HUACA
PUCLLANA, TESTIMONIO DE LA
CULTURA
LIMA, CERCANO Y DESCONOCIDO
Huaca Pucllana tiene una historia impresionante y la cuento. Son los vestigios de lo que fue uno de los asentamientos principales de antiquísima Cultura Lima, la segunda sociedad compleja que surgió en los valles de Chancay, Ancón, Chillón, Rímac y Lurín. Paradójicamente, a pesar de que sus testimonios están en la punta de la nariz de la población limeña y de que los arqueólogos la han investigado intensamente, la mayor parte de los casi 12 millones de habitantes capitalinos ni siquiera saben que existe.
Pucllana, está ubicada en el distrito de Miraflores y estuvo abandonada mucho tiempo, pues la ignorancia y el desinterés de los peruanos modernos por su prehistoria no solo es grande; es inmenso. La convirtieron en basurero y una de sus zonas hasta fue usada para carreras de motos de campo. Eso se corrigió, en parte, desde 1981, cuando recién empezó su investigación en regla.
Su área actual es de cerca de seis hectáreas; pero, su
configuración original abarcaba el triple de esa extensión con edificios de
menor tamaño que fueron destruidos para hacer casas, calles y parques.
Inicialmente, destacados arqueólogos extranjeros solo le echaron
un vistazo, pero, nada más. Los alemanes Ernst Middendorf, en1894 y Max Ulhe,
en 1910. El peruano Julio C. Tello la
llamó «Waka Juliana» y se cree que escribió una referencia, que nunca publicó.
El cura católico Villar Córdova (1935), los arqueólogos Alfred Kroeber (1954) y
Thomas Patterson (1966), también la inspeccionaron y solo recogieron algunos
pedazos cerámicos que hallaron tirados por ahí.
Luego cayó en abandono y las inmobiliarias y hasta las
autoridades municipales empezaron a depredarla. Tello se opuso, pero no le
hicieron caso. En 1951, en son de salvataje, José Casafranca empezó a excavar.
Recién en 1967 empezó el rescate de lo que quedaba.
Etapas de ocupación
Pucllana se encuentra dividida en dos sectores:
Sector A, que incluye el edificio principal, el complejo noreste
y la bajada adyacente en donde se realizaban actividades de culto como ritos y
sacrificios en veneración de sus deidades; en este sector están también las residencias
de los sacerdotes gobernantes.
El Sector B comprende la zona administrativa conformado por recintos, pasadizos, patios con rampas, banquetas y depósitos de ofrendas destinados a las labores públicas y de gobierno de la población. En este sector también se realizaban actividades de intercambio que debieron ser frecuentes.
El sitio tuvo tres ocupaciones prehispánicas:
i)
La original Lima, del 400 al 700 d.C., aproximadamente, durante
el Intermedio Temprano o de los desarrollos regionales. El arqueólogo Hernán
Silvera La Torre, en su artículo, Buscando rastros de una actividad ritual
en Huaca Pucllana, dice que, probablemente la construcción de su edificio
monumental comenzó en el año 500 d.C.
ii)
La ocupación Wari como cementerio de sus funcionarios
imperiales, del 700 al 900 d.C., con ofrendas y testimonios de sacrificios
de adultos y niños y, finalmente,
iii)
La presencia ychsma, entre los años 1 000 y 1 532, durante el Horizonte
Tardío, tiempo en que el sitio siguió siendo utilizado como cementerio con
una aldea instalada en su derredor.
Al llegar los incas, encontraron a Pucllana abandonada y la
consideraron una «Ñawpa Llacta» sagrada, o «pueblo viejo». Sobre el tiempo de
la ocupación española, María Rostworowski ha corroborado con documentos
que a fines del siglo XVI el sitio estaba registrado como propiedad del curaca Pedro
Chumbi Charnan, señor de Huatca, quien declaró ante el registrador colonial
que el sitio, en ese tiempo, tenía por nombre Pullana o Puliana
Durante su funcionamiento como centro ceremonial de la cultura Lima, Huaca Pucllana fue contemporánea de otros sitios como Maranga, Cajamarquilla, Pachacámac, Catalina Huanca, Copacabana, Cerro Culebra y otros.
Estatus político
Silvera la Torre plantea que Pucllana fue el centro de un
curacazgo que, junto con otros grupos similares de los valles de Lurín, Rímac,
Chillón y Chancay compartían una misma tradición o costumbres sociales,
económicas y religiosas y aplicaban los mismos patrones productivo, de
asentamiento, arquitectónico, constructivo, alfafero y fúnebre, expresando una
homogenización que ha permitido reconocerla como la cultura Lima.
