miércoles, 23 de abril de 2025

 

A CULTURA VIRÚ – GALLINAZO

PRIMERA PARTE

¿COMPETIDORA O VASALLA DE LA CULTURA MOCHICA?

Del 200 a.C. al 600 d.C. Formativo Final Costa Norte

Auge: a partir del 100 a.C.

Por ELMER OLORTEGUI RAMIREZ, Periodista

Virú - Gallinazo fue la tercera formación social o “Cultura Puente” conocida hasta ahora que surgió en la costa norcentral en la etapa de transición entre la teocracia Chavín de Huántar y una de las grandes culturas de expansión regional, la Cultura Mochica.

Los arqueólogos calculan que, mientras la Cultura Salinar emergió en el valle de Chicama, la cultura Virú – Gallinazo lo hizo tres siglos después, en el valle del rio Virú. Tanto Chicama como Virú están en el actual departamento de La Libertad.

Algunos fechados más temprano de sus vestigios señalan que Virú – Gallinazo empezó a partir del año 200 a. C. (sub periodo Formativo Final) y perduró hasta aproximadamente hasta el 600 d.C. (Periodo de Desarrollos Regionales), cuando Chavín ya había desaparecido y Cupisnique daba sus últimos estertores.

I.     ORIGEN EN VIRÚ

La hipótesis sobre su existencia, es la misma que se aplica a las Culturas Vicus y Salinar: ante la crisis del orden de la vida diaria, el desorden que adquirió la forma de disputas bélicas frecuentes, la ruptura de las redes de intercambio (comercio), el cierre de sitios de concentración pública, con la consiguiente anulación de prolongadas y masivas ceremonias de culto  y la supresión de fiestas y festines, un número de ayllus del fértil valle de Virú, de las zonas media y baja, decidieron tomar su propio camino.

La nueva cultura coexistió en el mismo territorio con las culturas Salinar y Mochica, sobre la base de distintos tipos de relaciones cuyos detalles se encuentran actualmente bajo investigación y debate, haciendo necesaria la reescritura de la evolución de esas sociedades. 

Nota del autor: Es una tendencia real y concreta de los arqueólogos y otros investigadores de la prehistoria peruana, trabajar sus temas partiendo por la cerámica, las condiciones del sitio, su avance agrícola ganadero, su arquitectura y actividad constructiva, su textilería, la metalurgia y orfebrería, su religión, idioma o dialecto.

Este enfoque, sin embargo, genera una visión con anteojeras que los lleva a machaca martillo, a no tener en cuenta a la o las culturas precedentes, su genoma mitocondrial y la permanencia o variaciones de distinta intensidad de tradiciones cotidianas. En esta línea los estudiosos no desarrollan con énfasis esfuerzos ahora tecnológicamente posibles para establecer las condiciones de los orígenes de cada sociedad investigada, punto que comúnmente queda envuelto en una nebulosa de desinterés o incapacidad y proyecta difusamente la idea de que las nuevas sociedades o culturas, no se sabe si de modo acelerado o lento, aparecieron casi de la nada.

Esto ha ocurrido, como uno de los más sonados ejemplos de lo que afirmo, con los orígenes tanto de Virú- Gallinazo como de Mochica, en cuyos estudios poco se menciona o es tomada en cuenta la predecesora, poderosa y amplísima sociedad Cupisnique y, también, la antecesora de ésta, la también poderosa sociedad Sechín.

Ambas fueron ampliamente dominadoras de la llamada costa central norte y parte de los Andes, en las que, necesariamente, a pesar del tiempo, sus tradiciones y estilos de actividades básicas debieron de impregnar en algún grado a las nuevas expresiones sociales subsiguientes en el tiempo.

La mención de Izumi Shimada sobre la afirmación del arqueólogo Rodríguez respecto a que en el valle de Chancay – Lambayeque, un pueblo costeño al cual no identifica impidió la expansión de los Mochica a la parte baja de la cuenca desde sus posiciones en, muestra claramente esta carencia de antecedentes.

Actualmente ya es de conocimiento público que Ventarrón y Collud y el de Sarpán fueron, en su tiempo, desarrollos de los Cupisnique en Lambayeque y que sus sucesores fueron los Virú - Gallinazo a los que posteriormente se superpusieron los mochica.

