Serie Chavín de Huántar - Análisis y reflexión- Parte Diez. Final
ORGANIZACIÓN
SOCIOPOLÍTICACHAVÍN:
¿ESTADO, ANFICTIONÍA O IMPERIO?
La gran plaza cuadrangular hundida, frente al
Templo Nuevo,
expresión del apogeo de Chavín de Huántar
Este
componente del estudio de la Cultura Chavín de Huántar es solo un compendio de
hipótesis por la escasez de fuentes escritas debido a que se trató de una
sociedad ágrafa.
Las
hipótesis tienen como base deducciones, inferencias e interpretaciones de las
aplicaciones de la ideología religiosa y de los vestigios de litográficos de la
iconografía de los chavines, así como sus réplicas en cerámica, orfebrería y
textilería. Los planteamientos corresponden a tres opciones:
ESTADO TEOCRÁTICO ANDINO
Según
el arqueólogo Henry Tantaleán, desde un enfoque materialista histórico,
la Cultura Chavín constituyó un «estado teocrático andino focalizado en
un centro político religioso», estructura administrativa casi
similar a las de las «ciudades–estado» del Neolítico del Viejo Mundo. Su definición, contenida en su artículo, Chavín de Huántar y la definición
arqueológica de un estado teocrático andino, publicado en la revista Arqueología y Sociedad, N°26, 2011, tiene como base sus
apreciaciones acerca de que Chavín de Huántar encaja en las siguientes
categorías conceptuales:
Como
Estado, produjo y consolidó una nueva organización de las relaciones
sociales en las cuales un grupo minoritario de la sociedad se distanció de la
producción básica (principalmente, de alimentos y medios de producción como la
cerámica, textiles, instrumentos líticos, etc.) y se dedicó a manipular,
controlar y consumir el trabajo social de la población a la que tuvo sujeta, a
partir de la religión.
Su carácter Teocrático, se sustentó en que las desigualdades sociales surgieron y fueron mantenidas, controladas, normadas y justificadas, mediante la imposición y la aplicación constante de una práctica socio-ideológica o mito dominante que reproducía la asimetría social (sistema político y económico) para concentrar productos mediante el monopolio del miedo o terror o la generación y ostentación de violencia fáctica y/o psicológica. La religión equilibraba y amainaba las tensiones sociales derivadas de la explotación, encubriéndola y haciéndola más dinámica, cumpliendo el rol de herramienta principal del control social.
Sustento geográfico
Chavín
de Huántar progresó y se expandió porque se convirtió en un “nudo de caminos”
(Nodo vial y por consiguiente económico) que articuló las regiones orientales
de Huánuco, el Alto Huallaga y la cuenca del Marañón y, a través de esta vía, a
la Baja Amazonía, con los valles altoandinos de la región norcentral y norte
que conducen a la cuenca de Cajamarca y, desde allí, a la costa norte y a los
valles de La Libertad y Lambayeque. Cruzando las dos cordilleras hacia el oeste
esta red vial accedía a las cuencas de los valles de Casma y más al sur, a las
de los ríos Fortaleza, Supe, Pativilca y Huaura que dan acceso hacia los valles
de Lima.
Alta inversión de trabajo como contribución colectiva religiosa
La
monumentalidad, el volumen de objetos y la arquitectura del santuario implicaron
una inversión de trabajo social mayor que la de otra obra comunal la
cual fue ejecutada, necesariamente, como contribución religiosa para la
generación de un espacio planificado dentro de un diseño bastante definido,
bajo la exclusiva administración de la curia chavinense.
Con
relación a todo este trabajo, Daniel Contreras calculó en el año 2007
que el volumen de piedras y tierra removidas para construir las estructuras arquitectónicas
y algunas modificaciones del paisaje asociadas a Chavín de Huántar fue de,
aproximadamente, 450,000 m3.
