LA MISTERIOSA CULTURA TOPARÁ
CREADORA
DE LOS FAMOSOS MANTOS DEL
DESIERTO DE ICA
1. LA REESCRITURA DE LA PREHISTORIA DEL DESIERTO DEL ICA
En el antiguo curso “Historia
del Perú”, de la etapa secundaria, nos metieron en la memoria que, en el
desierto de Ica primero existió la Cultura Paracas (deformadores y trepanadores
de cráneos, excelentes ceramistas y eximios tejedores de sus bellos mantos). No
nos dijeron por qué desaparecieron; solo añadieron que fueron reemplazados por
la también muy conocida Cultura Nazca, la de las famosas líneas o gigantescos
dibujos hechos en lienzos de pura arena y piedra en pleno desierto, pasión
total de doña María Reiche.
Esa sucesión cronológica fue
establecida por el padre de la arqueología peruana, don Julio C. Tello y su
equipo, el mismo que, deslumbrado en 1919 por la imponente y potente fortaleza –
templo de Chavín de Huántar en el magro valle ancashino del Mozna, casi junto
al Marañón y a la Alta Amazonía, nos dijo que esa fue nuestra primera
civilización o la cultura madre de todas las peruanas y cuyo origen debía
buscarse en nuestra Amazonía.
Gran trabajo, mucha dedicación, perseverancia
y amor al terruño del doctor Tello, pero lamentablemente erró en eso de Chavín
primera cultura andina, pues hoy está comprobado que mucho antes de ese pueblo,
habían existido como sociedades complejas de avance civilizado, los Sechín, en
Casma – Ancash; los Cupisnique, en los valles del Jequetepeque y Moche, en La
Libertad; los Kotosh, en Huánuco y los Caral, en el valle del río Supe.
Su gran interés por conocer,
recuperar y estudiar nuestro pasado, por encima de la incuria y el absoluto
desinterés de los gobiernos, llevó a Tello a descubrir en 1925 la Cultura
Paracas, a través de los vestigios del cementerio de “Las Cavernas”, en Cerro
Colorado, Bahía de Paracas. Amplió su conocimiento de los paracas en 1927 con sus
impresionantes hallazgos: los sitios “Wari Kayán” y “Cabeza Larga/ Arena
Blanca”, en una ladera alta y en la falda baja de Cerro Colorado.
1.1.
La confusión de Tello
En Wari Kayán, Tello recuperó 429
momias enterradas sentadas, envueltas en fardos, por lo que Tello supuso que
había sido una necrópolis para muertos de alcurnia. Halló más testimonios
similares en Cabeza Larga/Arena Blanca. Las momias y sus ofrendas de vasijas, armas, peines,
adornos metálicos, de plumas y semillas, estaban envueltos con varios mantos de
distinta calidad, entre los que resaltaban unos de gran belleza y calidad,
tejidos con algodón, fibra de alpaca y vicuña, dibujados con tintes
irreductibles.
Respecto a su primer hallazgo,
“Paracas Cavernas”, Tello bautizó a los nuevos yacimientos “Paracas Necrópolis”,
una segunda fase final evolutiva de la Cultura Paracas, antes de la Cultura Nasca.
Así como nuevas estudios han
rectificado la prehistoria peruana estableciendo que la primera civilización
surgió entre los años 6,000 y 5,000 antes del presente en la costa norcentral andina,
mucho antes que Chavín de Huántar y Caral, así también, hoy, la historia de la costa
surcentral andina está siendo reescrita.
La novedad es que recientes
hallazgos arqueológicos y una cronología más exacta basada en métodos modernos de
datación, han hecho emerger a la Cultura Topará como un dominio en la costa
central sur, en un tiempo intermedio entre las culturas Paracas y Nasca, la
cual prevaleció aproximadamente desde el año 150 a. C. hasta el año 150 d. C., es decir, tres siglos,
tiempo mucho mayor que el de nuestra vida republicana actual.
Tumba caverna, tradición paracas-topará
2. PRIMEROS RASTROS DE LOS TOPARÁ
Como parte del “Proyecto
Arqueológico Fullbright” (1957 y 1959), durante el auge de estudios sobre
la costa central sur, los arqueólogos Donald Lathrap y Edward P. Lanning,
recuperaron en el sitio «Jahuay» del pequeño valle de Topará,
entre Chincha y Cañete, vestigios de una cerámica monócroma desconocida, de
alta calidad, diferente a los estilos ya registrados.
Lanning la describió así: “es
un estilo monocromo con incisiones simples y una decoración de patrón bruñido.
La pintura bicroma, cuando ocurre, es escasa y extremadamente simple, en
general, el estilo se deriva de su efecto decorativo fino, de sus formas
elegantes y la delicadeza de sus alfares”.
Ubicación de la quebrada Topará
En 1963, Lannning y Wallace, dedujeron
que tal cerámica procedía de los valles al norte de la Bahía de Paracas, por lo
que eligieron el nombre del valle de «Topará», como el de la novedosa cerámica
monócroma.
Hoy, sin embargo, debe quedar
claro que, una cosa son los primeros sitios de hallazgo de vestigios Topará y
otra muy diferente, es el lugar de origen, desarrollo y expansión de esa
formación cultural, punto central de su conocimiento que aún está en proceso de
investigación.
2.1.
Alerta arqueológica
Sin embargo, lo que prendió la
alerta entre los arqueólogos que excavaban en Chincha, Pisco, Ica, Palpa y
Nasca fue que Wallace determinó que el estilo «Chongos A», es similar a lo que hasta
entonces se conocía como el estilo “Paracas Necrópolis”.
Todos los arqueólogos se
enfocaron en el nuevo estilo de cerámica, diferente a las alfarerías Paracas y
Nasca, con algunos rasgos similares y comprobaron que la cerámica Topará tuvo
una presencia considerable en los valles
de Cañete, Chincha y Pisco, durante el final de la Cultura Paracas (final del
Periodo Formativo u Horizonte Temprano) y se desarrolló independientemente, sin
interrupción, hasta bien iniciada la Cultura Nasca (Periodo Intermedio Temprano
o de los Desarrollos Regionales) en los valles de Ica, Palpa y Nasca.
Obsérvese en el siguiente cuadro
que el tiempo de la Cultura Topará coincide con los que un sector de
arqueólogos denomina la transición de Paracas a Nasca.
El panorama descrito ha llevado a los arqueólogos a debatir intensamente, si Topará fue un cultura o sociedad en regla o simplemente fue un estilo cerámico, textil e iconográfico vigente en la transición de Paracas a Nasca.
3. SITIOS DE LOS PRIMEROS HALLAZGOS
3.1.
Topará
El arqueólogo alemán, Wolfang
F. Wurster, investigó el pequeño valle de Topará en 1984 y lo describió
así: “está situado entre los ríos Cañete y Pisco 'y se encuentra a unos 15
kms., al norte de la ciudad de Chincha Alta. El río Topará no lleva agua
durante todo el año y raras veces sus aguas alcanzan el mar. El área del valle
de mayor interés arqueológico empieza a una distancia de 15 kms del litoral
pacífico, en donde termina una zona arenosa y desértica. A continuación, el
valle sigue por un trecho de aproximadamente 25 kms en forma de una franja
irrigada y fértil con un ancho de alrededor 800 ms en la parte baja. En la
parte alta se ensancha hasta formar un cañón estrecho. El nivel del fondo del
valle dentro de esta zona se encuentra entre 300 ms. hasta 1.400 ms sobre el
nivel del mar. Las ruinas investigadas están en su mayoría situadas en los
márgenes del valle o en pequeños valles laterales sobre conos de eyección”.
Wurster no fue a ese valle a investigar
la cerámica Topará. Fue a hacer un barrido catastral multidisciplinario de todo
el valle para un estudio de las sociedades prehispánicas andinas y del surgimiento
del urbanismo.
Lo que halló fue que este
pequeño y escondido valle, es una vitrina estratigráfica de la mayor parte de
la prehistoria de la costa sur central, con vestigios de:
Dos sitios de la Cultura Paracas,
tres sitios del Intermedio Temprano (Cultura o transición Topará) aún no
identificados plenamente, dos o tres sitios Wari, una considerable cantidad de
sitios del Intermedio Tardío y Horizonte Tardío, varios edificios importantes que
muestran diseños y sistemas constructivos diversos, pedazos de cerámica de los
estilos Paracas, Topará, Chincha, Wari, Inca, Chincha-Inca y Chincha-Inca-Colonial,
pero en su mayoría pertenecientes al Intermedio Tardío (Pre inca) y al
Horizonte Tardío (Inca). También ubicó cementerios extensos y distintos tipos
de tumbas, largos caminos en laderas protegidos por muros de contención y artefactos
de piedra, madera, mates y conchas, todo lo cual fue sometido a diversos
análisis técnicos.
Vistas de secciones de la
quebrada Topará
3.2.
Chongos, valle bajo de Pisco
En su trabajo: Topará en
Pisco: patrón de asentamiento y paisaje, 2013, Ann Peters, escribe que Chongos
fue una aldea principal que controlaba el caudal del río Pisco para el riego.
Sus habitantes dominaban la zona de las lagunas y controlaban la ruta de la
margen sur de Pisco hacia las bahías de Paracas y de la Independencia rumbo a
la sierra central.
Durante el final de Paracas, fue
un centro importante tras una reocupación
extensa por los Topará en las fases «Jahuay» y «Chongos». Tenía áreas de
producción y fue escenario de grandes reuniones públicas, pero sin vestigios de
ocupación permanente a gran escala.
Al norte de Chongos, está el
sitio de Maymi. Los restos de sus muros son de adobes de planta óvalo, o casi
redondo. En la margen norte del valle, Peters también recuperó cerámica fina
anaranjada con fragmentos diagnósticos de la fase «Chongos» cerca del actual
pueblo de Independencia.
