domingo, 19 de abril de 2026

 

 

HUACA PUCLLANA, TESTIMONIO DE LA
CULTURA LIMA, CERCANO Y DESCONOCIDO


La monumentalidad de Huaca Pucllana


Huaca Pucllana tiene una historia impresionante y la cuento. Son los vestigios de lo que fue uno de los asentamientos principales de antiquísima Cultura Lima, la segunda sociedad compleja que surgió en los valles de Chancay, Ancón, Chillón, Rímac y Lurín. Paradójicamente, a pesar de que sus testimonios están en la punta de la nariz de la población limeña y de que los arqueólogos la han investigado intensamente, la mayor parte de los casi 12 millones de habitantes capitalinos ni siquiera saben que existe.

Pucllana, está ubicada en el distrito de Miraflores y estuvo abandonada mucho tiempo, pues la ignorancia y el desinterés de los peruanos modernos por su prehistoria no solo es grande; es inmenso.  La convirtieron en basurero y una de sus zonas hasta fue usada para carreras de motos de campo. Eso se corrigió, en parte, desde 1981, cuando recién empezó su investigación en regla.

Su área actual es de cerca de seis hectáreas; pero, su configuración original abarcaba el triple de esa extensión con edificios de menor tamaño que fueron destruidos para hacer casas, calles y parques.

Inicialmente, destacados arqueólogos extranjeros solo le echaron un vistazo, pero, nada más. Los alemanes Ernst Middendorf, en1894 y Max Ulhe, en 1910.  El peruano Julio C. Tello la llamó «Waka Juliana» y se cree que escribió una referencia, que nunca publicó. El cura católico Villar Córdova (1935), los arqueólogos Alfred Kroeber (1954) y Thomas Patterson (1966), también la inspeccionaron y solo recogieron algunos pedazos cerámicos que hallaron tirados por ahí.

Luego cayó en abandono y las inmobiliarias y hasta las autoridades municipales empezaron a depredarla. Tello se opuso, pero no le hicieron caso. En 1951, en son de salvataje, José Casafranca empezó a excavar. Recién en 1967 empezó el rescate de lo que quedaba.


Modernidad y prehistoria

Etapas de ocupación

Pucllana se encuentra dividida en dos sectores:

Sector A, que incluye el edificio principal, el complejo noreste y la bajada adyacente en donde se realizaban actividades de culto como ritos y sacrificios en veneración de sus deidades; en este sector están también las residencias de los sacerdotes gobernantes.

El Sector B comprende la zona administrativa conformado por recintos, pasadizos, patios con rampas, banquetas y depósitos de ofrendas destinados a las labores públicas y de gobierno de la población. En este sector también se realizaban actividades de intercambio que debieron ser frecuentes.

El sitio tuvo tres ocupaciones prehispánicas:

i)        La original Lima, del 400 al 700 d.C., aproximadamente, durante el Intermedio Temprano o de los desarrollos regionales. El arqueólogo Hernán Silvera La Torre, en su artículo, Buscando rastros de una actividad ritual en Huaca Pucllana, dice que, probablemente la construcción de su edificio monumental comenzó en el año 500 d.C.

ii)       La ocupación Wari como cementerio de sus funcionarios imperiales, del 700 al 900 d.C., con ofrendas y testimonios de sacrificios de adultos y niños y, finalmente,

iii)      La presencia ychsma, entre los años 1 000 y 1 532, durante el Horizonte Tardío, tiempo en que el sitio siguió siendo utilizado como cementerio con una aldea instalada en su derredor.

Al llegar los incas, encontraron a Pucllana abandonada y la consideraron una «Ñawpa Llacta» sagrada, o «pueblo viejo». Sobre el tiempo de la ocupación española, María Rostworowski ha corroborado con documentos que a fines del siglo XVI el sitio estaba registrado como propiedad del curaca Pedro Chumbi Charnan, señor de Huatca, quien declaró ante el registrador colonial que el sitio, en ese tiempo, tenía por nombre Pullana o Puliana

Durante su funcionamiento como centro ceremonial de la cultura Lima, Huaca Pucllana fue contemporánea de otros sitios como Maranga, Cajamarquilla, Pachacámac, Catalina Huanca, Copacabana, Cerro Culebra y otros.

Estatus político

Silvera la Torre plantea que Pucllana fue el centro de un curacazgo que, junto con otros grupos similares de los valles de Lurín, Rímac, Chillón y Chancay compartían una misma tradición o costumbres sociales, económicas y religiosas y aplicaban los mismos patrones productivo, de asentamiento, arquitectónico, constructivo, alfafero y fúnebre, expresando una homogenización que ha permitido reconocerla como la cultura Lima.

Algunos investigadores creen que esta especie de federación de curacazgos logró avances notables en su institucionalización, de tal modo que plantean que los limas estaban en camino de convertirse en un estado.

Cada curacazgo tenía un gran edificio ceremonial administrativo y de culto que operaba como una suerte de capital semi urbana zonal o centro de poder que administraba toda la producción de la zona. Los pobladores se dedicaban a la agricultura con riego por gravedad mediante canales derivados del rio Rímac; también pescaban y marisqueaban como actividades de subsistencia muy importantes que realizaban en la línea litoral y en el mar utilizando embarcaciones hechas de totora.

El edificio principal

Este edificio está compuesto por siete plataformas superpuestas escalonadas de planta rectangular, con rampas de acceso en zigzag, pasadizos y está orientado de suroeste a noreste. Tuvo tres fases constructivas:


Técnica del librero con adobitos en Pucllana

La primera, corresponde a la etapa Lima Medio, cuando construyeron los tapiales. En la segunda, usaron adobes paralelepípedos cuadrangulares a fines de Lima Medio.

En la tercera y última fase, en la fase Lima Tardío, usaron los adobitos y la técnica del librero con la que completaron el edificio, desde cuya cima ​los jerarcas dominaban el paisaje y podían administrar a la población y ejercer su control religioso.

Su construcción habría empezado lentamente en el año 200 d.C. con base en muros de tapiales o adobones. Las plataformas subsiguientes son de paredes de «adobitos» rellenadas con cantos rodados y arena. Su altura es de 25 metros. Tiene varios patios, plazas y recintos.

En su actual cima hay patios y otros recintos escalonados pintadas de amarillo. Para sus remodelaciones y ampliaciones, sus ocupantes destruían muros y rellenaban ambientes.

