LA CULTURA NASCA100 al 600 d.CIntermedio Temprano o De los Desarrollos Regionales
Entre los años 1900 y 1901, el joven arqueólogo alemán Federico Max Uhle, considerado el padre de la arqueología científica peruana, fue el primero que recuperó, estudió y nombró vestigios cerámicos en la costa central sur de los Andes Centrales como pertenecientes a la Cultura Nasca.
En Setiembre de 1901, en Ocucaje, valle de Ica en sus excavaciones recobró piezas de cerámica cuyo estilo correspondía exactamente al de vasijas que había visto años atrás mientras trabajaba en el Museo de Arqueología de Berlín, entidad que las había adquirido de traficantes internacionales de reliquias, si precisión de su origen. En Ocucaje también encontró 25 tumbas nasca, distribuidas en tres cementerios.
En 1905 llegó a Nasca, auspiciado por la Universidad de California, pero solo compró a los ladrones de tumbas (huaqueros) una apreciable colección de cerámica nasca y con datos muy imprecisos sobre su procedencia específica la envió a la Universidad de California.
1. Áreas arqueológicas de la costa central sur
1. ORIGEN
En la introducción de la obra «Nasca», publicada en 1989 por del Banco de Crédito del Perú, segunda edición, el historiador Arturo Jiménez Borja, afirma que la Cultura Nasca, “es la continuación de Paracas y el territorio de una y otra cultura casi es el mismo: la extensa área que va desde Cañete al Norte (Departamento de Lima), hasta Acarí, en el sur (Departamento de Arequipa).
A pesar de consignar el descubrimiento de la cerámica Topará por Wallace y Lanning en la década de los sesenta, totalmente distinta a la Paracas y la Nasca, Jiménez Borja desecha totalmente la existencia de Topará como cultura, por lo que ni siquiera menciona que, al final de la década de los ochenta ya había sido identificada como intermediaria entre Paracas y Nasca y los arqueólogos debatían si debía de ser considerada una cultura en toda la regla.
El autor puntualiza que el nombre aborigen del territorio era Caxamalca, según registros de Pedro Cieza de León.
Tan arraigada estaba eso de la sucesión Paracas-Nasca aún a fines del siglo pasado que, en Nasca: Vida y muerte en el desierto, obra publicada en 1996 por el Museo Chileno de Arte Precolombino, sus investigadores, Luis E. Cornejo B., José Berenguer R., Carole Sinclaire A. y Francisco Gallardo I, tampoco mencionan la tradición Topará y atribuyen a solo a Paracas y Nasca la magnífica cerámica y la bella textilería que hoy, probadamente, corresponde a Topará.
2. Principales sitios nasca
Señalan que Paracas tuvo como centro los valles de Chincha, Pisco e Ica, sin tomar en cuenta que fueron los paracas quienes, aproximadamente en el 400 a. C., cuando Nasca no existía, iniciaron la construcción del centro ceremonial de Cahuachi, lo que quiere decir que su dominio llegó plenamente hasta el desierto de Nasca.
También fijan el desarrollo de la Sociedad Nasca aproximadamente entre los años 100 a.C. y 700 d.C., es decir desde el fin de la influencia Chavín, el inició del Intermedio Temprano o los Desarrollos Regionales.
Así que Nasca fue contemporánea de las sociedades Vicús, Mochica del sur y Mochica del norte, Cajamarca, Recuay, Lima, Huarpa, del imperio wari, de la fase terminal de la Cultura Pukará y de la etapa inicial del imperio tiahuanaco, en la Meseta del Collao.
Sin embargo, en su importante obra, “Señores de los imperios del Sol”, el arqueólogo polaco, Krzysztof Makowski, 2014, expone otro punto de partida de la Cultura Nasca. Afirma que fue vigente del año 100 al 600 d.C. como sucesora de la Cultura Paracas (700 a.C. al 100 d.C.). Se puede observar que respecto a lo que dicen los autores arriba mencionados, hay una diferencia de unos 200 años sobre su fechado de inicio.
Makoswky, por otro lado, encomia que los testimonios que se están recuperando en el ámbito de la costa central sur muestran al mundo la formidable capacidad de adaptación del Homo sapiens del Nuevo Mundo, a un desierto terriblemente hostil, sin agua dulce suficiete ni tierra cultivable. Esta adaptación puede ser considerada superior a las de las culturas mesopotámica y egipcia. Notoriamente, en el primer caso, los sumerios y después, los acadios tuvieron a su favor a los grandes ríos Eufrates y Tigris y los egipcios y sus reinos vecinos, como el de Nubia, al gran Nilo y sus afluentes.
1.1. Arbitraria sucesión
Makowski, también es del criterio de que la culturas Paracas y Nasca son sucesivas, pues no menciona a Topará y afirma que, al final de cuentas, las dos formaciones sociales no fueron distintas, sino solo dos etapas de desarrollo de un mismo pueblo que no sufrió ninguna invasión y conquista exterior, hasta el desborde y dominio wari.
Arguye como base de su afirmación que, no está comprobado que los Paracas colapsaran por una hecatombe medioambiental o por razones bélicas y que los análisis de ADN de fósiles humanos tanto Paracas como Nasca, han demostrado que se trató de la misma población que siguió desarrollándose más hacia el sur, hacia la cuenca del Río Grande (Palpa y Nasca) e inclusive hasta Acarí, en Arequipa.
Afirma que fue una arbitrariedad académica de ciertos arqueólogos, resultante de su excesiva pasión por asumir a la alfarería como un marcador histórico indiscutible y elemento diagnóstico determinante, decidir que la aparición de una técnica alfarera con engobe (pasta coloreada de arcilla y polímeros naturales sobre la cerámica, antes de su cocción) en el valle de río Grande, marcó definitivamente el comienzo de la Cultura Nasca. Todo, porque este estilo alfarero, gradualmente, fue reemplazando a la cerámica paracas que era pintada recién luego de salir del horno.
Estos arqueólogos ceramicolowers arguyen que otro indicador del fin de los paracas fue que los nasca trasladaron los iconos que los primeros tejían en sus textiles, en particular en los mantos, a su nueva cerámica polícroma y, además implantaron nuevas divinidades con sus correspondientes nuevos ritos. Makowski postula, entonces, que Paracas y Nasca tuvieron un único centro cultural, la cuenca del río Grande y sus diez afluentes.
Siguiendo su razonamiento y considerando los recientes hallazgos sobre la «tradición Topará» se puede inferir que los paracas, los topará y los nasca fueron una misma población, en un mismo territorio, que cambió hasta dos veces su cultura material e ideológica sin que se sepa aún por qué.
De este modo, Makowski coincide con la percepción de Alan Sawyer, arqueólogo que en 1969 estimó que el tránsito Paracas-Nasca, no fue súbito ni dramático, sino gradual de tal modo que pensar en una y otra cultura como entes distintos es arbitrario. Es evidente que, entre ambas, hay un manifiesto aire de familia muy acusado en la textilería. El análisis de la cerámica ha borrado muchas diferencias y muestra por el contrario similitudes.
Sobre la transición, Ann Peters y Elsa Tomasto Cagigao, tiene una visión que sí incluye a Topará. En su trabajo, De Paracas a Nasca: ¿por qué la necesidad de estudiar una época «transicional»?, sostienen que la última fase cerámica Paracas 10 y la 1 de Nasca, corresponden, sin lugar a dudas, a un período de transición durante el cual las aldeas y los cementerios de la costa central sur se caracterizaron por la presencia de tres tradiciones de producción alfarera llamadas Paracas Tardío, Topará y Nasca Inicial, con evidencias de una interacción regional variable entre ellas.
Y, remarcan que las características que definieron la cerámica nasca se consolidaron recién en las fases alfareras nasca 2 y 3 manteniéndose vigentes hasta la 7, entre los años 80 y 650 d.C., durante el período Intermedio Temprano.
2. TERRITORIO
La Sociedad Nasca se asentó con mayor énfasis, de norte a sur, en los valles de Chincha, Pisco, Ica, Palpa, Nasca, Acarí hasta Arequipa, los que apenas cruzan el gran desierto de la costa centro sur andina. De oeste a este dominó desde el océano Pacífico hacia los Andes, en algunos casos a sitios entre los 3 mil y 4 mil metros de altitud, en el límite con los valles interandinos entre las cordilleras occidental y central.
Su primer centro fue Cahuachi, situado en el valle de Nasca. A partir del siglo V de nuestra era, Cahuachi perdió su importancia y otros centros como Estaquería surgieron en su lugar.
También fue parte de su centro el Rio Grande, que nace a 4.482 m.s.n.m. y recorre unos 220 kilómetros hasta desembocar en el Océano Pacífico. Su cuenca tiene una extensión de 10,722 km² de los cuales 4,482 km² están situados por encima de la 2.500 m.s.n.m. y corresponden a su área húmeda. Asume precipitaciones estacionales de su parte alta acarreando agua de manera intermitente entre los meses de enero y abril, por lo que su caudal medio anual es solo 0.2 m³/s. Para comparar, el río Santa (Ancash) tiene un caudal promedio histórico anual de 156.8 metros cúbicos por segundo.
El río Grande tiene 9 quebradas: Santa Cruz, Yanahuanca, Condorchaca, Pacoya, Palma, Vizcas (que recibe aportes del río Ocaña), Otaca y Nasca.
3. PRESENCIA PARACAS, TOPARÁ Y NASCA EN LA SIERRA
Las sociedades Paracas, Topará y Nasca ocuparon casi el mismo territorio costero - desértico que se extendía, por el este, hasta los contrafuertes andinos a 3 200 metros de altitud. Su longitud alcanzó unos 250 kilómetros que incluían, de norte a sur, los valle de: Cañete, Topará, Chincha, Pisco, Ica, así como todos los valles de la cuenca del Río Grande como Palpa, Ingenio, Nasca y Aja.
Para mejor comprensión, Tantaleán ha dividido el territorio paracas en tres áreas limitadas por las zonas desérticas y montañosas existentes entre los valles:
Norte, cuyo centro fue el valle de Chincha, el cual se vincularía con los valles de Cañete, Topará y Pisco; Centro, la cual comprendió el valle de Ica, y Sur, es decir, el valle de Palpa.
Estas áreas tuvieron zonas de contacto en la Península de Paracas y la Bahía de la Independencia e, incluso, en el mismo valle de Ica.
Las tres grandes áreas mantuvieron ciertas diferencias en cuanto a sus respectivas formas de asentamiento, diseños arquitectónicos y técnicas constructivas, formas de enterramiento y cultura material.
Como zona de contacto principal, Cerro Colorado, en la Bahia de Paracas, fue un lugar muy especial en el que convergieron varias comunidades, especialmente, de los valles de Ica y Chincha.
3.1. Recientes descubrimientos
Recientes investigaciones arqueológicas con métodos modernos, han ampliado decisivamente el área de dominio de los paracas – topará – nasca, desde el Horizonte Temprano, hasta el Intermedio Temprano, hacia los Andes Centrales, dejando atrás la concepción únicamente como sociedades complejas costeñas.
Esta perspectiva sobre la base de los resultados de los trabajos de Marcus Reindel y Jhonny Isla, en la zona andina y la cuenca del Río Grande y la provincia de Lucanas en Ayacucho, asi como de Kevin Lane, Charles French y su equipo, en la sierra de Ica, abre nuevas perspectivas de las relaciones y la influencia recíproca que se pudieron dar con los pueblos andinos en provecho del desarrollo de ambas regiones.
3.2. En Lucanas, Ayacucho.
Para tratar este punto, hay que tener en cuenta que actualmente los arqueólogos están de acuerdo en que la «tradición», «sociedad compleja» o probable cultura Topará surgió aproximadamente en el año 200 a.C. Convivió con la declinante Cultura Paracas hasta que estableció su predominio en la mayor parte del que fue el territorio de esa sociedad, en especial con una migración masiva que ocupó la cuenca de Río Grande, donde también fue contemporánea de la primera etapa de la Cultura Nasca hasta su colapso, probablemente en el año 100 d.C., hecho que marcó el repunte nasca.
Los arqueólogos, Jhonny Isla y Markus Reindel, estudian la zona desde el año 2006 en el marco del “Proyecto Arqueológico Nasca – Palpa”, que abarca pisos ecológicos entre los 200 y 4 350 m.s.n.m., en los que hallaron evidencias de ocupaciones culturales de todos los períodos prehistóricos.
Los orígenes de los valles costeños de Palpa ubicados en la parte norte de la cuenca del Río Grande, ocupan una buena parte de la sección oeste de la provincia de Lucanas, en la región de Ayacucho, por lo que siempre fue una vía de conexión costa-sierra muy transitable, en muy poco tiempo.
En su trabajo, “La Transición Paracas – Nasca en los valles de Palpa”, volumen 25 del Boletín de Arqueología de la PUCP - 2018, afirman que durante Paracas (Formativo Medio y Tardío – 800 al 200 a. C.), la población de la zona aumentó ocupando todos los pisos ecológicos, hasta cerca de 2 000 metros de altitud, en los cuales se asentaron en aldeas, construyeron andenería agrícola, canales de riego, caminos en laderas, edificios ceremoniales, cementerios, geoglifos y petroglifos, estructuras funerarias y otros vestigios menores. Sin embargo, los autores señalan meridianamente que el mayor número de sitios arqueológicos, incluidos petroglifos y geoglifos, corresponde al periodo de la supuesta “transición Topara”, durante el máximo aumento poblacional ocurrió al final del periodo Horizonte Temprano o Formativo (200 a.C. al año 50 d.C.)
3.3. Sorprendentes resultados
Isla y Reindel han presentado sus resultados más importantes en el informe Nuevo patrón arquitectónico paracas en Lucanas, sierra sur del Perú, publicado en el Boletín de Arqueología PUCP 22 - 2017, a través del cual han anunciado urbit et orbit su hallazgo de siete (7) asentamientos Paracas bastante grandes, en la provincia ayacuchana de Lucanas, que presentan edificios de piedra con un diseño arquitectónico en forma de flor, pertenecientes a las épocas Paracas Medio (550 a 350 a.C.) y Paracas Tardío (350 a 200 a.C.)
