A CULTURA VIRÚ – GALLINAZO
PRIMERA PARTE
¿COMPETIDORA O VASALLA DE LA
CULTURA MOCHICA?
Del 200 a.C. al 600 d.C. Formativo
Final Costa Norte
Auge: a partir del 100 a.C.
Por ELMER OLORTEGUI RAMIREZ, Periodista
Virú -
Gallinazo fue la tercera formación social o “Cultura Puente” conocida hasta
ahora que surgió en la costa norcentral en la etapa de transición entre la
teocracia Chavín de Huántar y una de las grandes culturas de expansión
regional, la Cultura Mochica.
Los
arqueólogos calculan que, mientras la Cultura Salinar emergió en el
valle de Chicama, la cultura Virú – Gallinazo lo hizo tres siglos
después, en el valle del rio Virú. Tanto Chicama como Virú están en el actual
departamento de La Libertad.
Algunos fechados más temprano de sus vestigios señalan que Virú – Gallinazo empezó a partir del año 200 a. C. (sub periodo Formativo Final) y perduró hasta aproximadamente hasta el 600 d.C. (Periodo de Desarrollos Regionales), cuando Chavín ya había desaparecido y Cupisnique daba sus últimos estertores.
I.
ORIGEN EN VIRÚ
La
hipótesis sobre su existencia, es la misma que se aplica a las Culturas Vicus y
Salinar: ante la crisis del orden de la vida diaria, el desorden que adquirió
la forma de disputas bélicas frecuentes, la ruptura de las redes de intercambio
(comercio), el cierre de sitios de concentración pública, con la consiguiente anulación
de prolongadas y masivas ceremonias de culto
y la supresión de fiestas y festines, un número de ayllus del fértil
valle de Virú, de las zonas media y baja, decidieron tomar su propio camino.
La nueva
cultura coexistió en el mismo territorio con las culturas Salinar y Mochica,
sobre la base de distintos tipos de relaciones cuyos detalles se encuentran
actualmente bajo investigación y debate, haciendo necesaria la reescritura de
la evolución de esas sociedades.
Nota del autor:
Es una tendencia real y concreta de los arqueólogos y otros investigadores de
la prehistoria peruana, trabajar sus temas partiendo por la cerámica, las
condiciones del sitio, su avance agrícola ganadero, su arquitectura y actividad
constructiva, su textilería, la metalurgia y orfebrería, su religión, idioma o
dialecto.
Este enfoque, sin embargo, genera una visión
con anteojeras que los lleva a machaca martillo, a no tener en cuenta a la
o las culturas precedentes, su genoma mitocondrial y la permanencia o
variaciones de distinta intensidad de tradiciones cotidianas. En esta línea los
estudiosos no desarrollan con énfasis esfuerzos ahora tecnológicamente posibles
para establecer las condiciones de los orígenes de cada sociedad investigada,
punto que comúnmente queda envuelto en una nebulosa de desinterés o incapacidad
y proyecta difusamente la idea de que las nuevas sociedades o culturas, no se
sabe si de modo acelerado o lento, aparecieron casi de la nada.
Esto ha ocurrido, como uno de los más
sonados ejemplos de lo que afirmo, con los orígenes tanto de Virú- Gallinazo
como de Mochica, en cuyos estudios poco se menciona o es tomada en cuenta la
predecesora, poderosa y amplísima sociedad Cupisnique y, también, la
antecesora de ésta, la también poderosa sociedad Sechín.
Ambas fueron ampliamente
dominadoras de la llamada costa central norte y parte de los Andes, en las que,
necesariamente, a pesar del tiempo, sus tradiciones y estilos de actividades
básicas debieron de impregnar en algún grado a las nuevas expresiones sociales
subsiguientes en el tiempo.
La mención de Izumi Shimada sobre la
afirmación del arqueólogo Rodríguez respecto a que en el valle de Chancay –
Lambayeque, un pueblo costeño al cual no identifica impidió la expansión de los
Mochica a la parte baja de la cuenca desde sus posiciones en, muestra
claramente esta carencia de antecedentes.
Actualmente ya es de conocimiento
público que Ventarrón y Collud y el de Sarpán fueron, en su
tiempo, desarrollos de los Cupisnique en Lambayeque y que sus sucesores
fueron los Virú - Gallinazo a los que posteriormente se superpusieron los mochica.