Algunos investigadores creen que esta especie de federación de
curacazgos logró avances notables en su institucionalización, de tal modo que
plantean que los limas estaban en camino de convertirse en un estado.
Cada curacazgo tenía un gran edificio ceremonial administrativo y de culto que operaba como una suerte de capital semi urbana zonal o centro de poder que administraba toda la producción de la zona. Los pobladores se dedicaban a la agricultura con riego por gravedad mediante canales derivados del rio Rímac; también pescaban y marisqueaban como actividades de subsistencia muy importantes que realizaban en la línea litoral y en el mar utilizando embarcaciones hechas de totora.
El edificio principal
Este edificio está compuesto por siete plataformas superpuestas
escalonadas de planta rectangular, con rampas de acceso en zigzag, pasadizos y
está orientado de suroeste a noreste. Tuvo tres fases constructivas:
La primera, corresponde a la etapa Lima Medio, cuando construyeron los tapiales. En la segunda, usaron adobes paralelepípedos cuadrangulares a fines de Lima Medio.
En la tercera y última fase, en la fase Lima Tardío,
usaron los adobitos y la técnica del librero con la que completaron el
edificio, desde cuya cima los jerarcas dominaban el paisaje y podían
administrar a la población y ejercer su control religioso.
Su construcción habría empezado lentamente en
el año 200 d.C. con base en muros de tapiales o adobones. Las plataformas subsiguientes son
de paredes de «adobitos» rellenadas con cantos rodados y arena. Su altura es de
25 metros. Tiene varios patios, plazas y recintos.
En su actual cima
hay patios y otros recintos escalonados pintadas de amarillo. Para sus
remodelaciones y ampliaciones, sus ocupantes destruían muros y rellenaban
ambientes.
No obstante, siguiendo una vieja tradición que data del periodo Precerámico
Tardío con vigencia hasta el periodo Intermedio Temprano, los limas
también remodelaban sus edificios en función de sus actividades ceremoniales,
así como para entregar ofrendas de artefactos y sangre a sus divinidades.
Clausuraban recintos, patios, escalinatas, altares, murales y
los reemplazaban por nuevos, sin o con nuevos diseños. Se sospecha que los
limas también remodelaron Huaca Pucllana con ocasión de ascensos de nuevos
curacas.
El crecimiento del edificio se realizó de sur a norte y en forma vertical, alcanzando su máxima altura en la tercera fase constructiva.
Remodelación con
sangre y muerte
Las modificaciones del edificio eran precedidas por ritos que incluían sacrificios humanos, banquetes, perforación de hoyos para la entrega de ofrendas y rotura de vasijas. Se sospecha que hacían todo eso en agradecimiento a sus dioses por el bienestar del que gozaban o para unir fuerzas frente a diversas amenazas. Esas actividades han sido fechadas en los últimos 200 años de la ocupación Lima, hasta su abandono ante la invasión wari.
El arqueólogo
peruano Nilton Ríos Palomino, en su investigación Evidencia de rituales de clausura
y renovación arquitectónica en una plaza de Huaca Pucllana , expone
la remodelación de una plaza ceremonial de Pucllana, ubicada en la zona norte del
sitio, durante el inicio del Horizonte Medio, descubierta con
excavaciones que dieron con grandes rellenos de desechos constructivos.
Hasta la fecha, en
Pucllana han sido encontradas cuatro grandes acumulaciones de este tipo, compuestas
por pedazos de cerámica, huesos de pescados, mamíferos, aves, restos de
moluscos, semillas y desechos líticos Están cerca de patios o plazas o sobre
rampas y muros clausurados.
El primer relleno estaba en el lado este del centro ceremonial, en una antesala hacia una rampa que va a la plataforma II. Aquí hallaron también osamenta humana de personas que fueron sacrificadas durante y después del entierro o clausura del espacio. El segundo cúmulo fue hallado al noreste de la plataforma II. El tercero, fue ubicado al noreste de la gran plaza que tiene banquetas, sobre la superficie de un patio y fue colocado antes de la construcción de otra plaza pintada de amarillo.
Remodelación estilo
Lima
El cuarto relleno fue
encontrado en una gran plaza con banquetas sobre una rampa que interconecta a
otra plaza a desnivel y es el escenario de los hallazgos de Ríos Palomino.
Este último relleno
fue colocado en tres momentos. El primero fue de mayor magnitud y
significado. Presentaba abundantes
pedazos de cerámica, de huesos de pescado, de aves, camélidos, posiblemente
venados, de roedores, batracios, quirópteros, restos de moluscos, crustáceos,
de plantas y de piedra. También, muchos pedazos de adobes, de enlucidos y de
banquetas.
