martes, 22 de abril de 2025

 

CULTURA SALINAR 

SEGUNDA PARTE 

Del año 500 a. C. al 300 d. C. (800 años aproximadamente)

Entre el sub periodo Formativo Final y el Periodo de

Desarrollos Regionales (PDR)

                           EL FORMATIVO FINAL EN EL VALLE NEPEÑA

·     LA MISTERIOSA GRAN CIUDAD DE CAYLAN

·     LOS SORPRENDENTES EDIFICIOS PÚBLICOS CON COLUMNATAS”

·     LA GUERRA POR EL PODER

·     LOS VESTIGIOS ARQUEOLÓGICOS QUE CONTRADICEN QUE SALINAR FUE UNA CULTURA.

 Por ELMER OLORTEGUI, Periodista

III.4 El caso del valle Nepeña

Además de su visión sobre grandes cambios en la época y territorio Salinar, los arqueólogos Ikehara y Chicoine han expuesto también los resultados de sus investigaciones arqueológicas en el valle del Nepeña, para reforzar su tesis contra la categorización de Salinar como cultura.

Ikehara y Chicoine, se soportan, además, en los trabajos en Nepeña del arqueólogo japonés Koichiro Shibata (2010, 2011), publicado en mayo de 2014: Centros de “Reorganización costeña” durante el Período Formativo Tardío: un ensayo sobre la competencia faccional en el valle bajo de Nepeña, costa nor-central peruana.

Sobre la base de lo hecho por Shibata, determinan que fue la segunda fase de desarrollo del valle, nombrada como Samanco (450 a 200 a.C.), la que correspondió al fenómeno Salinar, durante el sub periodo Formativo Tardío.

Pero, resaltan que, desde la fase local anterior, llamada Nepeña (800 al 450 a.C.), nuevos estilos arquitectónicos habían surgido en el valle, uno de los cuales había sido utilizado en la construcción de la hasta hace poco casi desconocida ciudad de Caylán, urbe que dominó la parte baja y media del valle y funcionó como centro o capital de un nuevo modo de vida. En el valle bajo, antes había sido construido un pequeño centro de élite llamado Huambacho (800 – 200 a.C.).


El valle de Nepeña y sus sitios arqueológicos en el contexto de la costa norcentral.

No obstante, anotan que, en la zona alta del valle, la tradición de vida pre existente continuó también y los pobladores mantuvieron la arquitectura megalítica de las culturas Sechín y Cupisnique,

La tradición arquitectónica de comunidades adscritas a Caylán se caracterizó por: la continuidad de la arquitectura ortostática, pero con el uso intensivo de columnatas interiores, así como la ubicación de los sitios en el fondo del valle, rasgos que distinguían claramente a esos asentamientos de los continuadores de la tradición megalítica en el valle alto.

La ciudad de Caylán

Caylán está ubicada a unos 15 km de la costa pacífica, en la margen norte del bajo rio Nepeña. Su economía se basó en la agricultura y productos marinos, esto último gracias a los recursos de la gran bahía de Samanco. En la década de los sesenta, desconcertó a varios investigadores visitantes.

 


Vista aérea del vestigio de la ciudad de Caylán 

Por su extensión, densidad y complejidad, Caylán es el vestigio más importante del «Fenómeno Nepeña», pues los investigadores sospechan que fue la sede de un poder político, administrativo y religioso, una capital de la mayor parte de la cuenca del Nepeña.

Pero, sorprendentemente no ha sido bien investigada, pues los arqueólogos prefirieron excavar Huambacho, un asentamiento de importancia secundaria.


Reconstrucción digital de la Plaza D, de la ciudad de Caylán

 

Características

Recién en 2009, un equipo internacional de arqueólogos a cargo de David Chicoine, inició el Proyecto Arqueológico Caylán. Aún no han presentado siquiera resultados preliminares. Su sitio web describe el sitio, así: 

“Caylán (PV31-30) es desconcertante por el tamaño, densidad y complejidad interna de su trabajo en piedra sobre más de 200 hectáreas”. Tanto impresionó a Paul Kosok, quien en 1949 la visitó cuando investigaba los sistemas de irrigación y manejo de agua en la costa norte. Kosok la describió así: “Parece consistir en un gran número de rectángulos blancos, de varios tamaños y formas, rodeados por murallas. (…) pareciera ser para nosotros simplemente los restos de un ‘asentamiento’ consistente de innumerables murallas de piedra rodeando varias pirámides pequeñas de piedra. ¡Las murallas encerraban recintos, pero, no había calles! ¿Fueron estos recintos sitos de habitación, como otros que hemos visto, donde los antiguos habitantes caminaban por sobre las murallas? O, posiblemente, ¿fueron los recintos jardines asociados con las pirámides? (…) la ruina es un misterio”