Si bien es cierto que hace falta
corroborar que la organización ancestral y esencial del Ayllu, vigente desde
el semi sedentarismo, la religión,
la vocación belicista y otras tradiciones de origen Sechín y Cupisnique,
pudieran ser componentes de la amalgama social que vinculó la contemporaneidad
de los Virú – Gallinazo y los Moche durante el Formativo Final y el Periodo de
Desarrollos Regionales, las modernas técnicas de fechado de material antiguo
por termoluminiscencia (además del radiocarbono), los análisis de residuos
orgánicos en vestigios, de la microbiología capturada en un sitio, del ADN mitocondrial de restos antiguos de
los distintos pueblos de la costa norte, tal vez pudieran demostrar si se trató
de la misma gente, de sus descendientes, o de distintos grupos que pudieron
haber llegado al territorio desde diversos puntos a pie o por mar.
Restos de uno de los muros de Huaca Gallinazo, valle de Virú, uno de los lugres de
detección temprana de la cerámica en negativo Virú - Gallinazo.
El descubridor de la cultura Virú – Gallinazo (solo
como Virú), fue el arqueólogo Rafael Larco Hoyle, uno de los principales
investigadores de la prehistoria de la costa norte, contemporáneo de Julio C.
Tello.
En 1933, al excavar una tumba en la Pampa de
los Cocos, cerca de las huacas del Sol y la Luna, en la zona media
del valle del Moche, Larco halló tiestos en forma de vasos con pintura
negativa (es decir, de color negruzco) estilo que, por entonces, se atribuía a
la Cultura Recuay, del Callejón de Huaylas.
Después, ya en el valle del río Virú, Larco
encontró la misma cerámica, pero en numerosas tumbas y en abundante cantidad.
La estudió mejor y aunque sabía que ese estilo alfarero había sido ubicado
también en Ancash, Paracas y Huancayo, sin que se supiera su
preciso lugar de origen, considerando las particularidades de otros indicadores
de los contextos funerarios abiertos, como la indumentaria, las armas, el arte
orfebre y el culto de los muertos de la población representada, concluyó que
dichos vestigios correspondían a una nueva cultura: la cultura Virú,
pero no hizo ningún anuncio.
Pieza botelliforme con asa-puente, Virú Gallinazo negativa
Tres años después de los hallazgos de Larco
y antes de que él divulgara el nombre de cultura Viru, en 1936, el
arqueólogo Wendell Bennett, durante sus excavaciones en “Huaca
Gallinazo”, ubicada en la parte baja del valle de Virú, también recuperó
singulares ceramios con pintura negativa y, al igual que Larco, los asoció a
una nueva cultura arqueológica a la que llamó cultura Gallinazo, usando
el topónimo del sitio de su hallazgo. De eso viene entonces el doble nombre de
tal cultura, a la que, en adelante, en este trabajo, denominaremos Virú –
Gallinazo, para consolidar su plena identificación. Sobre la base de sus
estudios en Huaca Gallinazo, Bennet dividió el desarrollo de la
sociedad Virú – Gallinazo en las etapas, Temprana, Media y Tardía.
Larco atribuyó a Virú tres etapas de
desarrollo: i) «Evolutivo», sobre su origen, del cual aceptó no
saber nada; ii) «Auge», posterior a Cupisnique, coetánea con los
comienzos de Mochica y iii) «Decadente», a la cual
equivocadamente señala como sobreviviente hasta la dominación Tiahuanaco, cuando
hoy se sabe que se trató de la dominación del imperio Wari.
De esta periodicidad, Larco concluyó que las
culturas Cupisnique, Salinar y Virú contribuyeron con elemento culturales al
surgimiento de Mochica.
Pero, menospreció a Virú, tildándola de
no ser parte de los “pueblos de gran expansión”. Sí reconoció su gran
independencia que le permitió mantener su religión, sus costumbres y sus artes,
a pesar de haber sido dominada por otros pueblos.
Entre 1945 y 1948, Larco Hoyle clasificó a la evidencia alfarera hallada en Huaca Gallinazo, como perteneciente a las etapas «evolutiva» y «auge» de la cerámica Virú - Gallinazo, atribuyendo la que encontró después en contextos funerarios del valle de Chicama, a su etapa «decadente».
