jueves, 29 de octubre de 2026

 

LA PRIMICIA DE FRECUENCIA 2 SOBRE
LA CAPTURA DE ABIMAEL GUZMAN REYNOSO
12 y 13 de setiembre de 1992

 A MODO DE INTRODUCCIÓN
Fragmento. Capítulo cinco de mi libro, inédito “La barbarie de Santa Bárbara - Historia de una masacre”, un hecho hoy olvidado.  
 
Capítulo Cinco
El año del horror y de la victoria
Archivo Personal
Recordando sin ira 1992

“El año 1992, fue el más terrible del conflicto armado interno. El terror, la muerte y destrucción, que campeaban en la Sierra Sur y Centro, el Alto Huallaga y los departamentos de San Martín y Ucayali, sacudieron trágicamente a Lima. Luego de trece años, los cabecillas de SL se habían convencido de que era el momento de romper a su favor el “equilibrio de fuerzas” e iniciar la insurrección armada en las ciudades, para finalmente tomar el poder. Una de sus armas eran los devastadores coche-bombas. Desde 1985, cuando comenzaron a usarlos, hasta 1992, los senderistas habían utilizado noventa y nueve de estos artefactos de destrucción, la mayoría en Lima. Ese año, el primero estalló a mediados de febrero cerca de la residencia del embajador de Estados Unidos, matando a tres policías. El baño de sangre prosiguió el 15 de febrero con el feroz asesinato de la lideresa de Villa El Salvador, María Elena Moyano. A sus 33 años, esta recia mujer era la teniente alcaldesa de Villa El Salvador, líder vecinal, feminista. Había llegado al gobierno local siendo presidenta de la Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador (FEPOMUVES) y era conocida como «Madre Coraje». Un grupo de asesinos senderistas de dieciocho miembros, la ejecutaron por su firme oposición a la violencia subversiva, por su defensa de los derechos humanos y el desafío público a los paros armados convocados por Sendero Luminoso. La acribillaron a balazos frente a sus hijos durante una actividad comunitaria y con ferocidad extrema despedazaron su cadáver  con el estallido de cinco kilos de dinamita.

Entonces, el 5 de abril de 1992, en el cuadro de un país que intuía que el shock económico estaba empezando a arreglar la terrible penuria económica nacional, Alberto Fujimori, “sentado sobre las bayonetas”, disolvió el Congreso y se deshizo de la oposición. Con amplia aprobación ciudadana que convirtió a su nuevo régimen en un “dictadura consentida”, eliminó así el principal obstáculo que frenaba su nueva acción política económica y militar, una oposición que, además, empezaba a molestarle personalmente hurgando el manejo de donaciones japonesas de ropa usada que su hermana Juana, otros familiares y allegados habían recibido informalmente.

En cuanto a la contienda interna claramente se percibió que detrás de Fujimori, los militares iban a imponer medidas drásticas. En la nueva legislatura que había empezado antes del autogolpe, el Congreso solo había logrado revisar seis decretos legislativos del enorme paquete que el Ejecutivo había producido en noviembre de 1991 por delegación de facultades. El Legislativo planeaba reanudar su control el 6 de abril, pero su cierre por la fuerza lo frustró. Entonces, el “bordaberryzado” régimen fujimorista, con las manos totalmente libres, apoyado por las armas, redondeó su faena promulgando nuevos dispositivos: el establecimiento de los jueces sin rostro y de la pena de cadena perpetua para casos graves de terrorismo; la reducción de la edad de no responsabilidad penal de 18 a 15 años para autores del delito de terrorismo; el alineamiento de todas las dependencias de lucha contra la subversión y el narcotráfico a las directivas del Comando Operativo del Frente Interno (COFI); la tipificación como traición a la patria para delitos de terrorismo y la facultad del fuero privativo militar de juzgar a civiles acusados de terrorismo en plazos reducidos y con severas limitaciones de la defensa de los inculpados; el establecimiento del proceso sumario de la justicia militar para juzgar el delito de traición a la patria; la facultad de condenar en ausencia a culpables de terrorismo y, finalmente, la imposibilidad de que un mismo abogado defienda a más de un inculpado a la vez. Para proteger a sus efectivos violadores de los derechos humanos el régimen de facto derogó la ley que un año antes había tipificado el delito de «Desaparición Forzada de Personas». Pero fracasó porque ante la protesta de organismos de derechos humanos y la presión de EE. UU., tuvo que reponer la tipificación con el Decreto Ley 25592.

Mientras tanto, en las calles, el reguero de muerte, sangre y destrucción lanzado por SL seguía imparable. Tras el autogolpe, las comisarías de Villa El Salvador, de Bellavista, de Zárate, de Carmen de la Legua, la Villa Militar de Pueblo Libre, el local de la Dirección de Personal de la Policía, la Fábrica de Mechas y Explosivos S.A. (FAMESA) y los cuarteles San Martín, Barbones y el centro financiero de San Isidro fueron blancos de devastadores coches-bomba. Fue tiempo de terror y horror en Lima. Los hogares vivían días y noches de zozobra y angustia. Luego de cada estallido o apagón, las familias se precipitaban a sus radios a pilas para sintonizar a Miguel Humberto Aguirre en Radioprogramas del Perú y saber qué había pasado, qué era lo recomendable hacer y en algunos casos, hasta para lograr dar con el paradero de algún familiar extraviado. Sin embargo, durante esos meses, un equipo secreto de la policía, el Grupo Especial de Inteligencia, (GEIN), le pisaba nuevamente los talones a Abimael Guzmán Reynoso y a sus secuaces.

EL COCHE-BOMBA CONTRA  FRECUENCIA 2TV
5 de junio de 1992
Archivo personal

Después de la seguidilla de coche-bombas contra las comisarías y cuarteles, el blanco fue Frecuencia Dos, Canal 2 de televisión, por su decidida política informativa antiterrorista que la puso en la lista negra del mismísimo Abimael Guzmán. Fue otro momento trágico de contacto personal con lo más atroz de la barbarie que soportábamos los peruanos. Llevaron el camión -bomba, quince minutos antes de las cero horas del 5 de junio y lo estacionaron en la avenida Olavegoya, al fondo. Allí fijaron el timón con alambres con dirección hacia el portón metálico principal, pusieron en funcionamiento el motor, colocaron algún peso sobre el acelerador. El conductor puso la primera marcha y rápidamente saltó hacia el pavimento. Por lo sorpresivo y por su fuerza destructora un ataque de ese tipo es imposible detener. Solo queda protegerse con suerte. Pero, los vigilantes reaccionaron y se agarraron a tiros con los terroristas faltando unos treinta segundos para que el camión llegase cerca del portón.

Me enteré del feroz ataque durante la mañana del día siguiente, por Radioprogramas, mientras iba al canal. El trágico balance: cinco muertos y más de cuarenta heridos. Cuando llegué, pasando por el perímetro de destrucción hacia el curso de la avenida San Felipe que da a la avenida Brasil, vi la fachada de la gran casona semiderruida como por un bombardeo. El muro externo y la gran puerta de metal no existían. La puerta principal de la gran casona central también había desaparecido y el dintel se veía como una gran boca sin dientes, deforme y carcomida como la de un enfermo de lepra. En lo que era la entrada había un siniestro hueco que la poderosa explosión había provocado en el suelo. Era un escenario sobrecogedor y perturbador. “Demolición”, fue la única palabra que se me ocurrió para describir lo que veía. Las oficinas de los programas Contrapunto, 90 Segundos y Ayer y Hoy, hechas con material ligero, sólo eran un montón de escombros de madera y planchas de asbesto. Me enteré de que los muertos eran tres: Javier Requis Arellano, Teddy Hidalgo Ruiz y Alejandro Pérez Mesía. Estaban heridos el editor “Lobo” y el chofer Serpa. Los trabajadores recuperaron equipos y algunos enseres de la devastación y a las doce y treinta, el gerente técnico Tito Angulo informó que la señal podía salir al aire con un switcher móvil que no había sufrido daños y con las cámaras de estudio en buen estado.

Entonces, el director general de prensa Ricardo Müller, quien había salvado la vida por un pelo, abrumado por la tragedia, se declaró incapaz de asumir la dirección de la transmisión y solo aceptó aparecer en pantalla para dar su testimonio. El reportero, Luis Iberico, aplastado por la muerte de su amigo Alejandro Pérez, tampoco quiso participar ni dar la cara en pantalla. Estaba muy apenado. Pero, en medio del desánimo, Julián Cortez salió al frente: “No se preocupen, nosotros sacamos el programa”, proclamó y empezó a llamar a gritos a los de Contrapunto. Colocamos la mesa central en medio del jardincito lateral, pusimos sillas, limpiamos nuestras máquinas de escribir mecánicas, conseguimos papel y nos pusimos a redactar frenéticamente los parlamentos. La presentadora de Contrapunto María Teresa Braschi limpiaba casetes de video con la “Pechito” Jessica del Busto, cuando Julián se acercó y dijo en voz alta, “¡Maritere, en cinco minutos salimos al aire!”, entregándole las primeras hojas del libreto. “Vas con Müller”, le precisó. La bella Maritere protestó. “¡Julián, mira cómo estoy vestida y cómo tengo los ojos, voy a llorar en cámaras! Sin inmutarse Cortez le respondió que eso no importaba. “No estamos en un concurso de belleza y mejor si lloras…¡Sí!, creo que es mejor que llores. Reflejarás fielmente el dolor del canal y nuestra voluntad de salir al aire. ¡Vamos, no te chupes!”, le conminó y se fue. A la una en punto, como todos los días de entonces lanzamos la señal característica de Frecuencia Dos. A pesar de todo estábamos en el aire. No pudieron callarnos.

