La grave amenaza de los súper El Niño
EL
MEGA EL NIÑO DE LA CENTURIA DE LOS 600 D.C.
Y
EL FIN DE LOS MOCHICAS, LOS LIMAS Y LOS NASCAS.
A principios de abril de 2026 fue lanzada la
advertencia de que en el segundo trimestre se desencadenaría un mega o súper
Fenómeno El Niño que impactará en el Nuevo Mundo e inevitablemente en los Andes
Centrales (Perú)con en grado mayor que todos los eventos de este tipo ocurridos
desde hace un siglo.
Estamos advertidos, pero la impresión es que a la alta burocracia peruana –dominada por el frenesí electoral – el anuncio le ha entrado por una oreja y ha salido por la otra, pues no se nota que hayan movido un dedo para prevenir sus efectos ya sea con cara de lluvias intensas y prolongadas o de largas sequías.
Al respecto es bueno saber
como fue en nuestro valle del Rímac y en otros de los Andes Centrales entre las
centurias de los años 500 y 600, la ocurrencia de uno de los mega El Niño más
catastróficos de nuestra prehistoria. Ocurre que parte de sus detalles quedó grabado
en los sedimentos de las inundaciones y avalanchas. En el Rímac, el archivo fue
develado en el sitio ahora llamado HUACA 20, del complejo Arqueológico de
Maranga.
En
su ensayo, Ecodinámicas
humanas en Huaca 20: reevaluando el impacto de El Niño a finales del periodo
Intermedio Temprano, Ana Cecilia Mauricio
presenta evidencias de un catastrófico mega El Niño que ocurrió entre las centurias
de los 500 y 600 años d.C. (siglos VI y VII),
a fines del periodo histórico Intermedio Temprano. Esos testimonios
fueron obtenidos en el sitio arqueológico Huaca 20 del Complejo Arqueológico
de Maranga,
El Intermedio Temprano (del 200 a.C. al 700 d.C.) siguió
al llamado periodo Formativo u Horizonte Temprano, durante el cual se
consolidó la sociedad compleja u organizada y dominó en gran parte de los Andes
Centrales la teocracia Chavín. Su final fue marcado por la larga agonía de los
chavines, hasta más o menos 200 años a.C.
Ana Mauricio expone que, en el tiempo bajo estudio, en todos los Andes Centrales –lo que equivale al actual territorio peruano– sucedió un periodo de intensas y prolongadas lluvias, con su secuela de avalanchas de laderas, huaycos o aluviones, desbordes de cauces e inundaciones, según registros paleoclimáticos obtenidos en:
·
El nevado Quelccaya (5000 msnm, Cordillera del Vilcanota,
distrito Corani, provincia de Carabaya, departamento Puno), mostrados por Thompson,
Izumi Shimada y Moy.
·
Depósitos de sedimentos marinos en el litoral de Lima (Bert Rein)
·
Sedimentos de la laguna de Pallcacocha, en Ecuador (4060 msnm),
según Rodbell.
·
Depósitos aluviales extraídos del río Moquegua, por Francis Magilligan
y David Goldstein.
· Sedimentos del lago Titicaca, analizados por Abbott y Binford.
PERIODO DE CAMBIOS, SIN DESAPARICIÓN
MASIVA DE CULTURAS
Este periodo de estrés ambiental durante el siglo VII, probadamente afectó a todos los pueblos de la costa y la sierra de lo que hoy es el Perú y enmarcó una serie de importantes cambios sociopolíticos y económicos en las culturas Vicus (Alto Piura), Mochica (Lambayeque, La libertad y Ancash), Cajamarca, Huamachuco (La Libertad), Recuay (Ancash), Lima, Nasca (Ica), Huarpa (Ayacucho) y hasta Tiahuanaco (Bolivia).
Restos de uno de los edificios
monumentales de la ciudad mochica
Pampa Grande, en Lambayeque
La detección de esos cambios, inicialmente, hicieron pensar a
los investigadores que el mega El Niño forzó el abandono de importantes
asentamientos costeros y, gradualmente, la caída de las principales sociedades
del Intermedio Temprano a fines del siglo VII y entrando al VIII.
