LA CULTURA VIRÚ – GALLINAZO
SEGUNDA PARTE
¿COMPETIDORA O VASALLA DE LA
CULTURA MOCHICA?
Del 200 a.C. al 600 d.C. Formativo
Final Costa Norte
Auge: a partir del 100 a.C.
I.
LA EXPANSIÓN VIRÚ-GALLINAZO
Examinemos ahora el trabajo de Izumi Shimada y Adriana Maguiña ya citado, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura Moche, sobre el recorrido de la gran expansión de la cultura Virú – Gallinazo, hacia el sur y norte de su lugar de origen, como una de las principales contradicciones arqueológicas al inmerecido ninguneo, desdén y desprecio de Larco Hoyle hacia ese pueblo.
RUTA
AL SUR
IV.1 Hacia
el valle de Moche
Los arqueólogos han hallado sitios Virú – Gallinazo en todo el valle de Moche, principalmente en su zona media, en la margen sur, como también se ubicó su precedente Salinar. El sitio Virú - Gallinazo más grande en esta orilla de la cuenca es Cerro Orejas, con más de 3 kms., en el que hay dos grandes plataformas rectangulares de adobe y numerosas construcciones domésticas con mamposterías aglutinadas.
el principal asentamiento Virú - Gallinazo, después de su ocupación Salinar.
Foto: Programa de TV "Peruanazos".
Los Virú
– Gallinazo extendieron el canal madre de la margen sur que proveía a Cerro
Arena durante la cultura Salinar, hasta cerca de Cerro Blanco,
desde donde se domina el asentamiento Moche.
Los arqueólogos casi están seguros de que los Virú - Gallinazo ocuparon Cerro Blanco, después de los Salinar y antes que los Mochica. Hastings y Moseley sospechan desde 1975 que también el núcleo estructural de la Huaca de la Luna de los Mochicas fue construido por los Virú – Gallinazo.
ocupaciones culturales, hasta donde los Virú - Gallinazo extendieron
el gran canal de riego de la margen del sur.
Shimada y Maguiña anotan que el Proyecto de investigación Moche - Chan Chan (1969–1974) enfatizó el tema del ataque de los moches contra los Virú – Gallinazo, al mostrar que los mochica consolidaron su poder conquistando sus asentamientos en todo el valle de Moche.
IV.2 Hacia el valle del Santa
Las
prospecciones muestran que el patrón de asentamiento Virú – Gallinazo cambió en
el valle del Santa hacia la parte baja, durante la fase evolutiva local,
llamada Suchimancillo Temprano, equivalente a Virú - Gallinazo Temprano
y Medio, durante la cual en El Santa hubo irrigación a gran escala, con un aumento
de la población, equivalente a 2.5 veces respecto a la cantidad de habitantes
de la fase local anterior.
En 1988, el arqueólogo Wilson registró 42 ciudadelas y otros sitios defensivos menores en todo el valle, hecho indicador de que la guerra, aunque no se sepa contra quién, era el mayor problema regional. Además, la numerosa cerámica tipo caolín y Blanco – Rojo - Anaranjado, señala contactos con gente del adyacente Callejón de Huaylas, sin que se precise si se trata de los Recuay, pero, además, los vestigios de corrales de llamas, son señales de una intensa relación costa - sierra.
Durante
la fase local Suchimancillo Tardío = Virú - Gallinazo Tardío, en
vísperas de la intrusión Mochica de la fase Moche III, se estima que El
Santa tenía unos 30,000 habitantes distribuidos en 153 sitios registrados, entre
ellos siete centros cívico - ceremoniales, organizados según cuatro niveles de
jerarquía. Debido a la inexistencia de un gran centro ceremonial monumental que
expresara un poder central y la unidad del valle, se cree que su estructura
político-social estaba formada por curacazgos pares entre sí, cada uno de los
cuales dirigía un cierto número de ayllus.
El patrón previo de asentamiento de los valles de Virú y Santa, sugiere que la invasión y ocupación durante la fase Moche III reorganizó a la población Virú - Gallinazo en asentamientos más grandes, pero menos numerosos, ubicados en puntos estratégicos para el control del sistema de irrigación, de los campos de cultivo y el tráfico de gentes y bienes norte-sur.
