miércoles, 12 de agosto de 2026

 

Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Tres.

LA PREDICCIÓN DEL CLIMA Y DEL FENÓMENO EL NIÑO COMO FACTOR DEL PODER DE LA TEOCRACIA CHAVÍN

Concha Spondylus o Mullu, especie marina tenida por sagrada en la prehistoria


Uno de los factores del poder religioso y político que logró la teocracia chavín fue su capacidad de predecir con anticipación las condiciones del clima que determinaban la vida o la muerte de los pueblos con lluvias o sequías moderadas o  intensas y prolongadas, gracias a su conexión directa con los dioses.  

Pero antes, veamos otros elementos materiales que respaldan la nueva cronología de Stanford-Rick sobre el surgimiento, desarrollo y final de esta cultura. 

MÁS FECHADOS FUERA DE LA ZONA MONUMENTAL  DE CHAVÍN DE  HUÁNTAR QUE RESPALDAN LA NUEVA CRONOLOGÍA

En su informe ya citado del 2009, Rick y su equipo dieron cuenta de los siguientes resultados cronológicos obtenidos en lugares externos al núcleo del centro ceremonial Chavín.


Principales zonas de la periferia del santuario chavín. 

DEL CAMPO OESTE

Es un terreno casi plano hacia el oeste, es decir atrás de los edificios principales de Chavín. Tiene terrazas y probablemente edificios abandonados y rellenados intencionalmente o enterrados por aluviones, en particular por el del año 1945.

El equipo de Rick obtuvo seis fechados por radiocarbono-14 de la época Chavín, de los cuales, cuatro tienen relevancia.

Las dos muestras más antiguas, procedieron de un fogón de una construcción ritual de la «Tradición Mito» y dieron un rango del 900 a.C. y de entre el 650 y 550 a.C. Como estos dos últimos fechados provienen del mismo contexto, combinando sus probabilidades, el fechado se reduce al lapso entre 840 y 760 a.C.

Las otras dos muestras, menos antiguas fecharon los años 800 y 400 a.C. y las capas superiores que dieron fechas más recientes contenían cerámica Janabarriu.

Las fechas más antiguas corresponden al último uso del fogón y quizá del recinto ritual antes de quedar enterrado, sellado o abandonado, aunque los escavadores detectaron varias construcciones en estratos más profundos, no los alcanzaron ni los estudiaron.

Rick y su equipo asumen que esas evidencias indican que los chavines ocuparon «Campo Oeste» en el lapso del 800 al 500/400 a.C. Esto, sin contar vestigios pos Chavín ni materiales anteriores de esta cultura en esta zona, aún no estudiados.

ZONA DEL WACHEQSA

Los investigadores de Stanford, en esta zona que pertenece al sector norte del lugar, tomaron 10 muestras radiocarbónicas de varios estratos y áreas de uso. Indican que existe una clara superposición de estratos entre los años 1 200–800 y 800–500 a.C.

En cuanto a la cerámica, los fechados señalan que en el rango 1 200–800 a.C. no hay rastros de la alfarería Janabarriu. Sí está presente en el rango de los años 800–500 a.C., de lo que se colige que la cerámica Janabarriu se superpuso a otro estilo cerámico.

Por áreas de uso y estratos, los fechados logrados son los siguientes:

Del Basural. Está en la parte sur del sector Wacheqsa, con un área de 40x4 metros y una profundidad de cerca de 2 metros, lo que da un volumen de 320 metros cúbicos de basura asociada con cerámica Janabarriu. Son desechos de festines ceremoniales, en los que consumieron grandes cantidades de carne de camélidos, abundante líquido fermentado y drogas alucinógenas. Fueron recuperados gran cantidad de huesos de fauna, tiestos, objetos de piedra y otros materiales. Las muestras dieron tres fechas 800, 500 y 400 a.C.

Plataformas tardías. Están al norte del basural. Son plataformas superpuestas, sin vestigios en superficie. Al parecer, solo fue un área intermedia entre el basural y las estructuras de piedra ubicadas al norte. Una superficie compacta de cantos rodados tiene más cerámica Janabarriu en un contexto de escasos materiales arqueológicos.

Una muestra dio el rango de 1 000-800 a.C. Lo muy antiguo fue una sorpresa y es considerado una anomalía, aun sin explicacion por su posición estratigráfica y su comparación con materiales que están en otras capas de este rango de fechas en este mismo sector.

Ruinas de piedra canteada. También están en el norte del Sector Wacheqsa, estratigráficamente encima de las Plataformas Tempranas. Son restos de recintos de piedra canteada, de cuyo interior fueron recuperados pedazos de cobre natural y de lajas de piedra. Una muestra de la superficie de un piso arcilloso proporcionó una fecha del rango de 800 a 500 a.C., vinculada a la cerámica Janabarriu.

Plataformas Tempranas. En esta área antigua fueron obtenidos cuatro fechados: el más remoto, del rango de 1 200- 950/900 a.C., provino del carbón de un fogón hallado sobre el suelo estéril y representa, hasta el momento, la ocupación más temprana detectada por el equipo de Rick en el Sector Wacheqsa. Los otros tres fechados son de rango de 1 000-750/650 a.C.

Es deducible que este tiempo corresponde a una fase de ocupación anterior o paralela a la cerámica Urabarriu. Pero, hasta el momento, la relación entre la cerámica del Wacheqsa y la Urabarriu no es clara.

En resumen, los fechados indican que las Plataformas Tempranas fueron utilizadas entre 1 200 – 750/650 a.C.


Ubicación del Sector Wacheqsa que contiene un valioso basurero chavín


Del Canal. Estratigráficamente está debajo del basural, hacia el extremo sur del Sector Wacheqsa. Es un espacio por el que discurrió agua en, al menos, tres grandes momentos. Solo se obtuvo un fechado que procede de una capa asentada directamente sobre suelo estéril. Su rango es de 900 a 800 a.C., sin vestigios de cerámica Janabarriu.

LA ZONA DE LA BANDA

En «La Banda» fueron fechados dos contextos: el primero, en la terraza alta del sitio de cuya excavación se obtuvieron seis muestras que dieron un rango de 1 300 a 400 a.C.

Otros tres fechados de las capas 5 hasta 8, sugieren un rango de 800 a 400 a.C. En contraste, las capas más profundas 17 y 18, proporcionaron fechas en el rango de 1 250 y 800 a.C. La inversión del orden cronológico de las capas 17 y 18 es de poca preocupación debido a que estas capas más profundas son muy delgadas y la diferencia en profundidad, desde la superficie de estas muestras, es mínima.

En total, puede percibirse una secuencia con dos temporadas: una, en el rango de 1 200 a 800 a.C. y otra de 800 a 400 a.C.

El segundo contexto de La Banda fue su terraza baja. Sus seis fechados muestran una ocupación del 900 al 400 a.C., con cinco fechados más recientes. El fechado más antiguo y más profundo provino de una muestra hallada debajo del relleno de un canal, donde hubo actividad aislada sin ocupación intensiva. En esta área no existen evidencias arqueológicas. La muestra indica una presencia, no necesariamente residencial, en una etapa anterior.

En resumen, las excavaciones en «La Banda» permitieron hallar evidencias de ocupaciones posiblemente contiguas, en espacio y tiempo, de dos temporadas asociadas con cerámica formativa Chavín, pues no hay la menor duda de que en la ocupación de 900 a 800 hasta 450/400 a.C. hubo cerámica con rasgos janabarroides. La ocupación más temprana o más antigua tiene mucho menor densidad de cerámica y no se ha determinado aún si faltan, por completo, los caracteres janabarroides.

Como marco general para su nueva cronología de Chavín, además de fechados de otros investigadores y los propios, Rick y su grupo han establecido la relación de estos marcadores con los estilos cerámicos asociados para comprender los vínculos entre Chavín de Huántar y sitios contemporáneos durante el Periodo Formativo, sub periodos Temprano, Medio y Tardío.

RESUMEN DE EVIDENCIAS DE LA INVESTIGACIÓN STANFORD–JOHN RICK

  • En Chavín de Huántar existió una ocupación pre cerámica importante, pero poco conocida que abarca unos 900 años, entre el Pre Cerámico Tardío y el comienzo de la ocupación chavín entre el 2 200 y 1 300 a.C.

  • El periodo chavín del 1 250 al 900/800 a.C., anterior a la ocupación intensiva detectada a partir del 900/800 a.C. en adelante, tiene evidencia de fechados por radiocarbono en el «Campo Oeste», en el «Sector Wacheqsa» y en «La Banda», así como en los edificios monumentales, sin presencia de cerámica Janabarriu.

  • La ocupación documentada con fechados por radiocarbono–14 en los edificios monumentales y con los materiales generados por la Cultura Chavín, duró desde, aproximadamente el año 1 200 a.C., hasta probablemente el año 400 a.C.

  • Los fechados más antiguos precerámicos o cerámicos, proceden de profundidades de entre 2 y 7 metros por debajo de la superficie, en una geología y paisaje local muy inestable y cambiante, con propensión al enterramiento profundo de superficies en el fondo del valle del río Mosna.

