproximada que encuadra a Pachacámac es la siguiente: Tras la desaparición de la Cultura Chavín, aproximadamente el año 400 a.C. y el inicio del periodo histórico Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales el año 200 a.C., surgió la Cultura Lima el año 100d.C., en cuyo desarrollo, más o menos el año 300 d.C., según fechados relativos de cerámica hallada en él,  comenzaron a construir la primera versión de su edificio ceremonial en el asentamiento Pachacámac. Aplicaron su diseño propio de plataforma rectangular, sobre muros de piedra y barro con escalinatas de acceso y recintos en la parte superior, hechos con los “adobitos” o adobes pequeños hechos a mano, sin medida estándar y secados al sol. Este edificio fue reconstruido cinco veces y los arqueólogos lo nombraron como «Templo Viejo».  

Sin embargo, si bien la arqueología plantea su fechado cerámico referencial, solo se puede deducir que fue para uso administrativo y ceremonial cívico y de culto, sin que haya sido encontrado algún indicador sobre a cuál dios estaba dedicado y si ya cumplía funciones de oráculo. Cuando los imperialistas wari ocuparon la ciudad, el «Templo Viejo» lima estaba abandonado.

Los waris reanudaron el culto que había existido en el «Templo Viejo», para contentar los ychma y sabedores de que había ganado prestigio en el valle de Lurín y en los demás de la extinta Cultura Lima, estrechamente vinculado con la adoración al dios Pariacaca, que moraba en el majestuoso nevado del mismo nombre en la Cordillera Central, gran Apu protector de los pueblos del Chillón, Rímac, Lurín, Mala, Chilca y Cañete, con una amplia panoplia de divinidades secundarias. Se debe tener en cuenta que, la cumbre del Pariacaca y la ciudad de Pachacámac, están ubicados en un mismo eje geográfico transversal y son la materialización casi perfecta de la ancestral concepción andina de la dualidad de todo lo que existe”; arriba y abajo, hielo y agua.

Pero los waris, para el reinicio del culto a Pachacámac (no se sabe si ese era su nombre en ese tiempo) construyeron un nuevo y más monumental adoratorio, el «Templo Pintado» y, lógicamente como nuevo poder, agregaron a la deidad atributos sobrenaturales antropo y zoomorfos de su propio «dios de los báculos» y por supuesto, tal vez su capacidad de emitir vaticinios sobre el clima, la siembra, la cosecha, la crianza, la pesca y los terremotos.

 

Restos del «Templo Pintado» wari, santuario del dios Pachacámac y su oráculo

Es posible que con su reconocía manía de ordenarlo todo, los waris hayan promovido o promocionado el culto en todo su vasto imperio. Habrían establecido entonces los calendarios de las festividades de veneración a la deidad, de las peregrinaciones al santuario, el rango necesario de los peregrinos, la calidad y cantidad de ofrendas que debían entregar para ser considerados como aspirantes a preguntar al dios sobre sus preocupaciones y las de sus pueblos, sí como los ritos de sacrificios humanos y de entrega de ofrendas.

Sin duda, a los jerarcas waris, no se les escapó la estandarización del ritual de consulta al dios, de tal modo que todo el mecanismo religioso funcionó durante el imperio, persistió durante la subsiguiente Cultura Ychma, seguramente con algunas variantes y prosiguió también durante el Tahuantinsuyo y durante la ocupación española, hasta la “extirpación de idolatrías”.

NUCLEO SAGRADO DEL SITIO PACHACÁMAC

Está circundado por la primera muralla, la de menor extensión perimetral. Tiene casi 1 520 m. con muros de hasta 2 m. de altura. Encierra al originario «Templo Viejo» de los limas, al «Templo Pintado», de los waris con un extenso cementerio que yace a sus pies y al «Templo del Sol», del Tahuantinsuyo. Esto quiere decir que los ychmas mantuvieron al edificio wari como sede del culto al dios y se concentraron en la ocupación y expansión urbana del sitio como su capital. 

ÁREAS DE SERVICIOS

La segunda muralla también envuelve la zona sagrada en forma de “L” e incluye a la «Plaza de los Peregrinos», la Sala Central, a quince edificios ychmas con rampas y las principales vías de circulación, como las calles este-oeste y norte-sur, además de otras edificaciones menores. El equipo de investigación del Museo de sitio de Pachacamac, verificó en 2013 que el gran portal de la segunda muralla estaba adornado con murales similares a los del «Templo Pintado» wari.

El segundo muro tuvo en algunas partes más de 3,5 m. de altura y un espesor de 3 m. Fue el límite con el mayor número de edificios. En el exterior estaban las áreas de producción,13 restos de unidades domésticas y vestigios del alojamiento temporal de peregrinos.

De la tercera muralla aún existe un acceso de piedra labrada y adobe, llamado Portada de la Costa, en el eje de la calle norte-sur.  En el área interna hay testimonios de talleres, campamentos y cementerios del final del Tahuantinsuyo. 

Pachacámac fue tan importante para los incas que, en su vano intento de salvarse, el inca en rehén Atahualipa, dio la orden para que los encargados del santuario entregaran objetos de oro y plata a Hernando Pizarro y su tropa. Su prestigio duró bien entrado el virreinato a pesar de la imposición del cristianismo católico con alto grato de violencia destructiva de vidas y bienes, sobre todo mediante la política de “extirpación de idolatrías”.  La sacralidad del sitio persistió sobre todo en pueblos aledaños de la costa y andinos, de las provincias de Huarochirí y Yauyos, donde, a fines del siglo XVI, el extirpador de idolatrías, el cura Francisco de Ávila recopiló un gran número de mitos vinculados. 

EL CULTO A PACHACÁMAC

En su artículo, Un espacio sagrado milenario, inserto en el magnífico compendio del Banco de Crédito del Perú sobre Pachacámac sitio y templo, Denise Pozzi-Escot, considera que una de las más poderosas razones del culto al dios Pachacámac fue el gran temor de la población a los sismos repetitivos y su fe ciega de que solo Pachacámac o como lo llamaran en ese tiempo podía evitar un gran terremoto en gesto misericordioso, ante sus ruegos y ofrendas. Por eso es que los ocupantes españoles lo registraron también como el “Señor de los temblores”. 

En su amplio informe sobre Los oráculos de los confines del mundo: Pachacamac, Titicaca y el Inca Tupa Yupanqui, contenido también en el libro del BCP sobre Pachacámac, Marco Curatola Petrocchi, describe así el procedimiento de una consulta al dios, según registros de los cronistas invasores españoles. Hallarán varias similitudes con el del oráculo de Chavín de Huántar.

LLEGADA Y ACCESO DE LOS PEREGRINOS

Pedro Cieza de León, quien habría visitado Pachacamac acompañando del Pacificador, Pedro de La Gasca, reunió material para su monumental Crónica del Perú. En la “Primera Parte” (Sevilla 1553) anota que las diferentes puertas y las paredes del Templo de Pachacamac («Templo Pintado» wari) tenían figuras pintadas de animales feroces.  Según testimonios orales el dios Pachacamac contestaba a las preguntas de sus fieles durante las fiestas más importantes del año, con multitudinarias ceremonias, animadas por música de potentes instrumentos de viento y percusión durante las que se realizaban sacrificios de varones, mujeres y animales.

Los concurrentes eran curacas, jefes ayllus o de etnias, quienes se alojaban en aposentos especiales y entregaban ricas ofrendas. Estos jerarcas tenían fe total en la palabra del dios y respetaban a sus sacerdotes. Aspiraban a ser sepultados alrededor del templo del dios, privilegio que solo lograban los de mayor rango.

El jesuita Josef de Acosta, en Historia natural y moral de las Indias (1590), sobre tradiciones religiosas de México y Perú, ratifica la identificación de Pachacamac con el dios Viracocha en el incanato. Otros, han interpretado esta decisión como una gran medida de política unificadora de Pachacútec, de ordenar la fusión de dos poderosas deidades: Viracocha, creador originario de las zonas altoandinas y Pachacamac, poderoso dios creador y oráculo venerado en la costa central. Así también, el inca buscó legitimar sus conquistas dotándolas de una base religiosa común con un dios supremo más poderoso que las otras deidades locales y del propio Sol.

RITUAL DE UNA AUDIENCIA ANTE PACHACÁMC

En su obra ya mencionada, el jesuita Josef Acosta afirma que, durante el Tahuantinsuyo, Pachacámac era nombrado también como “Pachayachachic” y tenía un grandioso templo, el cual, junto con el Coricancha, el gran templo del Sol del Cusco, estaba dotado de un inmenso tesoro en objetos de oro y plata que había sido saqueado por las huestes de Pizarro.