Si bien es cierto que hace falta corroborar que la organización ancestral y esencial del Ayllu, vigente desde el semi sedentarismo,  la religión, la vocación belicista y otras tradiciones de origen Sechín y Cupisnique, pudieran ser componentes de la amalgama social que vinculó la contemporaneidad de los Virú – Gallinazo y los Moche durante el Formativo Final y el Periodo de Desarrollos Regionales, las modernas técnicas de fechado de material antiguo por termoluminiscencia (además del radiocarbono), los análisis de residuos orgánicos en vestigios, de la microbiología capturada en un sitio,  del ADN mitocondrial de restos antiguos de los distintos pueblos de la costa norte, tal vez pudieran demostrar si se trató de la misma gente, de sus descendientes, o de distintos grupos que pudieron haber llegado al territorio desde diversos puntos a pie o por mar.

 


Restos de uno de los muros de Huaca Gallinazo, valle de Virú, uno de los lugres de

detección temprana de la cerámica en negativo Virú - Gallinazo. 

I.1 La investigación temprana

El descubridor de la cultura Virú – Gallinazo (solo como Virú), fue el arqueólogo Rafael Larco Hoyle, uno de los principales investigadores de la prehistoria de la costa norte, contemporáneo de Julio C. Tello. 

En 1933, al excavar una tumba en la Pampa de los Cocos, cerca de las huacas del Sol y la Luna, en la zona media del valle del Moche, Larco halló tiestos en forma de vasos con pintura negativa (es decir, de color negruzco) estilo que, por entonces, se atribuía a la Cultura Recuay, del Callejón de Huaylas.

Después, ya en el valle del río Virú, Larco encontró la misma cerámica, pero en numerosas tumbas y en abundante cantidad. La estudió mejor y aunque sabía que ese estilo alfarero había sido ubicado también en Ancash, Paracas y Huancayo, sin que se supiera su preciso lugar de origen, considerando las particularidades de otros indicadores de los contextos funerarios abiertos, como la indumentaria, las armas, el arte orfebre y el culto de los muertos de la población representada, concluyó que dichos vestigios correspondían a una nueva cultura: la cultura Virú, pero no hizo ningún anuncio.

 

Variada cerámica en negativo Virú - Gallinazo   

que se exhibe en el Museo Larco de Lima


Pieza botelliforme con asa-puente, Virú Gallinazo negativa

Tres años después de los hallazgos de Larco y antes de que él divulgara el nombre de cultura Viru, en 1936, el arqueólogo Wendell Bennett, durante sus excavaciones en “Huaca Gallinazo”, ubicada en la parte baja del valle de Virú, también recuperó singulares ceramios con pintura negativa y, al igual que Larco, los asoció a una nueva cultura arqueológica a la que llamó cultura Gallinazo, usando el topónimo del sitio de su hallazgo. De eso viene entonces el doble nombre de tal cultura, a la que, en adelante, en este trabajo, denominaremos Virú – Gallinazo, para consolidar su plena identificación. Sobre la base de sus estudios en Huaca Gallinazo, Bennet dividió el desarrollo de la sociedad Virú – Gallinazo en las etapas, Temprana, Media y Tardía.

 No obstante, recién en 1945, Larco lanzó su descubrimiento en su monografía, La Cultura Virú. En ese informe, con los limitados alcances de la ciencia arqueológica de su tiempo, calculó que su área de dominio se limitó solo a los valles de Virú y Santa, con poca presencia en los valles de Chicama y Moche. Pero, anotó su criterio de que el foco de la alfarería con decorado negativo en el Perú pudo ser la cultura Virú. 

Larco atribuyó a Virú tres etapas de desarrollo: i) «Evolutivo», sobre su origen, del cual aceptó no saber nada; ii) «Auge», posterior a Cupisnique, coetánea con los comienzos de Mochica y iii) «Decadente», a la cual equivocadamente señala como sobreviviente hasta la dominación Tiahuanaco, cuando hoy se sabe que se trató de la dominación del imperio Wari.

De esta periodicidad, Larco concluyó que las culturas Cupisnique, Salinar y Virú contribuyeron con elemento culturales al surgimiento de Mochica.

Pero, menospreció a Virú, tildándola de no ser parte de los “pueblos de gran expansión”. Sí reconoció su gran independencia que le permitió mantener su religión, sus costumbres y sus artes, a pesar de haber sido dominada por otros pueblos.