No obstante, siguiendo una vieja tradición que data del periodo Precerámico Tardío con vigencia hasta el periodo Intermedio Temprano, los limas también remodelaban sus edificios en función de sus actividades ceremoniales, así como para entregar ofrendas de artefactos y sangre a sus divinidades.

Clausuraban recintos, patios, escalinatas, altares, murales y los reemplazaban por nuevos, sin o con nuevos diseños. Se sospecha que los limas también remodelaron Huaca Pucllana con ocasión de ascensos de nuevos curacas.

El crecimiento del edificio se realizó de sur a norte y en forma vertical, alcanzando su máxima altura en la tercera fase constructiva.

Remodelación con sangre y muerte

Las modificaciones del edificio eran precedidas por ritos que incluían sacrificios humanos, banquetes, perforación de hoyos para la entrega de ofrendas y rotura de vasijas. Se sospecha que hacían todo eso en agradecimiento a sus dioses por el bienestar del que gozaban o para unir fuerzas frente a diversas amenazas. Esas actividades han sido fechadas en los últimos 200 años de la ocupación Lima, hasta su abandono ante la invasión wari. 

El arqueólogo peruano Nilton Ríos Palomino, en su investigación Evidencia de rituales de clausura y renovación arquitectónica en una plaza de Huaca Pucllana , expone la remodelación de una plaza ceremonial de Pucllana, ubicada en la zona norte del sitio, durante el inicio del Horizonte Medio, descubierta con excavaciones que dieron con grandes rellenos de desechos constructivos.

Hasta la fecha, en Pucllana han sido encontradas cuatro grandes acumulaciones de este tipo, compuestas por pedazos de cerámica, huesos de pescados, mamíferos, aves, restos de moluscos, semillas y desechos líticos Están cerca de patios o plazas o sobre rampas y muros clausurados.

El primer relleno estaba en el lado este del centro ceremonial, en una antesala hacia una rampa que va a la plataforma II. Aquí hallaron también osamenta humana de personas que fueron sacrificadas durante y después del entierro o clausura del espacio. El segundo cúmulo fue hallado al noreste de la plataforma II. El tercero, fue ubicado al noreste de la gran plaza que tiene banquetas, sobre la superficie de un patio y fue colocado antes de la construcción de otra plaza pintada de amarillo.

Remodelación estilo Lima

El cuarto relleno fue encontrado en una gran plaza con banquetas sobre una rampa que interconecta a otra plaza a desnivel y es el escenario de los hallazgos de Ríos Palomino. 

Este último relleno fue colocado en tres momentos. El primero fue de mayor magnitud y significado.  Presentaba abundantes pedazos de cerámica, de huesos de pescado, de aves, camélidos, posiblemente venados, de roedores, batracios, quirópteros, restos de moluscos, crustáceos, de plantas y de piedra. También, muchos pedazos de adobes, de enlucidos y de banquetas. 

La Gran Plaza con Banquetas tuvo seis etapas de construcción.

En la segunda, se depositaron los desechos sobre la rampa para la construcción de dos espacios abiertos, uno rectangular (71,8 x 21,8 m.), con 70 postes en su interior y otro en forma de «L», emplazado en la parte alta (80 x 23,5 m.)

Hacia el oeste fue hallado otro ambiente rectangular (51,7 x 9,3 m.) a modo de corredor que estuvo techado pues tenía 28 hoyos para postes, lo que fue desmontado al clausurar la plaza.

El estudio del lugar señala que este ambiente era el más importante, pues fue el escenario de actividades significativas, como el «ritual de los hoyitos», que consistía en humedecer la superficie de un piso, perforarlo con una vara, colocar en la cavidad ofrendas de objetos como cuentas, abalorios, fragmentos de cuarzo y sellar las oquedades. También hacían hoyitos sobre banquetas y en los muros.

Las plazas con banquetas alcanzaron su mayor variedad en la tercera fase constructiva de Pucllana (cerámica Lima 7, 8, 9 y el estilo Nievería). Las banquetas, fueron espacios de mayor jerarquía en la configuración espacial. Esto habría ocurrido en el año 578 ± 44 d.C. Pero, entre la segunda y tercera etapa de construcción cambió el patrón arquitectónico de la plaza y desaparecieron las banquetas y los ambientes fueron reducidos para albergar menos personas.

Los rituales

Nilton Ríos ha establecido que la remodelación de la plaza implicó siete actividades rituales que congregaron a muchas personas y constituyeron todo un acontecimiento tal vez regional.


 Representación coreográfica del ritual de pago a la tierra - pagapu

La primera fue el acondicionamiento del espacio para un gran banquete.  Designaron lugares para acumular, seleccionar, destazar, limpiar insumos (Alpacas, llamas, venados, pescado - tiburón y mariscos, maíz, papa),  cocinar los alimentos, elaborar artefactos, refaccionar muros, banquetas, pisos y perforar hoyos de ofrendas.  

La segunda actividad fue el banquete en sí, en un ambiente festivo, pero ceremonial, con visos de sacralidad. Además de los jerarcas y sus invitados especiales, participaron los aportantes de los insumos: pescadores, agricultores, ganaderos, comerciantes y artesanos, asó como feligreses en general para la posterior mano de obra.

Se estima que pudieron concurrir no menos de mil personas, siempre y cuando el consumo se hubiera desarrollado en una sola oportunidad.

Un alimento principal debió ser la chicha, otros líquidos sustanciosos y, probablemente, sustancias alucinógenas. No se sabe cuánto tiempo duró el banquete y si participaron las élites de otros asentamientos.

Se cree que después del banquete se procedió a romper vasijas consagradas como ofrendas.

La tercera actividad fue la limpieza de los deshechos del banquete – restos orgánicos, utensilios alfareros, líticos y toda la parafernalia utilizada– fueron lanzados desde la parte alta de la rampa, mientras músicos entonaban temas con antaras. También fueron arrojadas cuentas de moluscos, de huesos de aves y fragmentos de minerales exóticos.

La cuarta actividad fue el incendio de grandes proporciones, provocado para quemar todos los restos de servicios y estructuras provisionales. El fuego habría durado varios días. La quemazón puede visualizarse hasta hoy en las superficies de pisos y muros. Es posible que el siniestro haya sido acompañado con música, oraciones, cánticos, gritos, etc.

