martes, 26 de agosto de 2025

 

¿EXISTIÓ EL PLAN DE INVASIÓN A CHILE
EN 1975, FRUSTRADO POR EL GOLPE DE
ESTADO DE MORALES BERMÚDEZ?


       General Juan Velasco Alvarado                                General Francisco Morales Bermúdez, 

Por Elmer Olortegui Ramírez

El 29 de agosto de 2025 se cumplen 50 años del golpe de estado que encabezó en Tacna el general Francisco Morales Bermúdez Cerruti, contra su jefe, el general Juan Velasco Alvarado, presidente del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, es decir un dictador de tipo cesarista. El golpista era el segundo de a bordo en el régimen de aquel tiempo, pues desempeñaba los cargos de presidente del consejo de ministros, ministro de guerra e integrante de la junta militar de gobierno.

El cuartelazo, como tal, no ha sido materia de estudio exhaustivo por el conjunto de historiadores nacionales, nadie sabe por qué.

El registro de la data solo arroja algunos estudios de tipo político económico y sociológico, otros materiales supuestamente producidos por fuentes militares en las redes sociales y alguna que otra crónica no muy profunda e información periodística.

Evidentemente, para la información cronológica de los acontecimientos del 29 y 30 de agosto de 1975 están los archivos de los diarios de la capital y de todo el país, con la salvedad de que, en realidad, estos medios solo atinaron a emitir información oficial, pues en su totalidad estaban bajo total control total del gobierno, en proceso de expropiación para ser entregados a “los sectores sociales”.

Sin embargo, el desinterés de los historiadores no solo comprende el llamado “tacnazo”, sino también dos aspectos del golpe contra Velasco que falta investigar y aclarar:

  • Si es verdad que las FF. AA. peruanas iban a invadir Chile, para recuperar Arica y Tarapacá y entregar Antofagasta a Bolivia.

  • Si el cuartelazo de Morales Bermúdez liquidó la invasión.


En el lado peruano, dentro del cuadro de “silencio histórico” sobre la grave crisis peruano - chilena entre los años de 1974 y 1975, el tema de la invasión es profundo y, además, está como sepultado por la negación tajante de la existencia del plan de guerra por parte de los dos grandes protagonistas de ese tiempo, los generales Edgardo Mercado Jarrín, puntal principal del rearme peruano y Francisco Morales Bermúdez, comandante general del Ejército durante el supuesto lanzamiento de la invasión.

Solo hay un testimonio, pero no convincente atribuido al propio general Juan Velasco Alvarado por sus ex colaboradores, sobre el propósito, en anhelo de recuperar Arica y Tarapacá, más no sobre la decisión de emprender la guerra con fecha precisa.

Sí persisten versiones sin confirmar, en condición de rumores, que desde 1974 corrieron entre corrillos políticos sobre la “inminente” invasión las que, con el correr del tiempo, pero sin confirmación alguna, se han convertido en materia de conversaciones coloquiales de militares ahora ya retirados, sobre la ocasión en que fueron convocados en 1975 en el servicio activo o para la reserva a prepararse para atacar a Chile.

La cuestión es, entonces, ¿por qué la negación militar y el silencio de los historiadores peruanos?

En cambio, en el lado chileno, la existencia del plan de invasión es una verdad absoluta, así como es amplia y nutrida la bibliografía que intenta remachar ese criterio, sobre la “guerra que nunca fue”. En el curso de este trabajo trataremos de explicar el por qué de esta visión chilena.

Antecedentes de la coyuntura de 74 – 75

Con relación al tema de este trabajo, es necesario tomar en cuenta los siguientes hechos previos:El descalabro desatado desde el 16 de octubre de 1973 en el mundo y, en particular, en los países periféricos del capitalino o tercer mundo, por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con su abrupta decisión de embargar entregas de crudo a países pro israelíes, subir el precio internacional del barril en 70% y reducir su producción global mensual en 5%. Perú consumía en ese tiempo, 100 mil barriles diarios, pero solo producía 40 mil. El impacto de la subida de precios de los combustibles y de los productos de primera necesidad, fue atroz y malogró la vida de la mayoría de los peruanos.

  • El ascenso del general Edgardo Mercado Jarrín, el 1 de febrero de 1973, al cargo de comandante general del ejército y por consiguiente, a los de ministro de guerra, miembro de la junta militar de gobierno y presidente del consejo de ministros. Como jefe de estado mayor del Ejército, Mercado había participado en la compra del gran paquete de armamento soviético, cuyo componente de blindados estuvo destinado al Chile de Allende. Mercado se había encargado también de reestructurar el dispositivo de las bases militares nacionales, en especial las de la frontera con Chile, en los departamentos de Arequipa, Moquegua y Tacna.

  • El diagnostico de Velasco de aneurisma estomacal con alto riesgo de muerte, del 23 de febrero de ese mismo año, en el Hospital Militar de Lima, lo que obligó primero, a la extirpación de parte de su arteria abdominal y segundo, el 9 de marzo, a la amputación de su pierna derecha, por gangrena debido a nula irrigación.

  • El afloramiento de graves fisuras entre los altos mandos de las FF.AA, a partir de la discusión sobre la sucesión de Velasco, en caso de incapacidad permanente o muerte, lo que dio lugar a expresiones de ambiciones personales y de interés político ajeno a los postulados ideológicos del proceso revolucionario, como las del propio Mercado Jarrín que intentó hacerse del poder y la del “ala derechista” encabezada por el comandante general de la Marina, Luis Vargas Caballero que dieron lugar a posteriores hechos de grave deterioro del velascato.

  • La llegada al Callao, desde los primeros meses de 1974, de los blindados T-54 y T-55, aviones MIG, misiles de largo y corto alcance, así como otro tipo de armamento comprado a la Unión Soviética y su despliegue en las bases de Arequipa Moquegua y Tacna, más la instalación en la base aérea de La Joya (Arequipa) del moderno sistema de defensa antiaéreo, dotado de los más recientes adelantos satelitales y electrónicos.

  • La resistencia del “ala derecha” del régimen, junto con sus aliados empresarios y políticos tradicionales contra la creación del sector empresarial de la Propiedad Social y la socialización de los medios de comunicación.

  • El acuerdo conspirativo secreto, de abril de 1974, entre los miembros de la junta revolucionaria de gobierno, general Mercado Jarrin y vice almirante Vargas Caballero, para oponerse directamente ante Velasco a la socialización de la prensa y, en caso de que se negara a detener el proyecto, derrocarlo de inmediato.

  • La fallida primera sublevación de la Marina de Guerra, el 29 de mayo de 1974, en apoyo de su comandante general, vice almirante Luis Vargas Caballero, quien fue obligado por Velasco a apartarse del gobierno luego de ser señalado públicamente por el propio presidente de facto, de ser contrario a la revolución peruana, dándole un ultimátum, de tal modo que si no hubiera aceptado, hubiese desencadenado un ataque militar a las bases navales del Callao y de Ancón y a la flota que no alcanzó a moverse del Callao.

  • La gran “exhibición de músculos”, en el desfile militar del 29 de julio de 1974, con la exhibición de los tanques soviéticos T-54 y T-55, comandos misileros equipados con los SAM tierra – aire, vehículos lanza cohetes, numerosos batallones de infantería armados con los kalashnikov AK-47, diez grandes vehículos portadores de misiles de largo alcance y el vuelo razante de una escuadra de modernos interceptores y bombarderos MIG con su arsenal.

  • La presencia en Lima como invitado especial al desfile militar para la celebración de la independencia peruana, del comandante general de las fuerzas armadas revolucionarias de Cuba, Raúl Castro, hermano de Fidel.