Entre 1945 y 1948, Larco Hoyle clasificó a la evidencia alfarera hallada en Huaca Gallinazo, como perteneciente a las etapas «evolutiva» y «auge» de la cerámica Virú - Gallinazo, atribuyendo la que encontró después en contextos funerarios del valle de Chicama, a su etapa «decadente».

Pero, en Chicama, Larco se sorprendió cuando comprobó que las tumbas Virú se sobreponían a las de la extinta sociedad Cupisnique y que eran contemporáneas con las sepulturas de Salinar. También se sorprendió cuando en la falda del cerro Santa Ana halló tumbas que contenían tiestos del estilo Virú – Gallinazo de los pobladores del valle de Chicama, junto a ceramios del estilo de la etapa Moche I.  

Todo esto le indició a Larco un cierto nivel de relación entre los pueblos Salinar, Virú – Gallinazo y Mochica, pues, por deducción simple, parece que en Chicama habría ocurrido que los estilos alfareros Salinar y Virú - Gallinazo reemplazaron a la antigua tradición Cupisnique, pero mientras Salinar se extinguió, Virú – Gallinazo siguió vigente como contemporáneo con Moche I.


Cuencos de cerámica en negativo, de la Cultura Virú - Gallinazo, 
halladas por Larco Hoyle, en el valle de Virú - Museo Larco de Lima .



Una pieza del famoso cántaro Virú - Gallinazo, Cara Gollete, 
principal rastro de la trayectoria territorial de esa cultura 

Es posible que Larco Hoyle, llevado por su innegable admiración y deslumbramiento respecto al poderío, la parafernalia y la fanfarria mochica concluyera que los Virú – Gallinazo sucumbieron ante su portentosa emergencia y no profundizó su análisis sobre esta singular contemporaneidad temprana entre ambas culturas.

Otro aporte temprano fue el de los arqueólogos Strong y Evans, en 1952. Con sus excavaciones en Huaca Gallinazo documentaron estratigráficamente que en ese lugar la cerámica estilo Virú - Gallinazo desplazó a la alfarería Salinar en el valle de Virú, durante el siglo I d.C., según fechados radiocarbónicos de sus colegas M. West y R. Watson.

 

Como ha ocurrido con las demás culturas, “el descubrimiento” de Gallinazo – Virú se refiere, fundamentalmente, a la ocasión del primer hallazgo de su cerámica y otros vestigios por los arqueólogos; pero, fundamentalmente a la aplicación de la ecuación arqueológica:

Nueva cerámica = nueva cultura.

Actualmente este raciocinio, es considerado insuficiente, por lo que está en revisión.

En el caso específico de Virú - Gallinazo, a lo que permitió “leer” su alfarería se han añadido contenidos de su arquitectura, modo de construcción, su agricultura y crianzas, su textilería, metalurgia y orfebrería, su religión y su tradición funeraria.

 

I.2 Tipología antropomorfa

Según Larco Hoyle, los de Virú tenían una osamenta de apariencia menos vigorosa que la de los mochica, de los salinar y de los cupisnique; y su estatura fue menor. Es decir, eran los menos dotados de la familia. No halló uniformidad en los cráneos. Los tenían braquicéfalos, mesocéfalos y dolicocéfalos.

Tampoco tenían deformaciones craneanas uniformes, aunque se realizaban deformaciones tabulares en la parte superior del occipital, como si hubieran intentado hacerse una deformación tabular erecta, la que se presenta más o menos perfecta en los braquicéfalos, pero imperfecta en los dolicocéfalos por la fuerte protuberancia que estos cráneos tienen en el occipital.

II.       TERRITORIO

La data actual indica que, entre los años 100 y 400 d.C. Virú - Gallinazo se extendió a casi toda la costa norte peruana, desde Casma, en el sur, hasta el valle de La Leche, en el norte, en Lambayeque, siendo probable que también haya penetrado en Piura. Téngase en cuenta que se trató de un territorio casi similar al de su contemporánea Mochica.

II.1 Principales asentamientos conocidos

El conocimiento actual de esta singular evolución social señala que, en los valles del sur de la costa norcentral  ̶ Virú, Chicama, Moche, Santa y Casma  ̶ , los centros principales o ciudades capitales Virú – Gallinazo, fueron:

º               Huaca Gallinazo, en su periodo temprano.