Sin embargo, ahora se sabe que, específicamente, el evento El Niño de los años 600, no tuvo esas consecuencias. Como se verá más adelante, ocurrió todo lo contrario: la mayoría de las culturas resistió el catastrófico embate de la naturaleza, pero, reparó sus heridas y siguió adelante con nuevas construcciones monumentales, nuevos estilos cerámicos y hasta nuevos dioses. Un caso especial es la Cultura Nasca, sobre la cual, además de la sequía inclemente, se abatió la invasión de sus vecinos andinos wari.
VESTIGIOS DEL MEGA EL NIÑO–600
Los rastros de tal ciclo
de lluvias intensas y prolongadas y vestigios de sus consecuencias han sido
identificados en:
·
El Alto Piura, por Peter Kaulicke.
·
La ciudad de Pampa Grande, Lambayeque, por Izumi Shimada.
·
El valle de Jequetepeque, por Thomas Dillehay.
·
Las «Huacas de Moche», por Santiago Uceda y José Canziani.
·
Ciudad Galindo, por Garth Bawden.
·
Ciudad Cajamarquilla, Lima, por Juan Mogrovejo, Krzysztof Makowski
y Rafael Segura.
·
Pachacamac, Lima, por Régulo Franco y Ponciano Paredes, y
· El valle bajo de Ica, por David Beresford-Jones.
Este registro abarca las
dos terceras partes de lo que hoy es el Perú.
No obstante, este episodio catastrófico ha sido estudiado con
mayor precisión en los valles de Rímac y Lurín.
En el Rímac, como ya hemos anotado, la mejor evidencia procede
de su zona baja, la Huaca 20 del Complejo Maranga.
En el valle de Lurín, el testimonio del paso de El Niño proviene
de Pachacamac donde, en el «Templo Viejo» o el inicial edificio Lima, han sido
detectados al menos dos eventos de El Niño que hicieron necesaria su
reparación, aunque sus fechados aún son inciertos. Unos aluden a un primer mega
El Niño en los 600 d.C., a fines del Intermedio Temprano y otros
mencionan un segundo evento ya durante el Horizonte Medio, después del
cual el edificio fue abandonado. Recientemente, el arqueólogo Regulo Franco
ha sostenido que hubo un anterior gran El Niño en el siglo III.
En el valle bajo de Ica, en la cuenca del río Samaca,
Beresford-Jones reportó evidencia aluvial de un gran evento de El Niño,
asignado de modo relativo a fines del Intermedio Temprano y que destruyó
campos agrícolas y bosques de algarrobos.
Más al sur, en río Grande de Nasca, la población costera se vio
forzada a migrar hacia las zonas altas desde el 640 d.C., al empezar una larga
sequía que se hizo crítica alrededor del 750 d.C.
De río Muerto, valle medio de Moquegua, Francis Magilligan y David Goldstein reportaron la existencia de depósitos aluviales generados por un El Niño extremo fechado entre el 690 y 700 d.C., el cual pudo estar relacionado con la instalación de enclaves wari y tiahuanaco en esta zona durante el siglo VII, empujados tal vez por el periodo de sequía que ocurría en la sierra sur desde el 600 d.C.
Hay dos aspectos que deben considerarse sobre esta materia: que la disparidad de la cronología del mismo mega El Niño se debe al insuficiente procedimiento de “fechado relativo” de la mayoría de los casos. Así mismo, que tal como ocurre en la actualidad, el fenómeno geo–atmosférico se haya presentado en aquella oportunidad con excesiva lluvia en el norte y el centro de los Andes Centrales y con la cara contraria de intensa sequía en el sur, sobre todo en la sierra sur altoandina.
