viernes, 23 de mayo de 2025

 

LA CULTURA CHACHAPOYAS - PERÚ

PRIMERA PARTE

Del año 900 al 1 470  de nuestra era común.  
Entre el Periodo de Desarrollos Regionales (PDR) y 
y el Imperio Wari 

 Por ELMER  OLORTEGUI RAMÍREZ

Una misión técnica  de la organización World Monuments Fund Perú, presentó el 21 de mayo de 2025, los resultados de su trabajo de protección de los vestigios de la ciudad de El Gran Pajatén, de la Cultura Chachapoyas: una buena razón para conocer globalmente a los chachapoyaS a pesar de sus grandes misterios de origen y desarrollo. 

ORGANIZACIÓN SOCIAL SUI GÉNERIS

La Cultura o la Sociedad Chachapoya, fue un modo social particular y definido de convivencia humana en un determinado territorio, en condición de comunidades autónomas, sin correlato con una estructura política de estamentos subordinados y menos aún con un mando centralizado, tipo reino, estado o siquiera confederación tribal.  

Los expertos en el tema tienen la hipótesis acerca de que los chachapoyas tenían mínimos liderazgos, en particular en las alturas del río Utcubamba y eran pueblos que tenían prácticas similares, pero conductas grupales particulares. También se calcula que cada asentamiento era gobernado por un curaca y sacerdotes y solo se integraban por razones militares y religiosas.

 


Impresionante vista aérea de la ciudadela de Kuélap.

 


Grandes muros líticos de la inmensa ciudad del GRAN SAPOSOA, aún en estado de 
abandono por la incuria del estado. 

 

OCUPACIÓN ANTIQUÍSIMA

Los arqueólogos, el estadounidense Warren Church y el peruano Federico Kaufmann Doig, coinciden en que el territorio chachapoya tuvo ocupación humana antiquísima: hace unos 12 500 años antes del presente (adp.) Kaufmann, ha precisado, además, que cree que esos ocupantes tempranos fueron otras gentes distintas a los chachapoyenses tardíos. 

En el libro “Los Chachapoyas”, Federico Kaufmann et al. (magnífica edición del 2013), el arqueólogo, dice: “Consideramos que los primeros grupos pre-agrícolas que tuvieron presencia en este territorio no fueron los ancestros culturales de los forjadores de la cultura Chachapoyas. Al parecer, aquellos primeros pobladores no debieron ser numerosos ni estuvieron encaminados a lograr un desarrollo cultural importante en ese difícil escenario”.

Además, los arqueólogos también coinciden en que la cultura que observaron, describieron y documentaron los invasores españoles desde mediados del siglo XVI, probablemente  comenzó durante los años 900 d.C. y debió de alcanzar su apogeo en el curso del año 1 000, hasta la llegada de los españoles al Perú, a pesar de que, desde 1,470 su población estaba sometida a vasallaje ante el imperio del Tahuantinsuyo (Expansión del Imperio Inca).

UBICACIÓN. 

El territorio de esta cultura abarcaba desde la margen derecha del curso medio del río Marañón, en la zona de Bagua,  unos 400 kilómetros hacia el sur, incluyendo la cuenca del río Abiseo, donde se encuentra la ciudadela de Gran Pajatén  y  hasta el río Chontayacu. Por el este, su límite natural fue la margen izquierda del Río Huallaga. Comprendía así, la parte sur del actual departamento de Amazonas, el sector noroeste del departamento de San Martín y el extremo oriental del departamento de La Libertad. Era un territorio de más de 30,000 kilómetros cuadrados que constituyó  una de las provincias más grandes del Tahuantinsuyo.

 

Mapa del territorio que ocupó la sociedad de los chachapoyas en su etapa tardía 

 

CRONOLOGÍA APROXIMADA

Sobre la misteriosa población originaria del territorio chachapoya, por ahora sólo se cuenta con la evidencia arqueológica lograda por Warren Church en la cueva de Manachaqui y otros abrigos rocosos contiguos ubicados en el Parque Nacional Río Abiseo, obtenidos durante la ejecución del Proyecto de Investigación en dicho parque, trabajo que demoró 5 años. Los restos datan de unos 12,500 años adp.  El propio Church dice en su web site:

Análisis de los conjuntos combinados de datos arqueológicos y estratigrafía de los asentamientos investigados en Gran Pajatén (ca. 400 a. C.-1536 d. C.) y Las Papayas (ca. 1300 d. C.), abrigos rocosos de Chirimachay (ca. 700 d. C.) y la cueva de Manachaqui (ca. 10 250 a. C.) - 1536 d. C.), La Playa y las tumbas de Los Pinchudos (ca. 1530 d. C.), permitieron construir la secuencia estratificada más larga y completa de desarrollo cultural local recuperada de las laderas boscosas del noreste del Perú”.