Sobre la función de oráculo del lugar, Acosta conoció que allí “el demonio hablaba” y “daba respuestas” y que, en algunas ocasiones, se manifestaba como una serpiente “muy pintada”. El rito de consulta a la divinidad era el siguiente: siempre de noche, los sacerdotes entraban en el aposento del dios caminando hacia atrás, de espaldas, con la cabeza y el torso inclinados hacia adelante. En esa posición preguntaban. El dios respondía con una especie de “silbo” o “chillido” estremecedor y horripilante.

Similar versión consta en la Crónica Moralizada de la Orden de San Agustín en el Perú (1638), del cura Antonio de la Calancha, seguidor de Acosta, quien reunió toda la información acopiada por su orden sobre su catequesis en Pachacámac, en la segunda mitad del siglo XVI. De la Calancha agrega algunos detalles: los oficiantes de Pachacamac entraban a la cámara oracular de espaldas muy encorvados hacia el suelo. Preguntaban sobre el futuro o hacían pedidos. La deidad silbaba sus respuestas que resultaban confusas, pero, siempre en tono aciago y amenazante.

Ambas descripciones complementan el relato de Hernando Pizarro, el primer español saqueador del lugar, sobre el ritual de consulta al dios. En su Carta a los Oidores de la Audiencia de Santo Domingo (23 de noviembre de 1533), la más temprana relación conocida sobre la invasión al Tahuantinsuyo, reportó que, después de un año de espera en el sitio, los aspirantes a consultar a Pachacámac pasaban a un patio donde ayunaban unos veinte días; luego, generalmente solo curacas, jefes de  etnias y de ayllus,  iban  al patio más alto, donde estaba el gran sacerdote sentado y con la cabeza tapada con una manta, para presentarle directamente sus solicitudes. Hechos sus pedidos, otros sacerdotes o pajes, únicos autorizados, entraban al aposento del dios para “hablar” con él y conocer sus respuestas y si la divinidad estaba contenta o enojada y cuáles tributos exigía para él y su templo.

Según el relato del compañero de Pizarro, el notario Miguel de Estete (1534), estos pajes llamados «yañcas», como también consta en el Manuscrito de Huarochirí, debían de ser puros mediante abstinencia prolongada de comida y sexo.

Estas descripciones son importantes porque indican que las divinidades andinas se comunicaban con los humanos mediante un lenguaje especial de sonidos solo entendido por unos cuantos iniciados, aunque como en todos los oráculos del mundo, esta conexión solo era una herramienta de engaño y manipulación de la conciencia individual y colectiva través de la religión y de los líderes con la finalidad de conservar poder y riqueza material.

OTRA VEZ, LAS DROGAS ALUCINÓGENAS

Además, y tal como ocurrió también en el oráculo del templo de Chavín de Huántar, 2 mil años antes, todo el andamiaje o entarimado del culto a un dios castigador, sediento de sangre a cambio de supuestos anticipos sobre la vida cotidiana, las siembras, cosechas, la crianza y la pesca, tenía en Pachacámac el sustrato intensivo del uso de alcaloides y alucinógenos como una de sus bases.

En particular en el área del «Templo Pintado» y del «Templo del Sol», han sido hallados materiales e instrumentos para la elaboración e ingestión de sustancias psicotrópicas: pequeños morteros de madera ictiomorfos y avimorfos y tabletas para la inhalación de polvos alucinógenos. También fueron recuperadas flautas de hueso, trompetas y silbatos.

Un pequeño silbato de hueso de unos ocho centímetros de largo fue hallado en las gradas entre el «Templo Pintado» y el «Templo Viejo», cerca de donde habría estado la cámara oracular, sin que se pueda negar o confirmar que a lo mejor fue empleado para producir el “silbido” o “chillido” con el que, según Acosta, solía manifestarse el dios Pachacamac.

 

Restos de tejido wari con representaciones
de la hoja, la flor y fruto de la Vilca o Cebil

Peter Eeckhout ha reportado evidencia del uso como ofrenda en Pachacamac, durante las etapas ychma e inca, de semillas de Nectandra sp., planta de la familia de las Lauraceae propia de la Alta Amazonía a la que los españoles conocían como espingo y los naturales como Ishpingo. Sus semillas contienen alcaloides psicotrópicos y neuroestimulantes.

El hallazgo de Eeckhout comprueba lo escrito por el jesuita José de Arriaga en su Manual de extirpación de la idolatría, de 1621: que la semilla de Ishpingo era una típica ofrenda a las huacas; que los shamanes de Pachacamac la tostaban y molían hasta convertirlas en polvo, el cual diluían en chicha de jora para obtener una bebida especial, “fuerte y espesa”, llamada Yale, que ingerían antes de sus intervenciones sagradas. Derramaban una parte de la bebida en el piso de las huacas y el resto lo bebían para entrar súbitamente en un estado de furor místico, un estado mental alterado que se conocía como «utiraray» entre los oficiantes de Pachacamac al ponerse en comunicación con sus dioses para “oír” sus respuestas.

Eeckouth está seguro también de que la semilla del Ishpingo fue usada para atenuar el hedor producido por la descomposición de los cadáveres durante las fases de su embalsamado y enfardelado y los rituales de entierro. El cura de Arriaga escribió que dichas semillas tienen un olor penetrante, desagradable y persistente. Estas características quizá expliquen la extrema hediondez que percibió Hernando Pizarro cuando entró al aposento del dios Pachacámac.

 

Árbol amazónico Ishpingo

Curatela Petrocchi, cree, además, que los shamanes de Pachacámac debieron emplear también otros alucinógenas, como la Anadenanthera colubrina, planta llamada Vilca, cuyas semillas contienen alcaloides sicoactivos, pues su consumo, en polvo, en los santuarios andinos está documentado desde fines del Horizonte Temprano (siglos X-IV a.C.), en particular en el templo de Chavín de Huántar (Ancash), en Pacopampa, Kuntur Wasi (Cajamarca) y en Campanayuq Rumi (Ayacucho), a pesar del predominio del cactus San Pedro (Mezcalina) en esos lugares. Su uso siguió durante el Horizonte Medio (siglos VIII-X d.C.).

Hay registros de dibujos de sus inflorescencias, hojas y semillas en textiles, piezas de cerámica, esculturas líticas y tabletas para uso ceremonial, desde Conchopata, en Ayacucho, Ciudad Tiawanaku, en la Meseta del Collao, hasta San Pedro de Atacama, en Chile. Patricia Knobloch sospecha que los shamanes tiawanaku consumían vilca aspirando su polvo, mientras que los waris la mezclaban con chicha.

En el Ethnologisches Museumde Berlin–Dalhem hay un tapiz wari extraído de Pachacamac, el cual, a pesar de su deterioro, muestra filas de motivos de figuras aladas de perfil con báculos en una de sus manos y en el pecho llevan el ícono de la flor, las hojas y los frutos de la Vilca, lo que indica que era usada en Pachacámac desde la época wari. El uso de Ishpingo, de la Vilca y quizá de otras drogas, explicaría la visión de los shamanes, del dios Pachacámac en forma de animales feroces al momento de consultarle.  

Entonces, es altamente probable que las figuras de “serpientes de dos cabezas del arco iris” y de felinos, del ídolo de madera hallado por Alberto Giesecke en el «Templo Pintado», sean reproducciones de la serpiente y el felino, sobre las cuales escribió Pedro de la Gasca, o de la “culebra muy pintada”, descrita por el cura Joseph de Acosta, como apariencia de Pachacamac.

Los alucinógenos producen también paracusia o alucinaciones acústicas tipo silbidos y pitidos, similares a los que el cura de Acosta alega que oían los “pajes” cuando consultaban al dios.

FIN

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

 

CULTURA LIMA - Tercera Parte

Del 100 a.C. al 750 d.C.
Intermedio Temprano o de
los Desarrollos Regionales posterior a Chavín

Esta parte del mini estudio sobre la Cultura Lima, muestra novedades sobre sus asentamientos en el valle del Rímac, su principal área de desarrollo durante su apogeo y declinacion. Examinamos sitios casi desconocidos para para la mayoría de limeños y peruanos y nos daremos cara a cara con las destrucciones de varios importantes centros arqueológicos esta cultura a manos del propio estado y de instituiones académicas, por ignorancia, intereses políticos y autoritarismo extremo.

1.1.        VALLE DEL RÍMAC                                                                                        

En la zona baja del Valle del Rímac, la Cultura Lima generó un área agrícola de gran importancia de unas 17 mil hectáreas, las cuales eran administradas por los asentamientos:  Maranga, Cajamarquilla, Catalina Huanca y Pucllana.