3.
Los investigadores afirman que se trata de todo un descubrimiento de dos hechos:
i) Que, Paracas, Topará y Nasca, no solo fueron sociedades costeñas como comúnmente creía la comunidad arqueológica, pues también establecieron numerosas aldeas permanentes y productivas con centros ceremoniales de piedra y barro, en probable condición de «colonias», en altitudes de más de 3 000 metros en sitios de la Cordillera Occidental, como lo han comprobado en la provincia ayacuchana de Lucanas. La zona entre Palpa y Lucanas es desde muy antiguo un tramo de integración costa-sierra, pues era la ruta que conducía directamente hacia los ricos yacimientos de obsidiana de Quispisisa, en lo que hoy es Ayacucho.
ii) Que los edificios encontrados corresponden a un nuevo modelo, diseño o patrón arquitectónico ceremonial y habitacional paracas, nunca antes visto, el cual incluye patios hundidos de forma de media luna o de forma circular, alrededor de los cuales se disponen recintos en forma de «D» que presentan pequeñas terrazas delante del muro recto y que, en conjunto, ofrecen la figura de una flor, datan principalmente de la época Paracas Tardío/Ocucaje 9 (480 a 200 a.C.), a la que corresponde la fase de reorganización que experimentó la Cultura Paracas en la última etapa de su desarrollo.
4.
Isla y Reindel señalan que el nuevo modelo Paracas no tiene parangón en el territorio peruano y solo pocas —muy pocas— similitudes con la arquitectura de la Cultura Chiripa, de actual lado boliviano de la Meseta del Collao.
Por los tamaños de los conjuntos y por su ordenamiento formal y repetitivo, el nuevo modelo arquitectónico Paracas tiene condición monumental, pues sus construcciones están hechas con sólidos muros de grandes piedras y ocupan grandes espacios.
Y, aunque Isla y Reindel no están de acuerdo, el nuevo diseño, modelo o patrón arquitectónico del tipo de estructuras en “D” con aspecto general de una flor, también ha sido hallado por el arqueólogo Kevin Lane y su equipo en los sitios Callata y San Bernardo, en la sierra de Ica, con la sola diferencia de que, cronológicamente por los vestigios cerámicos hallados, Lane lo ha atribuido a los nasca.
El área central de los estudios Isla y Reindel (Proyecto Arqueológico Palpa-Lucanas) está en el distrito de Laramate, provincia de Lucanas, departamento de Ayacucho, donde el río del mismo nombre conforma el eje principal de la zona de investigación, la cual es conocida también como «Las Cabezadas», con altitudes desde los 2 000 hasta los 4 350 metros.
En Laramate, Lucanas, hay doce sitios con conjuntos de este tipo de construcciones, uno de los cuales es Cutamalla, el asentamiento más grandes y mejor conservados
3.4. Las revelaciones de Cutamalla.
Tiene dos sectores, uno habitacional, en la parte más alta; otro público o ceremonial, en la parte baja. Entre ambos sectores hay un numeroso conjunto de terrazas agrícolas.
En el sector de vivienda hay cimientos y muros de una serie de recintos de piedra de planta ovalada, circular y en forma de «D», las cuales se disponen en forma aislada o en grupos separados por patios y grandes espacios abiertos siguiendo la topografía del terreno. La destrucción de las estructuras arquitectónicas y la falta de materiales de superficie no permitió detectar una importante ocupación posterior wari.
En el sector ceremonial hay 16 estructuras arquitectónicas bastante grandes, en forma de “D” y cuya planta general configura una flor. Solo quedan sus cimientos de piedra, alrededor de un patio hundido.
Este patio tiene contorno circular, de 16.5 metros de diámetro. El área fue rellenada para eliminar todo declive y se cree que este sitio fue escenario de ritos religiosos y otras actividades ceremoniales y festivas. En el espacio libre al lado del patio hundido, fue hallada una tumba en forma de bota tipo paracas, en cuyo interior había restos humanos muy mal conservados, junto a solo una punta de obsidiana como ofrenda.
5.
Los recintos en «D» se encuentran a más o menos 1.40 metros sobre el nivel del patio hundido formando una especie de anillo. Fueron excavados 10 recintos de cuadrantes opuestos. Cada uno mide entre 4.5 y 5 metros de ancho y entre 5 y 5.5 metros de largo.
Los muros son de piedras grandes en su mayoría, con hasta dos hiladas. Miden entre 30 y 50 centímetros de ancho y lo mismo de altura; Se supone que las paredes y los techos fueron de materiales livianos perecibles, de los cuales, no queda rastro.
Dentro de uno de los edificios fue hallado un gran batán y gran cantidad de fragmentos de cerámica. Todos tienen un pozo central de entre 2.7 metros de diámetro, y 80 centímetros de profundidad, los cuales fueron utilizados para labores domésticas y depósitos.
De varios fueron recuperados fragmentos de cerámica paracas/Ocucaje 9, de uso diario, así como herramientas de alfarería, entre ellos piruros, pulidores y alisadores, además de cuchillos y puntas de obsidiana. El uso de estos espacios indica una primera ocupación durante Paracas Tardío. Después que fueron rellenados, la segunda ocupación del recinto corresponde a la transición de Paracas a Nasca. La recuperación de cerámica Ocucaje 9, 10 y Nasca 1, indica que fue una ocupación sucesiva.
De todo lo recuperado y del modelo arquitectónico muy definido, Isla y Reindel deducen que en Cutamalla los pastores, agricultores y artesanos realizaban actividades rituales o ceremoniales y faenas productivas como:
a. El procesamiento de la fibra de camélidos mediante piruros, puntas, lascas y esquirlas de obsidiana y de gran demanda en la costa sur, en particular, durante Paracas Tardío – Topará, cuando ocurrió el auge de la producción de textiles hechos con lana.
b. El procesamiento de obsidiana, para responder a la gran demanda de puntas y cuchillos para ser utilizadas como armas.
c. La producción de cerámica utilitaria.
d. El acopio y almacenamiento de productos de la zona para ser intercambiados con los de la costa
En resumen, los ocupantes de Cutamalla, se dedicaban a la producción de bienes, con insumos serranos netos que, luego transportaban hacia los sitios de la costa, especialmente hacia aquellos localizados en los valles de Ica, Pisco y Chincha, y también en la península de Paracas.
Durante la fase transicional de Paracas a Nasca, en Cutamalla, fueron construidos otros recintos en forma de «D» similares a los del sector B, pero, más grandes y que contaban con un patio propio bastante grande. Es decir, cada recinto en «D» tenía su propio patio delimitado con un muro de piedras medianas y grandes, formando unidades arquitectónicas diferentes a las estructuras en forma de flor.
3.5. La colonia costeña en Lucanas, Ayacucho
Isla y Reindel concluyen en que, durante Paracas Tardío, la colonia paracas de Lucanas estuvo conformada por una pequeña élite; grupos de artesanos que fabricaban puntas y cuchillos de obsidiana de Quispisisa - Huancasancos y hacían cerámica utilitaria, para consumo local; agricultores que cultivaban las numerosas terrazas de la zona y pastores que criaban llamas y alpacas, acopiaban su fibra y transportaban ese producto y otros bienes andinos a lomo de llama hacia la costa y viceversa, para hacer trueque y conseguir algodón, ají, otros productos agrícolas y hasta pescado seco.
Los factores que habrían sustentado la colonia Lucanas son:
i) El aumento de la demanda costeña de fibra de camélidos para textiles, en particular para mantos de la Fase Necrópolis (Ocucaje 10 y Nasca 1) y los fardos funerarios de la cultura Topará (Wallace 1986; Peters 1997);
ii) El gran clima bélico intrarregional generado por el progresivo colapso de los Paracas a causa la crisis general desatada por la desastrosa sequía que determinó su disolución y su reemplazo por la Cultura Topará. Ambos factores se proyectaron hasta bien avanzada la hegemonía Nasca.
3.6. Otros sitios
Huayuncalla. Este lugar fue parte de la colonia paracas-topará-nasca en Ayacucho. El sitio estuvo cubierto por construcciones de la cultura Wari.
Pero, las excavaciones han permitido descubrir que, debajo de lo wari, subyacen estructuras arquitectónicas similares a las del sector público – ceremonial de Cutamalla, con el modelo de recintos en “D” y el diseño general de forma de flor. pero que difieren en ciertos detalles formales y constructivos.
Correspondientes a la transición de Paracas a Nasca, los recintos en forma de «D» tienen un contorno ligeramente más ovalado que circular, pero resultan muy parecidos a las estructuras arquitectónicas en forma de flor. También tienen pequeños pozos centrales internos y se ubican alrededor de un patio bastante grande. La cerámica asociada a estas construcciones se relaciona con la cultura Topará.
En la parte superior del sitio, se puede distinguir un patio circular hundido con una estructura central, rodeada de pequeños recintos en forma de «D» que miden de 4 por 5 metros de lado distribuidos de manera regular.
Qechqalla. En su sector A, en la cima de una colina, hay tres estructuras en forma de flor, cada una con una plaza semihundida de forma casi circular, rodeada por 11 y 12 recintos en forma de «D». En comparación con las estructuras en forma de flor de Cutamalla, las plazas hundidas son menos regulares y presentan algunas estructuras o subdivisiones internas. En algunas de estas estructuras, se registraron batanes. La cerámica registrada en este sitio data de la fase Ocucaje 8, lo que quiere decir, que es el sitio más reciente registrado hasta el momento.
Musuq Cancha. En este sitio, hay un conjunto de terrazas bien adaptadas a la pendiente de la colina y cinco estructuras en forma de flor localizadas en ellas, cada una con un número variable de cuatro a 15 recintos en forma de «D» dispuestos alrededor de un patio central, pero, están en mal estado de conservación.
Los recintos en forma de «D» tienen muros de piedras seleccionadas que miden 4.5 por 6 metros de lado y presentan buenos paramentos. En todas las plazas hundidas, había batanes, pero muy pocos fragmentos de cerámica.
Sitio PAP-807. Tiene seis estructuras en forma de flor con patios hundidos, dos de forma circular y cuatro en forma de media luna, todas con recintos en forma de «D» dispuestas alrededor a modo de pétalos.
Chaqui Cocha. El sitio ha sido dividido en cuatro sectores: En el sector A, se encuentran cinco estructuras hundidas de forma circular o en forma de media luna, con un diámetro variable de 10 a 15 metros, con tres recintos en forma de «D» dispuestas alrededor de la estructura circular.
Morocolla. En este sitio, destacan una serie de estructuras de vivienda que tienden a tener forma de flor, es decir, recintos en «D» dispuestos alrededor de espacios abiertos o de media luna; sin embargo, en la parte más alta del sitio, se encuentran tres estructuras mejor definidas en forma de flor que son más parecidas a las de Cutamalla, aunque en este caso no presentan el patio interior.
3.7. En la sierra de la cuenca del río Ica
En De fronteras y enclaves: la presencia Nasca en la sierra de Ica (260 a.C. – 640 d.C.)- 2017, Kevin Lane y su equipo, exponen que en sus investigaciones que iniciaron el año 2014 hallaron dos primeras aldeas: Challaca, a 2 015 metros de altitud y Cerro San Bernardo, a 2 000 metros de altitud, enclavadas en la ecozona yunga de los Andes de la cuenca alta del río Ica. Ambos asentamientos Paracas, corresponden al Horizonte Temprano y fueron reocupados por los nasca.
Challaca está en la margen norte y Cerro San Bernardo, está al frente, en la ribera sur del río Ica. Desde estos sitios, se observa una extensa área de cultivo que va desde los cerros hacia un cañón llamado Challaca-Tiraxi, el cual es un gran punto de control del acceso de la población costera a los valles andinos y viceversa, por lo que, probablemente, fue controlado para los siguientes fines:
i) La aplicación del concepto de «colonia defensiva».
ii) Un intento de los costeños de extender su control hacia la sierra para tener acceso directo a maíz, coca, frutas o hacer trueque con fibra de camélidos y papa.
iii) Ensayos del desarrollo del pastoreo de camélidos
6. Puestos de vigilancia nasca en la sierra de Ica
Estos hallazgos son importantes porque refuerzan los de Markus Reindel y Jhonny Isla, dados a conocer entre 2017 y 2018, sobre la sólida presencia paracas, topará y nasca en la zona andina o cuenca alta de Rio Grande, en Palpa, hechos que reflejan por primera vez la amplia proyección de los costeños hacia el mundo andino.
El estudio de Lane y su equipo es parte del One River Project, cuyo objetivo es esclarecer el cambio en el tiempo del florecimiento y colapso de la riqueza cultural en toda la cuenca del río Ica.
En la zona yunga del valle de Ica están registrados 56 sitios, de los cuales los todos mencionados arriba son los más antiguos, pues datan del Horizonte Temprano o Periodo Formativo. Huinchocruz, el tercero, fue un centro ceremonial, a 4 070 metros de altitud.
Challaca y Cerro San Bernardo están cerca de un área rica en tierra agrícola que abarca el cañón Challaca-Tiraxi. De hecho, hasta el presente, esta área es la más productiva del agro de esta zona.
CHALLACA es el único sitio que ha sido excavado. Los pocos vestigios de la ocupación original paracas está debajo de la nasca, de la cual si hallaron abundante evidencia de indicios de dos edificios compuestos por estructuras domésticas, y por un sitio ceremonial que incluye un patio circular rodeado de recintos en forma de “D” que, en conjunto, forman el diseño de una flor. También recobraron pedazos de cerámica nasca y pocos de paracas.
Fueron hechas seis excavaciones de prueba. En la tercera excavación, en las terrazas presuntamente habitacionales, recobraron pedazos de cerámica nasca del Intermedio Temprano – entre el 440 y el 640 d.C. -, y fragmentos de alfarería Paracas/Ocucaje 8, del Horizonte Temprano, con fechado aproximado entre el año 380 a. C al 260 d.C.
