LA CULTURA CHACHAPOYAS - PERÚ
Del año 900 al 1 470 de nuestra era
común.
Entre el Periodo de Desarrollos Regionales (PDR) y
y el Imperio Wari
Una misión técnica de la organización World Monuments Fund Perú, presentó el 21 de mayo de 2025, los resultados de su trabajo de protección de los vestigios de la ciudad de El Gran Pajatén, de la Cultura Chachapoyas: una buena razón para conocer globalmente a los chachapoyaS a pesar de sus grandes misterios de origen y desarrollo.
ORGANIZACIÓN SOCIAL SUI GÉNERIS
La
Cultura o la Sociedad Chachapoya, fue un modo social particular y definido de convivencia humana en un determinado territorio, en condición de comunidades
autónomas, sin correlato con una estructura política de estamentos subordinados
y menos aún con un mando centralizado, tipo reino, estado o siquiera
confederación tribal.
Los
expertos en el tema tienen la hipótesis acerca de que los chachapoyas tenían mínimos
liderazgos, en particular en las alturas del río Utcubamba y eran pueblos que
tenían prácticas similares, pero conductas grupales particulares. También se
calcula que cada asentamiento era gobernado por un curaca y sacerdotes y solo
se integraban por razones militares y religiosas.
Impresionante vista aérea de la
ciudadela de Kuélap.
abandono por la incuria del estado.
OCUPACIÓN ANTIQUÍSIMA
Los arqueólogos, el
estadounidense Warren
Church y el peruano Federico Kaufmann Doig, coinciden en que el territorio chachapoya tuvo ocupación humana
antiquísima: hace unos 12 500 años antes del presente (adp.) Kaufmann, ha
precisado, además, que cree que esos ocupantes tempranos fueron otras gentes
distintas a los chachapoyenses tardíos.
En
el libro “Los Chachapoyas”, Federico Kaufmann et al. (magnífica edición del 2013), el arqueólogo, dice: “Consideramos que los primeros grupos
pre-agrícolas que tuvieron presencia en este territorio no fueron los
ancestros culturales de los forjadores de la cultura Chachapoyas. Al
parecer, aquellos primeros pobladores no debieron ser numerosos ni estuvieron
encaminados a lograr un desarrollo cultural importante en ese difícil
escenario”.
Además, los arqueólogos también coinciden en que la cultura que observaron, describieron y documentaron los invasores
españoles desde mediados del siglo XVI, probablemente comenzó durante los años 900 d.C. y debió de alcanzar su apogeo en el
curso del año 1 000, hasta la llegada de
los españoles al Perú, a
pesar de que, desde 1,470 su población estaba sometida a vasallaje ante el
imperio del Tahuantinsuyo (Expansión
del Imperio Inca).
UBICACIÓN.
El territorio de
esta cultura abarcaba desde la margen derecha del curso medio del río
Marañón, en la zona de Bagua, unos 400 kilómetros hacia el sur, incluyendo
la cuenca del río Abiseo, donde se encuentra la ciudadela de Gran Pajatén y hasta el río Chontayacu. Por el este, su límite natural fue la margen izquierda del Río Huallaga.
Comprendía así, la parte sur del actual departamento de Amazonas, el sector
noroeste del departamento
de San Martín y el extremo oriental del departamento de La Libertad. Era un territorio de más de 30,000 kilómetros cuadrados que constituyó
una de las provincias más grandes del Tahuantinsuyo.
Mapa del territorio que ocupó la sociedad de los chachapoyas en su etapa tardía
CRONOLOGÍA APROXIMADA
Sobre la misteriosa población originaria del territorio chachapoya, por ahora sólo se cuenta con la evidencia arqueológica lograda por Warren Church en la cueva de Manachaqui y otros abrigos rocosos contiguos ubicados en el Parque Nacional Río Abiseo, obtenidos durante la ejecución del Proyecto de Investigación en dicho parque, trabajo que demoró 5 años. Los restos datan de unos 12,500 años adp. El propio Church dice en su web site:
“Análisis de los conjuntos combinados de
datos arqueológicos y estratigrafía de los asentamientos investigados en Gran
Pajatén (ca. 400 a. C.-1536 d. C.) y Las Papayas (ca. 1300 d. C.), abrigos
rocosos de Chirimachay (ca. 700 d. C.) y la cueva de Manachaqui (ca. 10 250 a. C.) - 1536 d. C.), La Playa y
las tumbas de Los Pinchudos (ca. 1530 d. C.), permitieron construir la
secuencia estratificada más larga y completa de desarrollo cultural local
recuperada de las laderas boscosas del noreste del Perú”.