La quinta actividad fue la limpieza de las instalaciones interiores de la plaza. Los desechos fueron arrojados sobre la primera deposición de materiales descartados. 

La sexta actividad fue un gran acto destructivo de la edificación: muros, banquetas y estructuras provisionales fueron destruidos.

La séptima y última actividad fue el uso provisional de la plaza para algunas tareas hasta que con un relleno de gran envergadura de grava y arena fueron clausuradas todas sus instalaciones.



Recreación de entierros

Otros hallazgos

En el curso otras investigaciones, en la zona sur de la cima fueron halladas varias tumbas de personajes de la elite Lima, adultos y niños, colocados en camillas con escaso ajuar funerario. 

De la fase II de Pucllana, fueron hallados los contextos funerarios de un adulto varón, dos mujeres y cuatro niños los que fueron enterrados hacia el final de la fase, antes del relleno del edificio. 

Después, fueron encontrados tres entierros dobles en los que, al lado del individuo principal estaba otro sentado al costado o sobre aquél, como acompañante con dos de sus vasijas asociadas del estilo Nievería y otras, típicas del estilo Lima Tardío. Sin embargo, la mayor parte de los restos humanos hallados corresponden a sacrificios humanos.

Una sepultura colectiva, encontrada en la plaza grande, contenía los restos de 26 mujeres sacrificadas, no se sabe por qué ni para qué. Solo se sospecha como motivo el ritual de reconstrucción por el ascenso de un nuevo curaca. En menor número también eran sacrificados varones y niños.

Sacrificios extremadamente violentos

El análisis de las osamentas ha revelado que mataban a los elegidos con mucha violencia y arrojaban sobre sus cadáveres pedazos de vasijas de gran tamaño decoradas con motivos marinos, rotas intencionalmente.

En el año 2007, en la quinta plataforma fueron hallados restos de dos humanos, un varón y una mujer sacrificados, cuyos cuerpos fueron utilizados como relleno constructivo de una remodelación, antes del abandono del sitio.

El varón estaba sobre una camilla de cañas en posición decúbito dorsal teniendo cerca una olla con cuello sin decoración con un mate adentro y una cesta de junco. Su vestimenta era de una mejor elaboración que las de la mujer y presentaba huellas de lesiones en combate. A unos treinta centímetros sobre él estaba la mujer, en posición decúbito ventral, extendida, con sus manos cubriendo su rostro, sin restos de vestimenta. Tenía huellas de parto y signos de intenso trabajo textil en las manos.

En el 2010 fue recuperado el entierro de un hondero Lima, es decir de un guerrero. 

Centro de culto al mar y al tiburón

Los limas fueron un pueblo, básicamente, de litoral. En gran parte fueron pescadores. Por eso edificaron Huaca Pucllana como centro ceremonial en homenaje o culto al mar que está a poca distancia y fue representado por el tiburón, otros peces, lobos marinos y anguilas, cuyos dibujos fueron encontrados en ceramios recuperados en el lugar.


Cerámica con motivo del tiburón

Por eso, el ícono del tiburón es constante en las vasijas relacionadas con los cambios arquitectónicos realizaos en la estructura. Una de ellas es un cántaro de gran tamaño con la figura de un tiburón que fue colocado sobre el piso de un recinto que después fue sellado como parte de una remodelación.

Los de Pucllana también consumían mucha carne del escualo, pues en sus basurales han sido hallados considerables cantidades de restos de esta especie después de nutrir banquetes rituales. El ícono del tiburón también aparece en textiles de ajuares fúnebres.

Se sospecha que los banquetes con tiburón fueron reuniones rituales a las que asistían solo jerarcas y sus allegados porque estaban vinculados a la práctica de sacrificios de mujeres.

Además, en los pequeños agujeros de 20 centímetros de profundidad encontrados en la plataforma de la cima, depositaban pescado, en especial pedazos de tiburón y moluscos como ofrendas a las deidades​

La narrativa de la cerámica

José Ccencho Huamaní, uno de los consagrados investigadores de Huaca Pucllana, dice en el informe, Tradición y cambios en la cerámica lima de Huaca Pucllana, que la construcción y ocupación del sitio por la Sociedad Lima, abarca solo 120 años entre los años 530 y 650 d.C.

Para detectar los cambios experimentados por la cerámica Lima en la huaca, Ccencho correlacionó dos referencias: una secuencia constructiva del edificio y la clasificación y toda la alfarería recuperada mediante las excavaciones arqueológicas de la doctora Isabel Flores, en cinco alfares Pucllana: Naranja, Gris, Marrón y Fino y Nievería.

Cerámica naranja



Gran colección alfarera del Museo de sitio Pucllana

La secuencia constructiva que Ccencho empleó, es:

·         Fase I, del 530 a 570 d.C., con tres sub fases, temprana, media y tardía. De esta última sub fase fueron analizadas dos vasijas rotas en ritos.

·         Fase II, 545 a 585 d.C., también con tres sub fases. De la sub fase tardía, fueron estudiadas 4 155 pedazos de cerámica y 4 ollas de tumbas de hombres y de una mujer.

·         Fase III, 551 a 600 d.C., también con las mismas tres sub fases. De la sub fase temprana fueron analizados 2 200 pedazos de cerámica de la Plataforma VII y 5 vasijas de la Plataforma V. de la sub fase media 6 073 fragmentos de cerámica, de la antesala del ingreso al edificio principal entraron en el estudio. Y lograron reconstruir dos ollas y un cuenco. De la sub fase tardía, fueron analizados 3 cántaros y un plato cuchara rotos exprofesamente, 16 949 pedazos de cerámica de desechos y 3 vasijas destruidas también intencionalmente, recogidos del Complejo Noreste. Fueron estudiados otros 950 de la Plataforma VI y también se usó el análisis de Huayta Montoya, respecto a 2 349 fragmentos. 

·         Fase IV, al 650 d.C., fueron estudiadas 212 fragmentos de la Plataforma VI.

Después de la última fase, solo siguió la llamada ocupación final y el abandono del sitio.

Progreso constructivo y la llegada del imperialismo

De todo lo anterior, Ccencho Huamaní concluye que todos los alfares Pucllana Naranja, Gris, Marrón y Fino, fueron vigentes en toda la ocupación del sitio, y el alfar «Pucllana Nievería» apareció solo en la sub fase tardía de la Fase Constructiva III y se mantuvo hasta el final con los demás alfares.