3.8. ¿Contacto con Campanayuq Rumi?
Si tenemos en cuenta que el apogeo Paracas se dio entre el final del periodo Paracas Temprano (600 a.C) y el final del Paracas Medio (del 400 al 380 a.C.), cronológicamente, uno de esos vínculos podría ser con el antiguo curacazgo o señorío de Campanayuq Rumi, el cual, de origen aún desconocido, se emplazó en Vilcashuamán, Ayacucho alrededor de 1 100 a.C.
Entre los años 900 y 450 a.C., con su plaza hundida, plataformas rectangulares y galerías subterráneas líticas, llegó a ser el más antiguo centro poblado y único centro ceremonial de la sierra sur, conocido hasta hoy. En ese lapso, al igual que la sociedad Paracas, cayó bajo la influencia de la teocracia de Chavín de Huántar, vínculo que mejoró su arquitectura ceremonial.
Pero, hipotéticamente debido al colapso Chavín, allá por el año 400 a.C. el centro ceremonial fue enterrado y abandonado sin que se sepa hacia dónde migraron sus pobladores.
Correlacionando aproximaciones cronológicas, cabe preguntarse si desde Vilcashuaman, marcharon hacia la planicie de Huamanga, la que por entonces estaba siendo ocupada por los Huarpa tempranos, también migrantes desde Huanta, al norte.
Téngase en cuenta también que el estudio de los vestigios alfareros de Campanayuq Rumi ha arrojado que su Cerámica tiene similitudes cerámicas con otros estilos de su época, lo que remarca que estaba interconectado con otras regiones desde remotos tiempos.
En su fase cerámica Campanayuq I, (950-700 ̴ 500 a.C.) anduvo relacionado con la cerámica de la fase Muyu-Moqo C – D, de Waywaka, en Andahuaylas (Apurímac), de Pirwapukio, cuenca del Mantaro y la fase Hacha 2, del sitio de Hacha, en el valle de Acarí, en la costa central sur.
En su fase alfarera Campanayuq II o final (700 ̴ 500-450 a.C.), su estilo de cerámica cambió radicalmente. Los elementos del Cusco, Andahuaylas y del valle de Acarí fueron sustituidos drásticamente por otro estilo cerámico local vinculado estrechamente a la alfarería Janabarriu de Chavín de Huántar.
8. Entrada a una galería de piedra de Campanayuq Rumi
Además, fueron recuperados tiestos del sitio de Cerrillos, del valle medio de Ica, de Mollake Chico, en Palpa, de Paracas/Ocucaje 3 y 4 (botellas de asa estribo, cuencos abiertos con paredes rectas y borde biselado, botellas con cuello largo y botellas con asa puente) y del tipo Kichka-pata, de Ayacucho.
Este cambio radical indicaría que la esfera de interacción a la que Campanayuq Rumi había pertenecido fue reemplazada en su integridad y fue, más bien, orientada a la esfera de influencia de Chavín.
3.9. Contacto con los huarpa
Cabe también la posibilidad de que los paracas tardíos y los topará hayan establecido contactos y hasta relaciones de intercambio regional desde la etapa temprana del desarrollo de la cultura ayacuchana Huarpa, la que, sin duda ya tenía conocimiento aproximadamente desde el año 200 a.C., de construcciones de piedra, terrazas de cultivo, canales de riego, alfarería y textilería. Desde la perspectiva costeña la relación se habría dado entre Paracas – Fase Tardía (200 a.C), Topará (200 a.C al 100 d.C).
Al respecto, hay que tener muy en cuenta que, sobre la base de sus hallazgos en sus excavaciones en Ciudad Wari, los arqueólogos José Ochatoma y Martha Cabrera han propuesto que el proceso de interacción de los huarpas y los pueblos de la costa central sur se remonta al final del Periodo Formativo, cuando se vinculó con la Cultura Paracas.
Además, habiendo sido corroborado que el modelo, patrón o diseño de edificios ceremoniales de piedra en “D” con patios circulares, fue parte de la tradición arquitectónica Huarpa, cabe preguntarse si esta cultura fue su temprana creadora y lo transfirió a los paracas en el punto de contacto de Lucanas o, por el contrario, si los paracas fueron los creadores y lo enseñaron a los Huarpa.
Sí está comprobado también que los Nasca se relacionaron intensamente con los Huarpa desde su surgimiento en el 100 a.C. hasta la conversión de esa cultura en el imperio wari, más o menos en el 450 d.C, cuando la relación prosiguió terminando con la invasión, dominio y disolución nasca a causa de los nuevos amos.
Es un hecho real que los waris, asumieron este diseño y junto con su plano general ortogonal de sus centros administrativos imperiales, lo convirtieron en su política constructiva ceremonial durante el Horizonte Medio, a lo largo y ancho de todo su dominio territorial.
10. Gran edificio en “D” de la Cultura Wari, en Ciudad Wari, capital imperial
4. PERIODICIDAD NASCA, SEGÚN LA CERÁMICA.
4.1. Periodo nasca temprano
El surgimiento de la Cultura Nasca está bien señalado por el surgimiento de la cerámica Nasca Temprana, con decoración polícroma antes de la cocción y por refinamientos técnicos como finos engobes, lustre extraordinario, acabados de superficie únicos, delicadeza, formas graciosas, impecable cocción, etc. Corresponden a este periodo, vasos color naranja o negro en donde el ojo crítico aprecia pulcras superficies, lustrosos engobes de un matiz muy uniforme.
11. Botella nasca temprano, hombre con “cabeza trofeo”
De acuerdo a las últimas investigaciones, esto se produjo ante la declinación, ya sea del poderío Topará con centro en los valles de Chincha y Pisco o el fin del periodo transicional topará de Paracas hacia una nueva entidad política, en el contexto de un periodo casi clataclísmico de prolongada sequía.
Los investigadores creen que mientras los asentamientos de los valles de Ica, Pisco, Chincha y Cañete soportaban lo peor del atroz fenómeno climatológico, los pobladores de Nasca, en especial los de Palpa, pudieron resistir mejor, debido a la gran humedad imperante en las zonas medias de los valles de la cuenca del Río Grande, clima que permitió seguir con la producción agraria.
Si a esto se suma el conocimiento de la hidráulica de la cuenca y la habilidad de los habitantes para construir las llamadas «cámaras de filtración» para acumular y desviar la poca agua de la cuenca alta, se tienen los factores que hicieron que los nasca emergieran de la tragedia como los ganadore de la lucha por la supervivencia, con pleno derecho a tomar el mando y así ocurrió puesto que el centro de poder se movió, entonces, hacia el territorio Nasca, en particular a la cuenca del Rio Grande.
¿De dónde procedió el avanzado conocimiento en ingeniería hidráulica de los nasca? Nadie lo sabe.
La decoración fue otro campo en el cual se expresó claramente el cambio. Empezó como profundamente naturalista: aves, peces, flores, frutos, etc., es fácilmente identificables de tamaño grande, ofreciendo lo esencial con ahorro de lo accesorio.
Así, los expertos consideran que la alfarería Nasca Temprana es la de más alta calidad artística, pero a mitad de carrera, sin que nadie sepa por qué, cambió de rumbo hacia las abstracciones y complejidades con gran merma de su belleza y calidad artística para, a la postre, ingresar en sofisticación, estandarización y agotamiento final durante Nasca Tardío.
Durante Nasca Temprano, que va aproximadamente del año 100 d.C. al año 400 d.C. (unos 500 años), los investigadores han determinado que Cahuachi tuvo ampliaciones y mejoramientos sucesivos hasta que se convirtió en el principal sitio de congregación ideológico-místico-productivo de la costa central sur, pues convocaba a peregrinos de toda la región y de la sierra.
12. Botella nasca temprano con figura de hombre herido en la rodilla
Nasca Temprano terminó con el abandono gradual de Cachuachi y la caída del poder de los shamanes, presumiblemente debido a las calamidades de otro ENSO prolongado (Fenómeno El Niño- Oscilación del Sur), con sucesivos y largos períodos de intensas lluvias y sequías. A eso hay que agregar que un gran terremoto partió en tres a Cahuachi. El extinto arqueólogo Guisseppe Orefici cree que todo lo que hicieron los shamanes para aminorar el desastre, fracasó.
De eso, ellos dedujeron que las deidades los habían abandonado maldiciéndolos, por lo que decidieron enterrar el templo y la gran pirámide, así como otras edificaciones y marcharse a otro lugar. Una buena pregunta es, ¿adónde?
Sobre las ruinas de Cahuachi los pueblos que se quedaron o reocuparon las zonas cercanas hicieron cementerios tipo túmulos y hasta construyeron el “Cuarto de los Postes”, para celebrar ritos funerarios de los nuevos jefes.
4.2. Periodo nasca medio
El derrumbe del régimen teocrático shaman y el desastre de Cahuachi, atribuible a la terrible crisis general provocada por un descomunal ENSO, provocó un cambio radical, quizá una revolución político social en la sociedad nasca, entre los años 400 a 500 a.C.
Esta nueva crisis general desembocó en la toma del control político – militar por líderes seculares o jefes locales y zonales, curacas de conjuntos de ayllus o ramas tribales, digamos de condición civil y la subordinación de los shamanes, quienes, sin embargo, siguieron cumpliendo sus funciones religiosas y mágicas.
Disminuyeron los asentamientos hacia el norte y sur de la cuenca del Rio Grande; los nasca se concentraron en dicha cuenca en cuyo territorio instalaron una serie de pequeños poblados que asumieron roles de centros ceremoniales probablemente comandados por curacas zonales.
Se produjo también un aumento en la cantidad y calidad del ajuar en las tumbas de valles anteriormente menos ocupados, señal quizás de un incremento de la complejidad social.
Durante este periodo los nasca intensificaron relaciones con la Cultura Lima de la costa central norte y con la Cultura Huarpa, asentada en la sierra de Ayacucho.
Los arqueólogos Reindel e Isla, en sus excavaciones en el sitio La Muña, el vestigio más grande de Nazca Medio ubicado en la confluencia de los valles de Palpa y Río Grande (tiene una extensión de 2 Kms cuadrados), hallaron 12 tumbas tipo mausoleo-pozo, de hasta 7 metros de profundidad tapados con un techo soportado por una parrilla de troncos de hurango. En la superficie tiene una plataforma escalonada, cerca por un muro perimétrico con una sola entrada.
A pesar del saqueo de la necrópolis, Reindel e Isla han hallado abundante cerámica polícroma, adornos de malaquita y sodalita, conchas spondylus, puntas de obsidiana, cuarzos trabajados y ornamentos personales de oro. Eso para los arqueólogos, significa que los nasca estaban estratificados socialmente y que La Muña fue una necrópolis de gente de poder y de sus familiares.
La ampliación del sistema de «cámaras de filtración». En el transcurso de esta época fue construida la mayor parte del sistema de puquios y en las pampas se traza la mayoría de los geoglifos. Los investigadores Katarina Schreiber y Josué Lancho han datado que el sistema subterráneo de captación del acuífero del Río Nasca mediante «cámaras de filtración» para riego de tierras aledañas, fue ampliado en la zona baja de la cuenca durante el Nasca Medio, como un esfuerzo de contrarrestar las prolongadas sequías. El control del sistema del acuífero, pudo otorgar poder real a los curacas locales y zonales.
Cerámica del periodo. En la cerámica, terminó el predominio del estilo Nasca Temprano con engobe y como expresión del desorden aparecieron tres estilos alfareros nuevos, los que, a su vez, registraron los cambios religiosos inevitables:
i) El estilo “insólito”, que mezcló dibujos de distintos motivos, en forma ininteligible
ii) El estilo “progresivo”, que mezcló volutas, rayas y borlas a figuras sobrenaturales, con partes corporales desproporcionadas y,
iii) El estilo “conservador” que trató de introducir innovaciones, pero manteniendo algunos rasgos de la iconografía del periodo anterior.
Se impuso el estilo “progresivo”, el cual introdujo la figura de la mujer como elemento importante de la fertilidad y mantuvo la tradición de los trofeos de cabezas humanas.
14. Vasija nasca medio con figura de guerrero
4.3 Periodo nasca tardío
Este tiempo duró solo un siglo y medio, entre los años 500 al 650 d. C. El reemplazo de los shamanes por líderes seculares fue total.
Durante este periodo fue construido otro centro ceremonial hoy conoció como Estaquería , cerca de las ruinas de la antigua Cahuachi.
La cerámica, casi con calidad de retratos personales, muestra figuras de prominentes hombres con atuendos de alta manufactura, luciendo mostachos, chivas, lujosos tocados, túnicas hermosas, aretes y pendientes de spondylus y, generalmente, con el cráneo deformado por alongación.
Eran señores de la guerra, pues llevan armas (azagayas y estólicas) en sus manos o cabezas humanas – trofeo y la cantidad de este tipo de pictografía sugiere que las acciones bélicas alcanzaron una alta frecuencia.
15. Botellas con figuras de las famosas “cabezas trofeos”
Desaparecieron casi todas las imágenes naturalistas que dominaron en la cerámica de los dos períodos anteriores, pero los decoradores conservaron aquellas más mitológicas, las que se volvieron abstractas y estilizadas, configurando el estilo llamado «Prolífero» en que los motivos tienden a repetirse varias veces y a llenar gran parte de la superficie de la vasija con sus volutas, rayos y puntas.
Se expandió la confección de vasijas escultóricas que representaban a personajes ricamente ataviados y comenzó la tendencia de producir desnudos femeninos de damas un tanto mayores, algo obesas y tatuadas, como sugerencia del concepto de belleza sexual de moda. Este proceso de reducción y simplificación del repertorio icónico tradicional y de incorporación de temas más centrados en la figura humana ha sido interpretado como resultado de profundas transformaciones en la estructura de la sociedad. Claramente, las viejas y nuevas imágenes estaban al servicio de un sistema social diferente y más complejo, uno donde predominaban las distinciones de estatus y prestigio entre los individuos.
De eso, los investigadores deducen que la Sociedad Nasca fue una confederación estratificada de curacazgos, unida por la religión, la cultura y posiblemente por el idioma, pero sin un poder central.
