viernes, 25 de abril de 2025

 

LA CULTURA VIRÚ – GALLINAZO

SEGUNDA PARTE

¿COMPETIDORA O VASALLA DE LA CULTURA MOCHICA?
Del 200 a.C. al 600 d.C. Formativo Final Costa Norte
Auge: a partir del 100 a.C.


EL COMPROBADO PROCESO DE EXPANSIÓN DE LOS VIRÚ - GALLINAZO, POR EL SUR,  HACIA EL VALLE DE NEPEÑA Y POR EL NORTE HASTA EL VALLE DE LA LECHE, EN LAMBAYEQUE.  

Por ELMER OLORTEGUI RAMÍREZ, Periodista

I.            LA EXPANSIÓN VIRÚ-GALLINAZO

Examinemos ahora el trabajo de Izumi Shimada y Adriana Maguiña ya citado, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura Moche, sobre el recorrido de la gran expansión de la cultura Virú – Gallinazo, hacia el sur y norte de su lugar de origen, como una de las principales contradicciones arqueológicas al inmerecido ninguneo, desdén y desprecio de Larco Hoyle hacia ese pueblo.

RUTA AL SUR

IV.1 Hacia el valle de Moche

Los arqueólogos han hallado sitios Virú – Gallinazo en todo el valle de Moche, principalmente en su zona media, en la margen sur, como también se ubicó su precedente Salinar. El sitio Virú - Gallinazo más grande en esta orilla de la cuenca es Cerro Orejas, con más de 3 kms., en el que hay dos grandes plataformas rectangulares de adobe y numerosas construcciones domésticas con mamposterías aglutinadas.


Vestigios del gran canal de riego en Cerro Orejas, valle de Moche, donde se ubicó 
el principal asentamiento Virú -  Gallinazo, después de su ocupación Salinar. 
Foto: Programa de TV "Peruanazos". 


Los Virú – Gallinazo extendieron el canal madre de la margen sur que proveía a Cerro Arena durante la cultura Salinar, hasta cerca de Cerro Blanco, desde donde se domina el asentamiento Moche.

Los arqueólogos casi están seguros de que los Virú - Gallinazo ocuparon Cerro Blanco, después de los Salinar y antes que los Mochica. Hastings y Moseley sospechan desde 1975 que también el núcleo estructural de la Huaca de la Luna de los Mochicas fue construido por los Virú – Gallinazo. 


Sitio arqueológico Cerro Blanco, en el valle de Moche, lugar de sucesivas 
ocupaciones culturales, hasta donde los Virú - Gallinazo extendieron 
el gran canal de riego de la margen del sur. 


Relación de cercanía territorial entre Cerro Arena y 
Cerro Blanco, en la zona media del valle de Moche. 


Shimada y Maguiña anotan que el Proyecto de investigación Moche - Chan Chan (1969–1974) enfatizó el tema del ataque de los moches contra los Virú – Gallinazo, al mostrar que los mochica consolidaron su poder conquistando sus asentamientos en todo el valle de Moche.

IV.2 Hacia el valle del Santa

Las prospecciones muestran que el patrón de asentamiento Virú – Gallinazo cambió en el valle del Santa hacia la parte baja, durante la fase evolutiva local, llamada Suchimancillo Temprano, equivalente a Virú - Gallinazo Temprano y Medio, durante la cual en El Santa hubo irrigación a gran escala, con un aumento de la población, equivalente a 2.5 veces respecto a la cantidad de habitantes de la fase local anterior.

En 1988, el arqueólogo Wilson registró 42 ciudadelas y otros sitios defensivos menores en todo el valle, hecho indicador de que la guerra, aunque no se sepa contra quién, era el mayor problema regional. Además, la numerosa cerámica tipo caolín y Blanco – Rojo - Anaranjado, señala contactos con gente del adyacente Callejón de Huaylas, sin que se precise si se trata de los Recuay, pero, además, los vestigios de corrales de llamas, son señales de una intensa relación costa - sierra.

