CULTURA RECUAYIntermedio Temprano o delos Desarrollos Regionales, posterior a Chavín200 a.C. a 700 d.C.
Después del despliegue de la portentosa arquitectura y actividad constructora megalítica de la sociedad teocrática Chavín, durante la mayor parte del Horizonte Temprano o Periodo Formativo de los Andes Centrales, siguió en el territorio del actual departamento de Ancash un periodo de desconcierto y reorganización social que, después, cuajó en una sociedad que ha sido reconocida por su atractiva cerámica caolín blanquecina o crema, con decoración en negativo marrón o naranja y una arquitectura defensiva pétrea de mediana envergadura, correspondiente a la Cultura Recuay, con presencia en los callejones de Huaylas y de Conchucos y una vigencia desde el 200 y al 700 d.C. aunque algunos arqueólogos la prolongan hasta el 900.
Se le conoce también como Cultura Huaylas o Santa
y hay consenso arqueológico respecto a que, unos 300 años después del
hundimiento de la teocracia Chavín, en el Callejón de Conchucos, esta sociedad
solo logró evolucionar hacia un conjunto de curacazgos o pachacas con centros ceremoniales
zonales y una evidente variabilidad cultural material e ideológica.
Existen pocas evidencias que muestren una configuración política de tipo estado y de integración funcional entre los diferentes sitios recuay
Gráfico
1
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PRINCIPALES CULTURAS PERIODO INTERMEDIO TEMPRANO, O DE DESARROLOS REGIONALES Y PRIMERA PARTE DEL HORIZONTE MEDIO |
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Culturas |
Cronología |
Ubicación |
|
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HUARPA |
200 a.C. |
450 d.C. |
Sierra sur |
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RECUAY |
200 a.C. |
700 d.C. |
Sierra norte |
|
CAJAMARCA |
100 a.C. |
750 d.C. |
Sierra norte |
|
NASCA |
100 d.C. |
600 d.C. |
Costa central sur |
|
LIMA |
100 d.C. |
650 d.C. |
Costa central |
|
MOCHICA |
150 d.C. |
700 d.C. |
Costa norte |
|
HUAMACHUCO |
400 d.C. |
1000 d.C. |
Sierra Norte |
1.1. HIPÓTESIS SOBRE SU ORIGEN
La
primera hipótesis y la más aceptada es que fue una reorganización tardía derivada
de los restos de la Cultura Chavín.
Al
respecto, la arqueóloga Bebel Ibarra Asencios, en su reporte, Contextualizando la
Sociedad Recuay: Una visión entre el Callejón de Huaylas y la Sierra Oriental
de Áncash, 2026, afirma que se ha
establecido que Recuay se originó entre los años 50 y 100 d.C. en la sierra
oriental de Áncash, donde la nueva sociedad construyó grandes
plataformas superpuestas sobre estructuras Huarás y Chavín local. La nueva sociedad
estaba compuesta por múltiples grupos sociales que controlaban valles y cuencas
bajo liderazgos locales y compartían algunos elementos comunes como la
arquitectura monumental defensiva con grandes muros de piedra, el uso alfarero
de caolín, la iconografía y la mampostería «Huanca pachilla».
Las
recientes excavaciones en Reparín, ubicado a las orillas de la laguna del mismo
nombre, en el distrito de Cajay y en las que Ibarra participó, permitieron
lograr en el lugar, el más antiguo fechado de una ocupación recuay, entre 25 y
240 d.C., obtenido de vestigios cerámicos caolín y restos de carbón. Recuay
aparece superpuesta a ocupaciones Huarás y Chavín.
Reparín es
determinante porque no presenta ocupaciones posteriores a Recuay o más allá del
240 d.C., por lo que todas sus construcciones tempranas serían Recuay, entre
ellas, las monumentales plataformas superpuestas, la edificación de una Huanca
y la construcción de casas.
Otro
hallazgo a partir de la ubicación de Reparín y su Huanca a escasos 5 metros de
la laguna, es el establecimiento de una temprana relación de los Recuay con el
culto al agua, vínculo que también ha sido identificado entre el edificio Llamacorral
y la laguna de Puruhuay (distrito de Huari).
Sobre
esta base, Ibarra cree que el culto al agua fue un componente importante de la
cosmovisión Recuay a partir de la vinculación de lagunas con sus edificios de
plataformas superpuestas que luego evolucionaron a los Pirushtus o cimas
de cerros que permiten una visión clara de 360 grados.
De
todo lo anterior y de la ausencia de elementos defensivos en Reparín y Llamacorral-
Laguna Puruhuay, Ibarra concluye que el florecimiento de Recuay no fue
resultado de violentas incursiones, sino de un cambio sustancial en la religión
Chavín, en decir en el reemplazo de deidades materializadas en piedras hacia
deidades geográficos como lagunas y
montañas, conservando elementos como las Huancas.
Foto
a. Ruinas y laguna Reparín, supuesto origen Recuay
En
cambio, el arqueólogo Krszysztof Makowsky, en su reporte Recuay, del 2003, afirma
que el origen de la tradición recuay está en el confuso periodo posterior al
abandono de los centros ceremoniales de Chavín de Huántar (Ancash) y Kuntur Wasi
(Cajamarca), cuando la reacción de poblaciones periféricas respecto al ámbito
de influencia directa de estos y otros grandes centros de poder, se hizo sentir
en toda la sierra norte..
Cambios
importantes en la arquitectura, patrón de asentamientos y el decisivo
incremento de la importancia de ganadería de camélidos se relaciona con la
difusión de tradiciones cerámicas “horizonte” Janabarriu, y Blanco sobre Rojo
Huaráz, en el Callejón de Huaylas y Layzón, en Cajamarca. Según Burger y
Grieder en este periodo, se intensificaron los contactos entre la sierra sur y
la sierra norte.
La consolidación del estilo recuay es la consecuencia de nuevas tecnologías textiles, alfareras y metalúrgicas introducidas por la población portadora de las tradiciones cerámicas Blanco sobre Rojo. Y; el ocaso de la tradición recuay guarda relación directa con la difusión de nuevos estilos cerámicos de la Sierra Sur como Chakipampa y Viñaque, correspondientes al fenómeno expansivo Wari.
Posteriormente,
durante los estertores de Recuay, los cambios ocurridos en la fase Cotojirca V
de la secuencia cerámica del Callejón de Huaylas y la fase Usú de Pashash, están
vinculados a la aparición de estilos cerámicos del Horizonte Medio, fase 2B y fase
3, es decir, de la alfarería «Casma impreso», de la costeña Cultura
Casma, reemplazante de los mochicas en esa zona, hasta su conquista por los
Mochick y de la cerámica «Tanguche», del
valle del Santa, correspondiente al Horizonte Medio (Tanguche Temprano)
y comienzos del Periodo Intermedio Tardío, 1000-1100 d.C. (Tanguche
Tardío), equivalente al estilo Tomaval del valle de Virú.
La segunda hipótesis es que no fue una cultura independiente, sino una de las varias entidades políticas que conformaron la confederación mochica. Esta presunción se contradice con su fechado de origen (200 a.C.), 350 años antes de la aparición de Mochica.
2. CRONOLOGÍA
Makowsky vislumbra tres periodos recuay:
2.1.
HUARAZ BLANCO SOBRE ROJO, DEL 400 a.C. AL 0.
La
cronología absoluta se fundamenta para Periodo Huaraz Blanco sobre Rojo en los
fechados provenientes de Chavín. Existe en este caso un traslape con los
fechados asociados a la cerámica incisa Chakinani y Janabarriu.
2.2.
RECUAY, DEL 0 AL 600 d.C.
Para el
Periodo Recuay la data procede de muestras de, Pashash, fases media y tardía de
este sitio, entre el 300 y el 600 d.C.
2.3.
RECUAY-WARI, DEL 600 AL 900 d.C.
Hay fechados recientes de sitios de altura, asociados a la cerámica de orígen costeño del Horizonte Medio: Ancosh Punta, Llaca Amá Caca y Chullpa de Yarcoq. Las fechas enumeradas son congruentes con la cronología absoluta de los estilos foráneos asociados con Recuay, en particular mochica, y con la cronología wari.
3. UBICACIÓN
Y EXPANSIÓN
Los Recuay ocuparon el
valle Callejón de Huaylas, o la zona media (andina)
del valle del Rio Santa; el río es uno de los mayores de régimen permanente en la
vertiente del Pacífico.
El valle corre paralelo al
«Callejón de los Conchucos», extendiéndose entre ellos el ramal central de la
Cordillera de los Andes la que, por sus altos nevados a partir de la Meseta de
Bombón, en Pasco, es llamada la «Cordillera Blanca».
Por tanto, el área de Recuay está muy cerca del que fue centro de la antigua Cultura Chavin hacia el este, el sitio Chavín de Huántar.
Recuay llegó a ocupar gran parte del territorio inmediato de los Chavín. La influencia de la arquitectura chavín perduró en la de Recuay, por ejemplo, en el uso de galerías subterráneas y en el uso de la cantería, así como en el arte de la escultura líticas y las estelas. La cerámica de Recuay también recibió la influencia de la Cultura Mochica.
En resumen, esta cultura floreció especialmente en el Callejón de Huaylas y la margen izquierda del río Marañón. También se extendió a la zonas altas del valle del Santa, de Casma y Huarmey. Hacia el
norte, llegó a la zona de Pashash, en Pallasca. Wilkahuain fue uno de sus
asentamientos más importantes y se cree que fue su centro-capital.
Foto b.
Probable territorio de la Cultura Recuay.
4. INVESTIGACIÓN
En 1874, el dueño de la estancia Rapish, en el
distrito de Recuay, departamento de Ancash, Agustín Icaza comenzó a
apoderarse de piezas cerámicas extraídas de tumbas ubicadas dentro de los
linderos de su propiedad. Cuatro años después, en 1878, añadió a su rapiña
otros 160 alfares del ahora llamado sitio arqueológico de Roko Ama, un cementerio recuay cercano a la localidad de Cátac.
Icaza vendió todas sus vasijas a José
Mariano Macedo, anticuario limeño (1823-1894), quien las llevó a
Europa como parte de un cargamento de más de 2 000 artefactos prehistóricos,
despojados al Estado Peruano.
En Europa, Macedo vendió el conjunto de
vestigios a un agente del Museo etnológico de Berlín por 2 000 libras esterlinas. En 1881, el Museo de
Berlín exhibió, en París, 152 vasijas traficadas por Icaza, caracterizadas por su
arcilla fina y su decoración con figuras en rojo y negro.
Doce años después de esa muestra, en 1893, Eduard Seler, antropólogo alemán analizó las piezas en poder del Museo
etnológico de Berlín por Mariano y fue quien asignó el nombre Recuay a ese
estilo de cerámica, sobre la base de registros disponibles de su procedencia.