IV.3 Hacia
los valles de Nepeña y Casma.
Nadie aún
tiene clara la presunta ocupación Virú -Gallinazo en el valle de Nepeña,
en el norte del actual departamento de Ancash. En 1985, Daggett no halló
ningún vestigio. Eso hizo que Shimada y Maguiña especulen que tal vez el valle
estaba controlado en aquel tiempo por un grupo étnico serrano o cisandino no
relacionado con los Virú – Gallinazo.
La única
pista Virú Gallinazo fue hallada en el adyacente valle de Casma, donde una
reciente prospección de superficie de asentamientos, además de sitios Moche III
y IV, encontró vestigios de cerámica y técnicas decorativas como el negativo
pintado de negro sobre naranja, considerados como "diagnósticos claramente
relacionados con Virú - Gallinazo", ya registrados también en los valles
de El Santa y Virú. Esto, empero, pudiera significar también solo el amplio
intercambio hacia el sur de la cerámica Virú – Gallinazo, más no una ocupación
firme del territorio.
Los
asentamientos asociados de los sectores medio y alto de Casma, estuvieron
fuertemente agrupados e incluyen 24 fortalezas, lo cual sugiere su importante
participación en la guerra sin que se sepa contra quién. Los sitios muestran
poca diferencia en tamaño. Sólo uno es suficientemente grande, de arquitectura
compleja, como para considerarlo un posible centro local o regional.
Hasta aquí Shimada y Maguiña dicen que los trabajos del Proyecto del Valle Virú, enfatizaron que, tras la invasión Mochica, la cultura Virú -Gallinazo desapareció sin dejar rastros consistentes, aplicando el criterio simplista de que una nueva cerámica equivale a una nueva cultura.
No obstante, según James Ford, es posible que, a pesar de la pérdida de su poder y autonomía en el valle de Virú, sus pobladores continuaran produciendo su cerámica utilitaria aún durante el predominio Mochica. En 1948, el arqueólogo Newman, aunque sobre una muestra pequeña, realizó estudios osteológicos que indican que hubo una continuidad biológica en la población sugiriendo que se trató de una etnia (conjunto de ayllus muy unidos por diversos factores) que supo integrarse a la entidad multiétnica mayor de los moches.
RUTA
HACIA EL NORTE
IV.4 Hacia
el valle de Jequetepeque, La Libertad
En el
valle de Jequetepeque (zona norte del actual departamento de La Libertad y
parte de Cajamarca), el arqueólogo alemán, Ubbelohde Doering, en una
gran terraza de la Huaca 31 del sitio Pacatnamú encontró vasijas
funerarias de las que dio cuenta en 1967, atribuyéndoles un fechado
radiocarbónico del 485 d.C., con una probable variación de 50 a 100 años y
definió que en ese lapso la población usaba, tanto la cerámica Virú – Gallinazo
como la Mochica, para ofrendas funerarias.
Jequetepeque, otra ocupación de los Virú - Gallinazo.
Se trata
de cántaros no engobados con toscas grabaciones de rostros humanos hechas
mediante incisiones, punciones y pellizcado. También recuperó cerámica en
negativo.
Sin
embargo, Doering precisó que en las tumbas del lugar halló mucho más
cerámica Virú-Gallinazo y pocas piezas de la alfarería mochica clásica, acompañadas
de telas de puro estilo moche, de lo cual dedujo que pudieron proceder de otro
lugar o ser el resultado de una pequeña intrusión de los moches en la zona. También
concluye que la gran terraza de la Huaca 31 y sus hallazgos es obra Virú –
Gallinazo, pues sus adobes son similares a los de Huaca Gallinazo, en el valle de
Virú.
En la
margen sur del río Jequetepeque, hacia el Este, en la zona de Tecapa – Jatanca,
también fueron halladas piezas cerámicas y construcciones Virú –
Gallinazo.
Por todo lo anterior, Shimada y Maguiña, creen que tales hallazgos son indicios de que entre las poblaciones Virú – Gallinazo y Mochica del norte, hubo una relación menos beligerante respecto a lo que habría ocurrido en la parte sureña de la costa norte, a tal punto de que la tradición estilística y la etnicidad Virú - Gallinazo persistieron hasta el período Moche V.