Durante la fase local Suchimancillo Tardío = Virú - Gallinazo Tardío, en vísperas de la intrusión Mochica de la fase Moche III, se estima que El Santa tenía unos 30,000 habitantes distribuidos en 153 sitios registrados, entre ellos siete centros cívico - ceremoniales, organizados según cuatro niveles de jerarquía. Debido a la inexistencia de un gran centro ceremonial monumental que expresara un poder central y la unidad del valle, se cree que su estructura político-social estaba formada por curacazgos pares entre sí, cada uno de los cuales dirigía un cierto número de ayllus.

El patrón previo de asentamiento de los valles de Virú y Santa, sugiere que la invasión y ocupación durante la fase Moche III reorganizó a la población Virú - Gallinazo en asentamientos más grandes, pero menos numerosos, ubicados en puntos estratégicos para el control del sistema de irrigación, de los campos de cultivo y el tráfico de gentes y bienes norte-sur.

IV.3 Hacia los valles de Nepeña y Casma.

Nadie aún tiene clara la presunta ocupación Virú -Gallinazo en el valle de Nepeña, en el norte del actual departamento de Ancash. En 1985, Daggett no halló ningún vestigio. Eso hizo que Shimada y Maguiña especulen que tal vez el valle estaba controlado en aquel tiempo por un grupo étnico serrano o cisandino no relacionado con los Virú – Gallinazo.

La única pista Virú Gallinazo fue hallada en el adyacente valle de Casma, donde una reciente prospección de superficie de asentamientos, además de sitios Moche III y IV, encontró vestigios de cerámica y técnicas decorativas como el negativo pintado de negro sobre naranja, considerados como "diagnósticos claramente relacionados con Virú - Gallinazo", ya registrados también en los valles de El Santa y Virú. Esto, empero, pudiera significar también solo el amplio intercambio hacia el sur de la cerámica Virú – Gallinazo, más no una ocupación firme del territorio.

Los asentamientos asociados de los sectores medio y alto de Casma, estuvieron fuertemente agrupados e incluyen 24 fortalezas, lo cual sugiere su importante participación en la guerra sin que se sepa contra quién. Los sitios muestran poca diferencia en tamaño. Sólo uno es suficientemente grande, de arquitectura compleja, como para considerarlo un posible centro local o regional.

Hasta aquí Shimada y Maguiña dicen que los trabajos del Proyecto del Valle Virú, enfatizaron que, tras la invasión Mochica, la cultura Virú -Gallinazo desapareció sin dejar rastros consistentes, aplicando el criterio simplista de que una nueva cerámica equivale a una nueva cultura.

No obstante, según James Ford, es posible que, a pesar de la pérdida de su poder y autonomía en el valle de Virú, sus pobladores continuaran produciendo su cerámica utilitaria aún durante el predominio Mochica. En 1948, el arqueólogo Newman, aunque sobre una muestra pequeña, realizó estudios osteológicos que indican que hubo una continuidad biológica en la población sugiriendo que se trató de una etnia (conjunto de ayllus muy unidos por diversos factores) que supo integrarse a la entidad multiétnica mayor de los moches.

RUTA HACIA EL NORTE

IV.4 Hacia el valle de Jequetepeque, La Libertad

En el valle de Jequetepeque (zona norte del actual departamento de La Libertad y parte de Cajamarca), el arqueólogo alemán, Ubbelohde Doering, en una gran terraza de la Huaca 31 del sitio Pacatnamú encontró vasijas funerarias de las que dio cuenta en 1967, atribuyéndoles un fechado radiocarbónico del 485 d.C., con una probable variación de 50 a 100 años y definió que en ese lapso la población usaba, tanto la cerámica Virú – Gallinazo como la Mochica, para ofrendas funerarias.


Complejo arqueológico de Pacatnamú, cerca de Pacasmayo, valle de
Jequetepeque, otra ocupación de los Virú - Gallinazo. 

Se trata de cántaros no engobados con toscas grabaciones de rostros humanos hechas mediante incisiones, punciones y pellizcado. También recuperó cerámica en negativo.

Sin embargo, Doering precisó que en las tumbas del lugar halló mucho más cerámica Virú-Gallinazo y pocas piezas de la alfarería mochica clásica, acompañadas de telas de puro estilo moche, de lo cual dedujo que pudieron proceder de otro lugar o ser el resultado de una pequeña intrusión de los moches en la zona. También concluye que la gran terraza de la Huaca 31 y sus hallazgos es obra Virú – Gallinazo, pues sus adobes son similares a los de Huaca Gallinazo, en el valle de Virú.