En sus declaraciones ante la DINCOTE, Abimael Guzmán aceptó que la Comisión Permanente del Comité Central de Sendero Luminoso que él dirigía, como máximo organismo de acción de su organización criminal, decidió el golpe contra Frecuencia Dos, porque consideraba que el canal simbolizaba al enemigo entre los medios de comunicación reaccionarios. Sin embargo, no identificó a los directos responsables aduciendo que ellos sólo tomaron un acuerdo genérico, cuya ejecución en detalle quedó a cargo de los organismos subalternos.
Después del ataque a Canal 2, los del GEIN detuvieron al «Camarada Manuel», administrador de la academia César Vallejo y a su esposa, sospechando que tenía información para llegar hasta Abimael Guzmán. Sin saberlo habían dado con el “Hombre aguja”.
Fue entonces que, a raíz de sus investigaciones del atentado del 5 de junio, varios periodistas y camarógrafos de noticiero «90 Segundos» y del dominical «Contrapunto» ampliaron sus contactos y quizá amistad con los detectives de la DINCOTE y del grupo especial GEIN. La argamasa era el interés común de los periodistas de conocer el avance sobre los autores del atentado y el deseo de los policías de que sus éxitos se difundieran por Frecuencia Dos. Eso dio lugar a importantes vínculos que jugaron un rol importante la noche del arresto de “la cuarta espada”.

TARATA Y LA CANTUTA

El baño de sangre siguió después con el ataque senderista en la calle Tarata, de Miraflores, distrito-balneario de clase media alta de Lima. y su feroz. Un trágico fiasco de los asesinos senderistas. Debían de detonar el letal artefacto al costado del local del Banco de Crédito del Perú (BCP) en la esquina con el jirón Larco; pero, su impericia y cobardía hicieron que estallara frente a un edificio multifamiliar. La respuesta supuestamente secreta y quirúrgica del régimen fujimontesinista fue la masacre de los estudiantes y profesores de la Universidad de La Cantuta, a manos de los matarifes del Grupo Colina, en un diente por diente, ojo por ojo, que parecía llevarnos al abismo. Sin embargo, en particular la masacre de La Cantuta, así como la de Barrios Altos, alcanzarían una dimensión e importancia nacional e internacional con un desarrollo que repercutiría favorablemente en el curso de la investigación, esclarecimiento y castigo de la masacre de Santa Bárbara”.  

LUIS ARANA: EL HONORABLE PROFESOR
EL HOMBRE QUE ENTREGÓ A ABIMAEL GUZMÁN
 Folder personal
Informe VI de mi serie Recordando sin ira

A comienzos del primer Gobierno de Alberto Fujimori, el 19 de setiembre de 1990, el personal del aún poco conocido GEIN, con el apoyo de otras unidades DELTA de la DINCOTE ejecutó el plan de inteligencia “Monterrico 90-II” y capturó al responsable del Departamento de Propaganda de SL, Hugo Deodato Juárez Cruzat, “Camarada Ricardo o Germán” y a varios de sus cómplices. Esta operación pudo tener mejores resultados, pero un delator de la propia policía antiterrorista avisó a los senderistas de la inminente incursión y muchos lograron escapar.

Después de este fracaso, la policía desarrolló la “Operación Huascaura” contra los hombres del Departamento de Logística de SL y del Grupo Especial de Trabajo, uno de cuyos dirigentes era Luis Arana Franco.

El equipo que vigilaba a este pez gordo, lo grabó en audio, video y lo fotografió conversando en la calle, en restaurantes y en otros lugares, con el “Camarada Ricardo” y otros altos líderes senderistas. También grabó sus conversaciones por teléfono, sobre todo los pedidos de dinero y otros servicios que le hacían sus superiores. Después se supo que los sabuesos del GEIN le habían puesto el nombre clave “Cholo Sotil”, porque “movía la pelota”, pero también lo llamaban “La Gallina de los huevos de oro”.

El hombre quebrado

Detuvieron a Arana, casi después de casi un año se vigilancia policial móvil y fija, el 20 de junio de 1992, quince días después del coche-bomba contra el  Canal 2, en su propia casa junto con su esposa Teresa Manay Montes, también militante senderista. Los investigadores hallaron en el dormitorio de los esposos un escondrijo que guardaba varias fotografías en las que Arana aparecía con otros dirigentes senderistas, durante el funeral secreto de la esposa de Abimael, la señora Augusta La Torre Carrasco, “Camarada Norah”, hecho que ocurrió a fines de 1988.

En su libro “Inicio, desarrollo y ocaso del terrorismo en el Perú”, Tomo II, 1999, el ex jefe del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), coronel de la policía, Benedicto Jiménez Bacca, describe a Arana Franco como “sentimental y muy reflexivo empresario acomodado, relativamente libre de la rígida disciplina senderista, sin la dureza que demostraban otros dirigentes”.

Su blandura explica por qué durante su detención, puesto ante la posibilidad de que él y su esposa que acababa de dar a luz una niña, recibieran condenas de cadena perpetua, el senderista se quebró.

Una media verdad

El coronel Jiménez Bacca narra solo una parte de la historia: “En ese momento de quiebre psicológico, los interrogadores, los tenientes Bonilla y Gil, previa autorización de la “Triada” (se refiere al grupo formado por el jefe de la División Contra el Terrorismo I- DIVICOTE-I, a la vez jefe del GEIN, comandante Marco Miyashiro, el subjefe GEIN, comandante Luis Valencia y el propio comandante Jiménez, jefe operativo GEIN), le ofrecieron la libertad de su mujer para que pudiera cuidar a su hija recién nacida y la devolución del dinero de la academia que había sido confiscado. “Sotil”, (Arana) aceptó y en señal de agradecimiento empezó a confirmar datos que nosotros ya conocíamos. En una de las tantas entrevistas hizo una revelación que nos dejó electrizados: comentó que Guzmán estaba en Lima, pues le había visto en una reunión secreta a la que había ido llevado por “Arturo”, el 4 de abril de 1992”.

Lo que siguió fue el desarrollo de la “Operación Victoria”, una investigación modelo que terminó el 12 de setiembre con la captura de Abimael Guzmán”.

Sin embargo, la historia relatada por Jiménez es incompleta; es una media verdad ajustada al interés del coronel de desligarse de la infecciosa figura de quien era el asesor de Fujimori y jefe real del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Vladimiro Montesinos Torres. Veamos este lado oscuro de la historia:

 “Vladivideo” de Patricio Rickets Rey de Castro.

El primero de octubre del 2001 en el Congreso de la República, en medio de la gran ola anticorrupción que se desató a raíz de la caída del tercer fujimorismo, fue exhibido el “vladivideo” grabado en el SIN el 12 de enero de 1998, seis años después de la caída del “Cachetón”. El video muestra que, en esa fecha, el periodista Patricio Rickets Rey de Castro, un señorón periodístico de ultraderecha, llegó a la famosa salita el SIN a pedirle al entonces todopoderoso Montesinos Torres, un favorcillo para su yerno.

En la ocasión, el periodista y el jefe de espías hablaron de política y otros temas. En determinada parte de la charla política, la cinta muestra que Montesinos, trata de deslucir el papel del general de la policía Antonio Ketín Vidal, en la captura del jefe de Sendero. El famoso “Doc”, le dice a Rickets:

―Él (Vidal), fue como un futbolista a quien se le pone a patear un penal sin arquero. Si no hacía el gol, bueno, ya no servía para nada.
―¡Ah! ¿sí?
―Porque está Arana Franco, el que nos dio la información para llegar a él (Abimael)
―Y, ¿dónde anda ese hombre?
―Está fuera del país.
―¿Lo sacó fuera del país?
― Claro. Usted sabe cómo. Hay una profundidad histórica que nadie conoce y que comenzó en esta sala donde el 28 de julio de 1990 cuando trazamos la estrategia de la pacificación. Ketín ya trabajaba aquí conmigo. Era coronel. No tenía cargo. Vino como asesor. Era el segundo. De aquí fue a la DINCOTE.

Cuando Arana cae tenía tres hijos. Entonces Arana Franco le dice al comandante Benedicto Jiménez (En esa época lo era): “Yo no quiero que mi mujer y mis hijitos vayan a la cárcel”.

Entonces viene Jiménez y me dice:
―Doctor, ¿qué hacemos? ―Yo le digo:
―¿Qué te ofrece?
―Dice que me va a dar la información.
―Compadre, no lo pienses dos veces.
Me dice:
―Pero el fiscal militar, ¿qué va a decir?
―Ven pa’cá. ―Llamé al fiscal militar: “Oiga, venga usted para acá, venga. La mujer va a salir. Cámbieme el acta. Sale la mujer. Le vamos a dar una prueba de que nosotros somos sinceros, de que confiamos en él”.