  • El patrón de fechas antiguas vinculadas a una cerámica «no clara», ¿Kotosh-Kotosh o Urabarriu?, se debe a la escasez de vestigios que impide identificar el material de chavín, de 1 200 al 800 a.C., tal vez, carencia que tal vez se deba a: i) lo reducido de la población de entonces – unas 200 a 300 personas– respecto a la que hubo del 800 al 400 a.C. –unas 3 000 personas–, ii) a la división social, iii) a distintos comportamientos que generaron basurales de menor densidad y con menos carbón o, iv) a la falta de uno o más factores que generam vestigios arqueológicos.

  • Hay evidencias de ocupaciones intensivas de Chavín del 900 al 800 y del 500 al 400 a.C., asociadas a la cerámica con rasgos janabarroides pero, como no hay una definición precisa de qué es «Janabarriu», por lo que Rick y su gente la llaman janabarroide, solo se atreven a decir que una expresión cerámica variada, con un núcleo que presenta estampados con decorados en forma de «O», «S» y otras formas, fue desarrollada ampliamente por los alfareros chavín entre 800 y el 400 a.C.

  • En ese lapso hubo otros estilos cerámicos que están en proceso de estudio como la cerámica «Ofrendas», identificada por Lumbreras.

  • Todos los fechados del Periodo Cerámico tienen un margen de error de entre 25 y 57 años, aunque Rick y su equipo reconocen que hay algunas inconsistencias en la secuencia de fechados, debido a la variedad de procesos de formación de las muestras analizadas.

  • Los fechados sobre el fin de la ocupación chavín tienen rangos muy amplios y, en particular Rick y su equipo, a pesar de que tienen como cálculo final el 400 a.C., mantiene su sospecha de que la Cultura Chavín sucumbió cerca del año 500 a.C.

  • La Etapa Soporte, que abarca el tiempo después del cese de toda construcción monumental, solo consistió en el levantamiento de muros para evitar, o esconder el colapso de paredes principales debido a un probable potente terremoto en el rango de 550 a 500 a.C., probablemente de 8 grados de intensidad en la raíz de la falla geológica de la Cordillera Blanca.

  • Los investigadores sospechan que el cataclismo fue el inicio de una transición durante la que, las funciones ceremoniales del culto chavín se extinguieron paulatinamente, siendo posible que, para el 400 a.C., todavía hubiera alguna producción de material cultural.

  • Con todo lo avanzado hasta el primer cuarto del siglo XXI, no se sabe aún cómo fue la disolución de Chavín y la superposición de Cultura Huaraz. ¿Fue rápida o lenta? ¿Qué transformaciones y procesos sociopolíticos ocurrieron? Estos y otros aspectos importantes están pendientes de resolver y lo que se puede decir de modo concluyente es que, después del 400 a.C., no hay evidencia alguna, material o ideológica, de algo parecido a Chavín en el mismo sitio.

  • Por lo tanto, es inexacto que la teocracia Chavín se encontraba en el auge de su influencia en el lapso entre el 390 y 200 a.C.

  • La desaparición de la cerámica Janabarriu, junto con todas las variedades de cerámica chavín, es evidente en la transición a la época Huaraz. No sobrevivió tradición alguna de decoración cerámica, ni tampoco la mayoría de las formas y técnicas de Chavín.


Cálculos de Richard Burger sobe la ocupación sucesiva de Chavín de Huántar,
en sus fases cerámicas relativas urbarriu, chaquinaki y janabarriu 


LOS POR QUÉ DEL CENTRO DE CULTO CEREMONIAL DE CHAVÍN DE HUÁNTAR.

En un notable esfuerzo por explicar importantes aspectos del modo de vida chavin –sin llegar a la deseada descripción detallada del «día a día» en el centro de culto– John Rick ha tratado de responder preguntas cruciales, con base en testimonios arqueológicos, con dos informes reveladores.

¿Por qué fue construido?, ¿quiénes lo hicieron funcionar?, ¿cómo operaba? ¿a quiénes atendía o servía? ¿Qué ofrecía Chavín a los «peregrinos? ¿Qué les exigían? ¿cuáles eran los objetivos de sus operadores? ¿cómo obtuvieron poder y autoridad?

Gran parte de sus respuestas están en, Un análisis de los centros ceremoniales del periodo Formativo a partir de los estudios en Chavín de Huántar, 2006.

¿POR QUIENES Y POR QUÉ FUE CONSTRUIDO?

El centro ceremonial de culto y administracion Chavín de Huántar fue construido durante la transición del Periodo Arcaico (pre cerámico) al Periodo Formativo, una etapa de profundos cambios sociales, considerada como toda una revolución neolítica en los Andes Centrales, con el auge de los edificios públicos monumentales en la costa y sierra norte, el acelerado desarrollo de la agricultura y las crianzas como actividad económica principal, aunque aún sin cerámica.

Así empezó. Plano del modesto Templo Viejo original  y la ubicación de la Galería con el Lanzón

Como ya se ha anotado, esta revolución neolítica en los Andes Centrales, antes de Chavín de Huántar, involucró necesariamente a las culturas Sechín, Caral, Cupisnique, los sitios cajamarquinos Kuntur Wasi, Huacaloma y Pacopampa, la Cultura Kotosh y la recién configurada Cultura Manchay, en la costa central. Por eso, es necesario que los investigadores arqueológicos se esfuercen por dilucidar, por lo menos el grado y la modalidad de intervención de los sechines, los cupisniques, los cajamarquinos y de los pueblos de la costa central, tanto en el surgimiento de Chavín de Huántar como en su desarrollo, apogeo y final, toda vez que varias de esas sociedades fueron contemporáneas del santuario del Mosna durante sus apogeos.

Aplicando el concepto actual, John Rick asume que el tipo de edificios al que corresponde Chavín de Huántar fueron “templos”, porque en esa época la religión con sus ritos tuvo un papel protagónico como el más importante agente de cambios sociales transcendentales, específicamente, de la transición de sociedades relativamente igualitarias del Arcaico a las definitivamente jerárquicas o de clases sociales.

No hay testimonios, pero sí la intensa hipótesis de que el santuario Chavín fue también un centro políticoadministrativo regional que decidía y manejaba la distribución de tierras agrícolas, las obras de riego y la distribución del agua dulce, la promoción del intercambio comercial y el control de rutas.

Sí hay pruebas arqueológicas de la celebración de fiestas y banquetes masivos con abundante ingesta de hasta de potajes hechos con base en restos de humanos sacrificados, bebidas fermentadas y gran consumo de drogas alucinógenas líquidas y en forma de polvo.

Guillermo Lumbreras en su obra de 1993, Excavacioes en la Galería de las Ofrendas expuso que Chavín, NO le parecía “el producto de una sociedad local con desarrollo independiente”, por lo cual postuló que “Chavín es el resultado de un proceso de integración territorial muy vasto que incluye, desde Cajamarca y Lambayeque por el norte, hasta el borde septentrional de la meseta de Junín y los valles de Lima por el sur. Pero distingue que esta integración “no fue forzada por mecanismos políticos o guerreros; no hay indicio ninguno para una tal hipótesis; fue, en cambio, un centro de cohesión y convocatoria, cuya fuerza y causa deben estar en el poder predictivo y la sabiduría de quienes se asentaron en este lugar. Ellos eran herederos de una experiencia milenaria de los viejos pescadores y agricultores de la costa de Lima, Ancash y Trujillo- Lambayeque y de los igualmente viejos agricultores de los valles templados y los páramos de Cajamarca, Ancash y Huánuco; y, finalmente, de los pastores “llakuash” de las punas circundantes del sur. “Guaris” y “llacuashes” eran sus ocupantes”.

Según otros investigadores, entre ellos el antropólogo Alfonso Klauer, este criterio carece de alguna aproximación hacia la conducta religiosa, política, social y económica global de los chavines que llevó a los seguidores de Lumbreras a considerar a los chavines casi como “Los buenos muchachos de los Andes” quienes, por las buenas, la alta calidad de su religión, su eficientísima operación como el principal oráculo y conector con los dioses de los Andes centronorteños y por sus avanzados conocimientos tecnológicos y técnicos, consiguieron convencer a una gran cantidad de pueblos de que se sometieran a ellos de buen grado y que les entregaran gran parte de su producción y fuerza de trabajo para construir el enorme santuario en forma gratuita a fin de que ellos se dedicaran a los dioses, a sus adivinnzas y a gozar de la buena vida.

Como el mayor centro ceremonial de la sierra norte, Chavín de Huántar se distinguió por:

  • Su alto grado de monumentalidad.

  • Una larga historia arquitectónica de 800 a 1 000 años con los mismos patrones de diseño y construcción dirigida por líderes probablemente hereditarios.

  • Un alto grado de decoración o «arte», particularmente lítico integrada a la arquitectura.

  • Una vocación intensa por las estructuras pétreas con apariencia subterránea, dimensiones estrechas y aspecto intimidante, la que después incluyó edificaciones a campo abierto para reuniones masivas con decorado especial.

  • Disposición de «altas tecnologías» para el manejo de la piedra de construcción, el tallado de decorados líticos excepcionales, el atractivo brillo de su cerámica y para el trabajo con hueso.