Así, el «Hombre de Manachaqui», corresponde al mismo horizonte antiquísimo de los habitantes de la cueva «El Guitarrero», en el Callejón de Huaylas, cerca de Yungay y del «Hombre de Lauricocha», cerca del nacimiento del Río Marañón, en el departamento de Huánuco.

El fechado muestra también una enorme brecha temporal de más de 10 000 años entre el «Hombre de Manachaqui» y el surgimiento de los primeros asentamientos en el territorio chachapoyense, los cuales, sin duda, tienen otro origen. Es la misma brecha temporal entre los hombres de las cuevas de El Guitarrero y Lauricocha, respecto al surgimiento de la sociedad Chavín. Un verdadero “Hueco Negro” de nuestra prehistoria.

 Cronología alfarera

El análisis de secuencia alfarera realizados por el Museo Nacional de Antropología y Arqueología de Lima (2009), en los que intervino Arturo Ruiz Estrada, coautor de “Los Chachapoyas”,  examinó cerca de 17 000 muestras de fragmentos cerámicos recuperados de la fortaleza de Kuélap y de diferentes lugares del valle del Utcubamba, con los siguientes resultados:

1)   Mucho antes de la construcción de Kuélap se habían instalado otros grupos humanos, correspondientes a las fases alfareras Cancharín y Pumahuanchina más tempranas (entre el año 397 a.C. y el año 500 d.C.), un lapso de 897 años, casi un milenio.

Cronología alfarera de la Cultura Chachapoyas, según Arturo Ruiz Estrada 

2)   La mayor cantidad de los restos alfareros estudiados está asociada al proceso de construcción de Kuélap. Algunos estilos están sobrepuestos a fases anteriores y otros aparecen en el estrato final asociados a la cerámica incaica. Esta secuencia cerámica fue llamada “Fase Kuélap”, correspondiente a la sociedad Chachapoyas. Investigadores posteriores dicen que es de tradición regional, pero otros estudiosos han demostrado que tiene antecedentes milenarios (Ruth Shady, Hermilio Rosas y Warren Church) 

KUELAP

Lamentablemente, no hay estudios precisos sobre la antigüedad de Kuélap. Peter Lerche, un antropólogo extranjero reconocido, residente en el departamento de Amazonas durante más de 30 años  y ex alcalde de una provincia peruana, menciona en el minuto 27 del documental televisivo, “Los guerreros perdidos de Cartago” (Director: Michael Gregor) que varios fechados de radiocarbono fijan la construcción de la ciudad- fortaleza en los años 800 d.C., pero explica que  unos vestigios hallados en la entrada de la construcción arrojan una antigüedad anterior: 500 años d.C.


Magnífica y difícil entrada a la ciudadela de Kuélap, en el departamento de Amazonas

Otros estudiosos estiman que su construcción habría comenzado alrededor del siglo XI o años 1,000 d.C., durante el período de franco desarrollo la Cultura Chachapoya y demoró unos 200 o 300 años. Su máxima ocupación debió ocurrir entre la centuria, de los 1 400 d.C. y la de 1 500, por supuesto, antes del asedio y conquista inca,  poco antes de la llegada de los invasores españoles.



 Casas d Kuélap, de planta circular y techo cónico de paja, vocación arquitectónica
 casi única en los Andes Centrales del sub continente


Gran torreón con diseño de cono invertido de 5 metros de altura (tipo Inkwell) que
 no existe en otra parte del Perú y que resultó un antiguo observatorio astronómico

OTRAS CIUDADES

El Gran Pajatén

Fue descubierta en 1963, cubierto por un tupido bosque tropical húmedo, por una expedición organizada por el alcalde de Pataz, Carlos Torrealba junto con lugareños, en busca de tierras agrícolas. Está ubicado en la margen izquierda del rio Montecristo, a 2,850 m.s.n.m., en el distrito de Huicungo, en la provincia de Mariscal Cáceres, de la región San Martín.