Mapa que
muestra aproximadamente la influencia
territorial de Chavín de Huántar durante su apogeo
ANFICTIONIA DEL NORTE DE LOS ANDES CENTRALES
La
hipótesis acerca de que Chavín de Huántar habría sido una anfictionía
—concepto tomado de la antigua Grecia (unión de tribus o comunidades o
ciudades-estado en torno a un santuario religioso común)— señala que el sitio
fue un vasto santuario y oráculo panandino. NO fue el núcleo de un gran
imperio militar o político centralizado.
Se
atribuye la creación de esta organización regional a Anfictión, rey
mítico del Ática o de las Termópilas e hijo de Deucalión.
La más famosa fue la Anfictionía Pileo-Délfica,
que se reunía en el santuario de Deméter en Antela (cerca de las Termópilas) y,
de forma alternada, en el célebre santuario de Apolo, en Delfos. Los
miembros debían jurar no destruir ninguna ciudad anfictiónica ni cortar el
suministro de agua en tiempos de guerra, además de proteger el santuario contra
los saqueadores. Sus líderes eran los anfictiones (delegados) de doce
pueblos o regiones de Grecia central.
Las
anfictionías utilizaban la autoridad religiosa para convocar conflictos armados
conocidos como Guerras Sagradas contra quienes violaban sus normas o
atacaban sus santuarios.
El
principal expositor de esta hipótesis es el arqueólogo polaco Krzysztof
Makowski, quien, tal como se ha anotado respecto a su obra ya citada, sostiene
que Chavín no fue un imperio político ni una religión proselitista orientada a
ganar masas, sino más bien la expresión de una confederación de cultos
locales que compartían el respeto y la práctica ritual en un mismo centro
ceremonial considerado altamente sagrado.
Fundamentos de esta teoría
Chavín
fue el mayor centro cultista y oracular de su época. Como Delfos, Chavín
de Huántar funcionaba como un eje sagrado donde convergían las elites de distintas
etnias, valles y regiones de los Andes para consultar al oráculo, rendir
tributo y validar su estatus social a través de los sacerdotes.
Integración
ideológica sin dominio militar. La influencia Chavín no se sostuvo por
la fuerza de un ejército o la conquista territorial directa, sino mediante la unificación
ideológica, religiosa y artística. El uso de una iconografía común
(felinos, serpientes, aves y la Deidad de los báculos) y de tecnologías
rituales (como el uso de plantas psicoactivas y efectos acústicos en los
laberintos) integró a pueblos diversos.
Ubicación
geográfica estratégica y simbólica: Situado en el cruce de los ríos Mosna
y Wacheqsa en el Callejón de Conchucos, el templo no respondía a una
lógica de productividad agrícola óptima, sino a una ubicación limítrofe y
geo-religiosa ideal para recibir a jerarcas tanto de la costa, la sierra y la
selva.
Autonomía
local articulada por el culto: Bajo este modelo anfictiónico, las
diferentes comunidades mantenían su autonomía local, pero reconocían la
autoridad moral, adivinatoria y económica de la casta sacerdotal de Chavín, la
cual legitimaba el poder de los jefes locales a cambio de ofrendas, trabajo y
productos de intercambio (trueque)
IMPERIO TEOCRÁTICO
Dando
por sentado el súper desarrollo cultural autónomo chavinense respecto a otras
culturas antecesoras, contemporáneas y aledañas, el sociólogo y antropólogo Alfonso
Klauer, cataloga a Chavín de Huántar como una formación económica-social-religiosa
de carácter imperial.
Visión
de Chavín imperialista
En
su libro,
“El Mundo Pre –
Inka: Los abismos del cóndor” (2006), Klauer desarrolla la tesis de
que Chavín fue un imperio en toda regla y ofrece una aproximación
dramático–trágica de su nacimiento, desarrollo, apogeo y colapso, desde una
óptica que corresponde al materialismo
histórico.
