sábado, 8 de agosto de 2026

 Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Dos.

EL DESCUBRIMIENTO DE SU
ETAPA PRE CERÁMICA Y
SU IMPACTANTE NUEVA
CRONOLOGIA DE CINCO ETAPAS
Conozca de dónde la curia chavín importó su modelo
arquitectónico y constructivo monumental de piedra

Edificio A o templo nuevo de Chavín de Huántar, desde el este.

Expuestos los antecedentes económicos, sociales, religiosos y arquitectónico-constructivos de Chavín de Huántar en la parte uno, veamos ahora el tema crucial de su evolución cronológica o su «Línea de tiempo» desde su surgimiento, crecimiento, desarrollo-auge hasta su declinación, lo que en arqueología consiste en la «Cronología absoluta».
Debemos señalar que, a la fecha, hay un gran avance, pero no todo está dicho.
CRONOLOGÍAS PREVIAS Y LA ÚLTIMA DE DATACIÓN MODERNA

DE JOHN ROWE
Fue publicada en 1962 y ampliada en 1967, con base en la cerámica y arte lítico.
• ETAPA A – Chavín Temprano: inicio del estilo Chavín, caracterizado por la creación de sus primeras obras en piedra y cerámica.
• ETAPA B – Chavín Medio: su mayor apogeo y expansión, cuando consolida su iconografía clásica, incluyendo al icónico «Lanzón».
• ETAPA C – Chavín Tardío: o final, caracterizado por una mayor complejidad en los diseños y el cambio a nuevos estilos regionales, por ejemplo al estilo contemporáneo de las fases finales de la Cultura Paracas.
DE RICHARD BURGER
En 1981, sobre la base de sus excavaciones en Chavín de Huántar, entre 1975 y 1976, el arqueólogo estadounidense Richard Burger publicó su cronología cerámica relacionada con algunos fechados por radiocarbono obtenidos en sus pozos del pueblo actual de Chavín de Huántar y otras áreas circundantes del santuario.
Fase Urabarriu (850-460 a.C.) Con vigencia de la cerámica Urabarriú
Fase Chakinani (460-390 a.C.) Con vigencia del estilo cerámico Chakinaki.
Fase Janabarriu (390-200 a.C.) con vigencia de la alfarería denominada por Burger como Janabarriu.
En 2019, respondiendo a las críticas y objeciones a su cronología, Burger publicó una nueva cronología como resutado de datacion por Espectrometría de Masas con Aceleradores (AMS, en inglés), del colágeno extraido de los restos de fauna recuperados por él en sus excavaciones de 1975. Sus nuevos fechados son:
Fase Urabarriu, del 950 al 800 a.C.
Fase Chakinani, del 800 al 700 a.C., y,
Fase Janabarriu, del 700 al 400 a.C.
DE LUIS LUMBRERAS.
En 1989, Lumbreras, planteó su última cronología cerámica y algunos fechados radiocarbónicos:
Etapa Urabarriu (1 200-800 a.C.) Con vigencia del «Templo Viejo» y el uso de esta alfarería.
Etapa Ofrendas (800-600 a.C.) Con la vigencia del «Templo Viejo», pero con tránsito al uso del estilo cerámico «Ofrendas» que produjo piezas artísticas de alta calidad.
Etapa Chakinani (600-400 a.C.) Vigente desde la entrada en funcionamiento del «Templo Nuevo» .
Etapa Rocas o Janabarriu (400-200 a.C.) Vigente también durante el funcionamiento del «Templo Nuevo», con la nueva alfarería «Rocas» o «Janabarriú».

LA NUEVA CRONOLOGÍA DE RICK Y SU EQUIPO
La más reciente investigación sobre la datación de los principales vestigios de la Cultura Chavín, corresponden al Proyecto de Investigaciones y Conservación de Chavín de Huántar, iniciado en 1995, a cargo del arqueólogo estadounidense John W. Rick y su equipo: Christian Mesía, Daniel Contreras, Silvia Kembel, Rosa M. Rick, Matthew Sayre y John Wolf. El proyecto ha acumulado 83 registros de fechados radiocarbónicos dentro y fuera del compejo.
El amplio trabajo cuenta con el apoyo de la Universidad estadounidense de Stanford y de la Empresa Minera Antamina.
Se debe resaltar que la cronológica Stanford-Rick incluye datación de la arquitectura y de la construcción, de la cerámica, con apoximaciones a la evolución de la ocupación humana, del arte lítico y de la ideología chavinistas.
Debido a que Rick y su equipo aún tienen serias dudas sobre los análisis estilisticos de la cerámica atribuible directamente a los chavines y sus criterios de clasificacion, han optado por agruparla en dos grupos: «Pre Janabarroide», equivalente a Janabarriu y «Janabarroide», denominacion que comprende a los demás estilos identificados por otos investigadores.
En su presentación del 2009 de los resultados obtenidos entre los años 2 000 y 2 009, Rick recién dio a conocer públicamente la nueva cronología arquitectónico-constructiva y cerámica del centro ceremonial que se resume en el siguiente gráfico:
Gráfico 2
Cronología moderna de la Cultura Chavín


Actual modelo cronológico para Chavín de Huántar. Correlaciona las fases del
Formativo, la arquitectura y la cerámica- a.n.e.= a.C. (Gráfico: John W. Rick).

APROXIMACIÓN A UNA ETAPA PRE CERÁMICA
Los hallazgos de Rick y su equipo, entre los años 1994 y 2009, detectaron una ocupación humana precerámica importante correspondiente a los años 3 500 y 3 000 a.C., así como durante un último tramo, en el 2 150 a.C., del sub periodo Arcaico Tardío. Esto ha mejorado considerablemente el conocimiento de la fase pre cerámica del sitio Chavín.
De este lapso hay los siguientes fechados: 3 500/3 000 a.C. – 3 350/2 900 a.C. – 2 450/2 150 a.C., obtenidos de fogones hallados en excavaciones de Ciudad Chavín de Huántar.
Este fue un segundo descubrimiento de evidencia de ocupación pre cerámica que ocurrió durante la excavación en un costado de la actual iglesia de la plaza de armas de dicho pueblo. A 7 metros de profundidad fue recobrado un conjunto de fogones sencillos y gran cantidad de desechos líticos de cuarcita, puntas enteras y fragmentadas, pre formas, núcleos y otros instrumentos unifaciales de piedra.
Dos de tres muestras de carbón de dos fogones dieron el rango de 3 350 a 2 900 a.C.; la tercera, arrojó el resultado de 2 450 a 2 150 a.C. los que confirman la ocupación pre cerámica de esta área del pueblo, continua y larga, por lo menos, desde el 3 500 a.C hasta el 2 000 a.C.
Aunque en capas estratigráficas más profundas en otras unidades de excavación también fueron recobrados instrumentos líticos, no se encontró ningún vestigio pasible de ser fechado.
El primer hallazgo sobre la ocupación pre cerámica de Chavín de Huántar dio como resultado los fechados: 2 850 a.C./2 600 a.C. extraidos de vestigios del sector La Banda, ubicado al frente en la margen derecha del rio Mosna. Allí, en el año 2003, durante la excavación dirigida por el colaborador de Rick, el arqueólogo Jhon Wolf, recuperaron un apreciable conjunto de puntas proyectiles de cuarzo y sílex, huesos de venado y herramientas de piedra pulida.
Mediante radiocarbono y luminiscencia ópticamente estimulada – OSL, fueron datados con una antigüedad de entre los años 2 850 y 2 600 a.C. En otra excavación, a poca distancia, fueron desenterrados un fogón cuadrangular de piedra dotado de un ducto de ventilación, como los de la Tradicion Mito – vigente desde el 3 600 a.C. en los orígenes de la Cultura Sechín– e instrumentos de piedra lascada. Estos hallazgos corresponden al lapso de la transición entre los sub periodos pre cerámicos Arcaico Temprano y Arcaico Tardío.
Durante este trance el sitio Chavín de Huántar habría sido solo un asentamiento semi sedentario más y, después sedentario, de grupos humanos que estaban empezando a organizarse en los valles de los Andes de lo que es hoy Huánuco, Ancash, La Libertad y Cajamarca.
Sin embargo, a pesar de que los fechados correspondan solo a dos áreas, da la impresión de que fueron ocupaciones duraderas en todo el Periodo Arcaico, en particular en el sub periodo final o tardío.
Sobre los dos cuencos líticos recuperados en el 2019 por Rick y su equipo del interior de una galería antiquima del Templo Viejo, el investigador aún no ha confirmado plenamente si el recinto y laas dos ofrendas corresponden al estadio pre cerámico del sitio.
Del lapso cerámico, correspondiente al Formativo Temprano, obtuvieron el siguiente fechado: 1 300 a.C. proveniente de vestigios de alfareria estilo «Kotosh–Kotosh», en Chavín de Huántar.
Se debe anotar que de toda esta valiosa datación surge un notable lapso de 900 años, entre los años 2 200 y 1 300 a.C. de contenido desconocido, entre el Arcaico Tardío y el probable inicio del desarrollo arquitectónico monumental ceremonial de la sociedad Chavín, varias centurias después de que la cerámica había surgido en la selva del Ucayali y en la costa norcentral.

Instante en que el propio John Rick extrae del recóndito interior del Templo Viejo de Chavín el cuenco de piedra con figura del cóndor, de una antiguedad probable de más de 3 mil años, correspondiente a la etapa pre cerámica del lugar. (Foto cortesía programa Resumen Semanal de Latina TV)


Segundo cuenco de piedra hallado en la hoy llamada Galeria del Cóndor,
la cual correspondería a la etapa pre cerámica de lo que
despues fue el sitio ceremonial Chavín de Huántar.


NUEVA SECUENCIA CRONOLÓGICA DE CHAVIN DE HUÁNTAR

1. ETAPA MONTÍCULO SEPARADO: 1 200 – 1 100 a.C.
Aún por confirmar los investigadores consideran al año 1 200 a.C. como la fecha convencional del inicio de la arquitectura monumental, es decir lo que Rick y su equipo llaman la Etapa de los Montículos Separados y de las expresiones culturales arquitectónicas, constructivas, alfareras, agrícola, ganadera, religiosa y artística de la Cultura Chavín.
El inicio de la arquitectura monumental fue la construccion de una plataforma original simple y baja, tal vez decidida por los ayllus del sitio y del entorno, probablemente aún en la etapa pre cerámica de la zona. Impulsados por la ideología de la renovación constante de la vida, los pobladores agregaron, poco a poco, la Sección Nor Este y, posiblemente, el Edificio Bajo C o una versión temprana del mismo y algunos otros edificios menores.
El siguiente gráfico resume el pre cerámico chavín, conocido en la actualidad.