En la margen sur del río Jequetepeque, hacia el Este, en la zona de Tecapa – Jatanca, también fueron halladas piezas cerámicas y construcciones Virú – Gallinazo.

Por todo lo anterior, Shimada y Maguiña, creen que tales hallazgos son indicios de que entre las poblaciones Virú – Gallinazo y Mochica del norte, hubo una relación menos beligerante respecto a lo que habría ocurrido en la parte sureña de la costa norte, a tal punto de que la tradición estilística y la etnicidad Virú - Gallinazo persistieron hasta el período Moche V.

IV.5 Hacia Lambayeque

Shimada y Maguiña afirman que, correspondientes a los cuatro primeros siglos d.C., en el territorio de Lambayeque solo hallaron indicios de ocho sitios Virú – Gallinazo dispersos en la zona media del valle de río Chancay, llamado también Lambayeque, los cuales contenían vestigios de cerámica utilitaria de esa cultura y estaban ubicados en la margen norte, entre La Puntilla y Pátapo. Nada hay hacia los Andes. Esto contrasta con las notables ocupaciones correspondientes a Moche Temprano en las partes medias del mismo valle Chancay - Lambayeque y del valle del Zaña, en particular en los alrededores de Sipán y Santa Rosa, en donde el río Chancay da origen a un ramal llamado el río Reque.

 

Principales componentes arqueológicos en los valles de 
Lambayeque y sus vecinos (Gráfico de Shimada)

Al sur de este río, en 1975, cerca de Sipán, en cementerios muy saqueados, ubicados en la base de Cerro Blanco, Shimada y Maguiña recuperaron una considerable cantidad de cerámica Virú – Gallinazo y Mochica temprano. Fue notable el conjunto de cántaros con cuello no engobado, con caras humanas incisas.

Shimada y Maguiña citan al arqueólogo Rodríguez, cuando dice que Cerro Ventarrón, que domina Colluz, al suroeste del pueblo de Pomalca, representó la ocupación Mochica más occidental en el valle, en las fases moche IV y V. Además, Rodríguez afirma que cree que un pueblo contemporáneo de la zona baja del valle (No menciona para nada a los Virú – Gallinazo) impidió la expansión de los mochicas hacia el mar. No obstante, el mismo Rodríguez anota que Colluz, con su construcción mayor de plataformas de adobe, asociada a cerámica Virú – Gallinazo, habría sido un centro religioso - político.

Shimada y Maguiña dicen que saben muy poco acerca de la ocupación Gallinazo - Virú en el valle bajo de Chancay - Lambayeque, de tal manera que el conocimiento de los logros materiales y organizativos, así como sobre la extensión y densidad de la ocupación de esta cuenca por esta cultura, es opaca en comparación con lo documentado de esas materias en los valles de Virú, Santa y La Leche, en el cual encontraron la ocupación más intensa y los logros más notables de los Virú – Gallinazo, en toda la costa norte aunque, paradójicamente, los vestigios de esta cuenca no siempre ha formado parte de las discusiones sobre dicha la cultura.

IV.6 Hacia el valle del río La Leche.



Mapa  de principales sitios Virú - Gallinazo en la zona media del valle del
 río La Leche, en la actual región Lambayeque. 

Cerro Tambo Real, Paredones y Huaca Letrada

En cerro Tambo Real están los restos de la ciudadela Paredones y de su centro ceremonial, el Complejo Huaca Letrada. Este lugar, por su dimensión y características, es considerado por Shimada y Maguiña como el centro político y administrativo Virú – Gallinazo en el valle de La Leche, con una prologada ocupación que se deduce de la gran cantidad de excremento de llamas depositado en corrales.

Huaca Letrada está formada por edificios en forma de U, hechos con adobes estilo Virú – Gallinazo de las etapas media y tardía de este pueblo. La abertura de la U apunta hacia el norte y estaba flanqueada por zonas residenciales en las faldas del cerro Tambo Real, en donde se encontró gran cantidad de cerámica de los estilos castillo modelado y castillo inciso y cántaros cara – gollete.