º               Huaca Ai Apaec o Santa Clara, cuando convivieron con los mochicas y,

º               El Castillo de Tomaval, en su etapa tardía.

No obstante, la gran Huaca Gallinazo llegó a ser el sitio que concentró la mayor población durante esa época prehistórica.

Por el norte, Virú - Gallinazo extendió su vigencia hacia el valle de Jequetepeque en la actual región La Libertad, a los valles de la región Lambayeque y, probablemente hasta el sur de Piura

En el área al norte de Virú, los sitios más importantes fueron:

º             Cerro Sajino, valle de La Leche, Lambayeque.

º             Huaca 31 de Pacatnamú, en el valle de Jequetepeque, departamento de La Libertad.

º             Huaca Soledad, en el valle de La Leche, Lambayeque.

º             Huaca del Pueblo, en Batán Grande, Lambayeque.

 

Vestigios de los grandes muros del gran centro ceremonial 

HUANCACO, de los Virú - Gallinazo, en el valle de Virú Bajo.


Restos de la Huaca Virú - Gallinazo de Pacatnamu
en el valle de Jequetepeque, cerca de Pacasmayo. 

Ahora bien, veamos algunas referencias de acontecimientos del contexto territorial y temporal dentro del cual se enmarcó el probable surgimiento de los Virú – Gallinazo, el año 200 a.C.




II.2 Referencias de acontecimientos del contexto territorial

    y temporal del surgimiento de Virú - Gallinazo

1.     La disolución de la teocracia Chavín de Huántar, que se habría iniciado el año 575 a.C.  y que, según el arqueólogo Jhon Rick, termino cerca de cien años después, cuando Chavín dejó de funcionar como templo o centro ceremonial de culto hacia el año 470 a.C., al ser invadido por los incipientes e incultos Recuay, quienes ocuparon el sitio y casi lo convirtieron en un muladar.

2.     El surgimiento, desarrollo de la sociedad o cultura Vicús, en la margen izquierda del río Chira – Piura, hoy región Piura, desde aproximadamente el año 500 a.C. al 500 d.C. - Un milenio

3.     La extinción de la cultura Cupisnique, establecida por un consenso arqueológico (2015), en el año 175 a.C. proceso que empezó casi paralelamente con el tramo de la extinción de Chavín.

4.     El surgimiento de la sociedad Salinar, en los valles de Chicama, Virú y Moche de la hoy región La Libertad, aproximadamente en el año 500 a.C., en pleno proceso de decadencia de la teocracia Chavín y la disgregación final de la sociedad Cupisnique.

5.     El apogeo de la sociedad o cultura Pukará, en la actual región Puno, del año 200 a.C. al 400 d.C. (600 años) sub periodo Formativo Final.

6.     El surgimiento de la sociedad o cultura Huarpa en el año 200 a.C. y su desarrollo en las actuales regiones de Ayacucho y Huancavelica, hasta el 500 d.C.

7.     El desarrollo de la cultura Lima, a partir del año 100 d.C.

8.     El surgimiento de la sociedad o cultura Mochica, durante el primer siglo d.C., casi en el mismo territorio de los Viru – Gallinazo, en pleno periodo de gran expansión y desarrollo de éstos últimos.  

9.     La consolidación de la sociedad o cultura Recuay (Huaylas o Santa) en el actual departamento de Áncash entre los años 100 a. C. hasta los 700 d. C.

10. El final de la sociedad Paracas, en la costa sur central, hoy región Ica, aproximadamente en el año 170 d.C. y su conversión, mutación o avance a la sociedad Topará.

 

Crisis general

Como se ve de este cuadro cronológico - territorial, los siglos finales de milenio antes de nuestra era, fue un tiempo de convulsión política, social y económica, a raíz de la decadencia y desaparición de las sociedades Chavín y Cupisnique.

Un tiempo de crisis general, incertidumbre y reacomodos organizativos, de supresión y renovación de ideologías, de políticas y de la religión, de transformación de usos y costumbres cotidianas para asegurarse la vida diaria, tanto en la costa y la sierra central norte, en la costa central (tomando como centro los valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín), como en la costa y sierra sur cercanas (Ica, Huancavelica, Ayacucho) y la Meseta del Collao.