Así,
el «Hombre
de Manachaqui», corresponde
al mismo horizonte antiquísimo de los habitantes de la cueva «El Guitarrero», en el Callejón de Huaylas, cerca de Yungay y del «Hombre de Lauricocha», cerca del nacimiento del Río Marañón, en el
departamento de Huánuco.
El
fechado muestra también una enorme brecha temporal de más de 10 000 años entre
el «Hombre
de Manachaqui» y el
surgimiento de los primeros asentamientos en el territorio chachapoyense, los
cuales, sin duda, tienen otro origen. Es la misma brecha temporal entre los
hombres de las cuevas de El Guitarrero y Lauricocha, respecto al surgimiento de
la sociedad Chavín. Un verdadero “Hueco Negro” de nuestra prehistoria.
El
análisis de secuencia alfarera realizados por el Museo Nacional de Antropología
y Arqueología de Lima (2009), en los que intervino Arturo Ruiz Estrada, coautor de “Los
Chachapoyas”, examinó cerca de
17 000 muestras de fragmentos cerámicos recuperados de la fortaleza de Kuélap y
de diferentes lugares del valle del Utcubamba, con los siguientes resultados:
1)
Mucho antes de
la construcción de Kuélap se habían instalado otros grupos humanos, correspondientes a las fases alfareras Cancharín y Pumahuanchina más tempranas (entre el año 397 a.C. y el año 500 d.C.),
un lapso de 897 años, casi un milenio.
Cronología alfarera de la Cultura Chachapoyas, según Arturo Ruiz Estrada
2) La mayor cantidad de los restos alfareros estudiados está asociada al proceso de construcción de Kuélap. Algunos estilos están sobrepuestos a fases anteriores y otros aparecen en el estrato final asociados a la cerámica incaica. Esta secuencia cerámica fue llamada “Fase Kuélap”, correspondiente a la sociedad Chachapoyas. Investigadores posteriores dicen que es de tradición regional, pero otros estudiosos han demostrado que tiene antecedentes milenarios (Ruth Shady, Hermilio Rosas y Warren Church)
KUELAP
Lamentablemente, no hay estudios precisos sobre la antigüedad de Kuélap. Peter Lerche, un antropólogo extranjero reconocido, residente en el departamento de Amazonas durante más de 30 años y ex alcalde de una provincia peruana, menciona en el minuto 27 del documental televisivo, “Los guerreros perdidos de Cartago” (Director: Michael Gregor) que varios fechados de radiocarbono fijan la construcción de la ciudad- fortaleza en los años 800 d.C., pero explica que unos vestigios hallados en la entrada de la construcción arrojan una antigüedad anterior: 500 años d.C.
Otros
estudiosos estiman que su construcción habría
comenzado alrededor del siglo XI o años 1,000 d.C., durante el período de franco
desarrollo la Cultura Chachapoya y demoró unos 200 o 300 años. Su máxima
ocupación debió ocurrir entre la centuria, de los 1 400 d.C. y la de 1 500, por
supuesto, antes del asedio y conquista inca, poco antes de la llegada de los invasores
españoles.
OTRAS CIUDADES
El Gran Pajatén
Fue
descubierta en 1963, cubierto por un tupido bosque tropical húmedo, por una
expedición organizada por el alcalde de Pataz, Carlos Torrealba junto con lugareños, en busca de tierras
agrícolas. Está ubicado en la margen izquierda del rio Montecristo, a 2,850
m.s.n.m., en el distrito de Huicungo, en la provincia de Mariscal Cáceres, de
la región San Martín.
Antes
de que una misión del gobierno confirmase el hallazgo el explorador
estadounidense, Gene Savoy se adelantó en 1964 con lugareños de Pataz. Llegó
hasta las ruinas y dio la noticia al mundo con gran impacto presentándose
internacionalmente como el descubridor del sitio.