Pero, análisis posteriores determinaron que tal
lote de ceramios era originario del sitio Copa, cerca de Carhuaz. Hubo
propuestas de cambio de nombre y hasta se buscó la denominación más general de
“Estilo cerámico Huaylas. Pero, la designación Recuay se impuso para todo
vestigio alfarero del Callejón de Huaylas, rojo y negro.
En 1919, Julio C. Tello exploró la zona y recuperó esculturas líticas y
cerámica tipo recuay.
Durante la década de los sesenta, Rafael Larco Hoyle propuso cambiar las denominaciones de Recuay y Copa por la de “Estilo Santa”, sosteniendo que el estilo recuay se había originado en las regiones costeñas del valle del Santa. Sus colegas desoyeron su iniciativa. La denominación «Recuay», se impuso.
Pero, la
situación del conocimiento sobre el mecanismo de vida social de los recuay es
aún insuficiente, debido a que en el extenso territorio que se le atribuye
mediante la detección de su emblemática cerámica caolín, solo unos pocos
asentamientos han sido excavados, mientras que en un número mayor solo se han
realizado prospecciones exploratorias, principalmente con barridos de
superficie.
Los
sitios excavados en los que se recuperó cerámica de caolín, son: Pashash, Balcón de Judas, Honcopampa,
Hualcayán, Jecosh, Pierina, Queyash Alto, Wilcawaín y
Chinchawas. En Conchucos: Riway y Huacramarca, Gotus, Yayno, Huamparán,
Ampas, Llamacorral y Reparin.
Solo hay pocos planos o mapas disponibles de los asentamientos recuay.
Bebel
Ibarra Asencios,
en su reporte ya citado de 2026, aporta nueva data que abarca las dos áreas
principales del territorio: este y oeste de la Cordillera Blanca.
En el oeste,
sobre la base de las excavaciones en tres sitios: Pashash, Pierina y
Chinchawas, se halló:
En el
primero, en 1978, el arqueólogo Gridier clasificó hasta tres subestilos alfareros Recuay
que tuvieron vigencia entre el 200 y 900 d.C.
En
Pierina, a la ocupación recuay le siguió la presencia wari, sustentada por
vasijas encontradas en las chullpas de Yarcok, las cuales han sido fechadas
entre 857 y 1044 d.C. lo que indica máxima influencia wari hacia el año 800
d.C. En Chinchawas, lo recuay empezó entre el 250 y el 500 d.C., pero
creció del 657 al 980 d.C., es decir, desde la invasión wari al Callejón de
Huaylas.
En Honcopampa,
la estratigrafía ha mostrado cerámica caolín, fechada en 540 d.C., debajo de
material wari.
Keushu, en Yungay, presenta arquitectura “canchas” fechadas en 800 d.C
Ibarra
concluye, entonces, que se observa claramente que el dominio wari – ella lo
considera solo como “influencia”–, irrumpió, cambiando la naturaleza de los
asentamientos recuay al oeste de la Cordillera Blanca.
Es un
misterio aún si la irrupción wari fue por las buenas o por las malas. Sin embargo,
considerando la característica defensiva de la arquitectura recuay y que los mochica en sus vasijas representaban a
sus vecinos como temibles guerreros, lo más probable es que la implantación de
los wari durante 3 o 4 siglos, fue por las malas.
En la parte oriental de la Cordillera Blanca fueron excavados pocos sitios: Gotush en el valle de Yanamayo, Tayapucru en el valle de Chacas, Yayno en Pomabamba y Huamparán en el valle de Huaritambo.
Yayno es el sitio más
complejo y extenso. Su excavación ha arrojado una gran cantidad de cerámica
caolín recuay. Las fechas de radiocarbono apuntan a una ocupación entre el 400
y el 800 d.C. y terminó cuando muchos otros sitios habían establecido un
intenso intercambio con Wari.
Tayapucru, el grupo–patio llegó entre el 600 y 900 d.C., mientras que en Huacramarca, a 1 km al oeste, también con arquitectura grupo–patio y con presencia de cerámica caolín, su ocupación data de entre 400 - 1500 d.C.
En Gotush,
la cerámica caolín recuay está asociada a los cimientos de canchas que datan
del 586 d.C. Sin embargo, el sitio creció después del 600 d.C. y continuó hasta
el Horizonte Tardío
El resumen de Ibarra es, entonces, que, a diferencia de la parte occidental de la Cordillera Blanca, donde Recuay fue “influenciado” por los waris, los recuay de la parte oriental no cayeron en esa órbita, siguieron trayectorias propias y desarrollaron como propios componentes culturales como el típico diseño wari «grupos-patios» ¿?
5. ORGANIZACIÓN
POLÍTICA
Según su iconografía,
diseño arquitectónico y actividades constructivas, tradición funeraria y
religiosa, Recuay fue una sociedad organizada en comunidades territoriales, tal
vez estructuradas con base em la «pachaca» o «ayllu» ancestral.
Dichas comunidades estaban
gobernadas por élites guerreras, lo que indica que Recuay fue una sociedad de
alto grado de militarización porque vivieron en
permanente conflicto con sus vecinos, principalmente de la costa, con los que disputaban
tierras de cultivo y fuentes de agua.
6.
RELACIÓN CON LOS MOCHICA
La relación entre los recuay
y los mochicas del sur (costa de La libertad y Casma) debe haber sido bastante
tensa porque compartían fronteras y competían por las mismas fuentes de agua.
Hay evidencia de un
conflicto considerable entre sociedades orientadas a la guerra como se refleja
en los edificios recuay fortificados y la iconografía belicista de las dos
culturas. De hecho, recuay está asociado con la aparición más temprana de
centros y pueblos fortificados en los Andes Peruanos.
Es posible que los andinos
impidieran la expansión de los mochica hacia las tierras de la «Cordillera
Negra», lo
que explicaría la razón por la que los costeños no pudieron dominar las alturas
andinas occidentales y menos, siquiera amenazar el «Callejón de Huaylas»,
durante su apogeo.
Eso, en el supuesto caso de
que se demostrase una política mochica de ansias de invasión y ocupación de la
sierra, lo cual es poco probable, por las dificultades de adaptación de los
costeños a las alturas andinas, problema que, por el contrario, no afectan a
los serranos que descienden a nivel del mar.
El arqueólogo Wilson planteó
en 1988 que las interacciones entre los recuay y los mochicas tuvieron un considerable
componente bélico.
Proulx, en 1982, Makowski y
Rucabado, en 2000, Lau, en 2016 y Woloszyn, en 2008 creen, en
cambio, que fueron relaciones de respeto mutuo y de intercambio estilístico.
El arqueólogo Janusz Z.
Wołoszyn, del Departamento de Antropología Histórica del Instituto de
Arqueología de la Universidad de Varsovia, en Enemigos íntimos – Los representantes de la
cultura Recuay en la iconografía Moche, afirma que
durante
más de quinientos años, las dos culturas se influenciaron mutuamente con gran
fuerza, durante periodos de relaciones hostiles y pacíficas.
Se
asentaron en zonas ecológicas distintas pero muy cercanas entre sí, por lo que
sus contactos eran constantes, para el intercambio comercial y asistencia a
actividades de culto.
Un campo
de la influencia recíproca fue la ideología sobre el mundo compuesta por mitos,
creencias sobre deidades, la vida después de la muerte y ritos de culto. Otro campo
fue el intercambio de alguna indumentaria, adornos y el uso masivo de objetos y
sustancias apreciadas.
Woloszyn
anota que sus apreciaciones y las de otros investigadores proceden casi
exclusivamente de fuentes mochica, pues nadie ha determinado aún cómo fue el
contacto con la gente de la costa, desde el lado recuay.
Su iconografía cerámica, textil ni la de su escultórica lítica muestran a representantes moches, sin que tampoco se sepa, por qué, tal vez por lo incipiente del estudio del arte Recuay, así como por una cierta pobreza, una mayor sencillez y un evidente esquematismo de su iconografía. Por tanto, no es posible determinar a ciencia cierta si hubo una “respuesta iconográfica” Recuay, porque es difícil creer que no existiera tal reacción.
Durante
varios cientos de años, la frontera entre los mochicas del sur fueron las zonas
altas de los valles, Chicama, Moche y Virú, al norte; del valle del Santa,
hasta los de los ríos Nepeña, Casma y Huarmey, al sur.
Diversas fuentes confirman que los contactos entre estos pueblos, fueron pacíficos y hostiles.
La
iconografía mochica parece reflejar la naturaleza dual y compleja de esta
relación acentuando uno u otro aspecto, según el lugar, la época o la situación
política imperante en el momento de creación de los testimonios artísticos.
En el grupo específico de los “huacos retrato”, hay imágenes de “enemigos” que enseñan los dientes, como de “extranjeros” de agradable aspecto, honorables y quizá incluso dignos de respeto. Esto, leyendo el lenguaje de la iconografía mochica como si fuese una fuente escrita, con la salvedad de que información transmitida no puede ser considerada como objetiva y que la propia fuente es discutible. Se debe tener en cuenta que la iconografía como expresión de la ideología de una élite no puede ser, por definición un reflejo directo de la realidad., pues su objetivo era crear una visión del mundo circundante, su formación y deformación conforme a las exigencias de los mandantes.
La primera
representación de los “extraños” en la iconografía mochica apareció en a
mediados de siglo XIX, en Europa cuando empezaron a publicarse copias de las
escenas pintadas en las vasijas peruanas que habían llegado procedente de
traficantes de antigüedades.
Una
escena grabada en una botella asa-estribo en posesión del Museo -Etnológico de
Berlín muestra una lucha entre dos grupos de guerreros, diferenciados
claramente por el artista, fue publicada por primera vez por Albert Voss en
1876, quien afirmó que el grabado presenta un enfrentamiento entre “habitantes
de Trujillo”, es decir guerreros mochicas (los vencedores) y gente de una tribu
de más bajo desarrollo cultural.
Entre diez
“extranjeros”, dos figuras están desnudas y cuatro van vestidos con un
taparrabos claro sujeto por una tira y su única ornamentación son aretes
redondos y orejeras cilíndricas alargadas. Sus cabellos están recogidos en una
coleta sobre la frente y llevan pintados grandes círculos oscuros en la cara, Sus
armas son mazas de círculo, bola o de estrella, diferentes de las de cabeza
bicónica de los mochica. Los demás
visten camisas de manga corta distintas a las que usan los mochicas, unos
cuellos-pectorales con cintas colocados sobre las camisas y sus tocados con adornos
combados, probablemente de metal decorados con manos humanas y a veces con
cabezas humanas. También se diferencian de los mochica por unos tableros que cuelgan
de sus hombros, adornados con pequeñas “cabezas-trofeo” humanas. El supuesto
jefe de este grupo lleva incluso uno de estos estandartes entre los dientes.