1.1.1.   La ciudad Lima - Maranga

Aunque no hay prueba arqueológica concluyente, este sitio, con sede en lo que hoy es el campus de Universidad Mayor de San Marcos fue, probablemente una especie de la primera capital de la Cultura Lima, durante el Intermedio Temprano, cuando consolidó su dominio en los cuatro valles. No hay fechado cierto sobre el inicio de la construcción de sus edificios, por lo que solo se cree que habría comenzado cerca del año 400 d.C. hasta que alcanzó condición de ciudad, al igual que Cajamarquilla, entre los años 500 y 600 d.C., durante el inicio del Horizonte Medio.

Los limas levantaron en Maranga cuatro edificios públicos monumentales que hoy están ubicados dentro de los perímetros, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, del Hospital Naval, del llamado Parque de Las Leyendas y de la Universidad Católica del Perú, además de otras instalaciones menores. Son las huacas San Marcos, Concha, Middendorf y Potosí Alto. Alrededor de estas construcciones hubo aldeas donde funcionaban grupos de agricultores, pescadores, ceramistas, textileros y orfebres, como por ejemplo el sitio Huaca 20, de pescadores. No hay que confundir con los vestigios Lima los edificios también monumentales dejados por la posterior Cultura Ychma

Desde Maranga los limas se conectaban por caminos, por el sur, con la Huaca Pucllana y Pachacámac; por el este, con Cajamarquila, Huaca Catalina Huanca y Nievería y, por el norte, con Cerro Culebra, desde donde continuaba hacia Copacabana, La Uva, Media Luna, Playa Grande, Ancón y Cerro Trinidad, este último sitio, en el Valle de Chancay.

El investigador alemán Ernst W. Middendorf, creyó que el vocablo Huadca, uno de los primeros nombres de Maranga, era una derivación de guatan, nombre de la divinidad-oráculo del viento que habría sido venerada en todo el valle del Rímac. De sus deducciones surgió la denominación Huatinamarca, la que luego fue corregida.

Quienes primero registraron los vestigios de Maranga fueron viajeros de fines del siglo XIX. E. George Squier, Thomás J. Hutchinson y Ernst W. Middendorf, hicieron descripciones, planos y fotos. En su tratado sobre restos arqueológicos peruanos, en 1873, Hutchinson mencionó a Maranga denominándola "Huatica". Middendorf identificó los edificios de «adobitos» diferenciándolo de los hechos con tapiales o «adobones».

En 1903, el arqueólogo alemán Max Uhle excavó en la cima de la Huaca San Marcos. En 1925 el arqueólogo ecuatoriano Jacinto Jijón y Caamaño excavó las Huacas San Marcos, Concha y Middendorf; recuperó numerosos restos humanos y sus ofrendas de cerámica, textiles y otros. Ese mismo año, el arqueólogo Alfred L. Kroeber también excavó las huacas Middendorf y San Marcos. Por entonces, la ignorancia atrevida destruyó parte de esta última para construir la actual avenida Venezuela. En 1941, la ignorancia atrevida volvió a la carga y con su poder destruyó también la Huaca Concha para construir el estadio de la Universidad de San Marcos.

Cima de Huaca San Marcos semidestruida por el huaqueo y
abandonada por las autoridades


1.1.1.1.       Huaca San Marcos

Primero fue llamada “Huaca Aramburú”, porque estaba en los terrenos de la hacienda de ese nombre. Hoy, está dentro del campus principal de la Universidad de San Marcos, lo que irónicamente no ha significado su mejor cuidado, recuperación, estudio y puesta en valor, sino daños irreparables.

Por sus dimensiones fue, sin duda, el principal edificio monumental administrativo y ceremonial de la Cultura Lima. Mide 300 m. de largo por 120 m. de largo y 30 m. de altura por lo que es la de mayor envergadura hasta del actual Complejo Maranga y una de las más grandes del Perú Antiguo.

Tiene 5 plataformas con diversos recintos. Sus muros de sostenimiento son de «adobitos» enlucidos y pintados de amarillo. De ella han sido recuperados fragmentos de cerámica roja, tejidos y fardos funerarios.

La Cultura Ychma, la convirtió en cementerio. Los peruanos modernos la destruyeron en parte. Su destrucción parcial se inició a manos de los dueños de las haciendas Concha Maranga, Pando y Aramburú, con la construcción de canales de irrigación que corroyeron sus costados del montículo y el huaqueo de sus tumbas. Después, las autoridades destruyeron su plataforma sur para construir la avenida Venezuela. Luego las propias autoridades destruyeron otras cinco huacas pequeñas para levantar la Ciudad Universitaria de San Marcos. Para edificar el Hospital Naval se destruyó y recortó la plataforma oeste de la huaca y para ampliar el estadio universitario se dañó más.

El caso de Huaca San Marcos constituye uno de los mayores ejemplos de perjuicio estatal contra un monumento arqueológico de primera importancia.

1.1.1.2.    Huaca Concha

Estaba situada frente a la Huaca San Marcos.  Tenía 3 plataformas superpuestas, 284 m de largo por 181 m en su parte sur y 102 metros de ancho en su parte norte, con 26 m de alto.

Los peruanos modernos la devastaron. A comienzos de 1940, durante el régimen del Mariscal Oscar R. Benavides, fue parcialmente demolida en su frente oriental para la construcción de la tribuna occidental del Estadio de San Marcos y a partir de entonces, la consideraron como sitio desaparecido en los registros arqueológicos.

En 1993, durante la primera etapa dictatorial del régimen de Alberto Fujimori, el Ministerio de la Presidencia, autorizó y ejecutó obras de construcción de baños públicos del Estadio de San Marcos. Para eso, con maquinaria pesada abrió dos grandes pozos de los cuales los estudiantes de arqueología, a la desesperada, pudieron recuperar los contenidos de varias tumbas ychma.

Diez años después, hicieron un catálogo con lo recobrado, como un importante recordatorio de la labor que cumplieron los estudiantes de arqueología frente a uno de los más impresionantes actos de destrucción de Patrimonio Arqueológico Nacional por el propio Estado, correspondiente claramente a una dictadura ignorante y abusiva como fue la de Fujimori.

 

Ubicaciones de las huacas lima más importantes en la Ciudad
Universitaria de San Marcos.
 

1.1.1.3.       Huaca Middendorf

Está dentro de esa abominación contra nuestra prehistoria llamado el zoológico Parque de las Leyendas. Fue un edificio de grandes dimensiones.

Con sus excavaciones en 1954, Kroeber recuperó 13 entierros de los que estableció que el patrón funerario fue: individuos extendidos, ya sea decúbito dorsal o en posición lateral envueltos en telas yacientes en camillas de cañas cubiertas con paja. Las tumbas estaban adscritas a por lo menos dos grandes deposiciones funerarias ubicadas en la sección central de la plataforma.

Desde el 2015, el Proyecto Arqueológico Maranga-Lima (PRAMA), en sus dos temporadas, estudio un “conglomerado óseo” humano compuesto por 2 928 restos óseos desarticulados y mezclados, recuperados de tumbas individuales del sector sur central de la plataforma oeste del edificio, donde la incuria humana depositó desmonte de excavaciones antiguas.

Fueron ubicados 49 individuos, 24 adultos y 25 sub adultos, 1 perinatal, 10 infantes, 12 niños y 2 adolescentes (4%). Una muestra final de 8 no resultó representativa de la población adulta.   

Entre los resultados resalta una alta mortalidad de adultos jóvenes y niños menores a los tres años debido a una gran prevalencia de insuficiencia de hierro, tal como se detectó en otras investigaciones en restos de Maranga.   

Los investigadores hallaron diversas patologías degenerativas congénitas y lesiones asociadas a episodios no letales en los restos de los adultos.

 Huaca Potosí

Esta huaca, está registrada como el edificio 19 de Maranga, ubicada cerca de la avenida Venezuela, entre las avenidas Universitaria y Riva Agüero, en el campus de la Universidad Católica del Perú – PUCP. Tiene tres plataformas, 9 m de altura y un largo máximo de 100 m. Está hecho de «adobitos» y presenta una orientación hacia el noreste. Huaca Potosí presenta una ocupación que data desde el Intermedio Temprano hasta el Intermedio Tardío. Los ychmas la convirtieron en un cementerio.

1.1.1.4.       Huaca 20: archivo de una gran catástrofe

El sitio Huaca 20, estuvo dentro de lo que hoy es el Complejo Arqueológico Maranga a partir de la segunda mitad del Intermedio Temprano, aproximadamente el 400 d.C.

Este sitio resultó afectado por un mega El Niño, a partir del 600 d.C., del cual la arqueóloga Ana Mauricio encontró evidencias precisamente en Huaca 20. La La fase 1 de su ocupación se dio con construcciones de adobe, piedra y pisos de arcilla. De esta fase fueron recuperados catorce entierros humanos en posición extendida, pedazos de cerámica de la etapa Lima Medio.

