Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Nueve
LA ICONOGRAFIA CHAVÍN:
MILENARIO MENSAJE SOBRE LA VIDA Y EL UNIVERSO
En el conjunto de nuevos diseños arquitectónicos, técnicas constructivas e iconografía ideológica ritualista, además de las estelas ya descritas, destacan otros vestigios, entre ellos el Portal de las Falcónidas. No obstante, también hay que resaltar que, en particular, la iconografía tallada en piedra y las dimensiones de la Plaza Cuadrada Hundida como integrantes del «Templo Nuevo», expresan también el desarrollo ideológico-religioso de la Cultura Chavín como indicador de su apogeo, con el agregado de nuevas entidades de veneración y de explicación de la visión cosmogónica imperante.
Esta formidable estructura arquitectónica, también es llamada la Portada Negra y Blanca. Está situada en el centro del frontis del lado este del «Templo Nuevo». Frente a ella está la Escalinata Blanca y Negra donde estaba el Pórtico de los Jaguares. Más hacia el este están la llamada «Plaza Menor Hundida» y la enorme «Plaza Cuadrada Hundida».
Portada de las Falcónidas, en el “Templo Nuevo” de Chavín de Huántar
Las dos columnas circulares llevan talladas en bajorrelieve seres antropomorfos. Cada una tiene 2.30 Ms. de altura, 61 Cms. de diámetro, 1.91 Ms. de circunferencia y la representación esculpida.
Sin éxito, varios han tratado de “leer” las imágenes talladas asumiendo que constituyen un mensaje complejo.
El conjunto está en riesgo de perder sus grabaciones a causa de sismos y otros factores ambientales que degradan la piedra.
Lumbreras describió las figuras como “seres draconianos, alados, con colmillos y cabeza de falcónidas”. El antropólogo estadounidense John Rowe las llamó “Ángeles de la guarda” y en 1972 especuló que los chavines creían que estos seres servían al Dios de las varas o báculos — que aparece en la Estela Raimondi—, y que el «Templo Nuevo» estaba dedicado al culto de esta deidad. En cambio, en el «Templo Viejo” habría sido venerado el Dios sonriente, dibujado en el Lanzón monolítico.
No obstante, George F. Lau y Richard Burger, contradicen a Rick, pues creen que los templos son solo expresiones de una mayor complejidad de los motivos de la construcción del lugar y proponen a Chavín como un importante centro de una red panandina teocrática, de intercambio de productos —tangibles e intangibles – durante el Formativo Tardío.
El ser híbrido de la derecha es masculino al contener el atributo de penis aculeatus, mientras que el ser de la izquierda es femenino al contener el atributo de la vagina dentata.
· Un friso voladizo con ocho seres zoomorfos falcónidos en bajorrelieve, actualmente partida en dos.
La halló Guillermo Lumbreras, en 1972, durante su investigación de la «Plaza Circular Hundida» adscrita al «Templo Viejo».
Es una lápida de granito que integraba la ornamentación iconográfica lítica tipo mural en derredor de la plaza compuesta por otras estelas grabadas con distintos motivos, cuya mayor parte ha desaparecido.
Lumbreras recobró otras cinco lápidas de 80 por 70 cms. y calculó que este tipo de mampostería estuvo compuesta por 28 estelas de similares dimensiones en los cuadrantes norte y sur del hemiciclo oeste de la plaza.
Las estelas del cuadrante noroeste muestran seres antropomorfos como si caminasen en una procesión de derecha a izquierda hacia la escalera este, la mayoría portando algún objeto en su mano. Debajo de esta serie hay otra hilada de lápidas rectangulares de 36 x 69 cm con representaciones de felinos con motas, también como avanzando en procesión en la misma dirección que los seres representados en las estelas superiores. La estela del portador de cactus permanece en su emplazamiento original, en el lado noroeste de la plaza circular.
Las otras lápidas son: la VI-NW6, muy deteriorada. Tiene trazos de un ser antropomorfo en posición hacia el frente del cual salen algo como rayos, de sus cuatro costados».
La VI-NW7 muestra a un trompetista, en el acto de soplar una concha marina o pututo, mientras camina hacia la escalinata occidental.
La lápida VI-NW8, también muestra otro trompetista.
La VI-NW7VI-NW9, también muy dañada, pero deja ver un personaje de perfil en actitud de caminar hacia la escalinata occidental con el brazo derecho levantado portando un objeto imposible de distinguir.
Lápida o estela del Portador del cáctus, en derredor de la Plaza
circular Hundida.
Dibujo del Portador del cáctus
Según Guillermo Lumbreras las lápidas murales de la «Plaza Circular» fueron parte de la gran remodelación a la que fue sometida: la construcción de las galerías de las Caracolas, de las Ofrendas y las escaleras de acceso este y oeste, en el periodo de auge del santuario, el cual, de acuerdo con la cronología arquitectónico-constructiva de John Rick y su equipo, corresponde a las etapas Consolidación y Blanco y Negro.
Interpretación.
El grueso de los investigadores deduce que el mural de la que era parte la «Estela del Portador del Cactus» representaba a «sacerdotes» de Chavín en procesión, junto a felinos dibujados en las lápidas inferiores que van hacia la escalera este que lleva a la galería del «Lanzón».