¿QUIÉNES Y CÓMO LO HICIERON FUNCIONAR?

La devoción religiosa popular como el motor de Chavín

Chavín fue operado por una elite sacerdotal–chamánica local, que fue capaz de liderar la devoción religiosa, primero de su población local y, después, de jerarcas de otras zonas cercanas y alejadas y de convencerlos para que participaran únicamente en el componente arquitectónico–constructivo del proyecto religioso, como especialistas o aportantes de mano de obra de apoyo, claro está, bajo su mando y control total.

Además de evaluar los componentes grandilocuentes de la Cultura Chavín, los investigadores han desarrollado hipótesis que plantean que para conseguir sus éxitos de mando y control, sus gestores adoptaron alguna de las siguientes formas de organización política:

i) Una coalición o alianza anfictiónica religiosa similar a las que hubo en la Grecia Antigua e torno a las ciudades de Delfos y Olympia, para preservar la hegemonía del culto y la defensa mancomunada (Krysztof Makowsky).

ii) Un estado teocrático andino (Henry Tantaleán). Y, en el extremo,

iii) Un imperio teocrático absolutista con todos los componentes de agresión por ambición y codicia, abuso, crimen y explotación que tal condición conllevaba.

¿A QUIÉNES ATENDÍA O SERVÍA CHAVÍN?

Chavín fue un lugar de y para la elite, sin acceso general, que No sirvió directamente a los simples del pueblo ni siquiera de su área de influencia directa, sino a quienes dirigieron su planificación y construcción y a los selectos «peregrinos», quienes recibían de los primeros el derecho de acceso, por su condición de jefes de etnias, curacas o jefes de ayllus de poblaciones cercanas y distantes.

Hay pocos ejemplos de instalaciones para el servicio práctico de la población común. Uno de ellos habría sido el observatorio solar/agrícola de la Plaza Circular Hundida.

La ausencia de imágenes de animales y plantas de la producción agroganadera zonal en la iconografía de Chavín, apunta a que eso no importaba a sus sacerdotes chamánicos.

El rastro cerámico revela que hubo una desconexión entre la elite del santuario y los modestos pueblos de su alrededor en todo el Callejón de Conchucos. Varios investigadores han detectado que en esos sitios solo hubo cerámica rústica y total ausencia de la elaborada cerámica, pulida y muy decorada del centro ceremonial.

Eso contrasta con el intenso intercambio que hubo con otros centros ceremoniales de la época, situación que indica que había un conjunto de productos tangibles e intangibles compartidos por las elites, pero no por los «simples», con algunas excepciones como los constructores, alfareros, escultores, metalurgistas y orfebres, que no debieron ser muchos. Al respecto y sin duda, los sitios del Formativo con cerámica decorada en la zona de Chavín: Pojoc, Waman Wain y Gotush, fueron solo la excepción que confirma la regla.

De este contexto, Rick deduce que, por lo menos en el Callejón de Conchucos hubo tres «grupos distintos» – no menciona «clases»– de personas:

  1. Los altos líderes religiosopoliticos del Complejo Chavín, tipo sacerdotes chamánicos.

  2. La elite de poblados, ayllus o curacazgos cercanos y lejanos, que acudían al lugar en condición de «peregrinos»

  3. El grueso de personas comunes o «simples» (agricultores, criadores y comerciantes)

Hay poca evidencia de la participación significativa de los «simples» en el mecanismo del culto.

La conclusión es que el centro ceremonial chavín funcionaba para los dos primeros «grupos» de personas con gran desconexión y poca integración respecto al tercero, es decir, los comunes.

El caso de las ofrendas respalda esta segregación. Todos los conjuntos de probables ofrendas —que en su mayoría son materiales de chavín–, son muy elaborados, exclusivos y más valiosos en términos de trueque o intercambio; no hay evidencias de ofrendas correspondientes a los «simples», aunque esto pudiera obedecer a la necesaria limpieza de los ambientes, aun en el caso de ritos con asistencia de numerosos participantes.

¿QUÉ OFRECÍA CHAVÍN A SU «PEREGRINOS»?

La oferta era una oferta muy atractiva con componentes de magia, poder, autoridad, prestigio y probablemente negocios.

El producto principal de Chavín era psicológico, intangible: un privilegiado vínculo con la divinidad y la recepción de información de alto valor para la vida individual y comunal a corto y quizá a mediano plazo, con lo cual se satisfacía la necesidad pública de la religión, mediante la función oracular (predicción por adivinación); pero, según Rick, esto no incluía a la población en general, sino solo a los jerarcas «peregrinos» con derecho al acceso restringido a los templos.


La gran Estela Raymondi, que nadie ha descifrado aún, no se sabe dónde 
estuvo emplazada. Solo se sospecha que fue objeto de rituales msivos. 


La adivinación, herramienta de poder. Marco Curatola Petrocchi, en su ensayo, «Adivinación, oráculos y civilización andina» (2001), explica así el fenómeno oracular, desde el Arcaico: una hipótesis etnohistórica dice que los “templos” de Caral, Kotosh, Huaricoto, La Galgada, Pampa de las Llamas-Moxeke y Taukachi-Konkán, fueron recintos religiosos restringidos, donde pocos humanos creían percibir manifestaciones de dioses, a través del fuego.

Desde entonces, con sus predicciones, indicaciones y el descifrado de signos, hechos y situaciones de difícil inteligencia, los oráculos aportaron conocimiento, racionalización de la realidad y fueron una de las instituciones andinas «eje», desde que surgieron antes de la aparición de la cerámica y el avance del Periodo Formativo (II milenio a.C.).

Y, no hay duda de que, al final de nuestra prehistoria, los oráculos representaron un formidable mecanismo de legitimación del poder, del dictado de normas sociales (si lo dijo el oráculo, así es y sanseacabó), de acopio de información, de comunicación y de negociación; afianzaron que los grupos en el poder controlaran, por las buenas, inmensos territorios bloqueando el independentismo político de distintos grupos sociales de linajes (¿Chavín?)

El arqueólogo polaco, Krsysztof Makowski cree que tras su llegada al Santuario, los jerarcas «peregrinos» y sus comitivas acampaban en la periferia o en el poblado cercano que hoy es la ciudad Chavín de Huántar y permanecían, por lo menos, durante un mes a la espera de que fueran recibidos en el templo para realizar sus consultas oraculares.

Imagina que esa congregación posibilitaba un gran intercambio comercial de distintos bienes y el funcionamiento intensivo de talleres locales de producción cerámica, textil y orfebre.

En Chavín, el ritual o procedimiento oracular ocurría en la noche. Para empezar al aspirante a dialogar con la divinidad, los oficiantes le hacían consumir drogas disueltas en la chicha, en dosis controladas. Así, ya en estado de conciencia alterada le guiaban a pie hacia un recorrido por los siniestros, lóbregos y aterradores pasillos del templo. Intensificaban sus visiones, angustias y miedos, mediante el impacto de sonidos provocados por trompetas de conchas y agua subterránea corriente.

La puesta en escena final era su comparecencia ante el famoso ser todopoderoso personificado en el gran «Lanzón», el enorme monolito de piedra de 4 metros de altura que tenía la figura de un dios antropo-zoomorfo tallado en su superficie, del cual el discípulo creía escuchar el vaticinio crucial sobre el clima, las siembras, las cosechas y crianzas, sobre su pueblo, su familia y sobre su destino personal, respecto a sus preocupaciones más íntimas, así como instrucciones precisas sobre qué hacer para mejorar sus ofrendas, a fin de que en su territorio la vida sea mejor.



El misterioso y supuestamente poderoso totem EL LANZÓN

Tales directivas de la deidad no eran más que parlamentos de los sacerdotes chavines, también drogados, que eran pronunciados como órdenes desde cubículos adecuados, procedimiento ancestral que usaron todos los llamados oráculos de la antigüedad para engatusar, embaucar y manipular a los creyentes, desde el poder.

Las profecías. La principal preocupación de los «peregrinos», en particular de curacas, jefes de ayllus y de etnias, era que el dios–oráculo chavín, cuatro meses antes del inicio de la temporada de preparación de tierras y siembras en los Andes o en la costa, les avisara si iba a llover adecuadamente o si venía un diluvio o la sequía, si el ganado pariría y si se lograría abundante pesca en el litoral. Los jerarcas querían saber también novedades específicas sobre sus comarcas, y deseaban, además, implorar al todopoderoso gracias personales y colectivas.

Para eso llegaban en largas caravanas de llamas portando productos alimenticios, tejidos valiosos, cerámica fina, piezas de orfebrería de oro, plata y cobre y otros bienes exóticos de sus zonas. También llevaban enemigos hechos prisioneros y jóvenes elegidos para ser sacrificados al dios como ofrendas a cambio de su favor y luego ofrecidos como platillos de banquetes caníbales descritos con pruebas científicas por el sabio Luis Lumbreras.

Con las respuestas, los gobernantes regionales y locales podían decidir con alguna certeza el inicio, postergación o cancelación de las siembras, así como disponer el aumento de sus reservas a distribuir en caso de peligro.