  • La revelación de Velasco en su mensaje a la nación de fiestas patrias del 74 de que el Plan Inca de la revolución peruana tenía como pendientes principales: la creación del movimiento político de la revolución peruana (¿el partido político único?) la promoción del modelo autogestionario de la propiedad social, la regulación de alquileres de viviendas, el establecimiento de igualdad de derechos de las mujeres, el servicio médico rural gratuito y la elaboración de una nueva constitución

  • El agravamiento de la fractura política de la cúpula del régimen militar a raíz de las crisis por la enfermedad de Velasco, por el primer intento de sublevación de la Marina de Guerra, así como por los pendientes del Plan Inca, en particular, por el tema de la creación del partido político de la revolución, lo cual se expresó en la percepción clara de la actuación conflictiva de dos facciones: “Los halcones” o revolucionarios originales y “La misión” de tendencia derechista, partidarios de un “ya basta” de avanzar hacia el comunismo.

  • La segunda sublevación de la Marina de Guerra, ocurrida el 25 de junio de 1975, durante la cual la escuadra completa zarpó del Callao y fondeo detrás de la isla San Lorenzo en posición desafiante. Mientras tanto una comisión naval de sobrada tendencia derechista encabezada por el contralmirante Jorge Parodi Galliani, conseguía, bajo esa presión, que Velasco cambie al ministro de Marina, vicealmirante Guillermo Faura Gaig, reputado velasquista, quien durante la rebelión del vicealmirante Luis Vargas Caballero, había impedido el zarpe de la flota desde el Callao y Ancón, en tanto que durante su gestión estaba investigando si oficiales del servicio de inteligencia naval habían realizado atentados dinamiteros contra el gobierno en los últimos meses.

  • El ascenso del general Francisco Morales Bermúdez Cerruti, el 1 de febrero de 1975, a los cargos de presidente del consejo de ministros, ministro de Guerra y comandante general del Ejército, en reemplazo del general Edgardo Mercado Jarrín, quien pasó al retiro. Morales Bermúdez asumió el puesto número 2 en el gobierno militar, justo cuando tomaba impulso la huelga de subalternos de la Guardia Civil. Pero, respecto a ese hecho no movió un dedo para tratar de solucionarlo, pues se limitó a actuar como observador en el contexto del consejo de ministros, por lo que se sospecha que desde 1974, ya tenía en mente asumir la presidencia del gobierno revolucionario por las buenas o por las malas, sobre la base de su conocimiento de varios intentos previos de derrocamiento que Velasco develó por la fuerza.


Disposición de fuerzas armadas de Perú y Chile  1974-75

La guerra que nunca fue

Los historiadores chilenos, Sebastián Hurtado y Joaquín Fernandois, de la Universidad de San Sebastian, han publicado el libro, An International History of South America in the Era of Military Rule: Geared for War, solo en idioma inglés.

La reseña del texto del diario La Tercera, de Santiago, dice que, en la primera mitad de 1974, el gobierno militar chileno estaba muy preocupado por la posibilidad de un ataque militar peruano y ordenó algunas formas de movilización de reservistas y de preparación de la frontera, es decir, el minado de esa zona, anticipándose a un posible ataque.

Hurtado y Fernandois afirman también que, en aquel entonces, políticos, oficiales y diplomáticos sudamericanos, europeos, en especial brasileros y estadounidenses, pensaban que el régimen militar peruano tenía intenciones de atacar Chile para recuperar parte de lo que había perdido durante la Guerra del Pacífico.

Además de realizar urgentes medidas defensivas en el desierto del norte, aprovechando su afinidad ideológica con su colega dictador de Bolivia, general Hugo Bánzer, el dictador chileno Pinochet consiguió restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países, rotas de 1962. El 8 de febrero de 1975, Pinochet y Bánzer se reunieron en la estación boliviana de trenes de Charaña, en donde se dieron un gran abrazo de amistad y hablaron del diseño de una propuesta para solucionar la salida al mar para Bolivia.

Hábilmente, Pinochet se situó así en una mejor posición frente a las intenciones bélicas de Perú por cuanto Perú tenia que ser convocado a la aprobación del acceso boliviano al mar por tierras que habían sido suyas.

Otra interesante y reciente visión chilena del tema consta en el ensayo de Roberto Urrutia Bravo, magister en historia militar de la Universidad Austral de Chile (UACh), La crisis militar entre Chile y Perú (1974-1975): una visión desde la ideología peruana, publicado en la revista PERSPECTIVAS de Historia Militar de agosto de 2024, por la Academia de Historia Militar.

El autor anota la apreciable bibliografía chilena sobre la crisis del 74-75: los artículos de Valdés S. (1993) en la revista Qué Pasa, de amplia difusión en Chile, el trabajo de José Rodríguez Elizondo (2001), los trabajos tanto de Milstein (2000) como de Gallardo Puelma (2003), seguidos de los trabajos de Castillo y Zarzuri (2005) y la serie de escritos de la historiadora chilena Patricia Arancibia publicados en el diario La Segunda en el año 2007, titulados “Chile-Perú: Una década en tensión (1970- 1979)”.

Urrutia Bravo cree que en la propia génesis del grupo militar revolucionario de Velasco, estaba el propósito de unir en un solo proyecto político, la recuperación de la integridad territorial del Perú, y realizar las transformaciones estructurales que el país necesitaba para salir del subdesarrollo.

Tan es así que, en el campo de la planificación militar, el proyecto de recuperación territorial, fue encargado a la Dirección de Asuntos Estratégicos, que debía considerar a Chile como un posible adversario.

En concordancia con este criterio, Urrutia recuerda que la historiadora chilena Patricia Arancibia anotó en 2007 que en 1969, según la revista peruana Liberación, Velasco Alvarado pidió una apreciación de inteligencia sobre Chile, la que fue elaborada por uno de los mejores oficiales de inteligencia, el teniente coronel Ludwig Essenwanger. Su conclusión fue que “la capacidad disuasiva de Perú frente a Chile era uno a uno. Entonces, Velasco dispuso potenciar la fuerza en la zona sur del Perú, con el objetivo de ponerla en condiciones de operar ofensivamente sobre Chile.

Con base en esta data de origen, ya sobre la invasión en curso para el miércoles 6 de agosto de 1975, Urutia presenta los siguientes testimonios.

En contra de la existencia del plan de invasión

Del propio general Francisco Morales Bermúdez

Según testimonio conseguido por el escritor chileno José Rodríguez Elizondo, el cual consta en su libro: Chile- Perú. El siglo que vivimos en peligro.

Mucha fábula ha habido sobre eso. (…) durante el período del gobierno del general Velasco y en gran parte del mío, se produce lo que llamamos un re equipamiento de las Fuerzas Armadas y una vitalización de la parte sur, en materia de estructura militar.

Si nosotros comparamos lo que teníamos en el norte, resulta que el sur estaba desmantelado. Nuestro equilibrio estratégico se había roto. Los gobiernos anteriores poco se habían preocupado de tener una fuerza armada equilibrada, en relación a lo que significaba la región.

Se hizo un plan de equipamiento (...), entramos a un proceso de ordenamiento metodológico y presupuestal (…) y nos planteamos por qué razón el Perú sólo hace maniobras en el norte. Entonces, por primera vez el Ejército Peruano hizo una maniobra conjunta en el sur, en 1975.”

Así, el golpista del 29 de agosto, sin entregar ningún fundamento documentario, trató de desmentir que el plan preparado alguna vez en los centros de pensamiento militares peruanos fuera a ponerse en ejecución. No obstante, sobre su tajante afirmación respecto a la tal maniobra conjunta, no existe ninguna alusión chilena sobre esa acción que, en el estado en que estaban las cosas, debió haber despertado el interés internacional. Ademas, ¿en que fecha se realizó, en cuáles zonas, cuales fueron sus componentes, cuánto tiempo duró?