La fase dos se dio al inicio del Horizonte Medio; 550-690 d.C., con vestigios mejor conservados de la etapa Lima Tardío A, como rastros domésticos y funerarios, fragmentos y piezas completas de cerámica de las fases de la cerámica lima. De este segundo momento de ocupación, cuando Huaca 20 era una aldea de pescadores y marisqueros, Ana Mauricio salvó un conjunto completo de sus herramientas, como anzuelos, pesas, malleros y artefactos para procesar sus productos, entre ellos, descamadores, cuchillos, percutores.

Su arquitectura en este tiempo fue modesta, como parte de un sector más grande de aldeas o barrios y talleres de producción.

 

Mauricio ha determinado que alrededor del 600 d.C., Huaca 20 fue casi destruida por una primera gran inundación proveniente del Rímac, parte de un mega El Niño, que abrió un canal de unos 10 metros de ancho, donde quedaron cantos rodados de diversos tamaños, grava, arena y limo.  Sus habitantes la reconstruyeron, pero, una segunda inundación volvió a destruirla, pero ellos ya no repararon los daños. Por El Niño se produjo también un dramático descenso del número de ejemplares de las especies más buscadas de peces, mariscos y moluscos. En resumen Ana Mauricio, plantea como hipótesis que las dos inundaciones que destruyeron Huaca 20 podrían haber sucedido entre el 550 y 690 d.C.

La fase de ocupación tres ocurrió en el Horizonte Medio, cerca al 700 d.C., Un depósito de barro y piedras muestra que los pobladores rellenaron el canal provocado por la segunda inundación para usar el espacio como cementerio, del cual fueron recuperados 159 tumbas que también contenían vasijas enteras y pedazos de las fases Lima 8 y 9.

La fase de ocupación cuatro y última, sucedió también en el Horizonte Medio, del 700 al 780 d.C., a la cual la autora llama Lima Terminal y empata con las fases de la cerámica lima 8, 9 y el estilo nievería.  

Durante esta fase, construyeron, con los mismos materiales anteriores, edificios con ambientes más amplios, con muros de dos o tres filas de adobes, mejor elaborados, pero Mauricio verificó escaso número y variedad de especies marinas, poca cantidad de pesas y anzuelos de lo que dedujo que Huaca 20 no volvió a ser el área de habitación de un grupo de pescadores.

Esta cuarta ocupación de Huaca 20, o Lima Terminal, aún no tiene fechado cierto. Solo se sospecha que corresponde al Horizonte Medio A, tiempo de la agonía de los limas.

No obstante, según Mauricio, Huaca 20 no fue desocupada cuando los lima sellaron y abandonaron sus edificios monumentales; siguió sirviendo para otros usos por cambios en todo Maranga y en la estructura social, económica y política de la Sociedad Lima, aunque no se sabe por qué el sitio fue transformado en cementerio y por qué le dieron después, construcciones más complejas.

1.1.2. Huaca Pucllana

Es un gran vestigio que estuvo abandonado por muchos años, pues la ignorancia y el desinterés de los peruanos modernos por su prehistoria no es grande; es inmenso.  Lo convirtieron en basurero y una de sus zonas hasta fue usada para carreras de motos de campo. Eso se corrigió, en parte, desde 1981, cuando empezó su investigación.

Su área actual es de cerca seis hectáreas; pero, su configuración original abarcaba el triple de esa extensión con edificios de menor tamaño que fueron destruidos para hacer casas, calles y parques.

Inicialmente, destacados arqueólogos extranjeros solo le echaron solo vistazos, pero nada más: Los alemanes Middendorf y Ulhe.  El peruano Julio C. Tello. El cura católico Villar Córdova, Kroeber y Patterson, también la revisaron y solo recogieron algunos pedazos cerámicos. Luego cayó en abandono y las inmobiliarias y hasta las autoridades empezaron a depredarla. Tello se opuso, pero no le hicieron caso. Recién en 1967 empezó el rescate de lo que quedaba.

 

Vista aérea de Huaca Pucllana, Miraflores, Lima

 Fases ocupacionales. El sitio tuvo tres ocupaciones prehispánicas: la primera, del 400 al 700 d.C. (Intermedio Temprano o de los desarrollos regionales); La segunda, la ocupación wari como cementerio de sus funcionarios imperiales, del 800 al 900 d.C., con ofrendas y restos de sacrificios de adultos y niños y, finalmente, la ocupación ychsma, entre los años 1 000 y 1 532, durante el Horizonte Tardío; siguió como cementerio con una aldea en su derredor.

Como centro ceremonial de la Cultura Lima, Huaca Pucllana fue contemporánea de otros sitios como Maranga, Cajamarquilla, Pachacámac, Catalina Huanca, Copacabana, Cerro Culebra y otros.

El edificio principal. «Huaca Pucllana» tiene siete plataformas superpuestas, con tres fases constructivas: La primera, de tapiales; la segunda, de adobes paralelepípedos cuadrangulares y; la tercera, durante Lima Tardío, con el uso de «adobitos» y la «técnica del librero», cuando alcanzó su altura maxima de 25m.

Su construcción habría empezado lentamente en el año 200 d.C. y tuvo plena vigencia hasta el 700 d.C. Tiene varios patios, plazas y recintos. Su planta es rectangular con rampas de acceso en zig zag, pasadizos rectos y está orientado de suroeste a noreste. En su actual cima hay patios con estructuras escalonadas pintadas de amarillo. Para remodelarlo, destruían muros, rellenaban los ambientes y construían nuevos, en función de sus actividades ceremoniales agroganaderas, de pesca y de culto a sus dioses con entrega de ofrendas de artefactos y sangre. Aplicaban los mismos o nuevos diseños. Se sospecha también remodelaron en cada ascenso de nuevos curacas. La ampliación del edificio se realizó de sur a norte y en forma vertical.

 

Representación de un pagapu o pago a la tierra por los limas en Huaca Pucllana.

 Un caso del ritual de remodelación. Antes de mejoras en el edificio, los pucllanenses realizaban rituales con sacrificios humanos, banquetes, perforación de hoyos para ofrendas y roturas de vasijas, para agradecer a sus dioses por su bienestar, esto, durante los últimos 200 años de los limas.  

El arqueólogo peruano Nilton Ríos Palomino, en su artículo Evidencia de rituales de clausura y renovación arquitectónica en una plaza de Huaca Pucllana , expone el caso de sellado de una plaza con banquetas de Pucllana, al inicio del Horizonte Medio y su reemplazo por otras tres de menor tamaño.

Los rituales. Nilton Ríos ha establecido que toda la obra fue un acontecimiento local que implicó siete actividades rituales a cargo de muchas personas.

Primero, acondicionaron el espacio para un gran banquete, asignando espacios   para seleccionar, destazar, limpiar insumos, cocinar los alimentos, elaborar artefactos, refaccionar muros, banquetas, pisos y perforar hoyos de ofrendas.  

Después realizaron el banquete en sí, en un ambiente festivo, pero ceremonial, con la participación de los aportantes de los insumos: pescadores, agricultores, ganaderos, comerciantes, artesanos y demás pobladores que aportarían la mano de obra necesaria. Se estima que pudieron concurrir no menos de mil personas, siempre y cuando el consumo se desarrollara en una sola oportunidad.

Un alimento principal debió ser la chicha, otros líquidos sustanciosos y, probablemente, sustancias alucinógenas. No se sabe cuánto tiempo duró el banquete y si participaron elites de otros asentamientos. Se cree que después del banquete se procedió a romper vasijas consagradas como ofrendas.

Después, como tercera actividad limpiaron los deshechos del banquete – restos orgánicos, utensilios alfareros, líticos y toda la parafernalia utilizada– lanzándolos desde la parte alta de la rampa, mientras músicos entonaban temas con antaras. También fueron arrojadas cuentas de moluscos, de huesos de aves, fragmentos de minerales exóticos.

Luego incendiaron los restos de servicios y estructuras provisionales. El fuego habría durado varios días. La quemazón puede visualizarse hasta hoy en las superficies de pisos y muros. Es posible que el siniestro haya sido acompañado con música, oraciones, cánticos, gritos, etc.

 

Prehistoria y modernidad en Miraflores, Huaca Pucllana

 Como quinta actividad limpiaron las instalaciones interiores de la plaza. Los desechos fueron arrojados sobre la primera deposición de materiales descartados. La sexta actividad fue la destrucción de los muros, banquetas y todas las demás estructuras. Rellenaron la plaza y su rampa de acceso con los restos de su demolición, gran cantidad de pedazos de cerámica, huesos de pescado, de aves, camélidos, venados, roedores, batracios, quirópteros, restos de moluscos, crustáceos, de plantas, bastantes adobes rotos y fragmentos de mampostería y de banquetas.