EL CASO DE LA CULTURA LIMA
El sitio Huaca 20, fue una aldea de expertos pescadores,
marisqueros y molusqueros que se instaló en el Complejo Maranga a partir de la
segunda mitad del Intermedio Temprano, aproximadamente, el año 450 d.C.,
durante la vigencia de la Cultura Lima en su etapa Media.
Arqueólogos trabajando en Huaca 20
Huaca 20: archivo de una gran catástrofe
De entre el final del Intermedio Temprano y el inicio
del Horizonte Medio (550-690 d.C.), en la etapa tardía de la
Cultura Lima, Ana Mauricio recuperó de Huaca 20 un conjunto completo de
herramientas de pesca como anzuelos, pesas, malleros y artefactos para procesar
productos marinos, entre ellos, descamadores, cuchillos y percutores.
La arquitectura de aquel tiempo era modesta, no monumental y parte de un sector más grande de aldeas o barrios y talleres de producción.
En la devastación de todo el valle del Rímac por el mega El Niño
de los años 600 Huaca 20 casi fue arrasada. Mauricio encontró evidencias de que
se trató de varias inundaciones durante el mega El Niño.
Una primera gran inundación por desborde del caudal del Rímac
abrió en la aldea un canal de unos 10 metros de ancho, donde quedaron cantos
rodados, grava, arena y limo. Sus
habitantes reconstruyeron el sitio, pero, luego de una segunda inundación que
volvió a destruirlo, ya no repararon los daños.
El Niño redujo también el número de las especies más
representativas de peces, mariscos y moluscos, debido al aumento de la
temperatura del mar.
Lamentablemente, Mauricio no tiene fechados de las dos
inundaciones que destruyeron Huaca 20. Solo cree que podrían haber sucedido
entre el 550 y 690 d.C.
No obstante, ya cercano al 700, en el Horizonte Medio, Mauricio
halló también un depósito de barro y piedras que muestra que los pobladores
rellenaron el canal abierto por el último gran flujo de agua y usaron el área
como cementerio, del cual fueron recuperadas 159 tumbas, en tanto otros 47
entierros y otras tumbas fueron recobrados en lo que hoy es el Parque de las
Leyendas.
Todo indica que los cambios fueron bastante dinámicos y continuos en el tiempo, y tal vez se sucedieron en un periodo relativamente corto.
Pero, he aquí que después del desastre, los jerarcas Lima enfrentaron
la situación con gran firmeza y coraje y, aparentemente, decidieron convertir
el desastre en una oportunidad.
Aprovechando el aun abundante flujo de agua y grandes
extensiones de tierra cubiertas por sedimentos fértiles iniciaron un programa
agrícola intensivo, acompañado de otro de construcción de infraestructura de
riego, administrativa y ceremonial.
El canal o "rio" Surco, mejor cuidado en San Borja
Para mejorar el riego y evitar nuevos desbordes del Rímac, además de limpiarlo en la zona de Huachipa, construyeron dos redes de grandes canales de riego y desfogue, uno en cada margen, con bocatomas en la zona media alta del cauce. En la margen izquierda abrieron a pulso:
El enorme canal o «rio Surco» de cuatro metros de ancho y
tres de profundidad, entre Ate y Chorrillos.
El también gran canal de Huatica que llegaba hasta
Maranga y otros derivados de menor dimensión.
En la margen derecha edificaron los canales Nievería y San
Antonio y ampliaron el de Carapongo que se inicia en Chosica y que
están en la actualidad.
Para fines administrativos y ceremoniales, en especial para
concentrar mano de obra, construyeron, en la margen derecha, la enorme ciudad
de Cajamarquilla y en el otro lado, los grandes centros ceremoniales monumentales
de Catalina Huanca (Ate), el de Maranga (San Miguel), Pucllana
(Miraflores) y renovaron el «Templo Viejo», en el sitio
Pachacámac.
Como parte de la remodelación monumental de Maranga, en Huaca 20
construyeron edificios con ambientes más amplios y muros más resistentes de dos
o tres filas de adobes mejor elaborados.