Por
primera vez, A. Baessler, a comienzos del siglo XX, halló elementos
parecidos en las estatuas de piedra de guerreros descubiertas en la provincia
de Aija.
Varias décadas después, Immina von Schuler-Schömig, Krzysztof Makowski, Julio Rucabado y George Lau, identificaron a estas figuras como representantes de la cultura serrana Recuay, sin duda alguna.
Woloszyn
sospecha que la iconografía de los “otros” – enemigos o extraños – era un
elemento propagandístico de la élite para formatear el tipo de relaciones que
se deseaba en un momento dado con los vecinos. La gran cantidad de
representaciones bi y tridimensionales de individuos recuay, así como de
figuras fantásticas vinculadas a ellos, halladas en la iconografía mochica,
prueba que las relaciones entre ambas sociedades eran mucho más estrechas de lo
que se pensaba.
El
arqueólogo cree que los artistas mochicas trabajaban retratos de los recuay
porque les resultaban interesantes por ser diferentes en su peinado, por tener
barba y bigote, por usar tocados, vestimentas y adornos corporales llamativos,
por sus armas y por sus ceremonias diferentes.
Trataban de
grabar sus rostros exóticos con naturalismo extremo lo que sugiere que
observaban minuciosamente detalles de modelos vivo mientras estos estaban en la
costa. El interés también surgió de la
vinculación de los recuay al suministro y manejo de sustancias mágicas y a
objetos destinados a ritos, por lo que eran considerados cercanos al submundo
de los muertos y al mundo de los dioses de la noche.
De esto
se derivaría la popularidad del tema en el arte mochica, así como la presencia
de vasijas con imágenes de personas, dioses y animales con rasgos recuay dentro
de las tumbas de los habitantes de la costa
Desde la
perspectiva mochica, el autor percibe que los costeños consideraban a sus vecinos
serranos como extraños, diferentes, pero cercanos y bien conocidos, de quienes dependía
el éxito en muchas importantes esferas de la vida y de la muerte, por lo que era
conveniente que no estuvieran en contra.
Los podían
derrotar en batallas auténticas o rituales; tenerlos como proveedores de
valiosos objetos y sustancias; someterlos ideológicamente, presentándolos en la
iconografía como débiles y obedientes y, finalmente, granjearse su favor para
el camino al más allá.
Cada una
de estas victorias - aunque fueran ilusorias y obra exclusiva de la propaganda iconográfica-
garantizaba a los mochicas, tranquilidad, equilibrio, bienestar y creaban una situación
en la cual era posible la coexistencia de las dos comunidades, la participación
conjunta en las ceremonias de culto a los mismos dioses y desarrollar contactos
para realizar intercambios.
Foto
c. Botella mochica con representación bélica
Como parte del Proyecto Arqueológico Huari – Áncash, que se inició en el 2004, los arqueólogos, Bebel Ibarra Asencios y Carlos Escobar Silva, en su informe Algunas evidencias de las interacciones entre los recuay y la costa norte durante los Periodos Intermedio Temprano y Horizonte Medio, publicado en 2025, dicen que en sus investigaciones realizadas en Huamparán, sitio recuay, en Conchucos, recobraron piezas cerámicas de dos formas que indican la interacción de este asentamiento, en intercambios a larga distancia, posiblemente con los costeños de virú-gallinazo o con los mochicas del sur, desde inicios del Horizonte Medio, sin la influencia del imperio wari.
Huamparán
está en la parte norte del valle de Huaritambo, a 3900 metros sobre el nivel
del mar, a unos 20 kilómetros al norte de Ciudad de Huari y a 40 kilómetros al
norte de Chavín de Huántar. Comprende unas 200 hectáreas y es el sitio recuay
más grande del valle de Huaritambo.
En una
explanada relativamente plana rodeada por una extensa muralla perimétrica de
piedra de 150 metros de diámetro se encuentran trece grupos de patios que se
caracterizan por la presencia de un patio interno, con y sin banquetas.
Huamparán
fue ocupado entre el 200 y 900 d.C. Sus edificios sufrieron una serie de
modificaciones a lo largo de su historia, pero las más relevantes ocurrieron
alrededor del año 500 d.C, cuando agregaron tumbas y fogones. En cuanto al
material cultural, se recuperaron 5626 fragmentos de cerámica, una cantidad no
muy grande considerando el tamaño y la profundidad de las excavaciones. La
cerámica decorada predominante es de caolín y parecida al, pero, en general, es
mínima.
La vasija
1 es una pequeña jarra de 16 centímetros de alto, con cuerpo globular y engobe
de color naranja claro. Alrededor del cuello tiene tres pequeños rostros
separados por una protuberancia similar a la cabeza de una serpiente (Fig. 12).
Los investigadores creen que es similar a las vasijas de estilo Virú-Gallinazo.
Las vasijas 2 y 3 son de la misma forma: plato recogedor sin asa. El interior tiene forma de «D», con un lado recto abierto. Son de color rojo oscuro muy intenso. El análisis de la pasta determinó la presencia de arena eólica como temperante. Este tipo de arena es característico de los valles costeros, por lo que proponemos que estas vasijas fueron elaboradas en esta región. Este hecho indicaría que personas (mochicas o virú-gallinazos) llevaron estos objetos a Huamparán para ser usados en contextos religiosos. Este hecho no es nuevo, pues, anteriormente, durante el Horizonte Temprano se trasladaban objetos a Chavín de Huántar para ser utilizados en ceremonias.
7.
RELACIÓN CON EL IMPERIO WARI
Estudios recientes han determinado que,
aproximadamente durante los años 700 d.C, durante el Horizonte Medio, sin
que se sepa todavía si fue por la ruta andina o por la costa, llegaron al
actual departamento de Ancash las fuerzas imperiales wari, a partir de lo cual –tampoco
se sabe si fue por las buenas o por las malas– ocurrieron drásticos cambios en
la cultura material e ideológica de los curacazgos del extenso Callejón de
Huaylas lo que actualmente, en conjunto, es conocido como la Cultura Recuay.
Aquí hay que hacer una precisión: este fechado de
la innegable intrusión wari coincide con el inicio de las disoluciones materiales
de las culturas Recuay y Mochica en la costa central norte, así como también de
las emplazadas en la costa, hacia el sur. El punto, entonces, es: ¿Wari llegó
durante la agonía Recuay y solo la aceleró? Ningún investigador ha aclarado aún
este aspecto y lo tratan con “estilo brumoso”.
Los waris establecieron primero, en el lugar
nombrado como Wilcahuaín una guarnición o avanzada. Huilcahuaín,
Huillcahuayín, Willkahuaín o Willkawaín, es un sitio arqueológico ubicado
en el Callejón de Huaylas, a unos 7 km al noreste de la ciudad de Huaraz, en el
distrito de Independencia, provincia de Huaraz, departamento de Ancash, a 3 400
m. de altitud, en la margen izquierda del Rio Santa, flanco de la Cordillera
Negra.
En quechua genérico el nombre significaría "Casa de los nietos" o “Casa del árbol”. Sin embargo, en quechua del Callejón de Huaylas, significa: “Casa de la divinidad” o “Casa del poderoso”.
A 800 metros de Willcahuaín se halla el sitio llamado Ichic Wilkahuaín, un conjunto de quince tumbas tipo chullpas, con forma de pequeñas torres de dos a tres pisos y varias cámaras en su interior para sepulturas colectivas de la elite. Ambos sitios cubrían una extensión de más de cinco km².
No hay duda de que Wilcahuaín ya existía desde
hacía mucho tiempo cuando irrumpieron los imperialistas wari. Se especula con
que los waris llegaron desde sus posiciones consolidadas en el Valle del
Mantaro, en Junín, vía la Cordillera de Huayhuash, hasta alcanzar la planicie
de Conococha, naciente de Río Santa.
Tampoco hay certeza sobre que los waris se hayan impuesto por la fuerza o mediante una alianza de vasallaje con la élite Recuay, a lo mejor mediante matrimonios entre los nobles de ambos bandos. También, solo es una hipótesis que Wilcahuaín pudo ser la última capital de la Cultura Recuay.
La dominante presencia wari generó cambios
culturales en el Callejón de Huaylas, como, por ejemplo, un tipo distinto de
sepultura. Los recuay usaban galerías subterráneas como tumbas y también
chullpas, a las que reemplazaron por mausoleos con cámaras mortuorias de diseño
wari sobre plataformas superpuestas.
Como resultados de excavaciones realizadas entre los años 2005 y 2007,
financiadas por la minera Barrick Misquichilca, se sabe que Wilkahuain y su
cementerio datan del año 700 d.C. tiempo correspondiente a la irrupción de los
waris. Se desenterraron textiles, objetos de metal, cerámicas de ofrenda y
batanes (moledoras de piedra) que servían para triturar algún tipo de producto,
ya sea para los rituales religiosos o para el consumo humano.
En junio del año 2008, el entonces director del
Instituto Nacional de Cultura (INC) de Áncash, José Antonio Salazar Mejía,
confirmó la antigüedad de este sitio y
remarcó que los waris cambiaron la tradición fúnebre de la población, pues de enterrar a sus difuntos en subterráneos pasaron a hacerlo en mausoleos.
El segundo sitio intrusivo wari, entre los Recuay,
en el Callejón de Huaylas fue Honcopampa, que habría sido establecido
como un centro administrativo de segundo orden para controlar la conexión entre
los callejones de Huaylas y Conchucos.
Solo quedan vestigios de lo que fue una pequeña
ciudad wari a 3 565 de altitud, emplazada en una zona media de la falda de uno de
los grandes glaciales de la Cordillera Blanca, como conexión con el Callejón de
Conchucos y la Alta Amazonía.
Como resultado de sus excavaciones en el lugar
durante 1987, el arqueólogo William Isbell afirmó en su informe «Honcopampa Ruinas Monumentales en la Sierra Norte
del Perú»,
contenido en 100 Años de la Arqueología de la Sierra de Áncash, Ibarra, Bebel,
edición 2014, Págs. 435: “(…) la pequeña ciudad fue un centro de
edificaciones con características wari. La arquitectura de Honcopampa es una
mezcla de edificios wari con una fuerte tradición norteña, de la cual
deberíamos encontrar antecedentes de albañilería de piedras y esquirlas (block
and spall) y de espacios construidos con dinteles megalíticos y grandes jambas
de piedra”.
En medio de la controversia entre arqueólogos que
creen que Honcopampa fue construido por los waris y otros que afirman
que fue edificada antes de la llegada de los imperialistas por gente de la Cultura
Recuay, Isbell planteó que los locales recuay, fueron los constructores, pero
aplicando el típico diseño wari «grupo – patio»
con variantes constructivas propias, con el visto bueno de los
imperialistas.