La séptima y última actividad fue el sellado del relleno con gran cantidad de grava y arena, tras lo cual construyeron dos espacios abiertos, uno rectangular con 70 postes en su interior y otro en forma de «L», emplazado en la parte alta. Hacia el oeste hicieron otro ambiente rectangular a modo de corredor que estuvo techado pues tenía 28 hoyos para postes.

Ríos Palomino, señala que los nuevos ambientes ceremoniales fueron importantes, pues sirvieron para el «ritual de los hoyitos», que consistía hacer huecos en los pisos, banquetas y muros, para colocar ofrendas de cuentas, abalorios y fragmentos de cuarzo. Esta obra significó el reemplazo del modelo de amplias plazas con banquetas, por espacios más pequeños sin banquetas como para acoger menos personas.   

Otros hallazgos. En la zona sur de la cima fueron halladas varias tumbas de personajes de la elite lima, adultos y niños, colocados en camillas con escaso ajuar funerario.  

Correspondiente a la fase constructiva II de Pucllana, fueron hallados los contextos funerarios de un adulto varón, dos mujeres y cuatro niños.

Después, fueron recuperados tres entierros dobles en los que, al lado del individuo principal estaba otro sentado al costado o sobre aquél, como acompañante con dos vasijas del estilo nievería y otras del estilo lima tardío. La mayor parte de los restos humanos corresponden a sacrificios humanos, en su mayoría mujeres y en menor número, varones y niños.

Las osamentas han revelado que los sacrificaron con mucha violencia y sobre sus cadáveres arrojaban pedazos de vasijas de gran tamaño.

En el año 2007, en la plataforma superior descubrieron los restos óseos de un varón y una mujer sacrificados, cuyos cuerpos fueron utilizados como relleno constructivo de una remodelación, antes del abandono del sitio. El varón estaba sobre una camilla de cañas en posición decúbito dorsal teniendo cerca una olla grande que contenía un mate y una cesta de junco. Su vestimenta era de mejor calidad que la de la mujer y presentaba huellas de lesiones en combate. A unos treinta centímetros estaba la mujer, en posición decúbito ventral extendida, con sus manos cubriendo su rostro, sin restos de vestimenta. Tenía huellas de parto y signos de intenso trabajo textil en las manos. En el 2010 fue recuperado el entierro de un hondero lima, es decir de un guerrero.

Cerámica. José Ccencho Huamaní, uno de los consagrados investigadores de Huaca Pucllana, en su informe, Tradición y cambios en la cerámica lima de Huaca Pucllana,, para seguir la ruta de la evolución de la cerámica Lima en Pucllana, asumió una cronología constructiva del edificio de cinco fases, entre las que distribuyó toda la colección cerámica recuperada y clasificada por su principal investigadora, la arqueóloga Isabel Flores, en cinco grupos: Naranja, Gris, Marrón, Fino y Nievería.

Del contenido del gráfico supra Ccencho Huamaní concluye que los alfares Pucllana Naranja, Gris, Marrón y Fino, prevalecieron en toda la ocupación del sitio y el «Nievería» solo apareció en la Fase Constructiva III, coexistiendo con las demás hasta el final. Cada alfar sufrió cambios tecnológicos, morfológicos, decorativos y de uso, pero los pucllanenses no abandonaron por completo su tradición primigenia.

Finalmente, Ccencho afirma los cambios en la arquitectura de Pucllana están relacionados con las modificaciones de la cerámica, en tres momentos. El primero –Fases Constructivas I y II–, determinó un edificio de tamaño pequeño, el predominio del alfar Pucllana Naranja con pasta de pocos temperantes y figuras de trazos bien ejecutados. Las formas de las vasijas son cuencos y pocos cántaros grandes. De esto infiere que los trabajos constructivos y alfareros eran de poca escala y aunque con especialistas, tardaban mucho.

El segundo momento –Fase constructiva III–, corresponde al edificio de tamaño monumental. El alfar Naranja tuvo más temperantes, su forma fue de grandes cántaros con decoración de mala calidad. Casi al terminar esta fase apareció el alfar Nievería, elaborado por especialistas. Esto implicó que la construcción y la alfarería se realizaban más rápido y con mayor personal.  

 

Colección cerámica Lima recobrada en Huaca Pucllana (Museo de sitio)

El tercer momento –Fase Constructiva IV–, fue el cese drástico de la construcción monumental; al remodelar los constructores redujeron el grosor de los muros y el volumen de los espacios y empezó el abandono gradual del lugar. La calidad de la cerámica nievería decayó y asumió formas y figuras relacionadas a wari.

La cerámica recolectada en Huaca Pucllana se caracteriza también por el uso de tres colores: rojo, blanco y negro, motivos marinos como tiburones, olas, lobos de mar, anguilas, pulpos.

Alimentación y estatura. La dieta de sus habitantes incluía productos marinos, maca, maíz, frejoles, etc. El hallazgo de huellas plantares de hombres de Pucllana, permitió determinar que su estatura máxima fluctuó entre 1.50 hasta 1.60 ms. No se han hallado restos de viviendas de gente común.

Centro de culto al mar y al tiburón. Una apreciable parte de los limas fue pescadora. Por eso, Huaca Pucllana fue un centro ceremonial de culto al mar, veneración que se centró en el tiburón, otros peces, lobos marinos y anguilas, cuyas imágenes fueron dibujadas en su cerámica. Por eso, el ícono del tiburón es constante en las vasijas a pesar de los cambios arquitectónicos. Una de ellas es un cántaro de gran tamaño con la figura de un tiburón que fue colocado sobre el piso de un recinto que después fue sellado como parte de una remodelación.

Los de Pucllana también consumía carne del escualo, sobre todo en banquetes rituales cuyos restos fueron hallados en sus basurales. Se sospecha que los banquetes con tiburón fueron reuniones rituales a las que asistían solo jerarcas y sus allegados porque estaban vinculados a la práctica de sacrificios de mujeres. El ícono del tiburón también aparece en textiles de ajuares fúnebres.

 

Pieza cerámica con motivo del Tiburón, encontrada en Huaca Pucllana

 

Control de la pesca, el agua de riego. La fuente de agua dulce de Pucllana era el canal Surco, derivado del Rímac, que también permitía la agricultura circundante. El curaca lima de Pucllana controlaba la pesca en la bahía próxima de Chorrillos, el suministro de agua de riego y el aprovechamiento de las lomas circundantes, así como el paso hacia los pantanos detrás de Lomo Corvina y hacia el valle de Lurín, en particular hacia la Tablada y Pachacámac.

1.1.3.   Ciudad de Cajamarquilla

El área de Huachipa fue de amplio desarrollo de la Cultura Lima. Pero, el sitio más grande fue la ciudad de Cajamarquilla, una de las más extensas de la costa central. En su apogeo tuvo unas 167 hectáreas, sobre las cuales construyeron edificios públicos monumentales administrativos y de culto con recintos, así como viviendas y almacenes.

El área fue ocupada continuamente desde el Horizonte Temprano, el Intermedio Temprano, el Horizonte Medio, el Intermedio Tardío y el Horizonte Tardío.

Cajamarquilla y el cementerio de Nievería se encuentran en un cono de deyección en la margen derecha del Rímac, en el límite entre el valle medio y el bajo, rodeadas por el gran macizo del cerro Camote al norte (el de mayor altura), la quebrada de Jicamarca al noreste y el cerro Matabuey al sur.

Cajamarquilla es la segunda ciudad de barro más importante después de Chan Chan. Actualmente se halla en el distrito Lurigancho–Chosica, a 340 m.s.n.m., en la provincia de Huarochirí.  

Se cree que fue un importante centro comercial, cultural y de culto de las culturas Lima e Ychsma, entre los años 600 a 1450, nexo entre la gente de la costa y de las zonas altoandinas de Junín, Ancash, Huánuco, Pasco, Huancavelica y Ayacucho.  No hay indicios de que haya sido un centro administrativo del imperio Wari.

Su construcción como ciudad empezó alrededor del año 400 d.C. Tiene 11 edificios monumentales principales rodeados de numerosas viviendas de una sola planta, de forma rectangular. Esta disposición espacial ha contribuido a que se la llame también «El Laberinto».

Sus edificios de plataformas superpuestas escalonadas son de adobe; muestra calles anchas, grandes plazas ceremoniales, terrazas, cementerios, silos subterráneos para granos, canales y numerosos recintos y edificios cuyo uso no se conoce y que están bastante deteriorados por los terremotos.