En 1997, Peters excavó
nuevamente en yacimiento y, además en el sitio cercano de Pachinga o Alto
Molino, de los que recuperó 395 fragmentos de cerámica procedentes de depósitos
de basura, de rellenos constructivos y de la superficie del terreno. El
material es una de las colecciones más representativas de la cerámica Topará, de
las fases «Jahuay 3» y «Chongos».
De su estudio del lugar, Peters
concluyó:
· Que los patrones de asentamiento de Paracas Tardío y Topará no cambiaron
muchos, en un panorama en el que los aldeanos se dedicaban a diversas
actividades productivas que configuraban el paisaje del valle de Pisco,
mediante el manejo de agua.
· Que en el área de Chongos al norte y sur de la desembocadura del río
Pisco hubo hasta tres asentamientos dedicados a la pesca y al marisqueo, como
las localizadas en la Península de Paracas y cuya producción alimentaba a otras
aldeas hacia el este.
· Que, durante a fase alfarera «Carmen», la organización sociopolítica del
valle cambió radicalmente. Eso afectó más a la población de la margen sureste y
determinó la aparición de nuevos sitios en la margen norte, relacionados a nuevos
sistemas de riego, a base de puquiales, la napa freática y lagunas que dividieron
el valle de Pisco en por lo menos ocho «sub valles» o comunidades de riego segmentado
a independiente. Ocurrió que las zonas de riego de las comunidades Paracas
pasaron al control de los Topará.
· Que Chongos habría sido el principal centro político en la costa del valle de Pisco durante el fin del Período Formativo, hasta que cambios en el balance de poder en la región, durante la fase Chongos y el lapso de los entierros en la necrópolis de Wari Kayan, desplazaron el centro político hacia Pachinga.
Pozuelo, Chincha
El sitio arqueológico de Pozuelo
está en el lado sur del delta del Valle de Chincha, a menos de 2 km de
distancia de la línea de playa. Actualmente está compuesto por cuatro
construcciones o montículos (A, B, C, D) de entre 2 y 3 m de alto, algunas
afectadas por la actividad agrícola y avícolas. Fue ubicado por Wallace en 1957.
Su ocupación más antigua data de
la cerámica Pozuelo “chavinoide”. Siguió la ocupación Paracas, en siglos V a
III a.C.
Este asentamiento arqueológico
fue investigado con 8 pozos de excavación por los arqueólogos Boris Orccosupa,
Henry Tantaleán y Charles Stanish, quienes presentaron sus resultados en: El estilo
cerámico Topará: una perspectiva desde Pozuelo, valle bajo de Chincha, publicado en 2023 por Chungara Revista de
Antropología Chilena.
Sus estratos superiores contenían
pedazos de alfarería Topará, de las fases Jahuay 3 y Chongos; el sitio
fue ocupado por los Topará después de los Paracas.
Solo se halló una construcción
Topará sobre el edificio B.
Las edificaciones habría sido áreas
doméstico-familiares. En la excavación del edificio B hallaron la única vasija
entera del lugar en posición invertida, como ofrenda, tal vez a la llegada de
los Topará.
Del total de fragmentos
cerámicos recobrados, 2.347 corresponden al estilo Topará, de los cuales 318
fueron analizados y corresponden a vasijas de servicio como cuencos, tazones y
escudillas.
Para su elaboración usaron
cuidadosas técnicas de cocción resultantes de un nivel alto de conocimiento de
control del fuego.
Único cuenco completo del estilo
Topará Jahuay 1,
recuperado en Pozuelo, Chincha
En resumen: el material cerámicoTopará
de Pozuelo corresponde a las fases Jahuay 3 y Chongos y fueron hallados en las
mismas capas estratigráficas.
En total lo analizado fue: ollas,
25,16%, tazones, 18,55%, cuencos, 16,98%, escudillas, 3,77%, cántaro, 1,26%, botella,
0,63%, instrumentos de trabajo, plato de alfarero y otros 13,21%.
Esto último dice que Pozuelo,
durante la ocupación Topará estuvo bastante relacionado con talleres de
alfareros, pero su actividad principal fue de tipo aldeano para producción agrícola
y pesquera de autoconsumo doméstico -familiar.
Los Topará ocuparon Chincha en un
solo momento cronológico y modificaron las edificaciones que los Paracas habían
abandonado. En Pozuelo las excavaciones mostraron el mismo patrón.
En cambio, a los valles de Ica y
Nasca, Topará llegó cuando en ese territorio aún se utilizaba la cerámica Paracas
y continuó hasta la aparición de la cerámica Nasca 1 (siglos III al I a.C.), coexistiendo
con esos estilos.
Los investigadores, creen que, más
al sur, en los valles de Ica y Nasca, la población local asimiló la cerámica
Topará, conservó y transformó algunos rasgos sociales Paracas en transición
hacia la Cultura Nasca. Sin embargo, en el Valle de Palpa, ocurrió el cambió en
el patrón de asentamiento por un súbito aumento de la población, debido a la
migración de grupos Topará.
Lo autores esperan que nuevos
hallazgos transformen la percepción del fenómeno Topará y permitan explicarlo no
solo como un momento de “transición”, sino, más bien, como un conjunto de
comunidades con características y prácticas sociales propias que impactaron en
los valles de la costa sur, las cuales merecen ser estudiadas por derecho
propio.
En conclusión, los autores
declaran que, sobre la base de otros estudios de Topará en Chincha y sus
propias investigaciones, sustentadas en
la observación de claras superposiciones estratigráficas, análisis
ceramográficos y estilísticos y fechados radiorbónicos, Topará fue una sociedad
diferente de Paracas y de Nasca, con sus propias expresiones sociales.
4.1.
Alternativa Cañete
Los arqueólogos Krszysztof Makowski
y Tomasz Kołománski, señalan que, entre el año 120 a.C. y el 90 d.C. (210 años), en los valles de
Cañete, Chincha y Pisco hubo un mosaico de estilos cerámicos: Paracas Cavernas,
Topará (fases Chongos y Jahuay 3) y Nasca (fases 1 y 2), pero con dominio de la
alfarería Topará, mientras que, en los valles de Ica, Palpa y Nasca, los aldeanos
hacían su cerámica y textiles con técnicas Paracas que ya habían sido
reemplazadas en los valles norteños mencionados por las nuevas tecnologías Topará.
En consecuencia, ya estaba en
plena vigencia la tradición Topará, surgida en el valle de Cañete y se
hallaba en curso de expansión hacia el sur coexistiendo con los demás estilos.
4.2.
La alternativa Chongos, en Pisco
En cambio, Ann Peters, así
como los arqueólogos, Boris Orccosupa, Henry Tantaleán y Charles Stanish,
en su obra ya citada, plantean que la jefatura inicial Topará habría surgido en
la zona baja del valle de Pisco, en el sitio de Chongos, desde donde ejerció
dominio sobre comunidades dispersas en los valles de Chincha y Cañete.
- CARACTERÍSTICAS
GENERALES DE LOS TOPARÁ
I. Su cerámica monocroma y con poca decoración; eso sí, hecha con una
técnica avanzada respecto a la Paracas, pues tenía paredes finas, era pintada
antes de su cocción, la cual se hacía a casi 1,000 grados centígrados.
II. Una avanzada y bella textilería con algodón y fibra de camélidos
sudamericanos (llama, alpaca y vicuña), de colores variados e intensos, con
motivos decorativos de alta complejidad (La confusión inicial hizo que sus
obras fueran bautizadas como los famosos “mantos paracas”).
III. Sus prácticas de la deformación craneana y la técnica de la trepanación craneana iniciada por los Paracas.
5.1.
Territorio
Los arqueólogos Boris
Orccosupa, Henry Tantaleán y Charles Stanish, en: El estilo cerámico Topará:
una perspectiva desde Pozuelo, valle bajo de Chincha -2023, plantean que la
cerámica Topará tuvo vigencia en el territorio comprendido desde el valle del
Rímac en la Costa Central hasta la cuenca del Río Grande en la Costa Sur.
Durante su apogeo, los topará
establecieron su centro político administrativo en el gran valle de Chincha,
más al Sur, en donde hay edificios monumentales con su estilo arquitectónico y
técnica constructiva que aún se mantienen en pie.
La Cultura Topará abarcó las
actuales provincias de Cañete (Lima), Chincha y Pisco, Nazca y Palpa (Ica),
desde el litoral hasta las cabeceras de los valles de la región y sitios en la
puna.
5.2.
Principales sitios
arqueológicos:
• Jahuay (valle de Topará).
• Huaca Santa Rosa (valle de
Chincha)
• Huaca Soto (valle de Chincha).
• Chongos (valle de Pisco).
• Cerro Colorado (Paracas).
• Wari kayan o
“Paracas-Necrópolis” (Paracas).
• Carapo (Palpa y Viscas).
• Campanario (valle río Grande)
• Gramadal Chico (valle río Grande)
• Alto La Isla (valle río
Grande)
• Paucarastro (valle río Grande)
• Estaquería (Palpa)
• Buena Vista (Palpa)
• Belén Alto (valle de Ingenio)
5.3.
Cerámica
La siguiente es la secuencia estilística de la cerámica Topara.
5.3.1.
Jahuay
Cerámica Tosca: de color marrón oscuro con temperantes de arena fina. Ollas sin cuello,
Ollas con bordes redondeados ligeramente engrosados al interior. Ollas con
cuello pequeño. Tazas abiertas. Cántaros, con decorados incisos simples.
Cerámica Fina: de paredes delgadas con poco temperante, elaboradas en cocción oxidante.
La superficie es pulida y coloración entre marrón claro y anaranjado con
algunas variantes. Cuencos bajos. Cántaros con cuellos ligeramente altos.
