martes, 20 de octubre de 2026

 Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Diez. Final

ORGANIZACIÓN SOCIOPOLÍTICA
CHAVÍN: ¿ESTADO, ANFICTIONÍA O IMPERIO?

 La gran plaza cuadrangular hundida, frente al Templo Nuevo,
expresión del apogeo de Chavín de Huántar

Este componente del estudio de la Cultura Chavín de Huántar es solo un compendio de hipótesis por la escasez de fuentes escritas debido a que se trató de una sociedad ágrafa.
Las hipótesis tienen como base deducciones, inferencias e interpretaciones de las aplicaciones de la ideología religiosa y de los vestigios de litográficos de la iconografía de los chavines, así como sus réplicas en cerámica, orfebrería y textilería. Los planteamientos corresponden a tres opciones:

ESTADO TEOCRÁTICO ANDINO

Según el arqueólogo Henry Tantaleán, desde un enfoque materialista histórico, la Cultura Chavín constituyó un «estado teocrático andino focalizado en un centro político religioso», estructura administrativa casi similar a las de las «ciudades–estado» del Neolítico del Viejo Mundo.  Su definición, contenida en su artículo, Chavín de Huántar y la definición arqueológica de un estado teocrático andino, publicado en la revista Arqueología y Sociedad, N°26, 2011, tiene como base sus apreciaciones acerca de que Chavín de Huántar encaja en las siguientes categorías conceptuales: 

Como Estado, produjo y consolidó una nueva organización de las relaciones sociales en las cuales un grupo minoritario de la sociedad se distanció de la producción básica (principalmente, de alimentos y medios de producción como la cerámica, textiles, instrumentos líticos, etc.) y se dedicó a manipular, controlar y consumir el trabajo social de la población a la que tuvo sujeta, a partir de la religión.

Su carácter Teocrático, se sustentó en que las desigualdades sociales surgieron y fueron mantenidas, controladas, normadas y justificadas, mediante la imposición y la aplicación constante de una práctica socio-ideológica o mito dominante que reproducía la asimetría social (sistema político y económico) para concentrar productos mediante el monopolio del miedo o terror o la generación y ostentación de violencia fáctica y/o psicológica. La religión equilibraba y amainaba las tensiones sociales derivadas de la explotación, encubriéndola y haciéndola más dinámica, cumpliendo el rol de herramienta principal del control social.

Sustento geográfico

Chavín de Huántar progresó y se expandió porque se convirtió en un “nudo de caminos” (Nodo vial y por consiguiente económico) que articuló las regiones orientales de Huánuco, el Alto Huallaga y la cuenca del Marañón y, a través de esta vía, a la Baja Amazonía, con los valles altoandinos de la región norcentral y norte que conducen a la cuenca de Cajamarca y, desde allí, a la costa norte y a los valles de La Libertad y Lambayeque. Cruzando las dos cordilleras hacia el oeste esta red vial accedía a las cuencas de los valles de Casma y más al sur, a las de los ríos Fortaleza, Supe, Pativilca y Huaura que dan acceso hacia los valles de Lima.

Alta inversión de trabajo como contribución colectiva religiosa

La monumentalidad, el volumen de objetos y la arquitectura del santuario implicaron una inversión de trabajo social mayor que la de otra obra comunal la cual fue ejecutada, necesariamente, como contribución religiosa para la generación de un espacio planificado dentro de un diseño bastante definido, bajo la exclusiva administración de la curia chavinense.

Con relación a todo este trabajo, Daniel Contreras calculó en el año 2007 que el volumen de piedras y tierra removidas para construir las estructuras arquitectónicas y algunas modificaciones del paisaje asociadas a Chavín de Huántar fue de, aproximadamente, 450,000 m3.

 

 Mapa que muestra aproximadamente la influencia
territorial de Chavín de Huántar durante su apogeo

 ANFICTIONIA DEL NORTE DE LOS ANDES CENTRALES

La hipótesis acerca de que Chavín de Huántar habría sido una anfictionía —concepto tomado de la antigua Grecia (unión de tribus o comunidades o ciudades-estado en torno a un santuario religioso común)— señala que el sitio fue un vasto santuario y oráculo panandino. NO fue el núcleo de un gran imperio militar o político centralizado.

Se atribuye la creación de esta organización regional a Anfictión, rey mítico del Ática o de las Termópilas e hijo de Deucalión.

La más famosa fue la Anfictionía Pileo-Délfica, que se reunía en el santuario de Deméter en Antela (cerca de las Termópilas) y, de forma alternada, en el célebre santuario de Apolo, en Delfos. Los miembros debían jurar no destruir ninguna ciudad anfictiónica ni cortar el suministro de agua en tiempos de guerra, además de proteger el santuario contra los saqueadores. Sus líderes eran los anfictiones (delegados) de doce pueblos o regiones de Grecia central.

Las anfictionías utilizaban la autoridad religiosa para convocar conflictos armados conocidos como Guerras Sagradas contra quienes violaban sus normas o atacaban sus santuarios.

El principal expositor de esta hipótesis es el arqueólogo polaco Krzysztof Makowski, quien, tal como se ha anotado respecto a su obra ya citada, sostiene que Chavín no fue un imperio político ni una religión proselitista orientada a ganar masas, sino más bien la expresión de una confederación de cultos locales que compartían el respeto y la práctica ritual en un mismo centro ceremonial considerado altamente sagrado.