La cerámica mostraba, entonces, esa estratificación social. Curacas, shamanes y artesanos en la cima, agricultores, pescadores y criadores, en el rango bajo. Estos últimos aportaban hombres para las eventuales acciones de guerra ritual, de defensa o de ataque, sin haber llegado a constituir un ejército regular. Como organización social, el ayllu, se cree que no tuvo mucha difusión.
Evidentemente la población se desplazó hacia el sur atraída por el aprovechamiento de los acuíferos de esa zona, durante un nuevo periodo de sequía.
16. Botellas nasca tardío con escenas sexuales
5. ORGANIZACIÓN POLÍTICO-SOCIAL
La cultura Nasca se caracterizó por tener una estructura política descentralizada, con curacazgos (Una etnia o conjuntos de etnias o ayllus) por valle o por sección de cada valle. No existía un gobierno central ni capital única. Cada curacazgo era autónomo, con sus propias autoridades encargadas de los aspectos políticos, ideológicos y religiosos dentro de su territorio específico. Los curacas mantenían alianzas eventuales, con base en una misma religión, dialecto y modo de vida diario común. Era una relación sin gran equilibrio lo que originaba la guerra entre ellos, principalmente por disputas de agua, tierras agrícolas, bosques, pastos y depósitos de arcilla.
Este probable modelo Nasca Temprano, contradice la visión del arqueólogo H. Rowe que consideró a Nasca como un pequeño estado imperial en el contexto de una revisión de los datos sobre urbanismo en el antiguo Perú. En 1963, Rowe planteó que "quizás Cahuachi consolidó un pequeño imperio en la costa", opinión que E. P. Lanning, D. A. Proulx y G. Lumbreras, apoyaron.
Pero, volviendo al modelo de jefaturas, los curacazgos estaban estratificados con una jerarquía clara:
En lo más alto de la pirámide social se encontraba los jerarcas. Durante Nasca Temprano, el líder era un sacerdote o shamán, que ejercía tanto el poder político como el religioso. Estos vivían en los centros ceremoniales y controlaban la fuerza laboral y el comercio. Markus Reyndel y Jhonny Isla, en sus excavaciones en Los Molinos, valle de rio Grande, desenterraron edificios de adobe que creen que constituyeron un centro de reuniones públicas, es decir, una legación administrativa del poder central residente en Cahuachi.
Esto puede ser una extensión a menor escala del tipo de administración teocrática que los Chavín aplicaron en esa región, antes del componente militar.
El segundo estamento era el de los guerreros cuya importancia creció con el tiempo, hasta lograr arrebatar el poder a los shamanes, debido al aumento de los conflictos armados y ante el fracaso de los religiosos en el control de los desastres climatológicos.
Con el auge de la cultura, los guerreros llegaron a ser un componente principal de esta sociedad.
No obstante, el arqueólogo Kevin Vaughn, tras excavar en Marcaya, en el valle de Tierras Blancas, ha planteado que la sociedad rural Nasca estuvo conformada por familias igualitarias, lo que determinó que cada asentamiento fuera social y económicamente independiente. No contaban con cerámica polícroma, de lo cual dedujo que eso se fabricó y uso en Cahuachi para la élite sacerdotal dominante.
En tercer lugar, estaban los artesanos especializados que trabajaban para la élite desde los centros ceremoniales.
El cuarto nivel estaba conformado por los agricultores y pescadores, es decir, la mayoría de la población, la cual vivía en áreas periféricas cercanas a las zonas de cultivo o al mar
6. ECONOMIA
La economía se fundamentaba en la agricultura, para la cual construyeron extensos acueductos con el fin de mejorar su producción agrícola. El desarrollo de una agricultura intensiva fue un desafío debido a la escasez de tierras fértiles y agua de riego. Para solucionar la falta de agua, construyeron acueductos, canales y pozos que ayudaran a regar sus cultivos, destacando los acueductos de Cantalloc. Estas tierras fueron cultivadas con una variedad de productos como maíz, zapallo, yuca, maní, ají, guayaba, lúcuma, pacay y algodón.
Por otra parte, los nasca aprovechaban los recursos marinos de la costa del océano Pacífico a través de la pesca, contribuyendo de manera significativa a su economía. No obstante, hay que anotar que no se sabe exactamente la modalidad de su pesca, puesto que en su iconografía cerámica o textilera ni en sus geoglifos aparece alguna imagen de embarcación alguna que indique que pescaban en aguas costeras. De eso se deduce que hacían pesca desde las playas o los peñascos con anzuelos y arpones y es así también como aprovechaban del marisqueo.
La ganadería fue una actividad complementaria importante, y estaba orientada a la producción de lana. El comercio se llevaba a cabo con otras sociedades de la región, intercambiando productos como cerámicas y textiles, especialmente valorados en el comercio intercultural. Religión y creencias.
7. CERÁMICA
Jiménez Borja expone así la caracterización básica de la cerámica nasca:
Todas sus vasijas estaban adornadas con figuras pintadas de colores planos, sin relieve, de perfil como la forma más común.
Otro recurso fue la transparencia, que permite ver semillas dentro de frutos. Las figuras pintadas están delineadas por medio de una línea negra o blanca según el fondo y color que se trata de destacar.
El color era aplicado antes de la cocción. El quemado se realizaba en una atmósfera oxidante. Empleaban arcilla de grano fino con desgrasante mezcla de arena, mica y conchas molidas.
Todas sus formas fueron modeladas a mano. No hay indicios de moldes. La técnica para levantar el vaso era el enrollado que luego se alisaba y finalmente se bruñía cuidadosamente. Después, añadían un engobe de alta calidad y procedían a su decoración.
Este tipo de acabado fue una de las notas sobresalientes de la сеrámica nasca y el color, rico y cálido fue otro de sus méritos.
No ese sabe con precisión cuántos colores usaron, pues muchos de ellos parecen gradaciones, tonos intermedios, en más o menos, de un mismo color, resultado de las disoluciones y de los efectos del quemado, etc. Se puede calcular que usaron diez tonos lo cual es bastante, gama, bella, de contenido elegante que se mantuvo a lo largo de toda la vigencia de esta cerámica.
Los nasca acertaron al mezclar colores, a veces atrevidos, sin caer en lo vulgar, agresivo o de mal gusto. El color a veces está de acuerdo con la cosa representada. El oro, por ejemplo, se pinta siempre apropiadamente. Igual pasa con la sangre, el cabello, la obsidiana, etc.
La decoración de las primeras etapas es reposada, severa, de tamaño grande, muy fácil de reconocer. Poco a poco fue transformándose entrando de lo naturalista a lo fantástico, complicándose a la postre como algo afiebrado, nervioso y vibrante. Las propias formas de la cerámica al principio funcionales, tranquilas, de poca alzada, se van transfigurando, se pueden hacer muy altas, tal es el caso de los vasos, o pueden achatarse, tal es el caso de las formas lenticulares.
Jiménez Borja cree que la iconografía de Nasca Temprano fue profano, de expresión natural, que, poco a poco fue cambiando hasta volverse una materia sagrada. No obstante, sagrado o no, el motivo necesariamente debió ser tomado del entorno real del hábitat de los nasca.
Patricia J. Lyon, por ejemplo, esclarece que la figura felinesca nasca, atribuida por varios investigadores al otorongo o jaguar amazónico, no es tal. Corresponde con mayor precisión a un felino andino de menor tamaño que el selvático, un gato montés (Feliz colocolo) llamado en quechua «uscollo».
17. Fragmentos de cerámica nasca halladas en superficie
18. Cántaro nasca hallado en superficie
19. Cántaro nasca intermedio con asa -gollete
7.1 Cerámica con influencia moche. Durante esta etapa final de Nasca, en varios sitios fue hallada una cerámica que tiene evidente vinculación con la alfarería mochica, una relación cuyas causas y consecuencias aún están en estudio.
También hay vestigios de vinculación de los nasca con asentamientos ubicados en Arequipa y, principalmente, con la andina Cultura Huarpa, aún antes de que, desde su asentamiento en las alturas de Huanta, se desbordara tomado por la fuerza las tierras de la planicie de Huamanga en donde dieron origen al estado Wari que después, subyugó a los Nasca.
Al final de este periodo la Cultura Moche logró influir la cerámica nasca con temas escenográficos y de índole militar.
En ese mismo tiempo, los wari ayacuchanos iniciaron la invasión y ocupación de la región, avanzando hacia las partes altas de los valles donde tomaron el control sobre el agua de regadío como mecanismo de dominación.
8. TEXTILERÍA
La textilería nasca, a decir de James W. Reid en su ensayo La textileria nasca. homenaje. agradecimiento e invocación, como ocurrió en otros pueblos andinos, estuvo estrechamente vinculada a la ideología religiosa y a la vida diaria.
Reid dice: “El nexo tangible era la provisión de alimentos y otros elementos básicos garantizados por la agricultura, la pesca y la presencia de los auquénidos.
El vínculo espiritual era un elaborado ciclo de ritos y ceremonias administrados por una casta sacerdotal, y destinados a asegurar no solamente la abundancia de la alimentación y vestimenta, sino también el bienestar espiritual del pueblo.
Por esta razón, la religión andina y el arte textil que la expresaba exaltaba las "fuerzas cósmicas y los dioses de la fertilidad... inspiradas por el deseo primordial de conseguir abundante comida a través de la actividad agrícola”.
21 Manto nasca de fibra de camélido y algodón
Por eso es que los temas decorativos de los tejidos sureños están relacionados con el control de fenómenos naturales, con el calendario solar y lunar y con la recolección de frutos; en resumen, a la fertilidad de tierra, con énfasis en el maíz, el ají, mani, yuca, pallar, chirimoya, olluco, camote, pacae, algodón, pescado, mariscos, guano de las aves marinas para fertilizar la tierra y otros productos alimenticios que fueron altamente apreciados, así como en el culto a personajes enmascarados, probablemente sacerdotes de alto rango, que realizaban actos que fortalecían los lazos entre el hombre y sus dioses.
Las tejedoras tenían muestrarios de los que se valían para realizar sus obras, pero, sin que tuvieran a mano un repertorio de temas que juntaban sin mucha relación entre sí.
Esto se ve claro en los vasos muy altos del final de Nasca, cuando se suceden los temas unos tras otros, apenas separados por grecas o geometría.
Reid, sin tener en cuenta la textilería Topará, la que según estudios recientes fue la que alcanzó el más alto nivel técnico y estético en esta materia, afirma que la textilería nasca evolucionó durante tres etapas: la de transición desde paracas, la nasca propia y la final nasca-wari.
22 Unku de mezcla de fibras de auquénido y algodón
A la segunda etapa, la de Nasca propia, la ubica desde aproximadamente 200 a.C. hasta cerca de 700 d.C. El inicio de este periodo no coincide el fechado del año 100 d.C. como el del surgimiento de la tradición Nasca, en la fase cerámica Nasca 3. No obstante reconoce que los nasca se erigieron como el núcleo de prestigio e influencia en toda la costa sureña, con un poder que llegó a superar al de Topará en Ica y cuando su centro ceremonial de terrazas superpuestas en Cahuachi sobre el río Nasca parece haber sido el punto focal.
Entre aproximadamente 700 y 800 d.C., se manifestó en la costa sureña la iconografía wari. Tal influencia al nivel de diseño gráfico fue una consecuencia lógica de la invasión militar, política y religiosa del imperio Wari contra los nasca.
Reid, deduce que, en toda su vigencia, la textilería nasca desarrollo tres tipos de imágenes: realistas, mágicas o surrealistas y composiciones no realistas. También distingue cinco estilos iconográficos de diseño:
i) Inicial o transicional desde Paracas, con cuya textilería comparte los dibujos del Ser Oculado, el felino, el pájaro, el pez y la cabeza de trofeo, con ciertas diferencias.
ii) Sobresaliente, cuando comienzan a imponerse la nueva hegemonía, desde Nasca 3, desde Cahuachi, su centro de prestigio e influencia en la sur. Aparecen entonces figuras de grandes dragones, serpientes de dos cabezas, personajes con características de rana o murciélago cabezas de trofeo y caras redondeadas y una amplia selección de vida zoomorfa: felinos, arañas, zorros, pelícanos, ratones, vizcachas, llamas, monos, cangrejos, ballenas y múltiples especies de peces y aves, así como la extraña divinidad Nasca es mucho menos frecuente que en la cerámica; este dios Ocular, descrito por Luis Lumbreras como un "felino con atributos humanos, sin colmillos pero con bigotes", es una presencia constante en la cerámica de las fases 2, 3 y 4, y no ostenta el aspecto naturalista de las otras imágenes de esa época.
23 Gran manto nasca de tres partes
iii) Estilización compleja, imaginería que corresponde a las fases 5 y 6 de Nasca que sigue, sobre todo en la fase 8 cuando la encontramos más simplificada y abstracta. Los temas son personajes o divinidades de aspecto mágico, fantástico y mítico y objetos relacionados a plantas, frutas, legumbres v a temas zoomorfos.