Sobre su golpe de estado contra el General Velasco Alvarado, declaró: “…la política económica había consistido, prácticamente, en estatizar. Se llegó a un límite de estatización, la economía comenzó a sufrir y vino un problema muy serio, que fue la subida de precio del petróleo. Se produjo un desbalance de la balanza de pagos. Entonces yo tenía dos problemas: el primero, que no había una conducción política y yo en esos momentos ya era el primer ministro y comandante del Ejército. Después de Velasco era yo y entonces me dije, según el

estatuto militar, si Velasco está enfermo el que le sigue soy yo, en consecuencia, yo soy responsable de esto. Por esa razón, el golpe de Estado fue para enmendar la situación política y económica del país. Esa fue la razón del pronunciamiento de Tacna del 29 de agosto de 1975.”

Urrutia Bravo concluye que su data examinada “muestra una tendencia histórica de Perú, que tiene como objetivo la recuperación de los territorios perdidos durante la Guerra del Pacifico, lo que también ha sido demostrado por las disputas jurídicas de los últimos años en la zona marítima norte que concluyeron con un juicio en la Corte Internacional de la Haya”.

También cree que la ideologización regional que vivía Sudamérica producto de la Guerra Fría alineó al Perú ideológicamente con la Unión Soviética, lo que facilitó su acceso a material militar de primera línea, lo que le permitió aspirar a desafiar militarmente a Chile.


Los tanques soviéticos T-55 en el desfile militar de 1974 

Del general Edgardo Mercado Jarrín, responsable del rearme peruano

En mi libro, El señor de los incendios – 5 de febrero de 1975. La última insurrección del APRA” 2001, el general Mercado Jarrín también niega que haya existido un plan de guerra contra Chile y afirma que siempre estuvo seguro de que se trató de un rumor que fue promovido y propagado por el general Pinochet como parte de su dispositivo de defensa, dado el estado reducido de sus fuerzas armadas, la escasez de sus recursos, el rechazo internacional a su sanguinario régimen y su claridad en cuanto a que Perú no solo era enemigo ideológico irreconciliable, sino también militar y bien armado.

Mercado pone énfasis en que el Chile de Pinochet, era también para el Perú un enemigo ideológico que se estaba rearmando sobre la base de una inminente invasión peruana.

Lo que si existió, según Mercado, fue un programa de rearme abastecido por la URSS ante el bloqueo del mercado de armas estadounidense, impulsado por la previsión elemental para que el país llegase al centenario de la Guerra del Pacífico (1979) con una fuerza armada disuasiva capaz de defender al país y pasar rápidamente a una contraofensiva en profundidad.

De ese modo, los tratos comerciales con la URSS terminaron en 1973 y el armamento llegó al país en el curso de 1974, cinco años antes del centenario de la infausta derrota, dando una gran seguridad al país.

Mercado calculó que es posible que, fuera de los conductos regulares, el general Velasco Alvarado haya mencionado el tema de la recuperación de Arica y Tarapacá como una aspiración, una posibilidad, más no como un plan de estado consistente.

Su conclusión fue que la invasión a Chile, hubiese requerido una enorme planificación, no solo del ataque, sino del mantenimiento de posiciones tras un alto al fuego, con la demanda de un gran presupuesto, mantenimiento de extensas líneas logísticas y con la necesaria participación de la URSS, Cuba, por el lado peruano y la de EE.UU. e Inglaterra. por el de Chile, en lo más intenso del contexto de la “Guerra fría”.

A favor de la existencia del plan de invasión

El ensayo del chileno Roberto Urrutia incluye los siguientes testimonios:

Del capitán en retiro del EP, Eloy Villacrez, en 2018.

En su libro Patriotas y traidores, sobre la frustrada invasión, Villacrez dice que la recuperación de Arica y Tarapacá no ocurrió por una maniobra orquestada por Morales Bermúdez y la Marina de Guerra.

La maniobra consistió en que Morales Bermúdez planteó a Velasco Alvarado demorar la fecha del día “D” por 30 días, es decir para el 6 de setiembre de 1975, arguyendo que los misiles tierra – aire SAM no estaban totalmente operativos en Arequipa y las Vilcas. Los SAM eran esenciales para contrarrestar posibles ataques de la aviación chilena contra Tacna y Arequipa. Le reportó también que no habían sido puestos en operatividad los sistemas de misiles antiaéreos “Pechora” en Arequipa y Las Vilcas, para responder cualquier contraataque aéreo chileno y que la Marina no se encontraba lista, porque su no había completado su proceso de rearme debido a la lentitud del proceso.

Para Villacrez, el aplazamiento fue fatal, porque Morales Bermúdez sacó del poder a Velasco el 29 de agosto de ese año y tras reemplazarlo liquidó totalmente el plan de la invasión.

En el informe especial televisivo del periodista chileno Santiago Pavlovic: "Los años que vivimos en peligro, 1975-1978" - 24 Horas TVN Chile, del 28 de noviembre de 2018. Villacrez aporta la siguiente información:

--Entrevistador: ¿Qué tan verdad fue que Velasco decía que quería desayunar en Santiago, en otras palabras en La Moneda?

--Villacrez: El quería eso y lo podríamos haber hecho. Sabíamos hasta el nombre de los tenientes chilenos que manejaban secciones de las unidades de Chile, sus efectivos, su potencial, vehículos y donde estaban ubicados. Todo lo sabíamos. Su capacidad operativa, de dónde se habían desplazado, qué armas tenían. Todo.

El plan de operaciones había sido codificado bajo el apelativo de “Negro”. “Negro 1” implicaba la invasión de Arica; “Negro 2”, la captura de Iquique, y “Negro 3”, la toma de Antofagasta para entregarla a Bolivia.

Pavlovic: (Sin mencionar fuente válida): Una fuerza de entre 300 a 700 tanques de fabricación soviética partiendo desde Tacna entrarían tratando de ocupar Arica iniciando una masiva ofensiva que incluiría penetraciones desde el mar al altiplano chileno. Nutre, Parinacos y Chingarás habían estado en la mira peruana. La sexto división blindada atacaría Arica, la tercera división penetraba por las estribaciones de la cordillera y la cuarta división avanzaba desde Puno, por Putre, avanzando hacia Arica. Se incluía también un descenso masivo de paracaidistas y fuerzas especiales en Arica para controlar puntos sensibles de la ciudad. Suponían los peruanos que no sería difícil tomar Arica y que los chilenos se replegarían hasta la quebrada de camarones donde se registraría el primer enfrentamiento serio entre chilenos y peruanos.

Villacrez integró la DIRAE, la dirección de asuntos estratégicos del Ejército, entidad del Estado Mayor para la guerra con Chile.

--Villacrez: Antes de morir matamos. La consigna era morir matando para los paracaidistas que era el mayor riesgo que había porque las baterías antiaéreas nos iban a barrer.

--Pavlovic: Según Villacrez, el segundo salto de paracaidistas peruanos sería al sur de Camarones, para impedir la fuga de los chilenos

De Augusto Zimmerman Zavala, hombre de prensa de Velasco.

En 1982 , en la revista “Kausachum”, Zimmerman reveló la fecha de la fallida invasión, el 6 de agosto de 1975, en tanto que en 1995 en el diario La República afirmó que Velasco pretendía seguir en el poder hasta después de recuperar el Morro de Arica y que el general culpaba directamente a Morales Bermúdez de que eso no se lograra. Zinmermman escribió: “… Morales Bermúdez debe explicar a los peruanos por qué fue a La Paz y, en reunión con Bánzer, paralizó la conquista de Arica”.

Otros testimonios

Del tacneño, Gary Martín Osorio Soto, artículo, El Tacnazo – crónica de una llamada que cambio la historia, publicado en la Revista de la Asociación de Estudios Históricos de Tacna. Edición N°01, Vol.01, N°03/ Agosto 2021. El texto esta también en el sitio web ResearcheGate.