Botellas de doble pico asa puente, con decoraciones incisas internas.
Jahuay 2. +- 200 a.C.
Continúan las formas de las
vasijas y la decoración de Jahuay 1, sin pulido con cepillado ni engobe rojo
interno. Son cuencos de paredes delgadas acinturados. Botellas de doble pico.
Ollas sin cuello con una ligera proyección del labio externo. Cántaros gruesos
con cuellos cónicos pequeños de labios acampanados. Su decoración es ahumado
interno con patrón bruñido de diseños de líneas cruzadas y figuras complejas
(ubicadas al fondo de los cuencos o tazones pulidos). También decoración
bícroma de colores: blanco sobre rojo, blanco sobre superficie sin pigmento y
rojo sobre blanco.
Jahuay 3. A +- 50 a.C.
Se distingue por la ausencia de varios
rasgos de las fases antecesoras, y por la predominancia de las innovaciones
introducidas en la fase Jahuay 2 como el cuenco ahumado pulido con diseños
bruñidos, la decoración con pintura bícroma.
5.3.2.
Chongos – de +- 50 a. C a + - 100
d.C
Similar a la fase Jahuay 3 con
vasijas monocromas en las cuales predominan las vasijas finas de pasta
anaranjada. De acabado pulido, además, algunas presentan una decoloración
morada en su superficie (control de la cocción como medio decorativo). Cuencos
bajos abiertos o platos con un carenado entre la base y el cuerpo. Cuencos
profundos ligeramente divergentes en la pared. Cuencos con borde evertido.
Botellas con doble pico y asa puente.
Presentaban ocasionalmente engobe
blanco (enlucido con mezcla de arcillas y polímeros) o crema que es muy común
durante esta fase. Usan precisión en el control de atmosfera del horno, para áreas
decoradas de color negro ahumado acompañadas de un patrón bruñido.
5.3.3.
Campana – de + 100 d.C. a + - 200 d.C.
Surgen nuevas formas de vasijas con ángulo basal y con lados bajos de bordes ligeramente gruesos, con un labio aplanado y pintado de negro, con engobe morado en el interior y negro al exterior. Esta incorporación de pigmento morado es influencia del estilo Nasca Inicial. Desaparecen los cuencos con tratamiento ahumado y decoración bruñida al interior.
5.3.4.
La cerámica de Paracas Cavernas
(Cerro Colorado), según Kołománski
La muestra, por su forma, 42 son cuencos, 11 platos hondos, 5 ollitas sin cuello, 4 botellas con gollete corto y 2 botellas asa –puente, 1 figurina antropomorfa y una ollita con cuello corto evertido. La muestra fue dividida en cuatro grupos y sometida a un minucioso análisis comparativo de estilos y de su probable procedencia.
Grupo I.- Seis cuencos y dos
platos hondos, procedían de la cuenca de Cañete.
Grupo III. Platos hondos, un
tazón, un cuenco, una copa y un cántaro, correspondientes al estilo Topará en
su fase expansiva.
Características de la cerámica Topará en Paracas Cavernas
Kolománsky estableció las
siguientes características de la alfarería topará;
a. Cuidadosa preparación de
pastas de textura fina, que permitía reducir sensiblemente el grosor de las
paredes.
b. Predominan formas de cuencos
y botellas.
c. La decoración se limita a
diseños incisos, bruñidos geométricos, excepcionalmente figurativos.
d. Usa engobes blancos,
anaranjados, a veces rojos.
e. Usa esporádicamente pintura
roja sobre el fondo crema, antes de la cocción, particularmente en el borde (a
partir de Jahuay 2),
f. Su cocción fue bien
controlada en ambiente oxidante o reductor.
g. Cambios de coloración hacia
las tonalidades violáceas, por uso de temperaturas de más de 1000 °C.
5.3.5.
La cerámica Topará de Wari Kayán
(Paracas Necrópolis), según Vanessa Tinteroff
La arqueóloga Vanessa Tinteroff,
en su trabajo publicado también en el boletín PUCP ya citado: “Las
vasijas de Necrópolis, península de Paracas (costa sur, Perú): ensayo de
análisis de su producción, su distribución y su depósito en contextos
funerarios”, analizó la cerámica de las necrópolis de Wari Kayan.
Tinteroff identificó 550 piezas
cerámicas recuperadas por Tello en Wari Kayan, la mayor parte de las cuales
permanece sin ser estudiadas en el Museo Nacional Arqueológico, Antropológico e
Histórico del Perú. Del total, centró su análisis en 115 ceramios, habiendo
terminado el estudio de formas y acabados de superficie de 44 piezas, cuyo
contexto pudo ser establecido.
Entre las 44, identificó cuatro
grupos: i) Ofrendas de grupos locales del pueblo llano. ii) Dádivas de grupos
medios locales, iii) Presentes de grupos medios de fuera de la península, y iv)
Aportes de grupos de alto rango, procedentes de distintos lugares de la región.
Como resultado de ese trabajo,
dedujo que la transición Topará entre Paracas y Nasca, correspondió al
surgimiento de una organización sociopolítica aglutinante, multicultural,
compuesta por grupos paracas, toparás y nascas, en condición de dirigentes de los
valles de la costa central sur. Una suerte de coalición étnica que dio lugar a
un reparto territorial para un control compartido, social, político y económico
multivalle.
Tinteroff planteó que esa
organización singular mantenía intercambios social, político y económico y
sobre todo la paz, en un periodo de convulsión y crisis, criterio que ha tenido
una acogida negativa por otros autores, porque su esquema políticamente es muy
volátil por no decir, imposible.
Según Tinteroff, Wari Kayan
habría sido un lugar neutral y sagrado de cohesión donde se enterraban las
elites de las diferentes comunidades.
Sin embargo, acepta que su
trabajo está incompleto. Para comprender mejor el panorama de la etapa de Wari
Kayán, es necesario conocer el origen y los detalles de la cadena productiva de los grupos alfareros disponibles, es decir,
saber de dónde procedió la arcilla y los demás insumos, similitudes de las
herramientas usadas y las técnicas decorado y de cocción.
Tinteroff asume que es una tarea
titánica, pero sugiero el empleo de la aqueometría y otras técnicas modernas de
análisis físico químico de este tipo de vestigios.
Muestra de cerámica hallada en
Wari Kayán,
analizada por Vanessa Tinteroff
5.4.
Arquitectura
Topará desarrolló un particular
diseño arquitectónico: grandes casas de planta rectangular dotadas de varios
ambientes amplios, cuyas entradas se abren hacia un patio y sus muros siguen un
riguroso trazo ortogonal.
Sus edificios ceremoniales más
imponentes están en el valle de Chincha. Constan de una alargada plataforma
orientadas de este a oeste, sobre la cual se alza una fila de recintos adosados
unos a otros y cercados por elevadas murallas que tienen como promedio 4 m. de
altura.
Huaca Santa Rosa, en Chincha, junto a la Carretera Panamericana, está considerado como
su edificio principal. Fue construido con canto rodado y mide 250 por 300
metros, aproximadamente. Otras construcciones, como Huaca Soto, están
hechas de adobe.
Cerro del Gentil. En Las ocupaciones paracas y topará en Cerro del gentil, valle de Chincha, (2017), Henry Tantaleán, Charles Stanish, Kelita Pérez y Alexis Rodríguez, narran que es un conjunto de edificios que fueron construidos por los Paracas en el lapso entre los años 600 al 200 a.C. (fases Paracas Medio y Tardío).
El principal servía para reunir
a todas las aldeas del valle de Chincha para actividades de coordinación
agrarias, ganaderas, pesqueras, trueque, trabajos comunes, adoración a las
deidades y contención de peligros comunes. Tuvo dos patios hundidos cuadrados y
en una primera excavación se observó que había tenido tres fases constructivas.
En el siglo III a.C. sellaron el
único patio hundido en uso con artefactos, ofrendas y desechos durante muy
rápidamente y fue abandonado, pero poco después los Topará lo reocuparon y
construyeron una plataforma de piedra y tierra, sobre su parte central, ganando
casi un metro más de altura; en su perímetro levantaron muros hechos con adobes
hemielípticos, así como varios recintos que fueron encontrados muy
deteriorados; en uno hay un fogón con piedras no canteadas.
En todo este lugar y alrededor
hay pedazos de cerámica topará, especialmente de la variante Chongos Blackware,
lo que indica que serían el resultado de actividades del culto o de observación
astronómicas en el lugar y vinculados a otros edificios monumentales
chinchanos.
Otros sitios Paracas en Chincha,
reocupados por los Topará son, El Mono, Huaca Soto, complejo Alto del Molino y
también hay sitios en Ica.
Tantaleán alude que, según D.
Wallace, esta distribución de la cerámica topará “fue consecuencia de una
invasión de grupos humanos relacionados con esta cerámica procedentes desde el
norte, posiblemente del valle de Cañete o la misma quebrada de Topará. Incluso,
para Wallace y Lanning, la distribución de este estilo en los valles de Cañete,
Chincha y Pisco sería la consecuencia de la expansión de un estado. Sin
embargo, esta hipótesis, como ya señaló Helaine Silverman, en la actualidad,
cuenta con poco sustento empírico”.
De hecho, el sitio Topará
principal es Chongos, en Pisco. De esta manera, por el momento, el valle
de Pisco es el mejor candidato para el surgimiento y mayor desarrollo de la
tradición Topará en la costa sur.
Restos de arquitectura Topará superpuestos
a construcciones
Paracas, en Cerro del Gentil, en
Chicha.
5.5.
Culto a los muertos
La tradición mortuoria Topará es
la que Julio c. Tello, encontró en Wari kayan, y en otros sitios de la Bahía de
Paracas. Otro cementerio importante de esta cultura fue el de Chongos,
pero ha sido muy saqueado por los ladrones de tumbas. Hay indicios de que parte
del rito funerario incluía el canibalismo, probablemente de enemigos muertos en
combate.