IV.5 Hacia
Lambayeque
Shimada y Maguiña afirman que, correspondientes a los cuatro primeros siglos d.C., en el territorio de Lambayeque solo hallaron indicios de ocho sitios Virú – Gallinazo dispersos en la zona media del valle de río Chancay, llamado también Lambayeque, los cuales contenían vestigios de cerámica utilitaria de esa cultura y estaban ubicados en la margen norte, entre La Puntilla y Pátapo. Nada hay hacia los Andes. Esto contrasta con las notables ocupaciones correspondientes a Moche Temprano en las partes medias del mismo valle Chancay - Lambayeque y del valle del Zaña, en particular en los alrededores de Sipán y Santa Rosa, en donde el río Chancay da origen a un ramal llamado el río Reque.
Lambayeque y sus vecinos (Gráfico de Shimada)
Al sur de
este río, en 1975, cerca de Sipán, en cementerios muy saqueados, ubicados en la
base de Cerro Blanco, Shimada y Maguiña recuperaron una considerable
cantidad de cerámica Virú – Gallinazo y Mochica temprano. Fue notable el
conjunto de cántaros con cuello no engobado, con caras humanas incisas.
Shimada y
Maguiña citan al arqueólogo Rodríguez, cuando dice que Cerro Ventarrón,
que domina Colluz, al suroeste del pueblo de Pomalca, representó la ocupación
Mochica más occidental en el valle, en las fases moche IV y V. Además,
Rodríguez afirma que cree que un pueblo contemporáneo de la zona baja del valle
(No menciona para nada a los Virú – Gallinazo) impidió la expansión de los
mochicas hacia el mar. No obstante, el mismo Rodríguez anota que Colluz,
con su construcción mayor de plataformas de adobe, asociada a cerámica Virú – Gallinazo,
habría sido un centro religioso - político.
Shimada y Maguiña dicen que saben muy poco acerca de la ocupación Gallinazo - Virú en el valle bajo de Chancay - Lambayeque, de tal manera que el conocimiento de los logros materiales y organizativos, así como sobre la extensión y densidad de la ocupación de esta cuenca por esta cultura, es opaca en comparación con lo documentado de esas materias en los valles de Virú, Santa y La Leche, en el cual encontraron la ocupación más intensa y los logros más notables de los Virú – Gallinazo, en toda la costa norte aunque, paradójicamente, los vestigios de esta cuenca no siempre ha formado parte de las discusiones sobre dicha la cultura.
IV.6 Hacia
el valle del río La Leche.
río La Leche, en la actual región Lambayeque.
Cerro
Tambo Real, Paredones y Huaca Letrada
En cerro Tambo
Real están los restos de la ciudadela Paredones y de su centro
ceremonial, el Complejo Huaca Letrada. Este lugar, por su dimensión y
características, es considerado por Shimada y Maguiña como el centro político y
administrativo Virú – Gallinazo en el valle de La Leche, con una prologada
ocupación que se deduce de la gran cantidad de excremento de llamas depositado
en corrales.
Huaca Letrada está formada por edificios en forma de U, hechos con adobes estilo Virú – Gallinazo de las etapas media y tardía de este pueblo. La abertura de la U apunta hacia el norte y estaba flanqueada por zonas residenciales en las faldas del cerro Tambo Real, en donde se encontró gran cantidad de cerámica de los estilos castillo modelado y castillo inciso y cántaros cara – gollete.
Cerro
Sajino
No
obstante, los investigadores creen que fue en Cerro Sajino donde se dio
la más extensiva ocupación Gallinazo - Virú, en torno a edificios monumentales
y plataformas, particularmente a lo largo de falda sur. Esta área fue, aparentemente,
irrigada por el principal canal de riego del área.
Cerro
Sajino,
ubicado en el extremo norte de la Pampa de Chaparrí, fue importante,
pues permitía a los Virú - Gallinazo controlar el canal madre, los campos
agrícolas adyacentes, así como del tráfico norte - sur través a de la pampa. En
el lugar hay terrazas de piedra y cerámica utilitaria Virú – Gallinazo,
mampostería de viviendas, restos de talleres de fundición de cobre arsenical
que tuvieron vigencia desde la ocupación Virú – Gallinazo hasta el tiempo
posterior a la cultura Sicán.