El antropólogo Alfonso Klauer, en su obra “El Mundo Pre – Inka: Los abismos del cóndor” (2006), afirma que los chamanes chavín sabían más o menos cómo se desarrollaría el clima por las siguientes condiciones de la evolución del mullu o caracol Spondylus en el fondo marino, frente a la costa del actual Ecuador:

  1. Si la especie adelantaba su reproducción a agosto y setiembre, y

  2. Si antes de que las aguas del Pacífico Sur empezaran a calentarse por encima de lo normal, las conchas Spondylus adquirían un color rojizo cada vez más intenso.

Estas dos señales advertían a los pescadores norteños que se avecinaban problemas climatológicos que destrozarían la vida diaria y, en el mayor secreto, lo transmitían a sus curacas y estos, a su vez, también en secreto hacia llegar muestras de los Spondylus a los shamanes de Chavín.

En cambio, la ausencia de los indicadores eran buenas noticias. Esta red informativa logró mantener ese conocimiento reservado solo a la curia, durante mucho tiempo. Lo único que pudo trascender a los demás fue que el mullu era portador de mensajes divinos, más no el contenido y menos aún el modo de “leerlos”, por lo que el tal crustáceo fue objeto de inestimable valor en forma de abalorios y como elemento sagrado del culto general a la fertilidad.

No obstante, la observación del mullu estaba lejos de determinar la intensidad y duración de las lluvias, desbordes, inundaciones, avalanchas y sequías. No daba para tanto. Por eso, el gran impacto positivo de las predicciones de buen clima era muy beneficioso para el prestigio y poder de los chavines.

Las consecuencias de lluvias intensas y prolongadas de hasta media intensidad podían ser enfrentadas con el stock común de víveres y la organización de más abastecimiento, el uso de refugios seguros y otras medidas de prevención en cada región o comarca.

Pero, a los adivinos chavines, las graves consecuencias de un mega El Niño con una sequía de tres décadas cuya duración no pudieron calcular y menos conjurar con el favor de su dios, les estallaron en la cara. Su credibilidad fue cuestionada y su prestigio empezó a derrumbarse en la centuria de los 500 a.C., porque los jefes vasallos dedujeron que su capacidad de adivinación tenía un límite o que su dios les había maldecido quietándoles su apoyo.

Las pésimas condiciones ambientales y carencia de ofrendas, hicieron que las peregrinaciones fueran imposibles y con eso la subsistencia se debilitó, con el añadido de que los curacazgos de la periferia chavinista empezaron a sublevarse y a desligarse de la teocracia. Fue entonces que un potente terremoto, cuyo fechado preciso y sus consecuencias político-sociales John Rick y su equipo tratan de dilucidar, afectó y casi sepultó una gran parte del «Templo Nuevo» y las demás estructuras. Rick y su gente están seguros de que frenó casi en seco la actividad en Chavín de Huántar, pero quieren precisar la fecha aproximadamente de su abandono final.

Casi un milenio después, otro mega El Niño provocó similares consecuencias en el oráculo de Cahuachi, provocando la caída del poder de la clase sacerdotal nazca y su reemplazo por jefes militares.

Otros componentes de la «Oferta Chavín» eran:

  • La relación exclusiva con la curia del templo, la cual se proyectaba hacia sus respectivas poblaciones como un reconocimiento o legitimación divina de su poder, autoridad y prestigio.

  • La vinculación personal y directa con otros jerarcas (curacas, jefes de ayllus y jefes de etnias) durante la estancia o retiro en Chavín, para resolver problemas, hacer alianzas y aumentar el comercio.

  • La asistencia a ritos públicos que terminaban en fiestas coronadas por banquetes de clausura de las visitas, actividades que, de estar restringidas a los «peregrinos» con acceso, en la etapa arquitectónico-constructiva «Blanco y Negro» pasaron a incluir, probablemente por separado, a los «simples» de otras zonas y a miembros de las comitivas o delegaciones de cada jerarca.

Ritos, festividades, festines o banquetes. No hay un catálogo de los ritos que se oficiaban en Chavín. Además del ritual de consulta oracular, solo son hipótesis los rituales de veneración del agua, al sol, a la luna llena, a alguna conjunción astral y alguno de sanación por ingesta de brebajes. También solo se supone que cada tipo de rito tenía como marco una gran festividad con cantos, música instrumental de percusión, viento y danzas, cuya calendarización es desconocida.

Sí hay pruebas arqueológicas de festines o banquetes, tipo “fin de fiesta”, hasta con platillos de carne y huesos de humanos sacrificados.

Antropofagia sagrada. Apartándose de cierta conducta encubridora de ciertos investigadores proclives a poner “bajo la alfombra”, aspectos chocantes del comportamiento de nuestros pueblos originarios, Guillermo lumbreras, expuso su hallazgo de la práctica de antropofagia o canibalismo de la gran curia chavinense, en lo más alto de su apogeo imperial.

El documental de National Geographic, titulado “El Teatro del más allá”, estrenado el 2 de julio de 2015, apunta a mostrar cómo la teocracia Chavín usaba a fondo el «Templo Viejo» e instalaciones especiales para convencer a curacas y jefes de ayllus vasallos y a quien los altos sacerdotes creían conveniente, que el lugar era un centro de comunicación directa con los dioses y que ellos y solo ellos (la curia chavín) eran sus exclusivos representantes y ejecutores en el mundo.

En el tramo del minuto 33.50 y el 35.39 del documental de Nat Geo, Lumbreras confirma personalmente que durante su excavación en el «Templo Viejo», a nombre de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, específicamente en la “Galería de Ofrendas”, halló un cúmulo de huesos y otros materiales, entre ellos huesos humanos correspodientes a ocho individuos: tres adultos, dos adolescentes, dos infantes y un neonato.

El antropólogo físico, José Baraybar, tras analizar los restos humanos, confirmó que los huesos habían sido cocinados, otros asados y rotos por masticación. Lumbreras narró que cuando Baraybar comunicó sus hallazgos, ambos sonrieron y estuvieron de acuerdo en que los chavines hicieron sacrificios humanos y, además, realizaron comilonas caníbales, como parte de su política de fidelización de los jerarcas visitantes.

Esta política consistía en que los jerarcas «peregrinos» entregaran como ofrendas sacrificiales, personas jóvenes o niños y prisioneros de guerra. Después de eso, los “bendecidos” por el dios chavinense y la curia disfrutaban de opíparos banquetes de culto y adhesión sin condiciones, en los que se servía potajes y platillos con los restos de los sacrificados.

Lumbreras ya había fundamentado esta práctica en su ensayo, “Un Formativo sin cerámica y cerámica preformativa”. 2006”, anotando que, desde antes de Chavín, el canibalismo fue una costumbre común de la Cultura Sechín, lo que quedó grabadp en los macabros frisos líticos de Cerro Sechín: “El muro con los granitos grabados parece representar una enorme carnicería, en la que guerreros o verdugos de Sechín deshacen cuerpos humanos, ya sea como parte de sacrificios o de prácticas guerreras antropofágicas. La evidencia arqueológica indica que el canibalismo (resalte nuestro), iniciado a fines del tercer milenio, se había generalizado en esta época y estaba asociado consistentemente a la vida de todas las poblaciones. Cieza de León (1553), de su viaje por el norte de Colombia, describe escenas que coinciden mucho con la iconografía de Sechín, con una antropofagia asociada a la guerra en la región del Cauca, envuelta en estas prácticas de manera casi doméstica, en donde, al parecer, se consumía a los vencidos al final de cada batalla en el campo y en casa”. Nada quedaba para los buitres y gusanos.

En Festines y poder en Chavín, 2014, el arqueólogo peruano, Christian Mesía Montenegro, miembro del equipo de Rick, detalla que en sus excavaciones en el gran basural del Sector Wacheqsa del sitio Chavín, recuperó evidencias arqueológicas de festines supracomunales que habrían tenido lugar en la «Plaza Cuadrada Hundida», localizada frente al «Templo Nuevo», con capacidad para 1 500 personas, así como en la «Plaza Circular Hundida», frente al «Templo Viejo», capaz de albergar unas 500 personas y ambas construidas en la fase arquitectónica Blanco y Negro, entre el 800 y 550 a.C. Un tercer lugar pudo ser una probable plaza, hallada recientemente por John Rick, al norte del Edificio D.

En las plazas se realizaban las fases públicas previas a los rituales secretos de Chavín de Huántar, probablemente, simultáneamente, pero para distintos rangos de concurrentes, de tal modo que solo los elegidos ingresaban a la «Plaza Circular Hundida» y de ahí al «Templo Viejo» para recorrer galerías y corredores participando en las actividades previas a la llegada a la Galería del Lanzón.

Luego de que todos los «peregrinos» de la temporada cumplían con el ritual, los demás concurrentes segregados asistían a los festines finales en sus mismos lugares, al mismo tiempo. Después los desechos de eso que hoy se describe como «tremendas juergas», con abundante droga, eran acopiados para ser depositados en el basural del Wachesqa.

Los vestigios hallados por Mesía son:

Cerámica janabarroide, término que designa a toda la alfarería chavín, distinta a la del estilo inicial llamado Urabarriú, debido a la aún imprecisa definición de Richard Burger sobre la cerámica del final de Chavín, a la que nombró, Janabarriu.