Antes de que una misión del gobierno confirmase el hallazgo el explorador estadounidense, Gene Savoy se adelantó en 1964 con lugareños de Pataz. Llegó hasta las ruinas y dio la noticia al mundo con gran impacto presentándose internacionalmente como el descubridor del sitio.

En 1965, Federico Kaufmann, dirigió una primera expedición oficial que confirmó el hallazgo. En un segundo viaje en 1966, amplió los primeros trabajos de limpieza y elaboración de planos.

Recinto 1, de Gran Pajatén, Ciudad que tiene los únicos muros circulares
con decoraciones en zigzag y seres antropomorfos que se dan
 la mano, en cuclillas, ornamentados con penachos tipo alas.

 

Otra vista del Recinto 1

Dibujo de aproximación de cómo fue el Recinto 1 del Gran Pajatén. 

En 1968 el arqueólogo Duccio Bonavia describió 18 edificios circulares, con dimensiones que van de los 4 metros a los 14 metros de diámetro.

Según la datación de Church, Gran Pajatén muestra el inicio de su ocupación más tardía hacia aproximadamente el año 390 a.C., hasta que fue abandonada cerca del año 1,536 ne., cuando los españoles sometían a los incas.

En efecto, de 1985 a 1990, durante la ejecución del Proyecto de Investigación del Parque Nacional del Río Abiseo, integrado por arqueólogos  de la Universidad de Colorado y de la Universidad Nacional de Trujillo hallaron en derredor de Pajatén, 37 sitios arqueológicos, 30 localizados en las zonas altas del pajonal de puna en el límite occidental del parque y 7 en el bosque montano continuo del valle del río Montecristo, los cuales muestran una ocupación humana desde el precerámico hasta después de la invasión y ocupación española.

En, “Historia e investigación del Gran Pajatén 2018”, Víctor A. Pimentel y Warren Church, informan que, como resultados, el Proyecto de Investigación Parque Nacional del Río Abiseo, “luego de cinco años de permanencia en el área, de reconocimientos detallados y de excavaciones controladas, logró registrar 37 sitios arqueológicos, 30 localizados en las zonas altas del pajonal de puna en el límite occidental del Parque y 7 en el bosque montano continuo del Valle del río Montecristo, sitios que reflejan una ocupación humana prehistórica que se remonta al Periodo precerámico y que se prolongó hasta bien entrado el siglo XVI, después de la llegada de los españoles”

Las excavaciones llevadas a cabo en el sitio por Church en 1988, 1991, 1994, demostraron que, durante una ocupación que se remonta a, por lo menos, el año 2,200 adp. (Desaparición del imperio Chavín, inicio del Intermedio Temprano o de las culturas regionales), las evidencias cerámicas señalan que hubo contactos entre pobladores de la zona con grupos andinos. No obstante, según Church esa ocupación no estuvo asociada a desarrollos arquitectónicos ni a construcciones.

De otro lado, los resultados de las investigaciones de Narvaez y Ruiz realizadas en Kuélap, en la región de Chachapoyas, señalan que ciertas construcciones similares a las del Gran Pajatén ya existían  durante el Horizonte Medio (700 - 900 d.C.)

En consecuencia, la investigación determinó, sin lugar a dudas, que los edificios de planta circular del Gran Pajatén fueron construidos hacia fines del siguiente Periodo Intermedio Tardío (900-1470 d.C.), o durante el subsiguiente, el Horizonte Tardío (1470-1532 d.C.) (…) y  que  la última ocupación de Gran Pajatén tiene filiación inca inobjetable, de acuerdo con Bonavia”.

 SALVATAJE DEL GRAN PAJATÉN

El 21 de mayo de 2025, fueron presentados a la prensa los trabajos realizados por la organización World Monuments Fund Perú, durante los años 2023 y 2024, para mitigar la situación de emergencia por la que atravesaba el Pajatén con grave deterioro de sus estructuras líticas causado por las condiciones climáticas existentes en el lugar.