Además, la investigadora verificó que después de El Niño se
produjo una reducción drástica del número de especies marinas de pesca y
recolección, así como de la cantidad de herramientas de captura y procesamiento,
de lo que deduce que «Huaca 20» no volvió a ser el área de habitación de
expertos pescadores.
Trazado de los canales de riego
del Valle del Rímac al inicio de la invasiónEspañola. Nótese la mayor extensión
del canal Surco.(Foto: Patrimonio Cultural de la
Nación)
Otra característica más importante de esta etapa fue la aparición
de la cerámica Nievería, de la que recuperó vasijas completas y fragmentos.
La autora sospecha que otros asentamientos lima afectados
directa o indirectamente por el mega El Niño, fueron igualmente reconstruidos
por lo cual Huaca 20 – Maranga, no fue un caso aislado de un uso continuo de un
sitio lima hasta los primeros siglos del Horizonte Medio con presencia
tanto de la alfareria lima como de la Nievería.
Mauricio considera que la evidencia de Huaca 20 es crítica para determinar fehacientemente por qué desapareció la Cultura Lima, a pesar de que antes de entrar a su etapa terminal había desplegado con éxito una vigorosa y decidida política de gobierno para superar el estrés ambiental que enfrentaba la sociedad, con varios sitios sometidos a procesos de similares al de «Huaca 20», de reorganización interna con clausuras temporales de algunos sectores y hasta con reubicación total.
El «Templo Viejo» de Pachacámac
El arqueólogo Régulo Franco, en Lima Temprano en Pachacamac: una mirada
a partir de los orígenes del Templo Viejo, informa que, en los restos
de su edificio inicial, correspondiente a la etapa Lima Temprano, en los
pisos de los recintos de la plataforma frontal de acceso, encontró vestigios de
la ocurrencia de un episodio de El Niño. Actualmente, lo que queda de tal plataforma
está entre el «Viejo Templo» y la parte baja del posterior e incaico «Templo
del Sol».
Debido a que no cuenta con resultados de un análisis especial, Franco solo sospecha que esos cristales de sal habrían surgido por el aumento considerable de humedad que fue absorbida por la capilaridad de la roca basal o por una inundación marina producto de un tsunami en el contexto de un Fenómeno de El Niño el siglo III d.C.
El investigador plantea que debido a los daños causados por el
fenómeno natural y posiblemente un terremoto, aquel primer edificio del «Templo
Viejo” fue sellado y reconstruido.
Aunque sin información detallada, Franco da cuenta también de que,
correspondiente a la vigencia de la tercera versión del «Templo Viejo»,
construido sobre el relleno del segundo, en la superficie de su segundo piso, halló
huellas de pies humanos y evidencias de acumulación de agua por intensas y
prolongadas lluvias, lo que indica que en esa época el sitio soportó un segundo
episodio de El Niño, quizá correspondiente al de la centuria de los 600.
El tercer edificio fue sellado con un incendio ritual en la
parte superior donde quedaron gruesas capas de ceniza, carbón, adobitos y
cantos rodados quemados. Posteriormente, fueron construidas dos versiones más
(Edificios 4 y 5), antes de que fuera abandonado por los limas.
EL CASO DE LOS
MOCHICA
La información sobre testimonios del mega El Niño de los 600
d.C. en sitios Mochica procede de numerosas investigaciones e indican
también que, como los lima, los mochicas reaccionaron también remontando con
éxito las consecuencias del desastre.
Del Alto Piura, los datos indican que, después de El Niño
fuerte, fechado relativamente entre el 584 y el 783 d.C., los arquitectos mochicas
consolidaron el diseño de sus edificios, asignaron a sus ocupantes actividades
especializadas y hay vestigios de que habrían construido reservorios de agua.
En Lambayeque, alrededor del 650 d.C. empezaron la construcción de los 18
edificios de la ciudad Pampa Grande, en el actual distrito de
Chongoyape, provincia de Chiclayo, considerada como la última capital
Mochica que albergó a unas 15 mil personas, reubicada debido los estragos
de El Niño.