Cerro Sajino

No obstante, los investigadores creen que fue en Cerro Sajino donde se dio la más extensiva ocupación Gallinazo - Virú, en torno a edificios monumentales y plataformas, particularmente a lo largo de falda sur. Esta área fue, aparentemente, irrigada por el principal canal de riego del área.

Cerro Sajino, ubicado en el extremo norte de la Pampa de Chaparrí, fue importante, pues permitía a los Virú - Gallinazo controlar el canal madre, los campos agrícolas adyacentes, así como del tráfico norte - sur través a de la pampa. En el lugar hay terrazas de piedra y cerámica utilitaria Virú – Gallinazo, mampostería de viviendas, restos de talleres de fundición de cobre arsenical que tuvieron vigencia desde la ocupación Virú – Gallinazo hasta el tiempo posterior a la cultura Sicán.

La cima del cerro fue nivelada para la construcción de residencias en las que se encontró cerámica Virú – Gallinazo, así como un almacén de granos, en el que se halló maíz intacto pero carbonizado. De una viga de madera carbonizada se obtuvo el fechado calibrado: 360+ - 50 d.C., correspondiente al Periodo de Desarrollos Regionales.

Otros cerros del valle de La Leche, con importantes vestigios Virú – Gallinazo son: Cerro Huaringa (cerámica utilitaria y fundición de cobre arsenical), Cerro La Calera (gran número de vestigios de viviendas resguardadas por muros concéntricos que constituyen una ciudadela fortificada que fue ocupada sucesivamente por todas las culturas del norte, según los vestigios hallados), Cerro Vichayal (en la margen norte del valle de La Leche, donde hay vestigios de viviendas sobre plataformas de piedra, con restos de cerámica utilitaria Virú – Gallinazo y los rastros de una mina de cobre, sin restos de artefactos para fundición.

Huaca La Merced, en el valle de la Leche (distrito de Pítipo, provincia de Ferreñafe, región Lambayeque)

Siempre en el valle de la Leche, en 1991, Shimada y Maguiña, excavaron en dos áreas de Huaca La Merced, ubicada en el Centro Arqueológico de Batan Grande en busca de evidencias de la relación Virú – Gallinazo y Mochica, en el norte. Encontraron que en esas secciones las cerámicas Virú – Gallinazo tardío y la Moche III, se encuentran en los mismos contextos.



De Virú – Gallinazo, recuperaron ollas de distintos diseños, pero similares a las halladas en el cerro Tambo Real, en su Huaca Letrada.

De Moche, hallaron cántaros tipo huacos retratos “cara – gollete”, figurinas simples, fragmentos de cántaros globulares con diseños de blanco sobre rojo, cinco fragmentos de ollas ralladores, fragmentos pulidos de probables cuencos y de asas estribo y otros vestigios.

Por las malas condiciones del entorno, la excavación no permitió confirmar que en el sitio operó un taller de cerámica que podía ejecutar todas las fases de la cadena productiva. Solo queda la sospecha de eso y que su oferta se circunscribía solo a cubrir las necesidades de la gente de la huaca.

En lo alto del edificio II de la huaca, los autores hallaron cerámica estilo Moche III mezclada con alfarería negativa y vajilla utilitaria del estilo Virú – Gallinazo, fase media.

Así mismo, los autores señalan que la cerámica Mochica en este sitio, además de vasijas "cara-gollete" de la fase III, incluye fragmentos con pintura blanca sobre el rojo intenso del engobe, o con tonos de rojo sobre el engobe crema, piezas escultóricas antropomorfas, botellas con asa estribo, figurinas botellas con representaciones de animales y en alto relieve (pato, felino). Esta cerámica Mochica III aparece vinculada directamente a fragmentos menos abundantes y más "simples" en acabado y decoración de vasijas cara-gollete estilo Virú - Gallinazo.

Shimada y Maguiña, resaltan que, en las capas superiores, de la 26 a la 29, asociadas al piso 11, encontraron fragmentos de cerámica con decoración negativa, pero de estilo, acabado y diseños muy finos, en forma de líneas rectas, curvilineales u ondulantes muy estrechas, puntos, círculos o la combinación de éstos, con superficies bien pulidas y brillantes. Probablemente los pedazos pertenecieron a piezas cerradas de paredes bien delgadas, a platos y cuencos muy pulidos con diseños al interior, de tal modo que el conjunto es coherente con el tipo Virú - Gallinazo Negativo, del valle de Virú.

