viernes, 13 de marzo de 2026

 CULTURA RECUAY
Intermedio Temprano o de
los Desarrollos Regionales, posterior a Chavín
200 a.C. a 700 d.C.

Después del despliegue de la portentosa arquitectura y actividad constructora megalítica de la sociedad teocrática Chavín, durante la mayor parte del Horizonte Temprano o Periodo Formativo de los Andes Centrales, siguió en el territorio del actual departamento de Ancash un periodo de desconcierto y reorganización social que, después, cuajó en una sociedad que ha sido reconocida por su atractiva cerámica caolín blanquecina o crema, con decoración en negativo marrón o naranja y una arquitectura defensiva pétrea de mediana envergadura, correspondiente a la Cultura Recuay, con presencia en los callejones de Huaylas y de Conchucos y una vigencia desde el 200 y al 700 d.C. aunque algunos arqueólogos la prolongan hasta el 900.

 1.    ORIGEN

Se le conoce también como Cultura Huaylas o Santa y hay consenso arqueológico respecto a que, unos 300 años después del hundimiento de la teocracia Chavín, en el Callejón de Conchucos, esta sociedad solo logró evolucionar hacia un conjunto de curacazgos o pachacas con centros ceremoniales zonales y una evidente variabilidad cultural material e ideológica.

Existen pocas evidencias que muestren una configuración política de tipo estado y de integración funcional entre los diferentes sitios recuay

Gráfico 1

 

PRINCIPALES CULTURAS

PERIODO INTERMEDIO TEMPRANO, O

DE DESARROLOS REGIONALES 

Y PRIMERA PARTE DEL HORIZONTE MEDIO

 

Culturas

Cronología

Ubicación

HUARPA

200 a.C.

450 d.C.

Sierra sur

RECUAY

200 a.C.

700 d.C.

Sierra norte

CAJAMARCA

100 a.C.

750 d.C.

Sierra norte

NASCA

100 d.C.

600 d.C.

Costa central sur

LIMA

100 d.C.

650 d.C.

Costa central

MOCHICA

150 d.C.

700 d.C.

Costa norte

HUAMACHUCO

400 d.C.

1000 d.C.

Sierra Norte

 

1.1. HIPÓTESIS SOBRE SU ORIGEN

La primera hipótesis y la más aceptada es que fue una reorganización tardía derivada de los restos de la Cultura Chavín.

Al respecto, la arqueóloga Bebel Ibarra Asencios, en su reporte, Contextualizando la Sociedad Recuay: Una visión entre el Callejón de Huaylas y la Sierra Oriental de Áncash, 2026, afirma que se ha establecido que Recuay se originó entre los años 50 y 100 d.C. en la sierra oriental de Áncash, donde la nueva sociedad construyó grandes plataformas superpuestas sobre estructuras Huarás y Chavín local. La nueva sociedad estaba compuesta por múltiples grupos sociales que controlaban valles y cuencas bajo liderazgos locales y compartían algunos elementos comunes como la arquitectura monumental defensiva con grandes muros de piedra, el uso alfarero de caolín, la iconografía y la mampostería «Huanca pachilla».

Las recientes excavaciones en Reparín, ubicado a las orillas de la laguna del mismo nombre, en el distrito de Cajay y en las que Ibarra participó, permitieron lograr en el lugar, el más antiguo fechado de una ocupación recuay, entre 25 y 240 d.C., obtenido de vestigios cerámicos caolín y restos de carbón. Recuay aparece superpuesta a ocupaciones Huarás y Chavín.

Reparín es determinante porque no presenta ocupaciones posteriores a Recuay o más allá del 240 d.C., por lo que todas sus construcciones tempranas serían Recuay, entre ellas, las monumentales plataformas superpuestas, la edificación de una Huanca y la construcción de casas.

Otro hallazgo a partir de la ubicación de Reparín y su Huanca a escasos 5 metros de la laguna, es el establecimiento de una temprana relación de los Recuay con el culto al agua, vínculo que también ha sido identificado entre el edificio Llamacorral y la laguna de Puruhuay (distrito de Huari).

Sobre esta base, Ibarra cree que el culto al agua fue un componente importante de la cosmovisión Recuay a partir de la vinculación de lagunas con sus edificios de plataformas superpuestas que luego evolucionaron a los Pirushtus o cimas de cerros que permiten una visión clara de 360 grados.

De todo lo anterior y de la ausencia de elementos defensivos en Reparín y Llamacorral- Laguna Puruhuay, Ibarra concluye que el florecimiento de Recuay no fue resultado de violentas incursiones, sino de un cambio sustancial en la religión Chavín, en decir en el reemplazo de deidades materializadas en piedras hacia deidades  geográficos como lagunas y montañas, conservando elementos como las Huancas.


Foto a. Ruinas y laguna Reparín, supuesto origen Recuay

En cambio, el arqueólogo Krszysztof Makowsky, en su reporte Recuay, del 2003, afirma que el origen de la tradición recuay está en el confuso periodo posterior al abandono de los centros ceremoniales de Chavín de Huántar (Ancash) y Kuntur Wasi (Cajamarca), cuando la reacción de poblaciones periféricas respecto al ámbito de influencia directa de estos y otros grandes centros de poder, se hizo sentir en toda la sierra norte..

Cambios importantes en la arquitectura, patrón de asentamientos y el decisivo incremento de la importancia de ganadería de camélidos se relaciona con la difusión de tradiciones cerámicas “horizonte” Janabarriu, y Blanco sobre Rojo Huaráz, en el Callejón de Huaylas y Layzón, en Cajamarca. Según Burger y Grieder en este periodo, se intensificaron los contactos entre la sierra sur y la sierra norte.

La consolidación del estilo recuay es la consecuencia de nuevas tecnologías textiles, alfareras y metalúrgicas introducidas por la población portadora de las tradiciones cerámicas Blanco sobre Rojo. Y; el ocaso de la tradición recuay guarda relación directa con la difusión de nuevos estilos cerámicos de la Sierra Sur como Chakipampa y Viñaque, correspondientes al fenómeno expansivo Wari.

Posteriormente, durante los estertores de Recuay, los cambios ocurridos en la fase Cotojirca V de la secuencia cerámica del Callejón de Huaylas y la fase Usú de Pashash, están vinculados a la aparición de estilos cerámicos del Horizonte Medio, fase 2B y fase 3, es decir, de la alfarería «Casma impreso», de la costeña Cultura Casma, reemplazante de los mochicas en esa zona, hasta su conquista por los Mochick y  de la cerámica «Tanguche», del valle del Santa, correspondiente al Horizonte Medio (Tanguche Temprano) y comienzos del Periodo Intermedio Tardío, 1000-1100 d.C. (Tanguche Tardío), equivalente al estilo Tomaval del valle de Virú.

La segunda hipótesis es que no fue una cultura independiente, sino una de las varias entidades políticas que conformaron la confederación mochica. Esta presunción se contradice con su fechado de origen (200 a.C.), 350 años antes de la aparición de Mochica.

2.    CRONOLOGÍA

Makowsky vislumbra tres periodos recuay:


2.1.         HUARAZ BLANCO SOBRE ROJO, DEL 400 a.C. AL 0.

La cronología absoluta se fundamenta para Periodo Huaraz Blanco sobre Rojo en los fechados provenientes de Chavín. Existe en este caso un traslape con los fechados asociados a la cerámica incisa Chakinani y Janabarriu.

 

2.2.         RECUAY, DEL 0 AL 600 d.C.

Para el Periodo Recuay la data procede de muestras de, Pashash, fases media y tardía de este sitio, entre el 300 y el 600 d.C.

 

2.3.         RECUAY-WARI, DEL 600 AL 900 d.C.

Hay fechados recientes de sitios de altura, asociados a la cerámica de orígen costeño del Horizonte Medio: Ancosh Punta, Llaca Amá Caca y Chullpa de Yarcoq. Las fechas enumeradas son congruentes con la cronología absoluta de los estilos foráneos asociados con Recuay, en particular mochica, y con la cronología wari.

3.    UBICACIÓN Y EXPANSIÓN

Los Recuay ocuparon el valle Callejón de Huaylas, o la zona media (andina) del valle del Rio Santa; el río es uno de los mayores de régimen permanente en la vertiente del Pacífico.  

El valle corre paralelo al «Callejón de los Conchucos», extendiéndose entre ellos el ramal central de la Cordillera de los Andes la que, por sus altos nevados a partir de la Meseta de Bombón, en Pasco, es llamada la «Cordillera Blanca».

Por tanto, el área de Recuay está muy cerca del que fue centro de la antigua Cultura Chavin hacia el este, el sitio Chavín de Huántar. 

Recuay llegó a ocupar gran parte del territorio inmediato de los Chavín. La influencia de la arquitectura chavín perduró en la de Recuay, por ejemplo, en el uso de galerías subterráneas y en el uso de la cantería, así como en el arte de la escultura líticas y las estelas. La cerámica de Recuay también recibió la  influencia de la Cultura Mochica. 

En resumen, esta cultura floreció especialmente en el Callejón de Huaylas y la margen izquierda del río Marañón. También se extendió a la zonas altas del valle del Santa, de Casma y Huarmey. Hacia el norte, llegó a la zona de Pashash, en Pallasca. Wilkahuain fue uno de sus asentamientos más importantes y se cree que fue su centro-capital.



Foto b. Probable territorio de la Cultura Recuay.

 

4.   INVESTIGACIÓN

En 1874, el dueño de la estancia Rapish, en el distrito de Recuay, departamento de Ancash, Agustín Icaza comenzó a apoderarse de piezas cerámicas extraídas de tumbas ubicadas dentro de los linderos de su propiedad. Cuatro años después, en 1878, añadió a su rapiña otros 160 alfares del ahora llamado sitio arqueológico de Roko Ama, un cementerio recuay cercano a la localidad de Cátac.

Icaza vendió todas sus vasijas a José Mariano Macedo, anticuario limeño (1823-1894), quien las llevó a Europa como parte de un cargamento de más de 2 000 artefactos prehistóricos, despojados al Estado Peruano.

En Europa, Macedo vendió el conjunto de vestigios a un agente del Museo etnológico de Berlín por 2 000 libras esterlinas. ​ En 1881, el Museo de Berlín exhibió, en París, 152 vasijas traficadas por Icaza, caracterizadas por su arcilla fina y su decoración con figuras en rojo y negro.

Doce años después de esa muestra, en 1893, Eduard Seler, antropólogo alemán analizó las piezas en poder del Museo etnológico de Berlín por Mariano y fue quien asignó el nombre Recuay a ese estilo de cerámica, sobre la base de registros disponibles de su procedencia.