¡Pum! Cuando él (Arana) vio que el fiscal firmaba el acta ordenando la libertad de su mujer, no lo podía creer. ¡Sí!  Nosotros la hemos soltado para que se quede con sus hijos, pero ahora deben mostrarnos su cariño. Bueno, dijo entonces Arana: “Voy a declarar”.
Montesinos le cuenta entonces a Rickets que Arana proporcionó la información que condujo a la policía hacia el arquitecto Juan Inchaustegui y hacia la bailarina Maritza Garrido Lecca, quienes fueron el hilo que los llevó hasta Abimael Guzmán.
―Así fue la historia real, don Patricio. Y, no es que Ketín Vidal sea el gran éxito. Lo que pasa es que nadie puede salir a contar estas cosas.

Montesinos sostiene en el video que Vidal fue solo la punta de iceberg, pues llegó de manera fortuita a la jefatura de la DINCOTE, ante el súbito cambio del general John Caro, a causa de un caso de robo de sueldos de ese organismo.

En la cinta, Montesinos también le cuenta a Rickets que se quedó con las fotografías que le incautaron a Abimael Guzmán la noche de su captura, que las ordenó cronológicamente en un álbum. Después regaló la colección al jefe subversivo preso pidiéndole que escribiera en su presencia un pensamiento. Adrede puso la foto de Arana en la última hoja del álbum. Cuando Abimael Guzmán la vio no quiso escribir nada. Le preguntó, ¿por qué? Guzmán le respondió con desprecio:

―Esa es mi condena moral al traidor del partido. No le voy a poner nada.

Considerando el relato de Montesinos a Rickets, queda claro que el coronel Jiménez no cuenta en su libro toda la verdad de los hechos, pues es indudable que su “Triada” no tenía competencia y mucho menos en un caso como el de Arana para ofrecer la libertad de la esposa de éste a cambio de su cooperación.
“La Triada”, por muy eficiente que fue, tampoco tenía el poder necesario para hacer que el fiscal militar cambiara el acta de detención de los esposos Arana Manay, exculpando a Teresa del cargo de terrorismo.
Un caso de esa envergadura necesariamente debió ser de conocimiento tanto del entonces jefe de la DINCOTE, general Ketín Vidal, del jefe real del SIN, Montesinos, y tal vez del propio Fujimori.
¿Por qué entonces el coronel Jiménez no escribió toda la verdad?
Quizá porque, como muchos, jamás pensó que existía un “vladivideo” que lo dejaría mal parado como historiador policial.

Lo que muestra el video de Patricio Rickets llena el vacío del libro de Jiménez y deja en claro que el trato con Arana Franco fue una decisión de muy arriba y que fue cumplido en todo su extremo, ya que como dice el propio Jiménez en su obra, acogido a la ley de arrepentimiento, el “Camarada Manuel” fue puesto en libertad y sacado al extranjero.
Después se supo que las autoridades dieron a Luis Alberto Arana Franco, a su esposa y a sus hijos nuevas identidades y gracias a la cooperación de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, los sacaron del país probablemente para asentarlos en alguna ciudad estadounidense, a salvo de la venganza senderista.
Su última hija, nacida durante el año del horror, pero también de la caída del principal responsable del horror, tiene ahora 35 años y es probable que haya visitado el Perú con su nueva identidad y pasaporte no peruano.
Hay muchísimos pasajes de nuestra historia reciente que están ocultos o que han sido revelados a medias, debido a pasiones e intereses personales y que ni siquiera la Comisión de La Verdad, con los millones de dólares gastados, pudo aclarar.

LA OPERACIÓN VICTORIA

La verdadera historia de la
captura del siglo.
Diario La República, lima
jueves, 12 de setiembre de 1996
https://www1.udel.edu/leipzig/texts1/es120996.htm

 

El diario La República atribuye este relato al entonces coronel Benedicto Jiménez Baca, uno de sus principales protagonistas. Fue publicado a solo cuatro años del suceso, por lo que nos parece la narrativa más sincera, hecha poco después del vengativo desmantelamiento del GEIN por los celos políticos de la entonces dupla gobernante Alberto Fujimori y su asesor el “Doc” Montesinos. El diario anota que hizo la publicación como agradecimiento al trabajo de los detectives del GEIN y como repudio a su maltrato desde el poder. Aquí va un apretado compendio.

Con la información recibida de Luis Arana, la ubicación de la penúltima guarida del alto mando senderista en Miraflores, la localización de “Lolo”, el arquitecto Carlos Inchaustegui Degola y su pareja, la bailarina Maritza Garrido Lecca, la ubicación del probable último escondrijo de “Cachetón” y sus principales secuaces, incluida la madriguera de “El Zorro”, en Balconcillo, el GEIN elaboró el Plan de la Operación POICT VICTORIA 92.
Misión general: la captura de la cúpula senderista durante la realización de la "Tercera Sesión Plenaria del Comité Central".
Misión específica: la captura del llamado "Comité Permanente", que estaba integrado por "Gonzalo" (Abimael Guzmán), "Miriam" (Elena Iparraguirre Revoredo) y "Feliciano" (Oscar Ramírez Durand), líderes de la organización.
Condición necesaria: Fuera del GEIN, secreto absoluto.
Fase final: última evaluación de las pruebas indiciarias de la presencia de AGR, en la casa del 459, cuadra 1, de la urbanización Los Sauces, en Surquillo. Eso duró varios días con resultados positivos.

Confirmaron que la mujer que vivía en “El Castillo”, con Inchaustegui tenía como identidad, Maritza Garrido Lecca, antes detenida por la DINCOTE por su vinculación con el periódico clandestino "El Diario".


Un mediodía, Maritza compró en una tienda de San Borja media docena de calzoncillos blancos talla 40, y medias azules para hombre. La talla de los calzoncillos no correspondía a “Lolo”. Eran para otro hombre.

“Lolo” compraba diariamente catorce panes, número excesivo para dos.

La compra de robalo, un pescado fino y caro, muchas hierbas y vino importado. En cantidades mayores para dos personas.

La similitud de las sobras alimenticias con las registradas en la casa de la avenida Buenavista, en noviembre y diciembre de 1990, y en enero de 1991, donde "Gonzalo" y "Miriam" vivieron con la exmonja Nelly Evans Risco

Las coincidencias de las colillas de cigarros, etiquetas de vino y los empaques vacíos de  fármacos que salían de “El Castillo”, con las encontrados en 1990 y 1991,

El análisis químico que demostró que las hierbas y medicamente servían para el tratamiento de alguien que padecía soriasis, la enfermedad de "Gonzalo".

El pequeño trozo de papel que la Garrido Lecca arrojó al fondo del buzón en el cual estaba escrito: "Reunión del B.P. (Buró Político) sobre III Pleno del CC (Comité Central). I. Sobre el documento central. El Pdo. (partido) establece condiciones para la C (conquista) del poder a nivel nacional e int. (internacional). El esquema presentado por el B.P. ".

La corroboración de que la caligrafía pertenecía a la camarada “Miriam”, Elena Iparraguirre Revoredo y donde estaba ella, estaba Guzmán Reynoso.

Un segundo papel obtenido de una bolsa de basura de “El Castillo” a punto de descomponerse que también contenía información sobre el III Pleno del Comité Central, escrita por Iparraguirre.

El análisis operativo del GEIN consolidó su hipótesis final: en “El Castillo” estaban los integrantes del Comité Central de Sendero, incluyendo a los camaradas "Gonzalo" y "Miriam". Realizaban la tercera reunión planaria del comité central.

El diez de setiembre, en la tarde, un agente que se hacía pasar por distribuidor de recibos de luz detectó la presencia de una segunda mujer en “El Castillo” que, según el detective era “Miriam”.

A las ocho de la noche del 11 de setiembre, empezó un apagón fortuito. Faltando apenas algunos minutos para las doce de la noche, los vigías vieron la luz de una vela en una habitación del segundo piso de la casa, dentro de la cual se podía observar la sombra de una persona adulta, de contextura gruesa y con barba. Para los agentes definitivamente era Abimael Guzmán Reinoso (a) camarada "Gonzalo".

Los vigías comunicaron eso al jefe de operaciones. En la madrugada del doce de setiembre, los oficiales y el jefe de operaciones del GEIN decidieron desencadenar la fase Intervención y Captura con la detención del "Zorro" a lo que seguirá la casa de Los Sauces, con toda la fuerza del GEIN.

 

LA CAPTURA DEL "ZORRO".

Esa tarde del sábado la tensión de los GEIN no bajó de su alta intensidad ni ante la proximidad del clásico futbolístico Alianza- Universitario a jugarse a partir de las 16:00 horas.

A eso de la 1:30 pm, “El Zorro”, salió de su departamento rumbo al Paseo de la República y ¡zás!, los detectives le cayeron por la espalda e inmovilizándole los brazos, uno de ellos le dijo casi al oído:

―Somos del GEIN. No hagas resistencia ―Rápidamente, lo metieron dentro de una furgoneta. El teniente Tiburcio, jefe táctico del operativo iba con el senderista. Por la frecuencia de radio del GEIN, todos los involucrados oyeron:

―Ya se inició la tormenta.

Una vez en las instalaciones del GEIN, al "El Zorro" le encontraron una libreta electoral con su fotografía que lo identificaba como Germán Sipión Távara. También una factura de haber cancelado una cuota del pago de un colegio ubicado en La Victoria. El papel estaba a nombre de un menor cuyo apellido materno era Vargas. Eso bastó para que en la data central del GEIN encontraran su verdadera identidad: Zenón Vásquez Cárdenas, antiguo militante de Sendero Luminoso, camarada "Arturo" desde la llamada "primera escuela militar" senderista.

 

Libro impreso, “Benedicto Jiménez.