El arqueólogo Aldo Bolaños, director de campo del proyecto informó: “La estructura número 1 se encontraba en peligro, pues los muros decorados con grecas desde su parte superior se estaban derrumbando por los árboles y, sobre todo por las lluvias que caen en el lugar durante todo el año”.

Contra eso, se han rehabilitado drenajes de los mismos edificios, se han acondicionado los árboles para que con sus ramas resguarden las estructuras de las lluvias, se desmontó un muro que estaba a punto de colapsar y lo volvieron a levantar en las mismas condiciones en la que estaba, utilizando material del lugar.

En ese trance, con la tecnología LIDAR, hallaron otras 104 estructuras y se determinó que la ciudad ocupaba 10 hectáreas.

 


Trabajos de rehabilitación del recinto 1 del Gran Pajatén,
 cuyas piedras se estaban derrumbando 

Cerro las cruces o el Gran Saposoa

Este sitio está en el distrito de Saposoa, de la provincia del Huallaga, departamento de San Martín, en la margen derecha del rio Huabayacu, entre sus tributarios, los ríos Yonán y Huallabamba, a 2.720 metros sobre el nivel del mar.

Está cercado por una gran muralla de 12 metros de alto y tiene 4 entradas. También posee torreones defensivos. Tiene numerosas construcciones, como mausoleos y edificios de planta circular. Habría sido un centro residencial y administrativo. Las edificaciones ocupan las partes bajas y altas de los cerros, pero tienen una mayor distribución espacial en las cumbres orientadas de este a oeste. Está semi abandonado.

El explorador estadounidense Gene Savor, proclamó el descubrimiento del Gran Saposoa en 1999 y lo publicó con amplio impacto mundial, pero recibió duras críticas de académicos daneses, alemanes y americanos que ya habían estado en el lugar documentándolo.

En septiembre de 2005, el hijo de Gene, Sean Savoy declaró a la Associated Press que, durante un viaje de retorno al Gran Saposoa, descubrió que el sitio había sido saqueado. Los medios criticaron duramente al gobierno peruano por no proteger el sitio adecuadamente y también a Savoy y su equipo por revelar la localización del sitio y no proporcionar la adecuada protección por sus propios medios. La protección de ruinas arqueológicas sigue siendo un problema en Perú, puesto que los saqueadores y los vendedores del mercado negro están extremadamente bien financiados

 

Muro de contención de la ciudad El Gran Saposoa

 

Mausoleo en el Gran Saposoa, con ornamento en V típico de los chachapoyas.

 Gran Saposoa abarca 1 000 hectáreas. Habría sido construido entre los siglos VII y VIII d.C. y habría albergado a unas 10 000 personas, principalmente agricultores. Fue un centro administrativo, político y religiosa encentrado en Cerro Las Cruces. Consta de 400 edificaciones circulares en 4 hectáreas. También cuenta con una plaza pública, con una torre de tres metros de alto. Los muros de piedra son edificados en bajorrelieve con símbolo de cruz.

 La ciudad de Vira Vira

La ciudadela se ubica a 3 600 msnm en el Distrito de Uchumarca, provincia de Bolívar, departamento de La Libertad. Mira hacia una laguna casi perfectamente circular, Huayabamba, que drena en dirección este por el río Huabayacu hacia el Huallaga.

Vira Vira, tiene doscientas estructuras constructivas. Mientras que la mayoría de las ruinas de las ciudadelas de los Chachapoyas se hallan ocultas bajo una densa vegetación y apenas se ven, incluso desde corta distancia, Vira Vira se encuentra sobre el límite del hábitat de los árboles, en la jalca (serranía arbustiva o de pradera), y es visible en su totalidad.

Corresponde a una clase de ciudadelas de las alturas conocidas como pucaras, o fortalezas amuralladas, con paredes salientes en zigzag, lo que habría permitido arrojar proyectiles a los que intentaran capturarla. Dos entradas posibilitan el acceso a unas doscientas estructuras.

 El Gran Vilaya

La Ciudad de Vilaya o Gran Vilaya, está situado en el distrito de Pisuquía, a 54 kilómetros de la ciudad de Chachapoyas, en la provincia de Luya, departamento de Amazonas. Se ubica al oeste de Kuelap y tiene una extensión de casi 6 hectáreas,

El Gran Vilaya se compone de diversos centros poblados, como La Pirquilla, El Obispo, Paxamarca, El Secreto, y más.