Osorio Soto, es experto en prevención de riesgos laborales y gestión de desastres, con licenciatura en Administración de empresas y estudios en curso para maestrías en estas áreas. También es vicepresidente de la Asociación de Estudios Históricos de Tacna. Ha publicado siete libros sobre la historia general de la región Tacna, adelantando que dedicará un tomo de su serie La Batalla por Tacna a la supuesta fallida invasión a Chile, en 1975. El texto de Osorio, adolece de fallas de acreditación de fuentes válidas

Afirma que el Estado Mayor de las FF.AA. (Tal vez trató de referirse al Estado Mayor del Comando Conjunto de las FF.AA., pues este organismo, creado el 1 de febrero de 1957, tiene como misión realizar el planeamiento, la preparación, la coordinación y la conducción de las operaciones militares de las Fuerzas Armadas) “había planteado establecer dos bloques, uno de ataque y otro de defensa ante un ataque de respaldo al atacado.

El plan denominado: “OPERACIÓN SOBERANÍA”, debía llevarse a cabo el 5 de octubre de 1975, pero ya se encontraba en marcha.

También, sin aludir ningún fundamento válido, Osorio añade que la tal Operación Soberanía tenía dos elementos: “Negro” (Chile) y Rojo (Ecuador + Colombia), este último como hipótesis de guerra, ya que como consecuencia del ataque a “Negro”, “Rojo” pudiera actuar en defensa de “Negro”. Al teatro de operaciones sur, fueron enviados la fuerza blindados de origen soviético, el sistemas anti aéreo “Pechora” desplegado en Ilo; y la base aérea de Tacna - FAP (BATACTacna) capaz de detectar naves aéreas enemigas y despachar aviones peruanos a interceptarlas en el espacio aéreo chileno y liquidarlas.

Lamentablemente sin fuentes corroborables, a lo mejor por haber vivido tales circunstancias en Tacna, en sus referencias bibliográficas, Osorio Soto no da el nombre completo de los autores ni donde publicaron sus testimonios, refiriéndose a ellos únicamente como Pérez U. 2017, Velasquez, 2017, Santa María H., 2018, Montes Oca M, 2019, diario Poder). Pero, en términos generales apuntan a los preparativos para la invasión a Chile.

Esas fuentes aportan la siguiente data:

  • Que desde diciembre de 1974, fue convocado confidencialmente en Lima, el personal de la reserva del Ejército hasta el grado de capitán.

  • Que personas entrevistadas (no se dice por quien ni para qué publicación), entre las cuales hay oficiales que participaron acciones preparatorias en Tarata, han dicho que en el mes de agosto de 1975, unidades peruanas incursionaron en la zona de Putre, para establecer puestos de avanzada para el día 5 de octubre de 1975, día en que se suponía iba a hacerse oficial la declaratoria de Guerra a Chile.

  • Que durante el segundo semestre de 1974 y el primero de 1975, Tacna fue un hervidero de versiones sobre los preparativos de la invasión a Chile, cuyas consecuencias más visibles fueron el retorno de familias migrantes a Puno, Moquegua, Arequipa y Lima, incluso abandonando propiedades muebles e inmuebles, ante el temor de la guerra, a diferencia de la población tacneña que se mantuvo firme en posición de participar y resistir.

  • Según la versión tampoco verificable, el diario “Poder”, del 3 de julio de 2014, publicó el informe: “El día que Velasco quiso invadir Chile, en el que informa que el gobierno estadounidense develó el plan de invasión con fotografías epiteliales de los movimientos de la tropa peruana, con lo cual, eliminando el factor sorpresa, detuvo el propósito de Velasco.

  • Según la misma referencia, la Marina chilena dedujo que fue la Marina peruana la que frenó el ataque, pues era la rama más derechista de las Fuerzas Armadas peruanas, enfrentada a Velasco y cuyos altos mandos habrían determinado que no estaban listos para la guerra porque su rearme no estaba completo.

De Mery Jiménez, de la agencia de noticias InfobaeEn Infobae, la periodista Mery Jiménez, en su nota publicada el 27 de enero de 2024: La vez que Velasco quiso invadir Chile: gastó millones de dólares en tanques y sembró la incertidumbre de una nueva Guerra del Pacífico, afirma que la compra de armas a la URSS comprendió 400 tanques tipos T-54 y T-55, aviones de guerra, otros armamentos y confirma la adquisición de navíos de guerra de Inglaterra e Italia. Esto dio al Perú una enorme superioridad bélica frente a Chile.

Teniendo como base el reportaje “Los años que remecieron a Chile”, publicado por la revista chilena Qué pasa, Jiménez escribe que con el sustento de su superioridad militar, Velasco y su grupo de militares consideraron que era el mejor momento para cobrarse la revancha de la humillación de 1879, llegando hasta Santiago para después entregar Antofagasta a Bolivia, de tal modo que Perú no tuviese frontera con Chile.

La periodista anota que “La estrategia era tan detallada que se habían planteado muy bien los espacios donde la batalla sería más cruenta y las rutas de ingreso que abarcarían al vecino altiplánico. Había ya una labor de inteligencia previa, es decir, se sabía la ubicación de las tropas chilenas, nombres de tenientes, capacidad operativa, desplazamiento y más datos de vital importancia para un ataque.

La fecha o ‘día D’ para la invasión, era el 6 de agosto de 1975.

Según la revista chilena ‘Qué pasa’, el régimen de Pinochet, conocedor de los planes peruanos, hizo lo siguiente:

  • Desplegó una campaña internacional constante y reiterativa denunciando en cuanto foro internacional hubiera, que Perú se estaba preparando para una guerra de revancha.

  • Aumentó a dos años el servicio militar.

  • Duplicó el gasto en Defensa.

  • Acantonó tropas en el desierto de Atacama esperando la guerra durante meses.

  • Envió compradores de armas a Europa en búsqueda armamento, pero consiguieron poco debido a la mala posición política chilena.

  • Recurrió a traficantes internacionales de armas que vendieron implementos bélicos sin garantías o controles de calidad. Pero, además:

  • Mandó cavar zanjas en el desierto limítrofe con Perú y colocó minas personales en los principales pasos.

  • Construyó cientos de optógonos de hormigón para impedir el avance de los blindados.

  • Construyó cascos de aviones de madera y disfrazó vehículos VW como tanques de guerra también usando madera para falsear su parque bélico.


El general Augusto Pinochet revisa las defensas militares de Arica


El general chileno Jorge Dowling, quien fue comandante del Regimiento Rancagua con asiento en Arica en 1975, declaró a Qué Pasa: “Teníamos la certeza de que, si podía, Velasco Alvarado iba a agredir (...) faltaba solo la chispa, cualquier detalle, cualquier roce para desencadenar el conflicto”.

Pero, finalmente, ¿por qué Perú no invadió a Chile?Jiménez ensaya las siguientes razones:

  • La mala salud de Velasco y la amputación de una de sus piernas, debido a un aneurisma, inhibieron sus aprestos guerreristas.

  • El régimen militar peruano perdió solidez por problemas internos y por el debilitamiento de su dirección que se sintió incapaz de iniciar un conflicto de gran envergadura que iba a significar mucha sangre, dolor y padecimiento económico.

  • Las tensiones internas pasaron a primer plano y dejaron a la invasión en segundo orden.

  • El resultado: Velasco nunca dio la orden de ataque.

Jiménez alude a una supuesta intervención de Estados Unidos contra la invasión, pero sin dar detalles de semejante acción en plena “Guerra Fría”, cuando las relaciones con Perú estaban por el piso.

La realidad es que el Perú se vio impelido a comprar armas a la URSS, debido al bloqueo impuesto por la administración estadounidense, bajo la acusación de país comunista expropiador de diversos grandes bienes de propiedad de empresas de ese país.

Jiménez señala que, según la Marina chilena, otro factor que pudo haber pesado es que las malas relaciones de Velasco con su Marina de Guerra no le garantizaban un apoyo total de esta fuerza a su plan de guerra. A esto hay que añadir lo que era un secreto a voces: que la Marina de Guerra había sido penetrada hasta la médula de los huesos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), desde donde realizaba una serie de manipulaciones para derrocar a Velasco.