Remite
el origen de Chavín a los nómades de las cuevas de Lauricocha y El Guitarrero cuyas
descendencias, después de 4 000 años, originaron esta cultura a partir del año
1 500 a.C.
Sin
embargo, no se pregunta ni se responde, ¿por qué una sociedad compleja de tal
calibre NO se asentó en el amplio y fértil valle del Alto Santa, al pie de la
Cordillera Blanca y prefirió ubicarse en un alejado, difícil y hasta hostil paraje,
cerca del Marañon?
Klauer
considera que aún está vigente la visión benévola y pacifista de Chavín de
Huántar como un horizonte cultural, que encomia su desarrollo y su benéfica influencia tecnológica, artística y religiosa
sobre otros pueblos contemporáneos durante los sub periodos Formativo Medio
y Superior, cuyas características resaltantes fueron:
·
La intensificación de la religión como instrumento
de dominio, con componentes básicos de conocimientos chamánicos, astronómicos y
climatológicos.
·
La aparición de la cerámica estrechamente
relacionada con la ideología religiosa.
·
La intensificación del cultivo del maíz y de la
papa.
·
El mejoramiento de técnicas agrícolas y de riego
por gravedad, canalizado
·
El desarrollo de la minería, la metalurgia, la
orfebrería y la textilería.
·
El surgimiento de un sistema administrativo de
supervisión, control de la producción, organización y aprovechamiento de la
fuerza de trabajo.
El
progreso de Chavín se expresó en los siguientes factores:
·
Su arquitectura y construcción megalíticas con
bloques grandes de piedra de cantera.
·
Alta capacidad de ingeniería hidráulica.
·
Su escultórica lítica y su tecnología alfarera.
·
Dominio de cultivos y crianzas a escala.
·
Gran conocimiento astrológico, astronómico,
meteorológico y de adivinación, aplicados a la alta política y a la vida diaria.
·
Vocación de transferencia tecnológica a cambio de
márgenes de producción.
·
Desarrollo y aplicación de una cosmología singular
con un componente religioso que exigía sumisión total a poderes sobrenaturales
o deidades y a sus sacerdotes.
·
Clara vocación de dominio y expansión territorial
sin precedentes.
Klauer
remarca que, para él, Chavín fue una teocracia andina absolutista que
también usó la fuerza para asegurar su dominio sobre otros pueblos y que su
mecanismo de representación consistía en que personas que destacaban por sus conocimientos
astronómicos y ambientales sobre periodos de tiempo y el clima en sus aldeas, eran
reconocidas como autoridades político–religiosas, en una sociedad global de dos
clases:
Los
sacerdotes: clase dominante, con conocimientos
exclusivos sobre adivinación, astronomía, astrología, medición del tiempo y el
pronóstico del clima, lo que les proporcionaba gran influencia y poder. También
eran expertos técnicos agrícolas, ingenieros y especialistas en las artes de la
arquitectura y la construcción.
El
pueblo: los
administrados o sometidos, la masa de agricultores, ganaderos, alfareros, escultores
líticos, metalurgistas, orfebres, textileros, albañiles, cocineros y músicos,
al servicio de la casta sacerdotal.
¿Militares?: Aunque menciona
que solo hay algunos indicios en la literatura chavinista, da por existente una
fuerza militar captada, entre otros, por el arqueólogo Guillermo Lumbreras a
partir de algunos frisos que muestran a personajes armados con la arrojadiza
estólica.
La
narrativa Klauer plantea dos fases del dominio imperial Chavín.
Previa
a la primera, este investigador cree que hubo una guerra entre los Chavín y los
Sechín.
La
supuesta guerra Chavín – Sechín.
Klauer
especula con que, aproximadamente en 1 500 a.C. (Nota: según la data actual
en esta fecha Chavín no existía), los Chavín estaban en proceso de
expansión paralelamente a los Sechín (Nota, según la cronología de Bischof
para Casma, en ese tiempo prevalecía Sechín Alto como centro).
Según
su hipótesis, los chavines progresaban en paz usando el oraculismo y la
religión como herramientas de convocatoria y cohesión, mientras que los Sechín
lo hacían mediante la guerra de agresión. Hay que anotar que Klauer no menciona
en ningún momento a la Cultura Cupisnique, también contemporánea y de gran
influencia en la costa norte.
Sin
fijar tiempo y lugares precisos, afirma que se iniciaron constantes
enfrentamientos bélicos en los que los Sechín vencieron a los Chavín y deduce
que esto quedó registrado en los frisos líticos macabros esculpidos en Cerro
Sechín. Estas supuestas batallas habrían ocurrido entre el 1 500 y el 1 200
a.C. hasta que, en la decisiva, los chavines vencieron. Tras destruir varios
sitios Sechín, exterminaron a sus élites y capturaron a las mujeres, mientras
que los varones sobrevivientes escaparon en diáspora hacia la costa norte y
sur.
Los
fechados actuales señalan que esta versión es fantasiosa y por eso inexacta.
Entre 1 500 y 1 200 a.C. el asentamiento Chavín solo era una aldea semi
sedentaria escasamente poblada. La muralla lítica de Cerro Sechín, que contiene
los grabados de la «Procesión sacrificial» empezó a ser erigida cerca del año 1
900 a.C., unos 400 años antes, a fines del Periodo Arcaico y los famosos frisos
macabros fueron añadidos, aproximadamente en el año 1 800 a.C. No es congruente
que los sechinenses hayan festejado en el 1 800 a.C. una victoria bélica contra
un enemigo que aún no existía.
Como
parte de su elucubración, Klauer imagina que después de aniquilar a los sechín,
los chavines iniciaron su expansión territorial con base en un supuesto
ejército, el prestigio de su religión, su exclusiva representación de los
dioses, su capacidad de adivinación y sus aplicaciones tecnológicas y técnicas
para el agro, crianzas, textilería, arquitectura e ingeniería constructiva
lítica monumental e hidráulica.
Todo
esto a cambio de la completa sumisión, aportes de excedentes de la producción y
fuerza de trabajo gratuita de pueblos ubicados en un territorio de cerca
300,000 kms2.
Klauer
cree que, en este trance, se produjo la difusión del idioma chavín, el
antecesor del quechua o proto-quechua y que, en este estado de cosas, Chavín
encajaba en su elaborada definición de imperio: “Dominio (estructural y
sistemático) que ejerce un pueblo, nación y/o Estado (hegemónico) sobre otra u
otras naciones, pueblos y/o Estados (dominados) y, a través del cual, aquél
obtiene beneficios objetivos (identificables y mensurables) a costa del
perjuicio (también objetivo) de éstos”.
Según este autor, las fases del desarrollo imperial
de Chavín fueron las siguientes:
Fase Uno. El desborde chavinista o dominio religioso-tecnológico.
Uno
de los principales factores de este dominio habría sido la facultad de oráculo
del santuario, a través de los sacerdotes chavines, de predecir con cuatro
meses de anticipación, si iba a llover o no al inicio de las siembras. Ellos
“vendían” esa información a los jefes de ayllus, curacas y jefes de etnias de
las comarcas como un producto obtenido de sus dioses para que pudiesen decidir
con certeza el inicio, postergación o cancelación de la temporada de siembra,
así como echar mano a sus reservas ante el inminente mal tiempo.
Klauer
vuelve a especular con que los sacerdotes chavines eran los primeros en
conocer, como secreto de estado las implicancias de las condiciones de
aparición de ejemplares del mullu o caracol Spondylus en la costa
ecuatorial. Los demás solo sabían que el mullu era portador de mensajes
divinos, pero desconocían el contenido de tales avisos y menos aún el modo de
“leerlos”, por lo que el tal molusco fue objeto de inestimable valor en forma
de avalorios y como elemento sagrado del culto general a la fertilidad.
El sagrado Mullu.
El
supuesto mensaje divino en el Mullu era el resultado de la observación de que
su aparición anticipada en el fondo marino costero ecuatorial anunciaba
subsiguientes alteraciones climatológicas (Fenómeno El Niño), que afectarían
rápidamente toda la vida diaria impidiendo o destruyendo las siembras, las
crianzas y las viviendas, causando gran
mortandad, destrucción y la desaparición de pueblos enteros.
En
los hechos, hoy se sabe que, en efecto, cuatro meses antes de que las aguas del
Pacífico Sur empecen a calentarse por encima de lo normal, las conchas Spondylus
adquieren un color rojizo cada vez más intenso, signo de desastres por exceso
de lluvias. Así que esta información era tan importante y valiosa que solo era
manejada por los pocos buzos extractores del crustáceo y los gobernantes y, en
consecuencia, era un bien caro y restringido. Por eso, el mullu era también una
valiosa ofrenda a las deidades, en particular a las del mar y componente
obligado de ritos de invocación a la lluvia en tiempos de sequía y, en general,
de todos los rituales para la fertilidad.
El sagrado Mullu
No obstante, las condiciones del mullo no señalaban la intensidad y duración de las lluvias o sequías. Por eso, las predicciones de fenómenos climatológicos de media y baja intensidad beneficiaban a los sacerdotes y gobernantes, pues podían enfrentarlos con el stock de víveres, más abastecimiento y uso de refugios seguros y otras medidas de prevención.
EL
mullu o Spondylus habita en las costas de los mares cálidos del planeta.
Hay 72 especies. En América hay tres especies: una en el Atlántico y dos en el
Pacífico.
Las
del Pacífico, son el Spondylus princeps y el Spondylus
calcifer que se encuentran desde Baja California hasta la punta de
Santa Elena, al norte del golfo de Guayaquil, en el Ecuador y habita adherido a
pequeñas rocas y corales, o sobre el fondo arenoso, desde los 18 hasta los 50
m. bajo la superficie marina.
En
su ensayo del 2005, “El Spondylus en el Perú prehispánico. Su significación
religiosa y económica”, Fernando López Cuevas, de la Universidad de
Córdova, explica que la especie más difundida es el Spondylus princeps,
que se caracteriza por su fuerte color rojo coral, aunque a veces puede ofrecer
una gama de tonalidades que va desde el blanco al anaranjado, rojo o púrpura.
Su valva presenta una forma erizada de espinas blancas en su parte externa, que
se entrelazan unas con otras. Este es el
mullu, el mensajero de los dioses. Su concha fue usada para la elaboración de
joyas y accesorios ceremoniales y, en su forma natural, tuvo un uso importante
en rituales.
El Spondylus
calcifer habita desde el Golfo de California hasta Punta Pariñas, en
Piura, Perú. Por su color rojo púrpura de la banda interna de sus valvas fue
utilizado para cuentas tipo chaquira de gran belleza, para collares, pectorales
y otros ornamentos de resalte personal.
Fase Dos: Dominio militar. La creencia de Klauer incluye que el dominio coercitivo religioso-tecnológico duró unos cinco siglos y se vino abajo cerca del año 882 a.C., porque la curia chavín fue perdiendo paulatinamente su reconocimiento y prestigio como minoría creadora, entre los jefes subyugados.
Los
de la periferia empezaron a no entregar tributos y otros aportes a la élite
ancashina “ociosa y derrochadora”.
Klauer
supone que la reacción fue violenta: el asesinato de los alzados y el envío de
sus pueblos al exilio forzado mediante mitimaes militares y calcula que este
régimen despiadado duró otros 500 años con un alto costo de mantenimiento de
guarniciones. Pero, en ese tiempo, los jefes y soldados se volvieron residentes
de las comarcas dominadas, tuvieron descendencia y generación tras generación,
los extraños se convirtieron en nativos con tendencias independentistas.