El detective del siglo”.

Carlos R. Serván, Lima, abril de 2026, Pág. 183

Resumen del autor de este artículo

 

Sin embargo, aún ante Miyashiro y Jiménez, “El Zorro” lo negó todo. Entonces, Benedicto le aplicó una técnica de persuasión insuperable para saber si había gente armada en “El Castillo”. Ese dato era esencial para su intervención. En tono afable le dijo que ya sabían que “Gonzalo” y otros líderes estaban en Los Sauces. Solo faltaba que él confirmara si había una “Guardia Roja” armada hasta los dientes.

“El Zorro” se sumió en un silencio hierático, hosco. Entonces Jiménez lanzó su red, diciéndole que interpretarán su mudez como que si hay “Guardia Roja por lo que entrarán con armas de guerra a aniquilar y probablemente “Gonzalo” y sus compinches terminen muertos. Pero, si no hay, nadie disparará. Eso quebró al camarada “Arturo”.

―¡No, no! ¡A mi presidente no lo maten! No hay brigadas. No están armados.

 

El mando del GEIN autorizó entonces el allanamiento de la vivienda de “El Zorro”. Dos equipos partieron raudos a Balconcillo llevando la llave obtenida del cabecilla. Entraron fácilmente poco antes de las cuatro de la tarde y encañonaron a dos sujetos que estaban viendo las previas del clásico Alianza – U por televisión. También redujeron a una que cocinaba, aunque otra versión dice que estaba acostada en una cama de uno de los dormitorios y leía varios papeles. Una vez esposados, los detectives se dedicaron a revisar lo que consideraban la documentación más reciente, pero también hallaron una pistola ametralladora, dos botellas de whisky Chivas Regal y otros objetos. Todo fue grabado en video. Poco después, el jefe del pelotón táctico, el teniente Tiburcio, dio cuenta por la radio:   

―He visto la documentación y me atrevo a decir que "Zorro" es el coordinador entre "Gonzalo" y los demás integrantes del Comité Central. Tenemos que actuar más rápido e intervenir la casa de Los Sauces.

Mientras tanto en el cuartel general del GEIN sorpresivamente, avisado por el coronel Alva Regino, su hombre de confianza, entró a la oficina de Jiménez muy encolerizado el jefe de la DINCOTE, general Ketín Vidal y reclamó con voz altisonante por qué estaba en marcha un operativo sin su autorización; ¿quién había dado la orden? Sin perder la calma Benedicto asumió toda la responsabilidad y le pidió calma porque estaba a punto de dar el siguiente y decisivo paso. Ketín barrió el lugar con la mirada y antes de retirarse le dijo:
―Una cabeza va a caer y estoy seguro de que no será la mía ―Y, se fue.
Los oficiales que calladamente se habían retirado a la irrupción de Vidal, volvieron al lado de Jiménez y este solo les dijo que la suerte está echada, la tormenta desatada, que solo se podía seguir adelante y que cargaría con toda la responsabilidad si las cosas salían mal.


EL SENDEDRO DE BENEDICTO
Archivo personal
Revista Caretas 1625, del 30 de junio de 2000
Entrevista a Benedicto Jiménez
Autor: Fernando Rospigliosi

El video de la intervención de la casa de Balconcillo llegó rápidamente a manos de Jiménez y justo cuando lo examinaba –otra vez alertado por Alva Regino –, “el general Vidal (Águila 10) regresó y se sentó al extremo izquierdo de mi escritorio y se puso a mirar el video. Desde ahí en adelante no se movió. Acá se ha construido un monumento con base de arena. Nosotros le abrimos la puerta de la historia y él la cerró y nos dejó afuera”.

Descubierta la verdadera identidad del "Zorro", y su importante papel en la dirección del senderismo, al caer la tarde los equipos de detectives que estaban controlando la casa de Los Sauces fueron reforzados para intervenirla.
En la casa de un coronel de la Policía Nacional, ex miembro de la Policía de Investigaciones del Perú, PIP, ese sábado estaban preparando una fiesta de celebración anticipada del aniversario de la ex PIP, el 15 de setiembre. Es decir, iba a haber fiesta justo frente a “El Castillo” sin que los asistentes supieran de la gran cacería del “Cachetón”.
A las siete de la noche los agentes “Ardilla” y “Gaviota”, aparentando ser enamorados, se ubicaron a escasos pasos de la puerta del inmueble objetivo, ya que poco antes habían ingresado una pareja. Se supo que la joven dama era una practicante de ballet. Después se supo que él era el compositor musical Celso Garrido Lecca, tío de Maritza, y la dama será su novia, Patricia Awapara, quienes no estaban comprometidos con lo que sucedía en la casa.
Todos sabían que la intervención se ejecutaría apenas alguien abriera la puerta para salir o ingresar. Los agentes "enamorados" estaban en control de la puerta para ingresar. Detrás de ellos entraría el resto del personal que esperaba el desenlace de la situación; catorce detectives armados con revólveres y pistolas Star. Estaban comunicados mediante radiotransmisores.
Los incursores integraban tres grupos: el primero tenía que controlar la primera planta. El segundo, la segunda planta y el tercero se ocuparía de la azotea. Cuatro agentes se quedarían en las inmediaciones a bordo de sus vehículos, como contención y apoyo.
Sólo se utilizaría las armas de fuego en caso necesario. Todos sabían y entendían que la mejor arma eran la oportunidad y la sorpresa.
A las ocho y cuarentaicinco de la noche, los policías de fiesta en la casa de enfrente daban vivas a la PIP.
Pero, la puerta de “El Castillo”, seguía cerrada.

De pronto empezó a abrirse. Los "enamorados" corrieron hacia la puerta. El agente que vigilaba la casa desde un domicilio cercano gritó por la radio:
―¡Se abrió la puerta y ya ingresaron los enamorados!
Detrás de la pareja de "enamorados", ingresaron violentamente los demás miembros del GEIN. En la puerta de ingreso fueron detenidos Maritza, su tío y la enamorada de este, quienes se retiraban. Los dos no opusieron resistencia. En cambio, Maritza comenzó a gritar para que los que estaban dentro de la casa se dieran cuenta de que la policía estaba entrando.
En la primera habitación del primer piso, al escuchar los gritos de su pareja, Carlos Inchaustegui intentó correr hacia el fondo, pero fue capturado sin que opusiera mayor resistencia. No obstante, cuando los agentes lo esposaban comenzó a gritar:
―Mátame! ¡Mátame! ¡No debo seguir viviendo!
Todo ocurría rápido y al mismo tiempo. El segundo grupo subió por las escaleras y chocó con una pared de madera que impedía el paso. Se trataba de una puerta que fácilmente podía engañar a cualquier persona de que era una pared y que no había acceso al segundo piso de la casa. Los agentes la derribaron y mientras la pesada puerta caía vieron correr a una mujer vestida con ropa azul. Ella ingresó a una habitación y cerró la puerta. Un agente derribó la hoja y la capturó. Era la que días antes Maritza había recogido en su auto Jetta, en las Torres de Limatambo.
―No te muevas! No te va a pasar nada ―, le dijo otro policía cuando la esposaba.
El equipo derribó las puertas de las otras habitaciones. Dentro de una de ellas, dos mujeres vestidas con ropa azul cubrían con sus cuerpos a un sujeto que estaba sentado en un sofá de madera tapizado, impidiendo que los agentes pudieran verlo.
Al ver que todos las tenían encañonadas empezaron a gritar:
―¡No lo maten! ¡No lo maten, por favor! ¡Por favor!
Protegían con sus cuerpos al hombre. Varios agentes identificaron al instante a la "camarada Miriam", Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Al separar a las mujeres, los agentes vieron que el sujeto era el mismísimo Abimael Guzmán Reinoso (a) camarada "Gonzalo".
 
El comandante Valencia desde “El Castillo”, transmitió entonces muy emocionado la noticia al jefe de Operaciones, comandante Benedicto Jiménez quien estaba en la central del GEIN, acompañado por el director de la DINCOTE, Antonio Ketín Vidal Herrera:
―¡Ha caído el Cachetón! ¡Ha caído el Cachetón! ―, gritaba desaforado.

Los oficiales que aún continuaban con el registro de la casa del "Zorro", en Balconcillo, de pronto escucharon por sus radios la gran noticia.
 Los oficiales saltaron de sus asientos y se abrazaron fuertemente durante varios minutos. La felicidad era tremenda, les daba ganas de llorar. El fiscal que también participaba en el registro de la casa del "Zorro", les preguntó sobre qué ocurría que de pronto les había vuelto locos de felicidad. Ellos le respondieron que "Gonzalo" había sido capturado.
Intrigado, el fiscal volvió a preguntar:
―Y, ¿quién es Gonzalo? ―El defensor de la justicia desconocía el seudónimo del criminal más buscado en todo el país.
El "Zorro", vendado y sentado en una silla, escuchó que "Gonzalo" había sido capturado y entonces gritó:
―¡Mentira! ¡Es mentira...! ¡Jamás el presidente Gonzalo caerá en manos de la reacción!

En la casa de Los Sauces, "Gonzalo" se había quedado estático, como paralizado en su asiento. No atinaba a nada, ni siquiera a mover un dedo.
Luego de unos segundos, después de tomar aire, dijo:
―No disparen... No disparen... Por favor, nosotros no tenemos armas... No tenemos armas... No disparen.
Repitió varias veces la misma frase mientras miraba a los miembros del GEIN que poco a poco bajaron sus armas al tener la certeza de que toda la situación estaba controlada.