 

II.3 El Ayllu, la argamasa social 

Sin embargo, si bien fue una época de cambios intensos, estamos seguros de que, en medio de la trifulca, la desestabilización del presente y la falta de rumbo cierto hacia el futuro, hubo factores sociales y económicos de vinculación temprana que mantuvieron la cohesión en la base de los grupos sociales afincados en aldeas o junto a edificios ceremoniales en cada valle o conjuntos de valles. Esta cohesión abarcó en algunos casos a los pueblos asentados en las partes bajas, medias y altas hasta a los posesionados en las cuencas y las planicies netamente altoandinas. 

Esa unidad básica social y territorial, fue el Ayllu, la argamasa social que hizo posible la recomposición y continuidad del fragmentado mundo. Otros factores fueron, sin duda: la religión, la agricultura y su demanda de mejor riego, la crianza, la cerámica en proceso de embellecimiento y la orfebrería orientada al relumbre y cuidado personal, a partir del cobre, el bronce, la plata y el oro, cada vez con mayor vocación estética y de lucimiento de rango y cargo, así como la actividad constructiva, por entonces determinada por el recrudecimiento de la guerra.

 

El ayllu desde la noche de los tiempos

El Ayllu surgió como una mejora sustancial de la organización social de los grupos líticos, es decir de las hordas o bandas de hasta veinte individuos nómades, cazadores, pescadores y recolectores, cuando llegaron al semi sedentarismo para domesticar plantas y animales. Esta fase evolutiva, se produjo primero, en la región norcentral transversal del actual Perú, en el tránsito entre la segunda mitad del periodo Arcaico (precerámico) y la primera mitad del subsiguiente Periodo Formativo (cerámico)

Se cree que el Ayllu fue introducido entre los primeros nómades americanos por otras oleadas de migrantes asiáticos, de Australia y de Oceanía, por lo que, tal vez, el origen de este modelo social proceda en realidad de algunos de esos tres lugares.

¿Qué es el Ayllu?

Sobre el Ayllu, en su obra,  “Bosquejo de la historia económica del Perú– Banco Central de Reserva del Perú”, - BCR, 2019, el economista César Antonio Ugarte anota que, principalmente renombrados sociólogos extranjeros reconocen la gran antigüedad del Ayllu andino y algunos lo comparan con la gens romana. Pero hay escases de información sobre esta institución, pues su estudio solo abarca al ayllu incaico, sobre el cual propone la siguiente definición:

“El «ayllu» era la unidad económico-social de la que se componía la tribu. Se caracterizaba por la explotación común de la tierra o por un vínculo de consanguinidad real o ficticio. Los datos recogidos por las informaciones coloniales demuestran claramente la existencia del Ayllu preincaico”.

La Federación de Ayllus y Comunidades de la Provincia de Ingavi (FACOPI), de Bolivia, lo define así: “Entendemos por ayllu a un grupo de familias circunscritas a un territorio, unidas por lazos de parentesco, relacionadas entre sí por un idioma común, la realización de trabajos colectivos y por tener una religión propia (…) El gobierno en nuestros ayllus, está conformado por las autoridades originarias: Mallku, jilaqata, kamana, surgidos del seno del ayllu, con facultades de mando, para un período determinado”.

Wikipedia, dice: “Un ayllu (en Bolivia y el Perú), o aíllo (en Chile) — del quechua ayllu—, es una forma tradicional de comunidad social originaria de la región andina, especialmente entre los aimaras y quechuas. El ayllu era un grupo de familias que se consideraba descendiente de un lejano antepasado común,​ con un territorio con límites precisos”.

Guido Mendoza Fantinato, en su artículo, Los ayllus y los orígenes de la civilización andina”, ensaya esta definición: “El ayllu es una organización social o conjunto de personas unidas por antecesores comunes, ubicados en el mismo territorio, que trabajan la tierra individual y comunalmente, que tienen los mismos dioses, el mismo dialecto y las mismas normas morales, usos y costumbres. La pérdida de la membresía – el castigo andino más temido durante milenios – equivalía a un duro ostracismo y, en los hechos, a una pena de muerte”.

Guillermo Lumbreras, en “Los orígenes de la sociedad andina”, texto de apertura del libro BCR – IEP, “Compendio de historia económica del Perú – Tomo I, Economía pre hispánica”, dice que en el Ayllu, como en cualquier grupo de parentesco, ser miembro no es tanto un título de afinidad o de consanguinidad, sino más bien de adscripción a una serie de derechos y deberes que establecen términos de seguridad patrimonial y de sobrevivencia. Un contexto en el que la expulsión de un miembro, o no ser reconocido como parte de ella, era equivalente a una pena de muerte.