 

II.       NECESIDAD DE UNA NUEVA NARRATIVA HISTORICA

Frente a los arrestos guerristas de los mochicas contra los pueblos del sur, la nueva historia ha demostrado que en el extremo norte del territorio costero peruano se produjo todo lo contrario. Fue una cohabitación, una convivencia entre los Virú - Gallinazo y los Moche, es decir una interrelación contemporánea diferente.  

Esta distinta interrelación norteña surge de las pruebas arqueológicas que demuestran que ambos pueblos compartieron estructuras ceremoniales y la producción, tanto de la cerámica estilo Virú - Gallinazo como Mochica, en los mismos talleres, tal como sucedió en las huacas La Esperanza (en la zona de Batán Grande) y Letrada (en el cerro Tambo Real), ambas ubicadas en uno y otro margen de la zona media del valle de La Leche, en el departamento de Lambayeque.

Aparentemente, esta diferente interrelación habría incluido una convivencia o coexistencia (simbiótica) pacífica, por lo menos, desde Moche I hasta Moche III, lapso durante el cual la población Virú - Gallinazo local, la simple y la élite, aceptaron el estilo mochica y sus consecuentes valores y creencias.

No obstante, los autores precisan que el estilo y el simbolismo Mochica fueron ejercidos exclusivamente por la élite de ese pueblo mediante el despliegue de su parafernalia de poder y culto religioso, lo cual se refleja en los contextos de sus vestigios recuperados, así como en su alta calidad artística y técnica. En Huaca Esperanza y Huaca Letrada, este criterio surge de las tumbas y de las estructuras ceremoniales públicas excavadas.

Las muestras de Huaca La Merced están siendo fechadas por radiocarbono y si ya se realizaron los resultados, no han sido difundidos aún.

El tiempo general que Shimada y Maguiña asignan al escenario de su investigación sobre Virú – Gallinazo se funda en varios fechados disponibles de Batán Grande, a saber:

1.   Fechado Calibrado de 360± 50 d.C. obtenido de una viga de madera carbonizada de un almacén de adobe para guardar maíz, ubicado en la cima de cerro Sajino, valle de La Leche, Lambayeque.

2.     Fechado Calibrado de 485± 50 a 100 años d.C., extraído de vasijas funerarias halladas por Ubbelohde Doering, en la Huaca 31 de Pacatnamú, en el valle de Jequetepeque, departamento de La Libertad.

3.    Calibrado de 490± 60 d.C. extraído de un fogón de Huaca Soledad, en el valle de La Leche, Lambayeque, vinculado a un entierro extendido y a un cántaro no engobado del estilo Virú – Gallinazo con decoración de cara por incisión. En la arena que cubre este lugar hay tiestos Moche IV y V

4.   Calibrado de 570± 70 d. C, probable comienzo de la ocupación Moche IV, obtenido en la base estratigráfica de 5 m. de profundidad en la Huaca del Pueblo, en Batán Grande, Lambayeque.

Todos estos fechados radiocarbónicos corresponden al Periodo de Desarrollos Regionales.

Los autores calculan que en varios lugares del valle de La Leche, la ocupación Virú – Gallinazo fue intensa hasta que comenzó el asentamiento o intrusión mochica, aproximadamente entre los años  450 y 500 d.C., durante la etapa Moche IV, copamiento que se prolongó hasta Moche V.

VI.1 La marcha y el mazo de los mochicas del sur, hacia el norte

A criterio de Shimada y Maguiña, la hegemonía  mochica en el norte, a partir de la etapa Moche IV documentada en Batán Grande, fue solo un componente de un cambio global de la geopolítica de la entidad Mochica del Sur y fue ejecutada físicamente a través del valle medio de Zaña, de las pampas de Cayaltí y del valle medio de Lambayeque, hasta el valle medio de La Leche, es decir por la misma ruta que, después, siguieron, primero, las fuerzas del imperio Wari y luego las del Tahuantinsuyo (el Camino Inca) para dominar el norte.