En resumen, Jiménez concluye que el plan existió y no se trata de un simple mito. Lo atestiguó en Radioprogramas del Perú el sociólogo Hugo Neira, quien habló del tema con Velasco antes de su muerte, en 1977.

Neira dijo: “Le pregunté (a Velasco) si preparaba la guerra con Chile. Me dijo: ‘Mira hijo, tienes que entender que a estos chilenos nunca más los vamos a encontrar en la situación en que están. Por primera vez tenemos mejores aviones, tanques y habíamos estudiado un ataque como el de los israelitas en el Sinaí. Los habíamos agarrado con los pantalones abajo”.

No obstante, según la respuesta de Velasco, solo habían estudiado la posibilidad de una guerra relámpago, lo cual, en los hechos no quiere decir que habían decidido ejecutarla, punto central de la cuestión.

Del periodista peruano Francisco Ugarteche.

En su texto “El Tacnazo de Morales Bermúdez”, el periodista Francisco Ugarteche, quien fue testigo de los hechos posteriores del Golpe ocurridos en Tacna, considera la cuestión de la invasión a Chile solo como “una hipótesis”. Ugarteche cree Velasco empeñó al Perú en una compra amplia de armamento moderno de fabricación soviética (de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS) como parte de un propósito tipo mesiánico de recuperar Arica y Tarapacá por las malas, al cumplirse el centenario de su pérdida.

Su resumen de esa compra es: entre 600 y 1 200 tanques T55, 50 cañones antiaéreos de 120 mm,cientos de lanzacohetes BM-21, 80 misiles SA.2 y SA.3 y los poderosos Pechora que es un sistema de misil superficie – aire usado para defensa antiaérea, resistente a defensas electrónicas; entre 60 y 90 cazabombarderos Sukhoi22, 500 000 fusiles kalashnikov para la tropa.

En esta línea armamentista, Perú compró también 2 destructores ingleses de la clase Daring, un crucero holandés De Ruyter equipado de misiles Otomat (BAP Grau, buque insignia) y 2 submarinos U-209-100, así como 4 fragatas misileras Lupo, de fabricación italiana. Total del gasto, 2 000 millones de dólares.

Siempre en su línea de hipótesis, Ugarteche recuerda que el dictador chileno Pinochet declaró a la prensa de su país que si los peruanos atacaban en agosto de 1975 hubiesen llegado hasta Copiapó, aclarando que, sin embargo, la mejor oportunidad perdida por los peruanos, fue durante su golpe de estado contra Allende, el 11 de setiembre de 1973, puesto que por su orden casi la totalidad del ejército chileno del norte había ido replegado a Santiago para la represión.

Varios días “D” para a invasión

Ugarteche afirma también, que una de las fechas señaladas por “algunos analistas” para la invasión fue el 6 de agosto de 1975, día durante el cual el premier Francisco Morarles Bermúdez, asistiría como cabeza de la delegación peruana a la ceremonia por el aniversario de la independencia de Bolivia. Despues del acto, Morales Bermúdez invitó a la delegación chilena a un brindis en su hotel y le expresó el aprecio que sentía por la amistad entre Chile y el Perú, vínculo que debía ser mejorado. Se supone, entonces, que Morales Bermúdez, sabía que la invasión había sido aplazada y avisaba sutilmente a los chilenos de su próximo golpe ofreciéndose como amigo de Chile.

En cambio, la página de Facebook, Historia Militar Peruana, vinculada al Museo Histórico, en el post: 5 de agosto de 1975 ,El día que Velasco quiso invadir Chile. de carácter anónimo y sin dar fuente precisa, afirma que la fecha de la invasión fue el 5 de agosto.

El texto informa, además, que a fines de julio de 1975, Velasco fue al local el Pentagonito, donde revisó los planes, analizó los mapas desplegados y entregó sus últimas instrucciones. Luego partió a Arequipa, donde arengó personalmente a las tropas diciéndoles: “Soldados, en ustedes recaerá, para la historia, el honor de escribir la página más brillante del Ejército moderno, cuando sus botas pisen nuestro suelo santo de Arica, recién entonces podremos decir: ¡Coronel Bolognesi, puede usted descansar en paz!”.

Apreciaciones para debate

  • En Perú y menos en Chile, no ha sido encontrada evidencia documental alguna de la existencia del llamado plan de guerra “Negro” para la invasión a Chile a partir del 6 de agosto de 1975.

  • El general Francisco Morales Bermúdez, número 2 del gobierno militar en agosto de 1975, solo ha aceptado que la Fuerza Armada peruana programó un ejercicio de maniobras militares conjuntas en la zona sur del país, como resultado de la reorganizacion y mejoramiento de su equipamiento bélico terrestre, aéreo, naval y electrónico; sin embargo, no hizo pública ninguna prueba documental de eso ni de la ejecución de tales maniobras (órdenes, informes de evaluación, fotografías y filmaciones) y tampoco ha sido ubicado ni publicado documento alguno por otras fuentes, entre ellas el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Dijo que lo de la invasión es solo una fábula.

  • El general Edgardo Mercado Jarrín, número 2 del gobierno militar hasta el 31 de enero de 1975, artífice de las negociaciones para la millonaria adquisición de armamento de guerra fabricado en la Unión Soviética y responsable de la reorganización de la estructura de bases y fuertes del Ejército Peruano, también ha negado la existencia de algún plan de invasión a Chile con fecha fija en agosto de 1975, pudiendo haber ocurrido que el tema haya sido mencionado fuera de la esfera de decisiones de estado por el presidente Velasco Alvarado, como una pretensión personal, una posibilidad. Ha responsabilizado al dictador chileno, general Augusto Pinochet Ugarte, de crear y difundir ese rumor.

  • Existe el testimonio del presidente Velasco Alvarado dado al sociólogo Hugo Neira, tiempo después de su derrocamiento acerca de que los organismos castrenses pertinentes estudiaron a fondo la posibilidad de una guerra relámpago contra Chile para recuperar nuestros territorios. Pero, solo se refirió estudios, cálculos, y no a instrumentos a ejecutar.

  • En el hipotético caso de que el llamado “Plan Negro” de invasión a Chile a partir del 6 de agosto de 1975 haya existido, se puede especular que, ante la gran frustración de su ejecución, el alto mando militar y el gobierno hayan decidido ocultarlo para siempre, como material secreto o, en el peor de los casos, destruyendo todas sus evidencias.

  • Los propios historiadores chilenos que han hurgado en el tema desde la perspectiva del pinochetismo, han determinado que ese régimen y sus agentes divulgaron urbit et orbi la denuncia sobre que el gobierno de Velasco Alvarado se había armado hasta los dientes para recuperar las provincias que el Perú perdió en la Guerra del Pacífico, aprovechando la debilidad militar chilena.

  • Esos mismos historiadores dan como cierta la versión pinochetista, llamándola “la guerra que nunca fue” y encomiando las medidas tomadas por la dictadura de entonces para frenar la supuesta invasión peruana.

  • Del análisis de la data examinada resulta más creíble la percepción de que el sangriento régimen de Pinochet, repudiado por gran parte del mundo, con una población masacrada y torturada, refugiada en el exterior y muy dividida al interior, utilizó el tema de la presunta invasión peruana como un arma de manipulación y de guerra psicológica para tratar de motivar la unión de los chilenos y para conseguir el apoyo de algunos países proveedores de armas, en especial de Estados Unidos, de Inglaterra y de Alemania Occidental. El hecho de que el régimen militar peruano no contrarrestara esta campaña internacional y mantuviera la boca cerrada, contribuyó al mayor efecto de este embauque.

  • Esta alternativa del aprovechamiento propagandístico del pinochetismo del espectacular armamentismo peruano apoyado por los países tras la cortina de hierro, resulta compatible con la situación que se dio después del régimen de Velasco Alvarado: el Perú quedó estampado en la historia como un país que se preparó con mucho dinero para conseguir muchas armas, pero que, finalmente, no se atrevió a usar en el momento de mayor debilidad de su enemigo para tomarse la revancha de su mayor humillación sufrida durante la Guerra del Pacífico. ¿Para qué entonces se preparó para una guerra en el desierto, en un desierto que estaba al otro lado de la frontera? Hoy todo ese material de guerra es chatarra casi inservible

  • En cambio, Chile resurgió como un país resistente que se preparó para lo peor que nunca llegó por la gran debilidad de su enemigo y hoy ha logrado equiparar y en algunos casos superar el balance de recursos bélicos con el Perú.

EL GOLPE DE ESTADO DE MORALES

BERMÚDEZ CONTRA VELASCO ALVARADO

El de Morales Bermúdez no fue único acto golpista contra Velasco Alvarado, pues durante sus siete años de gobierno él fue blanco varios intentos de derrocamiento desde el segundo año en el poder, mucho antes del cuartelazo de Morales Bermúdez. Esos golpes fallidos son los siguientes:

  • El primero ocurrió días antes de su reglamentario pase al retiro, el 31 de enero de 1969. El premier y comandante general del Ejército, general Ernesto Montagne Sánchez, quien tenía servicio activo hasta 1972, interpretando que el Estatuto del Gobierno Revolucionario mandaba que el presidente de la República tenía que ser un militar en actividad, acordó el 23 de enero de 1969 con los miembros de la Junta Revolucionaria y con algunos ministros, que a él le correspondía reemplazar a Velasco. Enterado del acuerdo, Velasco, llamó al día siguiente a los miembros de la Junta Revolucionaria             (Montagne, del Ejército, el comandante general de la Marina, vicealmirante Alfonso Navarro y el         comandante general de la Fuerza Aérea, teniente general Rolando Gilardi) y desbarató el plan de Montagne con el sorpresivo apoyo de Gilardi, usando a su favor una disposición del mismo Estatuto que establecía que la elección del presidente correspondía a la Junta Revolucionaria y debía hacerse por unanimidad. Con la defección de Gilardi no hubo unanimidad y, evidentemente, contando con el apoyo de la cúpula regional del propio Ejército, Velasco se mantuvo en el poder.

  • En su obra Velasco, el otrora guerrillero de 1965, Héctor Béjar, anota que el macartista absoluto, ministro del interior de la dictadura velasquista, general Armando Artola Azcárate, ya en el retiro desde 1971, hizo público que en sus tres años de ejercicio como ministro, conspiró contra el gobierno del cual formaba parte con elementos dirigenciales del Partido Aprista Peruano, sin haber llegado a mayores.

  • En el mismo libro, consta que según documentos desclasificados de la Casa Blanca, en diciembre de 1971 los presidentes de Estados Unidos y de Brasil, Richard Nixon y Emilio Garrastazú Médici, respectivamente, planearon derrocar a los presidentes de Perú, Juan Velasco y de Chile, Salvador Allende, a quienes consideraban sus enemigos principales.

  • En mi libro El señor de los incendios -5 de febrero de 1975 – La última insurrección del APRA, narro que el 23 de febrero de 1973, mientras era intervenido en el Hospital Militar de un aneurisma de la arteria aorta abdominal, el premier Edgardo Mercado Jarrín, reunido en la Junta Revolucionaria de Gobierno con el vicealmirante AP Luis Vargas Caballero y el general FAP Rolando Gilardi, puso en debate la sucesión de Velasco ante el vacío que había en el Estatuto de la Revolución. Vargas Caballero declaró que la Marina apoyará lo que decida el Ejército, pero Gilardi se opuso a que se decidiera el reemplazo con Velasco aún con vida, pues consistiría en un golpe de estado. Consideraron entonces qué hacer si el personaje queda incapacitado o moría. Gilardi se adelantó y planteo que le correspondería a él reemplazar a Velasco porque era el más antiguo de la junta. Ante semejante opción, Mercado suspendió la reunión hasta el desenlace de la situación del enfermo. A la prensa se le dijo que estando Velasco con vida no había necesidad de ningún cambio, que todo seguía igual. Pero, al alto mando del Ejército, Mercado informó que en caso de muerte o incapacidad, la Junta había acordado que el reemplazante sería el representante del Ejército, es decir, él. El jefe de Estado Mayor, general Morales Bermúdez, a nombre de los presentes le dio su respaldo.

  • Cuando el 9 de marzo amputaron la pierna a Velasco, en la tarde, en el seno de la Junta Militar, Mercado y Vargas Caballero impusieron a Gilardi una especie de pre – golpe, en forma de acuerdo, respecto a que mientras durase la recuperación del general Velasco, el premier Mercado se encargará de cumplir con todas las funciones de gobierno, incluyendo el recibimiento de cartas credenciales de los embajadores. Esta acción, fue en realidad un adelanto de golpe que, sin embargo, terminó con un comunicado de la oficina de prensa de Palacio, firmado por el propio Velasco, que determinaba que el acuerdo de la Junta sobre el premier Mercado concluirá el 31 de marzo.

  • Entonces, empezó a gestarse la “salida del closet” de la Marina de Guerra en son de basta de hipocresías. Su comandante general y ministro de Marina, así como miembro de la Junta de Gobierno, Luis Vargas Caballero, comenzó a hacer declaraciones a la prensa discordantes con los intereses de la revolución y a remarcar que el régimen se enmarcaba en la llamada “civilización occidental y cristiana”, en las antípodas del socialismo o el comunismo, mientras que, junto con su almirantazgo y la derecha nacional, empezó a maniobrar al interior del gobierno para frenar las reformas estructurales que estaban voceadas para ser decretadas, como la reforma urbana o regulación de la propiedad de casas, terrenos y alquileres; la propiedad social o producción autogestionaria que se decía iba a destruir a la empresa privada y la supuesta estatización del ahorro público. De todas, solo el de la propiedad social, que en los hechos nació con parálisis, fue lanzada el 31 de abril de 1974. Pero, Vargas Caballero, se había convertido ya casi en el representante de la derecha peruana en el gobierno militar, apapachado por la gran prensa representada por El Comercio y La Prensa.

  • La primera sublevación de la Marina se produjo al cabo de un año de fricciones entre Vargas Caballero y Velasco en el contexto de la imposición de la llamada “socialización de la prensa”, ante la cual, Mercado Jarrín al decirle directamente a Velasco que se oponía a eso, recibió un extremo desplante, por lo que seguidamente acordó con Vargas Caballero, que si el presidente no se avenía a acatar la decisión en mayoría de la Junta de Gobierno, lo derrocarían de inmediato. Mercado ya contaba con el apoyo de los principales comandantes de las regiones militares que alineaban con el jefe de estado mayor, Morales Bermúdez. Pero, cazurro como el solo, Velasco se les adelantó. Vargas Caballero volvió a las andadas casi criticando al gobierno por haber deportado al secretario general de Acción Popular, Javier Arias Stella quien pugnaba por realizar un congreso partidario no autorizado. En una conferencia de prensa, Velasco uso esas declaraciones para presentar a Vargas Caballero como infractor grave de un acuerdo del consejo de ministros que estipulaba que solo el presidente podía hacer declaraciones políticas y que el ministro que contraviniera la norma debía de renunciar en el acto. Una batalla fratricida se vio en el horizonte. En un consejo de ministros extraordinario, acordaron exigir al marino que renunciara y pasara al retiro

Vargas Caballero se acuarteló en su ministerio. El almirantazgo le dio su total respaldo y dio     orden a la escuadra naval que se hiciera a la mar a tomar posiciones de combate que solo         terminarían con una amplia satisfacción y reconocimiento del gobierno a su ministro. Desde     Palacio, Velasco ordenó al Ejército y la Fuerza Aérea preparar un ataque total a las bases navales  del Callao y de Ancón y develar la sublevación por la fuerza. La escuadra naval quedó inmovilizada sin poder zarpar, porque su jefe, el contralmirante Guillermo Faura Gaig, respaldaba a Velasco. Así, en la mañana del 30 de mayo de 1974 una misión encabezada por     Mercado Jarrín fue presentar el ultimátum, pedido de capitulación o rendición a los marinos,        sobre la base de la renuncia de su jefe. Vargas Caballero renunció y en su reemplazo Velasco     nombró al vicealmirante Arce Larco, increíblemente a pedido del almirantazgo pues creían que  era antivelasquista, cuando era todo lo contrario.