EL ASENTAMIENTO CERÁMICO «KOTOSH-KOTOSH» PRE CHAVÍN
Este tema es otro avance considerable en el conocimiento del surgimiento de Chavín de Huántar y del periodo Formativo Temprano andino.
El arqueólogo Richard Burger había asegurado en 1998, sin que nadie le contradijera que, “considerando lo mucho que se ha investigado en Chavín, es improbable que exista un asentamiento pre Urabarriu importante”. Es decir, antes de los tiestos urabarriu, no podía haber otros, pues esta fase cerámica está vinculada al espegue de Chavín de Huántar, a partir del 1 200 a.C., en forma de un pequeño asentamiento de quizá cien o más individuos cazadores, pescadores, horticultores, incipientes textileros y ceramistas de rústicas ollas sin cuello y cántaros de color rojo gris, con gruesos bordes y decoraciones simples, de producción mínima y dispersa, de poca demanda.
Hasta 1998 había solo hipótesis sobre una ocupación cerámica anterior a lo ya reconocido, cuya base eran restos cerámicos y líticos obtenidos por la arqueóloga Rosa Fung en sus excavaciones de 1974 en la zona del Río Wacheqsa, los cuales no habían sido estudiados debido a su injusto y discriminador despido del proyecto que ejecutaba la Universidad de San Marcos. Fung solo logró almacenar los testimonios en el Museo de Arqueología y Antropología de la universidad.
Rick y su equipo estudiaron a fondo el material acopiado por Fung y sus propios vestigios recuperados de la zona del río Wacheqsa y demostraron que Burger se habia equivocado.
El resultado fue sorprendente: Identificaron materiales cerámicos similares a los de la Cultura Kotosh, de Huánuco correspondientes, específicamente a su fase «Kotosh–Kotosh», la tercera de las siete fases cronológico-cerámicas de los kotosh huanuqueños, que abarca, aproximadamente, desde la centuria de 1 300 a.C. hasta la de los 700, cuando sellaron sus templos y encima construyeron nuevos.
Los vestigios cerámicos Kotosh–kotosh, revelan, sin lugar a dudas, una ocupación alfarera más antigua al año 1 200 a.C.
Saber que existió una ocupación con cerámica Kotosh temprana en el sitio Chavín de Huántar, es crucial para entender cómo surgió y despegó la Cultura Chavín y su cabal posicionamiento temporal y social entre el sub periodo Arcaico Tardío y el Periodo Formativo.
Rick y su equipo sospechan que, después o durante la ocupación Kotosh–Kotosh, la construcción de la primera plataforma simple y baja del «Templo Viejo», y sus instalaciones conexas, empezó, aproximadamente, en la centuria de los 1 200 a.C., de modo lento. Con el crecimiento de la poblacion y del prestigio de las divinidades que allí se adoraban, sus acabados, remodelaciones y la edificación de nuevos edificios se prolongaron por unos 400 años y durante los siguientes 300 los chavinenses hicieron refacciones y algunas ampliaciones menores.

ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN CON FORMAS IMPORTADAS.
No hay fechados modernos sobre la arquitectura del pre cerámico Chavín. La evidencia sugiere que para esa actividad los chavines aplicaron la forma o diseño de las plataformas cuadradas o rectangulares de piedra con argamasa de barro de la antiquísima «Tradición Mito» de la sierra circundante, a donde se había difudido desde Sechín Bajo, en Casma. También replicaron sus recintos en el primitivo rectángulo interior del «Lanzón», según Richard Burger y Lucy Salazar.
También han sido observadas similitudes con formas y modos de construcción más antiguos de los sitios La Galgada (Ancash) y Kotosh (Huánuco), particularmente, entre las galerías de Chavín y las cámaras rectangulares de estos dos sitios, según el siguiente detalle:
• Las paredes de las galerías enlucidas de Chavín, son similares a las paredes interiores de las cámaras ceremoniales de La Galgada que están revestidas de barro y pintadas de blanco y negro.
• La plataforma del área y galerías de la esquina noreste del edificio Nor Este A, se asemeja al de La Galgada en su construcción y forma como edificio independiente.
• Los nichos de la «Galería Alacenas», una de las más antiguas de Chavín, se parecen a los de las cámaras rituales de La Galgada, por ser pequeños, numerosos y por estar ubicados muy juntos alrededor de las paredes de las dos cámaras de la galería.
• El rectángulo interior del «Lanzón», probablemente mejorado durante la ampliación del «Templo Viejo» en la siguiente etapa, se asemeja a las numerosas cámaras rectangulares de Kotosh, en particular a la del «Templo de las Manos Cruzadas», así como a la cámara rectangular del edificio sur de La Galgada.
• Estos componentes más el sistema de ventilación de la Galería del Lanzón corresponde exactamente al de la «Tradición Mito», así como el propio monolito ocupa el centro del recinto en lugar del fuego sagrado permanente de los kotosh., tiene su antecedente indiscutíblemente más temprano en los edificios de piedra y barro de la Cultura Sechín, que se acentó en las zonas media y baja del valle de Casma.
• En el exterior, la tosca mampostería chavín, compuesta por grandes piedras de cara plana intercaladas con juntas y, aparentemente, revestidas con piedra y lodo, es similar a la mampostería exterior de La Galgada.
• Hipotéticamente se cree que, la forma costeña de conjuntos de tres edificios de planta en «U» que pudieron constituir tempranamente el «Templo Viejo» original o Edificio B, el Edificio C y La plataforma de la Sección Nor Este, respecto del «Templo Nuevo», procedería también de La Galgada, considerando que en su etapa tardía sus pobladores levantaron una estructura en «U» que corresponde a la transición del Período Arcaico al Formativo Temprano. No obstante, otra alternativa es que provendría de la costa central de los pueblos de entre los valles de los ríos Huaura y Lurín.
• La plataforma original del «Templo Viejo» y la del área y galerías de la Sección Nor Este del «Templo Nuevo» también comparten similitudes con formas arquitectónicas costeñas pre cerámicas, como las de «Las Haldas», plasmadas en sus edificios de plataformas rectangulares o adosados ​​a las laderas, con lados inclinados revestidos de mampostería y aterrazados y recintos en la cima como patios y habitaciones.
A esta etapa corresponden las fases arquitectónico–constructivas de la 1 a la 4 caracterizadas por la construcción de edificios separados o independientes, con diseño de plataforma rectangular, de recintos al descubierto como el del «Lanzón» – efigie que, probablemente, estaba en proceso de tallado– y la recientemente descubierta «Galería del Cóndor», datada de hace 3 000 años de antigüedad en el interior del «Templo Viejo» original.
Todos los componentes arquitectónicos, de litoescultura y cerámica fueron construidos durante la posterior etapa cronológica Blanco y Negro, cuando terminaron las construcciones monumentales en el complejo chavín.
En 1998, para su informe conjunto sobre, La arquitectura del complejo ceremonial de Chavín de Huantar: documentación tridimensional y sus implicancias, John W. Rick, Silvia Rodriguez Kembel, Rosa Mendoza Rick y John A. Kembel, tras 21 semanas de trabajo entre 1995 y 1998, hicieron el levantamiento de planos tridimensionales de los edificios, de la topografía, de las galerías y realizaron ocho excavaciones.

CERÁMICA.
Los primeros chavinenses resultan vinculados a la cerámica de la fase Kotosh–Kotosh, de la cultura huanuqueña Kotosh, aunque aún no se sepa con certeza si ésta fue antecedente o contemporánea de la alfarería Urabarriu que predominó en adelante hasta la Etapa Blanco y Negro.
En esta situación hay quienes creen que Urabarriu es alfarería “Kotosk –Kotosh”, de amplia difusión durante el fin del Arcaico e inicios del Formativo, en el ámbito de la Tradición Mito, en el Cañón de rio Santa, en el Callejón de Conchucos, en Ancash, así como en el Alto Huallaga, en Huánuco.
En ciudad Chavín de Huántr, la cerámica Urabarriu fue identificada entre 1975 y 1976 por Burger como la más antigua de la cultura Chavín; supuestamente encasillados en estratos menos antiguos, halló tiestos a los que nombró como Chakinani y Janabarriu y proclamó su ya expuesta cronología de Chavín. Pero, la supuesta estratigrafía mostraba los distintos estilos alfareros, como si hubiesen cambiado en el tiempo, repentinamente, algo imposible en la cultura material.
Por eso Lumbreras sostuvo que podría existir tiestos urrabarriu más antiguos, tanto bajo Ciudad como del santuario Chavín de Huántar, en zonas en las que es muy difícil excavar.
En consecuencia, en 1993 planteó la hipótesis de que la construcción del centro monumental habría comenzado antes de la fase cerámica Urabarriu, cálculo que se mantiene abierta hasta hoy la posibilidad de que el inicio de la construcción de Chavín pudiera ubicarse en el Periodo Arcaico (1800–900 a.C.), por los siguientes factores:
• La duración y complejidad de la secuencia previa a la construcción monumental durante la etapa Blanco y Negro que finalizó alrededor del 750 a. C.
• La complejidad de las primeras construcciones de galerías de la plataforma Nor Este del edificio A o «Templo Nuevo», en particular de la Escalera de la Escalinata, lo que sugiere una experiencia previa en la construcción de galerías y escaleras internas.
• Los antecedentes de las primeras fases arquitectónicas en la sierra circundante y la alta probabilidad de que edificios anteriores hayan quedado cubiertos por los más recientes y conocidos.

OCUPACIÓN.
La nueva secuencia de Chavín, también plantea la revisión del conocimiento sobre el patrón poblacional de la zona, sobre la base del fechado del fin de la construcción monumental en el año 750 a.C., su desestabilización física hacia el 500 a.C., seguida de su colapso físico, desuso y cambios de su función.
La evidencia de radiocarbono sugiere, de manera genérica, que el patrón poblacional vinculado a la cerámica urabarriu coincidió con la construcción y el uso expansivo del centro monumental y fue una ocupación muy limitada y restringida respecto al área que rodea al núcleo ceremonial.

Plano general de los componentes arquitectónicos del Complejo ceremonial Chavín de Huántar


2. ETAPA EXPANSIÓN
De 1 100 al 900 a.C.
ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN
En esta etapa empezó la construcción del «Templo Nuevo», también en forma de la plataforma que, gradualmente. Abarcó las secciones, Nor Oeste, Nor Oeste Alta, Central y Extremo Sur, probablemente al mismo tiempo que la plataforma Oeste B– Central B.
Estas plataformas, en conjunto, conectaron el «Templo Viejo» con la Sección Nor Este del «Templo Nuevo» y progresivamente expandieron a este último hasta su máxima extensión sur con las secciones Central Alto, Extremo Sur y la Extremo Sur Alta.
El Atrio de la Plaza Circular Hundida fue construido después de la Sección Nor Este A. Es probable que en esta etapa concluyera la construcción del Edificio C Inferior.
En suma quedaron separadas físicamente el «Templo Nuevo» y el «Templo Viejo», este último con su Atrio y Plaza Circular Hundida.

CAMBIO DE ORIENTACIÓN GEOGRÁFICA
Todos los edificios, incluyendo el «Templo Viejo», menos el Edificio Alto C, fueron orientados hacia el este.
En esta etapa, probablemente también terminaron de esculpir la gran efigie lítica del «Lanzón» en su lugar, aún al descubierto, el cual, después fue convertido en un recinto cuadrado de piedra y barro, techado precariamente con paja y ventilado al estilo Kotosh.
En la edificación del «Templo Nuevo» aplicaron el artístico bloque de cornisa con figura felínica y, tal vez, avanzaron también con el edificio C, abarcando un gran volumen y superficie de plataformas escalonadas con galerías de formas y características elaboradas, todas interconectadas y a las que se accedía, quizá exclusivamente, a través de la «Galería Escalinata».

MANO DE OBRA
Desde esta etapa y en las subsiguientes, la construcción del centro ceremonial requirió mucha mano de obra para hacer las grandes plataformas escalonadas y sus galerías internas, pero, sobre todo, para la extracción y el transporte de enormes piedras desde las canteras hasta los edificios nuevos, lo que señala también que, los líderes en Chavín fueron capaces de convocarla, organizarla y mantenerla hasta la Etapa Blanco y Negro.
Esta etapa comprende las fases constructivas 5 y 6 durante las que habrían sido construidas la «Galerías de los Caracoles» y la «Galería de las Dos Columnas», con expansión interna mediante pasajes oscuros y laberínticos, continuando la construcción del «Templo Nuevo».
CERÁMICA.
La cerámica «janabarroide» se generalizó y estableció su predominio.