En
1965, Federico Kaufmann, dirigió una
primera expedición oficial que confirmó el hallazgo. En un segundo viaje en
1966, amplió los primeros
trabajos de limpieza y elaboración de planos.
Recinto 1, de Gran Pajatén, Ciudad que tiene los únicos muros circulares
con decoraciones en zigzag y seres antropomorfos que se dan
la mano, en cuclillas, ornamentados con penachos tipo alas.
Otra vista del Recinto 1
Dibujo de aproximación de cómo fue el Recinto 1 del Gran Pajatén.
En
1968 el arqueólogo Duccio Bonavia
describió 18 edificios circulares, con dimensiones que van de los 4 metros a
los 14 metros de diámetro.
Según
la datación de Church, Gran Pajatén muestra el inicio de su
ocupación más tardía hacia aproximadamente el
año 390 a.C., hasta que fue abandonada cerca del año 1,536 ne.,
cuando los españoles sometían a los incas.
En efecto, de 1985 a 1990, durante la ejecución del Proyecto de Investigación del Parque Nacional del Río Abiseo, integrado por arqueólogos de la Universidad de Colorado y de la Universidad Nacional de Trujillo hallaron en derredor de Pajatén, 37 sitios arqueológicos, 30 localizados en las zonas altas del pajonal de puna en el límite occidental del parque y 7 en el bosque montano continuo del valle del río Montecristo, los cuales muestran una ocupación humana desde el precerámico hasta después de la invasión y ocupación española.
En,
“Historia e investigación del Gran Pajatén 2018”, Víctor A. Pimentel y Warren Church, informan que,
como resultados, el Proyecto de Investigación
Parque Nacional del Río Abiseo, “luego
de cinco años de permanencia en el área, de reconocimientos detallados y de
excavaciones controladas, logró registrar 37 sitios arqueológicos, 30
localizados en las zonas altas del pajonal de puna en el límite occidental del
Parque y 7 en el bosque montano continuo del Valle del río Montecristo,
sitios que reflejan una ocupación humana prehistórica que se remonta al Periodo precerámico y que se prolongó
hasta bien entrado el siglo XVI, después de la llegada de los españoles”
Las
excavaciones llevadas a cabo en el sitio por Church en 1988, 1991, 1994,
demostraron que, durante una ocupación que se remonta a, por lo menos, el año
2,200 adp. (Desaparición del imperio Chavín, inicio del Intermedio Temprano o de las culturas regionales), las evidencias cerámicas
señalan que hubo contactos entre pobladores de la zona con grupos andinos. No
obstante, según Church esa ocupación no estuvo asociada a desarrollos
arquitectónicos ni a construcciones.
De
otro lado, los resultados de las investigaciones de Narvaez y Ruiz realizadas
en Kuélap, en la región de Chachapoyas, señalan que ciertas construcciones
similares a las del Gran Pajatén ya existían
durante el Horizonte Medio
(700 - 900 d.C.)
En
consecuencia, la investigación determinó, sin lugar a dudas, que “los
edificios de planta circular del Gran Pajatén fueron construidos hacia fines
del siguiente Periodo Intermedio Tardío (900-1470 d.C.), o durante el
subsiguiente, el Horizonte Tardío (1470-1532 d.C.) (…) y que la
última ocupación de Gran Pajatén tiene filiación inca inobjetable, de acuerdo
con Bonavia”.
El 21 de mayo de 2025, fueron presentados a la prensa los trabajos realizados por
la organización World Monuments Fund Perú, durante los años 2023 y 2024,
para mitigar la situación de emergencia por la que atravesaba el Pajatén con
grave deterioro de sus estructuras líticas causado por las condiciones climáticas
existentes en el lugar.
El
arqueólogo Aldo Bolaños, director de campo del proyecto informó: “La estructura
número 1 se encontraba en peligro, pues los muros decorados con grecas desde su
parte superior se estaban derrumbando por los árboles y, sobre todo por las
lluvias que caen en el lugar durante todo el año”.