Isbell, expone como fundamentos, los siguientes:
casi toda la cerámica de Honcopampa data del Horizonte Medio o posterior y está
representada por vasijas negras pulidas y recipientes rojos alisados, asociadas a la
construcción «grupo-patio» wari, con el añadido de algunas copias locales de
los estilos wari Viñaque y Chakipampa.
Tres fechados radiocarbónicos, sobre muestras de
carbón de la ocupación «grupo-patio» datan de entre los años 600 al 800 d.C.
La arquitectura de Honcopampa es similar a la de wari. El «grupo – patio» fue el estándar wari para sus centros administrativos provinciales. Sus chullpas corresponden a un diseño arquitectónico ampliamente difundido en la sierra norte. Honcopampa sí asumió de wari, la albañilería de piedras y pachillas, los diseños «grupo-patio», y recintos en «D», con el agregado de largos dinteles de piedras o jambas en los accesos.
Actualmente, el sitio está en tierras de la Comunidad
Campesina de Túpac Yupanqui, distrito de San Miguel de Aco, provincia
de Carhuaz, del departamento de Áncash.
Sus
primeros investigadores fueron, en 1961, el estadounidense Gary Vescelius y
el peruano Hernán Amat, quienes describieron un asentamiento de trazo
urbanístico con dos sectores.
Foto f. Honcopampa
7.1.
LAS DUDAS DE WILLIAM ISBELL Y DE TSCHAUNER
En su
estudio sobre el sitio Honcopampa, de la cual dice que pudo haber
sido, la primera capital de la Cultura Recuay y luego el centro del coloniaje
wari en Ancash, William Isbell se ha preguntado: ¿qué efectos tuvo la
expansión wari en el Callejón de Huaylas sobre su sorprendente tradición de
piedra trabajada y su arquitectura?, y ¿cuál fue el cambio que wari produjo en la
organización y administración de los asentamientos del Callejón de Huaylas?
Sus
respuestas pueden resumirse así: “los diferentes componentes arquitectónicos
y constructivos de Honcopampa, así como los estilos alfareros, metalúrgicos y,
sobre todo, la tradición de entierros en cámaras de individuos sentados y
enfardados, indican una compleja historia cultural de lo que se puede inferir
que fue una ciudad dinámica donde los waris y los locales habrían construido un
nuevo sistema regional de poder y control”.
Se ve que Isbell no es concluyente sobre el dominio
imperial wari, probablemente por falta de información de la que ya se dispone a
la fecha.
No obstante, una pregunta crucial es: ¿cuáles otros
intereses, además del intercambio comercial a larga distancia, habrían
impulsado a los waris a construir largos caminos y asentarse en Ancash
avanzando desde el Valle del Mantaro y de Pachacámac? ¿Fueron esos mismos
intereses los que los llevaron a irrumpir en la Libertad construyendo la ciudad
de Viracochapampa, desde donde después prosiguieron hacia Cajamarca y
Lambayeque?
Ningún estado ha hecho eso gratis en el curso de
toda la historia de la humanidad.
En cambio, los arqueólogos Juan Paredes,
Berenice Quintana y Moises Linares, en su informe Tumbas de la época wari en el callejón de Huaylas,
Ancash, publicado en el 2000 en el
Boletín de Arqueología de la PUCP, remarcan la vigorosa y prolongada vigencia
del imperio wari en Ancash, unos 400 años, como resultados de sus excavaciones
en Pampirca y Piquijirca, ubicados en ambas márgenes del Río Santa,
Callejón de Huaylas. En general, determinaron:
i) Que los materiales arqueológicos recuperados son
similares a los registrados en Wilkahuain, el primer asentamiento wari
en el valle y en Honcopampa, la gran capital provincial wari y, además, están
presentes en sitios como Ancón, Nievería, Supe y Moche. También
presentan rasgos similares y contemporáneos respecto al estilo Teatino,
característico de la costa central.
ii) Que durante el Horizonte Medio hubo estrechas relaciones sociales entre los habitantes de la costa y de la sierra de Ancash.
En ese
marco puede inferirse que esa relación se produjo necesaria e intensamente con
el valle costeño de Huarmey, donde durante el Horizonte Medio 2 los waris
instalaron también un centro administrativo provincial que bien pudo depender
de su capital andina, Wilkahuaín o Honcopampa, en el Callejón de Huaylas.
En
consecuencia, para la terna de arqueólogos está comprobada la extensa e intensa
presencia del imperio wari en lo que hoy es Ancash, especialmente en el
Callejón de Huaylas y la costa. Aceptan como fundamento el patrón wari de
cámaras funerarias individuales y colectivas en las cuales fueron inhumados
individuos en posición sentada enfardados y acompañados de ofrendas de diverso
tipo, según su rango social; tradición que fue predominante en innumerables
sitios de la región, con la variante local de que las cámaras-tumbas estaban en
el interior de edificios llamados chullpas de diseño local y de diverso tipo y
tamaño.
Otro
indicador de la hegemonía wari hallado por este equipo de arqueólogos es el
resultado de la comparación de la cerámica del Horizonte Medio del Callejón de
Huaylas con la de la costa norcentral, entre los valles de Casma y Supe. El
resumen es que los materiales alfareros y metalúrgicos de Piquijirca y
Pampirca corresponden a las épocas 2B y 3 del Horizonte Medio y fueron
ubicados en chullpas y cámaras subterráneas de diversas formas vinculadas a
otros estilos wari de la costa central tales como el Pachacamac y el Viñaque,
en el marco de un patrón funerario con algunas similitudes con los registrados
en el Castillo de Huarmey, otros sitios en el mismo valle y en los
valles de Culebras y Supe.
Su
conclusión, a modo de hipótesis genérica, es que en el Callejón de Huaylas
existió un dominio imperial wari que se tradujo en una unidad política y social
fuertemente vinculada a la costa de Ancash, la cual incorporó características
locales.
Sobre el tema, el arqueólogo Hartmut Tschauner, de la Universidad de Harvard, expone otro criterio en, Honcopampa: arquitectura de élite del Horizonte Medio en el Callejón de Huaylas, contenido a partir de la página 193, en Arqueología de la sierra de Ancash – segunda edición, compendio de Bebel Ibarra.
Tschauner
sostiene que el grado de semejanza entre Honcopampa y los otros propuestos
centros administrativos wari es mucho menor que el que se observa al contrastar
todos los centros administrativos wari entre sí.
Hay semejanzas
entre elementos individuales de la arquitectura de Honcopampa y la de wari, por
ejemplo, el plano «grupo–patio». Pero, en Honcopampa este plano no cumple las
funciones básicas del diseño ortogonal y su construcción aplica la misma
mampostería de las chullpas de diseño ajeno a wari.
Tschauner
afirma que en el Callejón de Huaylas hay varios sitios en los que se puede
observar lo mismo que en Honcopampa.
En 1935,
el geógrafo austriaco Hans Kinzl en su registro integral del Callejón de
Huaylas, describió a Honcopampa como únicamente parte de una serie de sitios que
responden a un mismo modelo arquitectónico de raíces locales caracterizado por
chullpas y su mampostería.
La
arquitectura de Honcopampa correspondería, entonces, a un estilo de
arquitectura de la sierra norte (Huamachuco y Cajamarca) por lo que Tschauner
cree que Honcopampa fue la sede de un señorío local del Horizonte Medio y
comienzos del Intermedio Tardío que, como los huamachucos, interactuó con los waris,
sin necesariamente formar parte de su dominio territorial. Tschauner no
considera para nada la posibilidad de que tal señorío, pachaca, ayllu o
curacazgo, habría aceptado el vasallaje ante los wari a cambio de la
conservación de su poder y de sus costumbres locales, política wari muy
aplicada para su expansión imperial.
La
interpretación de Tschauner sobre Honcopampa coincide con la hipótesis del
arqueólogo George Lau, formulada en el año 2001 para el Horizonte
Medio, respecto al sitio Chinchawas cerca de Huaraz. Lau cree que los
locales usaron su arquitectura monumental y funeraria como expresión de su
identidad, autoridad y reafirmación del control de su territorio ante “la
influencia” wari. ¿Por qué no se trataría de otro curacazgo aceptante de
vasallaje ante los waris?
En consecuencia, según Tschaunaer y Lau, en Honcopampa y Chinchawas y por proyección, en todo el Callejón de Huaylas, los locales en son de rebeldía solo adoptaron ciertas prácticas e ideas de los waris, acoplándolas a sus tradiciones estilísticas y tecnológicas locales.
Lamentablemente,
ambos autores no explican un tema crucial: si esta supuesta resistencia de los
recuayenses fue militar o solo ideológica y cómo es que los waris, usando a
fondo la estratégica posición de Honcopampa, como enclave de control del
principal paso del Callejón de Huaylas al de los Conchucos y hacia la sierra de
La Libertad, pudieron marchar a amenazar a los mochica del sur y del norte, emplazándose
en Wiracochapampa, en el territorio de los huamachucos, con dirección hacia
Cajamarca, en donde evidentemente, también establecieron hasta dos grandes
asentamientos.
Una
cuestión importante es que las percepciones de Tshcauner y de Lau, son
totalmente anteriores a cruciales hallazgos de la expansión wari en el norte,
como el develamiento del Castillo de Huarmey, las ocupaciones wari en Cajamarca,
Lambayeque, Chachapoyas y, como demasía, al descubrimiento del “Señor de
Vilcabamba”, en Espíritu Pampa, en Cusco, más el desenterramiento espectacular
de Ciudad Wari, junto con otras ubicaciones menores; hechos que han consolidado
la categoría de imperio para Wari.
7.2.
LA EXPANSIÓN WARI A LA COSTA DE ANCASH
Con
respecto a características arquitectónicas que indican la presencia wari en la
costa de Ancash, probablemente durante la agonía de los recuay, han sido
halladas cámaras funerarias en Casma, en la Hacienda Poctao y en
Huarmey, en la Huaca El Campanario, construidas con adobes
rectangulares, según el patrón wari de la época en esta región.
En 1982,
Bonavia registró en el Valle de Huarmey más de 50 sitios arqueológicos
asociados a materiales del Horizonte Medio, como cementerios, posibles sitios
de vivienda y algunos con arquitectura compleja.
En el
«Castillo de Huarmey», en ese tiempo, ya se habían conocido cámaras fúnebres
construidas con adobes y pintados de rojo como tumbas individuales y
colectivas.
En el
valle bajo y medio del rio Santa, Wilson también identificó materiales
del Horizonte Medio. Los vestigios del periodo Tanguche temprano de la
zona, guardan similitudes con los materiales del Callejón de Huaylas. Incluso
planteó que existía un «complejo sistema estatal multivalle», que se
caracterizó por la presencia de centros regionales y locales en torno a una
gran red de caminos intervalle, los que mantienen un sistema comercial
interregional.