Fundamentos de esta teoría

Chavín fue el mayor centro cultista y oracular de su época. Como Delfos, Chavín de Huántar funcionaba como un eje sagrado donde convergían las elites de distintas etnias, valles y regiones de los Andes para consultar al oráculo, rendir tributo y validar su estatus social a través de los sacerdotes.

Integración ideológica sin dominio militar. La influencia Chavín no se sostuvo por la fuerza de un ejército o la conquista territorial directa, sino mediante la unificación ideológica, religiosa y artística. El uso de una iconografía común (felinos, serpientes, aves y la Deidad de los báculos) y de tecnologías rituales (como el uso de plantas psicoactivas y efectos acústicos en los laberintos) integró a pueblos diversos.

Ubicación geográfica estratégica y simbólica: Situado en el cruce de los ríos Mosna y Wacheqsa en el Callejón de Conchucos, el templo no respondía a una lógica de productividad agrícola óptima, sino a una ubicación limítrofe y geo-religiosa ideal para recibir a jerarcas tanto de la costa, la sierra y la selva.

Autonomía local articulada por el culto: Bajo este modelo anfictiónico, las diferentes comunidades mantenían su autonomía local, pero reconocían la autoridad moral, adivinatoria y económica de la casta sacerdotal de Chavín, la cual legitimaba el poder de los jefes locales a cambio de ofrendas, trabajo y productos de intercambio (trueque)

IMPERIO TEOCRÁTICO

Dando por sentado el súper desarrollo cultural autónomo chavinense respecto a otras culturas antecesoras, contemporáneas y aledañas, el sociólogo y antropólogo Alfonso Klauer, cataloga a Chavín de Huántar como una formación económica-­social­-religiosa de carácter imperial.

Visión de Chavín imperialista

En su libro, “El Mundo Pre – Inka: Los abismos del cóndor” (2006), Klauer desarrolla la tesis de que Chavín fue un imperio en toda regla y ofrece una aproximación dramático–trágica de su nacimiento, desarrollo, apogeo y colapso, desde una óptica  que corresponde al materialismo histórico.

Remite el origen de Chavín a los nómades de las cuevas de Lauricocha y El Guitarrero cuyas descendencias, después de 4 000 años, originaron esta cultura a partir del año 1 500 a.C.

Sin embargo, no se pregunta ni se responde, ¿por qué una sociedad compleja de tal calibre NO se asentó en el amplio y fértil valle del Alto Santa, al pie de la Cordillera Blanca y prefirió ubicarse en un alejado, difícil y hasta hostil paraje, cerca del Marañon?

Klauer considera que aún está vigente la visión benévola y pacifista de Chavín de Huántar como un horizonte cultural, que encomia su desarrollo  y su benéfica  influencia tecnológica, artística y religiosa sobre otros pueblos contemporáneos durante los sub periodos Formativo Medio y Superior, cuyas características resaltantes fueron:

·           La intensificación de la religión como instrumento de dominio, con componentes básicos de conocimientos chamánicos, astronómicos y climatológicos.
·           La aparición de la cerámica estrechamente relacionada con la ideología religiosa.
·           La intensificación del cultivo del maíz y de la papa.
·           El mejoramiento de técnicas agrícolas y de riego por gravedad, canalizado
·           El desarrollo de la minería, la metalurgia, la orfebrería y la textilería.
·           El surgimiento de un sistema administrativo de supervisión, control de la producción, organización y aprovechamiento de la fuerza de trabajo. 

El progreso de Chavín se expresó en los siguientes factores:

·           Su arquitectura y construcción megalíticas con bloques grandes de piedra de cantera.
·           Alta capacidad de ingeniería hidráulica.
·           Su escultórica lítica y su tecnología alfarera.
·           Dominio de cultivos y crianzas a escala.
·           Gran conocimiento astrológico, astronómico, meteorológico y de adivinación, aplicados a la alta política y a la vida diaria.
·           Vocación de transferencia tecnológica a cambio de márgenes de producción. 
·           Desarrollo y aplicación de una cosmología singular con un componente religioso que exigía sumisión total a poderes sobrenaturales o deidades y a sus sacerdotes.
·           Clara vocación de dominio y expansión territorial sin precedentes.
Klauer remarca que, para él, Chavín fue una teocracia andina absolutista que también usó la fuerza para asegurar su dominio sobre otros pueblos y que su mecanismo de representación consistía en que personas que destacaban por sus conocimientos astronómicos y ambientales sobre periodos de tiempo y el clima en sus aldeas, eran reconocidas como autoridades político–religiosas, en una sociedad global de dos clases:  

Los sacerdotes: clase dominante, con conocimientos exclusivos sobre adivinación, astronomía, astrología, medición del tiempo y el pronóstico del clima, lo que les proporcionaba gran influencia y poder. También eran expertos técnicos agrícolas, ingenieros y especialistas en las artes de la arquitectura y la construcción.

El pueblo: los administrados o sometidos, la masa de agricultores, ganaderos, alfareros, escultores líticos, metalurgistas, orfebres, textileros, albañiles, cocineros y músicos, al servicio de la casta sacerdotal.

¿Militares?: Aunque menciona que solo hay algunos indicios en la literatura chavinista, da por existente una fuerza militar captada, entre otros, por el arqueólogo Guillermo Lumbreras a partir de algunos frisos que muestran a personajes armados con la arrojadiza estólica.