Los alfares sufrieron solo cambios tecnológicos, morfológicos, decorativos y de uso, porque los pucllanenses no abandonaron por completo su tradición primigenia.

Ccencho también afirma que los cambios en la arquitectura de Pucllana estuvieron relacionados con las modificaciones de la cerámica, de lo cual deduce que hubo tres momentos de comportamiento totalmente distintos en la sociedad Lima.

El primero, durante las Fases Constructivas I y II, los arquitectos e ingenieros civiles pucllanenses solo fueron capaces de construir un edificio de tamaño pequeño, en un marco de predominio de la cerámica Pucllana Naranja, con pasta de pocos temperantes, pero con figuras de trazos bien ejecutados. Las formas de las vasijas fueron cuencos y pocos cántaros de gran dimensión. Esto podría implicar que los trabajos que se realizaban tanto para la construcción como en la cerámica se ejecutaban a poca escala, en mayor tiempo para contar con participación de especialistas.

El segundo momento corresponde a la Fase Constructiva III: el edificio alcanzó un tamaño monumental y fue creciendo con el tiempo. En esta fase, el alfar Pucllana Naranja pasó a usar pastas con más temperantes, la decoración tuvo trazos mal ejecutados y la producción fue mayormente de cántaros de gran dimensión. En la sub fase tardía de la Fase III, apareció el alfar Pucllana Nievería, elaborado por especialistas. Esto implica que la construcción y la alfarería se realizaban rápidamente y con mayor personal.

El tercer momento se corresponde con la Fase Constructiva IV, durante la cual los constructores redujeron el grosor de los muros y el volumen de los espacios, hasta que cesó drásticamente la construcción monumental y, a la vez, empezó el abandono del asentamiento. La cerámica continuó con el comportamiento anterior, pero la vajilla del alfar Pucllana Nievería decayó en calidad y asumió formas y figuras relacionadas al dominio Wari, lo que significaba que los imperialistas estaban ejerciendo su dominio.

La cerámica recolectada en Huaca Pucllana se caracterizó también por el uso de tres colores: rojo, blanco y negro, motivos marinos como tiburones, olas, lobos de mar, anguilas, pulpos.

La dieta de sus habitantes incluía productos marinos, maca, maíz, frejoles, etc.

El hallazgo de huellas plantares de hombres de Pucllana, permitió determinar que su estatura máxima fluctuó entre 1.50 hasta 1.60 ms.

No se han hallado restos de viviendas de gente común.

Control de la pesca, el agua de riego

Huaca Pucllana fue, sin duda, un centro administrativo y ceremonial de la zona sur de la margen izquierda del Valle del Rímac, tal vez con jurisdicción hasta los humedales de Chorrillos. Su fuente de agua dulce principal era el río Surco, ramal izquierdo del Rímac, que también permitía agricultura circundante. El curaca lima de Pucllana controlaba la pesca en la bahía próxima de Chorrillos, el suministro de agua de riego y el aprovechamiento de las lomas circundantes, así como el paso hacia los pantanos detrás de Lomo Corvina y hacia el valle de Lurín, en particular hacia la Tablada y Pachacámac.

Museo de Sitio

El Museo Pucllana comenzó en 1984. Contiene piezas recuperadas desde 1981, una sala de exposición. Brinda el servicio de circuito de visitas a la zona arqueológica y a un parque de flora y fauna nativas. FIN

 

sábado, 18 de abril de 2026

 

PACHACÁMAC MÁGICO,
ORÁCULO Y SANTUARIO

El templo del Sol

Fui a Pachacámac intencionalmente, hace unos años, al mediodía, para determinar si estando el gran Sol en el zenit, pudiese experimentar o percibir alguna sensación personalísima, si no mágica, tal vez extraña pero positiva, algo como lo que ahora nombran como “buena vibra”.

Y, ocurrió. Desde lo más alto que se puede llegar en el edificio inca, abrí los brazos, cerrando los ojos e inspiré profundamente frente al Océano Pacífico. Al abrir los ojos y bajar los brazos, una inmensa paz estaba conmigo. No sentía el calor ni el viento y la vastedad de horizonte aparecía como un inmenso mural con una invitación a no ser más cuerpo, solo espíritu capaz de volar hacia la inmensidad del universo.

En su trabajo Los waris en Pachacámac, inserto en la excelente producción impresa del Banco de Crédito del Perú, Pachacámac, el oráculo en el horizonte marino del sol poniente, el extinto arqueólogo Luis Guillermo Lumbreras, escribió que el sitio fue una segunda capital del gran imperio Wari, después de Ciudad Wari, en Huamanga. Eso lo supe después de mi visita, cuando me dio por saber con más detalles sobre lo que fue Pachacámac, como sitio y como divinidad.  

 Su origen

Nadie sabe el origen exacto del asentamiento. Pero en la ciudadela los arqueólogos encontraron vestigios de una antiquísima ocupación del final del periodo Formativo, cuando la horda andariega, cazadora, recolectora y pescadora estaba pasando al sedentarismo, descubría la agricultura y ensayaba conjunto de covachas de cañas y ramas para guarecerse.

En la pampa, frente a Pachacámac, recuperaron un cementerio de individuos que probablemente fueron pescadores y agricultores en las lomas aledañas.

Nadie sabe también cuándo, cómo y por qué, presuntamente durante la vigencia de la «Cultura Lima», el lugar se convirtió en el asentamiento de un antiguo oráculo y centro del culto a un dios reputado como poderosísimo, creador del universo, cuyo nombre original también es un misterio.

El escenario más amplio de este sitio y su deidad es el Valle de Lurín, cuyo rio tiene agua todo el año, por lo que su valle fue ocupado desde la noche de los tiempos, el Periodo Lítico del Nuevo Mundo, hace unos 10 000 años.

La Sociedad Manchay, antecesora recién identificada

Pero, avanzando hacia la sociedad compleja u organizada, de lo que los arqueólogos llaman Formativo u Horizonte Temprano (1 800 al 200 a.C.), los arqueólogos Richard Burger y Lucy Salazar estudiaron desde 1990 los antiquísimos asentamientos Mina Perdida, Cardal y Manchay Bajo del valle de Lurín, cuyos pobladores fueron capaces de construir enormes edificios de barro y piedra para usarlos como centros cívicos ceremoniales monumentales.

