LA COLONIA PARACAS-TOPARÁ- NASCA,
EN LA SIERRA DE LUCANAS, AYACUCHO
Elmer Olortegui Ramírez, periodista
· Los costeños construyeron centros ceremoniales de piedra con plano general
de una flor y con extraños recintos en «D»
· También tuvieron puesto de vigilancia fronterizos en la sierra de Ica.
Esta es una historia que amplía y mejora el conocimiento de a quienes interesa el tema, los que, lamentablemente son pocos, sobre las sociedades Paracas, Topará y Nasca, que se desarrollaron en el terrible desierto de la costa central sur, entre los años 800 a.C. y 700 d.C., pero algo apretujadas durante el lapso que va del 200 a.C. al 100 d.C. cuando tuvieron fases contemporáneas.
La novedad es que recientes y largas
investigaciones in situ de dos equipos de arqueólogos que empezaron en
2006, han presentado sus resultados por separado y, en términos generales
coinciden en lo que se considera como verdaderos descubrimientos.
1.
Colonias costeñas en la sierra
de Ayacucho
Paracas, Topará y Nasca, no solo fueron sociedades
costeñas como se enseñó y se enseña en la poquísima historia del Perú
prehistórico que se imparte en la Educación Básica Regular, visión que también
era la de la comunidad arqueológica. Esas culturas también establecieron
numerosas aldeas permanentes y productivas con centros ceremoniales de piedra y
barro, como «colonias», en altitudes de más de 3 000 metros en sitios de la
Cordillera Occidental, como ha sido comprobado en la provincia ayacuchana de
Lucanas y en la naciente andina de la cuenca del río Ica. Particularmente, la
zona entre Palpa y Lucanas es desde muy antiguo un tramo de integración
costa-sierra, pues era la ruta que conducía directamente hacia los ricos
yacimientos de obsidiana de Quispisisa, en lo que hoy es Ayacucho.
2.
Nuevo modelo o patrón
arquitectónico constructivo
Los edificios recuperados en dichas colonias,
hechos de piedra y barro, corresponden a
un nuevo modelo, diseño o patrón arquitectónico ceremonial y habitacional Paracas
– Topará – Nasca nunca antes visto, el cual incluye patios hundidos de forma de
media luna o de forma circular, alrededor de los cuales se disponen recintos en
forma de «D» con pequeñas terrazas delante del muro recto y que, en conjunto,
ofrecen el diseño de una flor y datan principalmente de
la época Paracas
Tardío/Ocucaje 9 (480 a 200 a.C.), a la que corresponde la fase de
reorganización que experimentó la Cultura Paracas en la última etapa de su
desarrollo.
Como data general es bueno saber que las tres
sociedades mencionadas ocuparon casi un mismo territorio costero - desértico
que se extendía, por el este, hasta los contrafuertes andinos hasta los 2 000
metros de altitud. De norte a sur cubría una distancia de unos 250 kilómetros
que incluían los valles de Cañete, Topará, Chincha, Pisco, Ica, así como todos
los vallecitos de la cuenca del Río Grande como Palpa, Ingenio, Nasca y Aja,
verdaderos oasis en medio del gigantesco desierto.
Para la arqueología este territorio tuvo tres áreas
limitadas por las zonas desérticas y montañosas existentes entre los valles. La
zona norte, cuyo centro cultural fue el valle de Chincha, con gran influencia
en los de Cañete, Topará y Pisco. La zona centro, que comprendía el valle de
Ica, con centro en Ocucaje; y, la zona sur, es decir, la cuenca del Río Grande
– Palpa, Nasca, Acarí, con un primer centro en el gran cetro ceremonial de
Cahuachi, en Nasca.
Todas estas áreas tuvieron contactos en la Bahía y
la Península de Paracas y en la Bahía de la Independencia e, incluso, en el
mismo valle de Ica, pero mantuvieron ciertas diferencias en cuanto a sus
respectivas formas de asentamiento, modelos arquitectónicos y técnicas
constructivas, formas de enterramiento y cultura material.