  • La segunda sublevación de la Marina, ocurrió el 25 de junio de 1975. Al respecto, el vicealmirante AP (r) Gustavo Barragán Schenone, en una columna titulada 25 de junio de 1955, publicada en el diario Correo, de Lima, da una versión edulcorada de lo ocurrido. La alta oficialidad naval de vocación política derechista estaba harta del gobierno revolucionario y de su socialismo camino al comunismo. Una delegación naval (los contralmirantes Jorge Parodi y Edmundo Masías y el capitán de navío Raúl Sánchez y el propio Barragán) fue a hablar primero con el premier y ministro de Guerra, Francisco Morales Bermúdez, sobre el derrocamiento de Velasco. Morales Bermúdez, dizque sorprendido, respondió que si querían la cabeza de Velasco se enfrentarían al Ejército, sugiriéndoles, en cambio, que mejor pidieran el relevo de su comandante general, vice almirante Guillermo Faura Gaig, cuya gestión pro velasquista, ya no aguantaban más. Como presión, desde el amanecer todas las unidades de la escuadra naval zarparon del Callao hacia alta mar, incluido el buque insignia “Almirante Grau”, al mando del contralmirante José Carbajal. El grupo naval exigió entonces la renuncia del ministro de Marina, Faura Gaig. Sin mayor problema Velasco, se avino a la exigencia y reemplazó a Faura por el vicealmirante Augusto Gálvez Velarde, con lo cual superó la crisis.

          En su columna, Barragán recuerda que años después, Morales Bermúdez le reveló que él había              estado de acuerdo con el pedido de salida de Velasco, pero no era el momento , pues aún no tenía           consolidada la unidad del Ejército. Eso lo consiguió recién antes del 29 de agosto de 1975 y,                 entonces, dio el golpe de estado.

En su obra La caída de Velasco, el sociólogo peruano Nicolás Lynch, observa que hay un período de crisis que va del 5 de febrero de 1975, fecha del estallido de la grave huelga de la Guardia Civil de Lima por reivindicaciones salariales, seguida de la gran asonada por motivos político - estudiantiles, liderada por el ARE aprista, prolongándose hasta el 29 de agosto de 1975, fecha en la que Morales Bermúdez dio el golpe contra Velasco Alvarado.

Este período tiene antecedentes en los conflictos que se iniciaron a partir de 1973, a raíz de la grave enfermedad circulatoria que afectó al jefe de la revolución y que acabó con la amputación de su pierna derecha, Esos conflictos, tanto al interior del régimen, en el seno de la Fuerza Armada y en el movimiento social, así como en la propia crisis económica galopante, se agudizaron en 1974 y el primer semestre de 1975, hasta que se revolvieron parcialmente con el cuartelazo tacneño.

Excepto el problema del deterioro de la economía, los demás conflictos tenían como causas, la cuestión de la permanencia o no del general Velasco Alvarado en el poder, la identificación de un sucesor válido para cada facción en pugna y el tema de las nuevas medidas de “profundización de la revolución peruana”.

Los preparativos del “Tacnazo”

El sociólogo Lynch recoge en su libro ya citado la versión del general Luis Cisneros Vizquerra, parcial de Morales Bermúdez, quien reveló que tras los sucesos del 5 de febrero, un grupo de generales empezó a reunirse en el cuartel general del Ejército (El Pentagonito) para considerar la necesidad del relevo de Velasco.

Cisneros aseguró que tal grupo mantenía contactos con su comandante general y segundo hombre en el Gobierno, general Morales Bermúdez y con otros oficiales golpistas de la Marina y de la Aviación. Las razones supuestamente institucionales que esgrimían eran:

  • La politización de la institución militar,

  • El deterioro del liderazgo,

  • La posibilidad de un conflicto bélico, y

  • La crisis económica.

No obstante, hasta el propio integrante del grupo de “Los Halcones”, el general Jorge Fernández Maldonado, aludía a una razón más profunda:

  • La amenaza que la alta oficialidad sentía contra su propia existencia como fuerza armada, ante el avance del proyecto del movimiento político de la revolución peruana, punta de lanza de la organización popular, que tomaría las riendas del poder desplazando en su ejercicio, nadie sabía hasta qué extremo, a los institutos armados. Este aspecto o tentación controlista de la organización popular, que había sido mencionada en el seno del gobierno por el propio Velasco y algunos de sus ministros, erizaban los pelos de los altos jefes militares.

De este modo, según Lynch, de febrero a agosto de 1975, en todos los institutos armados había gente que buscaba la forma más adecuada de cambiar a Velasco en la conducción del gobierno. Pero, sus objetivos eran diferentes:

  • La Marina y otros conservadores querían un relevo para volver al viejo orden.

  • La tendencia controlista del velasquismo aspiraba a profundizar un esquema corporativo y crecientemente autoritario.

  • Los "progresistas" o socialistas querían "profundizar la revolución".

Pero, ninguna fracción tenía la fuerza para llevar adelante por sí sola su alternativa, manteniendo la unidad de la Fuerza Armada, por lo que debían tejer alianzas, aunque nadie sabía cómo.

La nacionalización de la Marcona Mining Co.

En casi seguro que en revancha de la probable participación de los estadounidenses en la asonada del 5 de febrero, Velasco y sus “halcones” planeó un contragolpe donde más le iba a doler al Tio Sam. Estaban en marcha las negociaciones para la expropiación del enclave estadounidense en Ica, la Marcona Minig Co., la que abarcaba la propia mina, el más importante yacimiento de hierro del país, un complejo metalúrgico, una flota internacional y una red de comercialización con el Japón. El presidente Velasco, por encima de temás técnico – financieros, determinó que el caso era un asunto político, de dignidad y soberanía nacional, similar a lo que fue el de la International Petroleum Co. En el consejo de ministros, contra la oposición de la facción derechista y conservadora de “La Misión”, Velasco impuso la nacionalización, vía expropiación de la Marcona Mining, medida que se ejecutó el 28 de Julio de 1975.

¿Esa acción aceleró el proyecto golpista de Morales Bermúdez, agregado a la hipótesis de que Velasco aprovechase el ejercicio de maniobras militares conjuntas en el sur para dar la orden de la invasión a Chile, en la nueva fecha del 3 de octubre, séptimo aniversario de la revolución peruana? Misterio sin resolver.


El general Velasco con Fidel Castro en la reunión, en el Aeropuerto Jorge Chávez

La sucesión

Lo que si es cierto es que Morales Bermúdez emprendió la última fase de su plan golpista con la anuencia y apoyo de los propios “Halcones” de la revolución a quienes hábilmente había convencido de que era tan revolucionario y pro socialista como ellos; también, con el decidido apoyo de los derechistas de “La Misión”, cuyos miembros lo consideraban parte de ellos.

En esas condiciones, teniendo el entusiasta apoyo de la Marina de Guerra, consiguió el apoyo de los comandantes generales de las regiones militares y fijaron el sur como escenario, donde la III Region Militar, con sede en Arequipa concentraba, en esa entonces, la mayor fuerza bélica del dispositivo de defensa nacional, reestructurado por Mercado Jarrín con armamento soviético.

El sociólogo Lynch identifica a Morales Bermúdez como un hombre que tenía un amplio consenso institucional basado en una brillante carrera militar y con una retórica radical evidentemente impostada que lo acercaba a los "progresistas" y con su profesionalismo y vocación ultracatólica que le acercaba a los institucionalistas. Para el general Cisneros Vizquerra, militante de la derecha, era la única carta de recambio.