EPONIMIA

Nadie sabe cómo se autonombraban los Chachapoyas. Tampoco queda claro cuál es el significado de la denominación “Chachapoyas”, endilgada por los Incas a esa región y sus habitantes, luego de someterlos por las malas. Con ese nombre los invasores querrían decir «hombres de las nubes», «nubes de árboles», «bosque de nubes»,

Pero, hay datos que indican que había un grupo conocido como «Chacha» o «Chachas» en el territorio asociado al asentamiento de Levanto.

Una hipótesis dice que es probable que un grupo se presentó como los “Chachas” ante el triunfante invasor inca Túpac Yupanki hacia el fin del siglo XV, de igual modo como se reconocieron los de Chillao, Luya, o Charrasmal en los documentos españoles. La descripción de Juan de Alvarado de la distribución geográfica de los curacas aliados con Guamán sugiere que los rezagos de los “Chacha”, en proceso de desaparición fueron encontrados en Levanto, y probablemente en Cochabamba, La Jalca, Leymebamba y Cajamarquilla.

.IDIOMA

Tampoco se conoce cuál idioma hablaban los «chachapoya» o cuántos dialectos empleaba la diversidad de grupos interactuantes. No obstante, a pesar de que la presunta lengua de los Chachapoyas no sobrevivió al impacto de los cambios de la  segunda mitad  del  siglo  XVI, lingüistas  y  arqueólogos perciben que  los  Jíbaros  compartían  algunos  topónimos  al  igual  que  otras  características  culturales  con  los  Chachapoyas  (Taylor  1996,  2000;  Guffroy  2006;  Koschmieder  2012). 

 ORGANIZACIÓN POLÍTICA

Los primeros registros históricos de los chachapoyas son un conjunto narrativo de los primeros cronistas de los invasores españoles, así como los relatos basados en fuentes orales no documentales de narradores de la etapa de ocupación, sin que la mayoría de ellos haya estado en el territorio aludido.

Esa narrativa proyectó una visión no certera de los chachapoyas describiéndoles como integrantes de un reino, unido, guerrero e indómito, con un comportamiento cultural casi homogéneo y poniendo énfasis en la agraciada fisonomía “blanca” de sus integrantes, en especial de sus mujeres y en la ferocidad combativa de sus varones.   

Sin embargo, ese criterio muy generalizado hasta las décadas finales del siglo XX, está cambiando paulatinamente, como consecuencia de un cúmulo de estudios de los “chachapoyas” y la aplicación de modernos procedimientos científico – tecnológicos afines a la arqueología.

La percepción actual de la mayoría de investigadores es que la organización política chachapoyana era un mosaico de asentamientos humanos ubicados en los actuales departamentos de Amazonas y San Martín, entre la margen derecha del Río Marañón y la izquierda del Rio Huallaga.

Estos asentamientos estaban estrechamente vinculados por amalgamas aún inciertas e imprecisas ¿lengua, religión, arquitectura, costumbres mortuorias, alfarería? Documentos españoles del inicio de la ocupación identifican a estos asentamientos como: Collai, Sucos, Puemal, Cajamarquilla, Chilcho y Kunturmarca y hasta mencionan que sus habitantes se disputaban tierras, el control de comercio y hasta se enfrascaban en guerras de tipo tribal.

Un resumen de la visión actual de los chachapoyas  consta más adelante en el punto Gran esfuerzo científico sobre los “Chachapoyas”, de este trabajo.

SEPULTURAS Y CULTO A LOS MUERTOS

Tampoco hay detalles sobre su organización social. No obstante de sus diferentes métodos de enterramiento de sus muertos, se puede deducir que existían curacas o reyezuelos.

 

 


 Sarcófagos de Carajía

 EL ORIGEN DE LOS CHACHAPOYA

Este es un misterio sin revolver. En la actualidad la situación ha dado origen a hipótesis fantasiosas sobre migraciones desde Europa y la Costa africana del Mediterráneo, a raíz de la aún inexplicable fisonomía de grupos sociales amazonenses de tez blanca, ojos azules, celestes o verdes, pelo rubio y rojo, alta estatura y apariencia agradable. Al respecto, las teorías más conocidas son:

 HIPÓTESIS  DE LA “SERRANIZACIÓN DE LA SELVA”.

