lunes, 20 de abril de 2026

 

La grave amenaza de los súper El Niño

 

EL MEGA EL NIÑO DE LA CENTURIA DE LOS 600 D.C.
Y EL FIN DE LOS MOCHICAS, LOS LIMAS Y LOS NASCAS.

 Primera parte

 


Estragos de El Niño intenso de 1982-83, en Piura. 

A principios de abril de 2026 fue lanzada la advertencia de que en el segundo trimestre se desencadenaría un mega o súper Fenómeno El Niño que impactará en el Nuevo Mundo e inevitablemente en los Andes Centrales (Perú)con en grado mayor que todos los eventos de este tipo ocurridos desde hace un siglo.

Estamos advertidos, pero la impresión es que a la alta burocracia peruana –dominada por el frenesí electoral – el anuncio le ha entrado por una oreja y ha salido por la otra, pues no se nota que hayan movido un dedo para prevenir sus efectos ya sea con cara de lluvias intensas y prolongadas o de largas sequías.

Al respecto es bueno saber como fue en nuestro valle del Rímac y en otros de los Andes Centrales entre las centurias de los años 500 y 600, la ocurrencia de uno de los mega El Niño más catastróficos de nuestra prehistoria. Ocurre que parte de sus detalles quedó grabado en los sedimentos de las inundaciones y avalanchas. En el Rímac, el archivo fue develado en el sitio ahora llamado HUACA 20, del complejo Arqueológico de Maranga.

En su ensayo, Ecodinámicas humanas en Huaca 20: reevaluando el impacto de El Niño a finales del periodo Intermedio Temprano, Ana Cecilia Mauricio presenta evidencias de un catastrófico mega El Niño que ocurrió entre las centurias de los 500 y 600 años  d.C. (siglos VI y VII), a fines del periodo histórico Intermedio Temprano. Esos testimonios fueron obtenidos en el sitio arqueológico Huaca 20 del Complejo Arqueológico de Maranga,

El Intermedio Temprano (del 200 a.C. al 700 d.C.) siguió al llamado periodo Formativo u Horizonte Temprano, durante el cual se consolidó la sociedad compleja u organizada y dominó en gran parte de los Andes Centrales la teocracia Chavín. Su final fue marcado por la larga agonía de los chavines, hasta más o menos 200 años a.C.

Ana Mauricio expone que, en el tiempo bajo estudio, en todos los Andes Centrales –lo que equivale al actual territorio peruano– sucedió un periodo de intensas y prolongadas lluvias, con su secuela de avalanchas de laderas, huaycos o aluviones, desbordes de cauces e inundaciones, según registros paleoclimáticos obtenidos en:


Nevado del Qalasaya

·         El nevado Quelccaya (5000 msnm, Cordillera del Vilcanota, distrito Corani, provincia de Carabaya, departamento Puno), mostrados por Thompson, Izumi Shimada y Moy.

·         Depósitos de sedimentos marinos en el litoral de Lima (Bert Rein)

·         Sedimentos de la laguna de Pallcacocha, en Ecuador (4060 msnm), según Rodbell.

·         Depósitos aluviales extraídos del río Moquegua, por Francis Magilligan y David Goldstein.

·         Sedimentos del lago Titicaca, analizados por Abbott y Binford. 

PERIODO DE CAMBIOS, SIN DESAPARICIÓN MASIVA DE CULTURAS

Este periodo de estrés ambiental durante el siglo VII, probadamente afectó a todos los pueblos de la costa y la sierra de lo que hoy es el Perú y enmarcó una serie de importantes cambios sociopolíticos y económicos en las culturas Vicus (Alto Piura), Mochica (Lambayeque, La libertad y Ancash), Cajamarca, Huamachuco (La Libertad), Recuay (Ancash), Lima, Nasca (Ica), Huarpa (Ayacucho) y hasta Tiahuanaco (Bolivia).

Restos de uno de los edificios monumentales de la ciudad mochica
Pampa Grande, en Lambayeque

La detección de esos cambios, inicialmente, hicieron pensar a los investigadores que el mega El Niño forzó el abandono de importantes asentamientos costeros y, gradualmente, la caída de las principales sociedades del Intermedio Temprano a fines del siglo VII y entrando al VIII.  