Como antes en la costa central norte, sus arquitectos e ingenieros civiles habían logrado diseñar y levantar grandes plataformas superpuestas y escalonadas, rectangulares o cuadradas con el clásico diseño de planta en «U», presente también en los valles norteños del Rímac, Chillón y Chancay.

Sobre la base de sus estudios y el establecimiento de similitudes cerámicas y de ideología religiosa, pues toda la costa central estaba por entonces bajo la influencia de la dominante teocracia Chavín, Burger y Salazar, plantearon en el año 2009 el reconocimiento de la existencia de la «Cultura Manchay», antecesora de la «Cultura Lima», tributaria de los chavines. Otro famoso sitio de la Cultura Manchay, pero en la margen derecha del valle del Rímac, fue el centro ceremonial monumental Garagay, cuyos vestigios están casi abandonados, cerca del Aeropuerto Jorge Chávez, “aquisito nomás”.

Cuando Chavín se disolvió, también terminaron sus sociedades vasallas, pero los pueblos se reorganizaron porque la vida tenía que seguir y entonces, emergió la «Cultura Lima» en el periodo Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales, que abarcó del año 200 a.C. al 600 d.C.

La nueva sociedad se desplegó, probablemente, desde el valle del Rímac hacia los contiguos valles de Lurín, hacia el sur, Chillón y Chancay hacia el norte, por la fácil comunicación terrestre entre sí a través de pasos ubicados en las zonas medias y altas de esos valles, sobre todo durante la vaciante de los ríos.

Investigación

Pachacámac fue excavado por primera vez por el alemán Max Uhle  en 1897. En los templos del Sol y de la Luna, recuperó vestigios cerámicos, textiles y otros artefactos, con iconografía que, en 1903, equivocadamente, atribuyó a la que entonces era la pasión de los arqueólogos: la «Cultura Tiahuanaco».

Este criterio inexacto distorsionó nuestra prehistoria durante mucho tiempo, pues, en realidad, esos íconos correspondían al Imperio Wari, por entonces desconocido.

Treinta y cinco años después, en 1938, el estadounidense Albert Giesecke, por encargo del Museo Nacional reconstruyó el núcleo del lugar. Recuperó tejido y utensilios bien conservados en el Templo del Sol. Julio C. Tello, como director de Museo Antropológico del Magdalena de Lima, en 1939, desenterró una plaza rectangular al este del Templo del Sol, que habría servido para acoger a peregrinos. Tello también ubicó un sistema de cisternas y acueductos que recogía agua del subsuelo. 

En 1941, William Duncan Strong y William Corbett, por cuenta del Institute of Andean Research y con más excavaciones estratigráficas registraron dos ocupaciones principales de Pachacámac:

i)     La más reciente, del Intermedio Tardío, definida por cerámica inca y,

ii)   La más antigua, caracterizada por cerámica del Intermedio Temprano a la cual llamaron «Pachacamac Interlocking» la que, en realidad, es alfarería de la Cultura Lima.

Los arqueólogos establecieron además que, durante su colapso, los limas enterraron y sellaron su edificio Pachacámac.

Siendo director del Museo de Sitio de Pachacámac, en 1962, Arturo Jiménez Borja desenterró más vestigios, un camino en zig zag hacia el «Templo del Sol», el «Palacio de Tauri Chumpi», vivienda del gobernador inca del lugar a la llegada de los invasores españoles y otras viviendas del período Inca.

En 1999, el arqueólogo Peter Eeckhout, de la Universidad de Bruselas, investigó los vestigios de la Cultura Ychsma en Pachacámac, es decir los edificios de plataformas escalonadas con rampas construidos entre los años 1 100 a1 450 d.C.

En 2003, el arqueólogo Izumi Shimada excavó la Plaza de los Peregrinos y demostró definitivamente su función de culto con la recuperación de ídolos, telas y ceramios. En 2012, una misión científica italiana comenzó a estudiar el antiguo sistema hidráulico de las ciudades.

En resumen, como resultado de su investigación larga y dispersa, se tiene que, como sitio, asentamiento o aldea, Pachacamac habría sido instalado por gente de la Cultura Lima, en algún momento de la centuria de los 300 d.C. y en ese trance empezaron a construir un edificio ceremonial primitivo, de administración y culto, quizá de modo simultáneo con edificaciones similares en Cerro Culebras, Maranga y Pucllana, en la zona baja de los valles del Rímac y el Chillón.

Así, el ahora llamado «Templo Viejo», fue construido en Pachacámac con adobe y era abastecido de agua por un túnel ahora sin uso.

Los sucesivos dominios de los wari e incas construyeron sus propios edificios ceremoniales según sus diseños arquitectónicos propios y aumentaron la extensión del asentamiento a unas 500 hectáreas. En total, el sitio tiene cuatro edificios tipo ceremonial, catorce construcciones de plataformas con rampa, veintiún edificaciones y varias plazas.

Además, contiene vestigios de otros edificios que datan del Intermedio Temprano (siglo III) hasta el Horizonte Tardío (siglo XV)

Los edificios del periodo Inca (1 450-1 532) son los mejor conservados.

El original «Templo Viejo» de la Cultura Lima

El «Templo viejo» es el más antiguo vestigio arquitectónico ceremonial de Pachacámac. Fue construido por la «Cultura Lima». Solo quedan restos de sus muros de contención, asentado sobre un promontorio rocoso. Fue hecho con «adobitos” – pequeños ladrillos de barro crudo secados al sol–, principal material constructivo que define la arquitectura Lima, ampliamente difundido en el Valle del Rímac, en el siglo III a.C.

A su llegada, los waris hallaron al «Templo Viejo», abandonado.



El  «Templo Viejo» y sus edificios sucesores

Tradición chavinista u origen wari

En su trabajo Pachacámac: el ídolo, segundo inserto en la obra ya citada publicada por el BCP, Guillermo Lumbreras planteó con claridad que la veneración al «dios Pachacámac» habría nacido localmente en Lurín, como ideología zonal, durante la «Cultura Manchay» y el dominio de Chavín, en el Formativo. Ocurrió que los limas mantuvieron su culto, los waris lo prestigiaron y expandieron en todo su dominio, imponiendo nuevos elementos iconográficos y rituales.