Federico Kaufmann, en “Los Chachapoyas”, plantea su teoría sobre que la sociedad chachapoyense fue generada por pueblos migrantes andinos, específicamente, de extracción étnica colla o aymara, es decir migrantes de la Meseta del Collao, dotados de una cultura agrícola avanzada, que fusionaron su cultura con las costumbres y tradiciones amazónicas.

El arqueólogo sostiene que fue una migración organizada y bajo un poder central, motivado por la necesidad de búsqueda de nuevas tierras agrícolas para enfrentar el crecimiento poblacional y desastres ambientales.

Considerando la cronología asignada a sus grandes monumentos como Kuélap, calcula que la migración debió suceder durante la expansión Wari y Tiahuanaco, entre el siglo VIII (700 ne.) y el siglo X (900 ne.) Cree también que las diferencias culturales de los chachapoyas respecto a los andino - cordilleranos, surgieron de su aislamiento territorial, debido al torrentoso y difícil curso alto del Marañón y a su perentoria adaptación a un nuevo medio ambiente.

A pesar de tratarse de materias divergentes, tales diferencias le parecen a Kaufmann solo “modalidades surgidas por efecto de los factores mencionados”. Determina que es imposible que obedezcan a influencias culturales de la Amazonía Baja, región donde no se ha hallado vestigios de alguna cultura siquiera compatible con la fase inicial de los Chachapoyas y, menos aún, con sus habilidades de diseño y construcción de edificios megalíticos como Kuélap y Pajatén.

Kaufmann concluye que, está probado que los andinos descendieron a la Selva y que los selváticos en ningún caso subieron a la Sierra, pues no estaban dotados para soportar las inclemencias de las alturas. Eso hicieron, en su momento, los propios incas con sus fortalezas de Vilcabamba, Machu Picchu y  Choquequirao, Huanucopampa, Aypate, etc.  

 HIPÓTESIS DEL ORIGEN AWAJÚN – HUAMPIS

En la misma obra “Los Chachapoyas” (Op Cit. Pag. 50) Kaufmann hace constar también la hipótesis de su colega, Alberto Bueno Mendoza (2008), según la cual la cultura Chachapoyas surgió a partir del aporte de migrantes andino – cordilleranos al grupo étnico Jíbaro, un grupo localizado en la zona Norte del departamento de Amazonas y en el Noroeste de Loreto, así como en territorio del Ecuador. La etnia Jíbara integra la familia lingüística Ashuar o Maynas, y comprende varias tribus como la Aguaruna, hoy autonombrada Awajún y la Huambisa, hoy autollamada Wampis, así como a los Candoshi y otros. Actualmente, los Awajún – Wampis, forman una confederación tribal reconocida como pueblo originario.  

Bueno Mendoza plantea, sin aludir fecha precisa, que los jíbaros, en un momento dado de su historia, habrían asumido la influencia cultural de los llegados de la cordillera.

Adicionalmente a lo hasta aquí expuesto, recordemos la teoría de Julio C. Tello que planteaba que la civilización cordillerana - costeña se habría producido por gente que desde la Amazonía escaló los Andes hasta llegar a la zona de Chavín, donde habrían levantado la monumental construcción de ese nombre y los muchos monolitos figurativo - simbólicos.

Para Kaufmann, al no haber antecedentes en la Baja Amazonía de expresiones culturales superiores ni de una arquitectura portentosa como la de Chavín, la propuesta del doctor Tello carece de peso. Además, las especulaciones posteriores lanzadas sobre todo por Donald W. Lathrap (1970), en el sentido de que entre las representaciones de Chavín aparecen retratados caimanes (Melanosuchus niger), otorongos (Panthera onça) y águilas arpías (Harpia harpyja) propias de la Amazonía y cuyo hábitat se encuentra a cinco o seis jornadas de viaje de Chavín, no resisten una evaluación iconográfica metódica.