En efecto, el estilo arquitectónico de recintos rectangulares amurallados junto a pequeñas plataformas elevadas y plazas hundidas, es una incógnita que los arqueólogos aún no resuelven, sobre todo en la gran escala de Caylán, algo sin precedentes.

Richard Daggett sugirió en 1984 que los caylaneses estaban organizados por sectores, según eran residentes, oficiales ceremoniales, artesanos, agricultores o pescadores, divididos en varias clases sociales. Más, no se sabe.

Población

Caylán debió albergar a una gran población, respecto a los estándares urbanísticos de su tiempo. Su élite tenía un poder de proyección regional que controlaba el riego, la tenencia de la tierra y el intercambio. Su población aumentó debido a la ampliación de las redes de irrigación, a más tierras de cultivo (maíz, frijol, calabaza, yuca, chile, lúcuma, y algodón y criaban llamas, cuyes y patos) y a la mejora de la explotación de recursos marinos y otros terrestres. No obstante, la deforestación y la cada vez mayor salinidad de los suelos cultivables y su erosión, afectaron la producción y el medio ambiente local, alterando el paisaje costero.

Caylán tuvo varias fases de construcción y de ocupación durante el Formativo Final y fue reocupada en distintas ocasiones durante la primera mitad del primer milenio d.C.

Vestigios estructurales

De la ciudad fueron recuperadas más de 350 estructuras de piedras organizadas en conjuntos arquitectónicos. Los grupos de edificios organizados alrededor de plazas grandes con muros - banquetas y estructuras más chicas incluyen los llamativos patios con columnatas interiores y recintos rectangulares.

El núcleo monumental tiene 80 hectáreas, hay basureros, terrazas en las faldas del cerro, líneas de transporte y movimiento y zonas de posibles aldeas. Los edificios del núcleo habrían pertenecido a grupos de residentes.

Las primeras excavaciones de Chicoine y su equipo han permitido recuperar material del Formativo y ceramios tipo vasijas, antaras, discos, ralladores y piruros, entre otros.

Parte de la cerámica que está vinculada a Salinar incluye botellas finas con zonas pintadas de gris claro o blanco grisáceo sobre fondo rojo y presentan líneas bruñidas. Una de estas botellas estaba abandonada en una de las plazas monumentales con banquetas interiores. En la costa de Ancash, más allá de Nepeña, esta tradición cerámica también aparece en sitios como Las Huacas, en el valle del Santa y San Diego, Pampa Rosario y Chankillo en el valle de Casma.

Los excavadores también encontraron armas, como puntas líticas pulidas y porras, indicadores de la violencia social en las relaciones intercomunitarias durante el Formativo Final.

Teniendo en cuenta que Chankillo, fechado entre 320 y 200 a.C., fue una avanzada de la antiquísima Sociedad o Cultura Sechín en su etapa de disolución, se plantea la necesidad de determinar o descartar la influencia de este pueblo en las singularidades de Nepeña, pues tiene varias murallas que rodean tres estructuras, una de las cuales, el Templo de los Pilares, muestra patrones arquitectónicos similares a la tradición representada por Huambacho y Caylán.

El centro de élite de Huambacho.

A pesar de la importancia de Caylán y, lamentablemente, debido su escaso conocimiento, Ikehara y Chicoine, ha fundado su oposición a considerar a Salinar como una cultura, en los resultados de sus estudios sobre el centro ceremonial secundario de Huambacho.

Huambacho está en el valle Bajo de Nepeña a 8 km de la línea costera, a unos 65 metros sobre el nivel del mar. Relativamente está cerca de Caylan.  Tenía dos conjuntos arquitectónicos: el Conjunto Principal y el Conjunto Norte conectados por un muro de 75 metros de largo. Ambos estaban asentados sobre más de 12 hectáreas. La moderna explotación agrícola ambiciosa y necia ha destruido todo el Conjunto Norte.