Son grandes “clavos de piedra”. Supuestamente representan a deidades menores. Tienen diferentes tamaños. Todas cuentan con una estructura lítica alargada en su parte posterior, con la que eran insertadas en los muros del «Templo Nuevo».
Unos creen que representaban fieros guardianes del templo.
Julio C. Tello Tello creía que representaban cabezas de enemigos, pero no precisó cuáles. El arqueólogo Richard Burger considera que representaban el proceso de transformación chamánica de quienes dirigían los ritos de invocación a los animales míticos que eran adorados en el santuario (felinos, águilas, serpientes y caimanes), luego de ingerir sustancias alucinógenas.
chavín con mucosidad abundante, producto del consumo de
Drogas psicoactivas.
Tras el aluvión de 1945, muchas «cabezas clavas» desaparecieron y otras fueron removidas por la fuerza de la avalancha a tal punto de que, solo una se mantiene en su sitio original en el centro ceremonial. Unas cien rescatadas están en el Museo Nacional de Chavín.
Arquitectónica lítica
Colección en el Museo de Chavín de Huántar
Miden 103 cm de largo por 39 cm de ancho y 43 cm de altura, y cada una pesa aproximadamente 250 kg. Sus figuras muestran rostros humanos con pupilas dilatadas, músculos faciales contraídos y las fosas nasales abiertas, labios en posición de silbar o soplar.
Este tipo de adornos arquitectónicos líticos han sido hallados en culturas muy posteriores a Chavín, como la Recuay y Tiahuanaco.
LA ICONOGRAFÍA CHAVÍN
La ruta de la idea a la obra
Esto lleva a preguntar, ¿cuál fue el procedimiento desde la concepción de la idea hasta su realización por uno o varios consumados escultores, ceramistas, tejedores y orfebres? ¿Dónde lo hicieron? ¿La idea era de uno o varios «sacerdotes» sabios? ¿Cómo la transmitían en el caso de los talladores, quién definía las medidas y equivalencias? ¿Los artistas sabían totalmente el significado o mensaje de las obras? ¿También eran miembros de la curia Chavín?
Estas y otras cuestiones no han sido investigadas por los arqueólogos más interesados en descifrar el contenido de las imágenes, es decir lo que hay en la cuna, sin que importe la mano que la mueve.
En su reporte Chavín enigmático: simbolismo y su significado, tras plantearse estos temas, Uwe Carlson calcula que, desde antes de Chavín, artistas locales –existentes desde la vida en las cavernas–, probablemente con indicaciones de los «sacerdotes» de las sociedades costeñas emergentes, hicieron obras artísticas con arcilla, tipo mural, a veces colosales, en bajorrelieves, altorrelieves o como estatuas de gran plasticidad. Pero, por el material, se deterioraban con relativa facilidad.
Carlson postula sobre el símbolo felínico que Chavín lo adoptó; no lo creó porque existía desde tiempos anteriores.
Se deduce por la antigüedad que la primera figura indicada fue la del rostro del felino definida por una gran mandíbula, una gran boca y grandes colmillos, la cual surgió como modelo primigenio de parte de la imagen de la divinidad, porque combinaba poder, astucia, gran fuerza física, potencia, velocidad, agilidad, olfato excelente, agudeza visual y un tacto singular y, además, habitaba en todos los pisos ecológicos, con distintas especies.
Carlson cree que el felino por sí solo no representó a un dios. Aportó sus características a la integración iconográfica con humanos, junto con la de otros animales de tierra como la serpiente; de aire, como el águila y el halcón; y, de agua (caimán, cocodrilo) y hasta con especies vegetales (Yuca, maní, calabaza, cactus) para la definición de una divinidad asociada a la fertilidad.
Cuerpo de serpiente, igual a la tierra productiva
El «Lanzón», representaría al mismo tiempo, la más antigua imagen de la divinidad de Chavín, pero también es una escultura de una figura en relieve. Ambos se completan de modo recíproco y son reproducidas con el mismo simbolismo en las lápidas salvadas de la Plaza Circular Hundida.
Carlson halla el mismo simbolismo respecto a la fertilidad, a la reproducción, a la tierra y el agua en la Estela Raymondi y en el felino de la parte inferior de la cornisa de la esquina sudoeste del «Templo Nuevo» y hasta en algunas cabezas clavas con las serpientes saliendo de los ojos.
También postula que en el periodo tardío de Chavín se produjo un notorio cambió en la imagen de la divinidad: al felino le añadieron rasgos de aves depredadoras como su coronación con el pico ornitomorfo dirigida hacia arriba y los pares de alas laterales, tal como fue grabado en las columnas y la cornisa de la Portada de las Falcónidas del «Templo Nuevo», en algunas placas metálicas de relieve y en un gran número de otros objetos.
Comparándole con otras iconografías contemporáneas y posteriores, Federico Kauffmann sostiene que la de los monolitos representa a una sola divinidad chavín y define su imagen, básicamente, como la de un ser híbrido: mitad hombre con boca atigrada y mitad ave de rapiña, al cual denomina piscoruna-pumapasim, lo que traducido del quechua quiere decir, “Hombre – ave con boca atigrada”. También lo llama “felino volador” y estaría relacionado con el culto al agua, de tanta importancia en las civilizaciones agrícolas del Perú antiguo.