La narrativa Klauer plantea dos fases del dominio imperial Chavín.

Previa a la primera, este investigador cree que hubo una guerra entre los Chavín y los Sechín.

La supuesta guerra Chavín – Sechín.

Klauer especula con que, aproximadamente en 1 500 a.C. (Nota: según la data actual en esta fecha Chavín no existía), los Chavín estaban en proceso de expansión paralelamente a los Sechín (Nota, según la cronología de Bischof para Casma, en ese tiempo prevalecía Sechín Alto como centro).

Según su hipótesis, los chavines progresaban en paz usando el oraculismo y la religión como herramientas de convocatoria y cohesión, mientras que los Sechín lo hacían mediante la guerra de agresión. Hay que anotar que Klauer no menciona en ningún momento a la Cultura Cupisnique, también contemporánea y de gran influencia en la costa norte.

Sin fijar tiempo y lugares precisos, afirma que se iniciaron constantes enfrentamientos bélicos en los que los Sechín vencieron a los Chavín y deduce que esto quedó registrado en los frisos líticos macabros esculpidos en Cerro Sechín. Estas supuestas batallas habrían ocurrido entre el 1 500 y el 1 200 a.C. hasta que, en la decisiva, los chavines vencieron. Tras destruir varios sitios Sechín, exterminaron a sus élites y capturaron a las mujeres, mientras que los varones sobrevivientes escaparon en diáspora hacia la costa norte y sur.

Los fechados actuales señalan que esta versión es fantasiosa y por eso inexacta. Entre 1 500 y 1 200 a.C. el asentamiento Chavín solo era una aldea semi sedentaria escasamente poblada. La muralla lítica de Cerro Sechín, que contiene los grabados de la «Procesión sacrificial» empezó a ser erigida cerca del año 1 900 a.C., unos 400 años antes, a fines del Periodo Arcaico y los famosos frisos macabros fueron añadidos, aproximadamente en el año 1 800 a.C. No es congruente que los sechinenses hayan festejado en el 1 800 a.C. una victoria bélica contra un enemigo que aún no existía.

Como parte de su elucubración, Klauer imagina que después de aniquilar a los sechín, los chavines iniciaron su expansión territorial con base en un supuesto ejército, el prestigio de su religión, su exclusiva representación de los dioses, su capacidad de adivinación y sus aplicaciones tecnológicas y técnicas para el agro, crianzas, textilería, arquitectura e ingeniería constructiva lítica monumental e hidráulica.

Todo esto a cambio de la completa sumisión, aportes de excedentes de la producción y fuerza de trabajo gratuita de pueblos ubicados en un territorio de cerca 300,000 kms2.

Klauer cree que, en este trance, se produjo la difusión del idioma chavín, el antecesor del quechua o proto-quechua y que, en este estado de cosas, Chavín encajaba en su elaborada definición de imperio: “Dominio (estructural y sistemático) que ejerce un pueblo, nación y/o Estado (hegemónico) sobre otra u otras naciones, pueblos y/o Estados (dominados) y, a través del cual, aquél obtiene beneficios objetivos (identificables y mensurables) a costa del perjuicio (también objetivo) de éstos”.

Según este autor, las fases del desarrollo imperial de Chavín fueron las siguientes:

Fase Uno. El desborde chavinista o dominio religioso-tecnológico.

Uno de los principales factores de este dominio habría sido la facultad de oráculo del santuario, a través de los sacerdotes chavines, de predecir con cuatro meses de anticipación, si iba a llover o no al inicio de las siembras. Ellos “vendían” esa información a los jefes de ayllus, curacas y jefes de etnias de las comarcas como un producto obtenido de sus dioses para que pudiesen decidir con certeza el inicio, postergación o cancelación de la temporada de siembra, así como echar mano a sus reservas ante el inminente mal tiempo.

Klauer vuelve a especular con que los sacerdotes chavines eran los primeros en conocer, como secreto de estado las implicancias de las condiciones de aparición de ejemplares del mullu o caracol Spondylus en la costa ecuatorial. Los demás solo sabían que el mullu era portador de mensajes divinos, pero desconocían el contenido de tales avisos y menos aún el modo de “leerlos”, por lo que el tal molusco fue objeto de inestimable valor en forma de avalorios y como elemento sagrado del culto general a la fertilidad.

El sagrado Mullu.

El supuesto mensaje divino en el Mullu era el resultado de la observación de que su aparición anticipada en el fondo marino costero ecuatorial anunciaba subsiguientes alteraciones climatológicas (Fenómeno El Niño), que afectarían rápidamente toda la vida diaria impidiendo o destruyendo las siembras, las crianzas y  las viviendas, causando gran mortandad, destrucción y la desaparición de pueblos enteros.

En los hechos, hoy se sabe que, en efecto, cuatro meses antes de que las aguas del Pacífico Sur empecen a calentarse por encima de lo normal, las conchas Spondylus adquieren un color rojizo cada vez más intenso, signo de desastres por exceso de lluvias. Así que esta información era tan importante y valiosa que solo era manejada por los pocos buzos extractores del crustáceo y los gobernantes y, en consecuencia, era un bien caro y restringido. Por eso, el mullu era también una valiosa ofrenda a las deidades, en particular a las del mar y componente obligado de ritos de invocación a la lluvia en tiempos de sequía y, en general, de todos los rituales para la fertilidad.