El arqueólogo estadounidense John Rowe, planteó, en cambio, que el sitio pudo haber surgido como un asentamiento que mantuvo vínculos con los waris y tomó importancia como oráculo durante la fase 2 de ese imperio, con la representación de la deidad “El grifo de Pachacámac”, de características ornitomorfas.

La arqueóloga Dorothy Menzel cree que ese tal grifo procede de Conchopata, tiene cuerpo y cabeza de águila, un báculo de bandas segmentadas a modo de barra sobre la espalda, curvada al final de la cola formando un motivo llamado “cola emplumada”. Sus pies y manos son antropomorfas, pero sin garras. Sería una mezcla iconográfica wari–tiahuanaco.

Prehistoria religiosa

Sin embargo, Lumbreras insistió en que el culto a la divinidad Pachacámac surgió en el Formativo Medio, entre los siglos X y IX a.C., durante el apogeo de la teocracia Chavín, uno de cuyos dioses principales era presentado con cuerpo humano y feroces colmillos y garras, como se ve en el Obelisco Tello y en «El Lanzón».

Otro dios Chavín fue el muy conocido “dios de las varas”, “dios de los báculos”, o “dios de los bastones”, cuya imagen está en la Estela Raimondi, en los tejidos de Karwa y Ocucaje (Ica), en Pukará, en la Puerta del Sol, en el altiplano y cuya importancia en el Horizonte Medio (fase 2, siglos IX al XI d.C.) fue muy grande en todo el Perú, bajo el dominio del imperio Wari.

Lumbreras explicó que mientras los chavines dominaron, todos los centros cívicos monumentales administrativos y de culto de la costa central, desde Supe a Lurín, además de venerar a los mismos dioses de formas humanas y atributos de feroces animales, estaban obligados a dar a la alta jerarquía chavín información precisa del clima y de todos sus entornos ambientales, sobre todo del marino

Esa data servía a los Chavín para elaborar sus predicciones, supuestamente recibidas de los dioses, sobre la suerte próxima de la agricultura, la ganadería y la pesca, en función de sequias o lluvias intensas con sus secuelas de derrumbe de laderas, aluviones, desbordes de caudales e inundaciones, hambre, enfermedades y muerte. 

De esa percepión, Lumbreras deduce que casi mil años después, los limas también organizaron una red de centros ceremoniales tipo los santuarios–oráculos antiguos, con sedes en edificios con un nuevo patrón arquitectónico y constructivo: plataformas escalonadas de «adobitos» que levantaron en Pachacámac (Lurín) Cerro Culebras (Chillón), Maranga y Pucllana (Rímac)

Este desarrollo regional habría generado el santuario de Pachacámac y la continuación de la veneración a los dioses del chavinismo, con los cuales sus shamanes lima, decían que seguían manteniendo una privilegiada conexión para predecir el futuro. Con los waris, este culto se articuló con los ritos antiguos preservados en el Cusco y el Altiplano.

Con estos dos componentes de la veneración al «dios Pachacámac» – las ideologías religiosas chavín y wari–, Lumbreras lanzó sus tesis de que en el oráculo-santuario Pachacámac se fundieron las tradiciones  arquitectónicas, constructivas y religiosas de la Cultura Lima con las de los waris generando una ciudadela bien definida para la adoración del «dios Pachacámac».

El dios Pachacámac

El dios Pachacámac fue una deidad máxima, total, es decir, la cúspide de la cosmovisión andina de su tiempo, un dios creador omnipotente, omnipresente y omnisciente. Gozó de alto prestigio aún durante el incanato, pues los cronistas detectaron que, comúnmente, era considerado como una reedición del dios Wiracocha.

En la traducción del antiguo canto incaico Yayallay, del cronista invasor Blas Valera, un joven de la nobleza cusqueña, alumno del yachahuasi pide muchos hijos de su sangre real a tres dioses:  Illapa, Inti y Pachacámac, afirmando que este último no tiene principio ni fin. Su nombre quechua puede traducirse como "El que crea el mundo" o como "El que sustenta el universo".

Otra interpretación, sustentada en parte en el anónimo “El manuscrito de Huarochirí”, presenta a Pachacámac como una deidad de la noche, de la oscuridad, pues su hermano, Wichama, era el dios del día.

El cronista español invasor, Francisco de Ávila, afirma también que los ritos a Pachacámac se realizaban durante la noche, con luna llena y que, por lo menos, durante el Tahuantinsuyo, cada año le ofrecían un Cápac Hucha, o sacrificios humanos, teniendo como ofrendas víctimas propiciatorias traídas de todas las provincias del Tahuantinsuyo, mujeres y hombres. A su llegada al santuario los enterraban vivos mientras el sacerdote decía algo como: “¡Helos aquí! ¡Te los ofrezco, padre!”. También le ofrendaban llamas, bebida y comida, oro y plata.

El ídolo tallado en madera


Sobre el ídolo del «dios Pachacámac», Lumbreras cuenta que, en 1938, Alberto Giesecke, fue encargado de remozar el aposento de la divinidad, ubicado en el
«Templo Pintado» o el edificio wari, para mostrarlo a los asistentes al XXVII Congreso Internacional de Americanistas, que se realizó en Lima.

Durante el aseo, al pie de la plataforma donde está el recinto que albergaba al dios Pachacámac, Giesecke y su equipo recuperaron un tronco tallado con una imagen principal bifronte y otros motivos complementarios que eran claramente símbolos sagrados de origen andino. Giesecke y toda la comunidad arqueológica asumieron que el madero era una imagen tipo ídolo del dios, el cual devino en su única representación. También hallaron una puerta adornada con conchas del tipo Spondylus prínceps.

El ídolo tiene una historia entre los invasores españoles: En 1533, Hernando Pizarro presentó un informe ante las autoridades de Santo Domingo, sobre su incursión en Pachacámac para robar oro y plata como parte del rescate del secuestrado inca Atahualpa.

Desafiando el poder del dios y para desacreditarlo públicamente ante todos los curacas del territorio, abrió la puerta adornada con conchas marinas del recinto prohibido donde “habitaba” Pachacámac. Pizarro narró que al entrar se dio con una habitación oscura y fétida en la que estaba apostado un tronco esculpido, ante el cual los últimos peregrinos habían colocado algunas ofrendas de oro y plata. Derribó el ídolo y ordenó a sus hombres que lo sacaran del recinto a la vista de los locales, a quienes les dijo que en esa forma los engañaban con un pedazo de madera inútil. Seguidamente, los invasores incendiaron el ídolo, sin que sus fieles hicieran algo por recuperarlo.