Contra
eso, se han rehabilitado drenajes de los mismos edificios, se han acondicionado
los árboles para que con sus ramas resguarden las estructuras de las lluvias,
se desmontó un muro que estaba a punto de colapsar y lo volvieron a levantar en
las mismas condiciones en la que estaba, utilizando material del lugar.
En
ese trance, con la tecnología LIDAR, hallaron otras 104 estructuras y se
determinó que la ciudad ocupaba 10 hectáreas.
Trabajos de rehabilitación del recinto 1 del Gran Pajatén,
cuyas piedras se estaban derrumbando
Cerro las cruces o el Gran Saposoa
Este
sitio está en el distrito de Saposoa, de la provincia del Huallaga,
departamento de San Martín, en la margen derecha del rio Huabayacu, entre sus
tributarios, los ríos Yonán y Huallabamba, a 2.720 metros sobre el nivel del mar.
Está
cercado por una gran muralla de 12 metros de alto y tiene 4 entradas. También
posee torreones defensivos. Tiene numerosas construcciones, como mausoleos y
edificios de planta circular. Habría sido un centro residencial y
administrativo. Las edificaciones ocupan las partes bajas y altas de los cerros,
pero tienen una mayor distribución espacial en las cumbres orientadas de este a
oeste. Está semi abandonado.
El
explorador estadounidense Gene Savor, proclamó el descubrimiento del Gran
Saposoa en 1999 y lo publicó con amplio impacto mundial, pero recibió duras
críticas de académicos daneses, alemanes y americanos que ya habían estado en
el lugar documentándolo.
En
septiembre de 2005, el hijo de Gene, Sean Savoy declaró a la Associated Press
que, durante un viaje de retorno al Gran Saposoa, descubrió que el sitio había
sido saqueado. Los medios criticaron duramente al gobierno peruano por no
proteger el sitio adecuadamente y también a Savoy y su equipo por revelar la
localización del sitio y no proporcionar la adecuada protección por sus propios
medios. La protección de ruinas arqueológicas sigue siendo un problema en Perú,
puesto que los saqueadores y los vendedores del mercado negro están
extremadamente bien financiados
Muro de
contención de la ciudad El Gran Saposoa
Mausoleo en
el Gran Saposoa, con ornamento en V típico de los chachapoyas.
La
ciudadela se ubica a 3 600 msnm en el Distrito de Uchumarca, provincia de
Bolívar, departamento de La Libertad. Mira hacia una laguna casi perfectamente
circular, Huayabamba, que drena en dirección este por el río Huabayacu hacia el
Huallaga.
Vira
Vira, tiene doscientas estructuras constructivas. Mientras que la mayoría de
las ruinas de las ciudadelas de los Chachapoyas se hallan ocultas bajo una
densa vegetación y apenas se ven, incluso desde corta distancia, Vira Vira se
encuentra sobre el límite del hábitat de los árboles, en la jalca (serranía
arbustiva o de pradera), y es visible en su totalidad.
Corresponde
a una clase de ciudadelas de las alturas conocidas como pucaras, o fortalezas
amuralladas, con paredes salientes en zigzag, lo que habría permitido arrojar
proyectiles a los que intentaran capturarla. Dos entradas posibilitan el acceso
a unas doscientas estructuras.
La
Ciudad de Vilaya o Gran Vilaya, está situado en el distrito de Pisuquía,
a 54 kilómetros de la ciudad de Chachapoyas, en la provincia de Luya,
departamento de Amazonas. Se ubica al oeste de Kuelap y tiene una extensión de
casi 6 hectáreas,
El Gran Vilaya se compone de diversos centros poblados, como La Pirquilla, El Obispo, Paxamarca, El Secreto, y más.
EPONIMIA
Nadie
sabe cómo se autonombraban los Chachapoyas. Tampoco queda claro cuál es el
significado de la denominación “Chachapoyas”, endilgada por los Incas a esa
región y sus habitantes, luego de someterlos por las malas. Con ese nombre los invasores
querrían decir «hombres de las nubes», «nubes de árboles», «bosque de nubes»,
Pero,
hay datos que indican que había un grupo conocido como «Chacha» o «Chachas» en
el territorio asociado al asentamiento de Levanto.