 

El sagrado Mullu

 No obstante, las condiciones del mullo no señalaban la intensidad y duración de las lluvias o sequías. Por eso, las predicciones de fenómenos climatológicos de media y baja intensidad beneficiaban a los sacerdotes y gobernantes, pues podían enfrentarlos con el stock de víveres, más abastecimiento y uso de refugios seguros y otras medidas de prevención.  

EL mullu o Spondylus habita en las costas de los mares cálidos del planeta. Hay 72 especies. En América hay tres especies: una en el Atlántico y dos en el Pacífico.

Las del Pacífico, son el Spondylus princeps y el Spondylus calcifer que se encuentran desde Baja California hasta la punta de Santa Elena, al norte del golfo de Guayaquil, en el Ecuador y habita adherido a pequeñas rocas y corales, o sobre el fondo arenoso, desde los 18 hasta los 50 m. bajo la superficie marina.

En su ensayo del 2005, “El Spondylus en el Perú prehispánico. Su significación religiosa y económica”, Fernando López Cuevas, de la Universidad de Córdova, explica que la especie más difundida es el Spondylus princeps, que se caracteriza por su fuerte color rojo coral, aunque a veces puede ofrecer una gama de tonalidades que va desde el blanco al anaranjado, rojo o púrpura. Su valva presenta una forma erizada de espinas blancas en su parte externa, que se entrelazan unas con otras.  Este es el mullu, el mensajero de los dioses. Su concha fue usada para la elaboración de joyas y accesorios ceremoniales y, en su forma natural, tuvo un uso importante en rituales.

El Spondylus calcifer habita desde el Golfo de California hasta Punta Pariñas, en Piura, Perú. Por su color rojo púrpura de la banda interna de sus valvas fue utilizado para cuentas tipo chaquira de gran belleza, para collares, pectorales y otros ornamentos de resalte personal.

Fase Dos: Dominio militar. La creencia de Klauer incluye que el dominio coercitivo religioso-tecnológico duró unos cinco siglos y se vino abajo cerca del año 882 a.C., porque la curia chavín fue perdiendo paulatinamente su reconocimiento y prestigio como minoría creadora, entre los jefes subyugados.

Los de la periferia empezaron a no entregar tributos y otros aportes a la élite ancashina “ociosa y derrochadora”.

Klauer supone que la reacción fue violenta: el asesinato de los alzados y el envío de sus pueblos al exilio forzado mediante mitimaes militares y calcula que este régimen despiadado duró otros 500 años con un alto costo de mantenimiento de guarniciones. Pero, en ese tiempo, los jefes y soldados se volvieron residentes de las comarcas dominadas, tuvieron descendencia y generación tras generación, los extraños se convirtieron en nativos con tendencias independentistas.

 

OTROS ASPECTOS DE LA CULTURA CHAVÍN

LA ECONOMÍA

Su base fue la agricultura y la ganadería de camélidos sudamericanos. Sus principales cultivos fueron: maíz, papa, camote, mashua, oca, olluco, frijoles, pallares, maní, achiote, ajíes, kañiwa, quinua, palta, pepino y  tomate.

Manejaban muy bien el riego por gravedad mediante canales; construyeron los primeros andenes para el aprovechamiento de laderas y usaban la chaquitaclla (arado de pie), que acrecentó la productividad agrícola.

Intensificaron la domesticación de la llama y la alpaca, desarrollada en la Sierra Central (Junín) para su aprovechamiento como medio de carga en el caso de la primera especie y para carne, cuero y fibra en el caso de la segunda. También criaban cuyes para alimento y cuero. Establecieron un sistema comercial por intercambio de bienes o trueque, entre sus dominios en la Sierra, la Costa, la Alta y Baja Amazonías. 

OTRAS ARTES

Hasta recientes descubrimientos arqueológicos de expresiones culturales anteriores, la Cultura Chavín era reconocida como el primer estilo artístico generado y difundido en los Andes, en el contexto de la creencia de que fue la primera cultura panandina.

Los especialistas dicen que tal arte tiene dos fases: la primera, corresponde al «Templo Viejo» (1 300 -800 a.C.) La segunda se relaciona con la construcción del «Templo Nuevo» (800-500 a.C.)

Tuvo una compleja iconografía de gran "realismo mítico". En su cerámica, alfarería, escultura, etc., interactúan humanos y animales, como en una conexión cosmológica. ​Hay que notar que algunos de los animales representados son selváticos como el jaguar y la anaconda.  

 

ORFEBRERÍA.

Moldeaban el oro mediante martillado y repujado, confeccionando coronas, brazaletes, aretes, orejeras, cuentas de collar y pequeños adornos. Por su alta ley, se supone que el oro que usaban procedía de ríos amazónicos.

 

Bellas joyas chavín trabajadas en oro

TEXTILERÍA

Usaban algodón y fibra de camélidos sudamericanos para sus tapices y tejidos. Estos podían ser simples bordados y con adornos a base de orlas y flecos.

IDIOMA

Se desconoce que lengua hablaban los chavines​. Un grupo de investigadores cree que fue algo así como el idioma proto quechua. Pero, el filólogo  Alfredo Torero sitúa el proto quechua en los primeros siglos del primer milenio, que es un período mucho más tardío que los orígenes de la cultura Chavín.