De manera importante los autores indican que la cerámica mochica asociada con esta intrusión es técnica y estilísticamente homogénea y es difícil diferenciarla de la mochica sureña. La pintura anaranjada y la pasta que caracterizan los cántaros cara-gollete Moche III local, desaparecieron en los valles de Zaña y Lambayeque. Además, el arqueólogo Carlos Elera, recuperó de un piso con restos de un fogón y un muro de adobe, la primera evidencia de la presencia mochica en la costa de Lambayeque, en el pueblo costeño de Puerto Eten: fragmentos de vasijas - efigie modeladas Moche IV temprano y una botella asa estribo. Estos tiestos son similares a la cerámica mochica de los valles sureños Chicama y Moche.

VI.2 La belicista Mochica del Sur y la pacifista Mochica del Norte.

En un trabajo anterior a su investigación bajo referencia, Shimada consideró que, en algún momento durante la etapa Moche IV temprana, el alto mando de la entidad social Mochica del Sur integró exitosamente a la entidad social Mochica del Norte, supuestamente para establecer una hegemonía real en toda la costa norte.

Pero, en su investigación de los noventa, Shimada y Maguiña asumen con firmeza el concepto de que Mochica del Norte y Mochica del Sur, fueron dos entidades regionales, las cuales ­ ̶ una con centro en la actual región Lambayeque y la otra con base en la actual región La Libertad, valles de Chicama y Moche ̶, compartieron dogmas y simbolismos religiosos y políticos, a los que, en bloque o conjunto, los arqueólogos han llamado Moche o Mochica.

Y, precisan que, aunque estas entidades pudieron pertenecer al mismo amplio grupo étnico o macro etnia, parecen haber sido políticamente autónomas o independientes durante gran parte de su existencia, de tal modo que Mochica del Sur se habría vuelto militarista invasivo haciéndose de los valles ubicados hacia el sur, al menos desde Moche III, mientras que Mochica del Norte, en cambio, optó por la convivencia pacífica.

En consecuencia, los autores perciben que la aparentemente repentina variación de la ocupación moche durante la etapa IV del desarrollo de esta cultura, en el valle medio de La Leche y la costa de Lambayeque, fue la continuación de la política expansionista de Mochica del Sur. Quizá la consecuencia más grave de esa intromisión fue que la población Virú - Gallinazo fue sometida a una posición de servidumbre para dar fuerza de trabajo, dentro de un nuevo orden socio - político.   

Un ejemplo de eso es lo que ocurrió en Pampa Grande, la capital urbana de Moche del Norte, durante la etapa V de esa cultura, a partir aproximadamente del periodo comprendido entre el 550 y el 600 d.C. Los restos de la ciudad están ubicados en la margen norte del cuello del valle del Chancay o Lambayeque y durante su apogeo una quebrada grande (quebrada IV) la dividía en dos partes. 

En los vestigios de sus edificios fueron hallados cerámica bícroma Moche V, talleres de producción de bienes suntuarios y almacenes de gran capacidad. La construcción de adobe simbolizó la autoridad central. La sección sur de la ciudad presenta estructuras de vivienda de mampostería, pequeñas, aglutinadas y un conjunto de recintos rectangulares contiguos de mampostería.

La cerámica fina Mochica de la fase V está presente, pero es rara y está confinada a estos recintos de mampostería. Son comunes los cántaros cara-gollete no engobados de la tradición estilística Gallinazo, así como las herramientas de piedra (en contraste a los comunes implementos de cobre de la margen norte), tales como cuchillos e implementos agrícolas para quebrar terrones (piedras redondeadas perforadas [clodbusters]).

Estos cántaros también están en abundancia en la margen norte, en los talleres de artesanos, en las cocinas en y en las áreas para hacer chicha para los trabajadores y la elite moche, cuyos miembros eran los supervisores.

En este cuadro, se ve que, al menos parte de la población Virú - Gallinazo, fue concentrada en el sector residencial del lado sur de Pampa Grande, en aparente condición de siervos proveedores de comida, bebida e implementos utilitarios para los moches dominadores.

Los autores creen, además, que los residentes Virú - Gallinazo, también cultivaban tierras agrícolas de buena calidad, cercanas a la ciudad para el sustento de sus mandantes.