La Gran Plaza con
Banquetas tuvo seis etapas de construcción.
En la segunda, se depositaron
los desechos sobre la rampa para la construcción de dos espacios abiertos, uno
rectangular (71,8 x 21,8 m.), con 70 postes en su interior y otro en forma de
«L», emplazado en la parte alta (80 x 23,5 m.)
Hacia el oeste fue
hallado otro ambiente rectangular (51,7 x 9,3 m.) a modo de corredor que estuvo
techado pues tenía 28 hoyos para postes, lo que fue desmontado al clausurar la
plaza.
El estudio del
lugar señala que este ambiente era el más importante, pues fue el escenario de
actividades significativas, como el «ritual de los hoyitos», que consistía en
humedecer la superficie de un piso, perforarlo con una vara, colocar en la
cavidad ofrendas de objetos como cuentas, abalorios, fragmentos de cuarzo y
sellar las oquedades. También hacían hoyitos sobre banquetas y en los muros.
Las plazas con banquetas alcanzaron su mayor variedad en la tercera fase constructiva de Pucllana (cerámica Lima 7, 8, 9 y el estilo Nievería). Las banquetas, fueron espacios de mayor jerarquía en la configuración espacial. Esto habría ocurrido en el año 578 ± 44 d.C. Pero, entre la segunda y tercera etapa de construcción cambió el patrón arquitectónico de la plaza y desaparecieron las banquetas y los ambientes fueron reducidos para albergar menos personas.
Los rituales
Nilton Ríos ha establecido que la remodelación de la plaza implicó siete actividades rituales que congregaron a muchas personas y constituyeron todo un acontecimiento tal vez regional.
La primera fue el
acondicionamiento del espacio para un gran banquete. Designaron lugares para acumular,
seleccionar, destazar, limpiar insumos (Alpacas, llamas, venados, pescado -
tiburón y mariscos, maíz, papa), cocinar
los alimentos, elaborar artefactos, refaccionar muros, banquetas, pisos y
perforar hoyos de ofrendas.
La segunda
actividad fue el banquete en sí, en un ambiente festivo, pero ceremonial, con
visos de sacralidad. Además de los jerarcas y sus invitados especiales, participaron
los aportantes de los insumos: pescadores, agricultores, ganaderos,
comerciantes y artesanos, asó como feligreses en general para la posterior mano
de obra.
Se estima que
pudieron concurrir no menos de mil personas, siempre y cuando el consumo se hubiera
desarrollado en una sola oportunidad.
Un alimento
principal debió ser la chicha, otros líquidos sustanciosos y, probablemente,
sustancias alucinógenas. No se sabe cuánto tiempo duró el banquete y si
participaron las élites de otros asentamientos.
Se cree que después
del banquete se procedió a romper vasijas consagradas como ofrendas.
La tercera
actividad fue la limpieza de los deshechos del banquete – restos orgánicos,
utensilios alfareros, líticos y toda la parafernalia utilizada– fueron lanzados
desde la parte alta de la rampa, mientras músicos entonaban temas con antaras.
También fueron arrojadas cuentas de moluscos, de huesos de aves y fragmentos de
minerales exóticos.
La cuarta actividad
fue el incendio de grandes proporciones, provocado para quemar todos los restos
de servicios y estructuras provisionales. El fuego habría durado varios días.
La quemazón puede visualizarse hasta hoy en las superficies de pisos y muros.
Es posible que el siniestro haya sido acompañado con música, oraciones,
cánticos, gritos, etc.
La quinta actividad
fue la limpieza de las instalaciones interiores de la plaza. Los desechos
fueron arrojados sobre la primera deposición de materiales descartados.
La sexta actividad
fue un gran acto destructivo de la edificación: muros, banquetas y estructuras
provisionales fueron destruidos.
La séptima y última actividad fue el uso provisional de la plaza para algunas tareas hasta que con un relleno de gran envergadura de grava y arena fueron clausuradas todas sus instalaciones.
Otros hallazgos
En el curso otras
investigaciones, en la zona sur de la cima fueron halladas varias tumbas de
personajes de la elite Lima, adultos y niños, colocados en camillas con escaso
ajuar funerario.
De la fase II de
Pucllana, fueron hallados los contextos funerarios de un adulto varón, dos
mujeres y cuatro niños los que fueron enterrados hacia el final de la fase,
antes del relleno del edificio.