En 1999, Los arqueólogos Juan Paredes, Berenice Quintana y Moisés Linares, registraron asentamientos arqueológicos en los valles de Huarmey y Culebras, en los que identificaron extensos cementerios con cámaras funerarias construidas con adobe, en particular en el Castillo de Huarmey. Sus vestigios tienen similitud con los de Pampirca y Piquijirca.
Posteriormente,
ha sido decisivo el descubrimiento en 2010 del hoy famoso «Castillo de
Huarmey», como centro administrativo wari en el valle medio, con una datación
aproximada de los años 800 a.C., lo que indica que los waris primero se
expandieron hacia el Callejón de Huaylas en la centuria de los 700, avanzando
por la ruta altoandina a partir de Pachacámac y sus otras ocupaciones en el los
valles del Rímac y del Mantaro, en Junín, hasta alcanzar Conococha y el
territorio Recuay.
8.
SITIOS PRINCIPALES
Las aldeas recuay son
relativamente pequeñas y dispersos, preferentemente emplazadas en colinas y
lomas. Pero cada una tiene en el centro una plataforma de probable carácter
ceremonial, mientras que las cámaras funerarias están en el área circundante.
Solo algunos sitios pueden
ser considerados poblados locales centrales, a juzgar por la monumentalidad de
sus muros de contención o recintos. Algunos sitios de la tradición recuay son:
8.1.
PAMPIRCA O ROSAS HUAYTA
Los
arqueólogos Juan Paredes, Berenice Quintana y Moises Linares, excavaron
los sitios arqueológicos de Pampirca y Piquijirca, ubicados en ambas márgenes
del Río Santa, en el Callejón de Huaylas, departamento de Ancash, como parte
del Proyecto de investigación y rescate arqueológico en el área de la Línea de
Transmisión Eléctrica de 138 kV Huallanca – Pierina.
Pampirca está en la margen
derecha del Santa, en la cima del cerro Pampirca y se extiende sobre un área de
300 por 150 metros, en una zona denominada Ishpe, entre los pueblos de Tinco y
Toma. Tiene una elevación de planta rectangular, de 80 metros de largo por 50
metros de ancho con terrazas escalonadas edificadas con muros de piedras unidas
con argamasa. El área tiene pastos y esta parcialmente cultivada.
En su excavación fue
recobrada cerámica Huaraz Blanco sobre Rojo. AI sureste de la elevación hay
otro montículo que soporta dos chullpas de planta cuadrangular:
La Chullpa 1, la más
grande con cerco, tiene dos cámaras funerarias y, al parecer, una tercera muy
destruida. Camara 1: albergaba los huesos muy dañados de nueve individuos, dos
adultos (masculino y femenino) y de siete niños, asociados a ofrendas. La
Cámara 2 es rectangular y en su interior fueron hallados los huesos de 16
individuos, siete adultos, probablemente de sexo femenino, asociados a nueve
infantes. Como ofrendas había vasijas que contenían huesos de cuy (Cavia
porceLlus), objetos de cobre y plata, moluscos y grumos de cinabrio. También
había pedazos de cerámica.
Chullpa 2, Cámara 1: De
planta rectangular. En su interior fueron recuperados los huesos de adultos
total mente disturbados en el lado sur. En el lado opuesto había también un
cúmulo de huesos humanos largos desarticulados correspondientes a extremidades
inferiores, algunos con manchas rojas de cinabrio, más tres cráneos, dos de
individuos adultos y otro de un individuo joven. Como ofrendas se recobró un
alisador, un pequeño batán, un pendiente de cobre laminado y doblado, un
fragmento de pico de botella y una piedra verde (cobre en bruto).
En la cámara 2, de tipo
cuadrangular, había 26 ofrendas, entre vasijas de cerámica, artefactos de
hueso, madera y metal; tupus, agujas de metal, una pequeña espátula y huesos de
cuy (Cavia porcellus).
8.2.
PIQUIJIRCA
Este sitio se halla en la
margen izquierda, en la parte alta del pueblo moderno de
Yungar y está compuesto por un
conjunto de chullpas con entierros colectivos e individuales. La zona
arqueológica se encuentra sobre un promontorio natural, en cuya cumbre hay
terrazas cuadrangulares, construidas con muros de piedras de paramento rustico
que se adaptan al terreno; su función era probablemente residencial.
En el lugar se recobraron
tiestos recuay. En la ladera este hay pequeñas terrazas, de 2 a 3 metros de
ancho, muy deterioradas. Hay una torre de alta tensión eléctrica y una cruz que
perturban el yacimiento.
Por excavación fueron
recobradas cinco tumbas tipo chullpas de planta rectangular, así como una cista
de forma irregular, construidas sobre una terraza artificial. Aunque las
chullpas han sido saqueadas los vestigios hallados han permitido definir su
filiación wari.
En la chullpa 1,
fueron hallados los huesos de cinco individuos adultos. Fuera del mausoleo
fueron encontrados más huesos humanos. Junto al esqueleto 2 del interior fue
hallado un tupu de cobre. Al lado del esqueleto 2, se asociaron siete piezas
cerámicas.
La chullpa 2, es de planta
cuadrangular, con 1 metro por lado y una altura de 45 cms. En su interior había escasos huesos humanos,
de un cuy y también pocos pedazos de cerámica y la concha de un molusco no
identificado, probablemente con ofrenda.
La chullpa 3 tiene planta rectangular.
Contenía muchos huesos humanos largos, cráneos, vértebras, costillas, muy
deteriorados. Como ofrendas fueron recuperados una botella de dos picos y
asa-puente con decoraci6n impresa geométrica y antropomorfa de un personaje con
serpientes en la cabeza, de clara filiación wari de la costa norcentral, dos
pequeños cuencos de color negro con decoración moldeada de diseño antropomorfo
y un pequeño cuenco de pasta y engobe rojizos.
Chullpa
4, también de planta rectangular irregular, con muros
semicurvos, de aproximadamente 6,3 metros de largo por 2,4 metros de ancho. Su
interior está dividido en dos cámaras.
Fueron
registrados 23 conjuntos de huesos muy deteriorados. Como ofrendas fueron recuperados
un cuenco trípode, una pequeña botella, la cista 5 de planta triangular
irregular, un cuenco de 20 centímetros de diámetro, el esqueleto incompleto de
un camélido. El último cuenco y los huesos del camélido se encontraban sobre el
esqueleto de un individuo adulto que estuvo sentado en posición flexionada, con
la cabeza orientada al Norte, sobre la capa estéril, en la cual había restos de
carbón y huesos sueltos de cuy. Hacia el este, había una olla pequeña que
contenía pedazos de mullu (Spondylus princeps).
La Chullpa 5, es de planta
cuadrangular y está muy deteriorada. Su
excavación permitió hallar huesos humanos fragmentados, desarticulados y
sueltos. No se registraron otros materiales asociados.
Los cementerios hallados
son del mismo periodo con un mismo patrón funerario, chullpas de planta
cuadrangular, que forman grupos con diferentes características arquitectónicas.
Es recurrente la asociación de adultos e infantes.
La distribución de
materiales similares a los recuperados se concentra en la costa norcentral y
central, en la sierra central y sur.
Los investigadores afirman,
entonces, que las chullpas excavadas en Piquijirca y Pampirca son
contemporáneas a Wilkahuain, aunque arquitectónicamente, las chullpas descritas
en Honcopampa y Wilkahuain son de mayor tamaño y complejidad que las
registradas en Piquijirca y Pampirca, pero tienen similitudes formales
vinculadas status sociales de los sepultados o a diferencias cronológicas.
8.3.
PASHASH.
Está ubicado, a 3 250 m.s.n.m.,
cerca de la actual ciudad de Cabana. Un
grueso muro rodea toda la edificación, como contención contra enemigos. Ha sido
fechado en el año 400 a.C. por lo que es de origen anterior al surgimiento de
Recuay.
En el Cerro La Capilla, fuera del gran muro perimetral hay una serie de construcciones con cornisas de piedras planas. Sus tumbas se caracterizaron por sus ofrendas de piezas cerámicas polícromas, artefactos de cobre bañados con oro con formas de pedestales, de lo que se infiere que los locales fueron metalurgistas avanzados entre el año 300 y 600 d.C. En el lugar también fueron recobradas esculturas líticas de copa. Hay petroglifos equidistantes a los mausoleos mortuorios y al Cerro La Capilla.
En 1971, e arqueólogo Terence
Grieder de la Universidad de Texas excavó Pashash junto con su colega peruano Hermilio
Rosas La Noire.
Foto g. Sitios Pashash (c) y Antarragá (d)
¿La
cultura Pashash?
Algunos
arqueólogos han planteado la existencia de una llamada Cultura
Pashash que habría surgido en el año 500 d.C. con vigencia
hasta el 1 000 d.C.) como un desarrollo lateral de la cultura Recuay.
Otro de
sus centros habría sido Chacas, un
pueblo ubicado en la región centro-este de Ancash, en Cabana, también en Ancash.
Durante el Intermedio Temprano, tras el declive de
la Cultura Chavín y el
florecimiento de la Cultura Recuay, sus pobladores del valle de Chacas dominaron todas las rutas que comunicaban con
los asentamientos de Allauca Huari al este y los poblados de Yungay,
Vicos y Carhuaz en el Callejón de Huaylas, al oeste. Los asentamientos más
importantes de esta zona durante aquella época fueron Gatinjirka, Pirushtu
de Huallin y Chakabamba. Pirushtu de Chacas siguió ocupado hasta que
fue abandonado en el 600 d.C.
8.4.
ROKO AMA.
Fue un cementerio ubicado en el distrito de Catac, en la provincia de Recuay. La Tumba de Jancu. Fue otro centro funerario, descubierto en 1968, ubicado al este en el distrito de Huaraz cuyas piezas están en el Museo Arqueológico de Áncash "Augusto Soriano Infante", en la ciudad de Huaraz.
8.5.
FORTALEZA DE YAYNO. 1
- 800 D.C.
Está en el
distrito de Huayllán, provincia de Pomabamba, departamento de Ancash, a
una altitud de 4 150 m.s.n.m., en la confluencia de los ríos Pomabamba y
Seccha/Lucma (afluente del río Marañón), una ubicación estratégica que permitía
a sus ocupantes vigilar, desde una vista elevada, dos cuencas interandinas importantes
y proteger sus tierras y recursos.
Es
considerado como un centro administrativo importante durante el apogeo de la Cultura
Recuay, en el flanco de la Cordillera Blanca.
Yaino fue
olvidado hasta que, en 1919, Julio C. Tello, llegó al lugar y en una
visita de horas, hizo la primera descripción analítica del vestigio megalítico
comparándolo con Marca Huamachuco mediante dibujos de detalles
arquitectónicos y una foto tomada por el fotógrafo Federico Palacios.
Pero, eso fue todo.