 

Abimael Guzmán, entrega al GEIN todas sus pertenencias personales.

 En ese momento, el jefe del GEIN le dijo a "Gonzalo":
―Soy el comandante Marco Miyashiro. Ha tenido el honor y la suerte de caer en manos del GEIN. Su vida y la de todas las personas detenidas en esta casa están garantizadas ―.
"Gonzalo" lo observó y respondió:
―¡Ah, ustedes son del GEIN! Nosotros no tenemos armas ni vamos a reaccionar de otra manera de la que estamos en este momento. Como verá, somos sus detenidos.
Cuando dijo eso, la otra mujer que fue identificada como Laura Zambrano Padilla, excarcelada unos meses antes, seguía gritando histéricamente. "Gonzalo" la miró y le dijo:
―No sigas gritando. Ellos no nos van a hacer daño ―. Laura, la camarada "Meche", una mujer de cuarenta años dejó de gritar. A continuación, le pidieron que vaciara sus bolsillos.
En ese momento, uno de los agentes más jóvenes subió hasta la habitación donde se encontraba "Gonzalo". Miró al detenido y le dijo al jefe del GEIN:
―Siempre soñé con este día. Voy a ponerle las esposas a "Gonzalo".
Al escuchar al agente, quien se parecía un estudiante de secundaria, "Gonzalo" cruzó sus brazos como diciendo que no lo enmarrocaran.
Entonces el jefe del GEIN miró al joven agente, y le dijo:
―No lo hagas. Déjalo, no vale la pena. Es tan sólo un tigre de papel.

Algunos agentes salieron a dar la noticia a los demás integrantes del GEIN que se quedaron en la calle como seguridad. Pero no fue necesario. Ellos escucharon por las radios, y apenas se vieron, corrieron y en plena calle se dieron un fuerte abrazo. Se felicitaban, se persignaban y agradecían a Dios.

Un alto oficial de la policía que estaba en la fiesta frente a la casa donde se produjo la intervención, reconoció a un agente del GEIN y lo invitó a su celebración. El agente le contó sobre la captura de "Gonzalo", pero el oficial no le creía y le pidió que repitiera lo que estaba diciendo. Luego lo felicitó y regresó corriendo a la fiesta. A los pocos minutos la música y los gritos se paralizaron.

Testimonio personal del general PNP KETIN VIDAL.  
Libro 25 años de la Operación Victoria
Diario La República, Lima, 2017, pp. 16-20.

"El sábado 12 de setiembre de 1992 salí temprano de mi casa y le dije a mi esposa que no se preocupara si no llegaba a casa. “¿Por qué?”, me preguntó. “Vamos a hacer un trabajo muy importante”, le contesté, y me fui. Con Benedicto Jiménez habíamos decidido intervenir la casa de Los Sauces de Surquillo ese 12 de setiembre. Resolvimos que era el momento de abrir la puerta de Los Sauces. Los agentes tenían que entrar sí o sí.
Ese día estábamos conversando desde temprano. Jiménez me consultó para enviar a los oficiales Marco Miyashiro y Luis Valencia con la finalidad de apoyar a los agentes “Gaviota” (Cecilia Garzón) y “Ardilla” (Julio Becerra), que estaban cerca de la puerta. La orden era que a la hora que se abriera la puerta de la casa de Los Sauces, el agente colocara el pie para que no la cerraran y sacara el arma al aire, sin hacer escándalo. Y así fue, Miyashiro y Valencia fueron a Los Sauces.
Durante la operación, Benedicto Jiménez y yo estábamos en el GEIN, pero decidimos salir, y cuando estábamos en el vehículo con dirección a Los Sauces, por la radio Luis Valencia comenzó a gritar: “¡Positivo! ¡Positivo! ¡Positivo!”. Eran casi las 10 de la noche.
Cuando llegamos a la casa de Los Sauces, y al escuchar bulla de voces de mujeres que provenía del segundo piso, decidí subir.

 

Abimael acepta su detención ante Ketin Vidal (de espaldas), en el centro, elena Iparraguirre.

 Y, ¡oh sorpresa!, vi a Abimael Guzmán y a Elena Iparraguirre. Me acerqué y le dije:
―Soy el general Antonio Ketín Vidal, jefe de la DINCOTE. Le comunico oficialmente que está usted detenido ―, entonces se paró y me extendió la mano, diciendo:
―Manuel Abimael Guzmán Reinoso.
―Bueno, usted tiene que entender que en la vida se gana y se pierde. Usted ha perdido. Tome asiento ―, le dije.
―Está bien, yo sé perder y también sé que lo pueden matar a uno. Pero al pueblo, lo que tiene acá (señalándose la sien con un dedo), eso nadie se lo quita ―, respondió.
En el lugar también se encontraba Elena Iparraguirre Revoredo, Laura Zambrano Padilla, María Pantoja Sánchez y otros senderistas que en ningún momento fueron maltratados porque tomamos medidas de seguridad ante cualquier eventualidad.
Luego coordiné con Benedicto Jiménez para, antes de que llegaran los medios de comunicación a Los Sauces, adelantarme a la DINCOTE con Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre. Le recomendé que levantara las actas y que al video de la captura lo tuviera bajo seguridad.
Vidal salió de “El Castillo llevándose con una escolta policiaca Guzmán y a Iparraguirre en su camioneta oficial, en la que además del conductor, fue un copiloto de seguridad. Con los detenidos, que ya estaban esposados, Vidal se acomodó en el asiento posterior. Varias camionetas con efectivos armados les dieron escolta.  

ASÍ FUE LA PRIMICIA PERIODÍSTICA
DEL NOTICIERO «90 SEGUNDOS»
 

Testimonio de JUSTO LINAREZ, 
jefe de Redacción de «90 SEGUNDOS» en 1992.

Publicada en Facebook el 12 de setiembre de 2017
Revista Periodistas, del Colegio de Periodistas de Lima
El 12 de setiembre de 2021.

La captura del archicriminal Abimael Guzmán, la noche del 12 de setiembre de 1992, es, sin duda alguna, la más importante noticia difundida hasta ahora, en primicia, por la empresa de televisión Frecuencia Latina, desde que este medio de comunicación audiovisual inició sus actividades el 23 de enero de 1983. 


Mario Duarte lanzando la primicia

 

A las 11 y 15  minutos de la noche, el locutor Mario Duarte del noticiero El Especial de Noventa Segundos, leyó el jubiloso texto que puse en sus manos:
“Esta es la noticia del siglo… Esta noche la policía detuvo a Abimael Guzmán, jefe supremo de la banda asesina Sendero Luminoso, responsable absoluto de la muerte de 70 mil personas y de la destrucción de bienes públicos y privados por un valor de 50 mil millones de dólares…”
La difusión por nosotros de esa histórica noticia fue hecha, por increíble ironía, desde las ruinas en que quedó el canal a causa del terrible atentado terrorista ordenado por el desquiciado Guzmán, ocurrido apenas tres meses antes, el 5 de junio de aquel año 1992. Allí murió nuestro editor, Alejandro Pérez Mesía, y dos trabajadores de seguridad, uno de los cuales, Agustín Regis, llegó hasta mí, instantes antes del estallido del coche-bomba, para pedirme que alertara a mis compañeros de la sala de redacción y les pidiera que buscaran refugio ante la inminencia de la muerte por mano senderista.
Otra paradoja: el locutor Duarte salvó por milagro de ese atentado del 92. Tanto él como Sammy Sadovnik estaban en la conducción del noticiero y lograron refugio debajo del pupitre. En mi caso, junto con los periodistas Rolando Osorio y Ricardo Arteaga y el auxiliar Sergio Huamaní nos guarecimos detrás de un inmenso árbol.
El riesgo mortal lo asumí antes en numerosas ocasiones de mi carrera. Pero aquel 5 de junio mi alma quedó herida por siempre. Comprendí los límites irracionales del terrorismo. Me he preguntado desde entonces, ¿por qué quitarme la vida, señor Guzmán Reynoso; a mí que jamás me he cruzado con usted en la vida? ¿Por qué…? ¡¿Por qué…?! Un sencillo reclamo de la razón que tiene y tendrá silencio absoluto como respuesta.
A propósito, otra primicia de ese género ocurrió el 1 de junio de 1983 cuando ante nuestras cámaras (equipo de Juan Manuel Guimarey, Rubén Vera y Gilberto Coro), un grupo senderista penetró en el local central de Acción Popular y desató una horrible matanza de militantes de ese partido que celebraban el aniversario institucional.
Días después, en la reconstrucción policial del execrable suceso ocurrido en el Paseo Colón, nuestro reportero Pedro Ortiz Barnuevo le preguntó al capturado autor de aquella carnicería si sentía remordimiento por esa maldad. El autómata abimaelita le respondió con perversa convicción: “¡La revolución no tiene ni remordimientos ni lágrimas!”.