3. ETAPA CONSOLIDACIÓN
De 900 a 800 a.C.

ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN
La Etapa de Consolidación, incluyó las adiciones del «Templo Nuevo» para convertirlo en una gran plataforma rectangular, incluyendo las secciones Nor Este A–Alto, Extremo Sur y Central Alta; Es probable que el Edificio C Alto hay sido construido al final de esta etapa.
En esta etapa de consolidación, el «Templo Viejo» que estaba desde su origen orientado hacia el norte, fue cambiado de orientación hacia el este.

PLANTA EN U
Al final, con el primer edificio tipo plataforma agregado al sur del «Templo Viejo» y la construcción de una segunda plataforma a su costado, se logró finalmente la forma en «U» entre el «Templo Viejo, el unificado «Templo Nuevo» y los dos edificios que flanquean el norte y el sur de la gran plaza cuadrada hundida.

CERÁMICA.
A esta etapa también corresponde la cerámica «Janabarroide»



Plaza Circular Hundida, frente al templo viejo, escenario de obras de remodelación radical
para las actividades rituales relacionadas con el LANZÓN .

4. ETAPA BLANCO Y NEGRO
De 800 a 500 a.C.

FIN DE LA CONSTRUCCIÓN MOMUMENTAL
Con esta etapa terminó la construcción monumental del santuario Chavín de Huántar y empezó la edificación de áreas al descubierto con plazas hundidas y escaleras abiertas, decoradas con finas obras de piedra, a veces talladas, como la Plaza Circular decorada, el Pórtico Blanco y Negro decorado, la Escalera Blanca y Negra, la Plaza Menor y la Plaza Mayor con sus losas de piedra labrada, con gran simetría. Los patios de las galerías de las etapas anteriores se incorporaron a las galerías añadidas en esta etapa.
Los esfuerzos se concentraron en construir obras de menor volumen, pero de mayor superficie y edificaciones superficiales elaboradas, ricamente decoradas, ejecutadas con precisión y altamente simétricas, que creaban una exhibición visual externa.
También, el diseño usado desde el inicio del santuario de galerías elaboradas, fue reemplazado totalmente por otro estándar, como parte de una reforma constructiva mayor.
La estandarización fue arquitectónica y no por uniformidad de sus funciones. Por ejemplo, la Galería de Ofrendas, solo recibía ofrendas en un área accesible a pocos visitantes; en contraste, las galerías Lanzón Exterior y Laberintos Inferiores, servían de entrada a dos galerías principales, por lo que recibían numerosas visitas frecuentes; pero sus formas son similares.
En esta Etapa fueron construidas todas las plazas conocidas del sitio Chavín: la Plaza Mayor, la Plaza Menor y la Plaza Circular, para lo cual las grandes áreas abiertas y los patios de las galerías fueron cubiertos.

CAMBIO DE USO DE CHAVÍN.
El uso de las galerías continuó, como lo demuestran las galerías del Atrio de la Plaza Circular Hundida, así como las de los Laberintos Exterior y Interior del «Templo Viejo». Pero, debido a la preferencia por recintos más chicos, hasta los patios de las galerías fueron techados para convertirlas en cubículos de este tipo. El acceso a los edificios del centro ceremonial siguió restringido.
El cambio de enfoque en grandes edificios con galerías elaboradas, a espacios amplios al descubierto y decorados con galerías estandarizadas, puede considerarse como un nuevo elemento arquitectónico aplicado al Complejo Chavín.
Al respecto, Silvia Kembel, ha anotado que el cambio del diseño de las obras, fue para aplicar un nuevo modo de uso del Complejo Chavín: se priorizó el empleo de las plazas, terrazas y plataformas para actividades con gran número de personas, como espectadores o como participantes. Ella cree que fue una transición del pequeño «Templo Viejo» y su también pequeña Plaza Circular Hundida, al «Templo Nuevo» y su gran plaza cuadrada, aunque el uso de galerías y patios pequeños para actividades de grupos pequeños con derecho a acceso, siguió.
Kembel agrega que este cambio muy drástico, pues los patios y galerías de todas las plazas conocidas —la Plaza Mayor, la Plaza Menor y la Plaza Circular—, fueron rellenados y cubiertos. En cambio, las actividades masivas, al descubierto, en las grandes plazas y terrazas, se volvieron intensivas.
Respecto a la demanda de mano de obra, las cosas también cambiaron en esta etapa, pues Kembel cree que las obras superficiales y las nuevas galerías requirieron menos.
Kembell también ha confirmado que recién en esta etapa los chavines incorporaron formalmente a su arquitectura el diseños costeño «Plaza Circular Hundida» y la planta en «U».


El enigmático gran LANZÓN.

CAMBIOS IDEOLÓGICOS.
Sobre la relación de esta etapa cronológica y la ideología Chavín, algunos arqueólogos han postulado que la importancia del «Lanzón» había disminuido en ese tiempo, a partir de la supuesta transición del «Templo Viejo» al «Templo Nuevo».
Luis Lumbreras sostuvo en 1993 que los componentes del «Templo Viejo»: la «Galería de las Ofrendas», la «Plaza Circular Hundida», el «atrio» y sus galerías circundantes, «Campamento» y las «Caracolas», fueron construidas en esta etapa, en una sola fase como un complejo funcional.
Kembel, por su parte, ha contradicho a los que argumentan el declive de la adoración al «Lanzón», arguyendo que sucedió todo lo contrario, pues las obras de mejoramiento del «Templo Viejo» y sus exteriores se debieron, precisamente, a un ciclo de crecimiento del culto a la divinidad representada por el enorme ídolo de piedra.

CERÁMICA.
En materia alfarera a esta etapa corresponde la fase final o tardía de las cerámicas «janabarroides», Urabarriu y Ofrendas y su paulatino reemplazo, primero por el estilo alfarero Chakinani y, después, por Janabarriu.

ARTE LÍTICO.
En lo que respecta a desarrollo artístico, las esculturas del Portal Blanco y Negro o Portal de las Falcónidas, compuesto por las dos figuras felinas-aviares en las columnas y las figuras también de aves en la cornisa que las cubre, así como el atrio, las esculturas de la Plaza Circular Hundida y las galerías, fueron esculpidas o construidas tardíamente, aproximadamente durante el año 750 a.C., también durante la Etapa Blanco y Negro.
El portal Blanco y Negro tiene una gran carga iconográfica sobre la dualidad religiosa chavín. Debe su nombre a los materiales utilizados. La columna y dintel del lado norte están construidos con piedra calcárea de color negro, mientras que la columna sur fue edificada con bloques de granito blanco. En cada columna se encuentra tallada la figura de un ser con rasgos de ave rapaz (por ello también se le llama Portal de las Falcónidas), el cual sostiene en sus manos varas o báculos ceremoniales.

El gran Portal de las Falcónidas, entrada hacia el templo nuevo.

OCUPACIÓN.
Sobre la población residente en Chavín de Huántar, aún en esta etapa de auge de la construcción nunca habría sido lo suficientemente grande como para proporcionar la mano de obra necesaria para construir los componentes del centro ceremonial, sobre todo, los especialistas como sacerdotes, supervisores de obras, constructores, albañiles, extractores de piedra y escultores. La escala y complejidad del santuario implican la existencia de una gran población de apoyo que procedía del excedente laboral y agrícola de aldeas y pueblos contemporáneos en las cercanías de Chavín de Huántar y quizá de cuotas aportadas desde lugares más alejados.

5. ETAPA DE SOPORTE
De 505 a 310 a.C.
Solo comprendió obras de respaldo en el area este, en el Atrio del «Templo Viejo», en la fachada oeste del Edificio C y en la fachada oeste del «Templo Nuevo».

CONSTRUCCIÓN.
Ya no hubo más obras monumentales adicionales. Solo realizaon trabajos de soporte o de ocultamiento de zonas afectadas en diferentes áreas del sitio, en medio de –según los vestigios– de una grave crisis política, social y económica y cese de actividades ceremoniales, como preludio del abandono del sitio.
En esta etapa, otras muestras fechadas del centro ceremonial provienen de escombros y despojos localizados en el Atrio cerca de la Plaza Circular Hundida (principalmente pedazos de yeso desprendido de las fachadas de las paredes del entorno, cerámica rota, huesos rotos de animales, instrumentos y desechos de piedra, además de algunas piedras pequeñas), de origen posterior a la construcción de esa obra en la Etapa Blanco y Negro.

CERÁMICA.
Una muestra de radiocarbono del atrio al mismo nivel del suelo de la Plaza Circular Hundida, obtenida por Lumbreras data del año 430 a.C. y está vinculada a la cerámica Janabarriu o Rocas. Las muestras de Rick del mismo sitio arrojaron las fechas, 445 a.C. y 310 a.C. lo que indica que los escombros del atrio y de la plaza, corresponden hacia el año 430 a.C.

OCUPACIÓN.
No se hallaron evidencias de recintos habitados, aunque solo se excavó entre el 10 % y el 15 % de la superficie frontal del «Templo Viejo». El lugar, designado como Nivel H, habría sido sellado por los escombros de un derrumbe de una parte del Templo; se asentaron sobre el suelo y la terraza de la plaza. Por eso construyeron un muro contiguo al templo para contener el deterioro u ocultarlo. Lumbreras supuso que tal relleno indicaba el abandono de esta parte del centro ceremonial, pues, además en sus excavaciones halló evidencia del derrumbe y del ocaso del «Templo viejo» y del «Lanzón».
En esta Etapa de Soporte, un nuevo patrón poblacional vinculado a la alfarería Janabarriu o Rocas tuvo como marco el abandono del sitio por la alta curia chavín y se caracterizó por:
El desuso del muro de piedra que en el norte protegió al centro ceremonial durante toda la ocupación Urabarriú. El drástico aumento de la población de mil a unas tres mil personas aproximadamente, según Burger, con individuos procedentes de las aldeas de los valles y quebradas circundantes y su emplazamiento en el centro monumental, hacia el fondo del valle cerca de la confluencia de los ríos Mosna y Huachecsa ya presencia de cerámica y viviendas domésticas Janabarriu construidas sobre las grandes plataformas, dos de las cuales fueron halladas por Hernán Amat.
En consecuencia, la data del derrumbe es cerca del año 500 a.C., probablemente debido a un poderoso terremoto que marcó el inicio de la Etapa de Soporte, dentro de la cual, el abandono del centro ceremonial empezó el año 450 a.C. y se prolongó hasta el año 310 a.C.
Sigue en la Parte Tres

viernes, 7 de agosto de 2026

 Serie Chavín de Huántar, de análisis y reflexión - Parte Uno

CULTURA, ANFICTIONIA, ESTADO O
IMPERIO CHAVÍN DE HUÁNTAR
DEL AÑO 1 200 AL 400 a.C. = 800 AÑOS


Panorámica de Chavín de Huántar desde el este
VISIÓN GENERAL
La Cultura Chavín es un desarrollo evolutivo social, político, económico y religioso expansivo y de envergadura inter regional que tuvo como foco el flanco oriental norte de los Andes Centrales y cuyo periodo despegue, avance, auge y conclusión, abarcó el periodo comprendido aproximadamente entre los años 1 200 y 400 antes de nuestra era o a.C., es decir, unos 8 siglos.
A la luz de nuevos hallazgos, investigación con tecnología moderna y fechados con métodos modernos, queda claro que fue un pico máximo del desarrollo humano que tomó impulso desde el inicio del sub periodo Arcaico Tardío, en el actual «Callejón de Conchucos», del departamento de Ancash. Según hallazgos realizados en la primera década de este siglo, su origen fue un asentamiento humano de nuestro Neolítico pre cerámico (Arcaico Tardío) que, después, pudo fabricar su propia cerámica que mejoró con la alfarería de la Cultura Kotosh y luego emprendió la construcción del mayor santuario-oráculo lítico monumentala largo plazo durante todo el Formativo Medio.
Siguen bajo estudio la razón de su ubicación en un lugar muy hostil y poco propicio para la agricultura y la ganadería intensiva, la estructura de su organización político – social, el origen de su ideología sobre la visión del mundo, de su religión que aportó los primeros dioses masivos y que infuenciaron sobre casi la mitad de lo que hoy es el territorio peruano y, finalmente, las causas de su colapso y disolución.
Chavín de Huántar es considerado como punto central del Periodo Formativo; cronológicamente su despegue marca el fin del sub periodo Formativo Temprano –durante el cual se desarrolló la cerámica–, así como el comienzo del sub período Formativo Medio o Síntesis , de gran progreso cultural material e inmaterial.
Su núcleo o capital fue el gran complejo lítico monumental de Chavín de Huántar, mega centro de peregrinaje para culto ceremonial religioso y consultas oraculares, así como también centro administrativo, foco de desarrollo de nuevos conocimientos sobre astronomía, astrología, adivinación, sanación, arquitectura y construcción, alfarería, escultura lítica, minería, metalurgia, orfebrería, almacenaje, comercio local y de larga distancia, apoyado por aldeas de productores de distintos bienes artesanales.