Su
principal investigador, el arqueólogo George Lau, de la University
of East Anglia, England, afirma en, Yayno a la luz de la
arqueología que su construcción
empezó en el año 1 y tuvo vigencia hasta el 700 d.C. en paralelo con los
asentamientos de Pashash (Cabana), Tinyash (Huánuco), Marcahuamachuco
(La Libertad) y Coyor (Cajamarca).
Su
emplazamiento cubre 25 hectáreas, pero otros vestigios alrededor están en una extensión
de más de 100 hectáreas y son terrazas, corrales, y tumbas. Sus defensas principales fueron, un muro
perimétrico que llegó a tener 15 metros de alto, en algunos tramos, terrazas
elevadas y accesos restringidos. Un sistema de trincheras naturales rodeaba el
sector monumental, cuyas partes fueron ampliadas y amuralladas.
La llamada
Fortaleza de Yayno está constituida por tres plataformas superpuestas con solo
un acceso en cada una.
Según sus
investigadores, los edificios principales eran conjuntos amurallados
residenciales. Unos 30 conjuntos son de planta circular con muros concéntricos.
Foto h. Restos de la ciudadela fortificada de Yaino.
Una
hipótesis plantea que los conjuntos habitacionales albergasen distintas
«pachacas» o «ayllus».
Su estilo de
mampostería es singular y es conocido como «wanka-pachilla». En los edificios
principales, se encuentran agrupamientos regulares de «wankas», paradas sobre
una fila de lajas horizontales, con piedras labradas sobrepuestas en las
esquinas.
Los yainos
dieron bastante énfasis al uso de piedra; eran constructores de paredones y
fachadas, quizás los más finos en la sierra norte, pues lograron un efecto
impresionante porque ordenaron bloques de varios tamaños (grandes en la base y
cada vez más pequeños hacia arriba) y colores (alternando calizas de gris
oscuro con piedras ígneas de varios colores debido a su desgaste natural).
Según Lau,
Yaino es un gran testimonio de la trayectoria cultural material e ideológica
durante la tradición Recuay.
Su
arquitectura monumental no tuvo base religiosa, sino militar defensiva y
secular, como en la producción agropecuaria. Es un buen ejemplo de arquitectura
megalítica monumental defensiva.
Algunos sitios como Wilkahuain, en
la provincia de Huaraz, Honcopampa y Pichactanan, en
la provincia de Carhuaz, son edificaciones con innegable influencia del imperio
wari.
8.6.
WILCAHUAÍN.
En
1937, Julio C. Tello hizo prospección de superficie de este vestigio,
examinó los vestigios arquitectónicos y lo registro con el nombre actual.
Identificó la cerámica roja y negruzca del lugar como el estilo Marañón, para
diferenciarla del estilo Huaylas. Después, en 1944, Wendell Bennett, recuperó
el cementerio del sitio al que dató equivocadamente como correspondiente a
Tiahuanaco.
Algunos
investigadores llaman “templo” al edificio principal del conjunto. Pero, sin
duda, es un mausoleo, dentro del núcleo urbano de Wilcahuaín, que debió ser de
considerable tamaño.
El
edificio tiene cierto parecido con el castillo de Chavín de Huántar, aunque de
menor dimensión. Su planta tiene 10.7 por 15.6 m. La mampostería de sus muros
es de piedra rústica con unas pachillas unidas con mortero de barro. Tiene tres
plataformas conectadas por escaleras interiores y rampas; cada plataforma tiene
su entrada.
En
total tiene 19 habitaciones interiores: 5 en la primera plataforma, 7 en la
segunda y 7 también en la tercera. Tiene además un sistema de ventilación de
galerías y pozos. El techo está formado por grandes losas inclinadas hacia una
doble vertiente. Su altura es de 9 m.
8.7.
HONCOPAMPA.
Consta de tres zonas de
edificaciones las cuales tienen múltiples chullpas; el conjunto tiene muros de
mampostería regular. La primera zona que fue ceremonial es llamada 'Ama Puncu'.
Es una plaza cerrada en forma de U.
La segunda zona es llamada
'Purushmonte' y fue residencial. Tiene plazas, estructuras y terrazas.
La tercera zona denominada
'Chucara Ama' está a 1 km al noroeste de Ama Puncu. En total tiene unas 12
hectáreas. Su nombre Joncopampa, deriva de un término descriptivo quechua que
significaría “tierra húmeda donde la gente se hunde” (pantanos).
Las chullpas, son rectangulares
esparcidas en las 12 hectáreas del asentamiento. Fueron construidas con la
técnica llamada bloque y esquirlas y techadas con enormes piedras lisas. Tienen
grandes jambas y dinteles megalíticos que dejan una puerta pequeña. La mayoría
está muy dañada por los saqueos y el uso de las piedras de los techos y de los
dinteles para construir puentes, y las de las jambas para puertas y ventanas de
modernos edificios privados en las ciudades.
En Ama Puncu hay nueve
registradas y son más grandes que las de los otros sectores. La mayoría tiene
dos niveles. Siete forman una U y enmarcan una cancha abierta hacia el norte.
En la esquina sudoeste del espacio en U, está la chullpa más grande de
Honcopampa. Tiene 12 por 16 metros, tres entradas en su lado norte y una en
cada uno de los otros tres lados. En su interior hay 20 cámaras en grupos
interconectados de tres o cuatro habitaciones. El segundo piso tiene una
entrada y cuenta con seis cámaras interconectadas.
Otras cinco chullpas de la
U, también tienen dos pisos, múltiples entradas y numerosas cámaras internas.
La mayoría permite individuos adultos de pie o que éstos puedan dormir sobre el
suelo. Algunos de los techos tienen manchas de humo y restos domésticos estaban
en el piso, de lo que puede deducirse que eran recintos para alojamiento de
gente de paso, pero parece difícil que Ama Puncu haya sido un área
residencial. Las chullpas de Ama Puncu
están muy abandonadas.
En el sector o zona
Chucara Ama una gran chullpa ocupa una extensa plataforma rectangular. Hay
restos de varias chullpas pequeñas, así como paredes, de probables plazas
aterrazadas. Restos de basura doméstica son escasos.
Edificios
en forma de D y grupos de patios. En el sector Purushmonte
está el mayor número de vestigios Honcopampa. Ahí fueron recuperadas moledoras
de piedras, así como pequeñas chullpas pobremente preservadas. Sobre la cima de
Purushmonte fueron registradas dos recintos multi salones o multi patios.
El primero rodeaba un
patio en forma de D. La segunda rodeaba una plaza o patio rectangular. El
sector tenía una extensión de entre 6 y 12 hectáreas.
En total fueron
registradas dos construcciones forma de D, localizadas al sur de la parte más
baja de Purushmonte.
Una parte de la pared de
forma de D del edificio marcado como AC-13 por Isbell se levanta sobre cinco
metros de altura sugiriendo que su condición original fue de una torre de
varios pisos. La segunda estructura en D, la AC-14, tiene varios nichos largos en
el interior de la pared curvada. Ambas tienen habitaciones que colindaban con
el exterior, y parecen haber sido el centro de complejos arquitectónicos. Otras
estructuras en D están en la parte baja de Purushmonte, tal vez por diferencias
étnicas en Honcopampa.
Los edificios con el
diseño rectangular «grupo–patio», son más en el área estudiada, y están
localizados sobre la cima más alta donde se hallan los edificios en forma de D.
Su albañilería, así como la de las chullpas y de los edificios en forma de D,
es del tipo “bloque con piedras esquirlas”.
Los «grupo–patio»
consisten en cuatro alargados corralones de corte rectangular encerrados.
9. ECONOMÍA
Y TECNOLOGÍA
En ese
orden, basaron su economía en la ganadería de camélidos para la producción de
carne, fibra (hilados, textilería, confecciones) y transporte, y en la
agricultura de subsistencia.
Sus
recuas de llamas les permitían acceder a distintos ecosistemas y variados recursos mediante
el trueque.
Los
investigadores han comprobado que los Recuay usaron las viejas edificaciones de
los chavín como corrales de sus llamas y alpacas.
Asimismo,
se cree que periódicamente, como en la actualidad, capturaban a manadas
de vicuñas en las punas para esquilarlas hacer hilo, tejidos y
confecciones.
10.CERÁMICA
Krszysztof Makowsky advierte en su
obra ya citada que en contraste con la unidad iconográfica y tecnológica recuay
la variación de formas de cerámica y de modalidades de decoración en tiempo y
en espacio, es notoria.
Según las pastas, la alfarería fue
una producción local, pero las características particulares que posee la
alfarería de Callejón de Huaylas en comparación con la de Pashash o de Chavín se
debe a la interacción entre los estilos Virú-Gallinazo, Moche y Recuay a lo
largo del valle de Santa, solo en el cual han sido hallados botellas
asa-estribo y asa-puente, así como trompetas recuay.
Al igual que la cerámica cajamarca, la recuay utilizó caolín, lo que implicó un trabajo de alta complejidad que le daba un color
blanco después de la cocción con decoración en marrón y negro.
Sobres esto, Makowsky anota que La
mayoría de las complejas escenas escultóricas recuay proviene también de
Callejón de Huaylas. Las vasijas-trípode, las copas con asa tuvieron también
una distribución restringida.
La interacción entre los recuay y los
cajamarcas contribuyó a la variabilidad alfarera y está bien definida en la
región de Huamachuco.
La influencia Cajamarca se intensificó desde la fase Huamachuco sobre la tradición recuay. La variabilidad local constituye un obstáculo serio para construir una cronología regional confiable.
La detección de este tipo de
alfarería es el principal identificador de la presencia recuay. Pero, la multi ocupación
de los cientos de sitios arqueológicos en Ancash y sitios aledaños, complica aislar los correspondientes a recuay y sus rasgos arquitectónicos
no alterados por sociedades posteriores.
En su obra ya
citada supra, Bebel Ibarra explica que el momento de aparición de la
cerámica caolín recuay tiene el problema de que hay pocos fechados
estratigráficos. La mayoría corresponden a hallazgos disturbados o manipulados.
Y, en consonancia
de su tesis del origen recuay en el territorio oriental de Ancash, determina
que la cerámica caolín está presente, con una cronología de este a oeste,
desde la margen oeste del río Marañón (Huánuco) hasta los valles costeños de
Santa y Nepeña, es decir, a través de la región de Conchucos, el Callejón de
Huaylas, la Cordillera Negra y la parte alta de los valles costeros de Nepeña y
Santa.
En el este, en el
valle de Huaritambo, las excavaciones en el sitio de Reparín revelaron
niveles estratigráficos con cerámica caolín fechada entre el año 40 y el 131
d.C. En el sito de Huamparán apareció hacia el 230 - 375 d.C.