Como zona de contacto principal, «Cerro Colorado»,
en la Bahía de Paracas, fue un lugar muy especial en el que convergieron expresiones
mortuorias, alfareras, textiles, metalúrgicas y de ideologías religiosas de los
estilos de vida de comunidades de las tres zonas.
Territorio Paracas, Topará, Nasca
La base de los descubrimientos anotados son las
investigaciones de los arqueólogos Marcus Reindel y Jhonny Isla, en la zona
andina y la cuenca del Río Grande y la provincia de Lucanas en Ayacucho, así
como el de Kevin Lane, Charles French y equipo, en la sierra de Ica. Estos
trabajos abren nuevas perspectivas sobre las relaciones y la influencia
recíproca que se pudieron dar entre los pueblos de la costa central sur y los de
la Cordillera de los Andes, en provecho del desarrollo de ambos conjuntos.
Para tratar este punto, hay que tener en cuenta que
actualmente los arqueólogos están de acuerdo en que la «tradición», «sociedad
compleja» o probable cultura Topará surgió aproximadamente en el año 200 a.C.
Convivió con la declinante Cultura Paracas hasta que estableció su predominio
en la mayor parte del que fue el territorio de esa sociedad, en especial con
una migración masiva que ocupó la cuenca de Río Grande, donde también fue
contemporánea de la primera etapa de la Cultura Nasca hasta su colapso, probablemente
en el año 100 d.C., hecho que marcó el repunte nasca.
Los arqueólogos, Jhonny Isla y Markus Reindel,
estudian la zona desde el año 2006 en el marco del “Proyecto
Arqueológico Nasca – Palpa”, que abarca pisos ecológicos entre los 200
y 4 350 m.s.n.m., en los que hallaron evidencias de ocupaciones culturales
de todos los períodos prehistóricos.
Los orígenes de los valles costeños de Palpa
ubicados en la parte norte de la cuenca del Río Grande, abarca parte de la
sección oeste de la provincia de Lucanas, en la región de Ayacucho, por lo que
siempre fue una vía de conexión costa-sierra muy transitable, en muy poco
tiempo.
En su trabajo, “La Transición Paracas – Nasca en los valles de Palpa”, volumen 25 del Boletín de Arqueología de la PUCP - 2018, Reindel e Isla afirman
que desde la mitad de su desarrollo y hasta su final (500 a.C. – 50 d.C.), la
población Paracas – Topará de la zona aumentó y ocupó los pisos
ecológicos, hasta cerca los 2 000 metros de altitud, en los cuales se asentó en
aldeas, construyeron terrazas agrícolas, canales de riego, caminos en laderas,
edificios ceremoniales, cementerios, geoglifos y petroglifos, estructuras
funerarias y otros vestigios menores.
Sin embargo, los autores señalan meridianamente que
el mayor número de sitios arqueológicos, incluidos petroglifos y geoglifos,
corresponde al periodo de la supuesta “transición Topara”, durante el
cual, el máximo aumento poblacional ocurrió al final del periodo Horizonte
Temprano o Formativo (100 d.C.)
El área central de los estudios Isla y Reindel en
territorio serrano (Proyecto Arqueológico Palpa-Lucanas) está en el distrito de
Laramate, provincia de Lucanas, departamento de Ayacucho, donde el río del
mismo nombre conforma el eje principal de la zona de investigación, la cual es
conocida también como «Las Cabezadas», con altitudes desde los 2 000 hasta los
4 350 metros.
En Laramate, Lucanas, la «colonia» costeña estaba formada
por doce sitios con conjuntos de construcciones con el nuevo modelo
arquitectónico, uno de los cuales fue «Cutamalla», el más grandes y cuyos
vestigios son los mejor conservados.