ALTO PUNTO DEL DESARROLLO HUMANO
Aunque en su camino a Chavín de Huántar, el sabio Julio J. Tello conoció los vestigios arquitectónicos de la Cultura Sechín, en Casma, los de Chavín de Huántar le atrajeron más por su grandiosidad a simple vista y, también, por su ubicación geográfica, cerca de la Amazonía. Con sus observaciones, elaboración de planos de superficie, excavaciones, recuperación de cerámica y enormes monolitos, Tello planteó su tesis de que Chavín de Huántar fue el “origen de la civilización y de la alta cultura andina”. Y, en oposición a la hipótesis del arqueólogo alemán Max Ulhe sobre que el desarrollo civilizatorio empezó en la costa a partir de migraciones desde Mesoamérica, Tello sostuvo firmemente que procedió de la Amazonía de donde apartir de los chavines se irradió en los Andes Centrales.
Sin embargo, el avance de la invetigación arqueológica nacional ha superado las hipótesis de Tello y Ulhe. Hoy, se sabe que la Cultura Chavín no fue el origen de la civilización y de la alta cultura andina y que no ejerció una decisiva influencia unidireccional hacia otros pueblos.
Mucho tiempo antes que ella, desde el sub Periodo Arcaico (3 500 a 1800 a.C.), hasta el sub Perioo Formativo Temprano (1 800 a.C. – 1 200 a.C.) hubo importantes grupos sociales complejos y culturas antecesoras de proyección regional, algunas de las cuales hasta fueron sus coetáneas, ocuparon extensos territorios y cumplieron roles muy importantes en el progreso de la prehistoria peruana.


Plano isométrico para conocer mejor el Complejo Chavín de Huántar
UBICACIÓN GEOGRÁFICA
Sus vestigios están ubicados a 2 Kms. de la confluencia o la plataforma de deyección de los ríos Huachecsa y Mosna, en la cuenca alta del río Marañón, a 3 180 metros sobre el nivel del mar, en el Callejón de Conchucos, lado oriental de la Cordillera Blanca, en el actual distrito de Chavín de Huántar, provincia de Huari, del departamento de Ancash.
Razones de la elección del lugar.
Según el planteamiento antropológico de Luis Lumbreras, el sitio habría sido elegido por una alianza de pueblos andinos de la zona, principalmente porque desde aquél tiempo era un paso conocido y habitual de grupos semi sedentarios que iban y venían hacia la cuenca del Río Marañón con rumbo preferente al Alto Hullaga (Huánuco) para realizar intercambio a larga distancia con prouctos tanto de la costa, la sierra y la Alta Amazonía. Su concepto descarta el componente del dominio militar y creía, como hipótesis, que la selección fue la síntesis de un acuerdo de diversos grupos según un modelo de integración pacifica religiosa, económica y cultural.
Otros arqueólogos resaltan un misterioso factor sobrenatural. Arguyen que el sitio fue elegido porque era un enclave mágico que permitió a un grupo de sus residentes chamanes vincularse con fuerzas sobrenaturales beneficiosas para los humanos. Pero, no precisa, ¿de quienes obtuvieron esos chamanes incipientes el conocimiento para elegir su sede? ¿por qué esa característica mágico-divina se extinguió?
¿Fue la simple capacidad de observación y la persistente aplicación del procedimiento ensayo, error, ensayo error, solución y una excepcional inventiva, lo que impulsó a los excepcionales chavines, de modo autárquico, a convertirse en diestros arquitectos, ingenieros y artistas de la piedra, excelentes agricultores y criadores, expertos en hidráulica para riego y en fenomenales astrólogos, astrónomos, matemáticos, meteorólogos; pero, por encima de todo eso, en inigualables chamanes astrólogos–hechiceros, manipuladores de la conciencia colectiva?
Razones chamánicas de la ubicación
La tercera aternativa proviene de la novedosa visión chamánica del arqueólogo peruano Manuel Rojas Jiménez, en Revelando la imagen del lanzon chavin – Una propuesta desde la arqueología cognitiva - 2026, la ubicación del sitio fue resultado del simbolismo del paisaje. El cono de deyección donde fue erigido el santuario está frente al Cerro «Puma Willka» al que se le atribuye la forma de un felino y marca el equinoccio de marzo. El lugar, está también junto a la unión de ríos, lo cual, en la cosmovisión andina constituye un “Tinkuy” o sitio de acumulación de fuerzas, energías o integración de caminos opuestos, pero complementarios. Todas estas condiciones materiales le otorgan al sitio la connotación de lugar de origen sagrado, de renovación y de purificación, porque los elementos, el cerro y la convergencia de los ríos, eran considerados en la ideología andina como «pacarinas», o lugares de nacimiento.
La influencia de Cultura Chavín se extendió, por la costa y la sierra norte, hasta los departamentos de Lambayeque y Cajamarca. Por la costa y la sierra sur, hasta los departamentos de Ica y Ayacucho.


Mapa del probable dominio Chavín

GRUPOS SOCIALES ANTECESORES Y CULTURAS CONTEMPORANEAS
Para entender mejor la Cultura Chavín, Los Gráficos 1 y 2 muestran una visión panorámica previa de gran importancia.
Resulta muy útil el contexto prehistórico antecedente, desde el sub periodo Arcaico Tardío – del año 3 500 al 1 800 a.C.–, cuando los pueblos estaban en tránsito hacia el sedentarismo y se caracterizaron por:
i) La incorporación a su día a día productivo, además de la caza, la pesca y la recolección de frutos y el marisqueo, una agricultura incipiente y la crianza de algunas especies, más de 1 800 años antes de Chavín;
ii) La probable adopción del Ayllu, como mecanismo gentilicio de cohesión, control social, territorial y de recursos;
iii) La creación de la primera ideología cosmogónica y religiosa sistemática del Nuevo Mundo, utilizando sus edificios monumentale para rendir culto al fuego y quizá al sol, a la luna, a la lluvia, al trueno y al relámpago, sin haber incorporado la cerámica a su bagaje cultural.
iv) El surgimiento de arquitectos y constructores de edificios monumentales comunitarios o públicos ceremoniales, de barro y piedra, en la zona costera y serrana de Centro Norte;
v) El inicio del culto a los muertos sepultándolos es tumbas preparadas, con ofrendas para una nueva vida.
No hay duda de que la razón económica de la nueva actividad productiva agraria y la crianza en un sitio permanente (sedentarismo) impulsó el deseo colectivo de obtener siempre buenos resultados, aunque eso escapara a sus capacidades, pero no a la idea de que estaba en manos de poderes sobrenturales a los que se podía invocar en conjunto y desde lugares especiales.
Ese anhelo colectivo de asegurar el bienestar comunal a través del culto a los poderes sobrenaturales catalizó entonces sus capacidades arquitectónico–constructivas y generó los primeos conocimientos de dibujo lineal, geometría, conceptos de forma y volumen espacial, paisajismo, disposición de materiales, manejo de la piedra y del barro, de técnicas de construcción y uso masivo de mano de obra.
Así habría empezado la estructuración de las primeras sociedades complejas, con élites locales de dirección y administración, es decir, de gobierno.



RELIGIÓN Y ARQUITECTURA MONUMENTAL ORIGINALES
La arqueología tiene actualmente muy en claro que las caracerísticas iii y iv se manifestaron como una relación casi de causa a efecto, entre la religión y la arquitectura monumental. El «Culto al fuego» y a otras fuerzas naturales fuera de control humano, fue una práctica religiosa central durante el periodo Arcaico Tardío (3000–1800 a.C.), también llamada la «Tradición Mito», cuyo soporte material fueron edificios monumentales tipo plataformas rectangulares o cuadradas de piedra y barro, en los cuales se instalaban altares con fogones conectados a sistemas de ventilación subterráneos y recintos para rituales y usos derivados como festividades y festines.
Estos altares definieron la arquitectura inicial. Los edificios, además de los altares y sus componentes tenían recintos cerrados para uso de solo la élite, jefes de ayllus y chamanes o «sacerdotes».
El patrón de los altares incluia uno o varios fogones ubicado en el centro de un piso externo o interno circular o cuadrado hundido con esquinas redondeadas, dotado de ventilación subterránea mediante conductos de caña y canales subterráneos que oxigenaban al fuego para mantenerlo.
Nadie ha determinado el origen de este culto. Lo que sí se aprecia sobre la base de fechados ciertos obtenidos por el arqueólogo alemán y su equipo, Peter Fuchs, es que el sitio más antiguo de este patrón arquitectónico-constructivo y religioso (3 700 a.C)
fue el asentamiento precerámico Sechin Bajo, ubicado cerca de la confluencia del pequeño río Sechín y el más grande, río Casma, zona geográfica de un «Tinkuy», confluencia, reunión, unión de fuerzas cosmicas, considerada sagrada desde aquel tiempo remoto. Sechín Bajo fue ocupado por humanos desde el Arcaico Temprano, (año 4 447 años a.C.), según un fechado obtenido de una muestra de la materia orgánica hallada en un fogón sobre el terreno.
Conforme se observa del Gráfico 1, la cronología muestra que la difusión del Culto al Fuego o Tradición Mito, con sus modelos religioso y arquitectónico-constructivo se extendió desde Casma consistentemente hacia la costa norte y sur, hacia el este, al «Callejón de Huaylas», también en Ancash y de ahí también hacia el sur, hasta las cuencas altas de los ríos Marañón y Huallaga, esta última zona en el Dpto. de Huánuco.
Además de Sechín Bajo, algunos de los sitios más destacados que practicaron este culto, en orden de antigüedad decreciente, son: Caral, Era del Pando, Áspero, Cerritos 2 y Cerritos 3, La Galgada, Huaricoto, Piruro y Kotosh, Bandurria, Fortaleza, El Paraíso, Garagay, Mina Perdida y Cardal. Por tanto, por el descubrimiento del Culto al fuego o Tradición Mito, en Kotosh, Huánuco, con un fechado aproximado del año 2 000 a.C. no es exacto considerar a esa cultura como el origen de esa religión.