El Conjunto Principal tiene 8,4 hectáreas (400 por 210 metros), mucho menor que Caylan. Es un ordenamiento de patios cercados, corredores, edificios elevados y plazas hundidas con banquetas monumentales de las cuales solo quedan las bases.

Fue hecho con bloques de roca canteada de diverso tamaño, unidos con barro. El edificio fue notable porque aún se nota la buena calidad de su construcción, acabado y el diseño de sus columnatas interiores. Dominan el lugar dos grandes plazas hundidas al aire libre y dos complejos de plataformas elevadas, todo dividido en 5 secciones. Las plazas estaban rodeadas por banquetas monumentales, dotada de piso acondicionado que aún muestra los restos de pilares que soportaban un techo o cubierta. Tenía función residencial.

Antigüedad.

Según datos radiocarbónicos de Chicoine, Huambacho fue ocupado desde el inicio hasta el final del primer milenio a.C. con lapsos de abandono y con un tiempo corto de uso muy intensivo entre los años 555 y 206 a.C. Pero, su auge, habría ocurrido entre el 800 y el 200 a.C.

La vigencia de Huambacho a decir de Chicoine, tuvo como contexto la preeminencia en los pueblos de la costa de Ancash de un estilo arquitectónico singular, definido por mampostería de pequeña escala, el uso de la técnica ortostática y la disposición de pilares rectangulares dispuestos en columnatas al interior de los recintos, durante el lapso del año 735 a.C. al 220 a.C., entre el Formativo Medio y Final. La distribución de sitios y la evidencia radiocarbónica indican que el centro de esta tradición fueron las zonas bajas de los valles de Nepeña y Casma.

Chicoine atribuye esa innovación arquitectónica y constructiva a grupos humanos que construyeron sus edificios en el fondo del valle y que, a la vez, fabricaron una cerámica fina decorada con círculo y punto estampados, punteado zonal, impresión textil y patrón de líneas bruñidas.

Sin embargo, hasta ahora, Chicoine ni otros arqueólogos, no encuentra aún respuestas a las siguientes preguntas cruciales:

¿Fueron grupos locales? Si no fueron locales, ¿de dónde procedieron?, ¿cómo llegaron, por tierra o por mar y cuál fue el origen de sus conocimientos? ¿Pudieron ser los sechinenses, los cupisniques o, tal vez, los de Chavín de Huántar?

Chicoine calcula que esta arquitectura habría surgido como resultado de una profunda reorganización social correspondiente al declive de los centros ceremoniales de la región, pertenecientes a las sociedades Sechín, Cupisnique y Kotosh.

Pero, también cree que después del estancamiento de las interacciones inter regionales de la parte final del Formativo Medio (900 años a. C.), momento en el que las influencias de Chavín y Cupisnique alcanzaron Nepeña y se materializaron en Cerro Blanco, las comunidades locales se volvieron más insulares y fragmentadas.

La nueva tradición arquitectónica de Nepeña

El estilo arquitectónico que expone Huambacho no tiene planta en forma de U ni eje central, a diferencia de la mayoría de construcciones que corresponden al lapso del año 1800 a. C. al 900 a. C (gran parte del Periodo Formativo en la periodicidad de Lumbreras) entre ellas, el centro ceremonial Sechín y Cerro Blanco.

Sus frisos, son distintos a los de Cerro Blanco y Chavín de Huántar y remarcan que se trata de una tradición arquitectónica aislada, pero bien identificada.

Los nuevos edificios son conjuntos arquitectónicos cercados que fueron construidos entre el año 900 y el 200 a. C., lapso que corresponde a los sub periodos Formativo Medio y Final.

 

 

Plano general de Huambacho (Chicoine – Sosa)

 


Las columnatas de Huambacho (Foto Chicoine) 

Las columnatas

No obstante, su característica singular son las filas de columnatas interiores. Eran pilares de sección rectangular, de entre 50 por 60 centímetros de sección transversal. En las áreas elevadas, los pilares podrían haber medido hasta 5 metros de altura, con más de 2 metros enterrados debajo del relleno. Las columnatas que rodean las plazas hundidas son más grandes, ya que tienen una sección transversal de 60 por 70 centímetros.

En la Plaza A de Huambacho, las columnatas tienen agujeros y diseños esculpidos que complementan los frisos y conos de arcilla decorativos colocados en las paredes.

Las columnatas están alineadas en posición paralela a los muros, espaciadas regularmente a una distancia de entre 60 centímetros y 1 metro, lo que dependía del recinto.