EL OCASO CHAVÍN

A medida que avanzan las investigaciones, el misterio de la disolución de la teocracia chavín va alcanzando resultados prometedores para un mejor conocimiento del fin de esa cultura y del Periodo Formativo u Horizonte Temprano. Las hipótesis que están en boga son: 

·      La ocurrencia de un gran terremoto provocado por la gigantesca falla geológica de la Cordillera Blanca a mitad de la centuria de los 600 al 500 a.C. con un impacto territorial de gran destrucción y graves daños estructurales en varias partes de los edificios del santuario.

Al respecto, la geóloga estadunidense Rosseane Chambers, en un artículo  ¿Un terremoto desencadenó el derrumbe de Chavín?, especula que hasta hoy se puede ver la traza de la falla activa de la Cordillera Blanca que rompió la superficie del suelo en la región de Chavín hace más de 2 000 años como consecuencia de un gran sismo, después del cual y muy separados en el tiempo ocurrieron otros. Chambers calcula que la superficie del suelo parece haberse desplazado verticalmente unos 6 a 9 pies (1,8 a 2,7 m) en cada terremoto. Estas son grandes rupturas en la corteza terrestre, lo que muestra que cada evento fue poderoso y probablemente tuvo una magnitud de 7 a 7,5.

 


Escarpe en la falla de la Cordillera Blanca, al este de Huaraz, formado probablemente
durante un terremoto ocurrido hace unos 2000 años. Foto: R. Chambers.

·      Un evento tipo mega Fenómeno El Niño global que habría ocurrido alrededor del año 500 a.C. del cual no se han hallado rastros en el sitio epónimo, pero sí cuenta con registros de una gran inundación en el valle de Moche (Michael Mosseley, Fred Nials y otros, 1979), a la que siguió un período de grave degradación ambiental a causa de grandes avalanchas de lodo y piedra que destruyeron canales de riego, borraron campos de cultivo y sepultaron aldeas y edificios púbicos (Michael Moseley y su equipo, 1981).

A mitad del siglo pasado, la arqueóloga Rebeca Carrión Cachot, muy vinculada a Julio C. Tello, presentó esta alternativa solo como hipótesis - fenómeno, calculando que la hecatombe ambiental afectó gravemente la vida cotidiana en la costa y la sierra norcentral, pero en especial, a los valles entre Casma y Lambayeque en donde la destrucción habría sido enorme.

·      Otros investigadores creen que esa catástrofe masiva fue el marco trágico que cortó – hacia el 500 a.C., en el norte y centro de los Andes Centrales– el Periodo Formativo u Horizonte Temprano generando una época de profunda conmoción y una etapa de transición caracterizada, básicamente, por el colapso y abandono de los grandes centros religiosos.

En la costa la desgracia impactó demoledoramente en la Cultura Cupisnique en su fase tardía, cuya tradición religiosa cayó el descrédito acelerando su desaparición. El intenso estrés climatológico afectó también a la Cultura Salinar, del valle de Moche que había surgido tras el colapso de Cupisnique como reorganización social en medio de la escasez y la guerra por lo que tuvo que asentarse en cumbres fortificadas; también en la Cultura Vicús, en el alto Piura, durante su etapa temprana cuando enfrentó lluvias torrenciales y cambios repentinos en los acuíferos subterráneos.

Aunque, como ya hemos dicho, nadie aún ha hallado vestigios de este fenómeno natural en el Complejo Chavín, se cree que su expresión habría sido un largo periodo de luvias intensas al que siguió una prolongada sequía inmanejable. Estos desastres habrían diezmado los campos y las crianzas, generaron hambruna, enfermedades, destrucción de caminos e impidieron las marchas de las tradicionales caravanas de jerarcas hacia el santurario.

Pero, la percepción global fue el fracaso total de la curia chavinista ante la desgracia. Este temperamento general habría provocado que la influencia de la red religiosa y comercial en el norte y centro cayera en desprestigio total y terminó fracturándose; los sacerdotes chavines fueron incapaces de adivinar el gran desastre y remediarlo con la ayuda de los dioses.

Resumiendo; así como Chavín no fue entonces, la “Cultura Madre” u origen de la civilización andina, como propuso Tello o la síntesis final, después del colapso sociedades costeras anteriores, como afirmó Burger, su colapso tampoco fue el quiebre del Periodo Formativo u Horizonte Temprano.

Jonh Rick y su equipo, entre julio y agosto de 2026 realizaron una nueva temporada de investigación en el santuario, esta vez con el objetivo preciso de encontrar los vestigios del supuesto terremoto y la magnitud de sus daños, hallar testimonios de probables efectos de un mega El Niño y determinar cómo fue el proceso de extinción de la actividad de culto y adivinación en el gran centro ceremonial.

Porque, de lo que si están seguros los investigadores es que la desintegración de la teocracia Chavín, en forma de anfictionía, estado o imperio fue irreversible; la estocada final la dio la pequeña etnia de los Huaraz del Callejón de Huaylas, cuyos pobladores se apoderaron de las instalaciones de centro monumental y tras eliminar a la curia, las convirtieron en sus viviendas.

FIN  

lunes, 12 de octubre de 2026

 

Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Nueve

LA ICONOGRAFIA CHAVÍN:
MILENARIO MENSAJE SOBRE LA VIDA Y EL UNIVERSO

En el conjunto de nuevos diseños arquitectónicos, técnicas constructivas e iconografía ideológica ritualista, además de las estelas ya descritas, destacan otros vestigios, entre ellos el Portal de las Falcónidas. No obstante, también hay que resaltar que, en particular, la iconografía tallada en piedra y las dimensiones de la Plaza Cuadrada Hundida como integrantes del «Templo Nuevo», expresan también el desarrollo ideológico-religioso de la Cultura Chavín como indicador de su apogeo, con el agregado de nuevas entidades de veneración y de explicación de la visión cosmogónica imperante.  