EL CULTO AL FUEGO - TRADICIÓN MITO EN CHAVIN TEMPRANO.
Dentro del cuadro anterior, la evidencia arqueológica actual recuperada por la larga investigación de John Rick y su equipo, confirma que su etapa más temprana, Chavín de Huántar incorporó elementos arquitectónicos–constructivos y de culto de la Tradición Mito.
«El Templo Viejo», levantado como plataforma simple de piedra y barro en un sitio dominante del caserío original Urabarriu, contiene fogones ceremoniales con conductos de ventilación y pisos hundidos, recintos de planta cuadrangular o circular, como sus características principales.
Esto demuestra también que la arquitectura del sitio no fue creación local, sino una clara continuidad religiosa y constructiva con la integración de los primeros pobladores de Chavín de Huántar a las prácticas religiosas–constructivas de la imperante Tradición Mito, las que más tarde fueron cambiadas por otros esquemas.
También, desde muy avanzado el sub periodo Arcaico Tardío y, sobre todo, durante el sub periodo Formativo Temprano, estas sociedades complejas primordiales dieron origen a lo que los aqueólogos designan como culturas, varias de las cuales fueron antecesoras y hasta contemporáneas de Chavín de Huántar.
Estas «Culturas», antecesoras y contemporáneas de Chavín, fueron:
CULTURAS ANTECESORAS
1. La sociedad o Cultura Chinchipe-Marañón (Jaen, Cajamarca, 3 670 a.C., Huaca Monte Grande – con diseño en espiral de piedra y barro –, y Huaca San Isidro).
Entre los años 2009 y 2012, en la frontera Perú-Ecuador mediante excavaciones fuerom recuperados vestigios de edificios monumentales, tumbas, cerámica y restos orgánicos vegetales y animales, según los cuales 3 700 años a.C. existió en esa zona una cultura que ya aprovechaba el cacao.
2. La Cultura Sechín (Casma, 3 600 a.C., primer edificio de Sechín Bajo, piedra y barro). Gracias al arqueólogo alemán Peter Fuchs y su equipo, hoy se sabe que 600 años antes de Caral y unos 2 400 antes de Chavín, en el Valle de Sechín, Casma, Ancash, surgió un conjunto de asentamientos en tránsito a la agricultura y la cerámica pre cerámicos, con edificios públicos monumentales de barro, piedra y madera. El más antiguo y simple fue el de Sechín Bajo, al que siguieron los de Cerro Sechín, Sechín Alto, Taukachi–Konkán, Pampa de las Llamas–Moxeke y otros, en condición de sociedad compleja, la que, en su última etapa, fue contemporánea de Chavín.
3. La Cultura Caral (Supe, 3 000 a.C. pre cerámica, compuesta por 18 asentamientos) Hasta los resultados de Fuchs sobre la Cultura Sechín, Caral fue considerada como la primera sociedad organizada, compleja y «Cuna de la civilización del Nuevo Mundo» que se extinguió en el año 1 500 a.C., justo cuando Chavín surgía como una aldea de nuestro neolítico.
4. La Cultura Cupisnique (1 400 a.C.) Los arqueólogos tratan de precisar si esta sociedad fue fundadora, rival o socia de Chavín de Huántar fue fundadora, rival o socia de Chavín.
Hasta la década de los cincuenta se sabía que fue contemporánea de Chavín de Huántar, entre los años 1 200 y el 200 a.C., pero resultó muy ninguneada y maltratada y tildada como la “Chavín de la Costa”, en especial por Anna C. Roosevelt al considerar que su alfarería era “chavinoide”, mala copia de la de Chavín, cuando fue al revés: el estilo cerámico Cupisnique ampliamente difundido en la costa y sierra norte, fue el que influyó fuertemente en la cerámica chavín.
5. La sociedad o cultura Kotosh – Sillacoto (2 000 a.C. Huánuco, valle del Alto Huallaga, Alta Amazonía
Sin duda, estos pueblos fueron las primeras sociedades organizadas o complejas que generaron el impulso original, primordial y decisivo para la construcción de la llamada “Civilización Peruana o Andina”.
Por esto y otros avances, es necesaria una nueva formulación del conocimiento de la prehistoria peruana, tarea en que están comprometidos importantes grupos de estudios interdisciplinarios, con la finalidad de corregir y mejorar en el mejor sentido de estos conceptos, los primigenios criterios de Julio Cesar Tello, quien hizo dos planteamientos, casi con categoría de dogma: i) Que la Cultura Chavín tuvo un origen amazónico por su múltiples representaciones iconograficas selváticas en sus manifestaciones artísticas, especialmente en su escultura lítica, su cerámica y en su ideología religiosa. ii) Que Chavín fue la Cultura Madre, el origen de la civilización o de la alta cultura en los Andes Centrales y tal vez en América. Ahora se sabe que estas dos visiones no constituyeron la verdad total.
Carlos Elera, en su estudio sobre la Cultura Cupisnique, ha demostrado que su iconografía religiosa con representaciones del felino (puma), la serpiente (boa) y la rapaz (águila pescadora), así como sus catalizadores chamánicos (drogas alucinógenas), provienen de la fauna y la flora netamente andina, especialmente la localizada en la vertiente occidental de los Andes Norcentrales y aún subsisten.


CULTURAS CONTEMPORÁNEAS
Pero, además de las mencionadas culturas, se debe aplicar las mismas preguntas sobre los probables aportes a la Cultura Chavín de sus antiguas sociedades contemporáneas:
De Cajamarca: Pandanche, Kuntur Wasi y Pacopampa.
De Huánuco: Cultura Kotosh (Wairajirca, Sillacoto)
De Ancash: Huaricoto
De Lima: La Cultura Manchay (Mina Perdida, Cardal y otros)
De Ica: Paracas
De Ayacucho: Campanayuq Rumi
Entonces, ¿recibieron los chavines originales los beneficios del conocimiento y prácticas de culturas y pueblos antecesores los que, con toda seguridad, mantuvieron intensas relaciones integrales durante el Arcaico y del Formativo Inferior, cuando llegó la cerámica? Si. Es probable, pero es necesaria su plena confirmación arqueológica.

miércoles, 27 de mayo de 2026

 

LOS ORÁCULOS DE CHAVIN Y PACHACÁMAC COMO
MECANISMOS DE MANIPULACIÓN MEDIANTE DROGAS
PARA CONSEGUIR Y MANTENER EL PODER ABSOLUTO

 

«Templo Nuevo” con su «Portal de las falcónidas» y la plaza hundida cuadrada

 Esta es una aproximación a sobre cómo operaron dos famosos oráculos de nuestra prehistoria: Chavín de Huántar y Pachacámac y su condición de sustratos ideológicos como eficaces mecanismos de la manipulación por parte de las élites para hacerse del poder y conservarlo.

No obstante, Marco Curatola Petrocchi, en su ensayo, en su ensayo, «Adivinación, oráculos y civilización andina» (2001), trata de explicar el extraordinario desarrollo del fenómeno oracular en el Perú antiguo.

Con sus predicciones, indicaciones y el descifrado de signos, hechos y situaciones de difícil inteligencia, los oráculos aportaron conocimiento, racionalización de la realidad y fueron una de las instituciones andinas «eje», desde que surgieron desde la aparición de la cerámica y el avance del Periodo Formativo (II milenio a. C.).

Una hipótesis etnohistórica dice que los “templos” de Caral, Kotosh, Huaricoto, La Galgada, Pampa de las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán, fueron recintos religiosos restringidos, donde pocos humanos creían percibir manifestaciones de dioses a través del fuego. De lo que no hay duda, es de que al final de nuestra prehistoria los oráculos representaron un formidable mecanismo de legitimación del poder, dictado de normas sociales (si lo ha dicho el oráculo, así es) acopio de información, de comunicación y de negociación, afianzaba de modo determinante que los grupos en el poder controlaran, por las buenas, inmensos territorios bloqueando el independentismo político de distintos grupos sociales de linajes.

EL ORÁCULO DE CHAVIN DE HUÁNTAR

El arqueólogo John Rick actual investigador principal de complejo arqueológico Chavín de Huántar por la Universidad de Stanford desde 1994,  ha planteado que los varios medios usados en sus “templos”– paisaje, arquitectura, decoración, luz, sonido, drogas alucinógenas–  prueban que la Cultura Chavín desarrolló y aplicó una política general de manipulación individual y colectiva con fines de poder y dominación planificada y ejecutada por su élite sacerdotal.

Según esta percepción, sus esculturas líticas fueron herramientas para tal manipulación; sus templos fueron sitios de exploración psicológica y experimentación para comprobar las reacciones de las personas ante diferentes estímulos. Desde esta óptica, Rick y otros autores ven a Chavín como un lugar construido para impresionar y manipular a las personas hasta integrarlas a una religión que consolidaba la autoridad y el poder de los miembros del culto.

 

Extensión de la influencia o dominio de la teocracia Chavín
Durante su apogeo (Alfonso Klauer)

El ORIGEN

Sobre el origen de esta cultura primordial, Rick y su equipo también han hecho un aporte importante: En 2003, en el sector de «La Banda» de Chavín, hallaron un depósito compuesto por puntas de cuarzo y sílex, huesos de venado y otros instrumentos de piedra pulida, fechadas mediante radiocarbono y luminiscencia ópticamente estimulada - OSL con una antigüedad de entre los años 4 850 y 4600 antes del presente (a.d.p.) En otra excavación desenterraron un fogón cuadrangular de piedra con un ducto de ventilación y herramientas de piedra lascada. Estos vestigios son del pase del sub periodo pre cerámico Arcaico Temprano al Arcaico Tardío, cuando el sitio era solo una pequeña aldea de precoces sedentarios. Así mismo, en un segundo hallazgo pre cerámico, al excavar en un costado de la actual iglesia del pueblo de Chavín de Huántar, recuperaron un conjunto de sencillos fogones de piedra que conservaban carbón y herramientas líticas, cuya antigüedad fluctúa entre los años 4 450 y 4 150 a.d.p. 

El tercer hallazgo fue el más notable: en la zona del rio Wacheqsa encontraron vestigios cerámicos de la fase “Kotosh–Kotosh”, de la cultura Kotosh, que indican, sin lugar a dudas, una ocupación más antigua al año 3 200 a.d.p., considerado como el inicio de la Cultura Chavín. Además, confirmaron que el material que la arqueóloga Rosa Fung había recobrado de la misma zona y que estaba almacenado sin ser estudiado en el Museo de Arqueología de San Marcos, correspondía a esa misma etapa cerámica del lugar. 

Este resultado confirmó entonces que los pobladores originarios que desarrollaron la Cultura Chavín procedieron de la Amazonía (Hipótesis de Julio C. Tello), en concreto de la Cultura Kotosh surgida en el año 4 000 a.d.p. en Huánuco, cerca del rio Huallaga.

 

Plaza circular hundida que lleva al «Templo Viejo” por las
escalinatas, ruta hacia la Galería del LANZON que representaba al dios supremo

 EL PRIMER EDIFICIO O «TEMPLO VIEJO» CHAVIN

Rick y su equipo creen también – sin saber aún si fue como continuación de la ocupación Kotosh–Kotosh ni por qué-, que la primera construcción del «Templo Viejo» y sus instalaciones conexas empezó lentamente, aproximadamente, el año 3 200 a.d.p. A medida del crecimiento del poderío y prestigio de las divinidades que allí se adoraban, sus acabados, remodelaciones y la edificación de nuevas instalaciones con notables innovaciones, se prolongaron por unos 400 años y durante los siguientes 300 los chavinenses hicieron refacciones y algunas ampliaciones menores.