Sin embargo, ahora se sabe que, específicamente, el evento El Niño de los años 600, no tuvo esas consecuencias. Como se verá más adelante, ocurrió todo lo contrario: la mayoría de las culturas resistió el catastrófico embate de la naturaleza, pero, reparó sus heridas y siguió adelante con nuevas construcciones monumentales, nuevos estilos cerámicos y hasta nuevos dioses. Un caso especial es la Cultura Nasca, sobre la cual, además de la sequía inclemente, se abatió la invasión de sus vecinos andinos wari.

VESTIGIOS DEL MEGA EL NIÑO–600

Los rastros de tal ciclo de lluvias intensas y prolongadas y vestigios de sus consecuencias han sido identificados en:

·         El Alto Piura, por Peter Kaulicke.

·         La ciudad de Pampa Grande, Lambayeque, por Izumi Shimada.

·         El valle de Jequetepeque, por Thomas Dillehay.

·         Las «Huacas de Moche», por Santiago Uceda y José Canziani.

·         Ciudad Galindo, por Garth Bawden.

·         Ciudad Cajamarquilla, Lima, por Juan Mogrovejo, Krzysztof Makowski y Rafael Segura.

·         Pachacamac, Lima, por Régulo Franco y Ponciano Paredes, y

·         El valle bajo de Ica, por David Beresford-Jones.

Este registro abarca las dos terceras partes de lo que hoy es el Perú.

No obstante, este episodio catastrófico ha sido estudiado con mayor precisión en los valles de Rímac y Lurín.

En el Rímac, como ya hemos anotado, la mejor evidencia procede de su zona baja, la Huaca 20 del Complejo Maranga.

En el valle de Lurín, el testimonio del paso de El Niño proviene de Pachacamac donde, en el «Templo Viejo» o el inicial edificio Lima, han sido detectados al menos dos eventos de El Niño que hicieron necesaria su reparación, aunque sus fechados aún son inciertos. Unos aluden a un primer mega El Niño en los 600 d.C., a fines del Intermedio Temprano y otros mencionan un segundo evento ya durante el Horizonte Medio, después del cual el edificio fue abandonado. Recientemente, el arqueólogo Regulo Franco ha sostenido que hubo un anterior gran El Niño en el siglo III.

En el valle bajo de Ica, en la cuenca del río Samaca, Beresford-Jones reportó evidencia aluvial de un gran evento de El Niño, asignado de modo relativo a fines del Intermedio Temprano y que destruyó campos agrícolas y bosques de algarrobos. 

Más al sur, en río Grande de Nasca, la población costera se vio forzada a migrar hacia las zonas altas desde el 640 d.C., al empezar una larga sequía que se hizo crítica alrededor del 750 d.C.

De río Muerto, valle medio de Moquegua, Francis Magilligan y David Goldstein reportaron la existencia de depósitos aluviales generados por un El Niño extremo fechado entre el 690 y 700 d.C., el cual pudo estar relacionado con la instalación de enclaves wari y tiahuanaco en esta zona durante el siglo VII, empujados tal vez por el periodo de sequía que ocurría en la sierra sur desde el 600 d.C.

Hay dos aspectos que deben considerarse sobre esta materia: que la disparidad de la cronología del mismo mega El Niño se debe al insuficiente procedimiento de “fechado relativo” de la mayoría de los casos. Así mismo, que tal como ocurre en la actualidad, el fenómeno geo–atmosférico se haya presentado en aquella oportunidad con excesiva lluvia en el norte y el centro de los Andes Centrales y con la cara contraria de intensa sequía en el sur, sobre todo en la sierra sur altoandina.

EL CASO DE LA CULTURA LIMA

El sitio Huaca 20, fue una aldea de expertos pescadores, marisqueros y molusqueros que se instaló en el Complejo Maranga a partir de la segunda mitad del Intermedio Temprano, aproximadamente, el año 450 d.C., durante la vigencia de la Cultura Lima en su etapa Media.