La cima
del cerro fue nivelada para la construcción de residencias en las que se
encontró cerámica Virú – Gallinazo, así como un almacén de granos, en el que se
halló maíz intacto pero carbonizado. De una viga de madera carbonizada se
obtuvo el fechado calibrado: 360+ - 50 d.C., correspondiente al Periodo de
Desarrollos Regionales.
Otros cerros del valle de La Leche, con importantes vestigios Virú – Gallinazo son: Cerro Huaringa (cerámica utilitaria y fundición de cobre arsenical), Cerro La Calera (gran número de vestigios de viviendas resguardadas por muros concéntricos que constituyen una ciudadela fortificada que fue ocupada sucesivamente por todas las culturas del norte, según los vestigios hallados), Cerro Vichayal (en la margen norte del valle de La Leche, donde hay vestigios de viviendas sobre plataformas de piedra, con restos de cerámica utilitaria Virú – Gallinazo y los rastros de una mina de cobre, sin restos de artefactos para fundición.
Huaca
La Merced, en el valle de la Leche (distrito de Pítipo, provincia de Ferreñafe,
región Lambayeque)
Siempre en el valle de la Leche, en 1991, Shimada y Maguiña, excavaron en dos áreas de Huaca La Merced, ubicada en el Centro Arqueológico de Batan Grande en busca de evidencias de la relación Virú – Gallinazo y Mochica, en el norte. Encontraron que en esas secciones las cerámicas Virú – Gallinazo tardío y la Moche III, se encuentran en los mismos contextos.
De Virú –
Gallinazo, recuperaron ollas de distintos diseños, pero similares a las
halladas en el cerro Tambo Real, en su Huaca Letrada.
De Moche,
hallaron cántaros tipo huacos retratos “cara – gollete”, figurinas simples,
fragmentos de cántaros globulares con diseños de blanco sobre rojo, cinco
fragmentos de ollas ralladores, fragmentos pulidos de probables cuencos y de
asas estribo y otros vestigios.
Por las malas
condiciones del entorno, la excavación no permitió confirmar que en el sitio
operó un taller de cerámica que podía ejecutar todas las fases de la cadena
productiva. Solo queda la sospecha de eso y que su oferta se circunscribía solo
a cubrir las necesidades de la gente de la huaca.
En lo
alto del edificio II de la huaca, los autores hallaron cerámica estilo Moche
III mezclada con alfarería negativa y vajilla utilitaria del estilo Virú –
Gallinazo, fase media.
Así
mismo, los autores señalan que la cerámica Mochica en este sitio, además de
vasijas "cara-gollete" de la fase III, incluye fragmentos con pintura
blanca sobre el rojo intenso del engobe, o con tonos de rojo sobre el engobe
crema, piezas escultóricas antropomorfas, botellas con asa estribo, figurinas
botellas con representaciones de animales y en alto relieve (pato, felino).
Esta cerámica Mochica III aparece vinculada directamente a fragmentos menos
abundantes y más "simples" en acabado y decoración de vasijas
cara-gollete estilo Virú - Gallinazo.
Shimada
y Maguiña, resaltan
que, en las capas superiores, de la 26 a la 29, asociadas al piso 11, encontraron
fragmentos de cerámica con decoración negativa, pero de estilo,
acabado y diseños muy finos, en forma de líneas rectas, curvilineales u ondulantes
muy estrechas, puntos, círculos o la combinación de éstos, con superficies bien
pulidas y brillantes. Probablemente los pedazos pertenecieron a piezas cerradas
de paredes bien delgadas, a platos y cuencos muy pulidos con diseños al
interior, de tal modo que el conjunto es coherente con el tipo Virú - Gallinazo
Negativo, del valle de Virú.
II.