No obstante, aun con los nuevos fechados, hay un notable lapso de 900 años, entre el 4 200 y 3 300 a.d.p., de contenido difuso, entre el Arcaico Tardío precerámico y el inicio del desarrollo de la Cultura Chavín, cuando la cerámica ya había surgido en la costa norcentral.

LA MÁS ANTIGUA GALERIA CHAVÍN

En 2022, Rick informó que su equipo había descubierto una galería subterránea y cuencos de piedra del inicio de Chavín, de más de 3 000 años de antigüedad, en el Edificio C., gracias a un robot equipado con cámara de video que desplazaron por un ducto de solo 45 Cms. de diámetro mostraron el recinto y objetos de piedra en el centro. El primer vestigio es un cuenco escultórico ceremonial de piedra que en su parte superior tiene tallada la cabeza de un cóndor y en los lados, sus alas, así como la cola en parte opuesta a la cabeza. La otra vasija lítica es más sencilla. Las dos tienen 30 Cms. de diámetro por 25 Cms. de altura. La vasija del cóndor pesa 17 kilos.

Los investigadores creen que fueron ofrendas por la clausura de la galería, la cual ahora deviene como la más antigua de esta innovación arquitectónica que, ahora se sabe, data de la época pre cerámica o temprana de Chavín, coetánea con la fase final o de disolución de la también pre cerámica Cultura Caral. El recinto hallado ha sido nombrado como “Galería del Cóndor”.

 

En la recóndita Galería del Cóndor descubierta en 2022,
John Rick, explica a la prensa sus hallazgos en el «Templo Viejo»

 En julio de 2026, Rick y su equipo comenzaron una nueva temporada de investigación equipados con tecnología moderna para la exploración, análisis estratigráfico, fechados, recuperación y conservación de vestigios inorgánicos y orgánicos. Se enfocarán en estudiar el edificio principal maltrecho por sismos que removieron sus cimientos, lo que permitirá conocer sus primeras etapas constructivas internas sin desmontar sus estructuras intactas; también excavarán alrededor de la Plaza Circular, en busca de más galerías con “robots arqueólogos”.  

 

El cuenco de piedra (pre cerámico)  con figura del cóndor

 Rick y su equipo tratarán de obtener fechados con métodos actuales con un margen de error de solo 20 años y que podrían esclarecer si el gran sismo que afectó a Chavín alrededor del 550 a. C., influyó en su decadencia y cuánto tiempo continuó en acción después del desastre lo que podría cambiar radicalmente su interpretación histórica.

La campaña de Rick también apunta a confirmar que cada espacio arquitectónico del complejo fue realizado con el fin específico de reafirmar el poder de su élite teocrática. Hubo recintos específicos para sacrificios de humanos y animales, de aislamiento sensorial, preparación ritual, escuela de novicios y ritos reservados para líderes políticos y religiosos. También buscarán ampliar el conocimiento del uso de drogas alucinógenas en ciertos rituales, para grupos pequeños en ambientes acondicionados de experiencias controladas. “Si querían asustar, podían hacerlo. Si querían imponer asombro, también. Chavín fue muy bien pensado, calculado al detalle”, declaró Rick a la prensa.

 

Uno de los robots “arqueólogos” del equipo de Rick

 El tema de los alucinógenos mágico-místicos, es otro factor vinculante de los chavines con la Amazonía, a través de la potente semilla de la Vilca, así como el San Pedro, lo fue con la shamanería de los Cupisnique.

LOS ALUCINÓGENOS COMO COMPONENTES DE LA RELIGIÓN. 

El uso de drogas alucinógenas fue común en las religiones del mundo prehistórico.

Los sacerdotes chavines ingerían el jugo del cactus de San Pedro  (Mezcalina) e inhalaban polvo de semillas de la planta llamada comúnmente Vilca o Cebil,   de nombre científico Piptadenia colubrina o Anadenanthera (bufotenina), por sus propiedades alucinógenas, supuestamente facilitadoras del desligamiento temporal del espíritu respecto al cuerpo del intermediario ante los dioses.

Estas plantas aparecen en talladas de la Estela del portador del cactus, la cual fue hallada en 1972 por Guillermo Lumbreras; una pieza de granito que aún permanece en su emplazamiento original, en el lado noroeste de la Plaza Circular. En 2001, hallaron en esa misma plaza un fragmento de otra estela que muestra una imagen espejo exacta de la estela del portador del cactus. Se cree que existieron cuatro estelas con esta misma representación: dos en el cuadrante noreste y dos en el cuadrante sureste, todas mirando hacia la escalera que lleva a la galería donde estaba el «Lanzón» de Chavín, ídolo del dios máximo de esa cultura. Hay cabezas clavas que muestran claramente fugas de mucosidad de la nariz por efecto de los alucinógenos.

 

Cultivo actual del San Pedro

 LOS BUENOS MUCHACHOS CHAVINENSES

En su obra, Excavaciones en la Galería de las Ofrendas –1993, el extinto arqueólogo Guillermo Lumbreras percibió que Chavín, no fue producto de una sociedad local autónoma, sino el resultado de un vasto proceso de integración territorial desde Lambayeque y Cajamarca por el norte, hasta la meseta de Junín y los valles de Lima por el sur. Muy benévolamente, Lumbreras añade que tal integración no fue forzada; fue una cohesión cuyo sustrato fue el poder predictivo y la sabiduría de la curia chavín.

Por todo lo anterior, un gran grupo de investigadores militaba junto a Julio C. Tello considerando a los chavines como los iniciadores de la “alta cultura andina”, creadores de “primera cultura pan andina”, pero con solo incipientes y hasta errados estudios de su cerámica, de su arte lítico, de sus monumentales templos, sus grandes esculturas y sus acueductos sin profundizar su conducta política, social y económica global.

 

Árboles de Vilca o Cebil.

 Entre los investigadores chavinistas hay quienes, en las líneas de Tello y de Lumbreras, siguen considerando a los chavines casi como los “buenos muchachos” de la segunda mitad de Formativo, quienes, por la alta calidad de su religión, eficiente oráculo y conector con los dioses andinos y por sus avanzada técnica y tecnología, convencieron, persuadieron a una gran cantidad de pueblos para que se sometieran a ellos de buen grado y les entregaran gran parte de su producción y fuerza de trabajo gratuita para que ellos se dedicaran a los dioses, a los templos y a gozar de la buena vida.

 LOS MALOS MUCHACHOS CHAVINENSES

Pero, otros investigadores, además de evaluar los componentes grandilocuentes de la Cultura Chavín, la determinaron también como el primer imperio suramericano de la Costa del Pacífico, con todos los componentes de agresión por ambición y codicia, engaño, abuso, crimen y exacción de recursos que tal condición conllevó.

 LA MALA COSTUMBRE DE OCULTAR LO MALO BAJO LA ALFOMBRA.

Antes de avanzar sobre el tema de fondo de este artículo, veamos un punto negativo: la vigencia de una conducta de la mayoría de investigadores del Perú Antiguo, sobre todo de los autóctonos, de no ahondar o soslayar aspectos supuestamente negativos de nuestro pasado prehistórico.

Eso ocurrió, por ejemplo, con la detección de la práctica de sacrificios humanos de los mochicas y su ritual de ingesta de sangre para aplacar la supuesta ira de su dios castigador «Ai Apaec», El Degollador, presunto causante de los desastres climatológicos como lluvias, inundaciones y sequías prolongadas que hoy sabemos constituyen el Fenómeno “El Niño”.

Esos ritos brutales y feroces, que se aplicaba a prisioneros de guerra o a víctimas propiciatorias (jóvenes púberes y niños), recién fue admitido a regañadientes, cuando investigaciones financiadas por National Geographic, dieron con un yacimiento mochica de restos fósiles de cientos de sacrificados, entre ellos, niños, en un tiempo compatible con un mega Fenómeno El Niño que provocó una larga sequía de 30 años, allá por el año 600 d.C. Esta hecatombe, de acuerdo con el análisis de testimonios de hielo extraídos de glaciales andinos que demostraron su ocurrencia, llevó a los mochicas a ofrecer a sus divinidades la sangre y la vida de sus jóvenes y niños en un vano esfuerzo por terminar con el azote climatológico y la infertilidad del suelo, lo que, finalmente, contribuyó a su disolución como cultura.  

 EL SAGRADO ORÁCULO QUE HABLABA CON DROGAS Y ANTROPOFAGIA 

Conforme a la conducta descrita, con relación a Chavín de Huántar, son pocos los autores, entre ellos el descubridor de la práctica, Guillermo Lumbreras, que remarcan la antropofagia o canibalismo de la gran curia chavinense, en lo más alto de su apogeo imperial.

En su obra, “Un Formativo sin cerámica y cerámica preformativa”. 2006”, fundamenta que la antropofagia fue una práctica común desde antes de Chavín; da como ejemplo a la Cultura Sechín (Casma), sobre la base de los macabros y enormes frisos líticos de Cerro Sechín: “El muro con los granitos grabados parece representar una enorme carnicería, en la que guerreros o verdugos de Sechín deshacen cuerpos humanos, ya sea como parte de sacrificios o de prácticas guerreras antropofágicas. La evidencia arqueológica indica que el canibalismo (resalte nuestro), iniciado a fines del tercer milenio, se había generalizado en esta época y estaba asociado consistentemente a la vida de todas las poblaciones. Cieza de León (1553), de su viaje por el norte de Colombia, describe escenas que coinciden mucho con la iconografía de Sechín, con una antropofagia asociada a la guerra en la región del Cauca, envuelta en estas prácticas de manera casi doméstica, en donde, al parecer, se consumía a los vencidos al final de cada batalla en el campo y en casa”.

La precisión de la antropofagia chavinenses está en el documental de National Geographic, titulado “El Teatro del más allá”, estrenado el 2 de julio de 2015– 44 minutos, apuntando a mostrar cómo la teocracia dominante durante el imperio Chavín, usaba a fondo el «Templo Viejo» e instalaciones especiales para engañar y convencer a curacas y jefes de ayllus vasallos y a quien los altos sacerdotes creían conveniente, de que el lugar era un centro de comunicación directa con los dioses y que ellos y solo ellos –la curia chavinense– eran sus únicos representantes.

 BANQUETES CANÍBALES   

En el tramo del minuto 33.50 y el 35.39 del documental de Nat Geo, Lumbreras confirma directamente que durante su excavación en el «Templo Viejo», a nombre de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, específicamente en la “Galería de Ofrendas”, halló un cúmulo de huesos y otros materiales. El análisis forense demostró que una parte de los restos óseos son de animales y otra parte considerable, de humanos. El antropólogo físico, José Baraybar, tras analizar los restos humanos, confirmó que eran humanos y que porciones de los huesos habían sido cocinados, otros asados y rotos por masticación. Lumbreras narra en pantalla que cuando Baraybar comunicó sus hallazgos, ambos sonrieron y estuvieron de acuerdo en que los chavines hicieron sacrificios humanos y, además, realizaron Banquetes caníbales, como parte de su política de fidelización de los jerarcas visitantes.

Entonces, el mecanismo religioso de dominación de los dirigentes de pueblos sometidos incluía el consumo de drogas y la entrega de personas, jóvenes y prisioneros de guerra, para sacrificios; así como opíparos banquetes de culto y adhesión sin condiciones con potajes hechos con los restos de los sacrificados. Hay abundante literatura acerca de la primera visión sobre qué buenos muchachos fueron los chavines. Pero, por el contrario, la segunda visión tiene pocos autores. 