Si Pizarro dijo la verdad, el ídolo recuperado por Gieseke sería solo una réplica del original, lo cual tampoco podría confirmarse, pues no existe ningún vestigio primigenio para comparar, aunque los cronistas invasores anotaron que en otros lugares del santuario había más de estos troncos tallados.  

Lumbreras describe así el tronco de Gieseke: “En su extremo superior tiene la imagen de un personaje de rasgos plenamente humanos, que se desdobla en dos, con un frente asociado a frutos de maíz y el otro a animales marinos y cabezas de serpientes, es decir a las esferas de la agricultura y el mar: se asume que uno es un personaje masculino y el otro femenino (…)  El ídolo de Pachacamac es de 2.34 m. de largo y 27 cm. de diámetro. Debajo del dios bifronte, que tiene 58 cm. de alto, está “el resto del mundo”, grabado en seis escenarios, estando el inicial cubierto por tres personajes: el primero tiene a un hombre de pie, de cuerpo entero, con su pectoral trapezoidal, que sostiene una lanza con plumas en la mano izquierda, y algo que parece una vara (?) en la derecha, con dos serpientes que brotan de su cintura. Tiene a sus pies una cabeza-trofeo emplumada. Al frente de él hay una serpiente enroscada, seguida por un felino manchado, aunque no tiene colmillos (…) Esta imagen ha sido reproducida por la revista Guara de la Universidad J.F. Sánchez Carrión y tiene la particularidad de estar muy emparentada con la manera como son presentados estos personajes en las esculturas de Tiahuanaco, incluida la posición de los brazos sobre el pecho, recordando mucho a la estela Bennett y al monolito Ponce. Cerca de Ciudad Wari se encontró un monolito que tiene también esos rasgos, pero está muy deteriorado, ahora en el Museo Regional de Ayacucho”.

Lumbreras apreció que estas tallas remiten al estilo wari en sus fases tardías, vinculadas a figuras populares moche y a rasgos estilísticos limeños del Horizonte Medio y percibió también que tal iconografía contiene un gran componente marítimo y es parecida a los dibujos que se aprecian en el tótem, también de madera encontrado en Playa Grande (Santa Rosa–Chillón), en la cerámica del Cerro Trinidad (Chancay) y en la de Cerro Culebras (Chillón), así como en la cerámica de  los estratos antiguos de Pachacámac, correspondientes a la Cultura Lima de innegable e intensa vinculación con el mar.

Lumbreras advirtió también que, según la revista Guara, Rommel Ángeles identificó un ídolo de madera idéntico al recuperado en Pachacámac, el cual había sido hallado en 1934 por Louis Langlois, en el Cerro La Horca, en la parte baja del valle del Río Fortaleza (Paramonga), en Ancash.

Lumbreras creyó hallar en el ídolo de Giesecke rasgos, solo rasgos, de un estilo iconográfico de la fase 2 de Wari, durante la cual ya ocupaba el territorio de la Cultura Lima respaldando al culto a Pachacámac.



Esta prehistoria religiosa de Lumbreras cubre varios horizontes y la resumió señalando que, con la difusión del culto a Pachacámac impulsada por los wari hacia la mayor parte del mundo andino del Horizonte Medio, se cerró una especie de círculo religioso entre los siglos IV y IX de nuestra era, con el retorno de la veneración a una divinidad de forma humana, con atributos de felino, halcón, serpiente y otros agregados, la cual resulta ser el viejo Wiracocha, «dios de los báculos», «dios de los bastones» o «dios de las varas».

Después del hundimiento Chavín, tras mantener perfil regional bajo, el antiguo dios retornó triunfante, de nuevo con dimensión panandina. Su restauración comenzó en los valles de Lima y, a partir del siglo IX, durante el apogeo del imperio Wari, llegó hasta Piura y Amazonas por el norte, y Cusco y Moquegua por el sur.   

Dominio del Imperio Wari

Aledaños al «Viejo Templo», original de Pachacámac, están el «Templo Pintado» wari, los edificios Ychsmas con rampas, el «Templo del Sol», de los incas, el «Templo de la Luna» o Acllahuasi, la Plaza de los peregrinos y el Edificio de Tauri Chumpi, la residencia del último curaca local de la época inca.

En Pachacámac los vestigios del dominio wari, se concentran desde el 600 al 1 100 d.C., periodo del apogeo del oráculo del sitio en el Horizonte Medio

Tras anexarse los valles de Lima y mantener en vigencia la cerámica Nievería de los limas juntos con sus propios estilos alfareros, los imperialistas convirtieron a Pachacámac en un centro de mayor rango, cuya esfera de poder ideológico–religioso, cubrió la costa y la sierra hoy peruanas, desde Moquegua hasta Piura. Pachacámac mantuvo esa prestancia hasta el incanato.


Colección cerámica del Museo de sitio de Pachacámac


El lugar alcanzó la condición de una especie de Meca de todo el territorio wari, pues concentraba a gran cantidad de peregrinos de toda condición social y económica.

Al dominio wari corresponde un extenso cementerio, excavado por Max Uhle en 1896, así como también un valioso conjunto cerámico hallado en la zona.

La gran avenida

Luego de las murallas por donde se ingresa al santuario, de norte a sur, hay una larga avenida, muy recta, de más de 300 m. de largo y unos 4 m. de ancho, delimitada por murallas altas.


La gran avenida de entrada

Antes de llegar al incaico «Templo del Sol», hay un espacio también amurallado, de planta hexagonal irregular, donde está un edificio compuesto por tres plataformas. El acceso es una “calle” central similar a las de las ciudades wari, Azángaro, en Huanta, Viracochapampa, en Huamachuco, Pikillaqta y Huaro, en el Cusco, Cerro Baúl y Cerro Mejía, en Moquegua. 

A los lados del acceso, hay grandes recintos cuadrangulares a modo de “canchas”, de 30 a 50 m. de lado, según el típico modelo wari de organización del espacio urbano, «grupo–patio».

De ese modo se llega al «Templo Pintado» construido por los  waris, un edificio también de plataformas escalonadas de unos 100 m. de largo por unos 50 m. de ancho, de planta rectangular. Su base es de piedra y sus paredes de adobe enlucidos con barro. Largas rampas llevan a su cima en donde hay dos patios grandes.