El ceremonial funerario topará
era riguroso y prolongado. Momificaban el cadáver con una técnica muy elaborada
cuyo procedimiento físico químico es aún desconocido, pero se cree que en la
mayoría de los casos la momificación fue natural debido a las condiciones del
medio ambiente.
La momia, en posición sedente,
era colocada en un cesto de mimbre conjuntamente con un ajuar funerario
compuesto por una serie de objetos para la vida ultraterrena. Como parte de las
ofrendas fueron halladas prendas de vestir, hondas, tejidos, así como vasijas
con granos de maní, mazorcas de maíz, etc. Todo estaba envuelto con un número
no siempre igual de mantos o tejidos de diferente calidad en forma de fardo
funerario.
El manto más cercano al cadáver
solía ser el de mayor calidad, bordado con figuras que representaban
simbólicamente el mundo mitológico Topara. Los mantos restantes son de menor
calidad. Algunos fardos funerarios contienen hasta diez u once mantos y, sin duda,
estos casos correspondían a restos de dignatarios.
En el 2005, en el Museo Nacional
de Arqueología y Antropologia, un equipo de arqueólogos liderados por Carlos
del Águila y cinco curadoras empezaron a abrir el hoy famosos fardo 298,
catalogado por Julio C. Tello como especial y escondido por él para evitar que el
dictador Leguía lo regalase al extranjero. Pero el proceso quedó trunco hasta
que en 2017 cuando las expertas, Maritza Pérez, Elsa Tomasto-Cagigao, Mellisa
Lund y Julissa Ugarte terminaron de abrirlo y estudiarlo. Hoy el fardo y su
contenido se exhiben en la Sala Paracas del Museo.
Estaba compuesto por doce grandes
mantos tejidos con la conocida iconografía Paracas – Topará. Otras finas piezas
textiles, entre otros detalles, incluían tejidos de pallares multicolores.
También se hallaron cerámicas y algunas piezas de oro.
El difunto fue un hombre de 40 a
50 años de edad, medía 1.64 metros, era de contextura atlética, diestro, su
cráneo era alargado de acuerdo a las costumbres de la élite social de la época
y probablemente fue pescador y agricultor. Sufrió de caries y otras graves dolencias
dentales por la falta de higiene.
Por condiciones inadecuadas de resguardo durante 70 años, algunas de sus piezas
textiles han sufrido deterioro.
5.6.
Textilería funeraria
Los finísimos y bellos mantos
Topará descubiertos en Wari kayan (Paracas Necrópolis) que suscitaron la
admiración universal, están hechos con base de fibra de algodón, de camélidos
sudamericanos, algo de cabello humano y otras fibras vegetales.
Algunas telas contienen
trescientos hilos por pulgada cuadrada, solo posible gracias a un hilado
finísimo de las fibras. Sobre ellas se bordaron con gran colorido temas
naturalistas (peces, felinos, aves, serpientes, frutos y flores), así como
figuras míticas y simbólicas, todas con un arte extraordinario. Puede afirmarse
que el arte textil topará alcanzó alturas no igualadas por ninguna otra cultura
del mundo.
Los arqueólogos creen que los
mantos más finos debieron pertenecer a los jefes y otros dignatarios del valle
de Pisco, a juzgar por su complicadísima elaboración que debió exigir miles de
horas/hombre de trabajo.
A pesar del tiempo, la variedad,
vivacidad e intensidad de los colores de los mantos aún mantienen su vigor; los
topará lograron tintes de prolongada duración. Teñían sus hilos hasta con siete
colores, a los que añadían el blanco y el pardo–oscuro del algodón natural. Los
matices del rojo provenían de la cochinilla, los azules del índigo; un tono
rojizo amarillento era obtenido de diversas especies de la familia Rubiaceae,
género Galium, que comprende unas 400 especies de plantas herbáceas
anuales y perennes.
5.7.
La iconografía
La iconografía representada en
los mantos Topará constituyen el antecedente de la iconografía nasca. Las
figuras y motivos complejos corresponden a dos grupos:
• Grupo Simbólico: imágenes
naturalistas de animales y vegetales.
• Grupo Mitológico o de culto:
compuesto por figuras de antropomorfas con parte de ave, felino, orca,
vegetales y otros seres sobrenaturales de mayor rango. Entre ellos destaca uno
en especial, con rasgos humanos combinados con los de felino y ave.
5.8.
Cráneos alongados
La costumbre del alargamiento
craneano fue ampliamente vigente entre los Topará. Aplicaban dos formas:
cráneos alargados (paltauma) y cráneos redondeados. La deformación craneana se
iniciaba a temprana edad. Se cree que aplicaban vendas alrededor de la cabeza
sobre las cuales colocaban tablillas, las que sujetadas al cráneo con cuerdas
ejercían presión sobre los huesos, haciendo que a lo largo de varios años la
cabeza adquiera la forma requerida.
Esta práctica es muy antigua y
se ha dado también en otras culturas en diversas partes del mundo. Los
investigadores especulan que tuvo su origen en el remoto paleolítico del viejo
mundo y fue trasladada al nuevo mundo durante el proceso del poblamiento de
América. Teóricamente, debió ser motivada por el deseo de algunos individuos de
diferenciarse de otros de su mismo grupo racial, por razones de jerarquía.
5.9.
trepanación craneana
Los Topará mantuvieron la
tradición paraquense de las operaciones de trepanación craneana. Es posible que
esto haya sido una habilidad de ciertos shamanes avanzados.
El curandero cirujano disponía
de un equipo especial: cuchillas de obsidiana de diversos tamaños, cuchillos de
corte curvo en forma de medialuna, tipo tumi (hechos de aleación de oro y
plata), pinzas, algodón y tejidos tipo vendas. La intervención buscaba salvar a
personas afectadas por fracturas craneanas producto de accidentes, de golpes en
combate o que eran pacientes de distintos tipos de cefalea o de enfermedades
mentales
El curandero–cirujano
suministraba al paciente algún tipo de droga para dormirlo y mitigar el dolor.
Eliminaba el cabello de la zona crítica, cortaba la piel para levantarla y
acceder a la parte dañada de la caja craneana afectada o a la que se sospechaba
estaba bajo la influencia de un espíritu maléfico. Luego perforaba el hueso con el cuchillo de
obsidiana con movimientos circulares abriendo poco a poco una abertura circular
o cuadrada hasta llegar al material cerebral sin dañar su membrana protectora.
Entonces realizaba el tratamiento respectivo para la desinflamación del tejido
cerebral o el conjuro necesario para extirpar el espíritu dañino. La parte
final consistía en el cierre de la trepanación con placas de oro o secciones de
calabaza, lo que permitía que la herida cicatrizara sin ningún problema.
Hay un buen número de vestigios
humanos con rastros de trepanación y callos óseos que indican que los pacientes
sobrevivían a esa práctica.
6. 6. INVESTIGACIÓN: ¿CULTURA O TRANSICIÓN?
Tras la detección de la cerámica
topará por Lanning y Wallace, su vinculación cultural con Paracas y Nasca inicialmente
fue estudiada por Dorothy Menzel, en 1971, Ann Peters,
en 1997 y por Vanessa Tinteroff, en 2008.
Lanning, Wallace y Menzel, determinaron
que la cerámica Topará se desarrolló inicial y principalmente en los
valles de Chincha y Pisco, desde donde se expandió al valle de
Ica, innovando la alfarería Paracas.
No obstante, como ya hemos
anotado, los arqueólogos discuten si Topará fue una Cultura o solo fue una
expresión estilística, o que debe ser entendida solo como una etapa de
transición de Paracas a Nasca
Krszysztof Makoswsky y Tomasz Kolománski, tratan esta controversia en su ensayo, Paracas Cavernas, Topará y Ocucaje, en el origen de los conceptos: materiales cerámicos de Cerro Colorado (excavaciones de Julio C. Tello), publicado en el Boletín de Arqueología N° 25 de la PUCP de 2018.
7. 7. EL DEBATE SOBRE SI TOPARÁ FUE REALMENTE UNA CULTURA
El debate no se resuelve, a pesar de nuevos hallazgos y estudios arqueológicos que sustentan con creciente validez la existencia de Topará como cultura y su posición cronológica de cerca de tres siglos entre las culturas Paracas y Nasca. Veamos las posiciones en pugna:
7.1.
Si fue
Según Makoswsky y Kolománsky los
siguientes son investigadores que dan por sentada la realidad de Topará como
cultura y, por consiguiente, ven necesaria la reescritura de la prehistoria de
la costa central sur en el tiempo del paso del Periodo Formativo u Horizonte
Temprano al Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales, respeto a los
postulados del sabio Julio c. Tello y de sus seguidores: Dwigth Wallace,
Sara Massey, Ann Peters y David Silverman. Recientemente, Henry
Tantaléan y su equipo, también postulan lo mismo.
Ellos postulan que sí; Paracas y
Topará fueron dos culturas distintas, por lo siguiente:
a. El estilo cerámico topará
significó la ruptura completa de la larga tradición alfarera regional Paracas,
contribuyó a su ocaso y condicionó el nacimiento del estilo Nasca.
b. La cadena productiva alfarera
Topará es incompatible con la alfarería Paracas.