Versión isométrica del edificio
monumental principal de ciudad Pampa Grande, considerada la última capital de
la Cultura Mochica
En Huaca Soledad, del distrito de Pítipo, provincia de Ferreñafe, Lambayeque, también fueron hallados vestigios de El Niño entre los años 500 a 600 d.C.
Hacia el sur, en la zona baja del valle de Jequetepeque, el asentamiento
Dos Cabezas, que estaba emplazado cerca de la desembocadura del rio
Jequetepeque, en la actual región La Libertad, fue abandonado por los mochica
poco después del 600 d.C., aunque existe una versión de que fue por la erosión
causada por tormentas de arena.
Hay investigadores que piensan que El Niño de los 600 sería la
base de la leyenda del “Diluvio o la inundación Naylamp” relación que ha sido
formulada a partir del trabajo arqueológico en Batan Grande de Craig y
Shimada. Uceda y Canziani han descrito al menos cuatro eventos sucesivos
de erosión por lluvias (con sedimentos asociados) que afectaron al «Templo de la
Luna» en el valle deI Río Moche. En este lugar, el ultimo evento con cronología
relativa y el cual habría causado su abandono definitivo parece haber ocurrido alrededor
deI 600 d.C.
Luego de los daños por El Niño del 600, el edificio de Cao,
del complejo arqueológico El Brujo, fue reconstruido varias veces, hasta
que fue abandonado, aproximadamente, en el 800 d.C.
En Huaca Cao Viejo, Chicama, el
autor, indagando detalles del edificio principal.
Ingresando a Huaca de la Luna, en Moche. Nótese las instalaciones de protección.
Versión isométrica de Ciudad Galindo.
Situación actual del sitio que luce abandonado y
convertido en botadero de basura.
La Ciudad Galindo, fue construida también a partir
del 600, a 20 km del litoral, en la margen norte del río Moche, por disposición
de los gobernantes Moche para albergar a la población desplazada de las «Huacas
Moche», mientras reconstruían «Huaca de la Luna» que había sido seriamente
afectada por el mega El Niño.
Todo esto en el marco de una emergente crisis político social
regional.
Una vez reocupada «Huaca de la Luna», ciudad Galindo fue
contemporánea de las «Huacas Moche», hasta que fue abandonada en el 800 d.C.
Tras el mega El Niño, los mochicas, como los limas, también
construyeron nuevos sitios a partir del 650 d.C., como Licapa, Cerro Mayal y
Guadalupito.
Los que si perecieron como sociedad fueron los Nasca. Los
testimonios del flagelo de El Niño en su territorio (costa central sur)
proceden del centro ceremonial monumental y oráculo de Cahuachi, ubicado
cerca del Océano Pacífico, en la margen izquierda del Rio Nasca, a poca
distancia de su cauce.
Durante la etapa 3 de actividad constructiva del edificio, entre
los años 250 y 280 d.C. el sitio fue afectado por un gran terremoto y un
episodio de El Niño cuyas lluvias intensas y huaycos destruyeron parte de las
edificaciones o cubrieron las instalaciones con barro. A raíz de eso, los
investigadores sospechan que los rellenos fueron para abandonar las áreas que
no quisieron reparar.
El arqueólogo italiano Guiuseppe Orefice,
principal investigador de Cachuachi, en una entrevista concedida a Guido
Mendoza Fantinato, dijo que sus comprobaciones estratigráficas han
registrado también que durante la centuria entre los años 350 y 450 d.C.
sucedieron dos aluviones por desbordes del rio Nasca y otro terremoto de gran magnitud
que partió en tres el área de Cahuachi y en particular dañó al «Gran
Templo».