Las de las plazas hundidas eran las más espaciadas (aproximadamente 1 metro), mientras que los pilares de los patios con techos sostenidos por columnas) eran menos espaciados (entre 60 y 80 centímetros).

Además de las columnatas de los sitios de las partes bajas de los valles de Nepeña y Casma, este estilo fue hallado también más al norte en el valle del Santa, así como hacia el sur, en áreas tan alejadas como el valle de Supe.

Tras la partida de los últimos ocupantes de Huambacho algún grupo lo remodeló convirtiéndolo en una plataforma funeraria. En el lugar fueron halladas también armas contundentes en forma de porras de piedras, como testimonios de la grave violencia social de ese tiempo.

 

 

 

Reconstrucción digital de la estructura pública

de Huambacho (Foto Ikehara-Chicoine)

 

Sobre las bases anteriores, Ikehara y Chicoine, han lanzado una audaz teoría que, a nuestro criterio, requiere de mayores evidencias. Esa teoría dice que Huambacho, aunque respondía al culto Chavín, no participaba de sus ritos, pues su arquitectura y cerámica así lo indican, asumiendo la condición de una población de rasgos culturales locales bien marcados. Los autores creen que la resistencia de los hambachenses a participar en el culto Chavín posibilitó que, junto con otras comunidades del valle bajo de Nepeña, sobrevivieran al colapso posterior.

Dicen también que a esta “independencia” pudo deberse que durante la fase Samanco se desarrollara el complejo monumental Caylán y otros sitios secundarios ubicados en los alrededores y en los valles vecinos y cuya influencia pudo extenderse más allá de Nepeña.

La estratificación social en Nepeña

Los sitios Nepeña desarrollaron dos o tres niveles de jerarquías sociales. Huambacho, Samanco y Sute Bajo fueron sitios subordinados, con espacios públicos de similares características espaciales y arquitectónicas.

En Sute Bajo, durante la ejecución del Proyecto de Desarrollo Agrario CHINECAS, fueron recuperados vestigios de plataformas con columnas rectangulares en las que hallaron un único rastro de la presencia de Salinar en la zona: varias tumbas con el patrón funerario de esa cultura y piezas cerámicas, como ollas sin cuello, típicas del Formativo Final.

La zona alta del valle de Nepeña

Volviendo a las contradicciones de Ikehara y Chicoine contra la Cultura Salinar, ellos exponen que, en la sección alta del valle de Nepeña la situación fue diferente respecto a la de la parte media y baja, sin ninguna compatibilidad con lo Salinar.

La población estuvo culturalmente muy fragmentada, pues existieron, al menos, seis grandes centros ceremoniales: Kushipampa, San Juan, Paredones, Huancarpón, Anta y Virahuanca, con distintos tamaños y dimensiones de sus plazas, según su disponibilidad de tierras de cultivo cercanas.

La arquitectura de estos centros ceremoniales es distinta entre sí y respecto a la de los centros del valle bajo, y existen al menos dos grandes tipos:

Los sitios Kushipampa y Paredones presentan grandes cercos y plazas con accesos por jerarquías desde el exterior. Su mampostería es de grandes rocas y es bien elaborada en sus portadas.

Los de Virahuanca y Anta, no tienen accesos por jerarquías. Su plano general se asemeja a grandes edificios que fueron cercados.

Alrededor de estos dos tipos de centros fueron hallados otros de menor extensión como fortalezas en la cima de los cerros, lo que indica la prevalencia de intensa guerra entre ayllus y la inexistencia de jerarquías en la población.

Los investigadores creen que los bandos en guerra variaban constantemente debido a la formación y disolución de alianzas entre los combatientes y agentes externos.

La presencia de plazas cercadas que habrían tenido columnatas en la periferia de por lo menos un patio, en el sitio menor de Chillhuay o Quilhuay Alto (PV31-162) y otros, indica la intervención de gente de Caylán, durante la fase Samanco o Formativo Final, pues se halló cerámica caylanesa en ellos, en particular en sus centros ceremoniales y, principalmente, en Kushipampa.

Fueron recuperadas ollas sin cuello, tazones, cuencos y botellas, pero con decoración, diseño y formas de nivel rústico similar a la del de Cerro Arena, en el valle del Moche, es decir correspondiente a la cerámica salinar. Pero otras botellas y sobre todo  tinajas, ralladores y otros tazones son tipos diferentes y muestran una presencia no identificada.