Usa la técnica del tapiz y la del bordado; los temas bordados incluyen objetos de aspecto vegetal o biomorfo reiteradamente coloreados en rojo, azul y amarillo sobre fondos claros. La tendencia del diseño textil es una proliferación de líneas verticales, horizontales y diagonales, que se extienden hacia afuera desde una matriz central, tanto en la textilería como en la cerámica. Pero, en los textiles es mucho más geométrica, ordenada y formalista.
iv) Composición no figurativa – abstracta. Los tejidos nasca de este tipo se rigen por normas típicas de la iconografia textil peruana: la imagen única, la superficie del tipo "All-Over" en la cual toda la composición es de uniforme importancia, el recurrir a formas estilizadas, etc. Los contornos geométricos que se ven en la ilustración son especialmente característicos de la textilería Nasca, aunque suelen aparecer también en otras culturas. Prolifera el uso de contornos geométricos como el círculo, el cuadrado, la franja, el rectángulo, la escalera, la mayoría confeccionadas en el tipo de tejido llamado bayeta de algodón que tiene una trama y urdimbre suelta similar a un tejido "calado", lo que le confiere a la pieza una adicional riqueza de textura.
v) Nasca/wari final. Se impuso la textilería serrana de los invasores wari. Una manifestación característica de esta época de transición es el tejido "atigrado" (Tie-Dye). La influencia wari también se deja sentir en los tejidos de esta época transicional a través de bandas verticales, dentro de las cuales aparecen figuras antropomorfas, zoomorfas o pictográficas; el empleo de gran cantidad de cantidad de hilos de trama y urdimbre; composiciones en las que se nota una compresión lateral de motivos y, finalmente, tejidos de plumas, especialmente aquéllos cuya iconografia hace hincapié en cabezas con muecas grotescas, soles rutilantes de seis u ocho rayos y temas similares. Estos tejidos de plumas merecen atención especial, porque la envergadura de su uso y diseño gráfico no tiene parangón en la historia del mundo. Numerosos pueblos y culturas han empleado plumas como elementos de diseño, pero nunca con la imaginación demostrada por el tejedor del Perú precolombino
9. APARIENCIA PERSONAL Y VESTIMENTA
Según Jiménez Borja, los hombres usaban cabello largo hasta la altura de los hombros, unas veces atado en la nuca o formando un moño sobre la frente. Las cabezas trofeo cuelgan del cabello. En el caso de labores en las que el cabello no debía incomodar usaban una redecilla, que se ve bien en las representaciones de pescadores.
El vestido masculino fue determinado por la alta temperatura del día. Eran dos prendas: un taparrabo y una túnica muy corta que dejaba ver la prenda primera. Con menos frecuencia usaban una falda, a modo de tonelete envolviendo desde la cintura hasta media pierna, tal como usan los nativos aguarunas en el río Marañón.
En la cerámica, a los portadores de vegetales se les ve luciendo un gorro puntiagudo, equivalente al chuco serrano. En los vestidos ceremoniales, la túnica no deja ver el taparrabo, pues es más larga, y se acompaña con un manto que cubre la espalda.
Siempre en la cerámica, a la mujer se la ve ataviada con decoro o con lujo, maquillada y cuidadosamente peinada. El vestido femenino, en ocasiones especiales fue espléndido: grandes túnicas, mantas, e incluso tocados sobre el cabello; sobre todo en la fase final de los nasca la mujer tuvo poder con un refinamiento que patente en vasijas cada vez más altas, formas menos utilitarias y más decorativas.
La mujer joven o madura tuvo mucha importancia en la sociedad nasca. La primera aparece en la cerámica, como un tema decorativo. Se ven filas de lindas cabecitas femeninas, con peinados muy cuidados: flequillos sobre la frente, patillas, recortes muy estudiados. Estas guirnaldas de niñas no aparecen en las etapas iniciales de la cultura, sino a mitad de curso y al final. Son rostros estereotipados: ojos grandes y rasgados, óvalo de rostro muy redondeado como si ofrecieran un patrón de belleza juvenil. Otro patrón femenino fueron los tatuajes de índole erótico, en los glúteos pues se los considera vinculados al concepto de “vagina dentata”, a partir de cerámica escultórica aún no muy bien estudiada.
Comparándola con la representación cerámica Moche de lo sexual, Jiménez Borja concluye que en esa materia los nasca no fueron tan expresivos.
24 Cushma nasca
10. ARQUITECTURA
Utilizaban principalmente el adobe, una mezcla de barro y paja secada al sol, con cuyas piezas de diversa forma, pero principalmente cónica, construían sus edificaciones para resistir terremotos, reforzados con quincha (caña y barro).
La decoración de los edificios era simple, con patrones geométricos y formas en relieve, utilizando pequeñas piedras y conchas para adornar las paredes y fachadas.
El complejo Cahuachi, es la principal muestra de la escasa arquitectura monumental de adobe, piedra y madera de los Nasca, en comparación con los numerosos y enormes edificios ceremoniales de la costa central y norteña, especialmente los de la cultura Moche.
Además de Cahuachi, otros sitios de importancia de la Sociedad Nasca fueron:
La Estaquería, asentamiento que sucedió a Cahuachi como centro ceremonial; Tambo Viejo, Huaca del Loro y Pampa de Tinguiña, Cerro Max Uhle, Ventilla, Cementerio de Chauchilla y Pueblo Viejo.
25 Cahuachi, arquitectura monumental nasca con adobe y madera.
11. INGENIERIA HDRÁULICA
En la cuenca baja del Rio Grande, los nasca lograron solucionar el gran parte la falta de agua de riego con sus mal llamados “acueductos” subterráneos, una red de ingeniería hidráulica altamente innovadora en su tiempo.
Arturo Jiménez Borja dice que, en realidad, se trata de una red de galerías que recogen agua filtrante de los cauces de los ríos, pues no tienen la profundidad necesaria para captar las napas freáticas.
Fueron construidas, así: los nasca cavaron zanjas y revistieron sus paredes con grandes piedras sin mortero entre ellas, a fin de que queden intersticios para la filtración del agua. En otros casos hicieron las paredes con troncos de huarango, dejando entre palo y palo espacios para el paso del agua. Después, construían los suelos de las zanjas con un conglomerado de cantos rodados unidos con arcilla por lo que eran duros, por no haber estado a la intemperie.
Luego cerraban las zanjas con techos de lajas de piedra o de palos de huarango cubriéndolas con tierra. La luz de la galería se llamaba "caja". Las galerías no estaban cerradas en toda su extensión. De trecho en trecho, hay ventanas para que personal especializado (pasadores) pudiera penetrar y reparar daños causados por temblores, raíces de árboles, acarreo de lodo, etc.
Algunas cajas son altas y permiten a un hombre caminar erguido. Otras son de menos porte. Hay anchas y otras angostas. Con el fin de que la mucha agua en épocas de creciente de los ríos no cause disturbio, hicieron reservorios internos.
26 Pozo de afloramiento de filtraciones acuíferas para riego del desierto
Otras veces hacían galerías con meandros o gradientes para disminuir la velocidad del agua. Considerando que el volumen de las filtraciones disminuye a más distancia del cauce, las galerías están muy cerca del río. En las partes altas del valle están casi pegadas al cauce. En las partes bajas pueden estar a 300 ó 400 m. de distancia, según el informe del Ing. F. Gonzales García.
Según el arqueólogo Roger Ravines son 26 las galerías conocidas y en buen estado. Están distribuidas más o menos como sigue: Quebrada de Aja, 13 galerías. Quebrada de Tierras Blancas, 7 galerías, Quebrada de Copará 3 galerías y Quebrada de Trancas, 3 galerías. Hay otras destruidas y bloquedas.
12. METALURGIA
Los nasca no sobresalieron en minería y menos en metalurgia. En algunas tumbas muy importantes han sido recobrados discos, bigoteras y diademas de oro que eran piezas que aparece en la cerámica como ornamento de seres míticos.
En el mundo real son adornos hechos de láminas muy delgadas de oro, un metal dúctil y maleable.
Las pepitas de oro, tras un proceso intenso de martilleo, se aplanaban y adelgazaban, pero, a la vez, se tornaban muy quebradizas por aplastamiento y disgregación molecular.
Para salvar esta dificultad calentaban el metal, hasta llegar al rojo, con lo cual se obtenía un reordenamiento molecular.
Luego sometían a la pieza a un enfriamiento brusco y así templado lo trabajaban hasta obtener obtener una lámina delicada a la cual, por corte, le daban la forma deseada.
El acceso de los nasca al metal fue tardío no obstante ser una zona rica en cobre. El cobre, al igual que el oro se trabajaba martillando peріtas hasta lograr láminas que luego se pulían con abrasivos. El cobre se puede mezclar con oro para lograr una mejor apariencia y más dureza.
Los nasca trabajaron el bronce mezclando el cobre con el estaño que intercambiaban con los habitantes de la meseta del Collao. Pero, no lo utilizaron en gran escala, pues el estaño tenía un elevado nivel de trueque, por lo cual siguieron usando herramientas y armas líticas de obsidiana, lo que les atrasó en el campo militar respecto a otros pueblos.
27 Nariguera nasca de oro laminado
28 Máscara nasca de oro laminado
13. RELIGIÓN
Los nascas practicaban el politeísmo. Veneraban a varios dioses. Realizaban sus actividades religiosas centrales en el complejo de Cahuachi. Ofrendaban sacrificios humanos a sus deidades en sus rituales mediante la decapitación, lo que dio origen a las llamadas «cabezas trofeo».
Christina Conlee y Aldo Noriega, en su informe: Cabeza trofeo nasca y sacrificio humano en La Tiza, 2014, dicen que el mayor número de cabezas trofeo han sido halladas en la costa sur central peruana y datan de la Cultura Nasca. Está en debate arqueológico si las cabezas trofeo eran tomadas durante la guerra o en sacrificios rituales para asegurar la fertilidad. La solución es confusa, pues incluso si era práctica guerrera las cabezas tuvieron una importante función religiosa.
Entre sus principales dioses destacaba Kon, considerado el creador del mundo y de los hombres. Era representado con máscaras de felinos y un báculo.
Aunque no lo nombran como Kon, los autores de Nasca: vida y muerte en el desierto, señalan que la divinidad principal era representada como una figura de apariencia humana que, según vestigios cerámicos y texiles, llevaba una nariguera y un tocado. Normalmente portaba un mazo o un cetro en una mano y una cabeza cortada en la otra que, en ocasiones, es acompañada o sustituida por productos agrícolas.
Esta divinidad máxima era presentada en posición horizontal, en vuelo o de pie. Muchas veces desde atrás de su cabeza se extiende una banda aserrada, que en ocasiones es sustituida por el cuerpo de un pez, un ave o un felino. Asociado a este personaje pueden observarse muchos y variados atributos tales como cabezas cortadas, golondrinas, roedores, peces y productos agrícolas.
Este dios antropomorfo puede asumir la forma o rasgos de todos los demás e, incluso, introducir un alto número de elementos ausentes en esas mismas figuras, transformándose en otras figuras del panteón nasca, y sustituyendo, en sus distintas formas de aparición, productos agrícolas por cabezas cortadas e, inclusive, portar cabezas cortadas desde cuyas bocas surgen vegetales.
Parece constituir una síntesis iconográfica, que articula y sirve de mediador entre aquellos espacios aparentemente discontinuos, como la muerte y la vida. En tanto cumple esa función mediadora, permite la germinación de las plantas y asegura la continuidad de la vida desde la muerte.
También veneraban a un ser híbrido de felino–pez–ave, llamado Botto. Además, creían que mediante la intervención divina podían evitar desastres climáticos y sequías, por lo que llevaban a cabo ceremonias religiosas para propiciar periodos de fertilidad y buenas cosechas.
El sacerdote o shamán, era el intermediario ante los dioses. Su ideología religiosa tenía como finalidad conseguir una alta fertilidad agrícola y ganadera con suficiente disponibilidad de agua. Esa era su principal rogatorio a los dioses, aunque la guerra también era otro motivo de culto pues uno de sus más importantes ritos era la exhibición y sepultura de cabezas–trofeo en campos de cultivo para la obtención de buena cosecha, pues eran consideradas como fuentes de vida. En el sitio Cerro Carapo, en el valle de Palpa, en un área de cultivo, fueron halladas 48 cabezas humanas trofeo.
Los investigadores creen que, durante Nasca Temprano, los shamanes, como durante Paracas, siguieron comandando la vida política, social y económica de los pueblos. Su iconografía alfarera muestra que estos sacerdotes, como los de Cupisnique y Chavín, consumían mucho el jugo alucinógeno del cactus San Pedro (mezcalina) para sus ritos mágico–religiosos, mientras que la chicha era la bebida ritual preferida por los peregrinos.
Durante Nasca Tardío, los ritos siguieron teniendo con marco el consumo ritual de alucinógenos y alcohol, la exhibición de testas cortadas y se agregó el acompañamiento de cánticos y música de zampoñas, sonajas, tambores y trompetas de conchas. También aparecieron nuevas figuras de deidades o seres míticos.
14. LOS CACTUS
En los vasos nasca de todas las fases hay representaciones de cactus. En los primeros tiempos grabaron imágenes muy detalladas: porte, espinas, acanaladuras, flores, todo. Así mismo se les ve severos, hieráticos, mostrando su poder. También aparecen cortados en rodajas con apariencia de flores. A medida que la cultura avanzó los dibujos del cactus se incorporaron al atuendo de las divinidades y se transformaron en atributos.
El cactus más representado es el Trichocereus Pachanoi conocido popularmente con el nombre de San Pedro. De su corteza se aisló como principio activo, la mezcalina. Se dice que el jugo de este cactus es un poderoso alucinógeno que puede generar una percepción sin materia. Yo veo un venado en mi habitación, pero ninguna otra persona lo ve. El venado tiene casi todas las condiciones de una percepción verdadera, pero no lo es. Existe sólo para mí.
Pero algunos estudios sugieren que el producto no produce alucinaciones de por sí. Crea un terreno o atmósfera propicia, pero necesita elementos inductores. Los técnicos indígenas conocen muy bien cuáles: cantos repetidos, silbidos, recitaciones, oraciones, invocaciones, rasgueo de instrumentos de cuerda, perfumes, etc., todo durante largos períodos hasta que los fenómenos alucinatorios se presenten, inducidos por toda esta preparación.
Así, pues, en la experiencia intervienen dos elementos: el principio activo del cactus y los factores inductores. Naturalmente que juega un papel muy importante la receptividad de quien busca la experiencia maravillosa, su condicionamiento natural para recibir esta comunión.
También es necesaria la conducción del técnico quien, con su experiencia lleva al participante por los mejores senderos, dosificando la cantidad del jugo, según edad y complexión, asistiéndolo, consolándolo, enmendando sabiamente el rumbo de los acontecimientos, etc.