 

Arqueólogos trabajando en Huaca 20

Huaca 20: archivo de una gran catástrofe

De entre el final del Intermedio Temprano y el inicio del Horizonte Medio (550-690 d.C.), en la etapa tardía de la Cultura Lima, Ana Mauricio recuperó de Huaca 20 un conjunto completo de herramientas de pesca como anzuelos, pesas, malleros y artefactos para procesar productos marinos, entre ellos, descamadores, cuchillos y percutores.

La arquitectura de aquel tiempo era modesta, no monumental y parte de un sector más grande de aldeas o barrios y talleres de producción.

En la devastación de todo el valle del Rímac por el mega El Niño de los años 600 Huaca 20 casi fue arrasada. Mauricio encontró evidencias de que se trató de varias inundaciones durante el mega El Niño.

Una primera gran inundación por desborde del caudal del Rímac abrió en la aldea un canal de unos 10 metros de ancho, donde quedaron cantos rodados, grava, arena y limo.  Sus habitantes reconstruyeron el sitio, pero, luego de una segunda inundación que volvió a destruirlo, ya no repararon los daños.

El Niño redujo también el número de las especies más representativas de peces, mariscos y moluscos, debido al aumento de la temperatura del mar.

Lamentablemente, Mauricio no tiene fechados de las dos inundaciones que destruyeron Huaca 20. Solo cree que podrían haber sucedido entre el 550 y 690 d.C.

No obstante, ya cercano al 700, en el Horizonte Medio, Mauricio halló también un depósito de barro y piedras que muestra que los pobladores rellenaron el canal abierto por el último gran flujo de agua y usaron el área como cementerio, del cual fueron recuperadas 159 tumbas, en tanto otros 47 entierros y otras tumbas fueron recobrados en lo que hoy es el Parque de las Leyendas.


Todo indica que los cambios fueron bastante dinámicos y continuos en el tiempo, y tal vez se sucedieron en un periodo relativamente corto.

Pero, he aquí que después del desastre, los jerarcas Lima enfrentaron la situación con gran firmeza y coraje y, aparentemente, decidieron convertir el desastre en una oportunidad.

Aprovechando el aun abundante flujo de agua y grandes extensiones de tierra cubiertas por sedimentos fértiles iniciaron un programa agrícola intensivo, acompañado de otro de construcción de infraestructura de riego, administrativa y ceremonial.


El canal o "rio" Surco, mejor cuidado en San Borja

Para mejorar el riego y evitar nuevos desbordes del Rímac, además de limpiarlo en la zona de Huachipa, construyeron dos redes de grandes canales de riego y desfogue, uno en cada margen, con bocatomas en la zona media alta del cauce. En la margen izquierda abrieron a pulso:

El enorme canal o «rio Surco» de cuatro metros de ancho y tres de profundidad, entre Ate y Chorrillos.

El también gran canal de Huatica que llegaba hasta Maranga y otros derivados de menor dimensión.

En la margen derecha edificaron los canales Nievería y San Antonio y ampliaron el de Carapongo que se inicia en Chosica y que están en la actualidad.

Para fines administrativos y ceremoniales, en especial para concentrar mano de obra, construyeron, en la margen derecha, la enorme ciudad de Cajamarquilla y en el otro lado, los grandes centros ceremoniales monumentales de Catalina Huanca (Ate), el de Maranga (San Miguel), Pucllana (Miraflores) y renovaron el «Templo Viejo», en el sitio Pachacámac.

Como parte de la remodelación monumental de Maranga, en Huaca 20 construyeron edificios con ambientes más amplios y muros más resistentes de dos o tres filas de adobes mejor elaborados.

Además, la investigadora verificó que después de El Niño se produjo una reducción drástica del número de especies marinas de pesca y recolección, así como de la cantidad de herramientas de captura y procesamiento, de lo que deduce que «Huaca 20» no volvió a ser el área de habitación de expertos pescadores.

 

Trazado de los canales de riego del Valle del Rímac al inicio de la invasión
Española. Nótese la mayor extensión del canal Surco.
(Foto: Patrimonio Cultural de la Nación)
 

Otra característica más importante de esta etapa fue la aparición de la cerámica Nievería, de la que recuperó vasijas completas y fragmentos.