En uno de los focos del Ayllu, los departamentos de La Libertad, Ancash y Lima, durante el quinto y entrando al cuarto milenio adp., la agricultura con riego por gravedad incorporó a trabajadores del campo y a otros de ramas tecnológicas afines, entre ellos a arquitectos, constructores, artesanos, artistas, astrónomos y brujos. Todo lo anterior configuró el surgimiento de la primera civilización en todo el Nuevo Mundo, al empuje de los SECHIN, los MARAÑON, los CUPISNIQUE y LOS CARAL, entre quienes, aunque con data escaza, fragmentada y soI.     EL NINGUNEO HISTÓRICO HACIA LOS VIRÚ - GALLINAZO

Los investigadores Izumi Shimada y Adriana Maguiña, en su trabajo, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura Moche, (enmarcado en el conjunto de las nuevas investigaciones correctivas  de la historia de Virú – Gallinazo), remarcan que los arqueólogos y hasta el público general ha ninguneado, ignorado y desdeñado a la cultura Virú - Gallinazo, a pesar de que fue ubicada muy tempranamente en la década de los treinta sin que importara mucho, además,  el extenso territorio que ocupó, sus construcciones monumentales y su gran sistema de irrigación que le dio una alta productividad agrícola.

En concreto, el interés en esta sociedad fue opacado por el gran atractivo que generó el hallazgo casi contemporáneo de la cultura Mochica. Atractivo justificado por la alta calidad de su cerámica ceremonial y de culto de sus élites, su textilería, su avanzada metalurgia y orfebrería que produjo objetos de cobre y oro para rituales y lucimiento de altos rangos de mejor calidad artística e industrial, a lo que se sumó su superioridad bélica que le habría permitido apoderarse de gran parte del territorio de los viruñenses.

Por estas equívocas razones, los Virú – Gallinazo, fueron considerados casi unánimemente como un pueblo atrasado, débil, perdedor, sin mucha importancia en nuestra historia como país.

 

II.       LA SUPUESTA INVASIÓN MOCHE A LOS VIRÚ - GALLINAZO

Sobre este controvertido tema, los autores Shimada y Maguiña creen que, si bien la muestra del material Virú- Gallinazo recuperada por el Proyecto arqueológico Valle Virú hasta la década de los cincuenta fue importante, así como también los hallazgos cruciales en materia de logros organizativos de la época, durante la mesa redonda arqueológica de Chiclín, en 1946, ocurrió un hecho que sorprendió a todos y paulatinamente, generó serias dudas que hoy se han convertido en el tema de un gran debate científico aún no resuelto.

 

El arqueólogo James Ford dio cuenta en Chiclín que la cerámica fina hallada en el valle Virú, a la que nombró como “Huancaco Decorado” se caracteriza por las típicas vasijas “blanco sobre rojo” y por los “huacos retratos”, tipos muy representativos de la cerámica que Larco designó como «mochica».

Por consiguiente, con su interpretación “histórico cultural”, Ford sostuvo que los Mochicas llegaron a Virú con un estilo cerámico maduro – el Mochica fase III–, con el que reemplazaron abruptamente al culto funerario Virú – Gallinazo.

Entonces, inspirado por las teorías de Larco, concluyó que este proceso de reemplazo habría sido el resultado de una conquista militar del valle de Virú por parte de los mochicas. Pero, el mismo Ford anotó también casi contradiciéndose así mismo que, tras el impacto de la invasión mochica, la producción de la cerámica utilitaria Virú – Gallinazo continuó con pocos cambios.

 

Larco, quien en esa ocasión presentó al mundo los resultados generales de sus estudios de las culturas de la costa norcentral del Perú, ya había esbozado la teoría de la conquista de los Virú – Gallinazo por parte de los mochica.  Por tanto, según el investigador Israel Tinoco Cano, el cónclave arqueológico de Chiclín llegó a dos significativas conclusiones:

i)                 Quedó determinada la posición cronológica anterior de la Cultura Virú con respecto a la Cultura Mochica;

ii)               Fue validada la tesis de Larco respecto a la conquista militar del valle de Virú, por parte de la Cultura Mochica.