Una
hipótesis dice que es probable que un grupo se presentó como los “Chachas” ante
el triunfante invasor inca Túpac Yupanki
hacia el fin del siglo XV, de igual modo como se reconocieron los de Chillao,
Luya, o Charrasmal en los documentos españoles. La descripción de
Juan de Alvarado de la distribución geográfica de los curacas aliados
con Guamán sugiere que los rezagos de los “Chacha”, en proceso de desaparición
fueron encontrados en Levanto, y probablemente en Cochabamba, La Jalca,
Leymebamba y Cajamarquilla.
.IDIOMA
Tampoco
se conoce cuál idioma hablaban los «chachapoya» o cuántos dialectos empleaba la diversidad de grupos
interactuantes. No obstante, a pesar de que la presunta lengua de los
Chachapoyas no sobrevivió al impacto de los cambios de la segunda mitad
del siglo XVI, lingüistas y
arqueólogos perciben que los Jíbaros
compartían algunos topónimos
al igual que
otras características culturales
con los Chachapoyas
(Taylor 1996, 2000;
Guffroy 2006; Koschmieder
2012).
Los primeros registros históricos de los chachapoyas
son un conjunto narrativo de los primeros cronistas de los invasores españoles,
así como los relatos basados en fuentes orales no documentales de narradores de
la etapa de ocupación, sin que la mayoría de ellos haya estado en el territorio
aludido.
Esa narrativa proyectó una visión no certera de los
chachapoyas describiéndoles como integrantes de un reino, unido, guerrero e
indómito, con un comportamiento cultural casi homogéneo y poniendo énfasis
en la agraciada fisonomía “blanca” de sus integrantes, en especial de sus
mujeres y en la ferocidad combativa de sus varones.
Sin embargo, ese criterio muy generalizado hasta
las décadas finales del siglo XX, está cambiando paulatinamente, como
consecuencia de un cúmulo de estudios de los “chachapoyas” y la aplicación de
modernos procedimientos científico – tecnológicos afines a la arqueología.
La percepción actual de la mayoría de
investigadores es que la organización política chachapoyana era un mosaico de
asentamientos humanos ubicados en los actuales departamentos de Amazonas y San
Martín, entre la margen derecha del Río Marañón y la izquierda del Rio
Huallaga.
Estos asentamientos estaban estrechamente
vinculados por amalgamas aún inciertas e imprecisas ¿lengua, religión,
arquitectura, costumbres mortuorias, alfarería? Documentos españoles del inicio
de la ocupación identifican a estos asentamientos como: Collai, Sucos, Puemal, Cajamarquilla, Chilcho y Kunturmarca y hasta
mencionan que sus habitantes se disputaban tierras, el control de comercio y
hasta se enfrascaban en guerras de tipo tribal.
Un resumen de la visión actual de los chachapoyas consta más adelante en el punto Gran esfuerzo científico sobre los “Chachapoyas”, de este trabajo.
SEPULTURAS Y
CULTO A LOS MUERTOS
Tampoco
hay detalles sobre su organización social. No obstante de sus diferentes
métodos de enterramiento de sus muertos, se puede deducir que existían curacas o
reyezuelos.
Este
es un misterio sin revolver. En la actualidad la situación ha dado origen a
hipótesis fantasiosas sobre migraciones desde Europa y la Costa africana del
Mediterráneo, a raíz de la aún inexplicable fisonomía de grupos sociales
amazonenses de tez blanca, ojos azules, celestes o verdes, pelo rubio y rojo,
alta estatura y apariencia agradable. Al respecto, las teorías más conocidas
son:
Federico
Kaufmann, en “Los Chachapoyas”, plantea
su teoría sobre que la sociedad chachapoyense fue generada por pueblos
migrantes andinos, específicamente, de extracción étnica colla o aymara, es decir
migrantes de la Meseta del Collao, dotados de una cultura agrícola avanzada, que
fusionaron su cultura con las costumbres y tradiciones amazónicas.
El
arqueólogo sostiene que fue una migración organizada y bajo un poder central,
motivado por la necesidad de búsqueda de nuevas tierras agrícolas para
enfrentar el crecimiento poblacional y desastres ambientales.