La autora sospecha que otros asentamientos lima afectados directa o indirectamente por el mega El Niño, fueron igualmente reconstruidos por lo cual Huaca 20 – Maranga, no fue un caso aislado de un uso continuo de un sitio lima hasta los primeros siglos del Horizonte Medio con presencia tanto de la alfareria lima como de la Nievería.

Mauricio considera que la evidencia de Huaca 20 es crítica para determinar fehacientemente por qué desapareció la Cultura Lima, a pesar de que antes de entrar a su etapa terminal había desplegado con éxito una vigorosa y decidida política de gobierno para superar el estrés ambiental que enfrentaba la sociedad, con varios sitios sometidos a procesos de similares al de «Huaca 20», de reorganización interna con clausuras temporales de algunos sectores y hasta con reubicación total.

El «Templo Viejo» de Pachacámac

El arqueólogo Régulo Franco, en Lima Temprano en Pachacamac: una mirada a partir de los orígenes del Templo Viejo, informa que, en los restos de su edificio inicial, correspondiente a la etapa Lima Temprano, en los pisos de los recintos de la plataforma frontal de acceso, encontró vestigios de la ocurrencia de un episodio de El Niño. Actualmente, lo que queda de tal plataforma está entre el «Viejo Templo» y la parte baja del posterior e incaico «Templo del Sol». Las evidencias de los estragos atribuidos a El Niño están en los pisos y en las paredes de los recintos de la plataforma artificial frontal como sales cristalizadas tipo salpicaduras.


Debido a que no cuenta con resultados de un análisis especial, Franco solo sospecha que esos cristales de sal habrían surgido por el aumento considerable de humedad que fue absorbida por la capilaridad de la roca basal o por una inundación marina producto de un tsunami en el contexto de un Fenómeno de El Niño el siglo III d.C.

El investigador plantea que debido a los daños causados por el fenómeno natural y posiblemente un terremoto, aquel primer edificio del «Templo Viejo” fue sellado y reconstruido. 

Aunque sin información detallada, Franco da cuenta también de que, correspondiente a la vigencia de la tercera versión del «Templo Viejo», construido sobre el relleno del segundo, en la superfi­cie de su segundo piso, halló huellas de pies humanos y evidencias de acumulación de agua por intensas y prolongadas lluvias, lo que indica que en esa época el sitio soportó un segundo episodio de El Niño, quizá correspondiente al de la centuria de los 600.

El tercer edifi­cio fue sellado con un incendio ritual en la parte superior donde quedaron gruesas capas de ceniza, carbón, adobitos y cantos rodados quemados. Posteriormente, fueron construidas dos versiones más (Edificios 4 y 5), antes de que fuera abandonado por los limas.

 


EL CASO DE LOS MOCHICA

La información sobre testimonios del mega El Niño de los 600 d.C. en sitios Mochica procede de numerosas investigaciones e indican también que, como los lima, los mochicas reaccionaron también remontando con éxito las consecuencias del desastre.

Del Alto Piura, los datos indican que, después de El Niño fuerte, fechado relativamente entre el 584 y el 783 d.C., los arquitectos mochicas consolidaron el diseño de sus edificios, asignaron a sus ocupantes actividades especializadas y hay vestigios de que habrían construido reservorios de agua.

En Lambayeque, alrededor del 650 d.C. empezaron la construcción de los 18 edificios de la ciudad Pampa Grande, en el actual distrito de Chongoyape, provincia de Chiclayo, considerada como la última capital Mochica que albergó a unas 15 mil personas, reubicada debido los estragos de El Niño.

 

Versión isométrica del edificio monumental principal de ciudad Pampa Grande, considerada la última capital de la Cultura Mochica

En Huaca Soledad, del distrito de Pítipo, provincia de Ferreñafe, Lambayeque, también fueron hallados vestigios de El Niño entre los años 500 a 600 d.C.

Hacia el sur, en la zona baja del valle de Jequetepeque, el asentamiento Dos Cabezas, que estaba emplazado cerca de la desembocadura del rio Jequetepeque, en la actual región La Libertad, fue abandonado por los mochica poco después del 600 d.C., aunque existe una versión de que fue por la erosión causada por tormentas de arena.