 

El intimidante LANZÓN Chavín

 EL MECANISMO ORACULAR  

El mecanismo de consulta al oráculo o a la palabra de la deidad chavín ocurría en la noche. Para empezar el aspirante a dialogar con la divinidad consumía drogas disueltas en la chicha, en dosis controladas. En estado de conciencia alterada le hacían seguir a pie un recorrido por los siniestros, lóbregos y aterradores pasillos del templo. Intensificaban sus visiones, angustias y miedos, mediante el impacto de sonidos provocados por trompetas de conchas y agua subterránea corriente. La puesta en escena final  era su comparecencia ante el famoso todopoderoso personificado en el gran «Lanzón», el enorme monolito de piedra de 4 metros de altura que tenía la figura del poderoso dios antropo-zoomorfo tallado en su superficie, del cual el discípulo creía escuchar el vaticinio crucial sobre el clima, las siembras y todas sus preocupaciones, así como  instrucciones precisas sobre qué hacer en su pueblo para la vida sea mejor y respecto a las ofrendas que debía entregar al templo.

Sin duda, tales directivas de la deidad no eran más que parlamentos de los sacerdotes chavines, también drogados, pronunciados como órdenes desde cubículos adecuados, procedimiento ancestral que usaron todos los llamados oráculos de la antigüedad para engatusar, embaucar y manipular a los creyentes, desde el poder.

LOS MENSAJES

La principal preocupación de los peregrinos, en particular de curacas, jefes de ayllus y de etnias era que el dios chavín, cuatro meses antes del inicio de la temporada de preparación de tierras y siembras en los Andes, les avisara si iba a llover adecuadamente, en exceso o si venía un diluvio o la sequía, si el ganado pariría y si se lograría abundante pesca en el litoral. Los jerarcas acudían también para saber novedades específicas sobre sus comarcas, así como para hacer pedidos de gracias personales o colectivas. Para eso iban en largas caravanas de camélidos portando productos alimenticios, tejidos valiosos, cerámica fina, piezas de orfebrería de oro, plata y cobre y otros bienes exóticos de sus zonas, enemigos prisioneros y jóvenes elegidos para ser sacrificados al dios como ofrendas a cambio de su favor. Con las respuestas, los gobernantes regionales y locales podían decidir con alguna certeza el inicio, postergación o cancelación de las siembras, así como disponer el aumento de sus reservas a distribuir en caso de peligro.

 

Concha Spondylus o Mullu, especie marina tenida por sagrada en la prehistoria

El antropólogo Alfonso Klauer, en su obra “El Mundo Pre – Inka: Los abismos del cóndor” (2006), afirma que los shamanes chavín sabían más o menos cómo se desarrollaría el clima por las siguientes condiciones de la evolución del mullu o caracol Spondylus en el fondo marino frente a costa del actual Ecuador: i) Si la especie adelantaba su reproducción a agosto y setiembre y ii) si antes de que las aguas del Pacífico Sur empezaran a calentarse por encima de lo normal, las conchas Spondylus adquirían  un color rojizo cada vez más intenso. Estas dos señales advertían a los pescadores norteños que se avecinaban problemas climatológicos que destrozarían la vida diaria y, en el mayor secreto, lo transmitían a sus curacas y estos, a su vez, también en secreto hacia llegar muestras de los Spondylus a los shamanes de Chavín. En cambio, la ausencia de los indicadores eran buenas noticias. Esta red informativa logró mantener ese conocimiento reservado solo a la curia durante mucho tiempo. Lo único que pudo trascender a los demás fue que el mullu era portador de mensajes divinos, más no el contenido y menos aún el modo de “leerlos”, por lo que el tal molusco fue objeto de inestimable valor en forma de abalorios y como elemento sagrado del culto general a la fertilidad.

No obstante, la observación del Mullu estaba lejos de determinar la intensidad y duración de las sequías o de las lluvias. No daba para tanto. Por eso, es claro que el gran impacto positivo de las predicciones de buen clima era muy beneficioso para el prestigio y poder de los chavines, pues las consecuencias de lluvias intensas y prolongadas de hasta media intensidad se podían enfrentar con el stock común de víveres y la organización de más abastecimiento, el uso de refugios seguros y otras medidas de prevención en cada región o comarca.

Pero, a los adivinos las graves consecuencias de un mega El Niño con una sequía de tres décadas cuya duración no pudieron calcular y menos conjurar con el favor de su dios, les estalló en la cara. Su prestigio empezó a derrumbarse en la centuria de los 500 a.C., porque los jefes vasallos dedujeron que su capacidad de adivinación tenía un límite o que su dios les había maldecido quietándoles su apoyo. Las peregrinaciones fueron imposibles y con eso la subsistencia se debilitó, con el añadido de que los curacazgos de la periferia chavinista empezaron a sublevarse y a desligarse de la teocracia. Fue entonces que un potente terremoto, cuyo fechado preciso y sus consecuencias político-sociales John Rick y su equipo tratan de dilucidar, afectó y casi sepultó una gran parte del «Templo Nuevo» y las demás estructuras. Rick y su gente están seguros de que eso disminuyó tremendamente la actividad en Chavín de Huántar, pero quieren precisar la fecha aproximadamente de su abandono final.     

EL ORÁCULO DE PACHACÁMAC

La arqueología ha determinado que, como pequeño sitio o asentamiento humano costero-pesquero, Pachacámac (nadie sabe con cuál nombre) existió desde antes del surgimiento de la Cultura Lima, sin característica alguna de santuario u oráculo. Tampoco hay algún indicio de que tal sitio de pescadores y agricultores sedentarios devenga de la Cultura Manchay, la antecesora de la Cultura Lima, pero separadas cronológicamente por varias centurias.

La Manchay tuvo como centro el valle bajo de Lurín, durante el Formativo Medio y Final, teniendo como dominadora o influencia principal a la teocracia Chavín. La identificaron recién el 2009 los arqueólogos Richard Burger y Lucy Salazar, como resultado de sus investigaciones, en los vestigios de edificios públicos de Mina Perdida, Cardal y Manchay Bajo, zona baja del valle de Lurín. Ellos creen que, constituida por ayllus y curacazgos autónomos, la Sociedad Manchay habitó la costa central, desde el valle de Huaura, en el norte, al de Lurín, en el sur, Aprox. entre el 3 800 a 2 200 a.d.p. y estuvo bajo el dominio de la teocracia Chavín. Otros sitios manchay, de menor importancia en Lurín, son: Candela, Buena Vista, Manchay Bajo, Pampa Cabrera y Parka. Se hallan a relativa corta distancia unos de otros. Sin embargo, nadie sabe aún el origen de los manchay, ni de los pachacamenses originarios. 

Durante la Cultura Lima, la cronología aproximada que encuadra a Pachacámac es la siguiente: Tras la desaparición de la Cultura Chavín, aproximadamente el año 400 a.C. y el inicio del periodo histórico Intermedio Temprano o de los Desarrollos Regionales el año 200 a.C., surgió la Cultura Lima el año 100d.C., en cuyo desarrollo, más o menos el año 300 d.C., según fechados relativos de cerámica hallada en él,  comenzaron a construir la primera versión de su edificio ceremonial en el asentamiento Pachacámac. Aplicaron su diseño propio de plataforma rectangular, sobre muros de piedra y barro con escalinatas de acceso y recintos en la parte superior, hechos con los “adobitos” o adobes pequeños hechos a mano, sin medida estándar y secados al sol. Este edificio fue reconstruido cinco veces y los arqueólogos lo nombraron como «Templo Viejo».  

Sin embargo, si bien la arqueología plantea su fechado cerámico referencial, solo se puede deducir que fue para uso administrativo y ceremonial cívico y de culto, sin que haya sido encontrado algún indicador sobre a cuál dios estaba dedicado y si ya cumplía funciones de oráculo. Cuando los imperialistas wari ocuparon la ciudad, el «Templo Viejo» lima estaba abandonado.

Los waris reanudaron el culto que había existido en el «Templo Viejo», para contentar los ychma y sabedores de que había ganado prestigio en el valle de Lurín y en los demás de la extinta Cultura Lima, estrechamente vinculado con la adoración al dios Pariacaca, que moraba en el majestuoso nevado del mismo nombre en la Cordillera Central, gran Apu protector de los pueblos del Chillón, Rímac, Lurín, Mala, Chilca y Cañete, con una amplia panoplia de divinidades secundarias. Se debe tener en cuenta que, la cumbre del Pariacaca y la ciudad de Pachacámac, están ubicados en un mismo eje geográfico transversal y son la materialización casi perfecta de la ancestral concepción andina de la dualidad de todo lo que existe”; arriba y abajo, hielo y agua.

Pero los waris, para el reinicio del culto a Pachacámac (no se sabe si ese era su nombre en ese tiempo) construyeron un nuevo y más monumental adoratorio, el «Templo Pintado» y, lógicamente como nuevo poder, agregaron a la deidad atributos sobrenaturales antropo y zoomorfos de su propio «dios de los báculos» y por supuesto, tal vez su capacidad de emitir vaticinios sobre el clima, la siembra, la cosecha, la crianza, la pesca y los terremotos.

 

Restos del «Templo Pintado» wari, santuario del dios Pachacámac y su oráculo

Es posible que con su reconocía manía de ordenarlo todo, los waris hayan promovido o promocionado el culto en todo su vasto imperio. Habrían establecido entonces los calendarios de las festividades de veneración a la deidad, de las peregrinaciones al santuario, el rango necesario de los peregrinos, la calidad y cantidad de ofrendas que debían entregar para ser considerados como aspirantes a preguntar al dios sobre sus preocupaciones y las de sus pueblos, sí como los ritos de sacrificios humanos y de entrega de ofrendas.

Sin duda, a los jerarcas waris, no se les escapó la estandarización del ritual de consulta al dios, de tal modo que todo el mecanismo religioso funcionó durante el imperio, persistió durante la subsiguiente Cultura Ychma, seguramente con algunas variantes y prosiguió también durante el Tahuantinsuyo y durante la ocupación española, hasta la “extirpación de idolatrías”.

NUCLEO SAGRADO DEL SITIO PACHACÁMAC

Está circundado por la primera muralla, la de menor extensión perimetral. Tiene casi 1 520 m. con muros de hasta 2 m. de altura. Encierra al originario «Templo Viejo» de los limas, al «Templo Pintado», de los waris con un extenso cementerio que yace a sus pies y al «Templo del Sol», del Tahuantinsuyo. Esto quiere decir que los ychmas mantuvieron al edificio wari como sede del culto al dios y se concentraron en la ocupación y expansión urbana del sitio como su capital. 

ÁREAS DE SERVICIOS

La segunda muralla también envuelve la zona sagrada en forma de “L” e incluye a la «Plaza de los Peregrinos», la Sala Central, a quince edificios ychmas con rampas y las principales vías de circulación, como las calles este-oeste y norte-sur, además de otras edificaciones menores. El equipo de investigación del Museo de sitio de Pachacamac, verificó en 2013 que el gran portal de la segunda muralla estaba adornado con murales similares a los del «Templo Pintado» wari.

El segundo muro tuvo en algunas partes más de 3,5 m. de altura y un espesor de 3 m. Fue el límite con el mayor número de edificios. En el exterior estaban las áreas de producción,13 restos de unidades domésticas y vestigios del alojamiento temporal de peregrinos.