El pueblo llano consideraba que los cactus, como cualquier otra planta para uso médico o ritual, tienen espíritus y poder de hablar. El operador, brujo, shaman o sacerdote las buscaba en ciertos días propicios y determinadas horas. Sólo recolectaba los ejemplares que reunían las condiciones que su cultura señalaba. Los operadores se apoyan en el espíritu de la planta y en su mensaje. No tienen poder propio. Su poder es el que suministra la planta y el decidir si hacer el bien o el mal.
El brujo hacía mezclas con las plantas para potenciar su poder o restar factores desagradables. Tenía varios ayudantes que vivían con él sirviéndolo con respeto y devoción.
15. ICONOGRAFÍA, GEOGLIFOS Y PETROGLIFOS
Las líneas de Nasca, otros geoglifos y petroglifos, abarcan una extensa área de 350 kilómetros cuadrados, entre los kilómetros 419 y 465 de la actual Carretera Panamericana Sur. Han sido estudiadas desde 1941 por Paul Kosok y Maria Reiche, entre otros.
Para el trazo de estas líneas los nativos, desde las tradiciones Paracas y Topará utilizaron instrumentos como el tupu, el trípode y la plomada, el cordel y el nivel de agua. Las figuras que se han encontrado, como el cóndor, el varec, la tarántula y el huarango, podrían haber tenido un significado simbólico relacionado con la agricultura y el clima.
Desde 1994, la UNESCO ha reconocido las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa como Patrimonio de la Humanidad.
El Río Grande de Nasca y sus afluentes cortan la altiplanicie entre el Océano Pacífico y los Andes y forman mesas separadas por quebradas al fondo de las cuales discurren los ríos. Sobre estas altas repisas los Nasca trazaron líneas, senderos, espacios trapezoidales, figuras, etc. que han intrigado, causado admiración, fascinado y motivado sesudos estudios.
Hacer estos diseños sobre las pampas de Nasca debe haber tomado tiempo, pues los hay unos superpuestos sobre otros, como si los primeros fuesen más antiguos que los segundos debido a que ese y no otro espacio era el apropiado. Considerando que Paracas, Topará y Nasca se continúan en el tiempo, casi sin solución de continuidad deben haber tenido antecedentes remotos.
Sin embargo, en esta actividad los nasca sí destacaron en el mundo, con sus portentosos y hasta ahora inexplicados geoglifos conocidos internacionalmente como “Las líneas de Nasca”. Esta obra fue realizada, según dataciones técnicas durante los periodos Nasca Temprano y Nasca Medio.
En el esquema de su vida social que se sustentaba en la agricultura, la crianza, la pesca, la textilería y la alfarería vinculadas estrechamente a la religión y la guerra, con sus inmensos y enigmáticos dibujos sobre planicies, laderas y promontorios, los nasca dieron un salto cualitativo sin precedentes.
Hicieron geoglifos que se pueden clasificar en dos grupos:
29 Nuevo geoglifo con tema humano
30 Otro geoglifo nuevo de humano
31 Geoglifo con motivo de ave
i) Zoomorfo, que incluye figuras de seres naturales y sobrenaturales como aves, peces, un mono y una orca que sostiene una cabeza – trofeo, humana;
ii) Geométrico, con formas trapezoidales, líneas en espiral, onduladas y simples rectas, algunas de ellas, paralelas, las que en algunos casos surgen de un solo punto como los rayos de una rueda.
Los dibujos más grandes y famosos se ubican en las Pampas de Nasca, entre el valle Ingenio y la ciudad de Nasca, en una extensión de unos 200 kilómetros cuadrados. No obstante, en todo el departamento de Ica y en particular en la cuenca de río Grande, han sido registrados varios cientos de geoglifos aún no estudiados.
32 Geglifo con motivo de pez
En “Los señores de los imperios del Sol”, Daniel Proutx (Capítulo: Señoríos y estados en los Andes del Sur) dice que los dibujos tuvieron uso múltiple:
a) marcaban rutas de peregrinación.
b) Fueron sitios para la celebración de rituales considerados sagrados, pues han sido halladas plataformas adyacentes a los geoglijos que contenían abundante cerámica rota a propósito y que mostraban dibujos antropomorfos.
c) planos de rutas para llegar hasta fuentes de agua dulce.
Proutx considera que la técnica de resaltar el trazo fue simple. Removían los pedruscos de color oscuro de la superficie de la pampa o ladera, hasta exponer la arena de color más claro ubicada debajo.
Lo inexplicable hasta hoy es el origen del conocimiento matemático que permitió a los nazca producir sus figuras a escala tan grande, cuya percepción total solo es posible desde posiciones muy elevadas en el terreno o desde gran altura en el espacio. También cree que las dimensiones de los geoglifos, indican el enorme poder que ejercieron los shamanes en la sociedad nazca para poder convocar a la enorme cantidad de mano de obra necesaria y contar con los recursos logísticos necesarios.
Jiménez Borja explica sencillamente cómo los nasca ejecutaron los dibujos. El suelo de las pampas es de color «tierra de siena» (por la presencia de hierro) algo rojizo y está cubierto de piedras pequeñas, conformando una superficie oxidada. Al retira la capa superficial aparece una segunda de color más claro. El contraste entre estas dos superficies crea los trazos, con la salvedad de que los inmensos solo pueden ser vistos desde un punto alto de lo Andes o desde el espacio.
Los geoglifos son de varias clases. Hay líneas rectas de un trazado impecable y de una extensión que va dez20 m. a varios kilómetros. El ancho de los trazos es variable desde 40 c. comparable con una senda, hasta 110 m. comparable con una gran avenida.
Existen centros radiantes de donde parten de 30 a 40 líneas en todas direcciones a modo de estrellas. El centro no es un punto y por lo general es una eminencia como una pequeña colina. Estas sendas forman figuras. Las más comunes son espirales de muchas clases: redondas, elípticas, rectangulares, espirales superpuestas como si unas hubiesen perdido su validez y sobre ellas se diseñan otras más frescas y pujantes.
Hay una gran variedad de figuras de aves, peces, de araña y mono. Las más abundantes son las de aves. Todo de un tamaño descomunal de tal modo que, el observador puede estar parado sobre el ojo del pez, sin darse cuenta. Sólo con un mapa y diseños en mano es posible tener idea del diseño.
Existen también inmensos espacios de forma trapezoidal o triangular a modo de plazas para grandes concentraciones de gente. Estos espacios, algunos, están limpios, como barridos, otros ocupados por montoncitos de piedras dispuestos en forma muy ordenada. No es posible decir cuál es la función de ellos: números, estadística, años, días, jornadas de trabajo.
Se sospecha que hay una relación grande entre las figuras y los grandes espacios trapezoidales. Es fácil darse cuenta del parecido grande que hay entre los geoglifos figurativos v los temas de la cerámica nasca. lo cual invita a pensar que fue este pueblo el que compuso principalmente toda esta inmensa ornamentación
15.1. Hallazgo de nuevos geoglifos
En septiembre de 2024, el arqueólogo japonés Masato Sakai y su equipo hicieron saber que, usando inteligencia artificial, han identificado 303 nuevos geoglifos en la Pampa de Nasca tras un trabajo de seis meses. No obstante, la mayoría de los dibujos se encuentran en laderas para ser vistos desde antiguos caminos.
Masato Sakai representa a la Universidad de Yamagata. La responsable del proyecto de IA es el científico informático Marcus Freitag, del Centro de Investigación IBM Thomas J. Watson, de los Estados Unidos.
Los 303 dibujos fueron ubicados tras el análisis de gran cantidad de imágenes geoespaciales captadas desde aviones y trabajo de campo para ubicarlas y estudiarlas directamente.
Hasta el último estudio, había 430 geoglifos registrados. Ahora el total es 733 solo en la Pampa de Nasca, aunque falta explorar el 70 % del área de estudio lo que demandará más tiempo. Se estima que en la zona podrían existir un total de 400 geoglifos más.
Los nuevos geoglifos ahora son casi invisibles, pero cuando fueron creados, probablemente entre el año 100 a.C. y 50 d.C., durante el predominio de la tradición Topará, antes del inicio de la tradición nasca, muy bien pudieron ser vistos desde senderos informales que atravesaban el desierto. "Los geoglifos figurativos de la Pampa de Nasca más emblemáticos, que miden un promedio de 300 pies de ancho, se encuentran cerca de caminos antiguos y representan principalmente animales salvajes. Por el contrario, los geoglifos recién descubiertos tienen un promedio de sólo 30 pies de ancho y alrededor del 80 por ciento de ellos representan personas o animales domesticados.
16. MUSICA
Diversas excavaciones en sitios nasca han permitido recobrar instrumentos musicales aerófonos y de otro tipo, de tumbas y otros contextos y ofrecen una aproximación a la cultura musical de ese pueblo. No obstante, hallazgos en Ocucaje, demuestran que su fabricación y uso fue una antigua tradición Paracas, imperante entre Supe, en el note y Acarí, en el Sur.
Debido a que producen sonidos sueltos no se puede conocer el discurso musical nasca. Con este repertorio bien poco podemos conocer el discurso musical Nazca.
También no son mucho los investigadores del tema. A. Sas, A. Rosell C. y Carlos Vega se han interesado por los aerófonos y sus sonidos. En particular, han estudiado ciertas clases de flautas en las que los tubos están colocados a la manera de los tubos de un órgano. J.C. Muelle y L. Dawson, han indagado su fabricación y Curt Sachs y A. Sas se han interesado en su origen.
Siku, es el nombre de los aerófonos nasca. El estudio de A. Sas abarcó 28 flautas de 3 hasta 14 tubos. Advirtió que sus registros están bien lejos de la pentafonía Inca; en cambio sus ejecutantes usaban con frecuencia el sistema diatónico y usaban fórmulas cromáticas.
C. Vega, afirma que nadie solitario podrá ejecutar una melodía con un siku, pues solo tiene la mitad. Necesita la otra mitad pues la escala está repartida entre los dos cuerpos instrumentales independientes. Este tiene la primera nota, aquél la segunda, éste la tercera, aquél la cuarta, etc. Así se organizan las bandas de sicuris sobre la base única del par de flautas complementarias. A este par se añade otro más grande que suena una octava más grave y que tiene un tubo menos. Cuatro ejecutantes, a estos cuatros se le añaden otros cuatro con idénticos instrumentos, y otros cuatro, etc.
J.C. Muelle explica que fabricaban los sikus, así: hacían por separado cada uno de los tubos sobre un palito o caña que servía de molde que era retirado cuando la arcilla estaba secándose; en estas condiciones se colocaba los tubos unos al lado de otros manteniéndolos unidos por medio de una fresca pasta de arcilla que los recubría.
Otros tipos de instrumentos nasca son los membranófonos, casi todos timbales con cajas de cerámica. Algunos son enormes y los más tienen una proporción mediana muy práctica y manejable. Usaban también trompetas, silbatos muy bellos y ocarinas, pero apenas han sido estudiados.
La cantidad de instrumentos musicales, muchos de ellos de uso complementario, habla de una sociedad unida, de vida ceremonial y religiosa rica. La antara es un instrumento que se puede tocar en soledad, pues no necesita el concurso de nadie más. El siku o flauta complementaria representa la sociabilidad, el mutuo acuerdo. pues de no estar de acuerdo dos ejecutantes el resultado es negativo y en un conjunto mayor exige que todos participen de la misma emoción.
17. PRINCIPALES ASENTAMIENTOS Y CENTROS CEREMONIALES
18. CACHUACHI, LA MECA DEL SUR
La estratigrafía, más no ningún fechado técnico, muestra que los primeros muros de CAHUACHI, fueron construidos aproximadamente el año 440 a.C., lo que quiere decir, que esa tarea fue hecha por los paracas de la etapa Intermedia de esa cultura, mucho antes del surgimiento de los Topará y de los Nasca.
18.1. Cronología
El sitio estuvo vigente hasta aproximadamente el año 450 d.C. unos 200 años antes del colapso de los nasca, lo que sucedió más o menos el año 650 d.C.
No obstante, hay que anotar que Cahuachi entró en declive a partir del año 350 d.C., durante lo más intenso de su relación con la sociedad andina Huarpa, antes del surgimiento del imperio Wari, en Ayacucho. No se sabe cuáles fueron las causas precisas de esa declinación.
El sitio perduró, entonces, unos ocho siglos y, tal vez, como en el caso de otras edificaciones representa la línea evolutiva social, económica y religiosa de los primeros grupos humanos organizados en la costa central sur que han sido nombradas académicamente por los estudiosos como los paracas, los toparás y los nasca, aunque todas correspondan a un mismo pueblo.
18.2. Ubicación
Cahuachi está a 28 kilómetros al este de la actual ciudad de Nasca, sobre 360 m.s.n.m., en la margen izquierda del río Nasca, cerca de la confluencia con el río Grande y también a corta distancia del sitio Pueblo Viejo, una ciudad-cementerio casi del mismo tiempo, por lo que se supone que hubo bastante relación entre los que habitaron los dos lugares. Está a
40 Kms. del Océano Pacífico sobre una elevación desde donde se puede dominar un territorio extenso y plano en 360 grados. Tiene una extensión total de 24 Kms. cuadrados.
ciudad capital núcleo del poder político y militar en la costa central sur?
Tal vez empezó como un punto de convergencia místico-religiosa de los Paracas vinculado a actividades relacionadas con geoglifos y petroglifos, en las que los peregrinos obtenían valiosa información de los shamanes oficiantes sobre si serían beneficiados con suficiente agua para riego o enfrentarían sequía o mucha lluvia con sus consecuentes desbordes e inundaciones.
Se deduce que su emplazamiento fue elegido por su cercanía a los afloramientos del acuífero de la zona, con los cuales, tiempo después, los ingenieros hidráulicos nasca construyeron un impresionante sistema de captación de agua y riego por gravedad, para el cultivo de gran parte del desierto aledaño, aún durante los meses de la estación seca.
De hecho, el predominio que el sitio alcanzó gradualmente durante la Cultura Nasca se debió al control y distribución de este recurso entre los centros menores cercanos.