Hay investigadores que piensan que El Niño de los 600 sería la base de la leyenda del “Diluvio o la inundación Naylamp” relación que ha sido formulada a partir del trabajo arqueológico en Batan Grande de Craig y Shimada. Uceda y Canziani han descrito al menos cuatro eventos sucesivos de erosión por lluvias (con sedimentos asociados) que afectaron al «Templo de la Luna» en el valle deI Río Moche. En este lugar, el ultimo evento con cronología relativa y el cual habría causado su abandono definitivo parece haber ocurrido alrededor deI 600 d.C.

Luego de los daños por El Niño del 600, el edificio de Cao, del complejo arqueológico El Brujo, fue reconstruido varias veces, hasta que fue abandonado, aproximadamente, en el 800 d.C.

 

En Huaca Cao Viejo, Chicama, el autor, indagando detalles del edificio principal.

Ingresando a Huaca de la Luna, en Moche. Nótese las instalaciones de protección.

 Por los mismos efectos, en las llamadas «Huacas de Moche», también luego del 600 d.C., los mochicas hicieron cambios trascendentales: cerraron Huaca de la Luna y construyeron un nuevo edificio, más pequeño, con iconografía diferente y nuevos dioses, el cual funcionó hasta el 850 d.C. Su área urbana fue reorganizada y dividida en zonas especializadas para talleres artesanales y depósitos bajo el control de una elite más urbana y no sacerdotal.

 


Versión isométrica de Ciudad Galindo. 

Situación actual del sitio que luce abandonado y convertido en botadero de basura.

 

La Ciudad Galindo, fue construida también a partir del 600, a 20 km del litoral, en la margen norte del río Moche, por disposición de los gobernantes Moche para albergar a la población desplazada de las «Huacas Moche», mientras reconstruían «Huaca de la Luna» que había sido seriamente afectada por el mega El Niño.

Todo esto en el marco de una emergente crisis político social regional.

Una vez reocupada «Huaca de la Luna», ciudad Galindo fue contemporánea de las «Huacas Moche», hasta que fue abandonada en el 800 d.C.

Tras el mega El Niño, los mochicas, como los limas, también construyeron nuevos sitios a partir del 650 d.C., como Licapa, Cerro Mayal y Guadalupito.

 La percepción general de los actuales investigadores es que, los estragos del mega El Niño del 600, tal como ocurrió también con la Cultura Lima, generaron un panorama bastante dinámico, marcado por importantes cambios internos aún poco estudiados en ambos casos. No obstante, debe quedar bien claro que ese mega El Niño no provocó el colapso de los mochica ni de los limas. Por el contrario, estas culturas se transformaron y se expandieron.

 EL CASO DE LOS NASCA

Los que si perecieron como sociedad fueron los Nasca. Los testimonios del flagelo de El Niño en su territorio (costa central sur) proceden del centro ceremonial monumental y oráculo de Cahuachi, ubicado cerca del Océano Pacífico, en la margen izquierda del Rio Nasca, a poca distancia de su cauce.

Durante la etapa 3 de actividad constructiva del edificio, entre los años 250 y 280 d.C. el sitio fue afectado por un gran terremoto y un episodio de El Niño cuyas lluvias intensas y huaycos destruyeron parte de las edificaciones o cubrieron las instalaciones con barro. A raíz de eso, los investigadores sospechan que los rellenos fueron para abandonar las áreas que no quisieron reparar. 

El arqueólogo italiano Guiuseppe Orefice, principal investigador de Cachuachi, en una entrevista concedida a Guido Mendoza Fantinato, dijo que sus comprobaciones estratigráficas han registrado también que durante la centuria entre los años 350 y 450 d.C. sucedieron dos aluviones por desbordes del rio Nasca y otro terremoto de gran magnitud que partió en tres el área de Cahuachi y en particular dañó al «Gran Templo». 

Orefice cree que estos cataclismos afectaron material y psicológicamente a la élite residente en el sitio, pues la hizo aparecer ante la población como que habían perdido totalmente el favor de las divinidades y ya no tenían el privilegio de la comunicación divina. La crisis religiosa y sus consecuencias políticas les habría llevado a decidir clausurar progresivamente el «Gran Templo» hasta abandonar todo el lugar, a pesar de que la producción y el estilo de vida nasca se recuperaba.