De la tercera muralla aún existe un acceso de piedra labrada y adobe, llamado Portada de la Costa, en el eje de la calle norte-sur.  En el área interna hay testimonios de talleres, campamentos y cementerios del final del Tahuantinsuyo. 

Pachacámac fue tan importante para los incas que, en su vano intento de salvarse, el inca en rehén Atahualipa, dio la orden para que los encargados del santuario entregaran objetos de oro y plata a Hernando Pizarro y su tropa. Su prestigio duró bien entrado el virreinato a pesar de la imposición del cristianismo católico con alto grato de violencia destructiva de vidas y bienes, sobre todo mediante la política de “extirpación de idolatrías”.  La sacralidad del sitio persistió sobre todo en pueblos aledaños de la costa y andinos, de las provincias de Huarochirí y Yauyos, donde, a fines del siglo XVI, el extirpador de idolatrías, el cura Francisco de Ávila recopiló un gran número de mitos vinculados. 

EL CULTO A PACHACÁMAC

En su artículo, Un espacio sagrado milenario, inserto en el magnífico compendio del Banco de Crédito del Perú sobre Pachacámac sitio y templo, Denise Pozzi-Escot, considera que una de las más poderosas razones del culto al dios Pachacámac fue el gran temor de la población a los sismos repetitivos y su fe ciega de que solo Pachacámac o como lo llamaran en ese tiempo podía evitar un gran terremoto en gesto misericordioso, ante sus ruegos y ofrendas. Por eso es que los ocupantes españoles lo registraron también como el “Señor de los temblores”. 

En su amplio informe sobre Los oráculos de los confines del mundo: Pachacamac, Titicaca y el Inca Tupa Yupanqui, contenido también en el libro del BCP sobre Pachacámac, Marco Curatola Petrocchi, describe así el procedimiento de una consulta al dios, según registros de los cronistas invasores españoles. Hallarán varias similitudes con el del oráculo de Chavín de Huántar.

LLEGADA Y ACCESO DE LOS PEREGRINOS

Pedro Cieza de León, quien habría visitado Pachacamac acompañando del Pacificador, Pedro de La Gasca, reunió material para su monumental Crónica del Perú. En la “Primera Parte” (Sevilla 1553) anota que las diferentes puertas y las paredes del Templo de Pachacamac («Templo Pintado» wari) tenían figuras pintadas de animales feroces.  Según testimonios orales el dios Pachacamac contestaba a las preguntas de sus fieles durante las fiestas más importantes del año, con multitudinarias ceremonias, animadas por música de potentes instrumentos de viento y percusión durante las que se realizaban sacrificios de varones, mujeres y animales.

Los concurrentes eran curacas, jefes ayllus o de etnias, quienes se alojaban en aposentos especiales y entregaban ricas ofrendas. Estos jerarcas tenían fe total en la palabra del dios y respetaban a sus sacerdotes. Aspiraban a ser sepultados alrededor del templo del dios, privilegio que solo lograban los de mayor rango.

El jesuita Josef de Acosta, en Historia natural y moral de las Indias (1590), sobre tradiciones religiosas de México y Perú, ratifica la identificación de Pachacamac con el dios Viracocha en el incanato. Otros, han interpretado esta decisión como una gran medida de política unificadora de Pachacútec, de ordenar la fusión de dos poderosas deidades: Viracocha, creador originario de las zonas altoandinas y Pachacamac, poderoso dios creador y oráculo venerado en la costa central. Así también, el inca buscó legitimar sus conquistas dotándolas de una base religiosa común con un dios supremo más poderoso que las otras deidades locales y del propio Sol.

RITUAL DE UNA AUDIENCIA ANTE PACHACÁMC

En su obra ya mencionada, el jesuita Josef Acosta afirma que, durante el Tahuantinsuyo, Pachacámac era nombrado también como “Pachayachachic” y tenía un grandioso templo, el cual, junto con el Coricancha, el gran templo del Sol del Cusco, estaba dotado de un inmenso tesoro en objetos de oro y plata que había sido saqueado por las huestes de Pizarro.

Sobre la función de oráculo del lugar, Acosta conoció que allí “el demonio hablaba” y “daba respuestas” y que, en algunas ocasiones, se manifestaba como una serpiente “muy pintada”. El rito de consulta a la divinidad era el siguiente: siempre de noche, los sacerdotes entraban en el aposento del dios caminando hacia atrás, de espaldas, con la cabeza y el torso inclinados hacia adelante. En esa posición preguntaban. El dios respondía con una especie de “silbo” o “chillido” estremecedor y horripilante.

Similar versión consta en la Crónica Moralizada de la Orden de San Agustín en el Perú (1638), del cura Antonio de la Calancha, seguidor de Acosta, quien reunió toda la información acopiada por su orden sobre su catequesis en Pachacámac, en la segunda mitad del siglo XVI. De la Calancha agrega algunos detalles: los oficiantes de Pachacamac entraban a la cámara oracular de espaldas muy encorvados hacia el suelo. Preguntaban sobre el futuro o hacían pedidos. La deidad silbaba sus respuestas que resultaban confusas, pero, siempre en tono aciago y amenazante.

Ambas descripciones complementan el relato de Hernando Pizarro, el primer español saqueador del lugar, sobre el ritual de consulta al dios. En su Carta a los Oidores de la Audiencia de Santo Domingo (23 de noviembre de 1533), la más temprana relación conocida sobre la invasión al Tahuantinsuyo, reportó que, después de un año de espera en el sitio, los aspirantes a consultar a Pachacámac pasaban a un patio donde ayunaban unos veinte días; luego, generalmente solo curacas, jefes de  etnias y de ayllus,  iban  al patio más alto, donde estaba el gran sacerdote sentado y con la cabeza tapada con una manta, para presentarle directamente sus solicitudes. Hechos sus pedidos, otros sacerdotes o pajes, únicos autorizados, entraban al aposento del dios para “hablar” con él y conocer sus respuestas y si la divinidad estaba contenta o enojada y cuáles tributos exigía para él y su templo.

Según el relato del compañero de Pizarro, el notario Miguel de Estete (1534), estos pajes llamados «yañcas», como también consta en el Manuscrito de Huarochirí, debían de ser puros mediante abstinencia prolongada de comida y sexo.

Estas descripciones son importantes porque indican que las divinidades andinas se comunicaban con los humanos mediante un lenguaje especial de sonidos solo entendido por unos cuantos iniciados, aunque como en todos los oráculos del mundo, esta conexión solo era una herramienta de engaño y manipulación de la conciencia individual y colectiva través de la religión y de los líderes con la finalidad de conservar poder y riqueza material.

OTRA VEZ, LAS DROGAS ALUCINÓGENAS

Además, y tal como ocurrió también en el oráculo del templo de Chavín de Huántar, 2 mil años antes, todo el andamiaje o entarimado del culto a un dios castigador, sediento de sangre a cambio de supuestos anticipos sobre la vida cotidiana, las siembras, cosechas, la crianza y la pesca, tenía en Pachacámac el sustrato intensivo del uso de alcaloides y alucinógenos como una de sus bases.

En particular en el área del «Templo Pintado» y del «Templo del Sol», han sido hallados materiales e instrumentos para la elaboración e ingestión de sustancias psicotrópicas: pequeños morteros de madera ictiomorfos y avimorfos y tabletas para la inhalación de polvos alucinógenos. También fueron recuperadas flautas de hueso, trompetas y silbatos.

Un pequeño silbato de hueso de unos ocho centímetros de largo fue hallado en las gradas entre el «Templo Pintado» y el «Templo Viejo», cerca de donde habría estado la cámara oracular, sin que se pueda negar o confirmar que a lo mejor fue empleado para producir el “silbido” o “chillido” con el que, según Acosta, solía manifestarse el dios Pachacamac.

 

Restos de tejido wari con representaciones
de la hoja, la flor y fruto de la Vilca o Cebil

Peter Eeckhout ha reportado evidencia del uso como ofrenda en Pachacamac, durante las etapas ychma e inca, de semillas de Nectandra sp., planta de la familia de las Lauraceae propia de la Alta Amazonía a la que los españoles conocían como espingo y los naturales como Ishpingo. Sus semillas contienen alcaloides psicotrópicos y neuroestimulantes.

El hallazgo de Eeckhout comprueba lo escrito por el jesuita José de Arriaga en su Manual de extirpación de la idolatría, de 1621: que la semilla de Ishpingo era una típica ofrenda a las huacas; que los shamanes de Pachacamac la tostaban y molían hasta convertirlas en polvo, el cual diluían en chicha de jora para obtener una bebida especial, “fuerte y espesa”, llamada Yale, que ingerían antes de sus intervenciones sagradas. Derramaban una parte de la bebida en el piso de las huacas y el resto lo bebían para entrar súbitamente en un estado de furor místico, un estado mental alterado que se conocía como «utiraray» entre los oficiantes de Pachacamac al ponerse en comunicación con sus dioses para “oír” sus respuestas.

Eeckouth está seguro también de que la semilla del Ishpingo fue usada para atenuar el hedor producido por la descomposición de los cadáveres durante las fases de su embalsamado y enfardelado y los rituales de entierro. El cura de Arriaga escribió que dichas semillas tienen un olor penetrante, desagradable y persistente. Estas características quizá expliquen la extrema hediondez que percibió Hernando Pizarro cuando entró al aposento del dios Pachacámac.

 

Árbol amazónico Ishpingo

Curatela Petrocchi, cree, además, que los shamanes de Pachacámac debieron emplear también otros alucinógenas, como la Anadenanthera colubrina, planta llamada Vilca, cuyas semillas contienen alcaloides sicoactivos, pues su consumo, en polvo, en los santuarios andinos está documentado desde fines del Horizonte Temprano (siglos X-IV a.C.), en particular en el templo de Chavín de Huántar (Ancash), en Pacopampa, Kuntur Wasi (Cajamarca) y en Campanayuq Rumi (Ayacucho), a pesar del predominio del cactus San Pedro (Mezcalina) en esos lugares. Su uso siguió durante el Horizonte Medio (siglos VIII-X d.C.).

Hay registros de dibujos de sus inflorescencias, hojas y semillas en textiles, piezas de cerámica, esculturas líticas y tabletas para uso ceremonial, desde Conchopata, en Ayacucho, Ciudad Tiawanaku, en la Meseta del Collao, hasta San Pedro de Atacama, en Chile. Patricia Knobloch sospecha que los shamanes tiawanaku consumían vilca aspirando su polvo, mientras que los waris la mezclaban con chicha.

En el Ethnologisches Museumde Berlin–Dalhem hay un tapiz wari extraído de Pachacamac, el cual, a pesar de su deterioro, muestra filas de motivos de figuras aladas de perfil con báculos en una de sus manos y en el pecho llevan el ícono de la flor, las hojas y los frutos de la Vilca, lo que indica que era usada en Pachacámac desde la época wari. El uso de Ishpingo, de la Vilca y quizá de otras drogas, explicaría la visión de los shamanes, del dios Pachacámac en forma de animales feroces al momento de consultarle.  

Entonces, es altamente probable que las figuras de “serpientes de dos cabezas del arco iris” y de felinos, del ídolo de madera hallado por Alberto Giesecke en el «Templo Pintado», sean reproducciones de la serpiente y el felino, sobre las cuales escribió Pedro de la Gasca, o de la “culebra muy pintada”, descrita por el cura Joseph de Acosta, como apariencia de Pachacamac.

Los alucinógenos producen también paracusia o alucinaciones acústicas tipo silbidos y pitidos, similares a los que el cura de Acosta alega que oían los “pajes” cuando consultaban al dios.

FIN