Aquel sábado 12 de setiembre de 1992, dirigí el Noticiero en sustitución del director Ricardo Muller, quien estaba de descanso. La producción noticiosa del día era pobre y escasa, un día “muy sábado”. Con todo el material hice el diseño del noticiero y a eso de las 8:15 de la noche, recordé que en el partido clásico del fútbol peruano jugado por la tarde entre Alianza 0-Universitario 2, hubo un episodio muy doloroso.
Fue la lesión del jugador aliancista, el yugoslavo, Jordan Petrov. La televisión mostró la gravedad de la conmoción cerebral que sufría. Fue llevado a la Clínica Ricardo Palma para su tratamiento. Se temía lo peor.
Entonces, para averiguar cuál fue la suerte de aquel futbolista, llamé al único reportero que estaba a mi cargo aquel sábado, Andiolo Zevallos, especializado en ubicar por medio de un scanner radial los hechos policiales más importantes de la agitada ciudad de Lima. Le di las instrucciones para que se dirigiera de inmediato a la clínica donde atendían a Petrov.
De pronto, tan pronto como le di las indicaciones, Andiolo, que no despegaba la oreja del scanner, gritó:
―¡Jefe, capturaron a Abimael, el “Cachetón”!
Lo cierto es que no le hice caso. Creí que estaba eludiendo la orden de ir a la clínica. Para él, la confirmación del sensacional suceso lo daba el hecho de que había un silencio total en todas las instancias o frecuencias de radio policiales. Buscó desesperadamente en una y otra onda y nada. Entonces se volcó al teléfono, llamando a una y otra repartición, sin obtener nada de nada.
―¡Confirmado…el silencio lo dice todo! 
Su insistencia y razonamiento me convencieron. También de sopetón, como había soltado su notición, me dijo:
―Jefe, hay movimiento policial en Balconcillo… ¡parece que allí lo agarraron!
Arregló sus cosas, tomó su pequeño maletín y se disparó hacia allá en el vehículo que manejaba Jorge Rabanal. Su camarógrafo era Félix Laynes.
Antes de que saliera le pedí que no usara nuestra radio para comunicarse con nosotros, pues lo importante era poner nuestra noticia a cubierto de la competencia, siempre lista a captar y aprovechar nuestras comunicaciones radiales.

TESTIMONIO DIRECTO DE ANDIOLO ZEVALLOS ÑIVIN

Reportero del noticiero «90 Segundos», Canal 2 TV, Lima, Perú.

El reportero recuerda que esa noche poco antes de las nueve de la noche al regresar a la redacción del noticiero 90 Segundos de lo que creía había sido su última comisión del día, tan pronto entró al recinto, una auxiliar que estaba contestando una llamada telefónica le llamó desesperadamente diciendo a su interlocutor que esperara, que Andiolo Acababa de llegar.
Una vez con el fono, una voz masculina solo le dijo:
―¡Ya cayó! ― y colgó, dejándolo en ascuas.
Su corazón comenzó a agitarse, pero se contuvo. Su mente recuperó en primer plano lo que hacía una semana le había comentado el camarógrafo Julio Sotelo, con buenos contactos en la DINCOTE y en general en la policía. Con él había hecho más vínculos los detectives que cada semana visitaban el canal como parte de la investigación sobre los autores materiales del trágico atentado con coche-bomba contra el canal 2, meses antes. el 5 de junio. Sotelo le había dicho en voz baja, “Estate atento. Esta semana cae Abimael”. Y, aún más, me sugirió que, en mis recorridos y el escaneo de las frecuencias de la policía, en especial de la DINCOTE, que pusiera atención en La Molina y en Surquillo. El hombre, como se comprobaría estaba en la ruta cierta.
Yendo al pupitre donde estaba el poderoso scaner central que podía rastrear hasta 12 frecuencias, lo prendió y en la de la DINCOTE se escuchó que alguien con bastante entusiasmo dijo:
―¡Hoy festejamos; cayó el “Cachetón!
Su jefe, Justo Linares se quedó inmóvil agarrándose la mandíbula mirándolo fijamente cuando le dijo que dos informantes decían que Abimael había sido detenido. Pero, no se sabía dónde, por lo que tenía que irse hacia el sur, pues sospechaba que era en La Molina, Surquillo o Miraflores. Coordinaron que si Linares pudiera confirmar el sitio que le dijera por la radio del canal. Dicho esto, salió con su equipo como almas que se lleva el diablo.
Cuando cruzaban La Victoria rumbo a La Molina, por la radio del canal, julio Sotelo le dijo escuetamente:
 ―Anda a la calle uno, cuadra cuatro de la urbanización Los Sauces, en surquillo ― Con el jefe Linares había acordado no mencionar para nada al personaje central, para evitar que otros medios les birlaran la primicia. 

 

Testimonio de JUSTO LINAREZ, 
jefe de Redacción de «90 SEGUNDOS» en 1992

Publicado en Facebook el 12 de setiembre de 2017
Revista Periodistas, del Colegio de Periodistas de Lima
El 12 de setiembre de 2021.

Después de la partida de Andiolo y su equipo, en vista de la excepcional importancia del suceso en desarrollo, decidí subir al segundo piso de los restos de la casona en donde sesionaba el directorio de la empresa. Sin pedir permiso, abrí la puerta y me acerqué a Baruch Ivcher. El presidente de la empresa se puso de pie y dio unos pasos para conversar conmigo, al oído. Al enterarse, solo gritó
―¡Carrajoooo…!
Regresó a su lugar en la mesa y dio una orden:
―Señores, ¡hagan como yo y rueguen que sea cierta la captura del asesino Abimael Guzmán!
Los diez miembros del directorio se pusieron de pie e imitaron a Ivcher, levantando y cruzando los dedos medio e índice de ambas manos. A coro expresaron entusiasmo. Ansioso, Ivcher me pidió detalles y que le mostrara las imágenes de la captura. Fue engorroso, pero tuve que decirle la verdad:
―La captura ha ocurrido poco después de las ocho. El reportero Andiolo Zevallos ha salido a cubrir la noticia y en breve volverá. Ustedes serán los primeros que vean la filmación de esta gran cobertura, que creemos va a ser primicia nuestra.

Entonces, Baruch Ivcher tuvo una iniciativa que aseguró la primicia. Prohibió el uso del teléfono para comunicarse con el exterior y ordenó que nadie saliera del colapsado edificio. Bendita orden. Antes de irme le dije a Ivcher que conforme tuviera noticias le informaría. Pero nada. Andiolo me llamó dos veces y me comunicó su revés.
Pasadas las diez de la noche, Ivcher estaba alterado por la falta de imágenes. Entonces, estando de nuevo en su oficina, hizo tres llamadas:
―¡Carrajo, el presidente está en Iquitos! ―En efecto, había ido de pesca con su engreído, Kenyi.
―¡Carrajo, el ministro del Interior, general Briones está en la embajada inglesa! ― Después concluí que esa llamada fue inútil porque no estaba enterado del curso de la “Operación Victoria” llevada a cabo por el Grupo Especial de Inteligencia Nacional, GEIN. Más tarde se supo también que, irritado y desairado, Vladimiro Montesinos tramó el desmontaje del Grupo.
―¡Carrajo, el general Ketín Vidal no contesta!
El heroico policía ya estaba en ese instante en pleno interrogatorio al genocida.

Otro de los aciertos de Ivcher fue convocar al canal al joven camarógrafo Julio Sotelo Garrido, único conocedor de los gestos, lenguaje, costumbres y hasta de los seudónimos de los policías. De inmediato, él empezó el más difícil de nuestros esfuerzos, conocer el lugar donde cayó el sanguinario “Cachetón”. Pronto nos dijo: “¡Es en Surquillo!”. El corazón me dio un vuelco por el cariño que le profeso a ese distrito; pero el enigma estaba sin aclarar debido a que la “calle Uno” era la dirección de un nuevo barrio surquillano. Eran ya las diez y veinte de la noche, hora en que Julio Sotelo confirmó absolutamente la captura.

Todos quienes estábamos presentes saltamos de alegría. Vinieron los abrazos y felicitaciones. Era una auténtica retaliación del inmenso daño que el múltiple homicida causó a nuestro canal. Sin embargo, no teníamos siquiera una imagen de la gran noticia, pero ya podíamos preparar el texto de presentación.

Hasta ese momento, el noticiero de Canal 5 nada había informado sobre el suceso. Eso nos alivió algo, pues la primicia permanecía en nuestro joyero. Pero los minutos que faltaban para que la competencia saliera del aire fueron una eternidad. Ordené traer imágenes de Archivo y el editor Raymundo Rentería se encargó de “vestir” el texto que escribí para cubrir una hora de noticiero.

TESTIMONIO DIRECTO DE
ANDIOLO ZEVALLOS ÑIVIN
Reportero del noticiero «90 Segundos»,
Canal 2 TV, Lima, Perú.

Recuerda que, al llegar, la cuadra estaba repleta de algunos patrulleros con las luces y alarmas encendidas y abarrotada de policía sin y con uniforme. Su camarógrafo pudo captar justo el momento en que a un individuo cubierto por una sábana lo subían apresuradamente a una camioneta que partió rauda seguido por otros vehículos, sin duda, policiacos. Preguntó a los más próximos a la barrera policial que impedía llegar al lugar, pero nadie aceptó confirmar la detención del cabecilla de SL. Hasta que encontró a alguien más o menos conocido, quien abiertamente le dijo, “Ya cayó”.