Pero, análisis posteriores determinaron que tal lote de ceramios era originario del sitio Copa, cerca de Carhuaz. Hubo propuestas de cambio de nombre y hasta se buscó la denominación más general de “Estilo cerámico Huaylas. Pero, la designación Recuay se impuso para todo vestigio alfarero del Callejón de Huaylas, rojo y negro.

En 1919, Julio C. Tello exploró la zona y recuperó esculturas líticas y cerámica tipo recuay.

Durante la década de los sesenta, Rafael Larco Hoyle propuso cambiar las denominaciones de Recuay y Copa por la de “Estilo Santa”, sosteniendo que el estilo recuay se había originado en las regiones costeñas del valle del Santa. Sus colegas desoyeron su iniciativa. La denominación «Recuay», se impuso.

Pero, la situación del conocimiento sobre el mecanismo de vida social de los recuay es aún insuficiente, debido a que en el extenso territorio que se le atribuye mediante la detección de su emblemática cerámica caolín, solo unos pocos asentamientos han sido excavados, mientras que en un número mayor solo se han realizado prospecciones exploratorias, principalmente con barridos de superficie.

Los sitios excavados en los que se recuperó cerámica de caolín, son:  Pashash, Balcón de Judas, Honcopampa, Hualcayán, Jecosh, Pierina, Queyash Alto, Wilcawaín  y  Chinchawas. En Conchucos: Riway y Huacramarca, Gotus, Yayno, Huamparán, Ampas, Llamacorral  y  Reparin.

Solo hay pocos planos o mapas disponibles de los asentamientos recuay.

Bebel Ibarra Asencios, en su reporte ya citado de 2026, aporta nueva data que abarca las dos áreas principales del territorio: este y oeste de la Cordillera Blanca.

En el oeste, sobre la base de las excavaciones en tres sitios: Pashash, Pierina y Chinchawas, se halló:

En el primero, en 1978, el arqueólogo Gridier clasificó hasta tres subestilos alfareros Recuay que tuvieron vigencia entre el 200 y 900 d.C.

En Pierina, a la ocupación recuay le siguió la presencia wari, sustentada por vasijas encontradas en las chullpas de Yarcok, las cuales han sido fechadas entre 857 y 1044 d.C. lo que indica máxima influencia wari hacia el año 800 d.C. En Chinchawas, lo recuay empezó entre el 250 y el 500 d.C., pero creció del 657 al 980 d.C., es decir, desde la invasión wari al Callejón de Huaylas.

En Honcopampa, la estratigrafía ha mostrado cerámica caolín, fechada en 540 d.C., debajo de material wari.

Keushu, en Yungay, presenta arquitectura “canchas” fechadas en 800 d.C

Ibarra concluye, entonces, que se observa claramente que el dominio wari – ella lo considera solo como “influencia”–, irrumpió, cambiando la naturaleza de los asentamientos recuay al oeste de la Cordillera Blanca.

Es un misterio aún si la irrupción wari fue por las buenas o por las malas. Sin embargo, considerando la característica defensiva de la arquitectura recuay y  que los mochica en sus vasijas representaban a sus vecinos como temibles guerreros, lo más probable es que la implantación de los wari durante 3 o 4 siglos, fue por las malas.  

En la parte oriental de la Cordillera Blanca fueron excavados pocos sitios: Gotush en el valle de Yanamayo, Tayapucru en el valle de Chacas, Yayno en Pomabamba y Huamparán en el valle de Huaritambo.

Yayno es el sitio más complejo y extenso. Su excavación ha arrojado una gran cantidad de cerámica caolín recuay. Las fechas de radiocarbono apuntan a una ocupación entre el 400 y el 800 d.C. y terminó cuando muchos otros sitios habían establecido un intenso intercambio con Wari.

Tayapucru, el grupo–patio llegó entre el 600 y 900 d.C., mientras que en Huacramarca, a 1 km al oeste, también con arquitectura grupo–patio y con presencia de cerámica caolín, su ocupación data de entre 400 - 1500 d.C.

En Gotush, la cerámica caolín recuay está asociada a los cimientos de canchas que datan del 586 d.C. Sin embargo, el sitio creció después del 600 d.C. y continuó hasta el Horizonte Tardío

El resumen de Ibarra es, entonces, que, a diferencia de la parte occidental de la Cordillera Blanca, donde Recuay fue “influenciado” por los waris, los recuay de la parte oriental no cayeron en esa órbita, siguieron trayectorias propias y desarrollaron como propios componentes culturales como el típico diseño wari «grupos-patios» ¿?

5.   ORGANIZACIÓN POLÍTICA

Según su iconografía, diseño arquitectónico y actividades constructivas, tradición funeraria y religiosa, Recuay fue una sociedad organizada en comunidades territoriales, tal vez estructuradas con base em la «pachaca» o «ayllu» ancestral.

 

Dichas comunidades estaban gobernadas por élites guerreras, lo que indica que Recuay fue una sociedad de alto grado de militarización porque vivieron en permanente conflicto con sus vecinos, principalmente de la costa, con los que disputaban tierras de cultivo y fuentes de agua.


6.   RELACIÓN CON LOS MOCHICA

La relación entre los recuay y los mochicas del sur (costa de La libertad y Casma) debe haber sido bastante tensa porque compartían fronteras y competían por las mismas fuentes de agua.

Hay evidencia de un conflicto considerable entre sociedades orientadas a la guerra como se refleja en los edificios recuay fortificados y la iconografía belicista de las dos culturas. De hecho, recuay está asociado con la aparición más temprana de centros y pueblos fortificados en los Andes Peruanos.

Es posible que los andinos impidieran la expansión de los mochica hacia las tierras de la «Cordillera Negra», lo que explicaría la razón por la que los costeños no pudieron dominar las alturas andinas occidentales y menos, siquiera amenazar el «Callejón de Huaylas», durante su apogeo.

Eso, en el supuesto caso de que se demostrase una política mochica de ansias de invasión y ocupación de la sierra, lo cual es poco probable, por las dificultades de adaptación de los costeños a las alturas andinas, problema que, por el contrario, no afectan a los serranos que descienden a nivel del mar.

El arqueólogo Wilson planteó en 1988 que las interacciones entre los recuay y los mochicas tuvieron un considerable componente bélico.

Proulx, en 1982, Makowski y Rucabado, en 2000, Lau, en 2016 y Woloszyn, en 2008 creen, en cambio, que fueron relaciones de respeto mutuo y de intercambio estilístico.

El arqueólogo Janusz Z. Wołoszyn, del Departamento de Antropología Histórica del Instituto de Arqueología de la Universidad de Varsovia, en Enemigos íntimos – Los representantes de la cultura Recuay en la iconografía Moche, afirma que   

durante más de quinientos años, las dos culturas se influenciaron mutuamente con gran fuerza, durante periodos de relaciones hostiles y pacíficas.  

Se asentaron en zonas ecológicas distintas pero muy cercanas entre sí, por lo que sus contactos eran constantes, para el intercambio comercial y asistencia a actividades de culto.

Un campo de la influencia recíproca fue la ideología sobre el mundo compuesta por mitos, creencias sobre deidades, la vida después de la muerte y ritos de culto. Otro campo fue el intercambio de alguna indumentaria, adornos y el uso masivo de objetos y sustancias apreciadas.

Woloszyn anota que sus apreciaciones y las de otros investigadores proceden casi exclusivamente de fuentes mochica, pues nadie ha determinado aún cómo fue el contacto con la gente de la costa, desde el lado recuay.

Su iconografía cerámica, textil ni la de su escultórica lítica muestran a representantes moches, sin que tampoco se sepa, por qué, tal vez por lo incipiente del estudio del arte Recuay, así como por una cierta pobreza, una mayor sencillez y un evidente esquematismo de su iconografía.  Por tanto, no es posible determinar a ciencia cierta si hubo una “respuesta iconográfica” Recuay, porque es difícil creer que no existiera tal reacción.

Durante varios cientos de años, la frontera entre los mochicas del sur fueron las zonas altas de los valles, Chicama, Moche y Virú, al norte; del valle del Santa, hasta los de los ríos Nepeña, Casma y Huarmey, al sur.

Diversas fuentes confirman que los contactos entre estos pueblos, fueron pacíficos y hostiles.

La iconografía mochica parece reflejar la naturaleza dual y compleja de esta relación acentuando uno u otro aspecto, según el lugar, la época o la situación política imperante en el momento de creación de los testimonios artísticos.

En el grupo específico de los “huacos retrato”, hay imágenes de “enemigos” que enseñan los dientes, como de “extranjeros” de agradable aspecto, honorables y quizá incluso dignos de respeto. Esto, leyendo el lenguaje de la iconografía mochica como si fuese una fuente escrita, con la salvedad de que información transmitida no puede ser considerada como objetiva y que la propia fuente es discutible. Se debe tener en cuenta que la iconografía como expresión de la ideología de una élite no puede ser, por definición un reflejo directo de la realidad., pues su objetivo era crear una visión del mundo circundante, su formación y deformación conforme a las exigencias de los mandantes.

La primera representación de los “extraños” en la iconografía mochica apareció en a mediados de siglo XIX, en Europa cuando empezaron a publicarse copias de las escenas pintadas en las vasijas peruanas que habían llegado procedente de traficantes de antigüedades.

Una escena grabada en una botella asa-estribo en posesión del Museo -Etnológico de Berlín muestra una lucha entre dos grupos de guerreros, diferenciados claramente por el artista, fue publicada por primera vez por Albert Voss en 1876, quien afirmó que el grabado presenta un enfrentamiento entre “habitantes de Trujillo”, es decir guerreros mochicas (los vencedores) y gente de una tribu de más bajo desarrollo cultural.

Entre diez “extranjeros”, dos figuras están desnudas y cuatro van vestidos con un taparrabos claro sujeto por una tira y su única ornamentación son aretes redondos y orejeras cilíndricas alargadas. Sus cabellos están recogidos en una coleta sobre la frente y llevan pintados grandes círculos oscuros en la cara, Sus armas son mazas de círculo, bola o de estrella, diferentes de las de cabeza bicónica de los mochica.  Los demás visten camisas de manga corta distintas a las que usan los mochicas, unos cuellos-pectorales con cintas colocados sobre las camisas y sus tocados con adornos combados, probablemente de metal decorados con manos humanas y a veces con cabezas humanas. También se diferencian de los mochica por unos tableros que cuelgan de sus hombros, adornados con pequeñas “cabezas-trofeo” humanas. El supuesto jefe de este grupo lleva incluso uno de estos estandartes entre los dientes.