Al oeste de la
Cordillera Blanca, en Pashash, fechados provenientes de una ofrenda indican que
esta alfarería surgió hacia los 250 d.C. En Chinchawas, un fechado señala el
periodo del 247 al 501 d.C. En Hualcayán la cerámica caolín más antiguo está
datada entre el 334 y el 500 d.C. En Jecosh, cerca de Ticapampa, el fechado es
del 119 al 326 d.C. Ibarra aprecia
entonces que la cerámica caolín recuay apareció al oeste de la Cordillera
Blanca entre los años 250 y 500 d.C.
Foto
i. Vasija Recuay en negativo
Foto j. Vasija
Recuay Caolín
Foto k. Vasija antropomorfa caolín Recuay
Sus características básicas, son.
Decoración: tres colores, negro, rojo y blanco.
Motivos: pequeñas figuras de humanos, jaguares, llamas y otros
animales. La figura central es el llamado "animal luna", un
animal parecido a un zorro o felino con un hocico largo y dentado y una cresta en la cabeza
Los motivos decorativos de esta
cerámica aparecen expresados tanto de manera pictórica como escultórica.
Motivos pictóricos, felinos,
serpientes y seres antropomorfos dibujados en forma realista, así como seres
mitológicos estilizados tales como el “felino emplumado” de perfil y las
cabezas trofeos. También aplicaron figuras geométricas lineales, exornando la
vestimenta de los personajes, de carácter simbólico.
Motivos escultóricos. personajes
míticos, algunos en actitud de decapitar a humanos; guerreros o sacerdotes
míticos, que muestran variantes en el tocado; personajes similares a los
anteriores conduciendo una llama; un sacerdote rodeado por una pareja o por un
grupo de mujeres; escenas varias de felinos atrapando personas.
Formas: variedad notable
de formas y expresiones escultóricas, pero sin alcanzar el nivel de la cerámica mochica. Usaron asa-puente y asa-estribo.
Son numerosas las pacchas o cántaros ceremoniales que tienen la
particularidad de un caño por donde era vertido el líquido del recipiente.
Técnica artesanal: usaron el negativo
en la decoración, con los colores rojo, blanco y negro. Esta técnica consiste
en cubrir con arcilla las partes a decorar y pintar luego alrededor; más tarde
se quitan los trozos de arcilla quedando una zona sin pintar.
La cerámica recuay está relacionada
con la de la Cultural
Virú – Gallinazo, la que se asentó en el Valle de Virú, en la costa, al
norte del área de Recuay.
Krysztof
Makowsky dice que los alfareros recuay trabajaron con temperaturas mayores de
1000° C y con pleno control de niveles de oxígeno al interior del horno.
Solo con
esa técnica y el uso del caolín lograron su cerámica fina en negativo y con tonalidades
naranjas y blancas en el ambiente oxidante, o negras en el ambiente reductor.
Ambos tipos de cerámica son exclusivas para el estilo recuay en la secuencia
regional del valle de Santa. La cerámica de elite, naranja con engobe crema, o
blanca, recibía frecuentemente la decoración pintada, policroma de línea fina o
ancha, y/o negativa.
11.ARQUITECTURA
Según el
criterio más reciente sobre este tema de la arqueóloga, Bebel Ibarra
Asencios, la arquitectura Recuay muestra diferencias entre los estilos de
las áreas oriental y occidental de Ancash. En la primera fue predominantemente
monumental, no así en la segunda. No obstante, este componente de la cultura
material Recuay tuvo cambios importantes solo en el Callejón de Huaylas a
partir del 600 d.C., con el uso del diseño ortogonal wari «Grupo-patio» y el de
los mausoleos tipo chullpas.
Y, tal
vez, llevada por su vínculo afectivo con Ancash y un anhelo independentista,
Ibarra dice que estos cambios se generaron de manera local y no por la
influencia Wari. En la región de Conchucos, no hubo estas modificaciones.
De modo
general Ibarra da cuenta de que la construcción de los edificios monumentales recuay
ubicados en ambos lados de la Cordillera Blanca, demandó una compleja
organización de planeamiento y mano de obra, por la envergadura y la técnica
arquitectónica megalítica usada para levantar los grandes muros de contención
de varios metros de altura para crean espacios planos. Sobre estos muros fueron
edificadas las estructuras de carácter público, cívico-ceremonial con una gran
inversión colectiva.
El método constructivo «Huanca-pachilla» aplicado para el levantamiento de los muros con curvas parece ser único en toda la sierra de Áncash, aunque hay diferencias con la técnica usada en El Caserón en Pashash, la única estructura monumental recuay al oeste de la Cordillera Blanca, con forma cuadrangular.
El
predominio de la construcción monumental al este de la Cordillera Blanca, se
fundamenta en la existencia en Conchucos de grandes edificaciones defensivas en
Sipa, Yayno, Pumpa, Riway, Gotush, Huamparán y Yacya, todos construidos
en la cima de los cerros con la técnica «Huanca-pachilla», aunque Antarragá,
en la margen oeste del río Marañón difiere en la mampostería, pues sus muros de
contención son de grandes bloques de piedra sin pachilla, con gran cantidad de
cerámica recuay en el lugar.
Yayno es el sitio que
presenta una arquitectura más compleja. George Lau fechó su inicio en el 500
d.C. y su abandono el 900 d.C. Sus ocupantes usaron mucho la cerámica
caolinita. El lugar combina los muros de contención monumentales con el uso del
diseño «Grupo–patio» para estructuras rectangulares de más de 20m de largo y
compuestas por un patio rodeado por recintos cuyos accesos dan a este patio.
Se estima
que Yayno, como centro principal en la cuenca del Yanamayo, habría sido fundado
cuando Recuay estaba en pleno florecimiento y coincide con la influencia Wari
en el Callejón de Huaylas. Algunos de sus atributos son observables en
Huamparán: grupos de patios de similares dimensiones, grandes muros de
contención y trincheras o zanjas.
Sin
embargo, Yayno se asemeja a Honcopampa, cuyos «grupo–patios» cuadrangulares
poseen similar distribución y tamaño. Es importante notar que no hay cerámica wari
en Yayno.
En cambio, en Tayapucro (Chacas) y Ampas (Huaritambo) los edificios solo tienen «Grupo–patio», no muros de contención. En el lado oeste de la Cordillera Blanca no hay «Grupo–patio» en Chinchawas, Pashash y Jecosh.
Solo
están en los centros administrativos del imperio wari, Honcopampa y Wilcahuain,
aunque Tschauner quien excavó Honcopampa con William Isbell, señala que existen
diferencias cruciales entre las estructuras en forma de «D» de este sitio con
las de otros sitios wari: por ejemplo, el número de accesos, presencia de
estuco, ausencia de divisiones internas y construcción con muro de mampostería
simple. El muro de la estructura en forma de «D» de Honcopampa alcanzó los 5
metros de altura, muy diferente a los centros Wari, pero más afín con
Marcahuamachuco y Yayno.
Tschauner
sostiene la hipótesis de que los waris no dominaron imperialmente a Recuay,
pero tampoco explica la naturaleza de su presencia. En esa línea, a la que se
suma Ibarra, Tschauner cree Honcopampa fue la capital de un estado ¿? local
durante el Horizonte Medio.
La arquitectura recuay es,
básicamente, lítica y sus formas son: viviendas, fortalezas defensivas,
edificios públicos ceremoniales y tumbas.
Una característica notable
es el uso de las galerías subterráneas, de claro origen chavín, tanto para las
construcciones ceremoniales como para las casas. Las paredes son de grandes
piedras alargadas clavadas en el suelo; las grietas se rellenaron con piedras
pequeñas usualmente planas, llamadas pachillas. Con imponentes bloques
cuadrados formaban las esquinas. Esta registrado en los edificios de Wilcahuaín
y Pashash.
Foto l. Ciudadela pétrea de Gotush
Foto m. Edificio
público Llamacorral y laguna Puruhuay
Viviendas. Las casas recuay fueron erigidas con piedras parcialmente labradas y con relleno de tierra; tenían de uno a cuatro cuartos interconectados, alrededor de un patio. Algunas viviendas fueron subterráneas, compuestas de un patio y un ambiente central multiusos, es decir, que funcionaba como cocina, sala y dormitorio a la vez. Casas tipo galería han sido recuperadas en Cátac, Copa y Tambo.
Fortines. Los sitios fortificados son de planta irregular, algunas de las cuales muestran muros perimetrales, parapetos y fosos. En algunos sitios de este tipo fueron recobrados armas como hondas, hachas, porras y puntas de proyectil, lo que apunta a que se trató de un pueblo guerrero. Entre estos yacimientos, destaca Yayno.
Edificios funerarios. Según
el investigador Duccio
Bonavia, las estructuras funerarias de los recuay son las más
elaboradas del área andina. Construyeron mausoleos de piedra, como los
encontrados en Molleurco, Catayoc y Pashash.
Otras tumbas, como las de Wilcahuaín,
son galerías subterráneas, cuyo largo varía entre 7 y 20 m, con una altura
aproximada de un metro. Dichas estructuras fueron individuales y colectivas, de
acuerdo a la clase o rango del difunto. En los entierros han sido encontrados
cadáveres flexionados o sentados con ofrendas alrededor.
Edificios de culto. Fueron
construidos con piedra labrada, con un gran patio abierto en el exterior, donde
se encuentran los subterráneos utilizados como cámaras funerarias. También construyeron tumbas de forma rectangular con múltiples
habitaciones y niveles.
12.ESCULTURA LÍTICA
Los recuay desarrollaron
una gran escultura en piedra. La labraban en forma de prisma o estatua, tallando
grandes lajas en alto o bajo relieve o por incisión en la piedra. Graficaron
guerreros, felinos, serpientes, cabezas humanas, caras y cabezas trofeo,
maquetas y copas con pedestal.
Otra forma fue el monolito: bloques de piedra de forma
casi cilíndrica, esculpidos aparentemente para representar a guerreros de rango
elevado. Estas figuras tienen expresión rígida, posición sentada con las
piernas cruzadas y portando una maza, un escudo o una cabeza-trofeo.
Otros monolitos
representan mujeres con trenzas largas y vestidas con capuchas o mantos.
Tuvieron una función arquitectónica ornamental, como dinteles o empotrados en
los paramentos. Numerosos ejemplos de esta litoescultura están en el Museo
Regional de Ancash (Huaraz).
También esculpieron cabezas clavas que representan a hombres y felinos y que recuerdan a los de la Cultura Chavín.
El arqueólogo Krszysztof
Makowsky, señala que este arte y la mampostería recuay tienen antecedentes
locales en la Cultura Chavín. No hubo continuidad, salvo en la forma de cabezas
clavas de hombres y felinos.