 

Vista aérea de patios y recintos de la ciudad lima de Cajamarquilla

 Sectores. La ciudad ha sido arbitraria y desordenadamente dividida en sectores que llevan el nombre de sus investigadores: cuatro conjuntos formados cada uno por un edificio principal rodeado de edificaciones de una planta  y una plaza han sido nombrados como Pedro Villar CórdovaJulio César TelloCarlos Pellegrino SestieriJorge C. Muelle. Como Alfred Kroeber y Raoul d'Harcourt, fueron bautizados, respectivamente, dos recintos amurallados que también tienen un edificio principal, subdivisiones tipo laberinto y estructuras que no forman parte de ningún otro conjunto.

A dos kilómetros de distancia se levanta la «Huaca Trujillo» y en las inmediaciones de ésta se halla el cementerio de Nievería, lugares estrechamente relacionados con Cajamarquilla

Los investigadores calculan que Cajamarquilla fue abandonada definitivamente a fines del Intermedio Tardío por los ychma, debido a terremotos y otros desastres climatológicos. Sus ocupantes lima dejaron vestigios alfareros de las fases lima 7, 8 y 9, es decir de la etapa tardía o final de esa cultura, en su mayoría, ollas, platos y cántaros para preparación y almacenamiento de alimentos con decoraciones en colores  rojo, blanco y negro para líneas verticales, zigs zags, olas, volutas y grecas.

El conjunto Julio C. Tello. Está en el noreste de la ciudad, cerca del cauce seco de la quebrada Huaycoloro. Ha sido muy saqueado, pero es el más investigado, desde el trabajo de Cirilo Huapaya entre 1944 y 1945, supervisado por Julio C. Tello. Continuó su indagación la Misión Arqueológica Italiana (MAI), entre 1962 y 1972, y la prosiguió el Proyecto Arqueológico Cajamarquilla (PAC), entre 1996 y 1997, cuyo personal levantó su plano detallado. Su arquitectura es lima con varias remodelaciones, las últimas de las cuales corresponden a la posterior Cultura Ychma del Intermedio Tardío (1 000-1470 d.C.)

 

Panorámica del Edificio Tello, en la ciudad de Cajamarquilla

El conjunto tiene planta trapezoidal de unas 8 hectáreas, en la cual predomina un gran edificio monumental de casi 7 metros de altura formado por cuatro plataformas cuadrangulares superpuestas y escalonadas. A su alrededor hay recintos ortogonales y una plaza principal hacia su lado suroeste.

En los recintos situados detrás de la parte posterior del edificio hay silos en el subsuelo en forma de botella de donde extrajeron material para construir el complejo. El acceso a la gran plaza tiene forma de greca y en ella Cirilo Huapaya y su equipo hallaron ofrendas de cerámica lima rota ex profeso.

En la plataforma más alta encontraron tumbas de superficie abiertas, cuyos restos estaban desperdigados junto a algunos tiestos y otras ofrendas. Al excavar Huapaya encontró más tumbas y recobró restos óseos de siete adultos y de un infante, dispuestos en posición extendida y decúbito dorsal. Varios de los restos de adultos tenían incompleta la mitad superior, de lo cual dedujo que fueron entierros secundarios colocados, en su mayoría, sobre camillas de madera. Uno estaba envuelto en esteras de totora. En las tumbas había pocas vasijas, algunas cuentas, conchas, mates pirograbados y cerámica en pedazos. Algunas vasijas contenían restos orgánicos o estaban quemadas, pero había piezas decoradas. Extraordinariamente, Huapaya pudo identificar fragmentos cerámicos mochica, una taza chanka y algunas piezas nievería.

La Misión Arqueológica Italiana, 24 años después de Huapaya, entre 1968 y 1971, encontró otras diez sepulturas simples en fosas con una profundidad entre 1 y 1,5 metros, cuatro de ellas intactas; también halló siete cámaras funerarias hechas con bloques de quincha y argamasa de barro con sus paredes y pisos enlucidos. En este tipo de inhumación los individuos estaban en posición extendida decúbito dorsal con sus cráneos hacia el oeste y dispuestos sobre camillas. Los restos de un individuo estaban en posición semiflexionada, sobre una camilla. La mayoría de estas tumbas estaban disturbadas con pocos objetos asociados. Cerca de los colocados en camillas había cerámica del estilo nievería.

Bajo la dirección de Juan Mogrovejo, el Proyecto Arqueológico CajamarquillaPAC, entre 1996–97 estableció que el edificio principal de conjunto Tello tuvo tres fases constructivas: i) Construcción de la primera estructura principal y pequeños recintos aledaños, celebrada con bastante chicha de maíz; ii) Construcción de un enorme patio cercado por muros de tapial pintados de amarillo de 5 metros de alto  y sus respectivos accesos; iii) Rellenado del gran recinto y la edificación de un cerco de «yapana» enlucido y pintado de  blanco. Se cree que el nuevo patio corresponde a cuando el edificio principal ya había sido abandonado y pudo haber estado techado, pues hay vestigios de postes.  

Después de eso, los pastores construyeron sus viviendas de planta circular en la plaza hasta que un terremoto los desalojó.  El sitio fue convertido en cementerio hasta fines del Horizonte Medio 2, es decir durante el dominio de los waris.

En noviembre de 2021 gente del PAC halló una tumba con los restos momificados, probablemente de un jerarca del sitio. El vestigio estaba bien conservado envuelto en tejidos de algodón y atado con soguillas. La investigadora Yomira Huamán, de la Universidad de San Marcos, determinó que la momia corresponde a un varón de entre 35 a 40 años de edad, de origen altoandino y cuya antigüedad dataría del 1 021 d.C, final del Horizonte Medio o del eclipse del imperio Wari. La prensa lo bautizó como el «Señor de Cajamarquilla».

 

Momia recuperada de Cajamarquilla, probablemente perteneciente un jerarca wari

 

Al año siguiente, en febrero de 2022, el mismo equipo de arqueólogos recuperó de cerca a la tumba del líder, ocho fardos funerarios que contenían restos de  niños, así como restos óseos humanos dispersos de adultos, algunos con signos de muerte violenta. Los arqueólogos sospechan que fueron víctimas de sacrificios rituales, como acompañantes del curaca zonal en su viaje al más allá.

Resumiendo: el número de restos en posición extendida recuperados del edificio Tello es notable: 31 tumbas entre unipersonales y colectivas. Se calcula que en total habrían sido, por lo menos unas 60 con estrecha vinculación a la cerámica nievería. No se conoce mucho hasta el momento de los hallados en posición flexionada.

A pesar de los trabajos del PAC desde 1996, solo han excavado el uno por ciento de ciudad Cajamarquilla, lo que quiere decir que poco o nada se sabe de los conjuntos arquitectónicos restantes y otros edificios menores.   

 

1.1.4.   Huaca Catalina Huanca

Este importante sitio arqueológico lima, está muy amenazado dentro de la propiedad de la empresa Arenera San Martín de Porres, en el distrito de Ate, de la provincia de Lima.

Fue un centro ceremonial que fue construido, aproximadamente, a partir del año 550 d.C. probablemente como parte de la política de respuesta del alto mando lima a los estragos de un destructivo mega El Niño y a la post disponibilidad de abundante agua y tierras fértiles.  Del 2006 al 2008, los edificios 6 y 7 de Catalina Huanca fueron bien investigados por Miguel Cornejo Guerrero y su equipo, por encargo del entonces Instituto Nacional de Cultura.

 

Estado actual de los restos de la Huaca Catalina Huanca,
 en Ate, casi devorada por la codicia.

 

Su denominación deriva del nombre de la curaca de San Jerónimo, Catalina Apu Alayo, quien pernoctaba en el sitio antes de ingresar a Lima con sus recuas de mercadería y, según, Ricardo Palma, hasta con “cincuenta acémilas cargadas de oro y plata”.

Los dueños de la arenera incumplen hasta hoy la orden de un juez para que las autoridades verifiquen constantemente el estado del vestigio y realicen su recuperación.

Los arqueólogos Erik Maquera y Milagros Esteban, en su ensayo InvestIgacIones arqueológIcas en CatalIna Huanca, un asentamIento de la socIedad Lima tardío, –2014, revisaron a fondo los trabajos de Cornejo y su equipo, así como de otros autores y lograron establecer una narrativa fundamentada sobre el inicio, desarrollo y ­final de la construcción de CH y, lo que es más valioso y de suma importancia, la historia aproximada de los procesos políticos de la sociedad Lima Tardío, así como de lo que ocurrió con esos procesos en el valle medio del Rímac durante el Horizonte Medio 2, 3 y 4, durante el dominio del imperio Wari. Veamos primero la trayectoria de CH.