Sin embargo, la dominación mochica no liquidó a los Virú – Gallinazo, pues tal como había adelantado Ubbelohde - Doering en su análisis de la cerámica de Pacatnamú, la tradición estilística Virú – Gallinazo y su etnicidad, superaron a la entidad Mochica, pues durante las excavaciones en Batán Grande han extraído cántaros con cuello, en seguros contextos de Sicán Medio, entre los años 900 a 1100 d.C., que corresponden a los periodos del inexorable declive de los imperios Wari y Tiahuanaco.

VI.3 Es necesario revisar y reescribir la historia

Según Shimada y Maguiña, es evidente que la visión convencional sobre la cultura Virú - Gallinazo y sus relaciones con los moches contemporáneos, basada con énfasis en datos del valle de Virú y de otros proyectos de investigación arqueológica de la parte sureña de la costa norte, necesita importantes revisiones.

Los miembros del Proyecto del Valle de Virú concibieron lo que ocurrió en el valle como un microcosmos de lo que pasaba más ampliamente en la costa norte y en los Andes.

Sin embargo, los datos recientes de la costa norte, particularmente de los valles de Lambayeque y La Leche, demuestran que el modelo del valle de Virú no aparece directamente aplicado en ese territorio.

Por lo menos, ahora sabemos que durante los primeros cinco siglos después de Cristo, el valle medio de La Leche fue el escenario de la mayor ocupación Virú - Gallinazo en notable contraste con el vecino valle de Lambayeque.

Más al norte, la cerámica Sechura fases D y E de los sitios cercanos a la boca del río Piura y la cerámica de las fases Vicús - Tamarindo B (Vicús-Vicús) Vicús – Tamarindo C y en el Alto Piura, parecen afiliadas a la tradición estilística Virú – Gallinazo.  

La cerámica Vicús - Tamarindo C se asemeja a la Virú - Gallinazo en varios aspectos, desde la pasta y la forma hasta el tratamiento de las superficies y las técnicas decorativas que enfatizaron la pintura la negativa, tan es así que Larco Hoyle, en 1965, consideró al estilo vicús como el más estrechamente relacionado con Virú - Gallinazo.

El sitio Garbanzal, en Tumbes, cerca del límite con Ecuador ha sido descrito como "parecido a Virú - Gallinazo" en varios aspectos, aunque su pequeña muestra no fue bien descrita.

A pesar de ciertas ambigüedades y de variaciones entre los valles, la distribución de la cerámica Virú – Gallinazo es casi similar a la de los estilos Salinar y Mochica; cubre casi toda la costa norte, desde el valle de La Leche, hasta el de Casma (excepto el valle Nepeña).

Las áreas de amplia manifestación son los valles des Chicama, Moche, Virú, El Santa (idem Salinar) y en el valle de La Leche.

Pero, la ocupación Virú - Gallinazo parece haberse enfocado en las partes medias de esos valles, en contraste con la concentración de las aldeas de Salinar, en las zonas altas.

Los investigadores creen que, durante los primeros cuatro cinco o siglos d. C., los sistemas de irrigación superiores de Virú – Gallinazo y un prolongado período de grandes avenidas de los ríos, generaron una alta productividad agrícola, la que, a su vez, impulsó el crecimiento de la población y un alto grado de urbanización los valles mencionados.

La diferenciación y jerarquía de asentamientos documentadas, sugiere que un curacazgo unificaba cada valle.

Schaede, en 1972, desestimó un probable estado Virú - Gallinazo multivalle planteando que la sociedad se caracterizó por "status más que por una estratificación de clase". Wilson, en 1988 también descartó la existencia de un estado Virú – Gallinazo multivalle.

Los nuevos datos muestran también interacciones o interrelaciones divergentes entre los grupos locales Virú - Gallinazo y Moche en los diferentes valles.

La diferencia entre las entidades Moche Norte y Moche Sur, tal vez se debió a un cambiante balance de poder entre ambas y lo Virú – Gallinazo pudo haberse desarrollado con la fórmula de equipo con cada una de ellas, al menos durante las etapas de Moche I hasta Moche III, en vez de la relación conquistador – conquistado.

CONTINUA EN LA PARTE TRES, FINAL

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