Pero, en Chicama, Larco se sorprendió cuando
comprobó que las tumbas Virú se sobreponían a las de la extinta sociedad Cupisnique
y que eran contemporáneas con las sepulturas de Salinar. También se sorprendió
cuando en la falda del cerro Santa Ana halló tumbas que contenían tiestos
del estilo Virú – Gallinazo de los pobladores del valle de Chicama, junto a
ceramios del estilo de la etapa Moche I.
Todo esto le indició a Larco un cierto nivel de
relación entre los pueblos Salinar, Virú – Gallinazo y Mochica, pues, por deducción
simple, parece que en Chicama habría ocurrido que los estilos
alfareros Salinar y Virú - Gallinazo reemplazaron a la antigua tradición Cupisnique,
pero mientras Salinar se extinguió, Virú – Gallinazo siguió vigente como
contemporáneo con Moche I.
Es posible que Larco Hoyle, llevado por su
innegable admiración y deslumbramiento respecto al poderío, la parafernalia y
la fanfarria mochica concluyera que los Virú – Gallinazo sucumbieron ante su
portentosa emergencia y no profundizó su análisis sobre esta singular
contemporaneidad temprana entre ambas culturas.
Otro aporte temprano fue el de los
arqueólogos Strong y Evans, en 1952. Con sus excavaciones en Huaca
Gallinazo documentaron estratigráficamente que en ese lugar la cerámica
estilo Virú - Gallinazo desplazó a la alfarería Salinar en el valle de
Virú, durante el siglo I d.C., según fechados radiocarbónicos de sus colegas M.
West y R. Watson.
Como ha
ocurrido con las demás culturas, “el descubrimiento” de Gallinazo – Virú se
refiere, fundamentalmente, a la ocasión del primer hallazgo de su cerámica y
otros vestigios por los arqueólogos; pero, fundamentalmente a la aplicación de
la ecuación arqueológica:
Nueva
cerámica = nueva cultura.
Actualmente
este raciocinio, es considerado insuficiente, por lo que está en revisión.
En el
caso específico de Virú - Gallinazo, a lo que permitió “leer” su alfarería se
han añadido contenidos de su arquitectura, modo de construcción, su agricultura y
crianzas, su textilería, metalurgia y orfebrería, su religión y su tradición
funeraria.
I.2 Tipología
antropomorfa
Según
Larco Hoyle, los de Virú tenían una osamenta de apariencia menos vigorosa que
la de los mochica, de los salinar y de los cupisnique; y su estatura fue menor.
Es decir, eran los menos dotados de la familia. No halló uniformidad en los cráneos.
Los tenían braquicéfalos, mesocéfalos y dolicocéfalos.
Tampoco tenían
deformaciones craneanas uniformes, aunque se realizaban deformaciones tabulares
en la parte superior del occipital, como si hubieran intentado hacerse una
deformación tabular erecta, la que se presenta más o menos perfecta en los
braquicéfalos, pero imperfecta en los dolicocéfalos por la fuerte protuberancia
que estos cráneos tienen en el occipital.
II.
TERRITORIO
La data actual indica que, entre los años 100 y 400 d.C. Virú - Gallinazo se extendió a casi toda la costa norte peruana, desde Casma, en el sur, hasta el valle de La Leche, en el norte, en Lambayeque, siendo probable que también haya penetrado en Piura. Téngase en cuenta que se trató de un territorio casi similar al de su contemporánea Mochica.
II.1 Principales
asentamientos conocidos
El
conocimiento actual de esta singular evolución social señala que, en los valles
del sur de la costa norcentral ̶ Virú, Chicama, Moche, Santa y Casma ̶ , los centros principales o ciudades
capitales Virú – Gallinazo, fueron:
º
Huaca Gallinazo, en su periodo temprano.
º
Huaca Ai Apaec o Santa Clara, cuando convivieron
con los mochicas y,
º
El Castillo de Tomaval, en su etapa tardía.
No
obstante, la gran Huaca Gallinazo llegó a ser el sitio que concentró la
mayor población durante esa época prehistórica.