Ubicación. Catalina Huanca está en el distrito de Ate, en la margen izquierda del valle medio del Rímac, donde están las bocatomas de los grandes canales de irrigación del valle: Ate, Surco y Huachipa, los que abastecían a los grandes asentamientos Lima como Huanchihuaylas, Cajamarquilla, Huaca Nievería, Huaca Trujillo A y B, Huaquerones y Granados. Eso hace sospechar que, los lima construyeron Catalina Huanca para controlar directamente el flujo de agua de riego en la zona media y baja del valle.

Su emplazamiento es una quebrada formada por los cerros Huaquerones y Catalina Huanca. El suelo y subsuelo de la quebrada es de arena gruesa, recurso que ha sido explotado desde 1950 por la empresa Arenera San Martín de Porras como cantera, dañando irremediablemente gran parte del asentamiento al formar hondos acantilados de hasta 80 metros de profundidad que han convertido la zona arqueológica en una meseta arti­ficial, en peligro de colapso.

Maquera y Esteban, en su informe del 2014, remarcan una verdad lamentable: desde que empezaron las exploraciones arqueológicas en el valle del Rímac, hasta 1953, ningún investigador visitó y ni siquiera reportó la existencia de Catalina Huanca, en varios casos, a sabiendas y a pesar de que hasta antes de 1950 era posible acceder al sitio sin problemas. Entre los desdeñadores anotan a Middendorf (1894), Max Uhle (1907), Wiener, Squier, Julio C. Tello y Villar Córdova (1935).

Según Maquera y Esteban, Catalina Huanca fue excavado por primera vez en 1953 por Louis M. Stumer, quien la consideró un gran centro ceremonial. En sus excavaciones en el edificio 6, halló tumbas intrusivas con individuos flexionados y cerámica lima tardío. En el cementerio adyacente al edificio central, Stumer recuperó alrededor de 50 tumbas con restos en posición extendida, acompañados de cerámica maranga clásico.

La arquitectura de Catalina Huanca. Cuando Miguel Cornejo investigó el lugar tenía un área de cerca de 17 hectáreas. Pero, en su apogeo debió tener unas 30 hectáreas. En las faldas de los cerros de los flancos aún quedan vestigios no afectados por la empresa arenera.

Catalina Huanca tuvo un edifi­cio principal, siete secundarios, dos plazas hundidas, dos plataformas, varios patios menores, depósitos y tres cementerios, uno lima y dos intrusivos posteriores. También tenía una estructura circular de piedra canteada, de 18 metros de diámetro, ubicada en la plataforma 2.  Fue construida sobre estructuras previas de la etapa Lima Tardío. Se sospecha que no figuraba en el diseño inicial del lugar y que fue hecha por una necesidad surgida después. Catalina Huanca también tiene un probable sector residencial.

Excepto la estructura circular, el resto fue construido íntegramente con la técnica del tapial con un diseño espacial planificado y altamente ritualizado.

Reserva y seguridad. Su edificio 5 funcionaba como una tapadera o camuflaje que no permitía tener una visión profunda de lo que había en el interior de la quebrada.

CH tuvo dos ingresos, uno bastante restringido a través de este edificio por el que se accedía a la Plaza 2 y al edifi­cio principal a través de un camino amurallado. El segundo ingreso era más directo, pero también controlado, ya que permitía la entrada del público a la Plaza 1 por un estrecho vestíbulo. Esta plaza tiene un área de 160 metros de largo por 80 metros de ancho.

Monumentalidad ceremonial del edificio 1. El diseño monumental y ceremonial se nota a partir del edificio 1, el cual mide 33 metros de alto, 420 metros de largo y 130 metros de ancho y está conformado por siete plataformas.

La Plataforma 1 tiene un camino amurallado y elevado que llevaba al cuerpo principal del edi­ficio. Las plataformas 2, 3, 4 y 5 son grandes patios con recintos en un eje consecutivo a lo largo del edifi­cio 1, mientras que las plataformas 6 y 7 se encuentran en posición lateral.

La sucesión de estas plataformas es similar a las de las huacas San Marcos y Pucllana, edificaciones de plantas alargadas que, en algunos casos, presentan grandes recintos o patios anexos, patrón que se repite en Huaca Culebras y en el Conjunto Tello de Cajamarquilla. Su Plataforma 7, es rectangular y está dividida en 18 almacenes. Un patrón arquitectónico similar fue hallado en el edificio 7 del mismo lugar.

Gigantesco saqueo. En el edificio 1 los ladrones de tumbas dejaron un enorme forado de 40 metros de diámetro y 10 metros de profundidad en la Plataforma 3, el cual expone su estructura interna. Se sospecha que el robo se produjo en la década de los treinta, pues en otro hueco del edificio 7 los investigadores hallaron palas, botas, ropa, botellas y papel periódico de esa década.

El edificio 1 demandó una gran inversión de trabajo porque además de su proyección hacia arriba, a su lado este hay cinco patios sucesivos de dimensiones regulares, que bajan a desnivel de acuerdo a la inclinación de la quebrada y están cercados por una gran muralla que divide la zona monumental de una extensa área plana, presuntamente de viviendas de material perecible.

Adosado al edificio 1 también hay un cementerio rectangular, de 55 metros de ancho por 40 metros de largo, también con gran cantidad de pozos de huaqueo. Ahí, Stumer recuperó 50 tumbas con restos en posición extendida asociados a cerámica maranga. No hay otro cementerio similar de la Sociedad Lima, pero sí en la mochica.  

Aunque los otros edificios de CH están sin investigar, se sospecha que este tipo cementerio es único, pues en los edificios 6 y 7, no fueron ubicados nuevas tumbas. Así, el cementerio del edi­ficio principal apunta a dos hechos: 1) los enterrados fueron de la elite, 2) una proclama de que a los jefes lima les corresponde legítimamente la arquitectura del poder.

Los edificios 6 y 7. La investigación de esos edificios mostró un trabajo extraordinario de los lima. Antes de construir el centro monumental, desempedraron toda la quebrada, la nivelaron y colocaron un piso basal especial de arcilla amarilla para que los tapiales de los edi­ficios no cedieran en la arena de la quebrada.

Edificio 7. Como los demás este edificio tiene esta base especial y artificia. Su planta es rectangular, con un gran patio delantero con banquetas, un recinto principal con postes de madera, compartimientos secundarios de menor tamaño, pasadizos, reservorios de agua y almacenes. Por su tamaño es el segundo edi­ficio del lugar, con 107 metros de largo, 72 de ancho y 8 metros de altura. Está seriamente afectado por el huaqueo. Tiene 131 espacios: 91 recintos, 16 patios, 10 pasadizos, 14 almacenes y 4 frontis. Su patrón arquitectónico fue el mismo en cinco fases constructivas. A su lado se establecieron pobladores ligados a la cerámica lima tardío y nievería. Después, en el sitio habitacional fue levantado el edificio 6.

 

Gran patio del edificio 7 de Catalina Huanca

 

Datación cerámica de Catalina Huanca. En todas las fases constructivas del centro monumental predomina la cerámica lima tardía y en menor proporción la nievería, de lo que Makera y Esteban deducen que Catalina Huanca fue una gran obra pública lima correspondiente al Horizonte Medio 1, es decir cuando la cultura ayacuchana Huarpa experimentaba los cambios ideológicos y políticos que originaron el imperio wari.

La mayoría de formas de tiestos recuperados en los edificios 6 y 7 son: ollas grandes, cancheros, platos, cuencos, ollas utilitarias, botellas y vasijas escultóricas, entre las cuales sobresalen piezas antropomorfas y zoomorfas de gran tamaño, representando camélidos, lobos marinos y tiburones.

El final de Catalina Huaca con sacrificios humanos. Maquera y Esteban están seguros de que del año 700 a 750 d.C., ocurrió el colapso de la Cultura Lima, apoyándose en cálculos de Patterson, Mogrovejo, Makowski y Kaulicke. Fue en esa aciaga etapa que los edi­ficios 6 y 7 fueron abandonados y recubiertos con un relleno de clausura, producto de sus desmantelamientos para que tuvieran la apariencia de montículos naturales.  

Sacrificios humanos. La intencionalidad se manifestó en el hecho de que, sobre el relleno de clausura del edificio 7, fueron enterrados 21 personas presuntamente sacri­ficadas y, al menos, tres individuos más en el edificio 6. Sus restos tenían las manos atadas con cuerdas a sus espaldas, las que también rodeaban sus cuellos. Estratigrá­ficamente los sacrificados corresponden a inmediatamente después de la clausura de los edifi­cios y dos de ellos tenían ofrendas de cerámica lima tardío.

 Misteriosos cambios sociales. El contexto del abandono de CH y de otros importantes sitios Lima fue, sin duda, un proceso inexorable de grandes cambios que experimentó esta sociedad por razones que aún no están bien claras y a las que no pudo enfrentar positivamente cayendo en colapso y desaparición.