Isla y Reindel han presentado sus resultados más
importantes en el informe Nuevo patrón arquitectónico paracas en Lucanas, sierra
sur del Perú, publicado en el Boletín de Arqueología PUCP 22 -
2017, a través del cual han anunciado urbit et orbit el estudio arqueológico
de las siete más importantes aldeas paracas “bastante grandes”, en Lucanas, que
cuentan con edificios de piedra y barro con un diseño arquitectónico en forma
de flor, pertenecientes a las épocas Paracas Medio y
Tardío.
Los investigadores señalan que el nuevo modelo
Paracas no tiene parangón en el territorio peruano y solo pocas —muy pocas—
similitudes con la arquitectura de la Cultura Chiripa, de actual lado boliviano
de la Meseta del Collao.
Por los tamaños de los conjuntos y por su
ordenamiento formal y repetitivo, el nuevo modelo arquitectónico Paracas tiene
condición monumental, pues sus construcciones están hechas con sólidos muros de
grandes piedras y ocupan grandes espacios.
Y, aunque Isla y Reindel no están de acuerdo, el
nuevo diseño, modelo o patrón arquitectónico del tipo de estructuras en “D” con
aspecto general de una flor, también ha sido hallado por el arqueólogo Kevin
Lane y su equipo en los sitios Callata y San Bernardo, en la sierra de Ica, con
la sola diferencia de que, cronológicamente por los vestigios cerámicos recobrados,
Lane lo ha atribuido a los nasca.
Las revelaciones de Cutamalla.
Este sitio, como los otros, tiene dos sectores, uno
habitacional (A), en la parte más alta; otro público o ceremonial (B), en la
parte baja. Entre ambos sectores hay un numeroso conjunto de terrazas
agrícolas.
En el sector de vivienda solo quedan los cimientos -
muros de una serie de recintos de piedra de planta ovalada, circular y en forma
de «D», las cuales se disponen en forma aislada o en grupos separados por
patios y grandes espacios abiertos siguiendo la topografía del terreno. La
destrucción de las estructuras arquitectónicas y la falta de materiales de
superficie no permitió detectar una importante ocupación wari posterior.
En el sector ceremonial hay 16 estructuras
arquitectónicas bastante grandes, en forma de “D” y cuyo plano general
configura una flor. Solo quedan sus cimientos - paredes de piedra, alrededor de
un patio hundido circular de 16.5 metros de diámetro que fue escenario de ritos
religiosos y otras actividades ceremoniales y festivas.
En el espacio libre al lado del patio hundido, fue
hallada una tumba en forma de bota tipo paracas, en cuyo interior había restos
humanos muy mal conservados, junto a solo una punta de obsidiana como ofrenda.
Los recintos en «D» se encuentran a más o menos
1.40 metros sobre el nivel del patio hundido formando una especie de anillo. Sus
muros son de piedras grandes en su mayoría, con hasta dos hiladas; se supone que
las paredes y los techos fueron de materiales livianos perecibles, de los
cuales, no queda rastro.
Dentro de uno de los edificios fue hallado un gran
batán y gran cantidad de fragmentos de cerámica. Todos tienen un pozo central
de entre 2.7 metros de diámetro, y 80 centímetros de profundidad, los cuales
fueron utilizados para labores domésticas y depósitos.
De varios fueron recuperados fragmentos de cerámica
paracas/Ocucaje 9, de uso diario, así como herramientas de alfarería, entre
ellos piruros, pulidores y alisadores, además de cuchillos y puntas de
obsidiana.
El sitio tuvo una primera ocupación durante Paracas
Tardío y una segunda, durante en el curso de la transición de Paracas a Nasca.
De todo lo recuperado y del modelo arquitectónico
muy definido, Isla y Reindel deducen que en Cutamalla la población formada por pastores,
agricultores y artesanos realizaban actividades rituales o ceremoniales y
faenas productivas como:
a.
El procesamiento de la fibra de camélidos mediante
piruros, puntas, lascas y esquirlas de obsidiana y de gran demanda en la costa
sur, en particular, durante Paracas Tardío – Topará, cuando ocurrió el auge de
la producción de textiles hechos con lana.
b.
El procesamiento de obsidiana, para responder a la
gran demanda de puntas y cuchillos para ser utilizadas como armas.
c.
La producción de cerámica utilitaria.
d.
El acopio y almacenamiento de productos de la zona
para ser intercambiados con los de la costa
Cutamalla producía, entonces, una serie de bienes
con insumos de origen serrano que luego llevaban a los asentamientos de los
valles de Palpa, Nasca, Ica, Pisco y Chincha, y también a los poblados de las
Bahías de la Independencia y Paracas.
Durante la fase transicional de Paracas–Topará-Nasca,
en Cutamalla, fueron construidos otros recintos en forma de «D» similares a los
del sector B, pero, más grandes cada uno de los cuales tenía su propio patio
bastante grande limitado con un muro de piedras medianas y grandes, formando
unidades arquitectónicas diferentes a las estructuras en forma de flor.
Isla y Reindel concluyen en que, durante Paracas
Tardío, la colonia paracas de Lucanas estuvo conformada por una pequeña élite;
grupos de artesanos que fabricaban puntas y cuchillos de obsidiana de
Quispisisa - Huancasancos y hacían cerámica utilitaria, para consumo local;
agricultores que cultivaban maíz, papa y otras especies en las numerosas
terrazas de la zona.
La fuerza productiva también incluía pastores que
criaban llamas y alpacas, acopiaban su fibra y ofrecían el servicio de transporte
de ese producto y otros bienes andinos a lomo de llama hacia la costa y
viceversa, para hacer trueque y conseguir en la costa algodón, ají, otros productos
agrícolas y hasta pescado seco.
Los factores que habrían sustentado la existencia
de colonia Lucanas habrían sido:
i)
El aumento de la demanda costeña de fibra de
camélidos para textiles, en particular para mantos de la Fase Necrópolis
(Ocucaje 10 y Nasca 1) y los fardos funerarios de la cultura Topará
ii)
El gran clima bélico intrarregional generado por el
progresivo colapso de los Paracas a causa la crisis general desatada por la
desastrosa sequía que determinó su disolución y su reemplazo por la Cultura
Topará. Ambos factores se proyectaron hasta bien avanzada la hegemonía
Nasca.
Huayuncalla
Este sitio estuvo cubierto por construcciones de la
cultura Wari; solo su excavación permitió descubrir que, debajo de lo wari,
subyacían estructuras arquitectónicas similares a las del sector público –
ceremonial de Cutamalla, con el modelo de recintos en “D” y el diseño general
de forma de flor. pero que difieren en
ciertos detalles formales y constructivos.
Correspondientes a la transición de Paracas a
Nasca, los recintos en forma de «D» tienen un contorno ligeramente más ovalado
que circular, pero resultan muy parecidos a las estructuras arquitectónicas en
forma de flor. La cerámica asociada a estas construcciones se relaciona con la cultura
Topará.
En la parte superior del sitio, se puede distinguir
un patio circular hundido con una estructura central, rodeada de pequeños
recintos en forma de «D» que miden de 4 por 5 metros de lado distribuidos de
manera regular.
En su sector de viviendas, en la cima de una colina, hay tres estructuras en forma de flor, cada una con una plaza semihundida de forma casi circular, rodeada por 11 y 12 recintos en forma de «D». En comparación con las estructuras en forma de flor de Cutamalla, las plazas hundidas son menos regulares y presentan algunas estructuras o subdivisiones internas.
Musuq Cancha
En este sitio, hay un conjunto de terrazas bien adaptadas a la pendiente de la colina y cinco estructuras en forma de flor localizadas en ellas, cada una con un número variable de cuatro a 15 recintos en forma de «D» dispuestos alrededor de un patio central, pero, están en mal estado de conservación. En todas las plazas hundidas, había batanes, pero muy pocos fragmentos de cerámica.
Sitio PAP-807
Tiene seis estructuras en forma de flor con patios hundidos, dos de forma circular y cuatro en forma de media luna, todas con recintos en forma de «D» dispuestas alrededor a modo de pétalos.
Chaqui Cocha
El sitio estuvo dividido en cuatro sectores: En el sector A, se encuentran cinco
estructuras hundidas de forma circular o en forma de media luna, con un
diámetro variable de 10 a 15 metros, con tres recintos en forma de «D»
dispuestas alrededor de la estructura circular.
Morocolla.
En esta aldea, destacan una serie de estructuras de vivienda que tienden a tener forma de flor, es decir, recintos en «D» dispuestos alrededor de espacios abiertos o de media luna; sin embargo, en la parte más alta del sitio, se encuentran tres estructuras mejor definidas en forma de flor que son más parecidas a las de Cutamalla, aunque en este caso no presentan el patio interior.
LOS CAMPAMENTOS DE CONTROL EN LA SIERRA DE ICA
En el ensayo De fronteras y enclaves: la presencia Nasca en la sierra de Ica (260 a.C. – 640 d.C.)- 2017, Kevin Lane, Charles French y su equipo, exponen que en sus investigaciones desde el año 2014 hallaron dos primeras aldeas: Challaca, a 2 015 metros de altitud y Cerro San Bernardo, a 2 000 m.s.n.m., enclavadas en la ecozona yunga de los Andes de la cuenca alta del río Ica. Ambos asentamientos de origen Paracas, fueron reocupados por los nasca.
Challaca y Cerro Sa Bernardo, en la sierra de Ica
Challaca
Challaca está en la margen norte y Cerro San
Bernardo, está al frente, en la ribera sur del río Ica. Desde estos sitios, se
observa muy bien una extensa área de cultivo que va desde los cerros hacia el cañón
Challaca-Tiraxi, un crucial punto de control del acceso de la población costera
a los valles andinos y viceversa, por lo que, probablemente, fueron necesarios
dos puestos de control defensivos que, además funcionaron como centros de acopio
directo de maíz, coca, papa, frutas, fibra de camélidos y otros bienes. Es
posible que los pobladores anduvieran organizando el pastoreo de camélidos para
carga, fibra y carne.
El estudio de Lane y su equipo es parte del One
River Project, cuyo objetivo es esclarecer el cambio en el tiempo del
florecimiento y colapso de la riqueza cultural en toda la cuenca del río Ica.
En la zona investigada hay 56 sitios arqueológicos,
de los cuales los dos mencionados arriba son los más antiguos, pues datan del
Horizonte Temprano. Un tercero, Huinchocruz, fue un centro ceremonial, a 4 070
m.s.n.m.
La excavación de Challaca, permitió recuperar
evidencia de dos edificios de piedra y barro de carácter doméstico y de otra
construcción del tipo ceremonial que incluye un patio circular rodeado de
recintos en forma de “D” que, en conjunto, forman el diseño de una flor.
También recobraron pedazos de cerámica nasca y pocos de la ocupación original paracas,
en los estratos bajos.
En los vestigios habitacionales, recobraron pedazos de cerámica nasca de entre el 440 y el 640 d.C. y fragmentos de alfarería Paracas/Ocucaje 8, de entre el año 380 a. C y el 260 d.C.
¿CONTACTO CON CAMPANAYUQ RUMI?
Es interesante explorar si el modelo
arquitectónico-constructivo fue una creación Paracas o si este pueblo lo tomó
de otro.
Si tenemos en cuenta que el apogeo Paracas se dio
entre el final del periodo Paracas Temprano (600 a.C.) y el final del Paracas
Medio (del 400 al 380 a.C.), cronológicamente, uno de esos vínculos podría ser el
antiguo curacazgo o señorío de Campanayuq Rumi, el cual, de origen aún
desconocido, se emplazó en Vilcashuamán, Ayacucho alrededor de 1 100 a.C.
Entre los años 900 y 450 a.C., con su plaza
hundida, plataformas rectangulares y galerías subterráneas líticas, llegó a ser
el más antiguo centro poblado y único centro ceremonial de la sierra sur,
conocido hasta hoy.
En ese lapso, al igual que la sociedad Paracas, este
curacazgo cayó bajo la influencia de la teocracia de Chavín de Huántar, vínculo
que mejoró su arquitectura ceremonial.
Pero, hipotéticamente debido al colapso Chavín,
allá por el año 400 a.C. el centro ceremonial fue enterrado y abandonado sin
que se sepa hacia dónde migraron sus pobladores.
Correlacionando aproximaciones cronológicas, cabe
preguntarse si desde Vilcashuaman, marcharon hacia la planicie de Huamanga, la
que por entonces estaba siendo ocupada por los Huarpa tempranos, también
migrantes desde Huanta, al norte.
Téngase en cuenta también que la cerámica de
Campanayuq Rumi tuvo similitudes con otros estilos de otras regiones con la que
estaba interconectado: del 950 al 500
a.C.) con la cerámica Muyu-Moqo, de Andahuaylas (Apurímac), con la Pirwapukio, del
valle del Mantaro y con el hacha del valle de Acarí.
Del 500 al 450 a.C. su estilo cerámico cambió radicalmente. Las vinculaciones anotadas fueron sustituidas drásticamente por un estilo cerámico local influenciado fuertemente por la alfarería Janabarriu de Chavín de Huántar. Su esfera de interacción fue orientada a la de Chavín.
LOS HUARPA, CREADORES DEL EDIFICIO CEREMONIAL EN
“D”
La concordancia más o menos cronológica y los
últimos descubrimientos en Ciudad Wari, capital del impero wari, muestran sin
embargo que comparativamente, lo más probable es que haya sido la cultura
ayacuchana Huarpa la que transfirió el modelo de los recintos en “D” a los
paracas tardíos afincados en Lucanas.
No cabe duda que los paracas tardíos y los topará
hayan establecido relaciones de intercambio regional desde la etapa temprana
del desarrollo de los Huarpa, la que ya conocía aproximadamente desde el año
200 a.C., de construcciones de piedra, terrazas de cultivo, canales de riego,
alfarería y textilería. Desde la perspectiva costeña la relación se habría dado
entre Paracas Tardío - Topará.
Al respecto, hay que tener muy en cuenta que, sobre
la base de sus hallazgos en sus excavaciones en Ciudad Wari, los arqueólogos
José Ochatoma y Martha Cabrera, sostienen que el proceso de
interacción de los huarpas y los pueblos de la costa central sur se remonta al
final del Periodo Formativo, cuando se vinculó con la Cultura
Paracas.
Vestigio de edificio en "D", de la Cultura ayauchana Huarpa,
en el sitio CORPAS, de San Miguel.
Además, habiendo sido corroborado que el modelo,
patrón o diseño de edificios ceremoniales de piedra en “D” con patios
circulares, fue parte de la tradición arquitectónica Huarpa, cabe preguntarse
si esta cultura fue su temprana creadora y lo transfirió a los paracas en el
punto de contacto de Lucanas o, por el contrario, si los paracas fueron los
creadores y la enseñaron a los Huarpa.
Sí está comprobado también que los Nasca se
relacionaron intensamente con los Huarpa desde su surgimiento en el 100 a.C.
hasta la conversión de esa cultura en el imperio wari, más o menos en el 450
d.C. El vínculo Nasca – Wari prosiguió hasta que terminó con la invasión wari
que generó después la disolución nasca.
Es un hecho real que los waris, asumieron el modelo
de centros ceremoniales en “D” y junto con su plano general ortogonal de sus
centros administrativos imperiales, lo convirtieron en su política constructiva
imperial durante el Horizonte Medio, a lo largo y ancho de todo su enorme dominio
territorial.







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