Por el
norte, Virú - Gallinazo extendió su vigencia hacia el valle de Jequetepeque en
la actual región La Libertad, a los valles de la región Lambayeque
y, probablemente hasta el sur de Piura
En el área al norte de Virú, los sitios más importantes fueron:
º
Cerro Sajino, valle de La Leche, Lambayeque.
º
Huaca 31 de Pacatnamú, en el valle de
Jequetepeque, departamento de La Libertad.
º
Huaca Soledad, en el valle de La Leche, Lambayeque.
º
Huaca del Pueblo, en Batán Grande, Lambayeque.
Ahora bien, veamos algunas referencias de acontecimientos del contexto territorial y temporal dentro del cual se enmarcó el probable surgimiento de los Virú – Gallinazo, el año 200 a.C.
II.2 Referencias
de acontecimientos del contexto territorial
y temporal del surgimiento de Virú - Gallinazo
1.
La disolución de la teocracia Chavín de Huántar, que se habría
iniciado el año 575 a.C. y que, según el arqueólogo Jhon Rick, termino cerca de cien años
después, cuando Chavín dejó de funcionar como templo o centro ceremonial de
culto hacia el año 470 a.C., al ser invadido por los incipientes e incultos
Recuay, quienes ocuparon el sitio y casi lo convirtieron en un muladar.
2.
El
surgimiento, desarrollo de la sociedad o cultura Vicús, en la margen
izquierda del río Chira – Piura, hoy región Piura, desde aproximadamente el año
500 a.C. al 500 d.C. - Un milenio
3.
La extinción de la cultura Cupisnique, establecida por un
consenso arqueológico (2015), en el año 175 a.C. proceso que empezó casi
paralelamente con el tramo de la extinción de Chavín.
4.
El
surgimiento de la sociedad Salinar, en los valles de Chicama,
Virú y Moche de la hoy región La Libertad, aproximadamente en el año 500 a.C.,
en pleno proceso de decadencia de la teocracia Chavín y la disgregación
final de la sociedad Cupisnique.
5.
El apogeo de la sociedad o cultura Pukará, en la actual región
Puno, del año 200 a.C. al 400 d.C. (600 años) sub periodo Formativo Final.
6.
El
surgimiento de la sociedad o cultura Huarpa en el año 200 a.C. y su
desarrollo en las actuales regiones de Ayacucho y Huancavelica, hasta el 500
d.C.
7.
El
desarrollo de la cultura Lima, a partir del año 100 d.C.
8.
El
surgimiento de la sociedad o cultura Mochica, durante el primer siglo d.C.,
casi en el mismo territorio de los Viru – Gallinazo, en pleno periodo de gran
expansión y desarrollo de éstos últimos.
9.
La
consolidación de la sociedad o cultura Recuay (Huaylas o Santa) en el
actual departamento de Áncash entre los años 100 a. C. hasta los 700 d. C.
10.
El
final de la sociedad Paracas, en la costa sur central, hoy región Ica,
aproximadamente en el año 170 d.C. y su conversión, mutación o avance a la
sociedad Topará.
Crisis general
Como se ve de este
cuadro cronológico - territorial, los siglos finales de milenio antes de
nuestra era, fue un tiempo de convulsión política, social y económica, a raíz
de la decadencia y desaparición de las sociedades Chavín y Cupisnique.
Un tiempo de crisis
general, incertidumbre y reacomodos organizativos, de supresión y renovación de
ideologías, de políticas y de la religión, de transformación de usos y
costumbres cotidianas para asegurarse la vida diaria, tanto en la costa y la
sierra central norte, en la costa central (tomando como centro los valles de
los ríos Chillón, Rímac y Lurín), como en la costa y sierra sur cercanas (Ica,
Huancavelica, Ayacucho) y la Meseta del Collao.
II.3 El Ayllu, la
argamasa social
Sin embargo, si bien
fue una época de cambios intensos, estamos seguros de que, en medio de la
trifulca, la desestabilización del presente y la falta de rumbo cierto hacia el
futuro, hubo factores sociales y económicos de vinculación temprana que mantuvieron
la cohesión en la base de los grupos sociales afincados en aldeas o junto a edificios
ceremoniales en cada valle o conjuntos de valles. Esta cohesión abarcó en
algunos casos a los pueblos asentados en las partes bajas, medias y altas hasta
a los posesionados en las cuencas y las planicies netamente altoandinas.