NECESIDAD DE UNA NUEVA NARRATIVA HISTORICA
Frente a
los arrestos guerristas de los mochicas contra los pueblos del sur, la nueva
historia ha demostrado que en el extremo norte del territorio costero peruano se
produjo todo lo contrario. Fue una cohabitación, una convivencia entre los Virú
- Gallinazo y los Moche, es decir una interrelación contemporánea diferente.
Esta distinta
interrelación norteña surge de las pruebas arqueológicas que demuestran que
ambos pueblos compartieron estructuras ceremoniales y la producción, tanto
de la cerámica estilo Virú - Gallinazo como Mochica, en los mismos
talleres, tal como sucedió en las huacas La Esperanza (en la zona de
Batán Grande) y Letrada (en el cerro Tambo Real), ambas ubicadas en uno
y otro margen de la zona media del valle de La Leche, en el departamento de
Lambayeque.
Aparentemente,
esta diferente interrelación habría incluido una convivencia o coexistencia
(simbiótica) pacífica, por lo menos, desde Moche I hasta Moche III, lapso
durante el cual la población Virú - Gallinazo local, la simple y la élite, aceptaron
el estilo mochica y sus consecuentes valores y creencias.
No
obstante, los autores precisan que el estilo y el simbolismo Mochica fueron
ejercidos exclusivamente por la élite de ese pueblo mediante el despliegue de
su parafernalia de poder y culto religioso, lo cual se refleja en los contextos
de sus vestigios recuperados, así como en su alta calidad artística y técnica. En
Huaca Esperanza y Huaca Letrada, este criterio surge de las tumbas y de
las estructuras ceremoniales públicas excavadas.
Las muestras de Huaca La Merced están siendo fechadas por radiocarbono y si ya se realizaron los resultados, no han sido difundidos aún.
El tiempo
general que Shimada y Maguiña asignan al escenario de su investigación sobre
Virú – Gallinazo se funda en varios fechados disponibles de Batán Grande, a
saber:
1. Fechado Calibrado de 360± 50 d.C.
obtenido
de una viga de madera carbonizada de un almacén de adobe para guardar maíz,
ubicado en la cima de cerro Sajino, valle de La Leche, Lambayeque.
2.
Fechado Calibrado de 485± 50 a 100 años d.C., extraído de vasijas
funerarias halladas por Ubbelohde Doering, en la Huaca 31 de Pacatnamú,
en el valle de Jequetepeque, departamento de La Libertad.
3. Calibrado de 490± 60 d.C. extraído de un fogón de
Huaca Soledad, en el valle de La Leche, Lambayeque, vinculado
a un entierro extendido y a un cántaro no engobado del estilo Virú – Gallinazo
con decoración de cara por incisión. En la arena que cubre este lugar hay
tiestos Moche IV y V
4. Calibrado de 570± 70 d. C, probable comienzo de la
ocupación Moche IV, obtenido en la base estratigráfica de 5 m. de profundidad
en la Huaca del Pueblo, en Batán Grande, Lambayeque.
Todos
estos fechados radiocarbónicos corresponden al Periodo de Desarrollos
Regionales.
Los autores calculan que en varios lugares del valle de La Leche, la ocupación Virú – Gallinazo fue intensa hasta que comenzó el asentamiento o intrusión mochica, aproximadamente entre los años 450 y 500 d.C., durante la etapa Moche IV, copamiento que se prolongó hasta Moche V.
VI.1 La
marcha y el mazo de los mochicas del sur, hacia el norte
A criterio de Shimada y Maguiña, la hegemonía mochica en el norte, a partir de la etapa Moche IV documentada en Batán Grande, fue solo un componente de un cambio global de la geopolítica de la entidad Mochica del Sur y fue ejecutada físicamente a través del valle medio de Zaña, de las pampas de Cayaltí y del valle medio de Lambayeque, hasta el valle medio de La Leche, es decir por la misma ruta que, después, siguieron, primero, las fuerzas del imperio Wari y luego las del Tahuantinsuyo (el Camino Inca) para dominar el norte.