Orefice cree que estos cataclismos afectaron material y
psicológicamente a la élite residente en el sitio, pues la hizo aparecer ante
la población como que habían perdido totalmente el favor de las divinidades y
ya no tenían el privilegio de la comunicación divina. La crisis religiosa y sus
consecuencias políticas les habría llevado a decidir clausurar progresivamente
el «Gran Templo» hasta abandonar todo el lugar, a pesar de que la producción y
el estilo de vida nasca se recuperaba.
Monumentalidad del centro
ceremonial Cahuachi
«Suicidio ecológico»
No obstante, otra versión más actual señala que los nasca desaparecieron,
además de los daños del mega El Niño, por un factor determinante previo. Su
agonía fue larga debido a que provocaron la deforestación masiva de su
territorio al talar excesivamente la especie arborífera huarango (Prosopos
pallida), para expandir su agricultura, lo que les dejó sin protección
natural contra las inundaciones y las avalanchas de El Niño.
Esta destrucción ambiental también inutilizó su sistema de
irrigación lo que mermó sus cultivos.
Árbol Huarango
En 2009, el doctor David Beresford-Jones, del Instituto
McDonald de Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge, dio a conocer esta conclusión del
estudio de campo que dirigió en nasca sobre la disolución de esta cultura, a
través de la revista Latin American Antiquity.
El análisis estratigráfico y paleobiológico se centró en el mega
El Niño ocurrido entre las centurias de los años 500 y 600 que, como ya se ha
anotado, abarcó toda la costa peruana y quizá toda la costa del Pacífico.
Beresfost–Jones, explicó que, respecto a la hipótesis de que
Nasca desapareció a causa de El Niño, el estudio logró evidencia absoluta de que
esa cultura no hubiese sido destruida
tan fácilmente si su población no hubiera talado los bosques que la rodeaban.
El doctor Alex Chepstow-Lusty, del Instituto Francés de
Estudios Andinos en Lima, quien también participó en el estudio, explicó que
las excavaciones mostraron que a 1,5 metros de profundidad hay mucho polen de
huarango y poca huella de impacto humano, lo que indica la existencia de
bosques de esa especie.
En cambio, a 80 cm. de profundidad hallaron una reducida
cantidad de polen de Huarango y abundante polen de maíz, como muestra de que esta
gramínea se había convertido en un cultivo extendido que abastecía la
alimentación de una población en aumento. Los bosques de huarango ya no
existían.
En el estrato que coincide con el evento de El Niño entre los
siglos VI y VII la mayor cantidad de polen es de las hierbas Chenopodiaceae,
una familia de plantas adaptadas a condiciones salinas que predominan hasta la
actualidad en medio del desierto de la costa sur.
El investigador postula que estos resultados contradicen la
opinión popular de que los pueblos originarios americanos vivieron siempre en
armonía con su medio ambiente hasta la conquista española.
Una cobertura suficiente del árbol huarango, pudo aminorar los
estragos de El Niño y permitir la recuperación de los acuíferos. Pero con la
excesiva tala, el panorama se vio expuesto a los efectos de las inundaciones de
El Niño.
Este proceso, parecido a los que sufrieron los aztecas y los mayas, en distintos momentos, es considerado como «suicidio ecológico» por deforestación extrema para cultivar maíz y algodón. El huarango tiene raíces profundas que retienen humedad y su fronda protege contra el viento. Sin esa barrera El Niño aumentó los caudales lo que causó desbordes e inundaciones catastróficas que dañaron los campos de cultivo y la red de canales subterráneos o puquios. También erosionaron laderas provocando avalanchas gigantescas de piedra y lodo.
Por añadidura, después de varios periodos de lluvias extremas, El
Niño en el sur cambió a su versión a sequía extrema.
Fue entonces que estando enfrentando esta catástrofe ambiental
con su secuela de grave crisis política social y económica, en medio de un
hambruna y enfermedades, llegó la invasión de los waris desde la sierra
ayacuchana, quienes,
sin mucho esfuerzo establecieron su dominio sobre la costa mediante sus centros administrativos de control de aguas e intercambio de recursos de primera necesidad.
Sigue en la segunda parte.














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