Esa unidad básica
social y territorial, fue el Ayllu, la argamasa social que hizo posible
la recomposición y continuidad del fragmentado mundo. Otros factores fueron, sin
duda: la religión, la agricultura y su demanda de mejor riego, la crianza,
la cerámica en proceso de embellecimiento y la orfebrería orientada al relumbre
y cuidado personal, a partir del cobre, el bronce, la plata y el oro, cada
vez con mayor vocación estética y de lucimiento de rango y cargo, así como la
actividad constructiva, por entonces determinada por el recrudecimiento de la
guerra.
El ayllu desde la noche
de los tiempos
El Ayllu
surgió como una mejora sustancial de la organización social de los
grupos líticos, es decir de las hordas o bandas de hasta veinte
individuos nómades, cazadores, pescadores y recolectores, cuando llegaron al
semi sedentarismo para domesticar plantas y animales. Esta fase evolutiva, se
produjo primero, en la región norcentral transversal del actual Perú, en el
tránsito entre la segunda mitad del periodo Arcaico (precerámico) y la
primera mitad del subsiguiente Periodo Formativo (cerámico)
Se cree que el Ayllu fue introducido entre los primeros nómades americanos por otras oleadas de migrantes asiáticos, de Australia y de Oceanía, por lo que, tal vez, el origen de este modelo social proceda en realidad de algunos de esos tres lugares.
¿Qué es el Ayllu?
Sobre el
Ayllu, en su obra, “Bosquejo de la historia económica del Perú– Banco Central
de Reserva del Perú”,
- BCR, 2019, el
economista César Antonio Ugarte anota que, principalmente renombrados
sociólogos extranjeros reconocen la gran antigüedad del Ayllu andino y algunos
lo comparan con la gens romana. Pero hay escases de información sobre
esta institución, pues su estudio solo abarca al ayllu incaico, sobre el cual
propone la siguiente definición:
“El «ayllu» era la unidad económico-social de
la que se componía la tribu. Se caracterizaba por la explotación común de la
tierra o por un vínculo de consanguinidad real o ficticio. Los datos recogidos
por las informaciones coloniales demuestran claramente la existencia del Ayllu
preincaico”.
La Federación de Ayllus y Comunidades de la
Provincia de Ingavi (FACOPI), de
Bolivia, lo define así: “Entendemos por ayllu a un grupo de familias
circunscritas a un territorio, unidas por lazos de parentesco, relacionadas
entre sí por un idioma común, la realización de trabajos colectivos y por tener
una religión propia (…) El gobierno en nuestros ayllus, está conformado por las
autoridades originarias: Mallku, jilaqata, kamana, surgidos
del seno del ayllu, con facultades de mando, para un período determinado”.
Wikipedia, dice: “Un ayllu (en Bolivia
y el Perú), o aíllo (en Chile) — del quechua ayllu—, es una forma tradicional de comunidad social originaria de la región
andina, especialmente entre los aimaras y quechuas. El ayllu era un grupo
de familias que se consideraba descendiente de un lejano antepasado común, con
un territorio con límites precisos”.
Guido Mendoza Fantinato, en su artículo, “Los ayllus y los orígenes de la civilización andina”, ensaya esta
definición: “El ayllu es una organización social o
conjunto de personas unidas por antecesores comunes, ubicados en el mismo
territorio, que trabajan la tierra individual y comunalmente, que tienen los
mismos dioses, el mismo dialecto y las mismas normas morales, usos y
costumbres. La pérdida de la membresía – el castigo andino más temido durante
milenios – equivalía a un duro ostracismo y, en los hechos, a una pena de
muerte”.
Guillermo Lumbreras, en “Los
orígenes de la sociedad andina”, texto de apertura del libro BCR – IEP,
“Compendio de
historia económica del Perú – Tomo I, Economía pre hispánica”, dice que en el Ayllu, como en cualquier grupo de parentesco, ser miembro no es tanto un
título de afinidad o de consanguinidad, sino más bien de adscripción a una
serie de derechos y deberes que establecen términos de seguridad patrimonial y
de sobrevivencia. Un contexto en el que la expulsión de un miembro, o no ser
reconocido como parte de ella, era equivalente a una pena de muerte.