En tres de sus lados hay nueve terrazas escalonadas, de casi un metro de altura. Tenía sus paredes pintadas de rojo y figuras multicolores que representaban personas, peces, animales marinos y plantas en colores rosado, amarillo y azul verdoso. Esa iconografía descubierta en 1930, está actualmente degradada y en algunos casos ha desaparecido.

Denise Pozzi-Escot y su equipo, hallaron vajilla de cerámica de uso doméstico procedente de Ciudad Wari, correspondiente al Horizonte Medio, fase 2, como testimonio de habitantes wari en Pachacámac.

Cerámica

En su artículo de la publicación del BCP, Lumbreras, explica que el estilo de la cerámica wari recuperada en Pachacámac es idéntico al de la cerámica que los huaqueros robaron del sitio y la vendieron a Gretzer y Baessler, la cual ahora está en el Museo Etnológico de Berlín.




Sacrificios humanos

Finalmente, Lumbreras dice que la alfarería wari ofrece pistas acerca de que en Pachacámac se realizaban sacrificios humanos. Un vaso cerámico muestra brazos y manos, piernas y pies seccionados, asociados a cabezas de venados, como secuencia organizada en una banda zigzagueante, que tiene en la base central un rostro feroz, con colmillos y rasgos similares a los de la divinidad de la Puerta del Sol, de Tiahuanaco.

Gran parte de la cerámica estudiada por Lumbreras procede del cementerio que Uhle excavó al pie de la plataforma del «Templo Pintado» y que, equivocadamente, atribuyó a Tiahuanaco. Lumbreras determinó que algunas piezas, si bien son del estilo wari, difieren en algunos detalles. Así mismo, la cerámica wari encontrada en la sala central de los peregrinos es de un estilo neto de la fase Wari 2.

El dominio Ychma

Hacia 1 100 d.C., tiempo de la debacle del Imperio Wari que marcó el inicio del nuevo periodo Intermedio Tardío, como una reorganización de la población de la zona, surgió en el valle del Rímac, la Cultura Ychma cuyos representantes tomaron posesión de Pachacámac.

Los Ychma construyeron en el valle de Lurín edificios residenciales y administrativos con el diseño de plataformas escalonadas conectadas por rampas, entre otros lugares en Tijerales, Quebrada Golondrina, Pacae Redondo y Panquilma.

Edificios con rampas, Ychsma.

Forman un conjunto de 16 edificios de plataformas superpuestas conectadas con rampas que datan de entre 1 100 y 1 450 d.C. La base de cada uno está hecha de piedras canteadas y el resto es de adobe; sus paredes estaban enlucidas. La mayor parte de estas construcciones está en ruinas. 

Han sido estudiados dos; el edificio «Jiménez Borja», el cual da una clara idea de cómo era la planta de este tipo de construcción con rampa: un gran patio delantero, luego el volumen principal al que se accede por medio de rampas. La cúspide tiene forma de herraje que se abre a una serie de pequeños ambientes. Detrás de la mole principal existen grandes depósitos para alimentos. El edificio con rampa II, fue estudiado por Ponciano Paredes con la supervisión de Jiménez Borja.

El dominio inca

Después, en 1470, llegó a Pachacámac el dominio de los Incas quienes, en son de su nueva supremacía, construyeron el «Templo del Sol» y el «Acllawasi», entre otros edificios. A la importancia religiosa de Pachacámac se sumó su funcionamiento como uno de los principales centros administrativos de la costa durante el Imperio del Tahuantinsuyo.

El Sol se despide en el horizonte, visto desde la cúspide 
de su templo en Pachacámac

En la segunda parte de su obra, titulada «El señorío de los incas» (1553), el cronista español invasor Pedro Cieza de León, cuenta que el príncipe Cayu Tupa, descendiente directo del inca Huayna Cápac y otros nobles cusqueños, le narraron que fue Tupa Inca Yupanqui quien se apoderó de la costa central para ampliar el imperio creado por su padre, el Inca Pachacuti.  El monarca Tupa Yupanqui iba a imponer a los ychamas el culto al Sol y suprimir el de Pachacamac. Pero, para complacerlos dispuso que siguiera la veneración a Pachacámac y que, a la vez, se edificara también un mejor y más grande templo de adoración al Sol. Cieza escribió que muchos nativos le contaron que el Inca llegó a hablar con la representación de Pachacamac.

Templo del Sol, es el edificio más imponente y mejor conservado, erigido por los incas. Está también sobre un promontorio rocoso, a unos 40 m. desde el nivel del suelo. Domina todo el conjunto.

Se calcula que fue construido alrededor de 1450 d.C. como santuario del dios Sol, la divinidad oficial del Tahuantinsuyo. Consiste en cinco plataformas superpuestas con bases de piedra canteada; el resto es de grandes adobes, unidos con argamasa de barro. Estaban enlucidas con capas de tierra fina y pintadas de escarlata o bermellón intenso.

Templo de la Luna o Acllahuasi, es del incanato y también data del 1450 d.C. Fue un Acllahuasi o casa de las acllas, una residencia de mujeres escogidas. Se sitúa en la parte baja del área. Tiene graderías, patios, sitios ceremoniales, reservorios de agua, depósitos e innumerables habitaciones. Este edificio muestra claramente el estilo arquitectónico inca por sus hornacinas, puertas trapezoidales de doble jamba y las piedras de sus muros. Las hornacinas sobrepasan los 2 m de alto y posiblemente sirvieron como nichos de ídolos traídos de diversas provincias.

Plaza de los peregrinos, de la época inca, es un gran espacio rectangular nivelado, al frente del lado oeste del «Templo del Sol». Contaba con murallas e incluía un asiento o trono (ushnu). Se observa también los fundamentos de una doble hilera de columnas, que recorren por el centro y los lados de la cancha. Hay una tercera hilera de columnas en dirección al «Templo del Sol».

Edificio de Tauri Chumpi, fue la residencia del último curaca local de la época inca. Está también sobre un promontorio rocoso, hacia el norte. Tauri Chumpi o Taurichumbi, fue quien recibió a Hernando Pizarro y a sus soldados. El sitio tiene altos muros, depósitos, corrales y habitaciones.

Tras la invasión española en 1533, comenzó el abandono paulatino del santuario y su enterramiento por la arena del desierto, situación que recién está en proceso de recuperación.