PORTADA DE LAS FALCÓNIDAS
Esta formidable estructura arquitectónica, también es llamada la Portada Negra y Blanca. Está situada en el centro del frontis del lado este del «Templo Nuevo». Frente a ella está la Escalinata Blanca y Negra donde estaba el Pórtico de los Jaguares. Más hacia el este están la llamada «Plaza Menor Hundida» y la enorme «Plaza Cuadrada Hundida».

 

Portada de las Falcónidas, en el “Templo Nuevo” de Chavín de Huántar

   La «Portada de las falcónidas» consiste en un gran pórtico de piedra con multicomponentes: dos columnas circulares talladas y una losa voladiza sobre las mismas, también tallada y dos jambas o paramentos a los lados compuestas, cada una, por tres piezas líticas
Las dos columnas circulares llevan talladas en bajorrelieve seres antropomorfos. Cada una tiene 2.30 Ms. de altura, 61 Cms. de diámetro, 1.91 Ms. de circunferencia y la representación esculpida.
Sin éxito, varios han tratado de “leer” las imágenes talladas asumiendo que constituyen un mensaje complejo. ​
El conjunto está en riesgo de perder sus grabaciones a causa de sismos y otros factores ambientales que degradan la piedra. ​
Lumbreras describió las figuras como “seres draconianos, alados, con colmillos y cabeza de falcónidas”. ​El antropólogo estadounidense John Rowe las llamó “Ángeles de la guarda” y en 1972 especuló que los chavines creían que estos seres servían al Dios de las varas o báculos — que aparece en la Estela Raimondi—, y que el «Templo Nuevo» estaba dedicado al culto de esta deidad. En cambio, en el «Templo Viejo” habría sido venerado el Dios sonriente, dibujado en el Lanzón monolítico.
​El también estadounidense Richard Burger argumentó en 1992 que la arquitectura y la iconografía del Pórtico de las Falcónidas, cumplió el propósito de resaltar el principio andino cósmico de las “infinitas dualidades opuestas y complementarias”, pues al mostrar seres draconianos masculinos y femeninos, granito ‘blanco’ y caliza ‘negra’, transmiten el antiquísimo concepto andino de la dualidad complementaria —en quechua, «yanantin»—, a través de la arquitectura.
El arqueólogo John Rick planteó que estas y otras esculturas líticas en Chavín fueron  herramientas complementarias de la gran manipulación psicoactiva de los feligreses del santuario, mediate la exploración psíquica y la experimentación para generar y comprobar las reacciones de las personas ante diferentes estímulos.
No obstante, George F. Lau y Richard Burger, contradicen a Rick, pues creen que los templos son solo expresiones de una mayor complejidad de los motivos de la construcción del lugar y proponen a Chavín como un importante centro de una red panandina teocrática, de intercambio de productos —tangibles e intangibles – durante el Formativo Tardío.
Por su parte, Makowsky está convencido de que la parte del «Templo Nuevo», donde está ubicado este pórtico fue dedicado por la curia chavín al culto de la pareja de dioses ornitomorfos conformado por un águila pescadora hembra (Pandion helaeteus) y un halcón macho (Alco pere rinus)
El ser híbrido de la derecha es masculino al contener el atributo de penis aculeatus, mientras que el ser de la izquierda es femenino al contener el atributo de la vagina dentata.
Otros componentes del portal son:
·       Un friso voladizo con ocho seres zoomorfos falcónidos en bajorrelieve, actualmente partida en dos.
·       Un dintel, compuesto por tres piezas.
·       Una escalera de acceso.

 LA ESTELA DEL PORTADOR DEL SAN PEDRO
La halló Guillermo Lumbreras, en 1972, durante su investigación de la «Plaza Circular Hundida» adscrita al «Templo Viejo».
Es una lápida de granito que integraba la ornamentación iconográfica lítica tipo mural en derredor de la plaza compuesta por otras estelas grabadas con distintos motivos, cuya mayor parte ha desaparecido.  
Lumbreras recobró otras cinco lápidas de 80 por 70 cms. y calculó que este tipo de mampostería estuvo compuesta por 28 estelas de similares dimensiones en los cuadrantes norte y sur del hemiciclo oeste de la plaza.
Las estelas del cuadrante noroeste muestran seres antropomorfos como si caminasen en una procesión de derecha a izquierda hacia la escalera este, la mayoría portando algún objeto en su mano. Debajo de esta serie hay otra hilada de lápidas rectangulares de 36 x 69 cm con representaciones de felinos con motas, también como avanzando en procesión en la misma dirección que los seres representados en las estelas superiores. La estela del portador de cactus permanece en su emplazamiento original, en el lado noroeste de la plaza circular.
Las otras lápidas son: la VI-NW6, muy deteriorada.  Tiene trazos de un ser antropomorfo en posición hacia el frente del cual salen algo como rayos, de sus cuatro costados».
La VI-NW7 muestra a un trompetista, en el acto de soplar una concha marina o pututo, mientras camina hacia la escalinata occidental.
La lápida VI-NW8, también muestra otro trompetista. 
La VI-NW7VI-NW9, también muy dañada, pero deja ver un personaje de perfil en actitud de caminar hacia la escalinata occidental con el brazo derecho levantado portando un objeto imposible de distinguir.