 


Monumentalidad del centro ceremonial Cahuachi

 Pero, eso no fue todo. Orefice ha registrado que cercano a la centuria de los 600, cuando Cahuachi languidecía tristemente, los eventos naturales de un gran mega Fenómeno El Niño (lluvias intensas y prolongadas, desbordes y huaycos) destruyeron y enterraron  gran parte de las solitarias instalaciones y las áreas que habían sido convertidas en un gran cementerio por los nuevos ocupantes wari, los invasores procedentes de Ayacucho, quienes habían construido algunas nuevas edificaciones de plataformas rectangulares escalonadas, en la zona occidental del sitio.  

«Suicidio ecológico»

No obstante, otra versión más actual señala que los nasca desaparecieron, además de los daños del mega El Niño, por un factor determinante previo. Su agonía fue larga debido a que provocaron la deforestación masiva de su territorio al talar excesivamente la especie arborífera huarango (Prosopos pallida), para expandir su agricultura, lo que les dejó sin protección natural contra las inundaciones y las avalanchas de El Niño.

Esta destrucción ambiental también inutilizó su sistema de irrigación lo que mermó sus cultivos. 

 

Árbol Huarango

 

En 2009, el doctor David Beresford-Jones, del Instituto McDonald de Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge, dio a conocer esta conclusión del estudio de campo que dirigió en nasca sobre la disolución de esta cultura, a través de la revista Latin American Antiquity.

El análisis estratigráfico y paleobiológico se centró en el mega El Niño ocurrido entre las centurias de los años 500 y 600 que, como ya se ha anotado, abarcó toda la costa peruana y quizá toda la costa del Pacífico.

Beresfost–Jones, explicó que, respecto a la hipótesis de que Nasca desapareció a causa de El Niño, el estudio logró evidencia absoluta de que esa cultura  no hubiese sido destruida tan fácilmente si su población no hubiera talado los bosques que la rodeaban.

El doctor Alex Chepstow-Lusty, del Instituto Francés de Estudios Andinos en Lima, quien también participó en el estudio, explicó que las excavaciones mostraron que a 1,5 metros de profundidad hay mucho polen de huarango y poca huella de impacto humano, lo que indica la existencia de bosques de esa especie.  

En cambio, a 80 cm. de profundidad hallaron una reducida cantidad de polen de Huarango y abundante polen de maíz, como muestra de que esta gramínea se había convertido en un cultivo extendido que abastecía la alimentación de una población en aumento. Los bosques de huarango ya no existían.

En el estrato que coincide con el evento de El Niño entre los siglos VI y VII la mayor cantidad de polen es de las hierbas Chenopodiaceae, una familia de plantas adaptadas a condiciones salinas que predominan hasta la actualidad en medio del desierto de la costa sur.

El investigador postula que estos resultados contradicen la opinión popular de que los pueblos originarios americanos vivieron siempre en armonía con su medio ambiente hasta la conquista española.

Una cobertura suficiente del árbol huarango, pudo aminorar los estragos de El Niño y permitir la recuperación de los acuíferos. Pero con la excesiva tala, el panorama se vio expuesto a los efectos de las inundaciones de El Niño.

Este proceso, parecido a los que sufrieron los aztecas y los mayas, en distintos momentos, es considerado como «suicidio ecológico» por deforestación extrema para cultivar maíz y algodón. El huarango tiene raíces profundas que retienen humedad y su fronda protege contra el viento. Sin esa barrera El Niño aumentó los caudales lo que causó desbordes e inundaciones catastróficas que dañaron los campos de cultivo y la red de canales subterráneos o puquios. También erosionaron laderas provocando avalanchas gigantescas de piedra y lodo.

Por añadidura, después de varios periodos de lluvias extremas, El Niño en el sur cambió a su versión a sequía extrema.

Fue entonces que estando enfrentando esta catástrofe ambiental con su secuela de grave crisis política social y económica, en medio de un hambruna y enfermedades, llegó la invasión de los waris desde la sierra ayacuchana, quienes,

 sin mucho esfuerzo establecieron su dominio sobre la costa mediante sus centros administrativos de control de aguas e intercambio de recursos de primera necesidad. 

Sigue en la segunda parte. 

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