Era vox populi que Velasco habló con Morales Bermúdez para que lo sucediera en el mando, pero esto no era consistente con los plazos del propio sucesor, pues estos quedaban bajo decisión de Velasco. Otro punto es que, una sucesión institucional, hubiese implicado la continuación de la amistad y la posibilidad de intervención de Velasco desde su retiro, en condición de “gurú” de la revolución, sobre el manejo del gobierno, cosa que no cuadraban en el plan de poner fin al socialismo peruano y restaurar el orden derechista de Morales Bermúdez.

Por eso y teniendo en consideración, además, el conocimiento de Morales Bermúdez sobre cómo Velasco Alvarado había resuelto a su favor las intentonas ya anotadas de sacarlo del poder, decidió el golpe de estado que rompería totalmente todo tipo de vínculo con Velasco Alvarado

Lynch opina que lo que en un momento no había parecido posible: que las tendencias que emergen del cinco de febrero pudieran entenderse, logrando la fuerza necesaria para derrocar a Velasco pero manteniendo la unidad de la Fuerzas Armadas, se realizaron con Morales Bermúdez, gracias a su gran capacidad de engaño a sus colegas del grupo de los “Halcones”

Según sus propias fuentes, Lynch dice que Morales Bermúdez acuerda con los “Halcones” dar el golpe a mitad de setiembre. Pero, desde allí empezó a sorprenderles, sublevándose por decisión propia el 29 de agosto en Tacna, aprovechando las celebraciones de la reincorporación de ese territorio al Perú después de que estuvo en manos de Chile. Lynch anota que, "Progresistas e institucionalistas sorprendidos y sin otra opción deben plegarse rápidamente. El General Juan Velasco abandona Palacio de Gobierno por una puerta lateral, solo lo despiden sus ayudantes más inmediatos”. 

Efectivamente, Velasco y su esposa dejaron Palacio por la puerta de Desamparados a bordo de un vehículo negro. Cubrí esa nota para el diario La Crónica. El depuesto general, evidentemente, estaba dolido lo que se reflejaba en su semblante pálido y ojeroso, por no haber dormido esa madrugada aciaga. Dijo que se iba con la satisfacción de haber contribuido a la transformación del Perú en un nuevo país realizando el proceso de cambios estructurales necesario y declaró su confianza en que quienes se quedaban completaran la misión. Y, se fue.

Historia conocida

Morales Bermúdez y otros altos mandos militares llegaron a Tacna el 28 de agosto de 1975 y participaron en la celebración del aniversario de la reincorporación de ese territorio al Perú.

Luego de los actos celebratorio y la fiesta de rigor, durante la madrugada siguiente, a eso de las 02:00 horas Bermúdez y los jefes de la III y la IV regiones regionales se reunieron en el cuartel Tarapacá, en las faldas del cerro Arunta y acordaron derrocar a Velasco.

Radio Bicolor de Tacna, lanzó la noticia en condición de primicia: Velasco ha sido destituido...por haber desviado el proceso revolucionario de la fuerza armada, iniciado el 3 de octubre de 1968 y por su personalismo...Juan Velasco Alvarado no se encontraba en la posesión de sus facultades mentales para seguir en su tarea de gobernante.

Una vez difundida la noticia por la radio tacneña y otras chilenas de la frontera, los golpistas emitieron un manifiesto o comunicado oficial que decía que el pronunciamiento revolucionario que se acababa de producir era para eliminar los personalismos y las desviaciones del proceso de la revolución de la Fuerza Armada, que se venían produciendo por quienes, en forma errónea, no habían valorado el exacto sentir revolucionario de todos los peruanos y confiaban que con la dirección que imprimiese el nuevo gobierno peruano, el general de división Francisco Morales Bermúdez Cerrutti, se concretarían las justas aspiraciones del Pueblo, de la Fuerza Armada y Fuerzas Policiales del Perú.

Morales Bermúdez y su comitiva golpista fueron al Paseo Cívico de Tacna, en donde pronunció su primer discurso aún antes de jurar como presidente de facto. Junto a él estuvo su esposa Rosa Pedraglio y los jefes militares regionales, entre ellos, el general de Brigada Artemio García Vargas, jefe del Destacamento Tacna, quien luego ocuparía el puesto de ministro de Transportes y Comunicaciones bajo el nuevo régimen de facto.

Aviso a los chilenos

en un artículo publicado por DESC0, el periodista César Lévano reseñó como “hecho sorprendente”, que el propio jefe del cuartelazo, avisase con anticipación a las Fuerzas Armadas de Chile, sobre su acción. Lo contó el propio Morales Bermúdez al periodista y diplomático chileno José Rodríguez Elizondo, quien en su libro Chile-Perú: el siglo que vivimos en peligro, relata: «En este punto confirma (Morales Bermúdez) que, por consejo del general Artemio García, comandante de la guarnición de Tacna, se preocupó de advertir sobre sus movimientos a oficiales chilenos. Ordenó tomar contacto telefónico con el general Mena, a cargo de la guarnición de Arica, quien ya sabía lo que pasaba en el Perú. Esto dio una gran tranquilidad en ambos lados. Incluso recuerda que cuando se le comunicó a Mena que él estaba tomando el poder, su respuesta fue “viva el Perú”».

FINAL NO FELIZ

Los enemigos políticos de Morales Bermúdez lo calificaron de “Felón” y de traidor a Velasco.

ero, en los hechos, en retrospectiva, aparece como el mejor agente de la derecha conservadora peruana que surgió dentro del propio gobierno pro socialista de Velasco que, con paciencia y haciendo uso de una gran habilidad de engaño, llevó adelante la aspiración de la restauración del viejo orden, aunque fracasó en casi toda la línea de su acción:

  • A pesar de sus conocimientos de la gestión económica, pues había sido dos veces ministro de economía y finanzas, no pudo solucionar la grave crisis que azotó al país a punta de paquetazos que impactaron gravemente en el costo de vida.

  • Su incapacidad en el terreno económico le valió la histórica respuesta del movimiento popular que el 19 de julio de 1977 logró, por primera vez en nuestra historia, ejecutar un paro nacional total.

  • Su gobierno se caracterizó por una política de represión brutal contra el movimiento sindical y políticos de izquierda, pues ejecutó deportaciones, encarcelamientos, echando mano a estados de emergencia y toques de queda sucesivos. No consiguió la pacificación nacional.

  • Por el contrario, durante su régimen nació, se desarrolló y se preparó el Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso para declarar a guerra por el poder al estado “democrático”, por segunda vez en manos de Fernando Belaúnde Terry, en 1980.

  • Tratando de agradar al gobierno estadounidense, Morales Bermúdez formó parte del “Plan Cóndor”, una alianza siniestra de las dictaduras militares sudamericanas para perseguir, capturar y matar impunemente a los miembros de los grupos de izquierda revolucionaria de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú.

  • Agobiado por su fracaso global, no tuvo más remedio que convocar a una asamblea constituyente para para entrega el poder a los políticos de antaño vía proceso electoral, desplegando a su vez un paquete legal secreto, de obligado cumplimiento, de los sucesores, para el blindaje total de los militares, respecto a responsabilidades durante su permanencia en el poder.

  • No obstante, el 17 de enero de 2017, la Corte Penal Internacional (CPI) condenó a Morales Bermúdez a cadena junto a ocho ex militares de Brasil, Bolivia, Chile, Perú y Uruguay por el asesinato de una veintena personas ítalo - latinoamericanos en la época del Plan Cóndor, la gran represión emprendida entre las décadas de los 70 y los 80.

Morales Bermúdez murió con ese estigma, sin ir a la cárcel, solo gracias al apoyo del presidente de entonces entonces, quien no ejecutó ese extremo de la sentencia.

FIN