 

Lápida o estela del Portador del cáctus, en derredor de la Plaza circular Hundida.

 En 2001, John Rick y su equipo recuperaron un pedazo de otra estela que muestra la imagen espejo de la ya conocida, de lo que se deduce que existieron cuatro estelas similares: dos en el cuadrante noreste y dos en el cuadrante sureste, todas mirando hacia la escalera que lleva a la galería del «Lanzón». El fragmento recobrado, muestra casi el total de la pierna izquierda del individuo, una serpiente colgante que desciende de su cinturón y la estructura inferior del tallo y la raíz del cactus.

Esta evidencia indica que la hilada superior de las lápidas también estaba presente, originalmente, en el cuadrante suroeste y que las placas pueden haber sido pares emparejados, totalizando cuatro estelas con la misma representación: dos mirando hacia la derecha y dos mirando hacia la izquierda, ambas mirando hacia la escalera que desciende hacia el oeste desde la galería del «Lanzón».
Los investigadores concuerdan que los grabados son la prueba material de que los «sacerdotes» de Chavín usaban el jugo del cactus San Pedro (Echinopsis pachanoi) en sus prácticas rituales para sus «vuelos chamánicos» y para inducir hacia ese trance a sus consultantes. 

 

Dibujo del Portador del cáctus

 Origen y antigüedad.
Según Guillermo Lumbreras las lápidas murales de la «Plaza Circular» fueron parte de la gran remodelación a la que fue sometida: la construcción de  las galerías de las Caracolas, de las Ofrendas y las escaleras de acceso este y oeste, en el periodo de auge del santuario, el cual, de acuerdo con la cronología arquitectónico-constructiva de John Rick y su equipo, corresponde a las etapas Consolidación y Blanco y Negro.
Richard Burger ha insistido en 2019, en , Conociendo la trayectoria socioeconómica de Chavín de Huántar: Una nueva secuencia de radiocarbono y sus implicaciones más amplias que estas obras (la Plaza Circular, sus lápidas en bajorrelieve, las galerías y escalinatas asociadas) fueron realizadas durante la segunda fase de su cronología cerámica relativa, la Chakinani, del 800 al 700 a.C., subsiguiente a la fase cerámica Urabarriu y anterior a la última fase cerámica Janabarriu, del 700 al 400 a.C. 
Interpretación.
El grueso de los investigadores deduce que el mural de la que era parte la «Estela del Portador del Cactus» representaba a «sacerdotes» de Chavín en procesión, junto a felinos dibujados en las lápidas inferiores que van hacia la escalera este que lleva a la galería del «Lanzón».

LAS CABEZAS CLAVAS.
Son grandes “clavos de piedra”. Supuestamente representan a deidades menores. Tienen diferentes tamaños. Todas cuentan con una estructura lítica alargada en su parte posterior, con la que eran insertadas en los muros del «Templo Nuevo».
Unas tienen rasgos antropomorfos y otras, zoomorfos (felino, ave de rapiña y serpiente), o bien una combinación del conjunto, al estilo de la figura del «Lanzón».
Unos creen que representaban fieros guardianes del templo.
Julio C. Tello Tello creía que representaban cabezas de enemigos, pero no precisó cuáles. El arqueólogo Richard Burger considera que representaban el proceso de transformación chamánica de quienes dirigían los ritos de invocación a los animales míticos que eran adorados en el santuario (felinos, águilas, serpientes y caimanes), luego de ingerir sustancias alucinógenas.
 

Cabeza clava o escultura lítica de adorno que muestra a chaman
chavín con mucosidad abundante, producto del consumo de
Drogas psicoactivas. 

Al empezar su investigación del santuario, Tello identificó originalmente 42 cabezas clavas en la fachada y en las paredes sur y oeste del «Templo Nuevo», en fila horizontal y colocadas en forma equidistante, bajo cornisas de piedra grabadas en bajorrelieve, de lo que se deduce que fueron parte del diseño de las etapas arquitectónico–constructivas Consolidación y Blanco y Negro.
Tras el aluvión de 1945, muchas «cabezas clavas» desaparecieron y otras fueron removidas por la fuerza de la avalancha a tal punto de que, solo una se mantiene en su sitio original en el centro ceremonial. Unas cien rescatadas están en el Museo Nacional de Chavín.

  Una de las pocas cabezas clavas aún como parte de la estructura 
Arquitectónica lítica


Colección en el Museo de Chavín de Huántar

En julio de 2013 los arqueólogos John Rick y Guillermo Lumbreras reportaron el hallazgo de dos «cabezas clavas» casi intactas, que estaban enterradas en un corredor estrecho, probablemente tras el derrumbe de la pared donde estaban empotradas, debido a un terremoto ocurrido hacia el año 200 d.C.
Miden 103 cm de largo por 39 cm de ancho y 43 cm de altura, y cada una pesa aproximadamente 250 kg. Sus figuras muestran rostros humanos con pupilas dilatadas, músculos faciales contraídos y las fosas nasales abiertas, labios en posición de silbar o soplar. 
Este tipo de adornos arquitectónicos líticos han sido hallados en culturas muy posteriores a Chavín, como la Recuay y Tiahuanaco.  