OTROS
ASPECTOS DE LA CULTURA CHAVÍN
LA ECONOMÍA
Su base fue la agricultura y la
ganadería de camélidos sudamericanos. Sus
principales cultivos fueron: maíz, papa, camote, mashua, oca, olluco, frijoles, pallares, maní, achiote, ajíes, kañiwa, quinua, palta, pepino y tomate.
Manejaban muy bien el riego por
gravedad mediante canales; construyeron los primeros andenes para el
aprovechamiento de laderas y usaban la chaquitaclla (arado de pie), que
acrecentó la productividad agrícola.
Intensificaron la domesticación
de la llama y la alpaca, desarrollada en la Sierra Central
(Junín) para su aprovechamiento como medio de carga en el caso de la
primera especie y para carne, cuero y fibra en el caso de la segunda. También
criaban cuyes para alimento y cuero. Establecieron un sistema comercial por
intercambio de bienes o trueque, entre sus dominios en la
Sierra, la Costa, la Alta y Baja Amazonías.
OTRAS ARTES
Hasta recientes descubrimientos
arqueológicos de expresiones culturales anteriores, la Cultura Chavín era
reconocida como el primer estilo artístico generado y difundido en los Andes,
en el contexto de la creencia de que fue la primera cultura panandina.
Los especialistas dicen que tal
arte tiene dos fases: la primera, corresponde al «Templo Viejo» (1 300 -800 a.C.) La segunda
se relaciona con la construcción del «Templo Nuevo» (800-500 a.C.)
Tuvo una compleja iconografía
de gran "realismo mítico". En su cerámica, alfarería, escultura,
etc., interactúan humanos y animales, como en una conexión cosmológica. Hay
que notar que algunos de los animales representados son selváticos como el
jaguar y la anaconda.
ORFEBRERÍA.
Moldeaban
el oro mediante martillado y repujado, confeccionando coronas, brazaletes,
aretes, orejeras, cuentas de collar y pequeños adornos. Por su alta ley, se
supone que el oro que usaban procedía de ríos amazónicos.
Bellas joyas chavín trabajadas en oro
TEXTILERÍA
Usaban
algodón y fibra de camélidos sudamericanos para sus tapices y tejidos. Estos
podían ser simples bordados y con adornos a base de orlas y flecos.
IDIOMA
Se desconoce que lengua hablaban los chavines. Un grupo de investigadores cree que fue algo así como el idioma proto quechua. Pero, el filólogo Alfredo Torero sitúa el proto quechua en los primeros siglos del primer milenio, que es un período mucho más tardío que los orígenes de la cultura Chavín.
EL OCASO CHAVÍN
A
medida que avanzan las investigaciones, el misterio de la disolución de la
teocracia chavín va alcanzando resultados prometedores para un mejor
conocimiento del fin de esa cultura y del Periodo Formativo u Horizonte
Temprano. Las hipótesis que están en boga son:
·
La ocurrencia de
un gran terremoto provocado por la gigantesca falla geológica de la Cordillera
Blanca a mitad de la centuria de los 600 al 500 a.C. con un impacto territorial
de gran destrucción y graves daños estructurales en varias partes de los
edificios del santuario.
Al respecto, la geóloga
estadunidense Rosseane Chambers, en un artículo ¿Un terremoto desencadenó el derrumbe de Chavín?, especula
que hasta hoy se puede ver la traza de la falla activa de la Cordillera Blanca
que rompió la superficie del suelo en la región de Chavín hace más de 2 000
años como consecuencia de un gran sismo, después del cual y muy separados en el
tiempo ocurrieron otros. Chambers calcula que la superficie del suelo parece
haberse desplazado verticalmente unos 6 a 9 pies (1,8 a 2,7 m) en cada
terremoto. Estas son grandes rupturas en la corteza terrestre, lo que muestra
que cada evento fue poderoso y probablemente tuvo una magnitud de 7 a 7,5.
durante un terremoto ocurrido hace unos 2000 años. Foto: R. Chambers.