De manera importante los autores indican que la cerámica mochica asociada con esta intrusión es técnica y estilísticamente homogénea y es difícil diferenciarla de la mochica sureña. La pintura anaranjada y la pasta que caracterizan los cántaros cara-gollete Moche III local, desaparecieron en los valles de Zaña y Lambayeque. Además, el arqueólogo Carlos Elera, recuperó de un piso con restos de un fogón y un muro de adobe, la primera evidencia de la presencia mochica en la costa de Lambayeque, en el pueblo costeño de Puerto Eten: fragmentos de vasijas - efigie modeladas Moche IV temprano y una botella asa estribo. Estos tiestos son similares a la cerámica mochica de los valles sureños Chicama y Moche.
VI.2
La belicista Mochica del Sur y la pacifista Mochica del Norte.
En un
trabajo anterior a su investigación bajo referencia, Shimada consideró que, en
algún momento durante la etapa Moche IV temprana, el alto mando de la
entidad social Mochica del Sur integró exitosamente a la entidad social Mochica
del Norte, supuestamente para establecer una hegemonía real en toda la
costa norte.
Pero, en
su investigación de los noventa, Shimada y Maguiña asumen con firmeza el concepto
de que Mochica del Norte y Mochica del Sur, fueron dos entidades
regionales, las cuales ̶ una con centro en la actual región Lambayeque y la
otra con base en la actual región La Libertad, valles de Chicama y Moche ̶, compartieron
dogmas y simbolismos religiosos y políticos, a los que, en bloque o
conjunto, los arqueólogos han llamado Moche o Mochica.
Y,
precisan que, aunque estas entidades pudieron pertenecer al mismo amplio grupo
étnico o macro etnia, parecen haber sido políticamente autónomas o
independientes durante gran parte de su existencia, de tal modo que Mochica
del Sur se habría vuelto militarista invasivo haciéndose de los valles ubicados
hacia el sur, al menos desde Moche III, mientras que Mochica del Norte,
en cambio, optó por la convivencia pacífica.
En consecuencia, los autores perciben que la aparentemente repentina variación de la ocupación moche durante la etapa IV del desarrollo de esta cultura, en el valle medio de La Leche y la costa de Lambayeque, fue la continuación de la política expansionista de Mochica del Sur. Quizá la consecuencia más grave de esa intromisión fue que la población Virú - Gallinazo fue sometida a una posición de servidumbre para dar fuerza de trabajo, dentro de un nuevo orden socio - político.
Un ejemplo de eso es lo que ocurrió en Pampa Grande, la capital urbana de Moche del Norte, durante la etapa V de esa cultura, a partir aproximadamente del periodo comprendido entre el 550 y el 600 d.C. Los restos de la ciudad están ubicados en la margen norte del cuello del valle del Chancay o Lambayeque y durante su apogeo una quebrada grande (quebrada IV) la dividía en dos partes.
En los vestigios de sus edificios fueron hallados cerámica bícroma Moche V, talleres de producción de bienes suntuarios y almacenes de gran capacidad. La construcción de adobe simbolizó la autoridad central. La sección sur de la ciudad presenta estructuras de vivienda de mampostería, pequeñas, aglutinadas y un conjunto de recintos rectangulares contiguos de mampostería.
La cerámica
fina Mochica de la fase V está presente, pero es rara y está confinada a estos recintos
de mampostería. Son comunes los cántaros cara-gollete no engobados de la
tradición estilística Gallinazo, así como las herramientas de piedra (en contraste
a los comunes implementos de cobre de la margen norte), tales como cuchillos e implementos
agrícolas para quebrar terrones (piedras redondeadas perforadas [clodbusters]).
Estos cántaros
también están en abundancia en la margen norte, en los talleres de artesanos, en
las cocinas en y en las áreas para hacer chicha para los trabajadores y la elite
moche, cuyos miembros eran los supervisores.
En este cuadro, se ve que, al menos parte de la población Virú - Gallinazo, fue concentrada en el sector residencial del lado sur de Pampa Grande, en aparente condición de siervos proveedores de comida, bebida e implementos utilitarios para los moches dominadores.
Los
autores creen, además, que los residentes Virú - Gallinazo, también cultivaban tierras
agrícolas de buena calidad, cercanas a la ciudad para el sustento de sus
mandantes.