En uno de los focos del Ayllu, los departamentos de La Libertad, Ancash y Lima, durante el quinto y entrando al cuarto milenio adp., la agricultura con riego por gravedad incorporó a trabajadores del campo y a otros de ramas tecnológicas afines, entre ellos a arquitectos, constructores, artesanos, artistas, astrónomos y brujos. Todo lo anterior configuró el surgimiento de la primera civilización en todo el Nuevo Mundo, al empuje de los SECHIN, los MARAÑON, los CUPISNIQUE y LOS CARAL, entre quienes, aunque con data escaza, fragmentada y soI. EL NINGUNEO HISTÓRICO HACIA LOS VIRÚ - GALLINAZO
Los investigadores Izumi Shimada y Adriana Maguiña, en su trabajo, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura
Moche, (enmarcado en el
conjunto de las nuevas investigaciones correctivas de la historia de Virú – Gallinazo), remarcan
que los arqueólogos y hasta el público general ha ninguneado, ignorado y
desdeñado a la cultura Virú - Gallinazo, a pesar de que fue ubicada muy
tempranamente en la década de los treinta sin que importara mucho, además, el extenso territorio que ocupó, sus
construcciones monumentales y su gran sistema de irrigación que le dio una alta
productividad agrícola.
En concreto, el interés en esta sociedad fue
opacado por el gran atractivo que generó el hallazgo casi contemporáneo de la
cultura Mochica. Atractivo justificado por la alta calidad de su cerámica ceremonial y
de culto de sus élites, su textilería, su avanzada metalurgia y orfebrería que
produjo objetos de cobre y oro para rituales y lucimiento de altos rangos de
mejor calidad artística e industrial, a lo que se sumó su superioridad bélica
que le habría permitido apoderarse de gran parte del territorio de los
viruñenses.
Por estas
equívocas razones, los Virú – Gallinazo, fueron considerados casi unánimemente
como un pueblo atrasado, débil, perdedor, sin mucha importancia en nuestra
historia como país.
II.
LA SUPUESTA INVASIÓN MOCHE A LOS VIRÚ - GALLINAZO
Sobre este controvertido tema, los autores
Shimada y Maguiña creen que, si bien la muestra del material Virú- Gallinazo
recuperada por el Proyecto arqueológico Valle Virú hasta la década de
los cincuenta fue importante, así como también los hallazgos cruciales en
materia de logros organizativos de la época, durante la mesa redonda
arqueológica de Chiclín, en 1946, ocurrió un hecho que sorprendió a todos y
paulatinamente, generó serias dudas que hoy se han convertido en el tema de un
gran debate científico aún no resuelto.
El arqueólogo James Ford dio cuenta en
Chiclín que la cerámica fina hallada en el valle Virú, a la que nombró como
“Huancaco Decorado” se caracteriza por las típicas vasijas “blanco sobre
rojo” y por los “huacos retratos”, tipos muy representativos de la cerámica que
Larco designó como «mochica».
Por consiguiente, con su interpretación
“histórico cultural”, Ford sostuvo que los Mochicas llegaron a Virú con un
estilo cerámico maduro – el Mochica fase III–, con el que reemplazaron abruptamente
al culto funerario Virú – Gallinazo.
Entonces, inspirado por las teorías de
Larco, concluyó que este proceso de reemplazo habría sido el resultado de una
conquista militar del valle de Virú por parte de los mochicas. Pero, el mismo
Ford anotó también casi contradiciéndose así mismo que, tras el impacto de la
invasión mochica, la producción de la cerámica utilitaria Virú – Gallinazo
continuó con pocos cambios.
Larco, quien en esa ocasión presentó al mundo
los resultados generales de sus estudios de las culturas de la costa norcentral
del Perú, ya había esbozado la teoría de la conquista de los Virú – Gallinazo
por parte de los mochica. Por tanto, según
el investigador Israel Tinoco Cano, el cónclave arqueológico de
Chiclín llegó a dos significativas conclusiones:
i)
Quedó
determinada la posición cronológica anterior de la Cultura Virú con
respecto a la Cultura Mochica;
ii)
Fue
validada la tesis de Larco respecto a la conquista militar del valle de Virú,
por parte de la Cultura Mochica.
Por otra parte, el arqueólogo Gordón Willey,
quien fue el acumulador de todo el material generado por el Proyecto Virú, en 1953
reforzó la conclusión de Ford respecto a que el reemplazo total de la cerámica
funeraria Virú -Gallinazo por vasijas Mochica, además de un cambio cultural, indicaba
claramente la expansión de los Mochica hacia Virú en su camino hacia el sur de
la Libertad y la costa ancashina y más. Esta reafirmación del belicismo mochica
pareció confirmar plenamente la hipótesis de Larco de 1938 sobre la conquista
militar de Virú por parte de los mochicas, más de diez años después.
Pero, como también anota Tinoco, actualmente, estas y otras conclusiones sobre la Cultura Mochica y su relación con la Cultura Virú – Gallinazo que fueron consideradas irrefutables durante medio siglo, están ahora en proceso de replanteamiento sobre la acumulación de nuevos hallazgos arqueológicos en las últimas décadas que delinean un panorama completamente distinto, no solo respecto a los orígenes de Moche sino también al entendimiento de su desarrollo histórico, político y cultural.
Restos de los muros que protegían al Centro Administrativo y
Ceremonial de Huancacao de la Cultura Virú Gallinazo.
Sobre la
presencia mochica en el valle de Virú, el investigador Israel Tinoco Cano, de
la Universidad Complutense de Madrid, en su informe, Hacia un nuevo
paradigma de Moche: interpretaciones acerca de la relación entre las
tradiciones culturales Moche y Gallinazo, precisa que
según el Proyecto arqueológico Valle de Virú (1946), durante el periodo
de vigencia de la cerámica mochica, la mayor ocupación mochica en el valle de
Virú, se dio en Huancaco.
Se
trata de un complejo arqueológico, más conocido como «Castillo de Huancaco» que
está a 10 km al suroeste de la ciudad de Virú y a 40 km al sur de las Huacas
del Sol y de la Luna. Sus edificios fueron levantados al pie del Cerro
Castillo, al norte de una cadena montañosa conocida como Compositán, en el lado
sur del valle.
Tinoco Cano anota que Larco calculó que la dominación mochica del valle de Virú debió de iniciarse en la fase Moche III, porque encontró en Virú alfarería de los estilos Mochica III y IV.
Huancaco fue un gran conjunto
de plataformas ceremoniales y recintos residenciales, similar a las grandes
huacas mochicas de los valles de Chicama y Moche. En este sitio, el arqueólogo James
Ford recuperó cerámica fina como vasijas “blanco sobre rojo” y “huacos
retratos”, de la cerámica Mochica III, la que, según se creyó en el marco del
Proyecto Virú, reemplazó abruptamente a la cerámica Virú, por la conquista del
valle de Virú por parte de los mochicas.
El sitio Virú,
Huaca de la Cruz, también habría sido tomado tardíamente por los
mochica, pues, en su última fase constructiva fueron hallados numerosos
fragmentos alfareros del estilo mochica “Huancaco Decorado”.
Pero,
según Tinoco, si bien esta cerámica reemplazó totalmente a la cerámica negativa
del Periodo Virú - Gallinazo, en algunos casos, los estilos decorativos de esta
cultura se mezclaron con el de los conquistadores mochicas e, incluso,
persistieron durante el siguiente periodo cultural Tomaval, ya con
influencia Wari.
Al respecto, los arqueólogos Duncan Strong y Clifford Evans, anotaron que la cerámica utilitaria Virú - Gallinazo no tuvo un marcado cambio durante el periodo Huancaco, lo que indicaría una continuidad en las costumbres y cultura popular durante el tiempo de influencia o gobierno mochica, situación que plantea más preguntas que respuestas sobre el tema de la coetaneidad entre Virú – Gallinazo y la entidad Mochica del Sur.lo contados estudiosos, surgió el Ayllu. Es absolutamente imposible que la primigenia organización de la horda o banda haya servido de base para la arquitectura y la construcción monumental temprana y para el trazo y la construcción de los primeros y cada vez extensos canales de riego por gravedad.
FIN
DE LA PARTE UNO, DE TRES









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