Ikehara y Chicoine, calculan que el colapso del culto Chavín alrededor del 500 a.C. impulsó a los grupos de la zona media y baja del valle a aliarse y movilizarse hacia los otros centros para reforzar el poder de su élite. Con fuerza aumentada, presionaron a los de la zona alta aprovechando que ya estaban envueltos en mortales contiendas por el poder.

Fue contra esta presión que, durante la última ocupación del Formativo, los de la zona alta construyeron fortines en las cimas de los cerros protegidos por grandes muros. Pero, la larga duración de este asedio habría provocado, finalmente, la ruina de la jefatura de Caylán.

Salinar no fue una cultura

En consecuencia y por todo lo anterior, Ikehara y Chicoine postulan que Salinar solo fue un fenómeno mal interpretado como cultura, pues las últimas excavaciones realizadas en el Valle del Nepeña (Ancash) a partir del 2009 están mostrando una notoria variedad de expresiones culturales y procesos sociales que existieron en el periodo de aproximadamente cinco siglos (500 – 1 a.C.). como consecuencia de la caída del culto Chavín.

Plantean que el concepto Salinar tiene poco valor para crear nuevo conocimiento, más allá de corresponder a un periodo de transición entre patrones de organización política menos centralizados hacia sistemas más centralizados y jerarquizados.

Agregan que, al nuevo conocimiento, en particular del centro político Salinar Cerro Arena y del gran despoblamiento del valle de Virú, en La Libertad, se agrega ahora el hallazgo en Nepeña, Ancash, de la ciudad de Caylán, otro centro de gran poder político vigente durante la desaparición de la teocracia Chavín.

Los procesos sociales que han identificado tuvieron diversos matices y variables de diferente peso, de acuerdo a los actores involucrados y la disponibilidad de recursos sociales y económicos de cada área. En ese marco, solo algunos procesos llegaron a integrar varios pueblos y a centralizar su conducción política y económica. Pero, afirman que otros no son antecedentes de las características económicas y políticas de lo que más adelante surgió como Moche, en la costa de La Libertad.

Sobre la base de la nueva arquitectura detectada, el cambio del patrón de asentamiento y la nueva cerámica, Ikehara y Chicoine reiteran centralmente, que lo denominado Salinar no corresponde a la categoría de una cultura, sino solo a un fenómeno sociopolítico y económico que implicó:

·         Profundos cambios debido al aumento de los conflictos bélicos inter grupales

·         El desarrollo de un apreciable número de trayectorias sociales locales que compartieron una tradición cultural en la costa de Ancash y más allá en la costa norte.

·         Específicamente en el Bajo y Medio Nepeña (Ancash), estos desarrollos consolidaron la entidad política compleja de Caylán.

·         Y, por el contrario, en el Alto Nepeña provocaron una fragmentación social que llevó a los pueblos a enfrascarse en una dura y letal competencia por el control político y económico, a la vez que compartían varios aspectos culturales (materiales, arquitectura y ciertos estilos cerámicos).

·         En el ámbito arquitectónico es muy importante el hallazgo del estilo constructivo singular de la columnata interior, utilizada diestramente en la capital Caylán y en otros sitios de menor importancia como Huambacho, Samanco y Sute Bajo.  El origen de este estilo constructivo data del Formativo Medio, con la exclusión de la iconografía del culto Chavín.

·         En la cerámica, hubo aumento de la variabilidad estilística y la decoración zonal del círculo, punto y líneas bruñidas, cambió hacia la pintura blanca sobre fondo rojo y formas modeladas.

·         En el campo de la guerra, la etapa se caracterizó por un gran aumento del conflicto inter comunal, lo que generó el aumento de la producción de armas de madera y piedra y el patrón del asentamiento defensivo.

Son de la opinión de que el mayor estudio de las manifestaciones culturales y de los procesos sociales del fenómeno Salinar, mejorará el entendimiento de la complejidad de esta época. Pero, dejan en claro que los procesos del periodo Salinar cambiaron el paisaje político de la costa norte pues, a partir de esos vectores sociales, los pueblos no siguieron patrones de integración social y religiosa similares a los de la época Chavín. Inventaron nuevas formas de integración política y económica con bases claramente ideológicas, que facilitaron la aparición de los estados. 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario