LA CULTURA VIRÚ – GALLINAZO
TERCERA PARTE, FINAL
¿COMPETIDORA O VASALLA DE LA CULTURA MOCHICA?
Del 200 a.C. al 600 d.C. Formativo Final Costa Norte
Auge: a partir del 100 a.C.
VIII.
LA CERÁMICA VIRÚ - GALLINAZO
La cerámica Virú – Gallinazo es escultórica con
diversos tipos de manufactura y decorados, habiendo alcanzando un alto nivel
estético.
En cuanto a diseño y forma incluye: vasijas
con asa estribo, botellas figuras modeladas y pico unidos con asa puente, ollas
con cuello, urnas, jarras globulares, jarras de cuello corto y cuencos
profundos.
Usó el decorado negativo, combinando negro, rojo y blanco, para figuras de humanos, cabeza de felino, de aves, serpientes, monos, plantas y viviendas. Su difusión abarcó los valles de Virú, Chicama, Moche, Jequetepeque, Lambayeque, La Leche, Santa y Casma.
No obstante, Larco Hoyle, halló que esta cultura también produjo cerámica positiva y, en general dijo que, así como hicieron vasos porosos sin pulimento, también elaboraron piezas con superficie brillante, bruñida, de textura uniforme, pues la cocían bien en hornos al aire libre, método que le daba el color rojo tirando al rosado. En el conjunto hay piezas de color negro, pardo, plomo y crema, pero son minoría. Los objetos eran hechos con moldes y a mano
Según la tipología del arqueólogo James Ford,
Virú – Gallinazo tuvo los siguientes tipos cerámicos:
- . Castillo Decorado (Castillo Modelado y Castillo Inciso).
- .
Negativo.
- .
Carmelo
Negativo.
- .
Virú
Gallinazo Broad-Line-Incised.
II. COMPARACIÓN DE LAS TÉCNICAS DE LAS CADENAS PRODUCTIVAS DE LA CERAMICA VIRU- G Y MOCHICA,
Recientemente, en 2019, los arqueólogos, Alicia
Espinosa, Gabriel Prieto y Walter Alva, terminaron una investigación
exhaustiva sobre las técnicas alfareras específicas que usaron los virú y los
mochicas para determinar sus similitudes y diferencias definitivas.
Publicaron sus resultados en el Boletín de
Arqueología PUCP / N.º 26 / 2019, bajo el título: Tradiciones técnicas y producción cerámica Virú-gallinazo
y mochica: nuevas miradas sobre las relaciones entre dos grupos sociales del
Período Intermedio Temprano en la Costa Norte del Perú.
Estudiaron los procesos de elaboración de la
cerámica, es decir la tecnología cerámica de cada sociedad, mediante una
metodología que tiene como base el concepto de cadena operativa, que
consiste en la restitución de los métodos y técnicas de elaboración de las
vasijas, gracias a la observación de huellas diagnósticas o indicadores
macroscópicos y microscópicos.
Fueron analizadas las superficies y
secciones de 4212 fragmentos y cerámicas completas provenientes de cinco
colecciones, recuperadas de
Sipán, Huaca Prieta, Pampa la Cruz, Huacas de Moche y una muestra de 49 vasijas
del Museo Larco de Lima.
El análisis tecnológico consiste en el estudio de los procesos de elaboración de las vasijas, desde la extracción de la arcilla hasta la manufactura y la cocción, por lo que los autores remarcan que, el interés por las técnicas productivas surgió frente a la incertidumbre que ha causado el uso por parte de los arqueólogos de la tipología morfo - estilística para determinar la composición de las sociedades pasadas y la publicación de varios estudios etno - arqueológicos que han demostrado que un conjunto de formas y diseños no siempre equivale a una cultura y que, al contrario, diversos grupos morfo estilísticos pueden equivaler a una sola cultura.
Esta nueva tecnología investigativa de vestigios alfareros, permitió hallar las siguientes técnicas cerámicas durante la vigencia de las sociedades Virú – Gallinazo y Mochica.
Cántaro en negativo virú - gallinazo, con asa puente
1.
El martillado
Esta técnica consiste en golpear la masa de
arcilla homogénea con una herramienta y contra un soporte.
Con el martillado se
producía cancheros, cántaros, botellas, doble-botellas silbadoras, ollas con
cuello y tinajas, en su mayoría sin decoración.
Para decorar usaron las técnicas de incisión, impresión y perforación (en hueco); el relieve (aplicación) y el pintado en superficie (negativo). Las decoraciones más representativas son aquellas realizadas sobre los cántaros.
2.
El enrollado.
El enrollado consistía en elaborar recipientes
mediante la superposición de rollos de pasta. Los mochica hacían los cuerpos y
los cuellos de las vasijas disponiendo los rollos en posición oblicua sobre una
tortilla modelada.
Como para el caso del martillado el enrollado fue empleado para realizar cerámicas no decoradas como los cuencos, cántaros, tinajas y ollas. Pero en los golletes de cántaros colocaban decoraciones antropomorfas o zoomorfas.
3.
El moldeado
Esta técnica consistía en rellenar un molde con las manos para realizar el cuerpo de las vasijas. Requiere de una matriz con masa de arcilla para hacer el molde compuesto de dos partes. Después, se estiraban pedazos de arcilla contra la pared, insistiendo en las partes con más detalles decorativos como los rostros. Los golletes y asas se realizaban con rollos de pasta aplicados mediante el sistema de espiga y mortaja.
La mayoría de las cerámicas moldeadas fueron realizadas con un molde bivalvo. Sin embargo, para ciertas vasijas se necesitan todavía más datos comparativos para poder definir los tipos de moldes usados.
El moldeado permitía realizar específicamente formas decoradas, como botellas asa-estribo con representaciones escultóricas.
Las tres
tradiciones técnicas predominantes: el martillado, el enrollado y el moldeado
fueron identificadas en los asentamientos Virú-Gallinazo.
El
martillado
fue predominante, principalmente en el sitio Pampa la Cruz, en donde
representa el 99.4% de la muestra del estudio.
Fue muy
escasa la técnica del enrollado, por lo que resulta una tradición
anecdótica que corresponde al 0.3% de Pampa la Cruz.
La
técnica del moldeado también es considerada anecdótica en el contexto de
la producción Virú-Gallinazo, ya que representa el 0.3% de las cerámicas en
Pampa la Cruz y era empleada solo para hacer las vasijas escultóricas.
Se
percibe entonces que los alfareros adaptaban sus modos de hacer en función del
tipo de recipiente y no según su cultura.
Los
cántaros, tinajas y ollas se elaboraban con la técnica del martillado.
Los
platos y cuencos por enrollado.
El
moldeado se usaba para las formas escultóricas.
La
variabilidad tecnológica funcional y no cultural contradice frontalmente la
tipología de James Ford para el Período Virú - Gallinazo, la que incluía
los tipos Castillo Decorado y el Negativo y presuntamente determinaban dos
fenómenos sociales diferentes. Queda claro, ahora, que la misma comunidad
alfarera realizó las producciones decoradas y no decoradas.
Las
cadenas operativas
registradas en los sitios Virú - Gallinazo son diferentes de aquellas
identificadas en contextos mochica, aunque se determinó también que los
ceramistas mochicas también aplicaron las tres tradiciones técnicas.
El moldeado
fue predominante en Sipán y Huacas de Moche, con la
diferencia respecto a Virú - Gallinazo que los alfareros mochicas usaron el
soporte del modo bivalvo que no fue empleado por los primeros.
El
enrollado
se empleaba para la producción de vasijas de cerámica no decorada como las
tinajas, ollas y cuencos.
La
variabilidad que hubo en la producción mochica tuvo también un carácter
funcional, ya que las técnicas del moldeado y enrollado se asociaban a gamas de
formas distintas. Pero, a pesar de las variaciones los alfareros mochicas
pertenecían a la misma comunidad de práctica y adaptaban sus técnicas al tipo
de forma por realizar.
VIII.1
Resultados
Los resultados preliminares están siendo
consolidados actualmente con estudios comparativos de los modos de producción
alfarera en otros asentamientos mochica y Virú-gallinazo.
No obstante, es indudable que el marco
técnico de la costa norte durante el período de los desarrollos regionales fue
heterogéneo. En el campo de la alfarería coexistieron en esa época dos
tradiciones técnicas predominantes que correspondieron a dos grupos sociales:
el martillado adscrito a las poblaciones Virú - gallinazo, mientras que el
moldeado - enrollado correspondió a los mochica.
También ha sido comprobado que las dos
sociedades no tenían una misma “escuela” o comunidad de práctica. Cada una tuvo
sus propios grupos de alfareros, lo cual debe ser convalidado con lo que
ocurrió con otros tipos de producción artesanal como la textilería, la metalurgia,
entre otros, así como la arquitectura y los patrones funerarios.
Ha quedado demostrado también que los
alfareros Virú - gallinazo pertenecían a la misma comunidad de aprendizaje y
ejecución, y que no tenían una filiación directa con los alfareros mochica.
III.
ASENTAMIENTO Y ARQUITECTURA
Sobre este importante componente de la historia de
Virú – Gallinazo, Shimada y Maguiña anotan que, en 1953, en el contexto del Proyecto
Valle Virú, Willey demostró que, en su valle, los Virú - Gallinazos
prefirieron levantar sus asentamientos en la zona baja de la cuenca, en tanto
que sus contemporáneos Salinar se ubicaron en las partes media y alta,
haciendo uso, en uno y otro caso, de formas y tipos arquitectónicos diferentes.
Los Virú
- Gallinazo construyeron sus asentamientos preferentemente con adobe.
Sus aldeas eran irregulares y, en algunos casos, rodeaban a plataformas para
ceremonias de culto y actividades cívicas. Su tradición constructiva comprendió
los siguientes tipos de obras:
· Centros urbanos cuyos
núcleos eran edificios ceremoniales para culto, reuniones cívicas y
fiestas.
· Fortalezas o
“castillos” defensivos, ubicados en lugares estratégicos de los flancos altos
del valle.
· Grandes casas semi
aisladas con habitaciones y techo a dos aguas, donde se presume vivían
personajes principales o funcionarios que supervisaban las actividades
productivas.
· Las aldeas donde
residía el pueblo, con unidades de vivienda construidas con materiales
perecederos como el carrizo, caña y algarrobo.
Entre sus
más grandes centros destacaron:
· El Grupo Gallinazo, en la margen norte
del Bajo Virú, en cuyos ocho conjuntos de viviendas que lo rodeaban habitaron en
la fase tardía unas 30,000 personas, en unos 5,000 m2.
· La Huaca Gallinazo, la
cual, junto con sus viviendas, abarcaba 80,000 m2, por lo que fue la más grande
aldea de este pueblo en su valle inicial. Su plataforma ceremonial de adobe
estaba a una altura de 25 metros y su área total es de 4,500 m2.
· Otros grandes edificios
de barro, son: San Juan, Napo, Sarraque y Tomabal.
IV.
AGRICULTURA
La base
de su economía fue la agricultura con una alta productividad en las partes
bajas de los valles de Chicama, Moche, Virú y La Leche, debido a su reconocido
sistema de riego por gravedad que aseguró y elevó la producción y posibilitó la
mayor población prehistórica en esa zona.
Cultivaron:
maíz, maní, pallar, frijol, lagenaria, yuca, algodón, zapallo, ají, lúcuma,
zapote y otros frutales. En sus tumbas fueron halladas semillas de ashango,
de uso mágico medicinal por curanderos y por algunos dibujos, se deduce que
chachaban hoja de coca.
Complementaban
lo anterior con buena pesca, la que conseguían conservar en seco para
consumo propio y comercio con pueblos de la sierra.
A su
ingesta agrícola añadían, según las representaciones alfareras, carne producto
de caza de venados, monos y loros, más no de auquénidos sudamericanos.
V.
VIVIENDA
A los
virú – gallinazo les encantaba dibujar en sus cerámicas representaciones de sus
viviendas. Estas tenían un vestíbulo techado de plano sobre do postes y una
sola habitación que en su interior estaba dividida en varios cuartos y con
techo inclinado hacia atrás para facilitar el escurrimiento de las lluvias.
Algunas tenían techos con múltiples inclinaciones. Cada vivienda tenía ventanas
rectangulares, cuadradas o trapezoidales. Las puertas eran rectangulares. Eran
levantadas sin ningún patrón alrededor de patios o plazas. Su trazo es
ortogonal de diseño tipo panal con acceso de corredores.
VI.
VESTIMENTA
También sobre la base de sus dibujos en su cerámica, Larco solo observó que como una única prenda usaban una trusilla hecha de una tela burda de urdimbre floja de dos hilos de algodón trabados, para lo cual, se presume, utilizaban agujas de cobre. En cambio, adornaban sus cabezas con gorros tipo turbante en forma de anillos y otro hecho con una cuerda trenzada atada alrededor de la cabeza, uno de cuyos extremos remataba en una borla que colgaba a un lado de la cara; también usaban gorros anulares, con una prominencia angular que surgía de la frente y gorros trapezoidales con signos escalonados y cuchillos ornamentales como remate en la parte superior.
A los Virú
– g les gustaba tatuarse la piel de la cara o pintarla en son de adornarla con
puntos, triángulos y líneas paralelas.
En los dibujos de individuos se observa que perforaban el pabellón de la oreja hasta en tres sitios para el uso de colgantes tubulares, de hueso o de metal; estos últimos eran anillos de oro de los cuales pendía una planchuela circular, también de oro, como colgajo.
Lucían collares de cuentas de concha, piedra, turquesa, lapislázuli, hueso y cerámica, de formas variadas, pero no eran suntuosos como los de los Cupisnique y los Mochica. También se adornaban con collares hechos de esferitas huecas de oro y brazaletes de cuentas cilíndricas caladas del mismo metal.
VII.
METALURGIA
Los Virú
– Gallinazo mejoraron el aprovechamiento del cobre y el proceso de dorado de
objetos hechos con aleación de cobre y oro. Sorprende que no hayan
trabajado la plata cuando pueblos coetáneos la trabajaban.
Al oro lo fundían y hacían lingotes, láminas de finísimo espesor, alambres, lo repujaban, calaban y soldaban para dar como resultado una orfebrería de calidad artística intermedia. También enchapaban objetos de cobre con láminas finísimas de oro, al parecer por golpe.
Fundían
el cobre para hacer piruros que utilizaban en los husos; fabricaban recipientes,
cabezas y puntas de mazas, cuchillos y punzones.
Y,
también de modo sorprendente, usaban la pirita de hierro, para hacer adornos
circulares. No obstante, no siguieron ese camino que los hubiese llevado a la
edad del hierro.
VIII.
RELIGIÓN
En su estudio original, Larco Hoyle dice que los Virú – Gallinazo, al igual que los Cupisnique de Santa Ana (Está en el desierto entre los valles de Chicama y Jequetepeque ) y los salinar, no recibieron influencia religiosa de Nepeña (vaga referencia a lo Chavín), pues sus representaciones del felino son pocas y no tienen carácter espiritual.
Larco
dedujo, entonces, que la gente de esta cultura tuvo escaso interés de cualquier
forma de religión de la época. Algo así, como que si hubiesen perdido la fe.
IX.
TRADICIÓN FUNERARIA
Sepultaban a sus muertos en fosas, en posición extendida sobre esteras de cañas, con ofrendas de alfarería, semillas mágico religiosas y comestibles como maíz y maní, así como algunos objetos de orfebrería, como ofrendas. También construían pequeñas elevaciones para tumbas colectivas, donde depositaban los restos de sus difuntos a lo largo de varios años.
X.
CULTO DE LOS MUERTOS.
Tuvieron
dos modalidades de enterramiento, que corresponden a sus periodos «auge» y «decadente».
Según el primero, los cadáveres eran enterrados decúbito dorsal. En el período
decadente la modalidad cambió: los cadáveres iban sentados, en posición flexionada.
XI.
FORMA DE GOBIERNO Y ORGANIZACIÓN MILITAR
No hay
estudios sobre la forma de gobierno de los Virú – gallinazo. Solo se puede
especular sobre la vigencia del ayllu y la agrupación de varias de estas
formaciones en más grandes pachacas, las que pudieron constituir curacazgos
tipo señoríos al mando de reyezuelos o reyezuelas.
Los que
iban a guerrear usaban pequeños escudos de madera rectangulares o cuadrados,
que eran atados al antebrazo izquierdo. Los adornaban con dibujos geométricos.
Su única arma era una maza de madera duras o porras con mangos de madera y
cabezas de piedra y lapislázuli, similares a las de Cupisnique. Algunos
portaban mazas con cabeza de cobre en forma esferoidal o lenticular, llevaban
en su interior un regatón de cobre puntiagudo para poder punzar al rival.
Los
guerreros usaban grandes orejeras, amarradas a la carrillera que sostenía el
gorro, y que protegían las sienes y los carrillos, como verdaderos escudos
protectores de la cara y sus costados.
XII. DEBATE: VIRÚ – GALLINAZO: ¿CULTURA O UNA FEDERACIÓN DE CURACAZGOS?
Shimada y Maguiña, en su informe, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura
Moche, (2009)
indican tajantemente que les parece que Virú no fue una cultura
unificada, sino una “serie de entidades en cada valle” que competían
con los moches los recursos de las zonas medias y bajas; tan era así que
afirman que el yugo político moche se produjo en distintos tiempos en cada
valle y que este control no logró desaparecer la etnia Virú - Gallinazo ni su
tradición estilística, pues ambas sobrevivieron a la dominación moche y duraron
más.
Esto plantea dos cuestiones problemáticas tanto desde
el punto del estudio de Virú – Gallinazo, como desde el ángulo de la
comprensión total de la llamada cultura Moche.
1) La cuestión de la indiscutible vigencia del estilo alfarero Virú –
Gallinazo, incluso hasta el establecimiento del dominio Wari posterior a
Mochica, y
2) La contemporaneidad, la convivencia o la coetaneidad y otras
vinculaciones de la cultura Virú – Gallinazo con la Mochica.
XIII. NUEVAS TEORÍAS SOBRE LA RELACIÓN VIRU - G MOCHICA
La gran cuestión es, entonces: ¿cómo y porqué fue posible que estas dos culturas evolucionarán en casi el mismo tiempo y en el mismo territorio?
Al respecto,
el arqueólogo Israel Tinoco Cano, en su
informe, Hacia un nuevo paradigma
de Moche: interpretaciones acerca de la relación entre las tradiciones
culturales Moche y Gallinazo, señala que en pleno auge de la «mochicología»,
en la década de los noventa, junto con la recuperación nuevas evidencias
mochica en los valles más norteños de la costa norte, ocurrió también el
hallazgo de abundantes vestigios cerámicos del estilo Virú - Gallinazo, principalmente
de cántaros tipo cara - gollete o jarra de cuello efigie, en los mismos
contextos funerarios y en los mismos lugares, como en Pampa Grande, en
Lambayeque y Dos Cabezas, en Jequetepeque.
Desde
entonces la ocupación Virú - Gallinazo, fue cada vez mejor conocida y aparecía
cubriendo completamente todo el nuevo territorio mochica delimitado en el
norte, desde el Alto Piura y en el sur, hasta Casma.
Para
mejor entender el extremo de la cuerda, debemos recordar que el hallazgo de los
cántaros cara -gollete o jarras de cuello efigie en contextos mochicas
fue registrado, por primera vez durante la década de los treinta por el
arqueólogo alemán Ubbelohde-Doering, durante sus excavaciones en
Pacatnamú (valle de Jequetepeque), donde, en algunas tumbas, encontró vasijas
de este tipo junto a cerámica mochica, de lo cual dedujo la contemporaneidad
de ambas culturas.
En 1949, los arqueólogos del “Proyecto Virú”, Strong y Evans, luego de examinar fotografías de Ubbelohde-Doering de cántaros cara - gollete, admitieron que mostraban una fuerte similitud con ciertos tipos de cerámica burda, identificados como del valle de Virú.
El
extremo de la cuerda parece ser que, en las dos últimas décadas, más
piezas enteras y fragmentos del tipo cántaros cara – gollete, de filiación
estilística Virú – Gallinazo, fueron recuperadas en la región mochica del
norte, en Loma Negra (Alto Piura), en Huaca la Merced (Valle de
La Leche), en Sipán (Lambayeque), en San José de Moro y Dos
Cabezas en Jequetepeque; en Huaca de la Luna, en Moche y en Huancaco
en Virú (La Libertad y en el Castillo de Santa, valle de Santa (Ancash)
Sorprendentemente, estas jarras de cuello efigie estaban junto a piezas mochica de todas las fases estilísticas. Además, de darse en contextos funerarios, la coexistencia estilística ha sido detectada también en estructuras monumentales, talleres cerámicos y zonas residenciales.
Entonces,
Tinoco se pregunta: ¿Qué pasó? ¿Cuál es la explicación de este paralelismo
histórico – cultural – cronológico que tiene su punto central en la vigencia de
los cántaros cara-gollete o jarras de cuello efigie?
El
criterio de esta coetaneidad entre Viru - Gallinazo y Mochica, muy en boga para
los valles sureños (que se suponía fue el resultado de la conquista de los Virú
por los mochica), no funcionaba para los valles del norte.
Como veremos hay varios intentos de respuesta, pero solo con categoría de hipótesis.
XIX.2 La
teoría Shimada.
Para el valle
de Lambayeque, Shimada y Maguiña (1994) han planteado lo siguiente:
· Que existió una
aparente coexistencia pacífica de los dos grupos, durante los periodos Moche I
y III (Mochica Temprano y Medio).
· Que en Moche V (Mochica Tardío) creen que se produjo una reubicación de los plebeyos Virú – gallinazo, en Pampa Grande, donde aportaron mano de obra servil a la élite mochica. Como ya se ha anotado, esta hipótesis tiene como base el abundante hallazgo de fragmentos y vasijas Virú – Gallinazo, tipo cántaros cara-gollete o jarras de cuello efigie, en un sector residencial doméstico de Pampa Grande, aislado de las principales áreas ceremoniales y monumentales.
No
obstante, Tinoco anota que la teoría de Shimada y Maguiña ha sido refutada en
2003 por Santiago Uceda y Elías Mujica, quienes han determinado que las
piezas que Shimada atribuyó a Virú - Gallinazo no son tales, pues corresponden a
cerámica de «formas domésticas» que perduraron entre las poblaciones rurales de
la costa norte.
Uceda y
Mujica recuerdan que los arqueólogos tienen como gran verdad, que las élites
son las que crean los estilos que ellos califican como culturas y que,
por tanto, es la cerámica ceremonial la que refleja las nuevas formas de
vida y gobierno en un tiempo y espacio determinado, es decir, que la
cerámica suntuaria o ceremonial es la expresión de una identidad étnica
dirigida por una élite que rige su desarrollo histórico – político, en este
caso específico, la Mochica.
Pero, advierten que este supuesto principio apodíctico o visión histórico-cultural que dominó la arqueología en las últimas décadas, está siendo actualmente cuestionado y replanteado como marco interpretativo de las sociedades prehispánicas, cuyas tradiciones culturales y estructuras sociopolíticas son más dinámicas y complejas de lo que se creía hasta ahora. Esto parce sonar como un típico “sí, pero no” y no aclara mucho la situación.
XIX.3 La
teoría de Castillo y Uceda
La
moderna explicación de esta simultaneidad, formulada en los primeros años del
siglo XXI por Castillo, para San José de Moro y por Uceda,
para Huaca de la Luna, ha sido la teoría que plantea que estos “cántaros
cara-gollete” serían, simplemente y, a fin de cuentas, solo cerámica utilitaria
mochica.
XV.4 La
teoría de Christopher B. Donnan
El arqueólogo, Donnan, excavador del
sitio Dos Cabezas, en donde encontró esas combinaciones en varios entierros,
arguye que la contemporaneidad de la cerámica ritual Mochica y la doméstica
(cántaros cara - gollete) se dio porque son dos expresiones de un mismo
fenómeno cultural: la primera generada por la élite y la segunda, por el
pueblo. Nótese que coincide con Castillo y Uceda.
XV.5 La teoría mixta
Otra interpretación, que revitaliza las tesis
de Shimada y Makowski, dice que son expresiones materiales de dos etnias distintas:
Virú - Gallinazo y Moche, las cuales, al menos durante ciertos periodos y en
algunos valles del área mochica norteña, interactuaron y convivieron.
XIV. ES NECESARIA LA REVISIÓN PROFUNDA DE LA RELACIÓN VIRÚ – GALLINAZO CON MOCHICA
Tinoco
Cano remarca
que el tema de la tesis sobre el belicismo mochica llegó a tal extremo de
dogmatización, que ha sido una de las causas de la escasez (aparte del
“Proyecto Virú”) de proyectos arqueológicos en el valle de Virú.
Pero, eso
terminó en 1998 cuando Steve Bourget excavó Huancaco, complejo
arquitectónico de tipo palacio tenido por centro administrativo mochica en el
valle de Virú. El resultado fue: no halló cerámica mochica y, más
específicamente, de la fase Moche IV. Es decir, no había pruebas de la
conquista de los Virú – Gallinazo por parte de los moches (Bourget 2003). La
cerámica que halló tenía formas y estilos sin relación con la cerámica mochica
y sí con el estilo Virú - Gallinazo y el estilo serrano Recuay.
Bouget
tampoco halló las proclamadas similitudes arquitectónicas del Castillo de
Huancaco con las Huacas del Sol y la Luna. Por el contrario, encontró notables
diferencias entre ambas estructuras, a tal extremo de que afirma que Huancaco
no es un sitio moche, por cuanto presentaba un largo desarrollo cultural Virú –
Gallinazo.
La cierta
influencia mochica, deducida de murales con iconografía de filiación de esa
cultura no es suficiente prueba de que la ocupación mochica tardía de Huancaco,
haya tenido como base una vinculación directa con las Huacas del valle del Moche,
por lo que propone que tal “cierta influencia” corresponde a una entidad
política independiente poseedora de su propia identidad cultural.
XV.
TEMAS QUE SE ENCUENTRAN EN EL LIMBO SOBRE
LA RELACIÓN VIRU – G Y MOCHICA
Por todo lo anterior, Tinoco considera que el tema de la coexistencia Virú - Gallinazo es una cuestión crucial sin resolver a la espera de nueva información. Mientras tanto, hay inexactitud e incertidumbre sobre el conocimiento del proceso de la formación de la Cultura Mochica. y respecto a qué tipo de fenómeno cultural fue lo que actualmente se conoce como Mochica.
·
Se percibe un consenso entre los arqueólogos respecto a que
Virú - Gallinazo fue solo la cultura material popular (cerámica doméstica),
incluso desde antes de los mochica y durante su desarrollo.
· El estilo cerámico
asignado por Larco a la cultura Virú – Gallinazo correspondería a los vasos con
decoración negativa que serían expresiones de un estilo suntuario o de élite.
· El estudio sobre Mochica
está focalizado en el análisis de:
§ La cerámica fina
ceremonial mochica
§ La arquitectura
monumental de sus grandes centros religiosos administrativos
§ Del complejo ritual
funerario de individuos de élites gobernantes.
· El conocimiento actual de
los patrones de ocupación doméstica del conjunto de expresiones cerámicas
utilitarias o del tratamiento funerario de los estratos bajos de la sociedad
Mochica, es muy pobre.
· La secuencia
cronológica de Larco tiene como base la cerámica suntuaria del valle de Chicama
y responde solo a criterios estilísticos, por lo que no puede aplicarse al fechado
de la cerámica simple, la que es lo que los arqueólogos hallan mayoritariamente
cuando excavan yacimientos arqueológicos.
· Ha sido necesario
depurar la secuencia Larco sobre Mochica para establecer las dos grandes áreas
regionales de esa cultura: Mochica Norte y Mochica Sur, aunque aún sobre la
base de los cambios estilísticos de la cerámica suntuaria, lo cual no refleja
la complejidad de Mochica.
· Está en boga un nuevo
enfoque sobre el tema mochica el cual, según Castillo, es sustentado por Donnan,
así: “la goma que mantuvo unidos a todos los mochicas fue una religión
de élite, controlada y propiciada por los estados, un conjunto de prácticas
ceremoniales comunes, donde las élites tenían el protagonismo en la
representación y teatralización de los mitos que aseguraban la continuidad de
la sociedad”.
· En la situación
presente en el tema Mochica, ya no se puede admitir como credos:
§ El supuesto origen de mochica
en los valles de Chicama y Moche
§ La expansión bélica mochica
hacia los valles del sur.
Como parte del nuevo enfoque, hoy se acepta que lo Mochica de Lambayeque fue un fenómeno cultural distinto y constituyó una entidad política independiente de lo Mochica Sur o de Chicama.
XVI.
NUEVA TEORÍA E HIPÓTESIS SOBRE MOCHICA
Sobre la
base de todo lo anterior, Tinoco Cano propone, “hacer una nueva
lectura de lo cierto, de aquello que las evidencias han demostrado qué es
realmente la cultura Mochica”; es decir, ¿qué representa la cultura
material de tipo ceremonial y religioso de las élites.
Quizá desde lo esencial, lo básico, se pueda formular un nuevo paradigma, pero por supuesto, antes hay que revelar las fisuras del paradigma actual y los inconvenientes derivados de la interpretación de Mochica como “ideología política”
XVIII.1
La nueva teoría sobre Mochica
Tinoco
sugiere que la nueva lectura puede partir de la moderna tesis de Donnan,
expresada tan gráficamente respecto a que el “pegamento” que unió a los
mochicas, evitando su deriva cultural y que se convirtieran en culturas
distintas fue una religión de la élite, como soporte de complejas formas
de gobierno, posiblemente en varios estados.
No
obstante, se deberá tener en cuenta lo siguiente:
· Las élites mochicas no
fueron homogéneas, como se pensaba, pues hubo diferencias en sus patrones
arquitectónicos monumentales, tecnologías, cánones artísticos, estilos
cerámicos e inclusive en las practicas rituales, según Castillo y Uceda.
· Las entidades
sociopolíticas que existieron antes de la emergencia de mochica fueron independientes,
heterogéneas, es decir culturas diferentes, situación en la que pudieron
coexistir los grupos costeños Vicús, Salinar y Virú, interactuando con
pueblos serranos como Cajamarca y Recuay.
· Un movimiento
ideológico común
debió ser asumido por las particulares estructuras sociopolíticas de cada
entidad regional por dos motivos globales:
1.
Por
corresponder a una raíz religiosa de amplia tradición.
2. Por poseer un reconocido prestigio que favoreció su admisión por parte de los gobernantes y que les debió proporcionar ciertas ventajas, como la legitimidad de su poder.
XVIII.2
La nueva hipótesis general
La
hipótesis general es, entonces, la siguiente:
Un tradicional y prestigioso sistema religioso fue
adoptado a lo largo de varios siglos y a diferente ritmo por las diversas
sociedades de la costa norte con identidades culturales, étnicas, estructuras
políticas y patrones geopolíticos distintos, como Vicús, Salinar, Virú y
Vicús.
Con este sustrato, según Mann, la interacción
religiosa en marcha, se intensificó como sustento de la “mochicanización” con
el compartir de una misma cosmogonía.
En los 700 años que la religión mochica dominó
la costa norte, las élites monopolizadoras de la liturgia y las prácticas
rituales, pudieron concentrar cada vez más poder, tanto en su aspecto
explotador y/o en su aspecto colectivo.
No
obstante, las evidencias arqueológicas pasadas y modernas muestran que la gradual
“mochicanización” de la costa norte habría sido pacífica, sin la alteración de
la cultura material doméstica.
Durante
los periodos de colapso de las entidades totalmente “mochicanizadas” como la de
Jequetepeque, se observa también la introducción de estilos ceremoniales
foráneos que expresan la irrupción de una o varias ideologías inéditas (¿cuáles,
Wari?) que reemplazaron a la
debilitada y antigua religión Mochica (Castillo 2003).
Tinoco
sugiere, finalmente, que la génesis del sistema religioso que engendró lo moche
(como propuso Larco en 1948), estaría en el complejo ceremonial y el estilo
Cupisnique, una poderosa sociedad que creó una iconografía monumental de
intenso carácter religioso y simbólico, la cual, con sus diseños, composiciones
y formas subyace en la cerámica ceremonial mochica.





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