Entonces le dijo a Linares por la radio que sí, que por lo menos entre cinco policías uno de ellos ha confirmado la captura, pero por nada en el mundo aceptaba decirlo en cámara y menos dar su nombre. En el lugar, eso era demasiado pedir. Linares le avisó que iba a preparar el texto del flash con el que abrirían el noticiero a las 11 de la noche, después de que terminara “24 Horas” de Panamericana teniendo la seguridad de que no sabían nada. La casa seguía cerrada y tras hacer las tomas de su localización, Andiolo hizo su stand up de rigor que abrió la nota central de 90 Segundos:

Andiolo en Cámara:

 

Andiolo Zevallos da la primicia noticiosa (recopilación de Canal 5 TV)

 

“El líder máximo de Sendero Luminoso, el terrorista más buscado en el país, Abimael Guzmán Reynoso fue detenido esta noche por efectivos de la DINCOTE.
La captura del terrorista se produjo aproximadamente a las 8 de la noche en la calle Uno, La Calera, distrito de Surquillo.
Tras la captura, Guzmán Reynoso y sus diez acompañantes fueron conducidos a la sede central de la Policía Técnica”

 

Testimonio de JUSTO LINAREZ, 
jefe de Redacción de «90 SEGUNDOS» en 1992

Publicado en Facebook el 12 de setiembre de 2017
Revista Periodistas, del Colegio de Periodistas de Lima
El 12 de setiembre de 2021.

Mario Duarte en cámara:

“Esta es la noticia del siglo… Esta noche la policía detuvo a Abimael Guzmán, jefe supremo de la banda asesina Sendero Luminoso, responsable absoluto de la muerte de 70 mil personas y de la destrucción de bienes públicos y privados por un valor de 50 mil millones de dólares…”
Apenas Mario Duarte terminó de leer aquel histórico primer párrafo, que abrió el noticiero recibí una llamada telefónica. Era el periodista Hubert Cam Valencia, corresponsal de la agencia noticiosa estadounidense United Press International, UPI, Con la voz jadeante sólo me preguntó:
―Justo, ¿es cierto? ―. Le respondí con un lacónico, significativo y tajante “¡Si!”. Bastó para él la respuesta. Se lanzó al teletipo e irradió al mundo la sensacional primicia informativa.
Para entonces, el entusiasmo y la emoción se habían apoderado de las calles de Lima luego de conocer nuestra trascendental información. Miraflores era un manicomio. El país entero estaba convertido en una fiesta. Todos éramos conscientes que se ponía fin a una época de pánico en donde la vida nada valía. Era el fin de los apagones, los coches-bomba y los asesinatos en cualquier calle y a toda hora del día. Por fin amanecía el sol de la pacificación nacional.
En ese instante me dominaba una emoción encontrada. Allí se mezclaba el deseo de llorar de alegría porque se ponía fin a la libertad de un cruel demente suelto en plaza, y, por otro lado, me embargaba el orgullo de llegar a la cúspide profesional con esa primicia mundial. Yo sentí que esa noticia expresaba el sentimiento de desahogo de millones de peruanos cansados, al fin y al cabo, de vivir amenazados por un arma de fuego puesta en la sien o de morir despedazado por un coche bomba sembrado por la infamia y el extravío de ese desdichado autor intelectual de crímenes de lesa humanidad.
Entonces, antes del cierre del noticiero cerca de la medianoche, para poner broche de oro a esa histórica jornada periodística, llamé a los dos muchachos, Andiolo y Julio, casi mis hijos. Les apretujé con toda la fuerza que pude y mientras llorábamos a trío, solo pude pronunciar la bella palabra… ¡Gracias!
 

 Testimonio personal del general PNP KETIN VIDAL. 

Libro, 25 años de la Operación Victoria
Diario La República, Lima, 2017, pp. 16-20.
 

Una vez en la DINCOTE y los dos detenidos adecuadamente internados decidí informar a la prensa extranjera sobre los hechos, porque quería liberarme de cualquier desgracia. También me comuniqué con el Canal 2, que lanzó la primicia.
Hasta ese momento, el presidente Alberto Fujimori no sabía de la captura de Abimael Guzmán. Al poco rato llamé por teléfono a Palacio de Gobierno para darle cuenta al presidente Fujimori sobre la captura de Abimael Guzmán, pero me contestó el edecán: “Mi general, el presidente no se encuentra, está fuera de Lima”, me dijo. “¿Cómo que no se encuentra? ¡Es urgente!”, le insistí. Pero el edecán volvió a decirme que era imposible. No había manera de comunicarse con el presidente.
A las 11 y 15 de la noche, el entonces asesor presidencial, Vladimiro Montesinos, enterado por la noticia sobre la caída de Abimael Guzmán, me llamó por teléfono y me preguntó con ajos y cebollas:
―¡Oye, carajo! ¿Es cierto eso que está saliendo en la televisión o me estás cojudeando? ―,  tronó por el teléfono. Le dije que sí.
―¡Carajo, ni siquiera me has avisado! ―, me gritó y colgó el teléfono.
Minutos después lo llamé para pedirle que me diera el teléfono del presidente Fujimori y así informarle personalmente de la captura. Me respondió que ya se había comunicado con Fujimori.
A la medianoche, el ministro del Interior, general EP Juan Briones Dávila, también me llamó por teléfono preguntándome si era verdad que había caído Abimael. Me dijo que se había enterado por su chofer, al salir de una recepción en una embajada.
Luego, sin avisar, el mismo general Briones y el director de la Policía Nacional, general PNP Adolfo Cubas Escobedo se presentaron en la DINCOTE. Ambos conversaron con Abimael Guzmán. El trato fue cordial.
A la hora llegó hasta mi oficina el jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), coronel EP Alberto Pinto Cárdenas, burlando la seguridad que pusimos. Los generales Briones y Cubas empezaron a ponerse nerviosos. Ahí me di cuenta de mi papel como representante de una institución que había capturado a Abimael. Pinto me dijo:
―Mi general, el presidente Fujimori ha ordenado que Abimael Guzmán sea llevado al Servicio de Inteligencia Nacional.
―¿Para qué? ―, le respondí, cortante.
―Hay un riesgo porque toda la gente de Sendero Luminoso puede venir a rescatarlo ―, me contestó y le respondí:
―Mire, coronel, aquí en la DINCOTE, desde su creación, jamás nadie se ha escapado.
Pero, Pinto insistió en llevárselo. Entonces me puse fuerte y le dije:
―Si se va a llevar a Abimael Guzmán, entonces yo pido en este momento mi baja, porque yo soy el responsable. Cualquier cosa que le pase, ¿quién va a responder? Yo, porque está en mis manos. Legalmente yo soy el responsable.
Hablé alto para que me escuchara el ministro del Interior.
―Está bien, general ―, contestó Pinto.
―Entonces, coronel, tenga la amabilidad de retirarse ―, le dije.
Y ahí terminó todo. Prácticamente me la jugué.
Al mes y medio y después de los reconocimientos del gobierno por la captura de Abimael, me cambiaron a la inspectoría General de la Policía. En mi reemplazo fue nombrado como jefe de la DINCOTE el general Carlos Domínguez Solís, quien provenía del Servicio de Inteligencia Nacional. Estoy seguro de que mi cambio se debió a una venganza de Montesinos»."

 

Testimonio directo del reportero de Contrapunto
OBED MATIAS, histórica voz en off
de ese programna, Canal 2 de TV