·
Un evento tipo
mega Fenómeno El Niño global que habría ocurrido alrededor del año 500 a.C. del
cual no se han hallado rastros en el sitio epónimo, pero sí cuenta con
registros de una gran inundación en el valle de Moche (Michael Mosseley,
Fred Nials y otros, 1979), a la que siguió un período de grave degradación
ambiental a causa de grandes avalanchas de lodo y piedra que destruyeron
canales de riego, borraron campos de cultivo y sepultaron aldeas y edificios
púbicos (Michael Moseley y su equipo, 1981).
A mitad del siglo
pasado, la arqueóloga Rebeca Carrión Cachot, muy vinculada a Julio C. Tello, presentó esta
alternativa solo como hipótesis - fenómeno,
calculando que la hecatombe ambiental afectó gravemente la vida cotidiana en la
costa y la sierra norcentral, pero en especial, a los valles entre Casma y
Lambayeque en donde la destrucción habría sido enorme.
· Otros investigadores creen que esa catástrofe masiva
fue el marco trágico que cortó – hacia el 500 a.C., en el norte y centro
de los Andes Centrales– el Periodo Formativo u Horizonte Temprano
generando una época de profunda conmoción y una etapa de transición
caracterizada, básicamente, por el colapso y abandono de los grandes centros
religiosos.
En
la costa la desgracia impactó demoledoramente en la Cultura Cupisnique
en su fase tardía, cuya tradición religiosa cayó el descrédito acelerando su
desaparición. El intenso estrés climatológico afectó también a la Cultura
Salinar, del valle de Moche que había surgido tras el colapso de Cupisnique
como reorganización social en medio de la escasez y la guerra por lo que tuvo
que asentarse en cumbres fortificadas; también en la Cultura Vicús, en
el alto Piura, durante su etapa temprana cuando enfrentó lluvias torrenciales y
cambios repentinos en los acuíferos subterráneos.
Aunque,
como ya hemos dicho, nadie aún ha hallado vestigios de este fenómeno natural en
el Complejo Chavín, se cree que su expresión habría sido un largo periodo de
luvias intensas al que siguió una prolongada sequía inmanejable. Estos
desastres habrían diezmado los campos y las crianzas, generaron hambruna,
enfermedades, destrucción de caminos e impidieron las marchas de las
tradicionales caravanas de jerarcas hacia el santurario.
Pero,
la percepción global fue el fracaso total de la curia chavinista ante la
desgracia. Este temperamento general habría provocado que la influencia de la
red religiosa y comercial en el norte y centro cayera en desprestigio total y
terminó fracturándose; los sacerdotes chavines fueron incapaces de adivinar el
gran desastre y remediarlo con la ayuda de los dioses.
Resumiendo;
así como Chavín no fue entonces, la “Cultura Madre” u origen de la civilización
andina, como propuso Tello o la síntesis final, después del colapso sociedades
costeras anteriores, como afirmó Burger, su colapso tampoco fue el quiebre del Periodo
Formativo u Horizonte Temprano.
Jonh
Rick y su equipo, entre julio y agosto de
2026 realizaron una nueva temporada de investigación en el santuario, esta vez
con el objetivo preciso de encontrar los vestigios del supuesto terremoto y la
magnitud de sus daños, hallar testimonios de probables efectos de un mega El
Niño y determinar cómo fue el proceso de extinción de la actividad de culto y
adivinación en el gran centro ceremonial.
Porque, de lo que si están seguros los
investigadores es que la desintegración de la teocracia Chavín, en forma de
anfictionía, estado o imperio fue irreversible; la estocada final la dio la
pequeña etnia de los Huaraz del Callejón de Huaylas, cuyos pobladores se
apoderaron de las instalaciones de centro monumental y tras eliminar a la
curia, las convirtieron en sus viviendas.
FIN





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