Los expertos Lechtman, Hegmon y Dobres,
han determinado que dicha cadena productiva genera una «identidad tecnológica»
propia destilo Topará, pues tiene características diferentes a la técnica paracas
c. La arquitectura que
corresponde a la cerámica topará, es diferente a la de Paracas, en diseño y
técnicas constructivas. Consiste en extensos complejos amurallados de trazo
ortogonal (Chongos) con asentamientos de unidades domésticas de planta
rectangular sobre terrazas como Wari Kayán, y Cabezas Largas/Arena Blanca.
c. Hay evidencias que durante Paracas Tardío, los estilos alfareros Paracas y Topará fueron contemporáneos y tuvieron como eje divisor a la Península de Paracas, el primero se difundió hacia la costa norte (Pisco, Chincha, Cañete, Mala, Lurín y Huaycoloro y Ancón, en el valle del Rímac), mientras que los artefactos Topará se expandieron hacia los valles del sur (Ica, Palpa y Nasca) y avanzó hacia el norte, ya sin la presencia de la cerámica Paracas, como lo demuestran los hallazgos en la Tablada de Lurín, Villa el Salvador y en Huachipa.
7.2.
No fue
En la otra orilla están los
convencidos de que Topará fue solo una expresión estilística
cerámica–textil–arquitectónica importante e interesante de un sector
poblacional de los Paracas y, por tanto, fue parte del cuerpo cultural material
e inmaterial de esa sociedad, de tal modo que Tello tuvo razón cuando planteó
que, impregnados por la gran influencia de Chavín de Huántar, los Paracas
dieron origen a la Cultura Nasca, en el tiempo del desarrollo de las culturas
regionales.
Alan Sawyer, Luis Lumbreras, José
Canziani, James Hill y su equipo y B. T. Nigra, están convencidos de que Paracas y Topará fueron expresiones
estilísticas de la misma cultura regional. Alinean, entonces, con la tradición
académica de Julio C. Tello que se sustenta en hallazgos de objetos de ambos
estilos en un solo contexto, frecuentes en particular en la península de
Paracas y en el valle de Ica.
Para su posición, consideran crucial el hecho de que ambas áreas, respectivamente al norte y al sur de la Bahía de Paracas, conocieron un común desarrollo en la época Chavín durante la primera mitad del primer milenio a. C.
7.3.
Fue una transición
Sin embargo, hay un tercer grupo
de investigadores de posición ecléctica respecto a los extremos y plantean que,
si bien existen probados vestigios del predominio militar, político, social,
económico y religioso Topará en toda la costa central sur, no califica como una
cultura, sino como un mero factor que catalizó la transición de 300 años de
Paracas a Nasca.
Este planteamiento fluye de la mayoría
de los trabajos incluidos en el Boletín de Arqueología
N° 25 de la Universidad Católica del Perú, del año 2018, cuyo objetivo fue profundizar
el tema de si la «Tradición», «Fenómeno», o «Sociedad» Topará fue una
mera bisagra entre Paracas y Nasca. El volumen tiene el título: “De Paracas a Nasca, interacción y transición:
esferas geográficas, prácticas sociales y procesos históricos en la costa sur” , y compendia trabajos de
connotados investigadores. Todos trataron el tema dando por
sentado la existencia de Topará, pero solo como una suerte de metamorfosis
social de Paracas a Nasca.
Su resumen fue realizado por Ann
H. Peters y Elsa Tomasto Cagigao, en su trabajo: “De Paracas
a Nasca: ¿por qué la necesidad de estudiar una época «transicional»? – 2018.
Ellas, remarcan la tesis
transicional reduciendo lo Topará a la influencia de su estilo alfarero, a
pesar de que reconocen que fue “una transición con aspectos políticos (…)
definida solamente con base en restos arqueológicos”, que también contiene
componentes “de una transición sociotecnológica (…) que merece y requiere de un
estudio propio”.
También, pero extrañamente, dicen que durante la transición no hubo cambios importantes en lo “doméstico”, es decir en la vida diaria; pero, a renglón seguido afirman que “sí fue una etapa de convulsión social, marcada por desplazamientos de grupos humanos de norte a Sur, por la migración de elementos Topará y, de este a oeste, por la migración de pobladores serranos hacia la costa”. Entonces, ¿cómo se entiende los día a día transicionales, supuestamente pacíficos si se afirma que fue una etapa de convulsión social con grandes movimientos de gentes en todas las direcciones?
8. LA TRANSICIÓN TOPARÁ, SEGÚN ANN
PETERS.
En 2013, en su trabajo ya
citado, “Topará en
Pisco: patrón de asentamiento y paisaje”, Ann Peters aclaró que, antes de Lanning, pero sin que el sabio lo
supiera, la cerámica Topará fue documentada
por primera vez por Julio C. Tello, en 1927, como el estilo Paracas
Necrópolis, por su hallazgo en los fardos de Wari Kayán en la Bahía de
Paracas, que datan a aproximadamente del lapso entre el 150 a.C., y el 200 d.C.
La «entidad sociopolítica»
Topará. Peter postuló que, durante la primera mitad del Período
Intermedio Temprano, el valle de Pisco fue parte de la entidad
sociopolítica Topará centrada en el valle de Chincha y con presencia en el de
Cañete.
Esa entidad dejó como su última
expresión alfarera de platos y botellas del estilo «Carmen» y su arquitectura
de edificios monumentales con muros gruesos de adobe y cantos rodados. Estos edificios
eran centros sociopolíticos que albergaban a una población fluctuante que
participaba en ritos de culto, en trueque de bienes e intercambio de
información sobre el clima, actos organizados por los dirigentes zonales.
Sistema vial Topará y trueque a
larga distancia. Desde Pisco, los principales
sitios Topará fueron ubicados, hacia el sur, en las rutas a la Bahía y la
Península de Paracas, a la Bahía de la Independencia y los valles de Ica, Nasca
y Palpa. Hacia el norte, a Chincha, Cañete y hacia a la sierra, lo que dice que
el bagaje material Topará incluía recursos costeños, serranos y hasta del lejano
altiplano, mediante trueque de larga distancia.
Tras la disolución de Topará,
todos sus centros principales fueron reocupados por los nasca, los waris, los
incas y los invasores españoles porque, sin duda, eran claves para el manejo de
recursos naturales y el acceso a otras regiones.
La arquitectura Topará. Los asentamientos de las fases cerámicas toparenses «Jahuay» y «Chongos»
se caracterizan por tener núcleos de recintos aglutinados, rodeados por grandes
patios amuralladas, separadas por plazas abiertas, cada área con múltiples
funciones: residencial en ciertas temporadas y escenarios de actividades
especiales de producción; espacio para compartir conocimientos especializados
sobre textilería, alfarería, tallado en madera y otras labores.
Una rara organización social. De eso Peters infiere que la organización social toparense era
segmentaria, de grupos definidos por el parentesco y ancestros míticos e
históricos, controladora de recursos naturales y del paisaje antropogénico. Su
liderazgo político, militar y ritual debió ser algo similar al de los curacas
de las sociedades posteriores de los Andes Centrales, aunque diferente del
poder que ejercieron los Wari y los Incas.
En conclusión, Peters entiende
que, a fines del Período Formativo, los líderes de Topará, Paracas y de Nazca
Inicial, cohabitaron en un mismo territorio, pero no funcionaron como un estado
o un imperio, sino como un conglomerado o coalición de desigualdades que
lograron manejar con fluidez para controlar el trabajo, la producción y la
lealtad de sus comunidades.
Su riqueza provenía del
desarrollo y buen manejo de sus escasos recursos. A través de sus alianzas,
deben haber negociado tránsito libre y protegido para el trueque a larga
distancia, tanto por la costa como por la sierra.
De eso, Peters dedujo que lo que
existió entre Paracas, Topará y Nasca fue una red cambiante de relaciones de
poder que se redefinía constantemente por la guerra y las alianzas de
parentesco, en cuyo contexto gran cantidad de trabajo comunal y finos
productos de alto valor fueron usados en ritos mortuorios de preservación,
entierro y mantenimiento de los fardos de sus ancestros.
8.1.
Hablan los
fardos funerarios de Wari Kayán.
En su
trabajo más reciente, Peters estudió dieciséis (16) fardos mortuorios de
Wari Kayán a los que comparó con otros estudiados por el propio Julio C.
Tello y con 60 del mismo sitio y de Arena Blanca, analizados por otros colegas.
Sus
resultados están en su informe: ¿Qué
constituye la transición Paracas – Nasca en Paracas Necrópolis? Prácticas
mortuorias, artefactos presentes, formas de indumentaria y diversidad
sociocultural”, publicado también en la revista PUCP N° 25 del
año 2018. Su muestra:
· 16 fardos que equivalen a menos de la quinta parte
de los fardos intactos recuperados de Wari Kayán y otros sectores de Paracas
· Restos humanos de adultos de entre 35 a 50 años
· El mayor número de fardos es del sub periodo
Formativo Final y pocos de la cultura Nasca.
Estableció el
sexo de sus examinados a partir de sus características físico – biológicas y el
género, en los artefactos afines. Sus resultados son los siguientes:
Predominio
de «Topará» en Wari Kayán (Paracas Necrópolis). Durante el uso de la necrópolis de Wari Kayán, al
final del Formativo u Horizonte Temprano, estuvieron vigentes
alianzas entre grupos de pobladores de la «Tradición Topará» que interactuaban
con grupos de la declinante Cultura Paracas.
La mayoría
de los fardos estudiados son pequeños, pues contenían una momia, un tocado, uno
o dos mantos, otras indumentarias y artefactos. El 8% corresponde a fardos grandes.
Contenían entre 30 y más de 200 vestigios de diferente tipo por lo que pertenecerían
jerarcas. Peters cree que parte de los vestigios son trofeos de guerra o
regalos de pares, en un contexto en que el liderazgo se fundamentaba en
alianzas o confrontaciones, que asegurasen el manejo del Poder.
Otro manto topará procedente de Wari Kayán
Gradual aparición
de la cerámica y los textiles nasca. En una
segunda etapa, de esta convivencia en los ajuares fúnebres aparecen nueva
vestimenta y objetos novedosos de los estilos textil y cerámica nasca.
Correspondiente
a la fase Nasca 1A, las momias de Wari Kayán, mostraron nuevas formas de
vestidos, de tipos de artefactos, estilos cerámicos e iconos procedentes de los
nasca.
En las
fases Nasca 1B y 2, aparecieron nuevos vestidos nasca, nuevas prácticas, íconos
y estilos que fueron adoptados por los aún existentes grupos Topará y Paracas.
Cambios en
el patrón mortuorio Topará. El patrón
mortuorio de Wari Kayán correspondió a grupos sociales de la tradición cerámica
y textil Topará, o vinculadas a esta, pues en cada fardo también fueron encontrados
artefactos evidentemente no Topará. El carácter de estos artefactos cambió a
través del tiempo, en función de las relaciones políticas cambiantes con otras
comunidades
Hallazgos durante
la interacción Paracas Tardío – Topará. Las momias de esta etapa tienen tatuajes grandes en manos, antebrazos y
piernas, en color negro-azulado.
Artefactos. Los ajuares masculinos incluyen armas: cuchillos
de obsidiana con mango de madera, estólicas, hondas y flechas grabadas. Otros
instrumentos: peines, coladores, flautillas y quenas de caña o de hueso, varas
de madera tallada con pulido fino y complejo. Los ajuares femeninos incluyen
coladores y peines.
Los adornos
de metal tienen detalles que muestran buena metalurgia. Entre los adornos de
plumas predominan las de papagayo amarillas y azules en forma de abanico, de
penacho triangular, de borla y pendientes triangulares de piel con plumas
amarillas adheridas.
Textiles. Entre los textiles la mayoría es de tela llana de
algodón en forma de túnicas cerradas y faldas. El manto Topará típico de las
tumbas necrópolis es de color rojo en fardos masculinos. Los tocados también se
encuentran en la cabeza del individuo o la cima del fardo como turbante.
La
indumentaria masculina consta de una túnica y un manto con un mismo ícono. Los
trajes femeninos estaban muy deteriorados. Fueron halladas una túnica y un
manto con bordados predominantes, típico del valle de Ica.
Hallazgos
de la interacción Topará – Nasca inicial. De esta interacción, fueron recobradas nuevas versiones de túnicas
bordadas: la “Unkuña” o “Esclavina”; más pequeñas que los “Unkus”, fueron una
nueva vestimenta masculina. Siguió en uso la falda, pero apareció la “Wara” o
taparrabo. Las telas de tocado masculino y los mantos cambiaron de estilo de bordado.
Aparecieron
también motivos que corresponden a la fase Nasca 1 con múltiples figuras del
“guerrero” y algunas armas nuevas como lanzas de madera y los bastones con anillos
de tendones.
Los
penachos estan compuestos de plumas largas amarillas de oropéndola amazónica;
otros son como una especie de borla con una armadura cónica cubierta por
hileras de plumas amarillas, con otras plumas colgantes. Una variante tiene
plumas de halcón y otra, un par de borlas con plumas de loro. Estos penachos incorporaron plumas de cóndor
y de loro.
En los fardos
femeninos de esta fase Nasca apareció el vestido femenino de dos paños de tela
llana de algodón natural o de camélido teñido. Este tipo de fardo incluye
también telas bordadas que cubren ofrendas más novedosas.
Aparecieron
también la túnica abierta, llamada por Tello “Casulla”, cubriendo la parte
exterior del fardo; una gran variedad de cuerdas y cintas delgadas de fibras
vegetales, de camélido y cabello humano.
En la fase
Nasca 2 aparecieron: un nuevo vestido
con franjas en los cuatro márgenes llamado “Anako”, el “Mantón”, turbantes y
túnicas, así como los “llautus”, o cintas diversas y telas de tocado de colores
brillantes que eran colocados en la cima del fardo.
Estos
cambios indican que el fardo ancestral mutó de identidad cultural, como
resultado de un realineamiento en las relaciones políticas y nuevos balances de
poder entre las alianzas, durante unas cinco generaciones.
Las
innovaciones iconográficas. De su
estudio de los fardos Wari Kayán, Ann Peters deduce que Topará solo fue una transición
entre Paracas y Nasca, pues los mismos íconos fueron representados en todos los
estilos de materiales: el ave - insecto dorsal, los monos – humanoides, el
felino lateral con manchas corporales, el ave de dos cabezas y el personaje de
dos apéndices cefálicos, que fueron los centrales.
También fueron
importantes la figura danzante o sacrificada, como representación de la
mortalidad y las de guerreros, cóndores, halcones y serpientes de dos cabezas.
Los íconos relacionados
con la pesca, caza marina y la agricultura surgieron en la cerámica Topará,
pero la figura del “pez con brazo humano”, apareció en los textiles nasca
inicial, como también los del lobo marino, la llama y la vicuña, las plantas alimenticias,
diversas especies de aves, las flores y los insectos.
9. LA TRANSICIÓN TOPARÁ, SEGÚN MAKOWSKI Y KOŁOMÁNSKI
En el Boletín de Arqueología N°
25 de la PUCP de 2018 ya aludido, los arqueólogos Krzysztof Makowski y Tomasz Kołománski, publicaron también el artículo, Paracas Cavernas, Topará y
Ocucaje, en el origen de los conceptos: materiales cerámicos de Cerro Colorado
(excavaciones de Julio C. Tello), contribuyendo a reforzar la llamada opción transicional de Topará y las
carencias de su conocimiento que impiden considerarla como una cultura.
Dicen que, si bien es cierto la alfarería topará procede del sitio Jahuay, de la quebrada de Topará,
entre Chincha y Cañete, su origen y secuencia cronológica es aún materia
de estudio y debate, ya que vestigios de sus fases Jahuay 3 y Chongos solo
están presentes en sitios ceremoniales reutilizados para fines distintos a los
originales. (Subrayado nuestro)
Pero, admiten que, al finalizar
el Periodo Formativo, en la costa central sur ocurrieron profundos
cambios en el patrón de asentamiento, en el estilo alfarero y en la iconografía
que interrumpieron la continuidad cultural Paracas: el Ser Oculado desplazó al
felino y todos los centros regionales fueron abandonados.
Solo una «tradición». A pesar de su admisión del colapso Paracas, insisten en llamar solo como
la «tradición Topará», a la causa principal de la ruptura Paracas para
no darle la condición de cultura y casi contradiciéndose indican:
i) Que la influencia de tal
tradición aumentó durante el comienzo del Período Intermedio Temprano o
de los Desarrollos Regionales, hasta eclipsar por completo a la Cultura
Paracas.
ii) Que los estudios de Wolfgang
Würster, Dwight Wallace, Ann Peters, Luis G. Lumbreras y José Canziani, Rubén
García, José Pinilla y Fernando Herrera, Helaine Silverman, los recientes de
Ann Peters y los de Kevin Hill, Ben Nigra, Henry Tantaleán y Terrah Jones, muestran:
a.
Que, la «ocupación Topará» tuvo
una gran dimensión en los valles de Cañete, Chincha y Pisco e
indican que lo que haya sido Topará se consolidó en ese territorio al final del
Periodo Formativo y avanzó con autonomía y sin interrupción hasta bien
comenzado el Período Intermedio Temprano hacia el Sur, a los valles de Ica,
Palpa y Nazca y
b.
Que, durante Paracas Tardío,
las poblaciones Paracas y Topará, con diferentes técnicas alfareras, textileras
y constructivas de edificios públicos, convivieron en los valles de Cañete,
Chincha y Pisco, hasta que Topará logró el predominio total.
c. En el Alto Ica, Dwight Wallace, Mercedes Delgado y Splitstosser, al volver a excavar en el poblado de Cerrillos, comprobaron que el sitio ceremonial tuvo una ocupación continua durante el Periodo Formativo, con cinco remodelaciones hasta el año 400 a. C., después de lo cual fue abandonado y sellado con barro hasta que fue reocupado en el sub periodo Formativo Final (200 a. C.), con una arquitectura de distinta planta y finalidad, ¿los Topará?
9.1.
La expansión Topará
Makowsky y
Kolománsky, fijan el comienzo de la expansión de los Topará, durante Paracas tardío, lo que generó una especie de frontera
o límite estilístico entre el norte y el sur, en la Bahía de Paracas. Cerro
Colorado y Arena Blanca- Cabezas Largas correspondían al valle de Pisco, al norte,
mientras que Karwas y otros se alinearon con el valle de Ica, al sur. La
supuesta repartición continuó el Período Intermedio Temprano hasta que fue
eliminada por los Nasca.
En general, sobre la «Tradición
Topará», Makowski y Kołománski remarcan que, después del dominio Chavín, el
contacto entre los pobladores del desierto de Ica con los Cupisnique del norte,
aumentó solo con registros de la cerámica Topará (estilos Chongo y Campana),
según ajuares funerarios desenterrados en Tablada de Lurín, Villa el Salvador y
Huachipa, en Lima.
También anotan que a pesar de que
casi toda la cerámica hallada por Tello en la Bahía y la Península de Paracas pertenece
al estilo Topará no existe una base física de corroboración porque aún no ha
sido hallado ningún taller de producción de esta alfarería ni se ha establecido
su relación cronológica con los estilos cerámicos Pinta, de Chincha y Ocucaje,
de Ica.
Es posible que en las fases Nasca
1 y 2, en la etapa final de la “transición” entre el año 120 a. C., y el año 90
d. C., según Reindel e Isla, los Topara construyeran edificios monumentales
de carácter ceremonial y produjeran cerámica fina de prestigio solo en los
valles de Pisco y de Nasca,
Si los bellos mantos hallados en
Wari Kayán fue obra de artesanos Topará, como sugieren los vestigios de las necrópólis
de Bahía Paracas, la combinación o integración de las tradiciones iconográficas
Paracas Tardío y Topará, fue decisiva para la formación del estilo Nasca.
Al inicio del período Intermedio Temprano, la iconografía Nasca, apareció primero en su textilería y luego se integró a su alfarería (fases Nasca 2 y 3) con las nuevas tecnologías de cocción y preparación de pinturas y engobes que se gestaron con el aporte Topará, proceso que redujo gradualmente la cerámica Topará en el contexto del auge del nuevo centro ceremonial de Cahuachi en el valle de Nasca
9.2.
Conclusiones de Makowski y
Kolomanski.
a. Durante la fa fase final del Periodo Formativo Tardío y el inicio
del Periodo Intermedio Temprano varios asentamientos compitieron por el
poder y consiguieron la supremacía en periodos sucesivos, en el área costeña,
desde el valle de Mala hasta Acarí. Esos centros, en el siguiente orden,
habrían sido: el valle Bajo Chincha con sus edificios monumentales (Formativo
Tardío), Ánimas Altas, en Callango – Ica (Formativo Tardío), Ánimas Bajas, en
Callango – Ica (Formativo Tardío) y el valle Bajo Pisco (Transición entre el
Formativo Tardío y el Período Intermedio Temprano).
b. Está parcialmente comprobado que cada uno de estos cuatro centros de
poder generó e impuso un estilo alfarero particular, durante no mayor de tres
siglos. Así, al estilo alfarero Pinta (Chincha), se superpuso la
tradición Ocucaje de Ica. Sobre ésta se impuso el estilo Topará
(Pisco), el cual fue desplazado por la cerámica Nasca.
c. La formación, auge y ocaso de cada uno de los centros de mando y culto
religioso están estrechamente relacionados con la difusión de la alfarería
Topará, el abandono de los sitios Animas Altas/Ánimas Bajas y el inicio de la
construcción de Cahuachi.
d. La cerámica de Paracas Cavernas incluye vasijas del Bajo Pisco
(Topará), del Alto Ica (Ocucaje) y del Bajo Ica (pos cocción Ocucaje), con diferencias
notables entre la cocción y acabado de la cerámica iqueña y la Topará; la mayoría
de piezas estudiadas proceden de Callango en el Bajo Ica o tienen influencia de
los alfareros de esa zona.
e. La cronología relativa sugiere que la tradición funeraria Paracas
Necrópolis reemplazó a Paracas Cavernas, para el uso de los sitios
de la cima de Cerro Colorado y de sus faldas norteñas.
f. La cerámica Topará fue vigente en los fardos funerarios de Paracas
Cavernas, pero con su esilo Chongos, fue absolutamente dominante durante
Paracas Necrópolis y en cantidad relevante, equivalente al 30% de la
muestra estudiada por Kolomansky..
g. El número reducido de cerámica del estilo Nasca 1, con formas monócromas y engobe marrón, en Paracas Cavernas y Paracas Necrópolis, se debería a que este tipo de ofrendas no definía el rango social del individuo, lo que sí expresaban los vestidos y tocados. Es posible que, por eso haya aumentado la variabilidad estilística en los ajuares textiles. La mayoría de las textiles podría haber procedido de las mismas zonas de las que anteriormente provenía la cerámica.
10. LA TRANSICIÓN TOPARÁ EN PALPA, SEGÚN ISLA Y REINDEL
Los arqueólogos, Jhonny Isla
y Markus Reindel, también publicaron su trabajo, “La Transición Paracas – Nasca en los valles de Palpa”, en el volumen 25 del Boletín de Arqueología de la
PUCP, del 2018, para también reforzar la condición de Topará como una fase de
transición de Paracas a Nasca.
Isla y Reindel estudiaron la zona desde 2006 en el marco del “Proyecto Arqueológico Nasca – Palpa”, que cubrió pisos ecológicos entre los 200 y 4350 m.s.n.m., en los que hallaron evidencias de ocupaciones culturales durante todos los períodos prehistóricos.
Su percepción general es que durante el Formativo Medio y Tardío – desarrollo Paracas (800 al 200 a.C.), la población de la zona aumentó ocupando todos los pisos ecológicos.
Los grupos humanos se ubicaron
entre los 250 y los 1800 m.s.n.m., en más de 790 sitios durante todos los
periodos prehistóricos, en forma de aldeas, sitios ceremoniales,
cementerios, geoglifos y petroglifos, estructuras funerarias y vestigios
menores como espacios abiertos, altares o plataformas rituales. Isla y Reindel
registraron también andenería agrícola, canales y caminos prehispánicos.
El mayor número de sitios
arqueológicos, incluidos petroglifos y geoglifos, corresponde al supuesto
periodo de la supuesta “transición Topara”, durante el cual el pico
poblacional más alto ocurrió al final del Formativo (200 a. C. al
año 50 d. C.)
10.1.
Extraña Hipótesis: transición
natural con “influencia” Topará
En su trabajo ya citado, sobre la base de cinco fechados radiocarbónicos provenientes de
excavaciones realizadas en el sitio Estaquería, en Palpa, Isla y
Reindel han establecido que la “transición” ocurrió entre el año 120
a. C., y el 90 d. C. (210 años).
Su hipótesis es que la transición
se dio en el contexto de una evolución natural, pero afectada por la influencia
de los Topará. Para comprobarla, estudiaron durante quince años la cerámica,
la textilería y nuevas evidencias arqueológicas como los patrones de
asentamiento y de prácticas funerarias, así como los
petroglifos, geoglifos y más restos cerámicos y textiles.
10.2.
Los cambios sociales “fuertes y abruptos”
Al cabo de su larga pesquisa
Isla y Reindel concluyeron en que en el periodo transicional no
encontraron la continuidad cultural o evolución natural que habían imaginado en
su hipótesis, pues, en cambio hallaron números y claros indicadores de “cambios
fuertes y abruptos”, como:
·
La causa de esos cambios, tanto
en los valles de Nasca como en los de Palpa fue la toma del poder por los
jefes Topará, quienes generaron e impulsaron la transformación.
·
El aumento de la población y del
número de asentamientos
·
Un nuevo uso del territorio
·
Predominio de la nueva cerámica
Topará con nuevas formas de vasijas, producto de nueva tecnología alfarera.
·
El aumento del número de
petroglifos y geoglifos con respecto al pasado
·
El uso de una técnica nueva para
hacer geoflifos
No obstante, sus hallazgos, Isla
y Reindel persisten en su criterio de Topará como “transición de Paracas a
Nazca”, porque encontraron algunos rasgos de continuidad cultural, como el caso
de íconos religiosos de los textiles bordados de Paracas Necrópolis, que
luego fueron grabados en la cerámica pintada del estilo Nasca.
10.3.
Sitios de la transición en el
valle de Palpa
En Palpa 553 sitios
arqueológicos, equivalentes al 73% del total son aldeas residenciales con
tumbas, petroglifos y geoglifos cercanos. De ese total de caseríos, 224
(42%) corresponden a la transición y fueron clasificadas así:
· Caseríos simples con pocas unidades de vivienda
· Aldeas con mayor número de viviendas y espacios comunales, y
· Poblados grandes con muchas viviendas, espacios comunales y algunas
estructuras o espacios abiertos de posible función pública
10.4.
Sitios principales en Palpa
Carapo. Tuvo 20 hectáreas. Otros sitios similares son Campanario,
Gramadal Chico, Alto La Isla y Paucarastro en el valle del río
Grande, Estaquería, Buena Vista, en el de Palpa y
Belén Alto, en la margen derecha del valle de Ingenio.
Momia hallada en Carapo, de la transición Paracas –Nasca,
sentada y con las piernas hiperflexionadas (Foto Johny Isla).
10.5.
Cambio del patrón de
asentamiento en la transición
Los Topará emplazaron su poblado
principal, en cada valle, en la zona más próxima al océano, pero en laderas
altas y colinas, cerca de las zonas planas y con mayores terrenos de cultivo, más
arriba de los asentamientos Paracas.
Esto obedeció a una sequía
generada por el Fenómeno El Niño, la cual es considerada como uno de las causas
del colapso Paracas.
En Palpa, la humedad que mitigó
el desastre manteniendo la agricultura atrajo la migración Topará y
su toma del poder en los valles de Palpa y Nasca, lo que causó el súbito
aumento de sitios, el crecimiento de la población, la aparición de un nuevo
estilo de cerámica y la construcción de más petroglifos y geoglifos.
Otro sitio importante de la
transición fue La Ventilla, en el Valle de Ingenio, pues
sus grandes patios con muros bajos replican el modelo arquitectónico
Topará del sitio Chongos, en el valle de Pisco.
10.6.
Cambios en la cerámica de los
valles de Palpa:
La cerámica de la transición en los valles de Palpa es Topará, aunque muestra elementos propios indicadores de cierta independencia cultural a pesar de que, al final del Período Formativo, los Topará impusieron su estilo alfarero en todos los valles de la cuenca del Río Grande.
10.7.
Culto a los muertos en los
valles de Palpa
La muestra mortuoria de la
investigación de Isla y Reindel fue insuficiente para establecer patrones
de enterramiento. Algunas características de este rasgo cultural, son:
Los cementerios de la
“transición” en Palpa se encuentran cerca de los sitios de habitación y varios
fueron afectados por ocupaciones posteriores. En Belén Alto, en un
espacio cercano delimitado, las tumbas están dispuestas en filas.
En cinco tumbas individuales
saqueadas, tipo pozo – tumba, los restos de cuatro adultos estaban en posición
sentada con las piernas flexionadas y la cabeza apoyada en las rodillas. Los
restos de un niño estaban dentro de una olla.
Estos vestigios de Palpa quieren
decir que, fuera de Bahía Paracas, los entierros fueron sin fardos, pero
siempre en la posición sentada.
10.8.
Los petroglifos
Hallaron más de 40 sitios con
petroglifos, la mayoría en las zonas media y alta de los valles de los ríos
Grande, Palpa y Viscas y sobre los 2 500 m.s.n.m. En Chichictara, hay
158 petroglifos con 400 figuras que corresponden a todo el desarrollo Paracas,
del 800 al 200 a.C. Es el mayor número de petroglifos de toda la región. Pero,
la mayoría pertenece a Paracas Tardío – Transición Topará, con
representaciones de figuras antropomorfas que luego fueron trasladadas a
los geoglifos.
10.9.
Los geoglifos
Al sur de Ciudad Palpa, los
investigadores hallaron más de 50 geoglifos sobre las laderas y en las
planicies que bordean los valles de Palpa, con imágenes zoomorfas (aves y
felinos), antropomorfas, seres míticos y con
dibujos geométricos de simples líneas, trapecios y algunos pequeños
campos o espacios barridos.
Los trazos antropomorfos – solos
o en grupos –, muestran cuerpos humanoides de frente y brazos abiertos, con una
especie de tocado o penacho, una figura frecuente en los
petroglifos y en la cerámica Topará. Estos vestigios son pequeños y están
en planos inclinados, es decir, son técnica y estilísticamente diferentes a los
geoglifos de la época Nasca.
Los primeros geoglifos
fueron hechos al comienzo de “Paracas Tardío” y su número aumentó durante el
poderío Topará. Por eso, los dibujos corresponden a aves y felinos, pero
también al «Ser Oculado», y a motivos de los textiles de “Paracas Necrópolis
- Topará”.
10.10.
Conclusiones de Isla y Reindel
·
Topará surgió en los valles de
Chincha, Pisco e Ica, centro de la cultura Paracas, durante drásticos
cambios en el patrón de asentamiento, debido al crecimiento y
aglutinamiento de la población; los vestigios de Palpa de una supuesta
transición Topará entre Paracas y Nasca, presentan casi similares
características de los de Ica y en menor escala, respecto a los de Pisco.
·
Topará empezó a extenderse
desde Chincha y Pisco hacia los valles de Ica, Nasca y Palpa, al
final del Formativo o Horizonte Temprano y ejerció su influencia transicional
hasta el surgimiento de los Nasca.
· El cambio más importante que caracterizó a la transición, ocurrió en
el patrón de asentamiento: fue repentino, con aumento tanto en el
número como en el tamaño de los poblados, así como con el crecimiento de la
población respecto al anterior periodo Paracas y al sucesivo surgimiento
de Nasca.
· Este y los demás cambios económicos, políticos, sociales y culturales
fueron el resultado del impacto de “la influencia Topará” en
los valles de Palpa en la cuenca del río Grande, incluso en Acarí.
·
La “transición Topará” fue
una etapa de experimentación y cambio en toda la Costa Central
Sur, como ocurrió casi en todos los Andes al final de período Formativo, una
especie de un enorme y prolongado “ensayo – error” social; solo
“experimentando”, los Topará aportaron complejidad social y la interacción
regional, conservando y transformando solo algunos rasgos culturales Paracas
que luego se manifestaron en la Cultura Nasca, como lazos lógicos de
continuidad cultural entre Paracas y Nasca.
·
Durante la “transición”, la
influencia topará también propició una mayor integración costa –
sierra en la parte alta de los valles de Palpa, zona cercana a las
cabeceras de los valles de Ica y Pisco, por una mayor demanda de fibras de
camélidos sudamericanos para bienes de prestigio durante la fase Necrópolis –
Topará
Ante estas conclusiones, se debe
resaltar que los investigadores – tal vez por carencia de mínimos testimonios
– no dan contenido claro al concepto “influencia” y sobre todo a su
procedimiento de aplicación: ¿fue la fuerza bruta, la persuasión ideológica –
religiosa, las alianzas o el vasallaje? Tampoco precisan los ámbitos de la vida
diaria que abarcó el nuevo dominio.
Isla y Reindel remarcan que
falta saber con mayor detalle a qué se denomina Cultura Topará y
cuál fue centro de origen. Y, como tratando de conseguir aliados a su postura en
contra de Topará como cultura, escriben: “Nosotros, al igual que otros
colegas como Patrick Carmichael (1988), consideramos que el
desarrollo de la cultura Nasca como tal —entidad política y social— empieza con
la fase estilística Nasca 2 y no en la fase Nasca 1. En este sentido, también
pensamos que la fase Ocucaje 9 marca el final del desarrollo autónomo de la cultura
Paracas. Las fases Ocucaje 10 y Nazca 1 corresponden a la época de
transición Paracas y Nasca, la cual estaba fuertemente influenciada por la
cultura Topará”. ¿? El subrayado y el desconcierto es nuestro.
11. ORFEBRERÍA TOPARA EN WARI KAYÁN, SEGÚN MARÍA VELARDE Y PAMELA CASTRO
María Velarde y Pamela Castro,
estudiaron los objetos de metal hallados en los fardos de Wari Kayan y los
compararon con los correspondientes a Ocucaje, Nasca y otros, obtenidos del
mismo lugar. Hallaron cambios estilísticos muy notorios a lo largo del tiempo
de uso de Wari Kayan, como mayor variabilidad tipológica, simplificación en la
factura y el acabado y la introducción de nuevas formas que se hicieron más
frecuentes en Nasca.
12. LA VIDA TRANSICIONAL EN SAMACA (ICA) - LAUREN CADWALLADER Y SU EQUIPO
Sobre la ocurrencia más hacia el
Sur de la zona de intensa interacción, es decir en el valle Bajo Ica, Lauren
Cadwallader y su equipo estudiaron, sin excavar, los indicios de cómo fue
la vida diaria en el sitio transicional de la cuenca del Samaca, cerca de
geoglifos similares a los de las pampas de Nasca.
Analizaron la cerámica,
textiles, redes, material lítico, restos botánicos, de fauna y restos humanos.
Según los autores, los lugareños tenían varias estrategias de subsistencia
sobre la base de un manejo eficiente del medioambiente.
Pero, hallaron rastros de un
ambiente social convulsionado, similar a los encontrados en otros sitios de la
época, de lo que deducen que esos pobladores participaron en la transición.
13. LA MINERÍA TOPARA EN MINA
PRIMAVERA, SEGÚN HENDRICK VAN GIJSEGHEM Y SU EQUIPO
Sobre otras innovaciones
tecnológicas que marcaron la supuesta etapa de transición, Hendrick Van
Gijseghem y su equipo, sobre la base de sus investigaciones en Mina
Primavera, han determinado que la hematita que se extraía del lugar
durante la transición, posibilitó la técnica del pintado pre cocción de la
cerámica Topará, uno de los hechos que marcaron el final de la cultura Paracas.
Su análisis de las áreas de
trabajo, herramientas, demás equipo y 17 fechados radiocarbónicos, muestra que
con la aplicación de la nueva técnica de pintado de la cerámica se produjo un
aumento gradual de la explotación minera desde Paracas Tardío hasta Nazca
Temprano.
También ponen énfasis en que, tanto la actividad minera como el material que se extraía eran actividades que se cumplían cargadas de un fuerte componente simbólico, mediante ceremonias y rituales especiales y periódicas, dedicadas a divinidades de la tierra y de sus profundidades. Esto expresaba el hecho de una estrecha relación cotidiana entre la tecnología y la producción de bienes de prestigio durante la transición.
14. GUERRA DE EXPANSIÓN Y DOMINIO
Lamentablemente sin la debida
cita, la enciclopedia global Wikipedia consigna que, en realidad, los topará
desataron una guerra de expansión (invasión y ocupación) contra los Paracas y,
tras su dominio militar, impusieron cambios en la alfarería, la textilería, la
arquitectura, la construcción y en otros ámbitos de la vida diaria de aquel
tiempo.
Fundamenta esta tesis afirmando, sin también dar fuente cierta, que en muchos fardos funerarios, fueron hallados muchas armas y gran número de cráneos con fracturas provocadas por instrumentos contundentes, algunos trepanados, como signos de una época muy violenta.
15. EL COLAPSO TOPARÁ Y LA
CONSOLIDACIÓN DE LOS NASCA
Henry Tantalean y su equipo, en su informe “El
fenómeno Paracas: estado de la cuestión y un modelo de explicación social”, del año 2020, plantean que en el curso de la
consolidación del dominio Topará, hay registros en el valle de Palpa de que en
el año 50 a.C., un catastrófico Fenómeno El Niño desató una intensa sequía que
devastó la flora y la fauna terrestre y redujo los recursos pesqueros y
marisqueros de la costa central sur.
Este desastre ambiental provocó
inevitablemente una severa crisis económica y social imposible de manejar por
parte de las elites Topará de los valles, en medio de lo cual avanzaron los
militantes de la «Tradición Nasca” ya vigente con su centro ceremonial en
Cahuachi hasta desplazar totalmente la
llamada «Tradición Topará».
Según Krisztoft Makowski, el
surgimiento de Nasca como cultura, está marcado por la difusión de un nuevo
estilo cerámico con engobe (aplicación de una pasta de arcilla coloreada sobre
la cerámica antes o después de su cocción) en el valle de río Grande.
Otros elementos arqueológicos
marcadores de la nueva Cultura Nasca fueron:
i) El traslado de la representación iconográfica de los tejidos a los
ceramios polícromos.
ii) El cambió del panteón de espíritus o divinidades, con la desaparición de
algunas deidades y el surgimiento de otras.
Makowski, en su libro, “Señores
de los imperios del Sol”, (2014), afirmó que el análisis del ADN de los
fósiles humanos de tumbas de la costa central sur ha demostrado que fue una
misma población la que habitó en el territorio desde la Cultura Paracas, por
supuesto durante la vigencia de los Topará hasta el desarrollo la Cultura
Nasca.