Recuerdo que ese sábado la mayoría del personal del programa se había retirado a eso de las diez de la noche porque el trabajo de preproducción estaba avanzado. Solo quedaba la edición y post producción de los reportajes que componían el índice o pauta.
Me fui luego de grabar el audio del segmento “Radar Político”, producido con datos y material de sustento aportado tanto por el director Julián Cortez, el jefe de redacción, “El Paiche”, Elmer Olortegui y yo. Ese segmento fue uno de los componentes de mayor sintonía debido a sus datos sobre ciertos deslices y situaciones embarazosas de los políticos. Cortez los exponía con su estilo urticante y corrosivo, sin llegar a afectar el honor o la reputación de sus nombrados. Yo le ponía el tonito divertido como la cereza sobre el pastel.
A eso de las once de la noche, me disponía a acostarme cuando por teléfono, Julián me ordenó sin miramientos que regresara al canal porque la policía había capturado por fin a Abimael Guzmán. Colgó como acostumbraba al dar una orden de obligatorio cumplimiento.
Al regresar, el ambiente en las instalaciones de tripley donde funcionaba Contrapunto desde el demoledor y trágico ataque con un coche-bomba lanzado por Sendero Luminoso contra la zona central de la sede, era de tensión controlada. Algunos de los de guardia terminaban de cenar sus raciones suministradas por un restaurante cercano. Se alistaban para una noche en blanco.
En su precaria oficina con la juvenil jefa de edición, Jessica del Busto, a la que cariñosamente llamábamos “La Pechito”, el director, resumió el caso:
―90 Segundos abrió su edición con el flash de la captura con material exclusivo de Andiolo Zevallos. Dejó un casete con lo de Surquillo y ahora está haciendo guardia en la DINCOTE, por la Prefectura. Allí está el maldito. Recopilen todos los archivos que tengamos, incluyendo lo del coche bomba. Creo que tendremos que hacer otro programa. El que planeamos, ya no sirve.
90 segundos terminó a medianoche. Su presentador, Mario Duarte, reiteró el flash sobre la captura y prometió el desarrollo de la noticia del siglo en adelante. Bueno, en realidad, seguía el turno de Contrapunto, a partir de las 9 a.m. del domingo 13. Por eso, del Busto recuperó inmediatamente el material de Andiolo Zevallos y rápidamente junto con Julián lo visionaron para que él preparase el libreto.
Como a la una de la madrugada Andiolo y su equipo regresaron al canal desde la prefectura pues ya no había nada qué hacer ahí, porque los de la DINCOTE habían cerrado su acceso sin ninguna señal de que quisieran comunicar algo. El caso quedó encapsulado en ese sitio.
Después de visionar las tomas de apoyo de Andiolo, Julián se puso a redactar la clásica presentación tipo editorial que abría el programa con la voz y figura de Maritere Braschi. Luego, se avocó a hacer el libreto central de la captura.
Tan pronto me entregó el texto, del Busto dispuso que trabajaría su edición con el editor Jorge Urbina Anchante, el “Turbo” para sus amigos, cosa que recién empezamos a eso de las tres y media de la madrugada del domingo 13 de setiembre de 1992, luego de una prolongada y tediosa revisión de numerosos casetes de archivo que íbamos a utilizar, centrados en las tomas de las últimas ocurrencias en la casa de la calle 1, N° 459 de la urbanización Los Sauces, de Surquillo.
Pero, ahí no terminó todo. Después de cabecear un poco en la sala de edición, mientras tomaba un café y el domingo avanzaba como un día brumoso de fin de otoño, a Julián se le prendió el foco y me ordenó que aprovechando la luz del día fuera a hacer una nueva nota en el lugar del arresto a la cúpula senderista, para tener tomas propias del célebre lugar.
Por calles casi vacías, llegamos en menos de quince minutos. La calle uno y su cuadra 4 estaba despejada y para sorpresa, en la casa no había presencia humana. Así que fui a hablar con la dueña de la tienda próxima, donde los captores directos de los criminales los agentes «Ardilla» y «Gaviota», habían montado la vigilancia final haciéndose pasar por enamorados.
La dueña me confirmó que todos se habían ido después de desmantelar el interior y que nadie había vuelto. Regresé y, entonces, el camarógrafo Luis Marquina me dijo que la puerta estaba sin llave. Rápidamente entramos y en la sala, donde habían hecho la revisión de documentos y otros enseres de prueba aún quedaban algunos documentos y hasta fotografías de actividades senderistas. Marquina registró todo con su cámara y poniendo algunas cosas en una bolsa de plástico, salimos. Hice la presentación de rigor y regresamos al canal. 
Cuando terminé de grabar el audio para La Pechito, alguien de la DINCOTE llamó a Julián. Tan pronto terminó su conversa, agotado, pero apurado me dijo:
―Tienes que ir Breña como un cohete, pero sin cámara. Un contacto del GEIN te va a entregar un material importante. Esta es la dirección, ¡vuela!
Tome el papel con los datos y con el equipo de guardia fuimos raudos. El oficial del GEIN, de quien ya no recuerdo su nombre me entregó dos casetes VHS y me dijo que eran copias de resúmenes editados que el general jefe de la DINCOTE, Ketín Vidal les había ordenado hacer en la madrugada, argumentando que eran para informar al alto mando del gobierno.
Sin embargo, los del GEIN sospechaban que Vidal se disponía a filtrar a la prensa su presencia en la caída de Guzmán, con la finalidad de acaparar ese momento de gloria, a nombre suyo y de la DINCOTE, dejando en la cuneta al GEIN.
Para eso, a Vidal tampoco le importaban desatar rayos y truenos de parte del presidente Fujimori y su asesor favorito, Montesinos Torres, el “Doc”, quienes deseaban usufructuar de la victoria, cosa que consiguieron después.
El hombre del GEIN también me dijo que fuera a un departamento en Santa Catalina, donde en la tarde anterior, al inicio de la Operación Victoria, habían detenido al “Zorro”, otro alto mando senderista
 y a su grupo de combate. 
Los del GEIN, no sentían mucho aprecio por el general Vidal, pues lo tenían como del lado del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y, además, era amigo entrañable de larga data de jefe nominal de ese organismo, Vladimiro Montesinos Torres. Y, resultaba que los del GEIN a lo sumo masticaban, pero no tragaban por nada en el mundo a los del SIN y a Montesinos.
Recuerdo que regresamos al canal, entregamos el material y le expliqué toda la data a Julián.
A grandes rasgos visionamos con Urbina los dos casetes. Contenían segmentos de los seguimientos a Inchaustegui y Garrido Lecca, del ingreso a “El Castillo”, de la rendición de las terroristas silenciosas, asustadas con los brazos en alto y la bravata de Guzmán tocándose la sien.
De inmediato seguí hacia lo de Santa Catalina, Balconcillo. Allí me dieron otro casete que mostraba toda la secuencia de la detención del “Zorro” y del asalto a su casa. En el lugar los agentes aun revisaban y clasificaban un montón de documentos senderistas, armas y municiones.
Con nuestras propias tomas del lugar, más el nuevo casete, regresamos al Canal y logramos la emisión de todo lo acopiado. El programa se extendió hasta más o menos las 11 y 40 de la mañana y yo ya no sentía mi cuerpo ni mi alma. Contrapunto marcó entonces la diferencia contando la historia a su estilo. Nadie, aparte de nosotros, tuvo y difundió   el material de la captura. Nosotros, mi equipo, lo obtuvo de manos de los captores en dos VHS.


Testimonio directo del periodista
Productor de TV JORGE URBINA ANCHANTE
Editor del programa Contrapunto, de Canal 2 de TV, Lima

Como cada fin de semana, la isla de edición era una trinchera. Entre el zumbido de las caseteras VTR y el volumen de las pesadas cintas de tres cuartos de pulgada, el trabajo consistía en examinar minuciosamente cada fragmento de cinta que llegaba a la mesa antes de armar los informes encargados por la dirección. La obsesión era una sola: conseguir una edición con imágenes reales, sin filtros ni adornos.
Tras la caída de Abimael Guzmán, noticia que conmocionó a todas las redacciones, nos enteramos de que el reportero de turno del noticiero 90 Segundos, Andiolo Zevallos, estaba recibiendo información a cuentagotas.
Mientras avanzaba en la edición de la nota principal, los primeros videos que llegaron a mi mesa eran copias VHS de tercera generación, con una calidad bastante degradada. En aquellos años previos a la era digital, el margen de maniobra técnica de un editor era limitado: el color, el brillo y la nitidez solo se podían ajustar de manera analógica mediante correctores externos. Lo único que mantenía cierta nitidez era el audio ambiental, suficiente para descifrar las conversaciones clave.
Obed Matías, el reportero asignado por el director de Contrapunto, Julián Cortez, para cubrir lo ocurrido en la casa de Surquillo. Andollo Zevallos, el reportero del noticiero, era un sabueso que cubrió casi el momento de la captura.
Entre tres editores nos repartimos la carga de trabajo mientras la tensión aumentaba fuera de las salas de montaje.
Desde poco antes de la medianoche, la noticia había corrido como reguero de pólvora por todo el país: el cabecilla de Sendero Luminoso había caído.
Aquel era el hecho histórico que dominaría las portadas de los medios impresos y las emisiones de los programas dominicales.
Contrapunto, el espacio de investigación periodística que solía marcar picos de hasta 30 puntos de rating en su horario habitual de 9 a 11 de la mañana, contó con el material suficiente para desplegar todo lo ocurrido.
La presión interna era máxima; no podía filtrarse ningún error. Julián Cortez, director del programa, exigía a su equipo las imágenes exclusivas del momento exacto de la intervención, una labor que dependía enteramente de los contactos y fuentes policiales de sus reporteros.
Fue así como llegaron los primeros cuadros sueltos. En pantalla aparecía un hombre barbudo, de lentes gruesos de carey, sentado y dialogando con dos agentes policiales.
Matías dio una instrucción clara: los rostros de los efectivos policiales debían permanecer ocultos para proteger su identidad. En el argot televisivo, la indicación era «mosaiquear» o aplicar sombras y desenfoque sobre las facciones. Sin embargo, la precaria tecnología del equipo de edición en ese momento imposibilitaba realizar el efecto en tiempo real. Años después se confirmaría la identidad de aquellos dos agentes: el general Ketín Vidal y el coronel Benedicto Jiménez.
Fue el productor del programa, el "Negro Carrillo" quien en el switcher hizo todos los maquillajes de post producción posibles.
​Más allá de la figura del propio Guzmán, un detalle acaparó la atención en mi mesa de corte: una mujer que actuaba como una suerte de guardiana pretoriana dispuesta a dar su vida por su siniestro jefe. Con movimientos bruscos y brazos extendidos, intentaba frenar el interrogatorio de los policías y los lentes de los camarógrafos para evitar que registraran la escena. Ella decía: "Nadie lo toca". Se trataba de Elena Iparraguirre, número dos de la organización subversiva y pareja del cabecilla.
 
​A medida que se ensamblaba la estructura de los informes, ingresaron a la isla nuevos fragmentos grabados en cintas VHS, cada uno con parámetros de color y niveles de señal distintos.
La pieza audiovisual final terminó consolidando tres fuentes de video independientes, articuladas a contrarreloj mientras en las islas contiguas otros editores preparaban los demás ángulos del golpe antiterrorista del año.
Desde entonces, nunca olvidaré las palabras que Abimael le dijo a su interlocutor que aparecía de espaldas: "Así me maten... Esto queda (señalando con sus dedos la sien) .... Luego dijo:" Y si uno muere quedan los demás ".
Termine extenuado, pero con el informe concluido. Ahora, mucha agua ha corrido bajo los puentes, pero muchas cosas no han cambiado. Han empeorado.
FIN