De todo el Sector Wacheqsa, fueron recobradas 3 020 piezas, correspondientes a seis tipos de vasijas, de las cuales, las jarras, las ollas sin cuello y los cuencos están en todo el lugar ; pero, las botellas, vasos y platos estaban solamente en el Basural. Es evidente que este menaje culinario no tiene connotaciones religiosas, como si la tiene el conjunto cerámico hallado por Lumbreras en la Galería de las Ofrendas y que, en su gran parte, procede de fuera de Chavín de Huántar.

Restos de fauna, compuestos por gran cantidad de huesos de camélidos y de otras especies comestibles.

Parafernalia narcótica, compuesta por pequeñas cucharas fragmentadas y tubos de hueso pulido de diferentes tamaños que indican el consumo autoadministrado de la droga en forma de polvo, proveniente de la semilla del árbol de la Vilca o Anadenanthera, durante los festines. Instrumentos similares han sido recuperados en «La Banda»

Productos exóticos, entre los que destacan moluscos del litoral, puntas de proyectil de cuarcita y cuentas de crisocola, una quena, collares de hueso, restos de maíz, gramíneas, cucurbitáceas, tuberosas, legumbres, frejol, calabaza.

Fragmentos de frisos, muros, pisos y columnas. Los desechos fueron producidos por el consumo colectivo de alimentos y bebidas en festines supracomunales, durante el Formativo Tardío.

Otro componente de la «Oferta Chavín», fue:

  • La participación de las comitivas, que constituían verdaderas caravanas de llamas cargadas con las ofrendas del curaca o jefe al templo y con diversos productos para el intenso intercambio comercial que se realizaba en el pueblo o en las zonas Wachesqa o en La Banda, al otro lado del Río Mosna.

¿QUÉ EXIGÍA CHAVÍN A SUS «PEREGRINOS»?

La contraparte de la «Oferta Chavín» o las exigencias que debían cumplir sus devotos peregrinos, eran:

  • Fidelidad total a la religión, creencias mágico-astrales o como se llamase en aquel tiempo el conjunto de ideas y actividades que proclamaba y predicaba el santuario.

  • Su réplica fiel en los pueblos de sus respectivas demarcaciones, sin la exclusión de creencias locales.

  • La entrega periódica y obligatoria de información sobre el estado y la evolución del clima en sus respectivos territorios, en particular sobre las condiciones de las lluvias, de los caudales de los ríos y de la pesca en el litoral.

  • El aporte de ofrendas en productos de alto valor para la manutención de la curia.

  • El suministro de mano de obra para la ampliación y mejoramiento de los edificios de Chavín.

  • La entrega de varones y mujeres para sacrificios humanos en rituales con los «peregrinos» con acceso a recintos restringidos.

Sigue en la parte cuatro

sábado, 8 de agosto de 2026

 Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Dos.

EL DESCUBRIMIENTO DE SU
ETAPA PRE CERÁMICA Y
SU IMPACTANTE NUEVA
CRONOLOGIA DE CINCO ETAPAS
Conozca de dónde la curia chavín importó su modelo
arquitectónico y constructivo monumental de piedra

Edificio A o templo nuevo de Chavín de Huántar, desde el este.

Expuestos los antecedentes económicos, sociales, religiosos y arquitectónico-constructivos de Chavín de Huántar en la parte uno, veamos ahora el tema crucial de su evolución cronológica o su «Línea de tiempo» desde su surgimiento, crecimiento, desarrollo-auge hasta su declinación, lo que en arqueología consiste en la «Cronología absoluta».
Debemos señalar que, a la fecha, hay un gran avance, pero no todo está dicho.
CRONOLOGÍAS PREVIAS Y LA ÚLTIMA DE DATACIÓN MODERNA

DE JOHN ROWE
Fue publicada en 1962 y ampliada en 1967, con base en la cerámica y arte lítico.
• ETAPA A – Chavín Temprano: inicio del estilo Chavín, caracterizado por la creación de sus primeras obras en piedra y cerámica.
• ETAPA B – Chavín Medio: su mayor apogeo y expansión, cuando consolida su iconografía clásica, incluyendo al icónico «Lanzón».
• ETAPA C – Chavín Tardío: o final, caracterizado por una mayor complejidad en los diseños y el cambio a nuevos estilos regionales, por ejemplo al estilo contemporáneo de las fases finales de la Cultura Paracas.
DE RICHARD BURGER
En 1981, sobre la base de sus excavaciones en Chavín de Huántar, entre 1975 y 1976, el arqueólogo estadounidense Richard Burger publicó su cronología cerámica relacionada con algunos fechados por radiocarbono obtenidos en sus pozos del pueblo actual de Chavín de Huántar y otras áreas circundantes del santuario.
Fase Urabarriu (850-460 a.C.) Con vigencia de la cerámica Urabarriú
Fase Chakinani (460-390 a.C.) Con vigencia del estilo cerámico Chakinaki.
Fase Janabarriu (390-200 a.C.) con vigencia de la alfarería denominada por Burger como Janabarriu.
En 2019, respondiendo a las críticas y objeciones a su cronología, Burger publicó una nueva cronología como resutado de datacion por Espectrometría de Masas con Aceleradores (AMS, en inglés), del colágeno extraido de los restos de fauna recuperados por él en sus excavaciones de 1975. Sus nuevos fechados son:
Fase Urabarriu, del 950 al 800 a.C.
Fase Chakinani, del 800 al 700 a.C., y,
Fase Janabarriu, del 700 al 400 a.C.
DE LUIS LUMBRERAS.
En 1989, Lumbreras, planteó su última cronología cerámica y algunos fechados radiocarbónicos:
Etapa Urabarriu (1 200-800 a.C.) Con vigencia del «Templo Viejo» y el uso de esta alfarería.
Etapa Ofrendas (800-600 a.C.) Con la vigencia del «Templo Viejo», pero con tránsito al uso del estilo cerámico «Ofrendas» que produjo piezas artísticas de alta calidad.
Etapa Chakinani (600-400 a.C.) Vigente desde la entrada en funcionamiento del «Templo Nuevo» .
Etapa Rocas o Janabarriu (400-200 a.C.) Vigente también durante el funcionamiento del «Templo Nuevo», con la nueva alfarería «Rocas» o «Janabarriú».

LA NUEVA CRONOLOGÍA DE RICK Y SU EQUIPO
La más reciente investigación sobre la datación de los principales vestigios de la Cultura Chavín, corresponden al Proyecto de Investigaciones y Conservación de Chavín de Huántar, iniciado en 1995, a cargo del arqueólogo estadounidense John W. Rick y su equipo: Christian Mesía, Daniel Contreras, Silvia Kembel, Rosa M. Rick, Matthew Sayre y John Wolf. El proyecto ha acumulado 83 registros de fechados radiocarbónicos dentro y fuera del compejo.
El amplio trabajo cuenta con el apoyo de la Universidad estadounidense de Stanford y de la Empresa Minera Antamina.
Se debe resaltar que la cronológica Stanford-Rick incluye datación de la arquitectura y de la construcción, de la cerámica, con apoximaciones a la evolución de la ocupación humana, del arte lítico y de la ideología chavinistas.
Debido a que Rick y su equipo aún tienen serias dudas sobre los análisis estilisticos de la cerámica atribuible directamente a los chavines y sus criterios de clasificacion, han optado por agruparla en dos grupos: «Pre Janabarroide», equivalente a Janabarriu y «Janabarroide», denominacion que comprende a los demás estilos identificados por otos investigadores.
En su presentación del 2009 de los resultados obtenidos entre los años 2 000 y 2 009, Rick recién dio a conocer públicamente la nueva cronología arquitectónico-constructiva y cerámica del centro ceremonial que se resume en el siguiente gráfico:
Gráfico 2
Cronología moderna de la Cultura Chavín


Actual modelo cronológico para Chavín de Huántar. Correlaciona las fases del
Formativo, la arquitectura y la cerámica- a.n.e.= a.C. (Gráfico: John W. Rick).

APROXIMACIÓN A UNA ETAPA PRE CERÁMICA
Los hallazgos de Rick y su equipo, entre los años 1994 y 2009, detectaron una ocupación humana precerámica importante correspondiente a los años 3 500 y 3 000 a.C., así como durante un último tramo, en el 2 150 a.C., del sub periodo Arcaico Tardío. Esto ha mejorado considerablemente el conocimiento de la fase pre cerámica del sitio Chavín.
De este lapso hay los siguientes fechados: 3 500/3 000 a.C. – 3 350/2 900 a.C. – 2 450/2 150 a.C., obtenidos de fogones hallados en excavaciones de Ciudad Chavín de Huántar.
Este fue un segundo descubrimiento de evidencia de ocupación pre cerámica que ocurrió durante la excavación en un costado de la actual iglesia de la plaza de armas de dicho pueblo. A 7 metros de profundidad fue recobrado un conjunto de fogones sencillos y gran cantidad de desechos líticos de cuarcita, puntas enteras y fragmentadas, pre formas, núcleos y otros instrumentos unifaciales de piedra.
Dos de tres muestras de carbón de dos fogones dieron el rango de 3 350 a 2 900 a.C.; la tercera, arrojó el resultado de 2 450 a 2 150 a.C. los que confirman la ocupación pre cerámica de esta área del pueblo, continua y larga, por lo menos, desde el 3 500 a.C hasta el 2 000 a.C.
Aunque en capas estratigráficas más profundas en otras unidades de excavación también fueron recobrados instrumentos líticos, no se encontró ningún vestigio pasible de ser fechado.
El primer hallazgo sobre la ocupación pre cerámica de Chavín de Huántar dio como resultado los fechados: 2 850 a.C./2 600 a.C. extraidos de vestigios del sector La Banda, ubicado al frente en la margen derecha del rio Mosna. Allí, en el año 2003, durante la excavación dirigida por el colaborador de Rick, el arqueólogo Jhon Wolf, recuperaron un apreciable conjunto de puntas proyectiles de cuarzo y sílex, huesos de venado y herramientas de piedra pulida.
Mediante radiocarbono y luminiscencia ópticamente estimulada – OSL, fueron datados con una antigüedad de entre los años 2 850 y 2 600 a.C. En otra excavación, a poca distancia, fueron desenterrados un fogón cuadrangular de piedra dotado de un ducto de ventilación, como los de la Tradicion Mito – vigente desde el 3 600 a.C. en los orígenes de la Cultura Sechín– e instrumentos de piedra lascada. Estos hallazgos corresponden al lapso de la transición entre los sub periodos pre cerámicos Arcaico Temprano y Arcaico Tardío.
Durante este trance el sitio Chavín de Huántar habría sido solo un asentamiento semi sedentario más y, después sedentario, de grupos humanos que estaban empezando a organizarse en los valles de los Andes de lo que es hoy Huánuco, Ancash, La Libertad y Cajamarca.
Sin embargo, a pesar de que los fechados correspondan solo a dos áreas, da la impresión de que fueron ocupaciones duraderas en todo el Periodo Arcaico, en particular en el sub periodo final o tardío.
Sobre los dos cuencos líticos recuperados en el 2019 por Rick y su equipo del interior de una galería antiquima del Templo Viejo, el investigador aún no ha confirmado plenamente si el recinto y laas dos ofrendas corresponden al estadio pre cerámico del sitio.
Del lapso cerámico, correspondiente al Formativo Temprano, obtuvieron el siguiente fechado: 1 300 a.C. proveniente de vestigios de alfareria estilo «Kotosh–Kotosh», en Chavín de Huántar.
Se debe anotar que de toda esta valiosa datación surge un notable lapso de 900 años, entre los años 2 200 y 1 300 a.C. de contenido desconocido, entre el Arcaico Tardío y el probable inicio del desarrollo arquitectónico monumental ceremonial de la sociedad Chavín, varias centurias después de que la cerámica había surgido en la selva del Ucayali y en la costa norcentral.

Instante en que el propio John Rick extrae del recóndito interior del Templo Viejo de Chavín el cuenco de piedra con figura del cóndor, de una antiguedad probable de más de 3 mil años, correspondiente a la etapa pre cerámica del lugar. (Foto cortesía programa Resumen Semanal de Latina TV)


Segundo cuenco de piedra hallado en la hoy llamada Galeria del Cóndor,
la cual correspondería a la etapa pre cerámica de lo que
despues fue el sitio ceremonial Chavín de Huántar.


NUEVA SECUENCIA CRONOLÓGICA DE CHAVIN DE HUÁNTAR

1. ETAPA MONTÍCULO SEPARADO: 1 200 – 1 100 a.C.
Aún por confirmar los investigadores consideran al año 1 200 a.C. como la fecha convencional del inicio de la arquitectura monumental, es decir lo que Rick y su equipo llaman la Etapa de los Montículos Separados y de las expresiones culturales arquitectónicas, constructivas, alfareras, agrícola, ganadera, religiosa y artística de la Cultura Chavín.
El inicio de la arquitectura monumental fue la construccion de una plataforma original simple y baja, tal vez decidida por los ayllus del sitio y del entorno, probablemente aún en la etapa pre cerámica de la zona. Impulsados por la ideología de la renovación constante de la vida, los pobladores agregaron, poco a poco, la Sección Nor Este y, posiblemente, el Edificio Bajo C o una versión temprana del mismo y algunos otros edificios menores.
El siguiente gráfico resume el pre cerámico chavín, conocido en la actualidad.

EL ASENTAMIENTO CERÁMICO «KOTOSH-KOTOSH» PRE CHAVÍN
Este tema es otro avance considerable en el conocimiento del surgimiento de Chavín de Huántar y del periodo Formativo Temprano andino.
El arqueólogo Richard Burger había asegurado en 1998, sin que nadie le contradijera que, “considerando lo mucho que se ha investigado en Chavín, es improbable que exista un asentamiento pre Urabarriu importante”. Es decir, antes de los tiestos urabarriu, no podía haber otros, pues esta fase cerámica está vinculada al espegue de Chavín de Huántar, a partir del 1 200 a.C., en forma de un pequeño asentamiento de quizá cien o más individuos cazadores, pescadores, horticultores, incipientes textileros y ceramistas de rústicas ollas sin cuello y cántaros de color rojo gris, con gruesos bordes y decoraciones simples, de producción mínima y dispersa, de poca demanda.
Hasta 1998 había solo hipótesis sobre una ocupación cerámica anterior a lo ya reconocido, cuya base eran restos cerámicos y líticos obtenidos por la arqueóloga Rosa Fung en sus excavaciones de 1974 en la zona del Río Wacheqsa, los cuales no habían sido estudiados debido a su injusto y discriminador despido del proyecto que ejecutaba la Universidad de San Marcos. Fung solo logró almacenar los testimonios en el Museo de Arqueología y Antropología de la universidad.
Rick y su equipo estudiaron a fondo el material acopiado por Fung y sus propios vestigios recuperados de la zona del río Wacheqsa y demostraron que Burger se habia equivocado.
El resultado fue sorprendente: Identificaron materiales cerámicos similares a los de la Cultura Kotosh, de Huánuco correspondientes, específicamente a su fase «Kotosh–Kotosh», la tercera de las siete fases cronológico-cerámicas de los kotosh huanuqueños, que abarca, aproximadamente, desde la centuria de 1 300 a.C. hasta la de los 700, cuando sellaron sus templos y encima construyeron nuevos.
Los vestigios cerámicos Kotosh–kotosh, revelan, sin lugar a dudas, una ocupación alfarera más antigua al año 1 200 a.C.
Saber que existió una ocupación con cerámica Kotosh temprana en el sitio Chavín de Huántar, es crucial para entender cómo surgió y despegó la Cultura Chavín y su cabal posicionamiento temporal y social entre el sub periodo Arcaico Tardío y el Periodo Formativo.
Rick y su equipo sospechan que, después o durante la ocupación Kotosh–Kotosh, la construcción de la primera plataforma simple y baja del «Templo Viejo», y sus instalaciones conexas, empezó, aproximadamente, en la centuria de los 1 200 a.C., de modo lento. Con el crecimiento de la poblacion y del prestigio de las divinidades que allí se adoraban, sus acabados, remodelaciones y la edificación de nuevos edificios se prolongaron por unos 400 años y durante los siguientes 300 los chavinenses hicieron refacciones y algunas ampliaciones menores.

ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN CON FORMAS IMPORTADAS.
No hay fechados modernos sobre la arquitectura del pre cerámico Chavín. La evidencia sugiere que para esa actividad los chavines aplicaron la forma o diseño de las plataformas cuadradas o rectangulares de piedra con argamasa de barro de la antiquísima «Tradición Mito» de la sierra circundante, a donde se había difudido desde Sechín Bajo, en Casma. También replicaron sus recintos en el primitivo rectángulo interior del «Lanzón», según Richard Burger y Lucy Salazar.
También han sido observadas similitudes con formas y modos de construcción más antiguos de los sitios La Galgada (Ancash) y Kotosh (Huánuco), particularmente, entre las galerías de Chavín y las cámaras rectangulares de estos dos sitios, según el siguiente detalle:
• Las paredes de las galerías enlucidas de Chavín, son similares a las paredes interiores de las cámaras ceremoniales de La Galgada que están revestidas de barro y pintadas de blanco y negro.
• La plataforma del área y galerías de la esquina noreste del edificio Nor Este A, se asemeja al de La Galgada en su construcción y forma como edificio independiente.
• Los nichos de la «Galería Alacenas», una de las más antiguas de Chavín, se parecen a los de las cámaras rituales de La Galgada, por ser pequeños, numerosos y por estar ubicados muy juntos alrededor de las paredes de las dos cámaras de la galería.
• El rectángulo interior del «Lanzón», probablemente mejorado durante la ampliación del «Templo Viejo» en la siguiente etapa, se asemeja a las numerosas cámaras rectangulares de Kotosh, en particular a la del «Templo de las Manos Cruzadas», así como a la cámara rectangular del edificio sur de La Galgada.
• Estos componentes más el sistema de ventilación de la Galería del Lanzón corresponde exactamente al de la «Tradición Mito», así como el propio monolito ocupa el centro del recinto en lugar del fuego sagrado permanente de los kotosh., tiene su antecedente indiscutíblemente más temprano en los edificios de piedra y barro de la Cultura Sechín, que se acentó en las zonas media y baja del valle de Casma.
• En el exterior, la tosca mampostería chavín, compuesta por grandes piedras de cara plana intercaladas con juntas y, aparentemente, revestidas con piedra y lodo, es similar a la mampostería exterior de La Galgada.
• Hipotéticamente se cree que, la forma costeña de conjuntos de tres edificios de planta en «U» que pudieron constituir tempranamente el «Templo Viejo» original o Edificio B, el Edificio C y La plataforma de la Sección Nor Este, respecto del «Templo Nuevo», procedería también de La Galgada, considerando que en su etapa tardía sus pobladores levantaron una estructura en «U» que corresponde a la transición del Período Arcaico al Formativo Temprano. No obstante, otra alternativa es que provendría de la costa central de los pueblos de entre los valles de los ríos Huaura y Lurín.
• La plataforma original del «Templo Viejo» y la del área y galerías de la Sección Nor Este del «Templo Nuevo» también comparten similitudes con formas arquitectónicas costeñas pre cerámicas, como las de «Las Haldas», plasmadas en sus edificios de plataformas rectangulares o adosados ​​a las laderas, con lados inclinados revestidos de mampostería y aterrazados y recintos en la cima como patios y habitaciones.
A esta etapa corresponden las fases arquitectónico–constructivas de la 1 a la 4 caracterizadas por la construcción de edificios separados o independientes, con diseño de plataforma rectangular, de recintos al descubierto como el del «Lanzón» – efigie que, probablemente, estaba en proceso de tallado– y la recientemente descubierta «Galería del Cóndor», datada de hace 3 000 años de antigüedad en el interior del «Templo Viejo» original.
Todos los componentes arquitectónicos, de litoescultura y cerámica fueron construidos durante la posterior etapa cronológica Blanco y Negro, cuando terminaron las construcciones monumentales en el complejo chavín.
En 1998, para su informe conjunto sobre, La arquitectura del complejo ceremonial de Chavín de Huantar: documentación tridimensional y sus implicancias, John W. Rick, Silvia Rodriguez Kembel, Rosa Mendoza Rick y John A. Kembel, tras 21 semanas de trabajo entre 1995 y 1998, hicieron el levantamiento de planos tridimensionales de los edificios, de la topografía, de las galerías y realizaron ocho excavaciones.

CERÁMICA.
Los primeros chavinenses resultan vinculados a la cerámica de la fase Kotosh–Kotosh, de la cultura huanuqueña Kotosh, aunque aún no se sepa con certeza si ésta fue antecedente o contemporánea de la alfarería Urabarriu que predominó en adelante hasta la Etapa Blanco y Negro.
En esta situación hay quienes creen que Urabarriu es alfarería “Kotosk –Kotosh”, de amplia difusión durante el fin del Arcaico e inicios del Formativo, en el ámbito de la Tradición Mito, en el Cañón de rio Santa, en el Callejón de Conchucos, en Ancash, así como en el Alto Huallaga, en Huánuco.
En ciudad Chavín de Huántr, la cerámica Urabarriu fue identificada entre 1975 y 1976 por Burger como la más antigua de la cultura Chavín; supuestamente encasillados en estratos menos antiguos, halló tiestos a los que nombró como Chakinani y Janabarriu y proclamó su ya expuesta cronología de Chavín. Pero, la supuesta estratigrafía mostraba los distintos estilos alfareros, como si hubiesen cambiado en el tiempo, repentinamente, algo imposible en la cultura material.
Por eso Lumbreras sostuvo que podría existir tiestos urrabarriu más antiguos, tanto bajo Ciudad como del santuario Chavín de Huántar, en zonas en las que es muy difícil excavar.
En consecuencia, en 1993 planteó la hipótesis de que la construcción del centro monumental habría comenzado antes de la fase cerámica Urabarriu, cálculo que se mantiene abierta hasta hoy la posibilidad de que el inicio de la construcción de Chavín pudiera ubicarse en el Periodo Arcaico (1800–900 a.C.), por los siguientes factores:
• La duración y complejidad de la secuencia previa a la construcción monumental durante la etapa Blanco y Negro que finalizó alrededor del 750 a. C.
• La complejidad de las primeras construcciones de galerías de la plataforma Nor Este del edificio A o «Templo Nuevo», en particular de la Escalera de la Escalinata, lo que sugiere una experiencia previa en la construcción de galerías y escaleras internas.
• Los antecedentes de las primeras fases arquitectónicas en la sierra circundante y la alta probabilidad de que edificios anteriores hayan quedado cubiertos por los más recientes y conocidos.

OCUPACIÓN.
La nueva secuencia de Chavín, también plantea la revisión del conocimiento sobre el patrón poblacional de la zona, sobre la base del fechado del fin de la construcción monumental en el año 750 a.C., su desestabilización física hacia el 500 a.C., seguida de su colapso físico, desuso y cambios de su función.
La evidencia de radiocarbono sugiere, de manera genérica, que el patrón poblacional vinculado a la cerámica urabarriu coincidió con la construcción y el uso expansivo del centro monumental y fue una ocupación muy limitada y restringida respecto al área que rodea al núcleo ceremonial.

Plano general de los componentes arquitectónicos del Complejo ceremonial Chavín de Huántar


2. ETAPA EXPANSIÓN
De 1 100 al 900 a.C.
ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN
En esta etapa empezó la construcción del «Templo Nuevo», también en forma de la plataforma que, gradualmente. Abarcó las secciones, Nor Oeste, Nor Oeste Alta, Central y Extremo Sur, probablemente al mismo tiempo que la plataforma Oeste B– Central B.
Estas plataformas, en conjunto, conectaron el «Templo Viejo» con la Sección Nor Este del «Templo Nuevo» y progresivamente expandieron a este último hasta su máxima extensión sur con las secciones Central Alto, Extremo Sur y la Extremo Sur Alta.
El Atrio de la Plaza Circular Hundida fue construido después de la Sección Nor Este A. Es probable que en esta etapa concluyera la construcción del Edificio C Inferior.
En suma quedaron separadas físicamente el «Templo Nuevo» y el «Templo Viejo», este último con su Atrio y Plaza Circular Hundida.

CAMBIO DE ORIENTACIÓN GEOGRÁFICA
Todos los edificios, incluyendo el «Templo Viejo», menos el Edificio Alto C, fueron orientados hacia el este.
En esta etapa, probablemente también terminaron de esculpir la gran efigie lítica del «Lanzón» en su lugar, aún al descubierto, el cual, después fue convertido en un recinto cuadrado de piedra y barro, techado precariamente con paja y ventilado al estilo Kotosh.
En la edificación del «Templo Nuevo» aplicaron el artístico bloque de cornisa con figura felínica y, tal vez, avanzaron también con el edificio C, abarcando un gran volumen y superficie de plataformas escalonadas con galerías de formas y características elaboradas, todas interconectadas y a las que se accedía, quizá exclusivamente, a través de la «Galería Escalinata».

MANO DE OBRA
Desde esta etapa y en las subsiguientes, la construcción del centro ceremonial requirió mucha mano de obra para hacer las grandes plataformas escalonadas y sus galerías internas, pero, sobre todo, para la extracción y el transporte de enormes piedras desde las canteras hasta los edificios nuevos, lo que señala también que, los líderes en Chavín fueron capaces de convocarla, organizarla y mantenerla hasta la Etapa Blanco y Negro.
Esta etapa comprende las fases constructivas 5 y 6 durante las que habrían sido construidas la «Galerías de los Caracoles» y la «Galería de las Dos Columnas», con expansión interna mediante pasajes oscuros y laberínticos, continuando la construcción del «Templo Nuevo».
CERÁMICA.
La cerámica «janabarroide» se generalizó y estableció su predominio.

3. ETAPA CONSOLIDACIÓN
De 900 a 800 a.C.

ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN
La Etapa de Consolidación, incluyó las adiciones del «Templo Nuevo» para convertirlo en una gran plataforma rectangular, incluyendo las secciones Nor Este A–Alto, Extremo Sur y Central Alta; Es probable que el Edificio C Alto hay sido construido al final de esta etapa.
En esta etapa de consolidación, el «Templo Viejo» que estaba desde su origen orientado hacia el norte, fue cambiado de orientación hacia el este.

PLANTA EN U
Al final, con el primer edificio tipo plataforma agregado al sur del «Templo Viejo» y la construcción de una segunda plataforma a su costado, se logró finalmente la forma en «U» entre el «Templo Viejo, el unificado «Templo Nuevo» y los dos edificios que flanquean el norte y el sur de la gran plaza cuadrada hundida.

CERÁMICA.
A esta etapa también corresponde la cerámica «Janabarroide»



Plaza Circular Hundida, frente al templo viejo, escenario de obras de remodelación radical
para las actividades rituales relacionadas con el LANZÓN .