LA ICONOGRAFÍA CHAVÍN

Es una iconografía fundamentalmente religiosa, de culto y estéticamente, bella. En 2012, el antropólogo estadounidense Uwe Carlson, escribió que, además de bella era simbólica y resumía los problemas más importantes de la existencia con un valor decorativo considerable. El gran número de obras de arte que muestra símbolos iconográficos en cerámica, lito escultura, orfebrería y textilería, presentan un simbolismo muy homogéneo y agregó: “Sus creadores combinaban, pues, representaciones tan transcendentales que sus formas de expresión eran bastante más complejas y profundas”.
La ruta de la idea a la obra
Esto lleva a preguntar, ¿cuál fue el procedimiento desde la concepción de la idea hasta su realización por uno o varios consumados escultores, ceramistas, tejedores y orfebres? ¿Dónde lo hicieron? ¿La idea era de uno o varios «sacerdotes» sabios? ¿Cómo la transmitían en el caso de los talladores, quién definía las medidas y equivalencias? ¿Los artistas sabían totalmente el significado o mensaje de las obras? ¿También eran miembros de la curia Chavín?
Estas y otras cuestiones no han sido investigadas por los arqueólogos más interesados en descifrar el contenido de las imágenes, es decir lo que hay en la cuna, sin que importe la mano que la mueve.
En su reporte Chavín enigmático­: simbolismo y su significado, tras plantearse estos temas, Uwe Carlson calcula que, desde antes de Chavín, artistas locales –existentes desde la vida en las cavernas–, probablemente con indicaciones de los «sacerdotes» de las sociedades costeñas emergentes, hicieron obras artísticas con arcilla, tipo mural, a veces colosales, en  bajorrelieves, altorrelieves o como estatuas de gran plasticidad. Pero, por el material, se deterioraban con relativa facilidad.
El antecedente de grabado lítico monumental de Chavín, solo como técnica y material de soporte, es la «Procesión sacrificial» grabada en el gran muro lítico que rodea Cerro Sechín, en el valle de Sechín, tributario del de Casma en la costa de Ancash, lo que hace posible un posible nexo de transferencia tecnológica.
El felino original
Carlson postula sobre el símbolo felínico que Chavín lo adoptó; no lo creó porque existía desde tiempos anteriores. 
Se deduce por la antigüedad que la primera figura indicada fue la del rostro del felino definida por una gran mandíbula, una gran boca y grandes colmillos, la cual surgió como modelo primigenio de parte de la imagen de la divinidad, porque combinaba poder, astucia, gran fuerza física, potencia, velocidad, agilidad, olfato excelente, agudeza visual y un tacto singular y, además, habitaba en todos los pisos ecológicos, con distintas especies.
Carlson cree que el felino por sí solo no representó a un dios. Aportó sus características a la integración iconográfica con humanos, junto con la de otros animales de tierra como la serpiente; de aire, como el águila y el halcón; y, de agua (caimán, cocodrilo) y hasta con especies vegetales (Yuca, maní, calabaza, cactus) para la definición de una divinidad asociada a la fertilidad.
 
Otros símbolos iconográficos
Cuerpo de serpiente, igual a la tierra productiva
Cabeza de serpiente, que simbolizan las curvas o meandros de los ríos.
Figuras geométricas escalariformes, que representaban tierra fértil que evitaban las avalanchas (andenes)
Figuras de olas, que representaban el agua y devienen de la Cultura Cupisnique
En conjunto, Carlson asume que estos dibujos eran significantes de la fertilidad, de la reproducción y pueden ser comprendidos según el concepto escandinavo:  kenning, adaptado por John Rowe para entender el lenguaje iconográfico de Chavín, el cual consiste en reemplazar una parte del cuerpo o un elemento de una figura por otro símbolo que tiene una forma visualmente similar pero un significado distinto.
El «Lanzón», representaría al mismo tiempo, la más antigua imagen de la divinidad de Chavín, pero también es una escultura de una figura en relieve. Ambos se completan de modo recíproco y son reproducidas con el mismo simbolismo en las lápidas salvadas de la Plaza Circular Hundida.
Carlson halla el mismo simbolismo respecto a la fertilidad, a la reproducción, a la tierra y el agua en la Estela Raymondi y en el felino de la parte inferior de la cornisa de la esquina sudoeste del «Templo Nuevo» y hasta en algunas cabezas clavas con las serpientes saliendo de los ojos.
También postula que en el periodo tardío de Chavín se produjo un notorio cambió en la imagen de la divinidad: al felino le añadieron rasgos de aves depredadoras como su coronación con el pico ornitomorfo dirigida hacia arriba y los pares de alas laterales, tal como fue grabado en las columnas y la cornisa de la Portada de las Falcónidas del  «Templo Nuevo», en algunas placas metálicas de relieve y en un gran número de otros objetos.
Comparándole con otras iconografías contemporáneas y posteriores, Federico Kauffmann sostiene que la de los monolitos representa a una sola divinidad  chavín y define su imagen, básicamente, como la de un ser híbrido: mitad hombre con boca atigrada y mitad ave de rapiña, al cual denomina piscoruna-pumapasim, lo que traducido del quechua quiere decir, “Hombre – ave con boca atigrada”. También lo llama “felino volador” y estaría relacionado con el culto al agua, de tanta importancia en las civilizaciones agrícolas del Perú antiguo.
FINALIZA EN LA PARTE DIEZ