Makowsky describe: “Las
paredes fueron construidas con grandes piedras oblongas clavadas en suelo; los
intersticios se rellenaban con pachillas; imponentes bloques cuadrados fijados
en el suelo forman las esquinas; hileras angostas de piedras corren en el
paramento superior de las paredes, a modo de cornisas o voladizos. Las ventanas
son, generalmente, rectangulares, pero las hay también en forma de cruz,
escalonadas o en L. El techo y la parte superior de las paredes pueden estar
adornados con almenas triangulares o escalonadas. Hay secciones de paredes con
frisos geométricos. Bajos relieves con figuras de guerreros y seres sobrenaturales
decoraban las fachadas, como dinteles y estelas. Esculturas tridimensionales se
encontraban frecuentemente empotradas en el suelo”.
Foto
n. Monolito Recuay, en Huaraz.
13.METALURGIA
El estilo
Recuay se compone también, según Makowsky de procedimientos y técnicas particulares
de metalurgia, como las aleaciones trinarias (cobre, oro, plata) aplicadas en
el Callejón de Huaylas y en Cajamarca.
La
metalurgia recuay es distinta a la de mochica, pues usaron más las técnicas de
vaciado y soldaduras y menos las costeñas de laminado, recortado, repujado y
ensamblado.
Estudios incipientes
dicen que los metalurgistas recuay fueron diestros en vaciados a cera perdida,
en moldes bivalvos de objetos sólidos y huecos, frecuentemente decorados en
relieve. Aplicaron una variedad de técnicas de dorado y plateado para enchapes,
por fusión y reducción y el empleo de alambres modelados para objetos artísticos
de filigrana.
Sus
adornos típicos fueron largos prendedores-tupus en forma de clavos, aretes con
disco, y cabezas de porras en forma de rodillos denticulados.
14.TEXILERIA
Como en
otros casos, hay un reducido número de telas y confecciones conservadas. Estas muestran
motivos decorativos similares a los de su cerámica
Sin embargo, Krszystof
Makowsky dice que la mayoría de motivos, figuras y colores del estilo recuay se
originaron en el arte del telar. En las pocas recobradas bastan están los
modelos de la decoración de cerámica pintada. La técnica textil es la de tapiz
con urdimbres de algodón o lana y trama de lana teñida. Los tejedores como los
alfareros hacían contrastar los espacios monocromáticos del fondo, que poseen
tonalidades cremas, marrones y rojas, con los diseños figurativos y geométricos
de línea ancha.
15.RELIGIÓN
Marcos Yauri, en Deidades
Panandinas del Perú Antiguo en el Callejón de Huaylas, anota que el dios general de los huaylas fue Guari,
deidad muy antigua cuyo culto se prolongó hasta el siglo XVII. Tuvo su apogeo
entre los 600 y 1100 d.C. Pierre Duviols asegura que el edificio
principal de Chavín de Huantar estuvo “consagrado” a Guari. Waldemar
Espinoza sostiene que, según documentos inéditos del Archivo Arzobispal de
Lima, Guari fue la deidad principal de la zona de Ancash y que sus sitios de
adoración estuvieron en Wilcahuain, Pongor y Pumakayan. Además,
cada región le dedicó una huaca local.
La parte de Atun (Alto)
Huaylas tenía como dios principal a Matarao y la de Lurin (Bajo)
Huaylas era Macovilca.
16.ICONOGRAFÍA
Los grupos
recuay compartieron elementos comunes, como la iconografía del felino
encrestado y cara sonriente. Hay dos elementos iconográficos recuay que están
presentes en un extenso territorio: el felino de perfil y el animal
encrestado, representados en cerámica y escultura en piedra.
Existen
lajas de piedra con el animal con cresta en Chinchawas, Pashash, en los valles
del Mosna y Huaritambo y en el de Chacas. Su representación en cerámica es
homogénea en ambos lados de la Cordillera Blanca. Entonces, la presencia de
estos motivos indica que la cosmovisión de los diversos grupos recuay tuvo un
mismo origen, desde el cual posiblemente se extendió de sur a norte, como lo
hizo Chavín.
Esto es
sugerido también por la presencia de estos dos motivos en lugares como
Nunamarca, en la provincia de Pataz, La Libertad y en tumbas de Chingirip en
Cutervo, Cajamarca.
Foto
ñ. Ícono del guerrero, en cerámica caolín
En su
reporte, Recuay, el arqueólogo Krysztof Makowsky, expone que es creencia general que
esta cultura es identificada por un estilo regional de características
conservadoras que se expresa esencialmente mediante íconos de seres sobrenaturales de cara frontal
con cuatro apéndices, ser antropomorfo con apéndices cefálicos, felino o zorro
rampante con cresta, felino, serpiente bicéfala, búho, cóndor y otras aves
estilizadas, los cuales son reproducidos con trazo lineal en varios materiales,
técnicas y soportes como la cerámica pintada y decorada en negativo, la piedra,
la textilería, la metalurgia, el hueso y la madera.
Respecto
a la iconografía mochica, la recuay representa figuras aisladas o agrupadas en
composiciones de estructura heráldica. Los seres humanos aparecen en finas
vasijas escultóricas. Los seres sobrenaturales, en cambio, están representados
en escultura de piedra, y en pintura cerámica.
El
protagonista principal de escenas rituales es el jefe-guerrero con orejeras y
tocado de diadema y dos garras, manos o alas. Su vestido está decorado con imágenes
de seres sobrenaturales.
Representa
el rol de combatiente victorioso o perdedor y como oficiante supremo derrama la
sangre propia y ajena, así como la chicha, para propiciar la fertilidad de la
tierra y la reproducción de los rebaños. Aparece levantando la copa, llevado en
procesión, bailando, sentado en un recinto, parado con porra y escudo. A menudo
su imagen se reduce a la cabeza acoplada al cuerpo de la vasija con vertedera.
En las
orgías es representado con varias mujeres que visten una túnica larga hasta los
tobillos decorada con líneas verticales o puntos. Siempre llevan una especie de
banda o faja que les ciñe la vestimenta a la altura del vientre. La cabeza está
cubierta con velo. Nunca tienen orejeras.
El
jefe-guerrero aparece también, a menudo, con atributos sobrenaturales, y/o
rodeado de seres zoomorfos. Apéndices en forma de serpientes con cabeza de
dragón brotan de su frente.
Los tres íconos sobre el mundo sobrenatural: la Cara Radiante, el Felino Rampante, y la Serpiente Bicéfala están claramente subordinados al guerrero sobrenatural.
17.CULTO
A LOS MUERTOS
Los
entierros múltiples en cámaras (cistas) y/o galerías subterráneas fueron otra
característica de los recuay. Hicieron este tipo de tumbas en las depresiones
naturales o las fracturas de la roca madre, así como los afloramientos rocosos.
Usaron bloques monolíticos para techar las cámaras funerarias y grandes piedras
como marcadores, en Jancu, Auquispuquio, Roco Ama y Chinchawasi. Era costumbre
reabrir las sepulturas y manipular los contextos. Los individuos eran sepultados
en posición sentada con el ajuar dispuesto alrededor.
Entre fines del Intermedio Temprano e inicios del Horizonte Medio, el rito fúnebre cambió al uso de imponentes mausoleos tipo chullpas, solitarios, o agrupados en conjuntos cercados, como en Honcopampa. Los entierros en cámara subterránea fueron reemplazados. Varias chullpas tuvieron decoración arquitectónica con cabezas-clavas, como en Tinyash y Katiama).
Esta tradición pudo haberse originado en Cajamarca, en Chota y en la cuenca de Marañon, donde Isbell las ha documentado como correspondiente al Periodo Intermedio Temprano. Los hay también en la zona de Huamachuco.
Makowsky
resume: Ve la imagen de una sociedad organizada en comunidades territoriales,
eventualmente comparables con algunas formas de ayllu andino o pachaca en la
sierra norte.
Las
comunidades eran gobernadas por elites guerreras. El culto de ancestros fue el
eje central de la vida política y religiosa, está ultima organizada dentro del
complejo calendario ceremonial.
La
iconografía y el vestuario recuay sugieren que los señoríos guerreros asumieron
un origen mítico común conformando una macro-etnia y/o una confederación
religiosa.
Los
guerreros y los sacerdotes recuay están representados en el arte mochica, como
partícipes de combates rituales, de ofrendas de coca y de conchas importadas
del área ecuatorial, así como de supuestas ceremonias de purificación de aire,
con proyectiles floridos lanzados por medio de estólicas.
Lo recuay representaron a las principales deidades costeñas con tocados y vestidos recuay y los seres sobrenaturales serranos –Felino Rampante-Dragón Lunar, Cara con apéndices serpentiformes– adornaban las fachadas de templos mochica en los valles de Moche y Chicama, así como la parafernalia de culto como las botellas asa-estribo. Las formas y diseños moche fueron imitados no sin creativas adaptaciones por los alfareros recuay.
18.FINAL
De la
elaboración de esta crónica sobre los recuay, surge que uno de los pocos
investigadores que expone el fin de esa cultura es Krszysztof Makowsky. La
tradición recuay pervivió hasta la primera parte del Horizonte Medio.
Makowsky
afirma que, aunque no existan aún evidencias tangibles de que, por las malas, los
waris invadieron y dominaron a los recuay, la presencia de los imperialistas parece
haber alterado relaciones políticas establecidas por los recuayenses durante el
Periodo Intermedio Temprano.
Considera
que la difusión de chullpas pudiera ser la expresión material del poder
adquirido en el nuevo contexto (la presencia wari) por ciertas «pachacas» o
curacazgos que las establecieron en las viejas necrópolis recuay como Ichik
Wilkawaín y Chinchawasi. Pero, en otros casos, marcaron simbólicamente nuevos
centros de poder.
En
resumen, la narrativa de Malowsky sobre la disolución de la Cultura Recuay es
bien imprecisa: su tesis dice que en el nuevo orden político que surgió después
de la desintegración del imperio wari (alrededor del año 1 000 a.C.) aparecieron
estilos sureños y elementos culturales costeños en las alturas, durante el Horizonte
Medio final en el contexto de una fuerte interacción sierra-costa. En ese nuevo
orden, los centros políticos emergentes en la periferia del mundo mochica
ubicados entre el Santa y Huarmey jugaron un papel protagónico El ocaso de
la cultura Recuay se dio en este contexto, aunque algunos elementos de su
tradición iconográfica persistieron y se difundieron por la costa entre
Lambayeque y Lurín. Con esta textualización poco clara, Makowski parece apostar
a que Recuay recién desapareció por completo primero, por la acción de la
llamada Cultura Casma, sucesora de Mochica en la costa de Ancash y luego por la
arremetida del nuevo imperio Chimock, con centro nuevamente en Chan Chan, en el
valle del Moche. Esta percepción no parece coincidir con el fechado común del
final de Recuay en la centuria de los 700 a.C. precisamente a la intrusión
bélica o no de los imperialistas waris.














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