4. ETAPA BLANCO Y NEGRO
De 800 a 500 a.C.

FIN DE LA CONSTRUCCIÓN MOMUMENTAL
Con esta etapa terminó la construcción monumental del santuario Chavín de Huántar y empezó la edificación de áreas al descubierto con plazas hundidas y escaleras abiertas, decoradas con finas obras de piedra, a veces talladas, como la Plaza Circular decorada, el Pórtico Blanco y Negro decorado, la Escalera Blanca y Negra, la Plaza Menor y la Plaza Mayor con sus losas de piedra labrada, con gran simetría. Los patios de las galerías de las etapas anteriores se incorporaron a las galerías añadidas en esta etapa.
Los esfuerzos se concentraron en construir obras de menor volumen, pero de mayor superficie y edificaciones superficiales elaboradas, ricamente decoradas, ejecutadas con precisión y altamente simétricas, que creaban una exhibición visual externa.
También, el diseño usado desde el inicio del santuario de galerías elaboradas, fue reemplazado totalmente por otro estándar, como parte de una reforma constructiva mayor.
La estandarización fue arquitectónica y no por uniformidad de sus funciones. Por ejemplo, la Galería de Ofrendas, solo recibía ofrendas en un área accesible a pocos visitantes; en contraste, las galerías Lanzón Exterior y Laberintos Inferiores, servían de entrada a dos galerías principales, por lo que recibían numerosas visitas frecuentes; pero sus formas son similares.
En esta Etapa fueron construidas todas las plazas conocidas del sitio Chavín: la Plaza Mayor, la Plaza Menor y la Plaza Circular, para lo cual las grandes áreas abiertas y los patios de las galerías fueron cubiertos.

CAMBIO DE USO DE CHAVÍN.
El uso de las galerías continuó, como lo demuestran las galerías del Atrio de la Plaza Circular Hundida, así como las de los Laberintos Exterior y Interior del «Templo Viejo». Pero, debido a la preferencia por recintos más chicos, hasta los patios de las galerías fueron techados para convertirlas en cubículos de este tipo. El acceso a los edificios del centro ceremonial siguió restringido.
El cambio de enfoque en grandes edificios con galerías elaboradas, a espacios amplios al descubierto y decorados con galerías estandarizadas, puede considerarse como un nuevo elemento arquitectónico aplicado al Complejo Chavín.
Al respecto, Silvia Kembel, ha anotado que el cambio del diseño de las obras, fue para aplicar un nuevo modo de uso del Complejo Chavín: se priorizó el empleo de las plazas, terrazas y plataformas para actividades con gran número de personas, como espectadores o como participantes. Ella cree que fue una transición del pequeño «Templo Viejo» y su también pequeña Plaza Circular Hundida, al «Templo Nuevo» y su gran plaza cuadrada, aunque el uso de galerías y patios pequeños para actividades de grupos pequeños con derecho a acceso, siguió.
Kembel agrega que este cambio muy drástico, pues los patios y galerías de todas las plazas conocidas —la Plaza Mayor, la Plaza Menor y la Plaza Circular—, fueron rellenados y cubiertos. En cambio, las actividades masivas, al descubierto, en las grandes plazas y terrazas, se volvieron intensivas.
Respecto a la demanda de mano de obra, las cosas también cambiaron en esta etapa, pues Kembel cree que las obras superficiales y las nuevas galerías requirieron menos.
Kembell también ha confirmado que recién en esta etapa los chavines incorporaron formalmente a su arquitectura el diseños costeño «Plaza Circular Hundida» y la planta en «U».


El enigmático gran LANZÓN.

CAMBIOS IDEOLÓGICOS.
Sobre la relación de esta etapa cronológica y la ideología Chavín, algunos arqueólogos han postulado que la importancia del «Lanzón» había disminuido en ese tiempo, a partir de la supuesta transición del «Templo Viejo» al «Templo Nuevo».
Luis Lumbreras sostuvo en 1993 que los componentes del «Templo Viejo»: la «Galería de las Ofrendas», la «Plaza Circular Hundida», el «atrio» y sus galerías circundantes, «Campamento» y las «Caracolas», fueron construidas en esta etapa, en una sola fase como un complejo funcional.
Kembel, por su parte, ha contradicho a los que argumentan el declive de la adoración al «Lanzón», arguyendo que sucedió todo lo contrario, pues las obras de mejoramiento del «Templo Viejo» y sus exteriores se debieron, precisamente, a un ciclo de crecimiento del culto a la divinidad representada por el enorme ídolo de piedra.

CERÁMICA.
En materia alfarera a esta etapa corresponde la fase final o tardía de las cerámicas «janabarroides», Urabarriu y Ofrendas y su paulatino reemplazo, primero por el estilo alfarero Chakinani y, después, por Janabarriu.

ARTE LÍTICO.
En lo que respecta a desarrollo artístico, las esculturas del Portal Blanco y Negro o Portal de las Falcónidas, compuesto por las dos figuras felinas-aviares en las columnas y las figuras también de aves en la cornisa que las cubre, así como el atrio, las esculturas de la Plaza Circular Hundida y las galerías, fueron esculpidas o construidas tardíamente, aproximadamente durante el año 750 a.C., también durante la Etapa Blanco y Negro.
El portal Blanco y Negro tiene una gran carga iconográfica sobre la dualidad religiosa chavín. Debe su nombre a los materiales utilizados. La columna y dintel del lado norte están construidos con piedra calcárea de color negro, mientras que la columna sur fue edificada con bloques de granito blanco. En cada columna se encuentra tallada la figura de un ser con rasgos de ave rapaz (por ello también se le llama Portal de las Falcónidas), el cual sostiene en sus manos varas o báculos ceremoniales.

El gran Portal de las Falcónidas, entrada hacia el templo nuevo.

OCUPACIÓN.
Sobre la población residente en Chavín de Huántar, aún en esta etapa de auge de la construcción nunca habría sido lo suficientemente grande como para proporcionar la mano de obra necesaria para construir los componentes del centro ceremonial, sobre todo, los especialistas como sacerdotes, supervisores de obras, constructores, albañiles, extractores de piedra y escultores. La escala y complejidad del santuario implican la existencia de una gran población de apoyo que procedía del excedente laboral y agrícola de aldeas y pueblos contemporáneos en las cercanías de Chavín de Huántar y quizá de cuotas aportadas desde lugares más alejados.

5. ETAPA DE SOPORTE
De 505 a 310 a.C.
Solo comprendió obras de respaldo en el area este, en el Atrio del «Templo Viejo», en la fachada oeste del Edificio C y en la fachada oeste del «Templo Nuevo».

CONSTRUCCIÓN.
Ya no hubo más obras monumentales adicionales. Solo realizaon trabajos de soporte o de ocultamiento de zonas afectadas en diferentes áreas del sitio, en medio de –según los vestigios– de una grave crisis política, social y económica y cese de actividades ceremoniales, como preludio del abandono del sitio.
En esta etapa, otras muestras fechadas del centro ceremonial provienen de escombros y despojos localizados en el Atrio cerca de la Plaza Circular Hundida (principalmente pedazos de yeso desprendido de las fachadas de las paredes del entorno, cerámica rota, huesos rotos de animales, instrumentos y desechos de piedra, además de algunas piedras pequeñas), de origen posterior a la construcción de esa obra en la Etapa Blanco y Negro.

CERÁMICA.
Una muestra de radiocarbono del atrio al mismo nivel del suelo de la Plaza Circular Hundida, obtenida por Lumbreras data del año 430 a.C. y está vinculada a la cerámica Janabarriu o Rocas. Las muestras de Rick del mismo sitio arrojaron las fechas, 445 a.C. y 310 a.C. lo que indica que los escombros del atrio y de la plaza, corresponden hacia el año 430 a.C.

OCUPACIÓN.
No se hallaron evidencias de recintos habitados, aunque solo se excavó entre el 10 % y el 15 % de la superficie frontal del «Templo Viejo». El lugar, designado como Nivel H, habría sido sellado por los escombros de un derrumbe de una parte del Templo; se asentaron sobre el suelo y la terraza de la plaza. Por eso construyeron un muro contiguo al templo para contener el deterioro u ocultarlo. Lumbreras supuso que tal relleno indicaba el abandono de esta parte del centro ceremonial, pues, además en sus excavaciones halló evidencia del derrumbe y del ocaso del «Templo viejo» y del «Lanzón».
En esta Etapa de Soporte, un nuevo patrón poblacional vinculado a la alfarería Janabarriu o Rocas tuvo como marco el abandono del sitio por la alta curia chavín y se caracterizó por:
El desuso del muro de piedra que en el norte protegió al centro ceremonial durante toda la ocupación Urabarriú. El drástico aumento de la población de mil a unas tres mil personas aproximadamente, según Burger, con individuos procedentes de las aldeas de los valles y quebradas circundantes y su emplazamiento en el centro monumental, hacia el fondo del valle cerca de la confluencia de los ríos Mosna y Huachecsa ya presencia de cerámica y viviendas domésticas Janabarriu construidas sobre las grandes plataformas, dos de las cuales fueron halladas por Hernán Amat.
En consecuencia, la data del derrumbe es cerca del año 500 a.C., probablemente debido a un poderoso terremoto que marcó el inicio de la Etapa de Soporte, dentro de la cual, el abandono del centro ceremonial empezó el año 450 a.C. y se prolongó hasta el año 310 a.C.
Sigue en la Parte Tres