La siguiente es una reseña general del complejo contenida en el trabajo "El Gran Templo del centro ceremonial de Cahuachi (Nazca, Perú), ensayo de Aïcha Bachir Bacha y Oscar Daniel Llanos Jacinto, publicado el 2020
18.3. Datos generales
Característica: Cahuachi, sus dos grandes y principales edificios ceremoniales y sus otras construcciones menores de plataformas escalonadas, mal llamadas "pirámides", fue un sitio de gestión continua del poder teocrático-militar y sitio de residencia permanente de una élite que, probablemente, dirigió los estilos de vida Paracas Tardío, Topará y Nasca, de la población de la costa sur de lo que hoy es el Perú.
Algunos de sus investigadores creen que fue una gran ciudad, apoyándose en que falta desenterrar la mayor parte de los vestigios que rodean a los dos edificios principales, los que tenían áreas habitacionales, pero solo para un pequeño grupo bien definido, y que posiblemente estaba a cargo del lugar.
Esa élite acogía a peregrinos provenientes de todos los puntos cardinales, dirigía las ceremonias de culto masivas y decidía los cambios en los ritos y las divinidades a venerar y en los estilos arquitectónicos y constructivos Esa residencia no fue esporádica como lo afirmó Silverman, pues en el complejo han sido hallados recintos suficientes dedicados a viviendas de dignatarios.
Actividad principal: Cahuachi fue un sitio de confluencia de peregrinajes desde distintos lugares para participar en ritos religiosos de temporada vinculados estrechamente a la siembra y la cosecha, a la pesca, la guerra y la previsión del suministro de la valiosa agua, en función de sequías y lluvias intensas. Como contraparte, estas actividades incluían la entrega de diversas ofrendas de parte de los peregrinos al Gran Templo y a sus oficiantes.
Por la gran cantidad hallada de antaras destruidas en son de ofrendas, los expertos deducen que los rituales tenían como base la música producida por el uso masivo de ese instrumento y, tal vez, con el acompañamiento coral de los feligreses. También de otros restos recuperados se deduce que los ritos incluían sacrificios de llamas y perros, criados en el lugar.
Descubridor: Alfred Kroeber, en 1926.
Significado del nombre en quechua: "Donde viven los videntes"
Razón probable del sitio: La colina del Gran Templo pudo ser considerada por los paracas originarios como una Huaca, morada de un Apu o espíritu protector de carácter sagrado. La tumba hallada en su cima pudiera corresponder a alguien que era venerado como deidad y las momias enterradas en distintos niveles corresponderían a intermediarios entre los shamanes y esa deidad u otras.
Área construida: 24 kilómetros cuadrados.
Área recuperada: 20% del total
18.4. Etapas constructivas:
Fase 1. Empezó en el año 440 y duró hasta el 200 a.C. (Paracas intermedio). Fueron construidos los primeros grandes muros de quincha sobre el suelo original, sin que se haya hallado algún rastro de cerámica diagnóstica.
ETAPA 1- Fase 2. Del 200 al 50 a.C. tiempo en que estaba declinando el estilo de vida paracas y se desarrollaba el estilo de vida Topará. Empezó la construcción comunal del Gran Templo con adobes cónicos, muy usados por los paracas. Se hallaron rastros de cerámica nasca inicial, del estilo Paracas-Ocucaje 9-10, Nasca 1 y cerámica Polícroma.
ETAPA 2- Fase 3. Del año 50 a.C. al 250 d.C. Siguió la construcción del edificio monumental o Gran Templo y la de otros recintos con el empleo intensivo únicamente de adobes paniformes de distintos tamaños, en cuyos ambientes se encontró cerámica Nasca 2 y 3.
También fueron construidas la primera plataforma, la gran plaza y la gran terraza, así como corredores y recintos, con la finalidad de mejorar la realización de ceremonias de culto que comprendían entregas de ofrendas, básicamente del instrumento musical antara.
En este nivel se encontró una urna que contenía pedazos de antara, de algodón, huesos de cuy, restos de pescado y carbón.
También se halló una cabeza trofeo humana y un tambor de cerámica. De la cabeza, los estudiosos deducen que la élite que dirigía las cosas en Cahuachi, estaba formada por una alianza entre shamanes y guerreros.
En una esquina oeste de la gran plaza se halló una ofrenda de semillas de cucurbitáceas (mate o zapallo), pelo de llama, cerámica, huesos de animales y pedazos de tela.
La gran terraza fue construida en la parte superior del Gran Templo, desde donde se podía ver los geoglifos de la Pampa de San Juan. Antes de la terraza, fue levantado un recinto que contenía una tumba vacía, en forma de botella, pero que conservaba restos de alimentos de origen vegetal.
ETAPA 3 - Fase 4. Va del 250 al 400 d.C. En esta fase los constructores rellenaron y sellaron los espacios de la fase 3 para levantar nuevas edificaciones como recintos y corredores.
En el relleno de la Etapa 2 se encontró una ofrenda militarista de 21 lanzas medianas, hechas de huarango, de caña brava y de inflorescencias de esta especie, amarradas con una gran trenza de cabello humano. También había otra cabeza humana trofeo, tres momias y un fardo. Solo la tercera momia tenía una parte de su ajuar funerario. También se halló cerámica Nasca 3. Los constructores siguieron usando adobes paniformes.
34 Restos de lanzas de huarango y caña brava
35 Hallazgo de una “cabeza trofeo”
Primer terremoto y otros desastres ambientales (ENSO- Fenómeno El Niño) En el lapso de tres décadas, entre los años 250 y 280 d.C. se produjeron, un gran terremoto, lluvias intensas y huaycos que destruyeron parte de las edificaciones o cubrieron las instalaciones con barro. A raíz de eso, los investigadores sospechan que los rellenos fueron para abandonar las áreas que no quisieron reparar.
Segundo terremoto y más desastres ambientales (ENSO- Fenómeno El Niño) El extinto arqueólogo italiano Guiuseppe Orefice, principal investigador de Cachuachi, en una entrevista concedida a Guido Mendoza Fantinato, dijo que sus comprobaciones estratigráficas han registrado también que durante la centuria entre los años 350 y 450 d.C. sucedieron dos "eventos aluviales" (Lluvias intensas que generaron desbordes y huaycos) y otro terremoto de gran magnitud que partió en tres el área de Cahuachi y en particular dañó al Gran Templo.
Orefice cree que estos cataclismos afectaron material y psicológicamente a la élite residente en el sitio, pues la hizo aparecer ante la población como que habían perdido totalmente el favor de las divinidades y ya no tenían el privilegio de la comunicación divina. La crisis religiosa y sus consecuencias políticas les habría llevado a decidir clausurar progresivamente el Gran Templo hasta abandonar todo el lugar, a pesar del buen estado de la producción y del desarrollo del estilo de vida nasca de entonces.
ETAPA 4 - Fase 5. Del año 400 al 450 d.C. El abandono fue progresivo a medida que avanzaron los trabajos de sellado con barro, especialmente del Gran Templo y disminuían las actividades rituales y la entrega de ofrendas de conjuro de lo que se expresaba como un terrible deterioro del vínculo supuestamente sagrado entre la élite y las deidades ("los dioses nos han abandonado" o algo por el estilo).
En la esquina norte de la gran plataforma dejaron un gran depósito de ofrendas y todas las construcciones de la parte superior del gran templo y de su plataforma fueron incendiadas, pues se halló quincha carbonizada.
Tercer gran ENSO – Fenómeno El Niño. Según Orefice, en la centuria del 500 al 600, cuando Cahuachi languidecía tristemente, otro gran ENSO (Fenómeno El Niño, lluvias intensas, desbordes y huaycos) destruyó y enterró gran parte de las solitarias instalaciones y las áreas que habían sido convertidas en un gran cementerio por ocupantes Wari de Ayacucho, quienes habían construido algunas nuevas edificaciones de plataformas rectangulares escalonadas, en la zona occidental del sitio.
El arqueólogo italiano, afirma que ha encontrado evidencias de que los wari, en su etapa imperial, atacaron violentamente a los nasca apoderándose de todos sus asentamientos, proceso en el cual borraron su iconografía, impusieron su estilo de vida, su arquitectura y modo constructivo, su artesanía textil y cerámica, su religión y hasta modificaron la alimentación de los subyugados, pues ha detectado que la mortalidad infantil entre los nasca se triplicó en ese periodo de dominación durante los siglos VI y VII d.C., lo cual condujo a la disolución de la sociedad nasca.
Cahuachi tenía un entramado constructivo complejo. Contaba con una imponente área ceremonial que, emplazada en paralelo al curso del río a lo largo de siete kilómetros, constituyó un centro que estuvo vigente hasta mucho tiempo después de la pérdida de su hegemonía, al menos hasta el 650 d.C.
18.5. Investigación
Hasta la actualidad solo ha sido excavada y estudiada hasta en un veinticinco por ciento por el equipo del arqueólogo Orefici, desde hace unos veinte años, hasta el fallecimiento de este investigador. Entonces, todavía gran parte del centro urbano se encuentra sepultada por toneladas de arena del desierto.
Sus principales edificios son el llamado “templo” y la “pirámide principal”, los que, según Orefici, habrían sido construidos en cinco fases que duraron varios siglos. Cada una fue sellada previamente con ritos y entierro de ofrendas de textiles, otros bienes y sacrificio de auquénidos. De ese modo esos edificios fueron ganando altura.
Un gran oráculo. Orefici fue de la idea de que Cahuachi funcionó como un gran Oráculo, en donde los nasca celebraban las principales fechas de su calendario de culto vinculado a la agricultura, a la crianza y la pesca. En determinadas fases astronómicas y estacionales, seguramente solsticios, equinoccios, inicio de lluvias y tiempo de cosecha se realizaban rituales en el lugar, ante la presencia de miles de peregrinos y se celebraban festividades.
El sitio habría sido también un amplio cementerio con unos 40 túmulos cuya conservación estaba asignada a los ayllus de prestigio que allí sepultaban a su parentela.
18.6. Sus habitantes
En Cahuachi vivía una élite de sacerdotes que concentraban el poder político-religioso y dirigían las ceremonias que allí tenían lugar. Según los estudios, los habitantes de la región solo acudían a Cahuachi con objeto de algún tipo de peregrinación o en eventos marcados, como pueden ser celebraciones relacionadas con fechas calendáricas.
Además, parecía habitual la práctica de ofrendar el excedente alimenticio en Cahuachi para obtener beneficios y prosperidad de las divinidades. A cambio, los sacerdotes otorgaban a los peregrinos cerámicas y textiles cuya iconografía desarrollaba la cosmología divina de los nasca, difundiendo así por la región el mensaje ideológico de Cahuachi.
18.7. Rituales, ofrendas y sacrificios
No es mucho lo que se conoce de los rituales que allí tenían lugar. Se han encontrado impresionantes trajes ceremoniales, confeccionados con textiles pintados y, en algunos casos, aplicaciones de plumas. A lo largo de todo el sitio arqueológico han aparecido multitud de ofrendas enterradas, bien simbólicas (vasijas, textiles, etc.) o de sangre (animales, cabezas cortadas).
Estos grandes sacrificios rituales parecen tener una conexión con las grandes catástrofes naturales, como una manera de apaciguar a las fuerzas sobrenaturales, como demuestra una ofrenda de antaras rotas situadas en la grieta producida por un terremoto. También se han encontrado numerosos instrumentos, como las mencionadas antaras, silbatos y tambores de cerámica, que demuestran que la música jugaba un papel relevante dentro de estos ritos, acompañándolos y cohesionando a la población durante su celebración.
18.8. Vínculos con geoglifos
Por supuesto, Cahuachi se encontraba relacionado con los geoglifos de su alrededor. El sistema ritual de la cultura Nasca era dual. Por un lado, se encontraban las prácticas desarrolladas por los sacerdotes en Cahuachi que, salvo fechas señaladas, se hacían sin la presencia o implicación de la población circundante.
Los rituales practicados en la zona de los geoglifos, por el contrario, cumplían la función de convertirse en actos participativos y comunitarios, donde la expresión religiosa era abierta. Es posible incluso que, durante los grandes ritos de Cahuachi, el centro no pudiera acoger a todos los peregrinos y las celebraciones se extendieran a los geoglifos circundantes.
19. PUEBLO VIEJO
Fue un asentamiento aldeano y gran cementerio. Está a unos 4 km de la actual ciudad de Nasca, en la margen izquierda del río homónimo. Es de origen paracas y periódicamente soportó inundaciones y aluviones que han alterado la morfología del terreno, a pesar de lo cual tuvo una ocupación continua hasta la colonia. Tiene construcciones de adobe, extensas necrópolis y geoglifos.
En su gran cementerio fueron registradas más de 150 tumbas de la cultura Nasca y, también de pobladores de su posterior dominador, el imperio wari.
Entre 1983 y 1988 fueron investigados 13 sectores en una franja de más de 3 km, paralela a la margen izquierda del río Nasca.
Las estructuras más antiguas halladas son terraplenes artificiales sobre los cuales fueron construidas viviendas con paredes de quincha (entramado de caña cubierta de barro) y techos de caña y paja. En la parte central están los vestigios de un centro ceremonial de plataformas escalonadas, de adobe. Hacia el oeste, hay construcciones con grandes cuartos de planta cuadrangular de 6 x 6 m.
Durante Nasca, este sitio estuvo vinculado con Cahuachi, pues sus construcciones también fueron hechas con adobes cónicos y paniformes.
Pueblo Viejo constituye un modelo indicador de la secuencia cultural en la costa sur del Perú, tanto por la presencia de sus construcciones como por la posibilidad de analizar los patrones de enterramiento presentes en las necrópolis.
20. LOS MOLINOS
Fue un importante complejo administrativo, habitacional, ceremonial y productivo, ubicado cerca de la confluencia de los ríos Palpa y Viscas (zona baja del Valle del Río Grande- Palpa/Nasca). Cumplió funciones de importante centro administrativo para control de recursos y de culto, desde el final de Paracas, la transición Topará y el primer periodo de desarrollo de Nasca, (50 a.C. al 200 d.C.)