Después, fueron
encontrados tres entierros dobles en los que, al lado del individuo principal
estaba otro sentado al costado o sobre aquél, como acompañante con dos de sus
vasijas asociadas del estilo Nievería y otras, típicas del estilo Lima Tardío.
Sin embargo, la mayor parte de los restos humanos hallados corresponden a
sacrificios humanos.
Una sepultura colectiva, encontrada en la plaza grande, contenía los restos de 26 mujeres sacrificadas, no se sabe por qué ni para qué. Solo se sospecha como motivo el ritual de reconstrucción por el ascenso de un nuevo curaca. En menor número también eran sacrificados varones y niños.
Sacrificios
extremadamente violentos
El análisis de las
osamentas ha revelado que mataban a los elegidos con mucha violencia y
arrojaban sobre sus cadáveres pedazos de vasijas de gran tamaño decoradas con
motivos marinos, rotas intencionalmente.
En el año 2007, en
la quinta plataforma fueron hallados restos de dos humanos, un varón y una
mujer sacrificados, cuyos cuerpos fueron utilizados como relleno constructivo
de una remodelación, antes del abandono del sitio.
El varón estaba
sobre una camilla de cañas en posición decúbito dorsal teniendo cerca una olla
con cuello sin decoración con un mate adentro y una cesta de junco. Su
vestimenta era de una mejor elaboración que las de la mujer y presentaba
huellas de lesiones en combate. A unos treinta centímetros sobre él estaba la
mujer, en posición decúbito ventral, extendida, con sus manos cubriendo su
rostro, sin restos de vestimenta. Tenía huellas de parto y signos de intenso
trabajo textil en las manos.
En el 2010 fue recuperado el entierro de un hondero Lima, es decir de un guerrero.
Centro de culto al
mar y al tiburón
Los limas fueron un
pueblo, básicamente, de litoral. En gran parte fueron pescadores. Por eso
edificaron Huaca Pucllana como centro ceremonial en homenaje o culto al
mar que está a poca distancia y fue representado por el tiburón, otros peces,
lobos marinos y anguilas, cuyos dibujos fueron encontrados en ceramios
recuperados en el lugar.
Por eso, el ícono
del tiburón es constante en las vasijas relacionadas con los cambios
arquitectónicos realizaos en la estructura. Una de ellas es un cántaro de gran
tamaño con la figura de un tiburón que fue colocado sobre el piso de un recinto
que después fue sellado como parte de una remodelación.
Los de Pucllana
también consumían mucha carne del escualo, pues en sus basurales han sido
hallados considerables cantidades de restos de esta especie después de nutrir
banquetes rituales. El ícono del tiburón también aparece en textiles de ajuares
fúnebres.
Se sospecha que los
banquetes con tiburón fueron reuniones rituales a las que asistían solo
jerarcas y sus allegados porque estaban vinculados a la práctica de sacrificios
de mujeres.
Además, en los pequeños agujeros de 20 centímetros de profundidad encontrados en la plataforma de la cima, depositaban pescado, en especial pedazos de tiburón y moluscos como ofrendas a las deidades
La narrativa de la cerámica
José Ccencho Huamaní, uno de los consagrados investigadores de Huaca Pucllana, dice en
el informe, Tradición y cambios en la cerámica
lima de Huaca Pucllana, que la construcción y ocupación
del sitio por la Sociedad Lima, abarca solo 120 años entre los años 530 y 650
d.C.
Para detectar los cambios experimentados por la cerámica Lima en
la huaca, Ccencho correlacionó dos referencias: una secuencia constructiva del
edificio y la clasificación y toda la alfarería recuperada mediante las
excavaciones arqueológicas de la doctora Isabel Flores, en cinco alfares
Pucllana: Naranja, Gris, Marrón y Fino y Nievería.
Cerámica naranja
La secuencia
constructiva que Ccencho empleó, es:
·
Fase I, del 530 a 570 d.C., con tres sub fases, temprana, media
y tardía. De esta última sub fase fueron analizadas dos vasijas rotas en ritos.
·
Fase II, 545 a 585 d.C., también con tres sub fases. De la sub
fase tardía, fueron estudiadas 4 155 pedazos de cerámica y 4 ollas de tumbas de
hombres y de una mujer.
·
Fase III, 551 a 600 d.C., también con las mismas tres sub fases.