 HIPÓTESIS DEL APORTE FENICIO - CELTA A LOS CHACHAPOYAS

En el estricto terreno de la especulación, en el presente siglo ha surgido la tesis del escritor Hans Giffhorn, quien en el video documental ya citado de 53:08 minutos “Los guerreros perdidos de Cartago”, plantea que el pueblo chachapoya recibió, con alto impacto para su cultura, una migración de guerreros cartagineses (fenicios) y sus familias que escaparon a la violenta toma de esa ciudad portuaria del mediterráneo, por las fuerzas del imperio romano, durante la tercera Guerra Púnica, entre los años 2,149 y 2,146 adp. Ellos, junto con navegantes celtas, habrían cruzado el Atlántico en sus naves fenicias siguiendo el curso de la corriente africana que va desde la costa occidental de África hacia el oeste, hasta la costa norteña de Brasil.

La teoría supone que sin poder asentarse en esa zona que hacia el oeste daba a un territorio infértil, navegando hacia el sur, llegaron al delta del Amazonas, lugar en el que también no habrían podido ubicarse por los constantes ataque de las tribus locales. Habrían seguido el curso del Amazonas contra la corriente y remontando uno de sus principales tributarios, el Marañón, llegaron a la zona de Kuélap, siendo ellos quienes transfirieron a los locales chachapoyenses sus conocimientos de arquitectura lítica militar defensiva y de viviendas circulares hasta de dos pisos.

Lamentablemente, el documental no proporciona cronología alguna, pero las supuestas bases de su teoría sobre el aporte fenicio - celta a la Cultura Chachapoyas son las siguientes:

1)   Los nativos Chachapoyas no pudieron generar por sí mismos la tecnología arquitectónica ni constructiva de Kuélap, que es distinta al diseño  arquitectónico y técnicas de construcción lítica de otras culturas andinas.  

2)   La interacción sexual entre los celta - fenicios y los locales explica las características fisonómicas de los Chachapoyas, descritas en las primeras crónicas de los invasores españoles como personas de gran estatura, tez blanca, pelo rubio o rojizo, ojos azules y de muy agraciado aspecto general, distintos a la mayoría de nativos americanos que, como dice Federico Kaufmann, descienden de los proto – mongoles, que llegaron por el puente geológico de Bering.

3)    Giffhorn arguye que en toda América no hay otra construcción lítica monumental con el diseño circular de los edificios de Kuélap y su techo cónico, el cual sí se corresponde casi totalmente con la arquitectura y tradiciones constructivas de pueblos del Mediterráneo, en particular con los vestigios de construcciones celtas en la Costa atlántica del Norte de España.

4)   Según el paleopatólogo, Michael Schutlz, está comprobado que los Chachapoyas hacían trepanación craneana con fines médicos, mediante perforaciones circulares una al lado de otra; una técnica que también usaron los celtas para el mismo fin.

5)   El análisis de vestigios óseos (momias) de chachapoyenses fallecidos antes de la llegada de Cristóbal Colón a las islas atlánticas centroamericanas, el 12 de octubre de 1492, muestra algo sorprendente: que padecieron tuberculosis, un mal endémico que fue trasladado a América por los europeos, mucho después de la muerte de las momias analizadas.

6)   El campeón de tiro con onda de las Islas Baleares, Tom Caballero, tras examinar una onda de origen chachapoya que le proporcionó Giffhorn, confirmó que es totalmente idéntica a la onda que él usa, de origen balear.  

7)   Manfred Kayser, científico del departamento de Biología Molecular de la Universidad de Rotterdam, confirma que el análisis de ADN de niños actuales de Amazonas, de pelo rubio, rojo y de ojos azules, muestra que el 50% de su genoma presenta el cromosoma 1RB que corresponde a la población del occidente de Europa, específicamente a la zona de Galicia, en la península ibérica y a las islas británicas, en donde se asentaron los Celtas. El otro 50% corresponde a genomas de poblaciones nativas de América. Sin duda, esto solo acredita la lógica ascendencia española de los analizados que conforman la población actual de amazonas, puesto que el estudio no incluyó estudio del ADN mitocondrial antigua, adecuadamente fechado y certificado.

Contra esta fantasiosa teoría, el experto estadounidense en la cultura Chachapoyas, Warren Church, declara enfáticamente en el documental que, hasta hoy, no ha hallado  un punto histórico de ruptura de la secuencia del desarrollo, ni un gran cambio cultural en los Chachapoya, ni menos una invasión de extranjeros o elementos extraños que indiquen que alguna vez todo dio un giro radical para el pueblo chachapoyano.

SIGUE LA PARTE II

No hay comentarios:

Publicar un comentario