Sin embargo, la dominación mochica no liquidó a los Virú – Gallinazo, pues tal como había adelantado Ubbelohde - Doering en su análisis de la cerámica de Pacatnamú, la tradición estilística Virú – Gallinazo y su etnicidad, superaron a la entidad Mochica, pues durante las excavaciones en Batán Grande han extraído cántaros con cuello, en seguros contextos de Sicán Medio, entre los años 900 a 1100 d.C., que corresponden a los periodos del inexorable declive de los imperios Wari y Tiahuanaco.
VI.3
Es necesario revisar y reescribir la historia
Según Shimada y Maguiña, es evidente que la visión convencional sobre la cultura Virú - Gallinazo y sus relaciones con los moches contemporáneos, basada con énfasis en datos del valle de Virú y de otros proyectos de investigación arqueológica de la parte sureña de la costa norte, necesita importantes revisiones.
Los
miembros del Proyecto del Valle de Virú concibieron lo que ocurrió en el
valle como un microcosmos de lo que pasaba más ampliamente en la costa norte y
en los Andes.
Sin embargo,
los datos recientes de la costa norte, particularmente de los valles de
Lambayeque y La Leche, demuestran que el modelo del valle de Virú no aparece directamente
aplicado en ese territorio.
Por lo
menos, ahora sabemos que durante los primeros cinco siglos después de Cristo, el
valle medio de La Leche fue el escenario de la mayor ocupación Virú - Gallinazo
en notable contraste con el vecino valle de Lambayeque.
Más al
norte, la cerámica Sechura fases D y E de los sitios cercanos a la boca del río
Piura y la cerámica de las fases Vicús - Tamarindo B (Vicús-Vicús) Vicús – Tamarindo
C y en el Alto Piura, parecen afiliadas a la tradición estilística Virú –
Gallinazo.
La cerámica Vicús - Tamarindo C se asemeja a la Virú - Gallinazo en varios aspectos, desde la pasta y la forma hasta el tratamiento de las superficies y las técnicas decorativas que enfatizaron la pintura la negativa, tan es así que Larco Hoyle, en 1965, consideró al estilo vicús como el más estrechamente relacionado con Virú - Gallinazo.
El sitio Garbanzal,
en Tumbes, cerca del límite con Ecuador ha sido descrito como "parecido a Virú
- Gallinazo" en varios aspectos, aunque su pequeña muestra no fue bien descrita.
A
pesar de ciertas ambigüedades y de variaciones entre los valles, la distribución
de la cerámica Virú – Gallinazo es casi similar a la de los estilos Salinar y
Mochica; cubre casi toda la costa norte, desde el valle de La Leche, hasta el
de Casma (excepto el valle Nepeña).
Las áreas
de amplia manifestación son los valles des Chicama, Moche, Virú, El Santa (idem
Salinar) y en el valle de La Leche.
Pero, la
ocupación Virú - Gallinazo parece haberse enfocado en las partes medias de
esos valles, en contraste con la concentración de las aldeas de Salinar, en las
zonas altas.
Los
investigadores creen que, durante los primeros cuatro cinco o siglos d. C., los
sistemas de irrigación superiores de Virú – Gallinazo y un prolongado período
de grandes avenidas de los ríos, generaron una alta productividad agrícola, la que,
a su vez, impulsó el crecimiento de la población y un alto grado de
urbanización los valles mencionados.
La
diferenciación y jerarquía de asentamientos documentadas, sugiere que un
curacazgo unificaba cada valle.
Schaede,
en 1972, desestimó un probable estado Virú - Gallinazo multivalle planteando
que la sociedad se caracterizó por "status más que por una estratificación
de clase". Wilson, en 1988 también descartó la existencia de un estado Virú
– Gallinazo multivalle.
Los nuevos datos muestran también interacciones o interrelaciones divergentes entre los grupos locales Virú - Gallinazo y Moche en los diferentes valles.
La diferencia entre las entidades Moche Norte y Moche Sur, tal vez se debió a un cambiante balance de poder entre ambas y lo Virú – Gallinazo pudo haberse desarrollado con la fórmula de equipo con cada una de ellas, al menos durante las etapas de Moche I hasta Moche III, en vez de la relación conquistador – conquistado.
CONTINUA
EN LA PARTE TRES, FINAL







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