De la sub fase temprana fueron analizados 2 200 pedazos de cerámica de la
Plataforma VII y 5 vasijas de la Plataforma V. de la sub fase media 6 073
fragmentos de cerámica, de la antesala del ingreso al edificio principal
entraron en el estudio. Y lograron reconstruir dos ollas y un cuenco. De la sub
fase tardía, fueron analizados 3 cántaros y un plato cuchara rotos
exprofesamente, 16 949 pedazos de cerámica de desechos y 3 vasijas destruidas también
intencionalmente, recogidos del Complejo Noreste. Fueron estudiados otros 950
de la Plataforma VI y también se usó el análisis de Huayta Montoya, respecto a
2 349 fragmentos.
·
Fase IV, al 650 d.C., fueron estudiadas 212 fragmentos de la
Plataforma VI.
Después de la última fase, solo siguió la llamada ocupación final y el abandono del sitio.
Progreso constructivo y la
llegada del imperialismo
De todo lo anterior,
Ccencho Huamaní concluye que todos los alfares Pucllana Naranja, Gris,
Marrón y Fino, fueron vigentes en toda la ocupación del sitio, y el alfar «Pucllana
Nievería» apareció solo en la sub fase tardía de la Fase Constructiva III
y se mantuvo hasta el final con los demás alfares.
Los alfares sufrieron solo cambios tecnológicos, morfológicos,
decorativos y de uso, porque los pucllanenses no abandonaron por completo su
tradición primigenia.
Ccencho también afirma que los cambios en la arquitectura de
Pucllana estuvieron relacionados con las modificaciones de la cerámica, de lo
cual deduce que hubo tres momentos de comportamiento totalmente distintos en la
sociedad Lima.
El primero, durante las Fases Constructivas I y II, los
arquitectos e ingenieros civiles pucllanenses solo fueron capaces de construir un
edificio de tamaño pequeño, en un marco de predominio de la cerámica Pucllana
Naranja, con pasta de pocos temperantes, pero con figuras de trazos bien
ejecutados. Las formas de las vasijas fueron cuencos y pocos cántaros de gran
dimensión. Esto podría implicar que los trabajos que se realizaban tanto para
la construcción como en la cerámica se ejecutaban a poca escala, en mayor
tiempo para contar con participación de especialistas.
El segundo momento corresponde a la Fase Constructiva III: el
edificio alcanzó un tamaño monumental y fue creciendo con el tiempo. En esta
fase, el alfar Pucllana Naranja pasó a usar pastas con más temperantes, la
decoración tuvo trazos mal ejecutados y la producción fue mayormente de
cántaros de gran dimensión. En la sub fase tardía de la Fase III, apareció el
alfar Pucllana Nievería, elaborado por especialistas. Esto implica que la
construcción y la alfarería se realizaban rápidamente y con mayor personal.
El tercer momento se corresponde con la Fase Constructiva IV, durante la cual los constructores redujeron el grosor de los muros y el volumen de los espacios, hasta que cesó drásticamente la construcción monumental y, a la vez, empezó el abandono del asentamiento. La cerámica continuó con el comportamiento anterior, pero la vajilla del alfar Pucllana Nievería decayó en calidad y asumió formas y figuras relacionadas al dominio Wari, lo que significaba que los imperialistas estaban ejerciendo su dominio.
La cerámica recolectada en Huaca Pucllana se caracterizó también por el
uso de tres colores: rojo, blanco y negro, motivos marinos como tiburones,
olas, lobos de mar, anguilas, pulpos.
La dieta de sus
habitantes incluía productos marinos, maca, maíz, frejoles, etc.
El hallazgo de
huellas plantares de hombres de Pucllana, permitió determinar que su estatura
máxima fluctuó entre 1.50 hasta 1.60 ms.
No se han hallado restos de viviendas de gente común.
Control de la
pesca, el agua de riego
Huaca Pucllana fue, sin duda, un centro administrativo y ceremonial de la zona sur de la margen izquierda del Valle del Rímac, tal vez con jurisdicción hasta los humedales de Chorrillos. Su fuente de agua dulce principal era el río Surco, ramal izquierdo del Rímac, que también permitía agricultura circundante. El curaca lima de Pucllana controlaba la pesca en la bahía próxima de Chorrillos, el suministro de agua de riego y el aprovechamiento de las lomas circundantes, así como el paso hacia los pantanos detrás de Lomo Corvina y hacia el valle de Lurín, en particular hacia la Tablada y Pachacámac.
Museo de Sitio
El Museo Pucllana comenzó en 1984. Contiene piezas recuperadas
desde 1981, una sala de exposición. Brinda el servicio de circuito de visitas a
la zona arqueológica y a un parque de flora y fauna nativas. FIN








No hay comentarios:
Publicar un comentario