Dos fechados radiocarbónicos obtenidos de fogones de la última fase constructiva del edificio 6 y ocho fechados similares de contextos funerarios intrusivos posteriores a su clausura, indican que este edificio fue abandonado alrededor del año 700 d.C., luego de lo cual, sus ruinas fueron reutilizadas como cementerio hasta el año 1 000 d.C.

No hay fechados de los demás edifi­cios de Catalina Huanca, pero se sospecha que todo el asentamiento fue abandonado al mismo tiempo.

Con base en el examen detallado de CH y, en particular, de sus edificios 6 y 7 Maquera y Esteban han definido el inicio, desarrollo, ­final de su construcción, de los procesos políticos de la etapa lima tardío, así como de lo que ocurrió después en el valle medio del Rímac durante el Horizonte Medio 2, 3 y 4.

El hilo de esta especie de epílogo de la Cultura Lima, parte de su etapa Lima Medio, cuando fueron construidos Maranga, Huaca Pucllana y Copacabana. Sigue en la etapa Lima Tardio, cuando, con base en las evidencias anotadas los limas decidieron construir Catalina Huanca tras concebirlo como proyecto constructivo planifi­cado que ejecutaron desde inicios del Horizonte Medio.

Escondido centro ceremonial monumental. Contra la categorización de otros sitios monumentales lima como ciudades, Maquera y Esteban consideran que Catalina Huanca no fue un centro urbano sino, principalmente, un enorme centro ceremonial por el gran énfasis de su arquitectónica ritual y su enorme extensión de unas 30 hectáreas, en una quebrada escondida de acceso muy controlado, dotado de extensas plazas delanteras conectadas por un camino elevado amurallado que daba acceso al edi­ficio principal.  

Los investigadores perciben que en CH, los lima aplicaron totalmente la función política–social de la arquitectura monumental de garantizar la constante reproducción del orden social y su estructura de poder, manteniéndola también con eventos de consumo masivo. Esta función cesó abruptamente a comienzos del Horizonte Medio 2, cuando los limas clausuraron sus ciudades y centros ceremoniales con ritos de sacrifi­cios humanos. Hasta hoy, este trance solo ha sido mencionado unánimemente, sin que nadie consiga dilucidar sus causas.

Esto es un gran vacío en nuestra prehistoria teniendo en cuenta que, los daños producidos por un probable segundo mega El Niño, no fueron la causa del abandono del asentamiento y por lo tanto no deben asociarse, necesariamente, con el colapso de la entidad política Lima. La reutilización como cementerio del edificio 6 de CH por una población local del Horizonte Medio 2, 3 y 4 señala una continuidad cultural, a pesar de la adopción de rasgos culturales wari.  

Otro mega El Niño después del abandono. Como una ocurrencia después de los sacrificios humanos y del abandono total del edificio 6, también se identificó en él sedimentos de limo generados por grandes inundaciones y huaycos, los que terminaron depositados en los patios con 1,5 metros de grosor, como consecuencia de un evento de El Niño y terremotos que debieron suceder entre los años 700 y 750 d.C. Estos rastros han sido hallados también en el «Templo Viejo» de Pachacamac y en Cajamarquilla.

Estos datos son importantes, porque muestran que las intensas y prolongadas lluvias, con desbordes, inundaciones y huaycos, productos del Fenómeno El Niño, registrados durante la primera mitad del siglo VIII, fueron posteriores al colapso lima y no, necesariamente, fueron causa del colapso.

 La conversión del edificio 6 en cementerio. Pero el rastro histórico continuó, a partir del 750 d.C. con la reutilización del edificio 6 como cementerio por la población local que ya mostraba características de la dominación del imperio Wari, durante el Horizonte Medio 2, cuando el imperio Wari se había expandido, primero hacia Nasca y avanzaba incontenible posesionándose de la sierra central sur y la costa central, construyendo centros administrativos urbanos como Pikillacta, en Cusco. A este momento prehistórico corresponde el cementerio en las ruinas del edificio 6.

Las tumbas intrusivas son de dos tipos: fosas y estructuras de adobes y corresponderían a una población que se asentó fuera de las ruinas de Catalina Huanca. Pero, la cerámica siguió siendo de los estilos lima y nievería, con el agregado de piezas de Pachacamac, Cajamarca y de otras alfarerías foránes, vinculados a textiles wari y tiahuanaco. En la cerámica doméstica aparecieron ollas de cuello corto divergente de pasta marrón sin decoración, similares a las modestas vasijas del posterior estilo ychsma. Es importante el hallazgo de una corneta de madera tallada, presuntamente con la representación humana del dios Pachacámac.

Las vinculaciones percibidas indican que la población se estaba adaptando a los patrones culturales wari, manteniendo aún rasgos culturales lima, a la vez que desarrollaba nuevos patrones locales. Según fechados radiocarbónicos obtenidos de restos funerarios del Edificio 6, esto ocurrió en el lapso del año 700 al 1 000 d.C., es decir en el Horizonte Medio, fases 2, 3 y 4, es decir, el apogeo, la declinación y la disolución del imperio wari.  

 

1.1.5.   Cementerio y Huaca Nievería

El cementerio. Se cree que fue un cementerio adyacente a la Ciudad de Cajamarquilla en tiempos de los limas. Hoy esta en la zona árida circundante a la huaca o edificio Nievería y ha sido saqueada por ladrones de tumbas. El cementerio tiene planta circular cuyo centro presenta hoyos de gran diámetro.

En 2023, algunas instituciones hicieron trabajos de limpieza del lugar retirando residuos sólidos, vegetación invasiva cultivada y natural, que afectaban la integridad del vestigio. Un año después, la Municipalidad Lurigancho–Chosica cumplió con cercarlo para protegerlo. No obstante, no hay mucha información arqueológica sobre el sitio.

Se cree que el edificio corresponde al Intermedio Tardío, Tiempo de la Cultura Ichma, dadas las características de sus muros de tapia. Ha sufrido daños mayores, puesto que parte de su sección sureste ha sido nivelada.

Su ubicación exacta recién fue determinada en 1974 por Carlos Milla y Mercedes Cárdenas, al elaborar el catastro del valle del Rímac.  Su edificio principal es de adobes y adobitos. Está a 390 m.s.n.m. y su área era de 100 por 300 metros, en la margen izquierda de la quebrada Huaycoloro que lo separa de Cajamarquilla.

La Huaca Nievería fue renombrada porque en sus sepulcros fue hallado uno de los conjuntos de vestigios más famosos de la arqueología peruana. Su ubicación y documentación demoró mucho respecto a otros sitios.

Está situado cerca del actual asentamiento humano Praderas de Huachipa, en el distrito de Lurigancho–Chosica, en la provincia de Huarochirí, departamento de Lima. Desde la colonia, fue un sitio intensamente atacado por ladrones de tumbas prehistóricas.

A principio del siglo XX, Max Ulhe, tras su inspección informó que halló cuatro tipos de entierros:  i) restos en posición extendida con ajuar cerámico del estilo lima, ii) restos en posición flexionada sentada, iii) tumbas con restos colocados en las dos formas anteriores y, iv) tumbas en bóveda, posiblemente en fardos funerarios.

Ulhe llevó la mayor parte de piezas que recuperó en 1906 a la University of California at Berkeley y, en la actualidad, pertenecen a la colección del Phoebe Hearst Museum of Anthropology, sin que ninguna autoridad peruana haya movido un dedo para recuperarlas. En 1935, Jorge Muelle halló una cámara funeraria correspondiente al Horizonte Medio que contenía restos óseos de un infante, un cavador de madera, un fragmento de calabaza con incrustaciones; dos fragmentos de textiles, una botella y un plato.

1.1.6.   Huaca Trujillo

Está situada en la margen derecha del río Rímac, en el valle del mismo nombre, junto a Carapongo y Mangomarca. Se encuentra en el área de influencia de la Cultura Lima. Forma parte del complejo sistema arqueológico del valle del río Rímac.

1.1.7.   Mangomarca

Mangomarca emergió como centro poblado hacia el 300 d. C., en el Intermedio Temprano, como parte de la reorganización del Valle del Rímac por la Cultura Lima. Sus vestigios están situados en el actual distrito de San Juan de Lurigancho, provincia de Lima, avenida Santuario, cuadra 20. En las tumbas del lugar han sido halladas piezas de cerámica nievería, de la fase final de Lima, hacia el 600 y 700 d. C.

No hay información sobre ocurrencias en el lugar en ese periodo ni durante la dominación wari. Solo se presume que fue subsidiaria de Cajamarquilla. Su datación más cierta es que entre los años 900 y 1476 d.C –dominios wari, ychma e inca delValle del Rímac– fue el centro del gran curacazgo de Lurigancho.

(...) Continua en la cuarta parte