Por primera vez, A. Baessler, a comienzos del siglo XX, halló elementos parecidos en las estatuas de piedra de guerreros descubiertas en la provincia de Aija.

Varias décadas después, Immina von Schuler-Schömig, Krzysztof Makowski, Julio Rucabado y George Lau, identificaron a estas figuras como representantes de la cultura serrana Recuay, sin duda alguna.

Woloszyn sospecha que la iconografía de los “otros” – enemigos o extraños – era un elemento propagandístico de la élite para formatear el tipo de relaciones que se deseaba en un momento dado con los vecinos. La gran cantidad de representaciones bi y tridimensionales de individuos recuay, así como de figuras fantásticas vinculadas a ellos, halladas en la iconografía mochica, prueba que las relaciones entre ambas sociedades eran mucho más estrechas de lo que se pensaba.

El arqueólogo cree que los artistas mochicas trabajaban retratos de los recuay porque les resultaban interesantes por ser diferentes en su peinado, por tener barba y bigote, por usar tocados, vestimentas y adornos corporales llamativos, por sus armas y por sus ceremonias diferentes.

Trataban de grabar sus rostros exóticos con naturalismo extremo lo que sugiere que observaban minuciosamente detalles de modelos vivo mientras estos estaban en la costa.  El interés también surgió de la vinculación de los recuay al suministro y manejo de sustancias mágicas y a objetos destinados a ritos, por lo que eran considerados cercanos al submundo de los muertos y al mundo de los dioses de la noche.

De esto se derivaría la popularidad del tema en el arte mochica, así como la presencia de vasijas con imágenes de personas, dioses y animales con rasgos recuay dentro de las tumbas de los habitantes de la costa

Desde la perspectiva mochica, el autor percibe que los costeños consideraban a sus vecinos serranos como extraños, diferentes, pero cercanos y bien conocidos, de quienes dependía el éxito en muchas importantes esferas de la vida y de la muerte, por lo que era conveniente que no estuvieran en contra.

Los podían derrotar en batallas auténticas o rituales; tenerlos como proveedores de valiosos objetos y sustancias; someterlos ideológicamente, presentándolos en la iconografía como débiles y obedientes y, finalmente, granjearse su favor para el camino al más allá.

Cada una de estas victorias - aunque fueran ilusorias y obra exclusiva de la propaganda iconográfica- garantizaba a los mochicas, tranquilidad, equilibrio, bienestar y creaban una situación en la cual era posible la coexistencia de las dos comunidades, la participación conjunta en las ceremonias de culto a los mismos dioses y desarrollar contactos para realizar intercambios.

 

Foto c. Botella mochica con representación bélica

 


 Foto d. Transcripción gráfica de conducción de prisioneros de las imágenes de la Foto c

Como parte del Proyecto Arqueológico Huari – Áncash, que se inició en el 2004, los arqueólogos, Bebel Ibarra Asencios y Carlos Escobar Silva, en su informe Algunas evidencias de las interacciones entre los recuay y la costa norte durante los Periodos Intermedio Temprano y Horizonte Medio, publicado en 2025, dicen que en sus investigaciones realizadas en Huamparán, sitio recuay, en Conchucos, recobraron piezas cerámicas de dos formas que indican la interacción de este asentamiento, en intercambios a larga distancia, posiblemente con los costeños de virú-gallinazo o con los mochicas del sur, desde  inicios del Horizonte Medio, sin la influencia del imperio wari.

Huamparán está en la parte norte del valle de Huaritambo, a 3900 metros sobre el nivel del mar, a unos 20 kilómetros al norte de Ciudad de Huari y a 40 kilómetros al norte de Chavín de Huántar. Comprende unas 200 hectáreas y es el sitio recuay más grande del valle de Huaritambo.

En una explanada relativamente plana rodeada por una extensa muralla perimétrica de piedra de 150 metros de diámetro se encuentran trece grupos de patios que se caracterizan por la presencia de un patio interno, con y sin banquetas.

Huamparán fue ocupado entre el 200 y 900 d.C. Sus edificios sufrieron una serie de modificaciones a lo largo de su historia, pero las más relevantes ocurrieron alrededor del año 500 d.C, cuando agregaron tumbas y fogones. En cuanto al material cultural, se recuperaron 5626 fragmentos de cerámica, una cantidad no muy grande considerando el tamaño y la profundidad de las excavaciones. La cerámica decorada predominante es de caolín y parecida al, pero, en general, es mínima.

La vasija 1 es una pequeña jarra de 16 centímetros de alto, con cuerpo globular y engobe de color naranja claro. Alrededor del cuello tiene tres pequeños rostros separados por una protuberancia similar a la cabeza de una serpiente (Fig. 12). Los investigadores creen que es similar a las vasijas de estilo Virú-Gallinazo.

Las vasijas 2 y 3 son de la misma forma: plato recogedor sin asa. El interior tiene forma de «D», con un lado recto abierto. Son de color rojo oscuro muy intenso. El análisis de la pasta determinó la presencia de arena eólica como temperante. Este tipo de arena es característico de los valles costeros, por lo que proponemos que estas vasijas fueron elaboradas en esta región. Este hecho indicaría que personas (mochicas o virú-gallinazos) llevaron estos objetos a Huamparán para ser usados en contextos religiosos. Este hecho no es nuevo, pues, anteriormente, durante el Horizonte Temprano se trasladaban objetos a Chavín de Huántar para ser utilizados en ceremonias.

 

7.   RELACIÓN CON EL IMPERIO WARI

Estudios recientes han determinado que, aproximadamente durante los años 700 d.C, durante el Horizonte Medio, sin que se sepa todavía si fue por la ruta andina o por la costa, llegaron al actual departamento de Ancash las fuerzas imperiales wari, a partir de lo cual –tampoco se sabe si fue por las buenas o por las malas– ocurrieron drásticos cambios en la cultura material e ideológica de los curacazgos del extenso Callejón de Huaylas lo que actualmente, en conjunto, es conocido como la Cultura Recuay.

Aquí hay que hacer una precisión: este fechado de la innegable intrusión wari coincide con el inicio de las disoluciones materiales de las culturas Recuay y Mochica en la costa central norte, así como también de las emplazadas en la costa, hacia el sur. El punto, entonces, es: ¿Wari llegó durante la agonía Recuay y solo la aceleró? Ningún investigador ha aclarado aún este aspecto y lo tratan con “estilo brumoso”.

Los waris establecieron primero, en el lugar nombrado como Wilcahuaín una guarnición o avanzada. Huilcahuaín, Huillcahuayín, Willkahuaín o Willkawaín, es un sitio arqueológico ubicado en el Callejón de Huaylas, a unos 7 km al noreste de la ciudad de Huaraz, en el distrito de Independencia, provincia de Huaraz, departamento de Ancash, a 3 400 m. de altitud, en la margen izquierda del Rio Santa, flanco de la Cordillera Negra. 

En quechua genérico el nombre significaría "Casa de los nietos" o “Casa del árbol”. Sin embargo, en quechua del Callejón de Huaylas, significa: “Casa de la divinidad” o “Casa del poderoso”. 

Foto e. Ciudadela Wilkahuain.

 

A 800 metros de Willcahuaín se halla el sitio llamado Ichic Wilkahuaín, un conjunto de quince tumbas tipo chullpas, con forma de pequeñas torres de dos a tres pisos y varias cámaras en su interior para sepulturas colectivas de la elite. Ambos sitios cubrían una extensión de más de cinco km².

No hay duda de que Wilcahuaín ya existía desde hacía mucho tiempo cuando irrumpieron los imperialistas wari. Se especula con que los waris llegaron desde sus posiciones consolidadas en el Valle del Mantaro, en Junín, vía la Cordillera de Huayhuash, hasta alcanzar la planicie de Conococha, naciente de Río Santa. 

Tampoco hay certeza sobre que los waris se hayan impuesto por la fuerza o mediante una alianza de vasallaje con la élite Recuay, a lo mejor mediante matrimonios entre los nobles de ambos bandos. También, solo es una hipótesis que Wilcahuaín pudo ser la última capital de la Cultura Recuay.

La dominante presencia wari generó cambios culturales en el Callejón de Huaylas, como, por ejemplo, un tipo distinto de sepultura. Los recuay usaban galerías subterráneas como tumbas y también chullpas, a las que reemplazaron por mausoleos con cámaras mortuorias de diseño wari sobre plataformas superpuestas.

Como resultados de excavaciones realizadas entre los años 2005 y 2007, financiadas por la minera Barrick Misquichilca, se sabe que Wilkahuain y su cementerio datan del año 700 d.C. tiempo correspondiente a la irrupción de los waris. Se desenterraron textiles, objetos de metal, cerámicas de ofrenda y batanes (moledoras de piedra) que servían para triturar algún tipo de producto, ya sea para los rituales religiosos o para el consumo humano.

En junio del año 2008, el entonces director del Instituto Nacional de Cultura (INC) de Áncash, José Antonio Salazar Mejía, confirmó la antigüedad de este sitio y

remarcó que los waris cambiaron la tradición fúnebre de la población, pues de enterrar a sus difuntos en subterráneos pasaron a hacerlo en mausoleos.

El segundo sitio intrusivo wari, entre los Recuay, en el Callejón de Huaylas fue Honcopampa, que habría sido establecido como un centro administrativo de segundo orden para controlar la conexión entre los callejones de Huaylas y Conchucos.

Solo quedan vestigios de lo que fue una pequeña ciudad wari a 3 565 de altitud, emplazada en una zona media de la falda de uno de los grandes glaciales de la Cordillera Blanca, como conexión con el Callejón de Conchucos y la Alta Amazonía.

Como resultado de sus excavaciones en el lugar durante 1987, el arqueólogo William Isbell afirmó en su informe «Honcopampa Ruinas Monumentales en la Sierra Norte del Perú», contenido en 100 Años de la Arqueología de la Sierra de Áncash, Ibarra, Bebel, edición 2014, Págs. 435: “(…) la pequeña ciudad fue un centro de edificaciones con características wari. La arquitectura de Honcopampa es una mezcla de edificios wari con una fuerte tradición norteña, de la cual deberíamos encontrar antecedentes de albañilería de piedras y esquirlas (block and spall) y de espacios construidos con dinteles megalíticos y grandes jambas de piedra”.

En medio de la controversia entre arqueólogos que creen que Honcopampa fue construido por los waris y otros que afirman que fue edificada antes de la llegada de los imperialistas por gente de la Cultura Recuay, Isbell planteó que los locales recuay, fueron los constructores, pero aplicando el típico diseño wari «grupo – patio» con variantes constructivas propias, con el visto bueno de los imperialistas.

Isbell, expone como fundamentos, los siguientes: casi toda la cerámica de Honcopampa data del Horizonte Medio o posterior y está representada por vasijas negras pulidas y recipientes rojos alisados, asociadas a la construcción «grupo-patio» wari, con el añadido de algunas copias locales de los estilos wari Viñaque y Chakipampa.

Tres fechados radiocarbónicos, sobre muestras de carbón de la ocupación «grupo-patio» datan de entre los años 600 al 800 d.C.

La arquitectura de Honcopampa es similar a la de wari. El «grupo – patio» fue el estándar wari para sus centros administrativos provinciales. Sus chullpas corresponden a un diseño arquitectónico ampliamente difundido en la sierra norte. Honcopampa sí asumió de wari, la albañilería de piedras y pachillas, los diseños «grupo-patio», y recintos en «D», con el agregado de largos dinteles de piedras o jambas en los accesos.

Actualmente, el sitio está en tierras de la Comunidad Campesina de Túpac Yupanqui, distrito de San Miguel de Aco, provincia de Carhuaz, del departamento de Áncash.

Sus primeros investigadores fueron, en 1961, el estadounidense Gary Vescelius y el peruano Hernán Amat, quienes describieron un asentamiento de trazo urbanístico con dos sectores.

 

Foto f. Honcopampa

7.1.         LAS DUDAS DE WILLIAM ISBELL Y DE TSCHAUNER

En su estudio sobre el sitio Honcopampa, de la cual dice que pudo haber sido, la primera capital de la Cultura Recuay y luego el centro del coloniaje wari en Ancash, William Isbell se ha preguntado: ¿qué efectos tuvo la expansión wari en el Callejón de Huaylas sobre su sorprendente tradición de piedra trabajada y su arquitectura?, y ¿cuál fue el cambio que wari produjo en la organización y administración de los asentamientos del Callejón de Huaylas?

Sus respuestas pueden resumirse así: “los diferentes componentes arquitectónicos y constructivos de Honcopampa, así como los estilos alfareros, metalúrgicos y, sobre todo, la tradición de entierros en cámaras de individuos sentados y enfardados, indican una compleja historia cultural de lo que se puede inferir que fue una ciudad dinámica donde los waris y los locales habrían construido un nuevo sistema regional de poder y control”.  

Se ve que Isbell no es concluyente sobre el dominio imperial wari, probablemente por falta de información de la que ya se dispone a la fecha.

No obstante, una pregunta crucial es: ¿cuáles otros intereses, además del intercambio comercial a larga distancia, habrían impulsado a los waris a construir largos caminos y asentarse en Ancash avanzando desde el Valle del Mantaro y de Pachacámac? ¿Fueron esos mismos intereses los que los llevaron a irrumpir en la Libertad construyendo la ciudad de Viracochapampa, desde donde después prosiguieron hacia Cajamarca y Lambayeque?

Ningún estado ha hecho eso gratis en el curso de toda la historia de la humanidad.

En cambio, los arqueólogos Juan Paredes, Berenice Quintana y Moises Linares, en su informe  Tumbas de la época wari en el callejón de Huaylas, Ancash, publicado en el 2000 en el Boletín de Arqueología de la PUCP, remarcan la vigorosa y prolongada vigencia del imperio wari en Ancash, unos 400 años, como resultados de sus excavaciones en Pampirca y Piquijirca, ubicados en ambas márgenes del Río Santa, Callejón de Huaylas. En general, determinaron:

i) Que los materiales arqueológicos recuperados son similares a los registrados en Wilkahuain, el primer asentamiento wari en el valle y en Honcopampa, la gran capital provincial wari y, además, están presentes en sitios como Ancón, Nievería, Supe y Moche. También presentan rasgos similares y contemporáneos respecto al estilo Teatino, característico de la costa central.

ii) Que durante el Horizonte Medio hubo estrechas relaciones sociales entre los habitantes de la costa y de la sierra de Ancash.

En ese marco puede inferirse que esa relación se produjo necesaria e intensamente con el valle costeño de Huarmey, donde durante el Horizonte Medio 2 los waris instalaron también un centro administrativo provincial que bien pudo depender de su capital andina, Wilkahuaín o Honcopampa, en el Callejón de Huaylas.

En consecuencia, para la terna de arqueólogos está comprobada la extensa e intensa presencia del imperio wari en lo que hoy es Ancash, especialmente en el Callejón de Huaylas y la costa. Aceptan como fundamento el patrón wari de cámaras funerarias individuales y colectivas en las cuales fueron inhumados individuos en posición sentada enfardados y acompañados de ofrendas de diverso tipo, según su rango social; tradición que fue predominante en innumerables sitios de la región, con la variante local de que las cámaras-tumbas estaban en el interior de edificios llamados chullpas de diseño local y de diverso tipo y tamaño.

Otro indicador de la hegemonía wari hallado por este equipo de arqueólogos es el resultado de la comparación de la cerámica del Horizonte Medio del Callejón de Huaylas con la de la costa norcentral, entre los valles de Casma y Supe. El resumen es que los materiales alfareros y metalúrgicos de Piquijirca y Pampirca corresponden a las épocas 2B y 3 del Horizonte Medio y fueron ubicados en chullpas y cámaras subterráneas de diversas formas vinculadas a otros estilos wari de la costa central tales como el Pachacamac y el Viñaque, en el marco de un patrón funerario con algunas similitudes con los registrados en el Castillo de Huarmey, otros sitios en el mismo valle y en los valles de Culebras y Supe.

Su conclusión, a modo de hipótesis genérica, es que en el Callejón de Huaylas existió un dominio imperial wari que se tradujo en una unidad política y social fuertemente vinculada a la costa de Ancash, la cual incorporó características locales.

Sobre el tema, el arqueólogo Hartmut Tschauner, de la Universidad de Harvard, expone otro criterio en, Honcopampa: arquitectura de élite del Horizonte Medio en el Callejón de Huaylas, contenido a partir de la página 193, en Arqueología de la sierra de Ancash – segunda edición, compendio de Bebel Ibarra.

Tschauner sostiene que el grado de semejanza entre Honcopampa y los otros propuestos centros administrativos wari es mucho menor que el que se observa al contrastar todos los centros administrativos wari entre sí.

Hay semejanzas entre elementos individuales de la arquitectura de Honcopampa y la de wari, por ejemplo, el plano «grupo–patio». Pero, en Honcopampa este plano no cumple las funciones básicas del diseño ortogonal y su construcción aplica la misma mampostería de las chullpas de diseño ajeno a wari.

Tschauner afirma que en el Callejón de Huaylas hay varios sitios en los que se puede observar lo mismo que en Honcopampa.

En 1935, el geógrafo austriaco Hans Kinzl en su registro integral del Callejón de Huaylas, describió a Honcopampa como únicamente parte de una serie de sitios que responden a un mismo modelo arquitectónico de raíces locales caracterizado por chullpas y su mampostería.

La arquitectura de Honcopampa correspondería, entonces, a un estilo de arquitectura de la sierra norte (Huamachuco y Cajamarca) por lo que Tschauner cree que Honcopampa fue la sede de un señorío local del Horizonte Medio y comienzos del Intermedio Tardío que, como los huamachucos, interactuó con los waris, sin necesariamente formar parte de su dominio territorial. Tschauner no considera para nada la posibilidad de que tal señorío, pachaca, ayllu o curacazgo, habría aceptado el vasallaje ante los wari a cambio de la conservación de su poder y de sus costumbres locales, política wari muy aplicada para su expansión imperial.

La interpretación de Tschauner sobre Honcopampa coincide con la hipótesis del arqueólogo George Lau, formulada en el año 2001 para el Horizonte Medio, respecto al sitio Chinchawas cerca de Huaraz. Lau cree que los locales usaron su arquitectura monumental y funeraria como expresión de su identidad, autoridad y reafirmación del control de su territorio ante “la influencia” wari. ¿Por qué no se trataría de otro curacazgo aceptante de vasallaje ante los waris?

En consecuencia, según Tschaunaer y Lau, en Honcopampa y Chinchawas y por proyección, en todo el Callejón de Huaylas, los locales en son de rebeldía solo adoptaron ciertas prácticas e ideas de los waris, acoplándolas a sus tradiciones estilísticas y tecnológicas locales.

Lamentablemente, ambos autores no explican un tema crucial: si esta supuesta resistencia de los recuayenses fue militar o solo ideológica y cómo es que los waris, usando a fondo la estratégica posición de Honcopampa, como enclave de control del principal paso del Callejón de Huaylas al de los Conchucos y hacia la sierra de La Libertad, pudieron marchar a amenazar a los mochica del sur y del norte, emplazándose en Wiracochapampa, en el territorio de los huamachucos, con dirección hacia Cajamarca, en donde evidentemente, también establecieron hasta dos grandes asentamientos.  

Una cuestión importante es que las percepciones de Tshcauner y de Lau, son totalmente anteriores a cruciales hallazgos de la expansión wari en el norte, como el develamiento del Castillo de Huarmey, las ocupaciones wari en Cajamarca, Lambayeque, Chachapoyas y, como demasía, al descubrimiento del “Señor de Vilcabamba”, en Espíritu Pampa, en Cusco, más el desenterramiento espectacular de Ciudad Wari, junto con otras ubicaciones menores; hechos que han consolidado la categoría de imperio para Wari.

 

7.2.         LA EXPANSIÓN WARI A LA COSTA DE ANCASH

Con respecto a características arquitectónicas que indican la presencia wari en la costa de Ancash, probablemente durante la agonía de los recuay, han sido halladas cámaras funerarias en Casma, en la Hacienda Poctao y en Huarmey, en la Huaca El Campanario, construidas con adobes rectangulares, según el patrón wari de la época en esta región.

En 1982, Bonavia registró en el Valle de Huarmey más de 50 sitios arqueológicos asociados a materiales del Horizonte Medio, como cementerios, posibles sitios de vivienda y algunos con arquitectura compleja.

En el «Castillo de Huarmey», en ese tiempo, ya se habían conocido cámaras fúnebres construidas con adobes y pintados de rojo como tumbas individuales y colectivas.

En el valle bajo y medio del rio Santa, Wilson también identificó materiales del Horizonte Medio. Los vestigios del periodo Tanguche temprano de la zona, guardan similitudes con los materiales del Callejón de Huaylas. Incluso planteó que existía un «complejo sistema estatal multivalle», que se caracterizó por la presencia de centros regionales y locales en torno a una gran red de caminos intervalle, los que mantienen un sistema comercial interregional.

En 1999, Los arqueólogos Juan Paredes, Berenice Quintana y Moisés Linares, registraron asentamientos arqueológicos en los valles de Huarmey y Culebras, en los que identificaron extensos cementerios con cámaras funerarias construidas con adobe, en particular en el Castillo de Huarmey. Sus vestigios tienen similitud con los de Pampirca y Piquijirca.

Posteriormente, ha sido decisivo el descubrimiento en 2010 del hoy famoso «Castillo de Huarmey», como centro administrativo wari en el valle medio, con una datación aproximada de los años 800 a.C., lo que indica que los waris primero se expandieron hacia el Callejón de Huaylas en la centuria de los 700, avanzando por la ruta altoandina a partir de Pachacámac y sus otras ocupaciones en el los valles del Rímac y del Mantaro, en Junín, hasta alcanzar Conococha y el territorio Recuay.

 

8.   SITIOS PRINCIPALES

Las aldeas recuay son relativamente pequeñas y dispersos, preferentemente emplazadas en colinas y lomas. Pero cada una tiene en el centro una plataforma de probable carácter ceremonial, mientras que las cámaras funerarias están en el área circundante.

Solo algunos sitios pueden ser considerados poblados locales centrales, a juzgar por la monumentalidad de sus muros de contención o recintos. Algunos sitios de la tradición recuay son:

 

8.1.         PAMPIRCA O ROSAS HUAYTA

Los arqueólogos Juan Paredes, Berenice Quintana y Moises Linares, excavaron los sitios arqueológicos de Pampirca y Piquijirca, ubicados en ambas márgenes del Río Santa, en el Callejón de Huaylas, departamento de Ancash, como parte del Proyecto de investigación y rescate arqueológico en el área de la Línea de Transmisión Eléctrica de 138 kV Huallanca – Pierina.

Pampirca está en la margen derecha del Santa, en la cima del cerro Pampirca y se extiende sobre un área de 300 por 150 metros, en una zona denominada Ishpe, entre los pueblos de Tinco y Toma. Tiene una elevación de planta rectangular, de 80 metros de largo por 50 metros de ancho con terrazas escalonadas edificadas con muros de piedras unidas con argamasa. El área tiene pastos y esta parcialmente cultivada. 

En su excavación fue recobrada cerámica Huaraz Blanco sobre Rojo. AI sureste de la elevación hay otro montículo que soporta dos chullpas de planta cuadrangular:

La Chullpa 1, la más grande con cerco, tiene dos cámaras funerarias y, al parecer, una tercera muy destruida. Camara 1: albergaba los huesos muy dañados de nueve individuos, dos adultos (masculino y femenino) y de siete niños, asociados a ofrendas. La Cámara 2 es rectangular y en su interior fueron hallados los huesos de 16 individuos, siete adultos, probablemente de sexo femenino, asociados a nueve infantes. Como ofrendas había vasijas que contenían huesos de cuy (Cavia porceLlus), objetos de cobre y plata, moluscos y grumos de cinabrio. También había pedazos de cerámica.

Chullpa 2, Cámara 1: De planta rectangular. En su interior fueron recuperados los huesos de adultos total mente disturbados en el lado sur. En el lado opuesto había también un cúmulo de huesos humanos largos desarticulados correspondientes a extremidades inferiores, algunos con manchas rojas de cinabrio, más tres cráneos, dos de individuos adultos y otro de un individuo joven. Como ofrendas se recobró un alisador, un pequeño batán, un pendiente de cobre laminado y doblado, un fragmento de pico de botella y una piedra verde (cobre en bruto).

En la cámara 2, de tipo cuadrangular, había 26 ofrendas, entre vasijas de cerámica, artefactos de hueso, madera y metal; tupus, agujas de metal, una pequeña espátula y huesos de cuy (Cavia porcellus). 

 

8.2.         PIQUIJIRCA

Este sitio se halla en la margen izquierda, en la parte alta del pueblo moderno de

Yungar y está compuesto por un conjunto de chullpas con entierros colectivos e individuales. La zona arqueológica se encuentra sobre un promontorio natural, en cuya cumbre hay terrazas cuadrangulares, construidas con muros de piedras de paramento rustico que se adaptan al terreno; su función era probablemente residencial.

En el lugar se recobraron tiestos recuay. En la ladera este hay pequeñas terrazas, de 2 a 3 metros de ancho, muy deterioradas. Hay una torre de alta tensión eléctrica y una cruz que perturban el yacimiento.

Por excavación fueron recobradas cinco tumbas tipo chullpas de planta rectangular, así como una cista de forma irregular, construidas sobre una terraza artificial. Aunque las chullpas han sido saqueadas los vestigios hallados han permitido definir su filiación wari.

En la chullpa 1, fueron hallados los huesos de cinco individuos adultos. Fuera del mausoleo fueron encontrados más huesos humanos. Junto al esqueleto 2 del interior fue hallado un tupu de cobre. Al lado del esqueleto 2, se asociaron siete piezas cerámicas.  

La chullpa 2, es de planta cuadrangular, con 1 metro por lado y una altura de 45 cms.   En su interior había escasos huesos humanos, de un cuy y también pocos pedazos de cerámica y la concha de un molusco no identificado, probablemente con ofrenda. 

La chullpa 3 tiene planta rectangular. Contenía muchos huesos humanos largos, cráneos, vértebras, costillas, muy deteriorados. Como ofrendas fueron recuperados una botella de dos picos y asa-puente con decoraci6n impresa geométrica y antropomorfa de un personaje con serpientes en la cabeza, de clara filiación wari de la costa norcentral, dos pequeños cuencos de color negro con decoración moldeada de diseño antropomorfo y un pequeño cuenco de pasta y engobe rojizos.

Chullpa 4, también de planta rectangular irregular, con muros semicurvos, de aproximadamente 6,3 metros de largo por 2,4 metros de ancho. Su interior está dividido en dos cámaras. 

Fueron registrados 23 conjuntos de huesos muy deteriorados. Como ofrendas fueron recuperados un cuenco trípode, una pequeña botella, la cista 5 de planta triangular irregular, un cuenco de 20 centímetros de diámetro, el esqueleto incompleto de un camélido. El último cuenco y los huesos del camélido se encontraban sobre el esqueleto de un individuo adulto que estuvo sentado en posición flexionada, con la cabeza orientada al Norte, sobre la capa estéril, en la cual había restos de carbón y huesos sueltos de cuy. Hacia el este, había una olla pequeña que contenía pedazos de mullu (Spondylus princeps).

La Chullpa 5, es de planta cuadrangular y está muy deteriorada.  Su excavación permitió hallar huesos humanos fragmentados, desarticulados y sueltos. No se registraron otros materiales asociados. 

Los cementerios hallados son del mismo periodo con un mismo patrón funerario, chullpas de planta cuadrangular, que forman grupos con diferentes características arquitectónicas. Es recurrente la asociación de adultos e infantes. 

La distribución de materiales similares a los recuperados se concentra en la costa norcentral y central, en la sierra central y sur.

Los investigadores afirman, entonces, que las chullpas excavadas en Piquijirca y Pampirca son contemporáneas a Wilkahuain, aunque arquitectónicamente, las chullpas descritas en Honcopampa y Wilkahuain son de mayor tamaño y complejidad que las registradas en Piquijirca y Pampirca, pero tienen similitudes formales vinculadas status sociales de los sepultados o a diferencias cronológicas.

 

8.3.         PASHASH.

Está ubicado, a 3 250 m.s.n.m., cerca de la actual ciudad de Cabana. Un grueso muro rodea toda la edificación, como contención contra enemigos. Ha sido fechado en el año 400 a.C. por lo que es de origen anterior al surgimiento de Recuay.

En el Cerro La Capilla, fuera del gran muro perimetral hay una serie de construcciones con cornisas de piedras planas. Sus tumbas se caracterizaron por sus ofrendas de piezas cerámicas polícromas, artefactos de cobre bañados con oro con formas de pedestales, de lo que se infiere que los locales fueron metalurgistas avanzados entre el año 300 y 600 d.C. En el lugar también fueron recobradas esculturas líticas de copa. Hay petroglifos equidistantes a los mausoleos mortuorios y al Cerro La Capilla.

En 1971, e arqueólogo Terence Grieder de la Universidad de Texas excavó Pashash junto con su colega peruano Hermilio Rosas La Noire.


Foto g. Sitios Pashash (c) y Antarragá (d)

 

¿La cultura Pashash?

Algunos arqueólogos han planteado la existencia de una llamada Cultura Pashash que habría surgido en el año 500 d.C. con vigencia hasta el 1 000 d.C.) como un desarrollo lateral de la cultura Recuay.

Otro de sus centros habría sido Chacas, un pueblo ubicado en la región centro-este de Ancash, en Cabana, también en Ancash. Durante el Intermedio Temprano,  tras el declive de la Cultura Chavín y el florecimiento de la Cultura Recuay, sus pobladores del valle de Chacas dominaron todas las rutas que comunicaban con los asentamientos de Allauca Huari al este y los poblados de Yungay, Vicos y Carhuaz en el Callejón de Huaylas, al oeste. Los asentamientos más importantes de esta zona durante aquella época fueron Gatinjirka, Pirushtu de Huallin y Chakabamba. Pirushtu de Chacas siguió ocupado hasta que fue abandonado en el 600 d.C.

 

8.4.         ROKO AMA.

Fue un cementerio ubicado en el distrito de Catac, en la provincia  de Recuay. La Tumba de Jancu. Fue otro centro funerario, descubierto en 1968, ubicado al este en el distrito de Huaraz cuyas piezas están en el Museo Arqueológico de Áncash "Augusto Soriano Infante", en la ciudad de Huaraz. 

 

8.5.         FORTALEZA DE YAYNO. 1 - 800 D.C.

Está en el distrito de Huayllán, provincia de Pomabamba, departamento de Ancash, a una altitud de 4 150 m.s.n.m., en la confluencia de los ríos Pomabamba y Seccha/Lucma (afluente del río Marañón), una ubicación estratégica que permitía a sus ocupantes vigilar, desde una vista elevada, dos cuencas interandinas importantes y proteger sus tierras y recursos.

Es considerado como un centro administrativo importante durante el apogeo de la Cultura Recuay, en el flanco de la Cordillera Blanca.

Yaino fue olvidado hasta que, en 1919, Julio C. Tello, llegó al lugar y en una visita de horas, hizo la primera descripción analítica del vestigio megalítico comparándolo con Marca Huamachuco mediante dibujos de detalles arquitectónicos y una foto tomada por el fotógrafo Federico Palacios. Pero, eso fue todo.  

Su principal investigador, el arqueólogo George Lau, de la University of East Anglia, England, afirma en, Yayno a la luz de la arqueología que su construcción empezó en el año 1 y tuvo vigencia hasta el 700 d.C. en paralelo con los asentamientos de Pashash (Cabana), Tinyash (Huánuco), Marcahuamachuco (La Libertad) y Coyor (Cajamarca).

Su emplazamiento cubre 25 hectáreas, pero otros vestigios alrededor están en una extensión de más de 100 hectáreas y son terrazas, corrales, y tumbas.  Sus defensas principales fueron, un muro perimétrico que llegó a tener 15 metros de alto, en algunos tramos, terrazas elevadas y accesos restringidos. Un sistema de trincheras naturales rodeaba el sector monumental, cuyas partes fueron ampliadas y amuralladas.

La llamada Fortaleza de Yayno está constituida por tres plataformas superpuestas con solo un acceso en cada una.

Según sus investigadores, los edificios principales eran conjuntos amurallados residenciales. Unos 30 conjuntos son de planta circular con muros concéntricos.

 

Foto h. Restos de la ciudadela fortificada de Yaino.

 En su investigación fueron recuperados: batanes, morteros, huesos de animales, fogones con ceniza y cerámica tosca, cerámica fina del estilo recuay, especialmente cuencos que con frecuencia tienen bases con pedestales. Su decoración incluye pintura polícroma, típica para grupos recuay de la parte norte de Ancash.

Una hipótesis plantea que los conjuntos habitacionales albergasen distintas «pachacas» o «ayllus».

Su estilo de mampostería es singular y es conocido como «wanka-pachilla». En los edificios principales, se encuentran agrupamientos regulares de «wankas», paradas sobre una fila de lajas horizontales, con piedras labradas sobrepuestas en las esquinas.

Los yainos dieron bastante énfasis al uso de piedra; eran constructores de paredones y fachadas, quizás los más finos en la sierra norte, pues lograron un efecto impresionante porque ordenaron bloques de varios tamaños (grandes en la base y cada vez más pequeños hacia arriba) y colores (alternando calizas de gris oscuro con piedras ígneas de varios colores debido a su desgaste natural).

Según Lau, Yaino es un gran testimonio de la trayectoria cultural material e ideológica durante la tradición Recuay.

Su arquitectura monumental no tuvo base religiosa, sino militar defensiva y secular, como en la producción agropecuaria. Es un buen ejemplo de arquitectura megalítica monumental defensiva.

Algunos sitios como Wilkahuain, en la provincia de Huaraz, Honcopampa y Pichactanan, en la provincia de Carhuaz, son edificaciones con innegable influencia del imperio wari.

 

8.6.         WILCAHUAÍN.

En 1937, Julio C. Tello hizo prospección de superficie de este vestigio, examinó los vestigios arquitectónicos y lo registro con el nombre actual. Identificó la cerámica roja y negruzca del lugar como el estilo Marañón, para diferenciarla del estilo Huaylas. Después, en 1944, Wendell Bennett, recuperó el cementerio del sitio al que dató equivocadamente como correspondiente a Tiahuanaco.

Algunos investigadores llaman “templo” al edificio principal del conjunto. Pero, sin duda, es un mausoleo, dentro del núcleo urbano de Wilcahuaín, que debió ser de considerable tamaño.

El edificio tiene cierto parecido con el castillo de Chavín de Huántar, aunque de menor dimensión. Su planta tiene 10.7 por 15.6 m. La mampostería de sus muros es de piedra rústica con unas pachillas unidas con mortero de barro. Tiene tres plataformas conectadas por escaleras interiores y rampas; cada plataforma tiene su entrada.

En total tiene 19 habitaciones interiores: 5 en la primera plataforma, 7 en la segunda y 7 también en la tercera. Tiene además un sistema de ventilación de galerías y pozos. El techo está formado por grandes losas inclinadas hacia una doble vertiente. Su altura es de 9 m.

 

8.7.         HONCOPAMPA.

Consta de tres zonas de edificaciones las cuales tienen múltiples chullpas; el conjunto tiene muros de mampostería regular. La primera zona que fue ceremonial es llamada 'Ama Puncu'. Es una plaza cerrada en forma de U.

La segunda zona es llamada 'Purushmonte' y fue residencial. Tiene plazas, estructuras y terrazas.

La tercera zona denominada 'Chucara Ama' está a 1 km al noroeste de Ama Puncu. En total tiene unas 12 hectáreas. Su nombre Joncopampa, deriva de un término descriptivo quechua que significaría “tierra húmeda donde la gente se hunde” (pantanos).

Las chullpas, son rectangulares esparcidas en las 12 hectáreas del asentamiento. Fueron construidas con la técnica llamada bloque y esquirlas y techadas con enormes piedras lisas. Tienen grandes jambas y dinteles megalíticos que dejan una puerta pequeña. La mayoría está muy dañada por los saqueos y el uso de las piedras de los techos y de los dinteles para construir puentes, y las de las jambas para puertas y ventanas de modernos edificios privados en las ciudades.

En Ama Puncu hay nueve registradas y son más grandes que las de los otros sectores. La mayoría tiene dos niveles. Siete forman una U y enmarcan una cancha abierta hacia el norte. En la esquina sudoeste del espacio en U, está la chullpa más grande de Honcopampa. Tiene 12 por 16 metros, tres entradas en su lado norte y una en cada uno de los otros tres lados. En su interior hay 20 cámaras en grupos interconectados de tres o cuatro habitaciones. El segundo piso tiene una entrada y cuenta con seis cámaras interconectadas.

Otras cinco chullpas de la U, también tienen dos pisos, múltiples entradas y numerosas cámaras internas. La mayoría permite individuos adultos de pie o que éstos puedan dormir sobre el suelo. Algunos de los techos tienen manchas de humo y restos domésticos estaban en el piso, de lo que puede deducirse que eran recintos para alojamiento de gente de paso, pero parece difícil que Ama Puncu haya sido un área residencial.  Las chullpas de Ama Puncu están muy abandonadas.  

En el sector o zona Chucara Ama una gran chullpa ocupa una extensa plataforma rectangular. Hay restos de varias chullpas pequeñas, así como paredes, de probables plazas aterrazadas. Restos de basura doméstica son escasos. 

 

Edificios en forma de D y grupos de patios. En el sector Purushmonte está el mayor número de vestigios Honcopampa. Ahí fueron recuperadas moledoras de piedras, así como pequeñas chullpas pobremente preservadas. Sobre la cima de Purushmonte fueron registradas dos recintos multi salones o multi patios.

El primero rodeaba un patio en forma de D. La segunda rodeaba una plaza o patio rectangular. El sector tenía una extensión de entre 6 y 12 hectáreas.

En total fueron registradas dos construcciones forma de D, localizadas al sur de la parte más baja de Purushmonte.

Una parte de la pared de forma de D del edificio marcado como AC-13 por Isbell se levanta sobre cinco metros de altura sugiriendo que su condición original fue de una torre de varios pisos. La segunda estructura en D, la AC-14, tiene varios nichos largos en el interior de la pared curvada. Ambas tienen habitaciones que colindaban con el exterior, y parecen haber sido el centro de complejos arquitectónicos. Otras estructuras en D están en la parte baja de Purushmonte, tal vez por diferencias étnicas en Honcopampa.

Los edificios con el diseño rectangular «grupo–patio», son más en el área estudiada, y están localizados sobre la cima más alta donde se hallan los edificios en forma de D. Su albañilería, así como la de las chullpas y de los edificios en forma de D, es del tipo “bloque con piedras esquirlas”.

Los «grupo–patio» consisten en cuatro alargados corralones de corte rectangular encerrados.

 

9.   ECONOMÍA Y TECNOLOGÍA

En ese orden, basaron su economía en la ganadería de camélidos para la producción de carne, fibra (hilados, textilería, confecciones) y transporte, y en la agricultura de subsistencia. 

Sus recuas de llamas les permitían acceder a distintos ecosistemas y variados recursos mediante el trueque.

Los investigadores han comprobado que los Recuay usaron las viejas edificaciones de los chavín como corrales de sus llamas y alpacas.

Asimismo, se cree que periódicamente, como en la actualidad, capturaban a manadas de vicuñas en las punas para esquilarlas hacer hilo, tejidos y confecciones.

 

10.CERÁMICA

Krszysztof Makowsky advierte en su obra ya citada que en contraste con la unidad iconográfica y tecnológica recuay la variación de formas de cerámica y de modalidades de decoración en tiempo y en espacio, es notoria.

Según las pastas, la alfarería fue una producción local, pero las características particulares que posee la alfarería de Callejón de Huaylas en comparación con la de Pashash o de Chavín se debe a la interacción entre los estilos Virú-Gallinazo, Moche y Recuay a lo largo del valle de Santa, solo en el cual han sido hallados botellas asa-estribo y asa-puente, así como trompetas recuay.

Al igual que la cerámica cajamarca, la recuay utilizó caolín, lo que implicó un trabajo de alta complejidad que le daba un color blanco después de la cocción con decoración en marrón y negro.

Sobres esto, Makowsky anota que La mayoría de las complejas escenas escultóricas recuay proviene también de Callejón de Huaylas. Las vasijas-trípode, las copas con asa tuvieron también una distribución restringida.

La interacción entre los recuay y los cajamarcas contribuyó a la variabilidad alfarera y está bien definida en la región de Huamachuco.

La influencia Cajamarca se intensificó desde la fase Huamachuco sobre la tradición recuay. La variabilidad local constituye un obstáculo serio para construir una cronología regional confiable.

La detección de este tipo de alfarería es el principal identificador de la presencia recuay. Pero, la multi ocupación de los cientos de sitios arqueológicos en Ancash y sitios aledaños, complica aislar los correspondientes a recuay y sus rasgos arquitectónicos no alterados por sociedades posteriores.

En su obra ya citada supra, Bebel Ibarra explica que el momento de aparición de la cerámica caolín recuay tiene el problema de que hay pocos fechados estratigráficos. La mayoría corresponden a hallazgos disturbados o manipulados.

Y, en consonancia de su tesis del origen recuay en el territorio oriental de Ancash, determina que la cerámica caolín está presente, con una cronología de este a oeste, desde la margen oeste del río Marañón (Huánuco) hasta los valles costeños de Santa y Nepeña, es decir, a través de la región de Conchucos, el Callejón de Huaylas, la Cordillera Negra y la parte alta de los valles costeros de Nepeña y Santa.

En el este, en el valle de Huaritambo, las excavaciones en el sitio de Reparín revelaron niveles estratigráficos con cerámica caolín fechada entre el año 40 y el 131 d.C. En el sito de Huamparán apareció hacia el 230 - 375 d.C.

Al oeste de la Cordillera Blanca, en Pashash, fechados provenientes de una ofrenda indican que esta alfarería surgió hacia los 250 d.C. En Chinchawas, un fechado señala el periodo del 247 al 501 d.C. En Hualcayán la cerámica caolín más antiguo está datada entre el 334 y el 500 d.C. En Jecosh, cerca de Ticapampa, el fechado es del 119 al 326 d.C.  Ibarra aprecia entonces que la cerámica caolín recuay apareció al oeste de la Cordillera Blanca entre los años 250 y 500 d.C.

 

Foto i. Vasija Recuay en negativo

 

Foto j. Vasija Recuay Caolín


 
Foto k. Vasija antropomorfa caolín Recuay

 

Sus características básicas, son.

Decoración: tres colores, negrorojo y blanco.

Motivos: pequeñas figuras de humanosjaguaresllamas y otros animales. La figura central es el llamado "animal luna", un animal parecido a un zorro o felino con un hocico largo y dentado y una cresta en la cabeza

Los motivos decorativos de esta cerámica aparecen expresados tanto de manera pictórica como escultórica.

Motivos pictóricos, felinos, serpientes y seres antropomorfos dibujados en forma realista, así como seres mitológicos estilizados tales como el “felino emplumado” de perfil y las cabezas trofeos. También aplicaron figuras geométricas lineales, exornando la vestimenta de los personajes, de carácter simbólico.

Motivos escultóricos. personajes míticos, algunos en actitud de decapitar a humanos; guerreros o sacerdotes míticos, que muestran variantes en el tocado; personajes similares a los anteriores conduciendo una llama; un sacerdote rodeado por una pareja o por un grupo de mujeres; escenas varias de felinos atrapando personas.

Formas: variedad notable de formas y expresiones escultóricas, pero sin alcanzar el nivel de la cerámica mochica. Usaron asa-puente y asa-estribo.

Son numerosas las pacchas o cántaros ceremoniales que tienen la particularidad de un caño por donde era vertido el líquido del recipiente.

Técnica artesanal: usaron el negativo en la decoración, con los colores rojo, blanco y negro. Esta técnica consiste en cubrir con arcilla las partes a decorar y pintar luego alrededor; más tarde se quitan los trozos de arcilla quedando una zona sin pintar.

La cerámica recuay está relacionada con la de la Cultural Virú – Gallinazo, la que se asentó en el Valle de Virú, en la costa, al norte del área de Recuay.

Krysztof Makowsky dice que los alfareros recuay trabajaron con temperaturas mayores de 1000° C y con pleno control de niveles de oxígeno al interior del horno.

Solo con esa técnica y el uso del caolín lograron su cerámica fina en negativo y con tonalidades naranjas y blancas en el ambiente oxidante, o negras en el ambiente reductor. Ambos tipos de cerámica son exclusivas para el estilo recuay en la secuencia regional del valle de Santa. La cerámica de elite, naranja con engobe crema, o blanca, recibía frecuentemente la decoración pintada, policroma de línea fina o ancha, y/o negativa.

 

11.ARQUITECTURA

Según el criterio más reciente sobre este tema de la arqueóloga, Bebel Ibarra Asencios, la arquitectura Recuay muestra diferencias entre los estilos de las áreas oriental y occidental de Ancash. En la primera fue predominantemente monumental, no así en la segunda. No obstante, este componente de la cultura material Recuay tuvo cambios importantes solo en el Callejón de Huaylas a partir del 600 d.C., con el uso del diseño ortogonal wari «Grupo-patio» y el de los mausoleos tipo chullpas.

Y, tal vez, llevada por su vínculo afectivo con Ancash y un anhelo independentista, Ibarra dice que estos cambios se generaron de manera local y no por la influencia Wari. En la región de Conchucos, no hubo estas modificaciones.

De modo general Ibarra da cuenta de que la construcción de los edificios monumentales recuay ubicados en ambos lados de la Cordillera Blanca, demandó una compleja organización de planeamiento y mano de obra, por la envergadura y la técnica arquitectónica megalítica usada para levantar los grandes muros de contención de varios metros de altura para crean espacios planos. Sobre estos muros fueron edificadas las estructuras de carácter público, cívico-ceremonial con una gran inversión colectiva.

El método constructivo «Huanca-pachilla» aplicado para el levantamiento de los muros con curvas parece ser único en toda la sierra de Áncash, aunque hay diferencias con la técnica usada en El Caserón en Pashash, la única estructura monumental recuay al oeste de la Cordillera Blanca, con forma cuadrangular.

El predominio de la construcción monumental al este de la Cordillera Blanca, se fundamenta en la existencia en Conchucos de grandes edificaciones defensivas en Sipa, Yayno, Pumpa, Riway, Gotush, Huamparán y Yacya, todos construidos en la cima de los cerros con la técnica «Huanca-pachilla», aunque Antarragá, en la margen oeste del río Marañón difiere en la mampostería, pues sus muros de contención son de grandes bloques de piedra sin pachilla, con gran cantidad de cerámica recuay en el lugar.

Yayno es el sitio que presenta una arquitectura más compleja. George Lau fechó su inicio en el 500 d.C. y su abandono el 900 d.C. Sus ocupantes usaron mucho la cerámica caolinita. El lugar combina los muros de contención monumentales con el uso del diseño «Grupo–patio» para estructuras rectangulares de más de 20m de largo y compuestas por un patio rodeado por recintos cuyos accesos dan a este patio.

Se estima que Yayno, como centro principal en la cuenca del Yanamayo, habría sido fundado cuando Recuay estaba en pleno florecimiento y coincide con la influencia Wari en el Callejón de Huaylas. Algunos de sus atributos son observables en Huamparán: grupos de patios de similares dimensiones, grandes muros de contención y trincheras o zanjas.

Sin embargo, Yayno se asemeja a Honcopampa, cuyos «grupo–patios» cuadrangulares poseen similar distribución y tamaño. Es importante notar que no hay cerámica wari en Yayno.

En cambio, en Tayapucro (Chacas) y Ampas (Huaritambo) los edificios solo tienen «Grupo–patio», no muros de contención. En el lado oeste de la Cordillera Blanca no hay «Grupo–patio» en Chinchawas, Pashash y Jecosh.

Solo están en los centros administrativos del imperio wari, Honcopampa y Wilcahuain, aunque Tschauner quien excavó Honcopampa con William Isbell, señala que existen diferencias cruciales entre las estructuras en forma de «D» de este sitio con las de otros sitios wari: por ejemplo, el número de accesos, presencia de estuco, ausencia de divisiones internas y construcción con muro de mampostería simple. El muro de la estructura en forma de «D» de Honcopampa alcanzó los 5 metros de altura, muy diferente a los centros Wari, pero más afín con Marcahuamachuco y Yayno.

Tschauner sostiene la hipótesis de que los waris no dominaron imperialmente a Recuay, pero tampoco explica la naturaleza de su presencia. En esa línea, a la que se suma Ibarra, Tschauner cree Honcopampa fue la capital de un estado ¿? local durante el Horizonte Medio.

La arquitectura recuay es, básicamente, lítica y sus formas son: viviendas, fortalezas defensivas, edificios públicos ceremoniales y tumbas.

Una característica notable es el uso de las galerías subterráneas, de claro origen chavín, tanto para las construcciones ceremoniales como para las casas. Las paredes son de grandes piedras alargadas clavadas en el suelo; las grietas se rellenaron con piedras pequeñas usualmente planas, llamadas pachillas. Con imponentes bloques cuadrados formaban las esquinas. Esta registrado en los edificios de Wilcahuaín y Pashash.

 

Foto l. Ciudadela pétrea de Gotush

 

Foto m. Edificio público Llamacorral y laguna Puruhuay

 

Viviendas. Las casas recuay fueron erigidas con piedras parcialmente labradas y con relleno de tierra; tenían de uno a cuatro cuartos interconectados, alrededor de un patio. Algunas viviendas fueron subterráneas, compuestas de un patio y un ambiente central multiusos, es decir, que funcionaba como cocina, sala y dormitorio a la vez. Casas tipo galería han sido recuperadas en Cátac, Copa y Tambo.

Fortines. Los sitios fortificados son de planta irregular, algunas de las cuales muestran muros perimetrales, parapetos y fosos. En algunos sitios de este tipo fueron recobrados armas como hondas, hachas, porras y puntas de proyectil, lo que apunta a que se trató de un pueblo guerrero. Entre estos yacimientos, destaca Yayno. 

Edificios funerarios. Según el investigador Duccio Bonavia, las estructuras funerarias de los recuay son las más elaboradas del área andina. Construyeron mausoleos de piedra, como los encontrados en Molleurco, Catayoc y Pashash.

Otras tumbas, como las de Wilcahuaín, son galerías subterráneas, cuyo largo varía entre 7 y 20 m, con una altura aproximada de un metro. Dichas estructuras fueron individuales y colectivas, de acuerdo a la clase o rango del difunto. En los entierros han sido encontrados cadáveres flexionados o sentados con ofrendas alrededor.

Edificios de culto. Fueron construidos con piedra labrada, con un gran patio abierto en el exterior, donde se encuentran los subterráneos utilizados como cámaras funerarias. También construyeron tumbas de forma rectangular con múltiples habitaciones y niveles.

 

12.ESCULTURA LÍTICA

Los recuay desarrollaron una gran escultura en piedra. La labraban en forma de prisma o estatua, tallando grandes lajas en alto o bajo relieve o por incisión en la piedra. Graficaron guerreros, felinos, serpientes, cabezas humanas, caras y cabezas trofeo, maquetas y copas con pedestal.

Otra forma fue el monolito: bloques de piedra de forma casi cilíndrica, esculpidos aparentemente para representar a guerreros de rango elevado. Estas figuras tienen expresión rígida, posición sentada con las piernas cruzadas y portando una maza, un escudo o una cabeza-trofeo.

Otros monolitos representan mujeres con trenzas largas y vestidas con capuchas o mantos. Tuvieron una función arquitectónica ornamental, como dinteles o empotrados en los paramentos. Numerosos ejemplos de esta litoescultura están en el Museo Regional de Ancash (Huaraz).

También esculpieron cabezas clavas que representan a hombres y felinos y que recuerdan a los de la Cultura Chavín. 

El arqueólogo Krszysztof Makowsky, señala que este arte y la mampostería recuay tienen antecedentes locales en la Cultura Chavín. No hubo continuidad, salvo en la forma de cabezas clavas de hombres y felinos.

Makowsky describe: “Las paredes fueron construidas con grandes piedras oblongas clavadas en suelo; los intersticios se rellenaban con pachillas; imponentes bloques cuadrados fijados en el suelo forman las esquinas; hileras angostas de piedras corren en el paramento superior de las paredes, a modo de cornisas o voladizos. Las ventanas son, generalmente, rectangulares, pero las hay también en forma de cruz, escalonadas o en L. El techo y la parte superior de las paredes pueden estar adornados con almenas triangulares o escalonadas. Hay secciones de paredes con frisos geométricos. Bajos relieves con figuras de guerreros y seres sobrenaturales decoraban las fachadas, como dinteles y estelas. Esculturas tridimensionales se encontraban frecuentemente empotradas en el suelo”.

 

Foto n. Monolito Recuay, en Huaraz.

 

13.METALURGIA

El estilo Recuay se compone también, según Makowsky de procedimientos y técnicas particulares de metalurgia, como las aleaciones trinarias (cobre, oro, plata) aplicadas en el Callejón de Huaylas y en Cajamarca.

La metalurgia recuay es distinta a la de mochica, pues usaron más las técnicas de vaciado y soldaduras y menos las costeñas de laminado, recortado, repujado y ensamblado.  

Estudios incipientes dicen que los metalurgistas recuay fueron diestros en vaciados a cera perdida, en moldes bivalvos de objetos sólidos y huecos, frecuentemente decorados en relieve. Aplicaron una variedad de técnicas de dorado y plateado para enchapes, por fusión y reducción y el empleo de alambres modelados para objetos artísticos de filigrana.

Sus adornos típicos fueron largos prendedores-tupus en forma de clavos, aretes con disco, y cabezas de porras en forma de rodillos denticulados.


14.TEXILERIA

Como en otros casos, hay un reducido número de telas y confecciones conservadas. Estas muestran motivos decorativos similares a los de su cerámica

Sin embargo, Krszystof Makowsky dice que la mayoría de motivos, figuras y colores del estilo recuay se originaron en el arte del telar. En las pocas recobradas bastan están los modelos de la decoración de cerámica pintada. La técnica textil es la de tapiz con urdimbres de algodón o lana y trama de lana teñida. Los tejedores como los alfareros hacían contrastar los espacios monocromáticos del fondo, que poseen tonalidades cremas, marrones y rojas, con los diseños figurativos y geométricos de línea ancha.

15.RELIGIÓN

Marcos Yauri, en Deidades Panandinas del Perú Antiguo en el Callejón de Huaylas,  anota que el dios general de los huaylas fue Guari, deidad muy antigua cuyo culto se prolongó hasta el siglo XVII. Tuvo su apogeo entre los 600 y 1100 d.C. Pierre Duviols asegura que el edificio principal de Chavín de Huantar estuvo “consagrado” a Guari. Waldemar Espinoza sostiene que, según documentos inéditos del Archivo Arzobispal de Lima, Guari fue la deidad principal de la zona de Ancash y que sus sitios de adoración estuvieron en Wilcahuain, Pongor y Pumakayan. Además, cada región le dedicó una huaca local.

La parte de Atun (Alto) Huaylas tenía como dios principal a Matarao y la de Lurin (Bajo) Huaylas era Macovilca.

16.ICONOGRAFÍA

Los grupos recuay compartieron elementos comunes, como la iconografía del felino encrestado y cara sonriente. Hay dos elementos iconográficos recuay que están presentes en un extenso territorio: el felino de perfil y el animal encrestado, representados en cerámica y escultura en piedra.

Existen lajas de piedra con el animal con cresta en Chinchawas, Pashash, en los valles del Mosna y Huaritambo y en el de Chacas. Su representación en cerámica es homogénea en ambos lados de la Cordillera Blanca. Entonces, la presencia de estos motivos indica que la cosmovisión de los diversos grupos recuay tuvo un mismo origen, desde el cual posiblemente se extendió de sur a norte, como lo hizo Chavín.

Esto es sugerido también por la presencia de estos dos motivos en lugares como Nunamarca, en la provincia de Pataz, La Libertad y en tumbas de Chingirip en Cutervo, Cajamarca.

 

Foto ñ. Ícono del guerrero, en cerámica caolín

 No obstante, no se ha establecido aún si estos pueblos norteños compartían elementos recuay únicos que indiquen una unidad sociopolítica.

En su reporte, Recuay, el arqueólogo Krysztof Makowsky, expone que es creencia general que esta cultura es identificada por un estilo regional de características conservadoras que se expresa esencialmente mediante  íconos de seres sobrenaturales de cara frontal con cuatro apéndices, ser antropomorfo con apéndices cefálicos, felino o zorro rampante con cresta, felino, serpiente bicéfala, búho, cóndor y otras aves estilizadas, los cuales son reproducidos con trazo lineal en varios materiales, técnicas y soportes como la cerámica pintada y decorada en negativo, la piedra, la textilería, la metalurgia, el hueso y la madera.

Respecto a la iconografía mochica, la recuay representa figuras aisladas o agrupadas en composiciones de estructura heráldica. Los seres humanos aparecen en finas vasijas escultóricas. Los seres sobrenaturales, en cambio, están representados en escultura de piedra, y en pintura cerámica.

El protagonista principal de escenas rituales es el jefe-guerrero con orejeras y tocado de diadema y dos garras, manos o alas. Su vestido está decorado con imágenes de seres sobrenaturales.

Representa el rol de combatiente victorioso o perdedor y como oficiante supremo derrama la sangre propia y ajena, así como la chicha, para propiciar la fertilidad de la tierra y la reproducción de los rebaños. Aparece levantando la copa, llevado en procesión, bailando, sentado en un recinto, parado con porra y escudo. A menudo su imagen se reduce a la cabeza acoplada al cuerpo de la vasija con vertedera.

En las orgías es representado con varias mujeres que visten una túnica larga hasta los tobillos decorada con líneas verticales o puntos. Siempre llevan una especie de banda o faja que les ciñe la vestimenta a la altura del vientre. La cabeza está cubierta con velo. Nunca tienen orejeras.

El jefe-guerrero aparece también, a menudo, con atributos sobrenaturales, y/o rodeado de seres zoomorfos. Apéndices en forma de serpientes con cabeza de dragón brotan de su frente.

Los tres íconos sobre el mundo sobrenatural: la Cara Radiante, el Felino Rampante, y la Serpiente Bicéfala están claramente subordinados al guerrero sobrenatural.

17.CULTO A LOS MUERTOS

Los entierros múltiples en cámaras (cistas) y/o galerías subterráneas fueron otra característica de los recuay. Hicieron este tipo de tumbas en las depresiones naturales o las fracturas de la roca madre, así como los afloramientos rocosos. Usaron bloques monolíticos para techar las cámaras funerarias y grandes piedras como marcadores, en Jancu, Auquispuquio, Roco Ama y Chinchawasi. Era costumbre reabrir las sepulturas y manipular los contextos. Los individuos eran sepultados en posición sentada con el ajuar dispuesto alrededor.

Entre fines del Intermedio Temprano e inicios del Horizonte Medio, el rito fúnebre cambió al uso de imponentes mausoleos tipo chullpas, solitarios, o agrupados en conjuntos cercados, como en Honcopampa. Los entierros en cámara subterránea fueron reemplazados. Varias chullpas tuvieron decoración arquitectónica con cabezas-clavas, como en Tinyash y Katiama).

Esta tradición pudo haberse originado en Cajamarca, en Chota y en la cuenca de Marañon, donde Isbell las ha documentado como correspondiente al Periodo Intermedio Temprano. Los hay también en la zona de Huamachuco.

Makowsky resume: Ve la imagen de una sociedad organizada en comunidades territoriales, eventualmente comparables con algunas formas de ayllu andino o pachaca en la sierra norte.

Las comunidades eran gobernadas por elites guerreras. El culto de ancestros fue el eje central de la vida política y religiosa, está ultima organizada dentro del complejo calendario ceremonial.

La iconografía y el vestuario recuay sugieren que los señoríos guerreros asumieron un origen mítico común conformando una macro-etnia y/o una confederación religiosa.

Los guerreros y los sacerdotes recuay están representados en el arte mochica, como partícipes de combates rituales, de ofrendas de coca y de conchas importadas del área ecuatorial, así como de supuestas ceremonias de purificación de aire, con proyectiles floridos lanzados por medio de estólicas.

Lo recuay representaron a las principales deidades costeñas con tocados y vestidos recuay y los seres sobrenaturales serranos –Felino Rampante-Dragón Lunar, Cara con apéndices serpentiformes– adornaban las fachadas de templos mochica en los valles de Moche y Chicama, así como la parafernalia de culto como las botellas asa-estribo. Las formas y diseños moche fueron imitados no sin creativas adaptaciones por los alfareros recuay.

18.FINAL

De la elaboración de esta crónica sobre los recuay, surge que uno de los pocos investigadores que expone el fin de esa cultura es Krszysztof Makowsky. La tradición recuay pervivió hasta la primera parte del Horizonte Medio.

Makowsky afirma que, aunque no existan aún evidencias tangibles de que, por las malas, los waris invadieron y dominaron a los recuay, la presencia de los imperialistas parece haber alterado relaciones políticas establecidas por los recuayenses durante el Periodo Intermedio Temprano.

Considera que la difusión de chullpas pudiera ser la expresión material del poder adquirido en el nuevo contexto (la presencia wari) por ciertas «pachacas» o curacazgos que las establecieron en las viejas necrópolis recuay como Ichik Wilkawaín y Chinchawasi. Pero, en otros casos, marcaron simbólicamente nuevos centros de poder.

En resumen, la narrativa de Malowsky sobre la disolución de la Cultura Recuay es bien imprecisa: su tesis dice que en el nuevo orden político que surgió después de la desintegración del imperio wari (alrededor del año 1 000 a.C.) aparecieron estilos sureños y elementos culturales costeños en las alturas, durante el Horizonte Medio final en el contexto de una fuerte interacción sierra-costa. En ese nuevo orden, los centros políticos emergentes en la periferia del mundo mochica ubicados entre el Santa y Huarmey jugaron un papel protagónico El ocaso de la cultura Recuay se dio en este contexto, aunque algunos elementos de su tradición iconográfica persistieron y se difundieron por la costa entre Lambayeque y Lurín. Con esta textualización poco clara, Makowski parece apostar a que Recuay recién desapareció por completo primero, por la acción de la llamada Cultura Casma, sucesora de Mochica en la costa de Ancash y luego por la arremetida del nuevo imperio Chimock, con centro nuevamente en Chan Chan, en el valle del Moche. Esta percepción no parece coincidir con el fechado común del final de Recuay en la centuria de los 700 a.C. precisamente a la intrusión bélica o no de los imperialistas waris.

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