 

Por otra parte, el arqueólogo Gordón Willey, quien fue el acumulador de todo el material generado por el Proyecto Virú, en 1953 reforzó la conclusión de Ford respecto a que el reemplazo total de la cerámica funeraria Virú -Gallinazo por vasijas Mochica, además de un cambio cultural, indicaba claramente la expansión de los Mochica hacia Virú en su camino hacia el sur de la Libertad y la costa ancashina y más. Esta reafirmación del belicismo mochica pareció confirmar plenamente la hipótesis de Larco de 1938 sobre la conquista militar de Virú por parte de los mochicas, más de diez años después.

 

Pero, como también anota Tinoco, actualmente, estas y otras conclusiones sobre la Cultura Mochica y su relación con la Cultura Virú – Gallinazo que fueron consideradas irrefutables durante medio siglo, están ahora en proceso de  replanteamiento sobre la acumulación de nuevos hallazgos arqueológicos en las últimas décadas que delinean un panorama completamente distinto, no solo respecto a los orígenes de Moche sino también al entendimiento de su desarrollo histórico, político y cultural.

Por ejemplo, Shimada y Maguiña cuestionan el modelo de una repentina conquista militar de Virú – Gallinazo lanzada por los Mochica hacia la mitad sureña de la costa norte.

 


Restos de los muros que protegían al Centro Administrativo y 

 Ceremonial de Huancacao de la Cultura Virú Gallinazo. 

Sobre la presencia mochica en el valle de Virú, el investigador Israel Tinoco Cano, de la Universidad Complutense de Madrid, en su  informe, Hacia un nuevo paradigma de Moche: interpretaciones acerca de la relación entre las tradiciones culturales Moche y Gallinazo, precisa que según el Proyecto arqueológico Valle de Virú (1946), durante el periodo de vigencia de la cerámica mochica, la mayor ocupación mochica en el valle de Virú, se dio en Huancaco.

Se trata de un complejo arqueológico, más conocido como «Castillo de Huancaco» que está a 10 km al suroeste de la ciudad de Virú y a 40 km al sur de las Huacas del Sol y de la Luna. Sus edificios fueron levantados al pie del Cerro Castillo, al norte de una cadena montañosa conocida como Compositán, en el lado sur del valle.

Tinoco Cano anota que Larco calculó que la dominación mochica del valle de Virú debió de iniciarse en la fase Moche III, porque encontró en Virú alfarería de los estilos Mochica III y IV.

Huancaco fue un gran conjunto de plataformas ceremoniales y recintos residenciales, similar a las grandes huacas mochicas de los valles de Chicama y Moche. En este sitio, el arqueólogo James Ford recuperó cerámica fina como vasijas “blanco sobre rojo” y “huacos retratos”, de la cerámica Mochica III, la que, según se creyó en el marco del Proyecto Virú, reemplazó abruptamente a la cerámica Virú, por la conquista del valle de Virú por parte de los mochicas.

El sitio Virú, Huaca de la Cruz, también habría sido tomado tardíamente por los mochica, pues, en su última fase constructiva fueron hallados numerosos fragmentos alfareros del estilo mochica “Huancaco Decorado”. 

Pero, según Tinoco, si bien esta cerámica reemplazó totalmente a la cerámica negativa del Periodo Virú - Gallinazo, en algunos casos, los estilos decorativos de esta cultura se mezclaron con el de los conquistadores mochicas e, incluso, persistieron durante el siguiente periodo cultural Tomaval, ya con influencia Wari.

Al respecto, los arqueólogos Duncan Strong y Clifford Evans, anotaron que la cerámica utilitaria Virú - Gallinazo no tuvo un marcado cambio durante el periodo Huancaco, lo que indicaría una continuidad en las costumbres y cultura popular durante el tiempo de influencia o gobierno mochica, situación que plantea más preguntas que respuestas sobre el tema de la coetaneidad entre Virú – Gallinazo y la entidad Mochica del Sur.lo contados estudiosos, surgió el Ayllu. Es absolutamente imposible que la primigenia organización de la horda o banda haya servido de base para la arquitectura y la construcción monumental temprana y para el trazo y la construcción de los primeros y cada vez extensos canales de riego por gravedad.


FIN DE LA PARTE UNO, DE TRES

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