Destaca por sus construcciones con plataformas sobre laderas, muros de adobe paniforme, recintos de quincha y su posterior uso como necrópolis. Fue emplazado cerca de la confluencia de ríos en una zona agrícola estratégica.
Su arquitectura tuvo como base plataformas construidas en las laderas de los valles, so-bre las que se levantaron recintos techados, patios abiertos, rampas y escaleras en forma de L, utilizando principalmente adobes de forma paniforme (forma de pan) y paredes de quincha.
Su diseño principal fue la planta rectangular delimitada por muros perimetrales de adobe que forman a su vez, recintos menores también rectangulares, cubriendo un área de aproximadamente de 200 x 100 metros
Fue abandonado al ser afectado por fenómenos naturales y luego su parte sur fue reutilizada como cementerio.
El arqueólogo alemán Marcus Reindel, quien investigó largamente el lugar con su colega peruano, Jhonny Isla, dice que en Los Molinos fueron encontrados más de 50 contextos funerarios, aproximadamente la mitad de los cuales estaban intactos. A pesar de la destrucción hallada, la estructura funeraria pudo ser reconstruida e incluso los ajuares funerarios de muchas de las tumbas saqueadas. Los contextos funerarios datan de Nasca Temprano hasta el Horizonte Medio. En otros sitios deI área de estudio fueron recuperados entierros de épocas anteriores y posteriores, desde muy sencillos, depositados en simples fosas, entierros de niños en urnas, hasta entierros en pozos de dos y tres metros de profundidad.
21. NECRÓPOLIS CHAUCHILLA
Se encuentra situado a unos 30 km de la ciudad de Nasca, en el departamento de Ica. Es un gran cementerio al aire libre en el cual, los restos momificados de los difuntos paracas, topará y nasca, así como de wari, pueden ser observados directamente, lo mismo que pedazos de cerámica y de piezas textiles. El lugar ha sido intensamente saqueado por los ladrones de tumbas, pero ahora tiene un techo y guardianía.
Data del siglo II a. C. y fue utilizado hasta el siglo IX d.C. En el cementerio se pueden ver restos de la antigua civilización (fragmentos de cerámica, textiles)
Las momias están en un buen estado de conservación a pesar de su antigüedad y en muchas de ellas se pueden ver aún restos de cabellos e incluso algo de piel. La conser-vación ha sido posible en parte gracias al clima árido del desierto de Nasca. Se trata del único sitio arqueológico peruano en el que las momias se pueden ver en sus tumbas ori-ginales.
El cementerio fue descubierto en la década de 1920, pero no se había utilizado desde el siglo IX. El cementerio alberga numerosos entierros importantes a lo largo de un período de 600 a 700 años.
22. LA MUÑA
También está considerado como complejo arqueológico de carácter político – administrativo, ceremonial y funerario excepcional. Se encuentra a 4 km., de la Plaza de Armas de Palpa, el km. 395 de la Carretera Panamericana Sur. Cronológicamente el auge de su ocupación por los nasca corresponde a la etapa Media del desarrollo de esa cultura.
Durante el primer quinquenio de este siglo Reindel e Isla concentraron sus excavaciones en un sector de tres grandes terrazas donde se encontraban 12 tumbas, tipo mausoleo, de excepcional tamaño y probadamente pertenecientes exclusivamente a altos dignata-rios.
En una primera etapa fueron excavadas cinco tumbas, cuyas cámaras funerarias fueron ubicadas entre 5 y 7 metros de profundidad. Todas fueron hechos con un mismo patrón de diseño y construcción.
Las tumbas 3 y 4 son las más representativas deI sitio. En la superficie, hay un cuadrán-gulo central de adobes cuyos lados exteriores estaban reforzaos por muros más bajos ti-po banqueta. En el muro interior habían empotrados diez postes de huarango, posible-mente como soportes del techo.
Todos los muros son de adobes de forma cónica (odontiformes) hechos a mano, típicos de Nasca Medio (200 al 400 d.C.) y distintos a los de Los Molinos (paniformes).
Según la cerámica asociada, todos los muros fueron construidos en un solo momento en la fase Nasca 5. La fosa de la tumba 3 fue de 4.50 m de diámetro y 5.50 m. de profundidad.
22.1. La tumba 4 o el mausoleo del “Señor de Palpa”
La tumba 4, es la más grande excavada hasta el momento. Su pozo tenía 7 m. de pro-fundidad. Las paredes y las cabeceras de los muros estaban enlucidas cuidadosamente y pintadas con color blanco y posiblemente con otros colores que han desaparecido. , de los cuales se han conservado algunos pocos restos. En la parte superior de las paredes este y oeste hay dos pequeños nichos para ofrendas especiales.
Sobre el piso de las cámaras había una delgada capa de arena sobre la cual fue puesto el cadáver y su ajuar.
Los techos de las cámaras estaban formados por gruesos troncos de huarango, coloca-dos sobre las cabeceras de los muros en sentido este-oeste. Encima de los troncos se habian colocado ramas y carrizos, y sobre estos una gruesa capa de barro mezclada con grandes piedras. El peso deI relleno y la filtraci6n de agua hicieron que los troncos se rompieran, dañando la cabecera de los muros, los nichos y a los difuntos y sus ofrendas. A pesar de la destrucción y el saqueo ocurrido en la década de 1930, pudieron recuperar algunos restos humanos, parte de las vasijas y del ajuar funerario.
22.2. Recuperación de valiosos vestigios
Con los fragmentos de cerámica de la tumba 4 se pudieron reconstruir 14 vasijas y partes de tres antaras. Además, se encontraron 263 cuentas de crisocola (silicato de cobre hi-dratado, valorado por su intenso color azul-verdoso y a menudo llamado "turquesa del Pe-rú"), 73 de sodalita, 20 cuentas de concha Spondylus, cuatro perlas de oro y cuatro de cobre.
También de la tumba 4 se recobró varias láminas de cobre y 15 láminas rectangulares de oro, cinco grandes conchas Spondylus enteras (una grabada en su interior con una cara zoomorfa), cinco puntas de obsidiana y objetos de cuarzo.
Ofrendas similares se encontraron en las tumbas 5 y 6. EI haIlazgo más Ilamativo de la tumba 6 fue una serie de 19 pequeños pendientes de oro (aprox. 1 cm de largo) en forma de orcas.
Considerando que lo recobrado son saldos que los ladrones de tumbas dejaron porque no tenían valor para la venta el mercado de obras de arte y si la riqueza de los ajuares fune-rarios de las tumbas nasca fue directamente proporcional a su tamaño, se puede deducir que el contenido original fue realmente extraordinario.
Aun sin disponer de restos humanos, el arqueólogo Johny Isla plantearon la hipótesis de que la tumba con la mayor cantidad de vestigios valiosos habría correspondido al jefe principal, gran curaca o «Señor de Palpa», pues en los restos de su importante ajuar ha-bía piezas de oro que tienen las formas de ajíes, gotas de agua y orcas.
El arqueólogo Isla considera, en consecuencia, que la tumba del supuesto dignatario nas-quense tiene similar importancia arqueológica e histórica que la del «Señor de Sipán», de la cultura norteña Mochica y contradice las teorías que sostienen que la zona fue un cen-tro de aterrizaje de extraterrestres y un calendario astronómico.
En noviembre de 2021, el sitio la Muña, puesto en valor, fue abierto al público.
36 Fosa-mausoleo del probable “Señor de Palpa”. La momia y
las ofrendas son agregados decorativos.
22.3. Geoglifos y petroglifos
En el territorio cercano a La Muña los investigadores encontraron numerosos geoglifos y unos mil petroglifos (dibujos en piedras) trazados en las pampas y laderas del valle.
Según Isla, figuras de los geoglifos y petroglifos surgidas de los dibujos de la cerámica y los grabados en piedra de la Cultura Paracas, formaban parte de un paisaje ritual para la adoración del agua y la fertilidad.
Los geoglifos o las «Líneas de Palpa» son de autoría de las culturas Paracas y Topará, es decir más antiguas que las «Líneas de Nasca». Para trazar estas últimas, los nasca usaron el mismo modelo constructivo y diseño artístico que los paracas y Topará. Las «Líneas de Palpa» reproducen figuras geométricas, zoomorfas y fitomorfas y se encuen-tran en su mayoría en Sacramento, Pinchango y Llipata.
Las principales figuras representan al reloj solar que mide ciento cincuenta metros, la ba-llena de treintaicinco metros, el zorro, un pelícano y hasta una familia curacal: tres figuras antropomorfas que representan a un hombre, una mujer y un niño.
Los arqueólogos mantienen la hipótesis de que los paracas, toparás y los nascas hicieron estas figuras para que sus deidades las que, según ellos, controlaban el entorno natural pudieran divisarlas a fin de recibir las ofrendas de los humanos.
Los geoglifos de Palpa se pueden observar desde las alturas colindantes, lo que no ocu-rre con los de la Pampa de Nasca.
Arquitectura peculiar
Asimismo, Isla ubicó en el lugar construcciones muy peculiares pues las paredes fueron hechas de adobe labrado, tratando de imitar los granos del maíz. Esta forma cónica del adobe de 30 a 40 cm. permitió que fueran colocadas en hileras paralelas y luego recubiertos de arcilla del río. Posiblemente fueron utilizados como tumbas y/o lugares de culto.
23. LA TIZA
Está considerado como un complejo arqueológico nasca importante que cubría 47.9 hectáreas en una ladera más o menos empinada, con buenas tierras de cultivo y suministro de riego. Aproximadamente,12 hectáreas corresponden a viviendas y cementerios del periodo Nasca Temprano. El resto corresponde a otras ocupaciones anteriores y posteriores hasta el año 1 476 d.C.
Fue emplazado en el valle del río Aja en la provincia de Nasca, Ica, frente al apu local Cerro Blanco, desde el Periodo Arcaico (aprox. 5 500 adp. – 3 500 a.C.), un surgimiento contemporáneo con Sechín Bajo, en el valle de Casma, pero sin el aporte de arquitectura consistente. En consecuencia, es el sitio de ocupación continua más antiguo de la costa central sur que fue habitados también por los paracas y los topará.
Por los importantes vestigios hallados en el lugar de la Cultura Nasca, periodo temprano, los cuales incluyen un recinto para sacrificios humanos por decapitación ritual, cabezas trofeo y el esqueleto un esqueleto de un decapitado enterrado con un vaso iconográfico fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación.
La antropóloga física Michelle Buzon, determinó que el individuo era de sexo masculino de aproximadamente 20 a 25 años de edad. Las dos primeras vértebras (C1 y C2) no se hallaron en el proceso de excavación y la vértebra tercera (C3) tenía marcas de corte que indicaban que fue decapitado, probablemente con un cuchillo de obsidiana. Las marcas de corte eran pre mortem porque eran más oscuras que el hueso circundante.
Este individuo fue enterrado en la época Nasca Medio, en posición sentada con las piernas cruzadas y mirando hacia el este, cuidadosamente puesto junto a un vaso con la iconografía de una cabeza. El análisis de isótopos de estroncio reveló que el sacrificado era local y no extranjero, lo que indica que el ritual de decapitación y la elaboración y uso de las cabezas trofeo ocurrieron al interior o entre grupos locales.
La decapitación del individuo de La Tiza parece haber sido parte de un ritual asociado con la fertilidad agrícola, la continuación de la vida y el renacimiento de la comunidad.
El sitio ha sido excavado por los investigadores nacionales y extranjeros de varios proyectos arqueológicos.
24. EL OCASO NASCA
Así como su surgimiento, la declinación de la Cultura Nasca está muy bien señalada.
L. Dawson ha advertido que desde su fase 4 se vislumbra en su cerámica su progresivo agotamiento: los vasos son cada vez más altos y de paredes más delgadas. La ornamentación mítica se enriqueció con la aparición de figuras similares a felinos con orejas erectas, bigoteras de oro y discos de oro en ambos lados del cabello que luce partido en dos. Los atributos son numerosos. Es evidente que cada uno trata de decir algo.
Los renacuajos a la humedad, la lluvia; los vencejos insectívoros quizá se refieran a la agricultura y las faenas del campo, las flechas y las puntas de obsidiana a la caza, las cabezas, trofeo de guerra o victorias, etc.
Jiménez Borja percibe el aumento del número de seres míticos y muchos tienen apariencia muy guerra. Es posible que habrían presidido actividades especializadas: guerra, caza, agricultura. Las cabezas trofeo son el atributo más constante. Estaban preparadas para portar o colgar en un sitio importante de la casa. En la fase 5 aparecen las llamativas guirnaldas de cabecitas femeninas cuya abundancia corre pareja con la presencia de cabezas trofeo, como si unas y otras tuvieran relación estrecha: vale decir caza de mujeres y caza de cabezas de los enemigos derrotados.
En la fase 6 la ornamentación acusa un evidente agotamiento. Por primera vez se ven filas de hombres, guerreros, cazadores y recolectores, vestidos pobremente.
La fase 7 es el inicio del franco agotamiento. La policromía se redujo, el trazo fue menos cuidadoso, las áreas de color no se llenan bien, se ad- menos cuidado las áreas de color no se llenan bien. se casi con descuido.
Con la fase 8 la policromía se empobreció más, hasta reducirse a tres colores que perduraron hasta el final: apareció un fondo rojo, que también se mantuvo.
Luego fue la declinación final, cuando la cerámica expresó muy bien la desarticulación de la cultura en general y la disolución, última, de todos los valores, hacia el año 700 d.C. Nasca desapareció totalmente como entidad autónoma, con el estilo cerámico «disyuntivo» como desarticulador de figuras en son de adiós.
Comenzó a prevalecer un nuevo estilo cerámico local, conocido como «Loro», resultado de una mezcla de los estilos Wari y Nasca, hasta la imposición total de la cerámica «Chakipampa», como expresión del dominio total del estado Wari sobre lo que fue el territorio nasca.
FIN




































No hay comentarios:
Publicar un comentario