Considerando
la cronología asignada a sus grandes monumentos como Kuélap, calcula que la migración debió suceder durante la expansión Wari y Tiahuanaco, entre el siglo VIII
(700 ne.) y el siglo X (900 ne.) Cree también que las diferencias culturales de
los chachapoyas respecto a los andino - cordilleranos, surgieron de su
aislamiento territorial, debido al torrentoso y difícil curso alto del Marañón
y a su perentoria adaptación a un nuevo medio ambiente.
A
pesar de tratarse de materias divergentes, tales diferencias le parecen a
Kaufmann solo “modalidades surgidas por efecto de los factores mencionados”.
Determina que es imposible que obedezcan a influencias culturales de la Amazonía
Baja, región donde no se ha hallado vestigios de alguna cultura siquiera
compatible con la fase inicial de los Chachapoyas y, menos aún, con sus
habilidades de diseño y construcción de edificios megalíticos como Kuélap y Pajatén.
Kaufmann
concluye que, está probado que los andinos descendieron a la Selva y que los
selváticos en ningún caso subieron a la Sierra, pues no estaban dotados para
soportar las inclemencias de las alturas. Eso hicieron, en su momento, los
propios incas con sus fortalezas de Vilcabamba, Machu Picchu y Choquequirao, Huanucopampa, Aypate, etc.
En
la misma obra “Los Chachapoyas” (Op
Cit. Pag. 50) Kaufmann hace constar también la hipótesis de su colega, Alberto Bueno Mendoza (2008), según la cual la cultura Chachapoyas surgió a
partir del aporte de migrantes andino – cordilleranos al grupo étnico Jíbaro, un grupo localizado en la zona
Norte del departamento de Amazonas y en el Noroeste de Loreto, así como en territorio
del Ecuador. La etnia Jíbara integra la familia lingüística Ashuar o Maynas, y comprende varias tribus
como la Aguaruna, hoy autonombrada Awajún
y la Huambisa, hoy autollamada Wampis,
así como a los Candoshi y otros.
Actualmente, los Awajún – Wampis,
forman una confederación tribal reconocida como pueblo originario.
Bueno
Mendoza plantea, sin aludir fecha precisa, que los jíbaros, en un momento dado
de su historia, habrían asumido la influencia cultural de los llegados de la
cordillera.
Adicionalmente
a lo hasta aquí expuesto, recordemos la teoría de Julio C. Tello que planteaba
que la civilización cordillerana - costeña se habría producido por gente que
desde la Amazonía escaló los Andes hasta llegar a la zona de Chavín, donde
habrían levantado la monumental construcción de ese nombre y los muchos
monolitos figurativo - simbólicos.
Para
Kaufmann, al no haber antecedentes en la Baja Amazonía de expresiones
culturales superiores ni de una arquitectura portentosa como la de Chavín, la
propuesta del doctor Tello carece de peso. Además, las especulaciones
posteriores lanzadas sobre todo por Donald W. Lathrap (1970), en el sentido de
que entre las representaciones de Chavín aparecen retratados caimanes (Melanosuchus niger), otorongos (Panthera onça) y águilas arpías (Harpia harpyja) propias de la Amazonía y
cuyo hábitat se encuentra a cinco o seis jornadas de viaje de Chavín, no
resisten una evaluación iconográfica metódica.
En
el estricto terreno de la especulación, en el presente siglo ha surgido la
tesis del escritor Hans Giffhorn,
quien en el video documental ya citado de 53:08 minutos “Los
guerreros perdidos de Cartago”, plantea
que el pueblo chachapoya recibió, con alto impacto para su cultura, una
migración de guerreros cartagineses (fenicios) y sus familias que escaparon a
la violenta toma de esa ciudad portuaria del mediterráneo, por las fuerzas del
imperio romano, durante la tercera Guerra Púnica, entre los años 2,149 y 2,146
adp. Ellos, junto con navegantes celtas, habrían cruzado el Atlántico en sus
naves fenicias siguiendo el curso de la corriente africana que va desde la costa
occidental de África hacia el oeste, hasta la costa norteña de Brasil.
La
teoría supone que sin poder asentarse en esa zona que hacia el oeste daba a un
territorio infértil, navegando hacia el sur, llegaron al delta del Amazonas,
lugar en el que también no habrían podido ubicarse por los constantes ataque de
las tribus locales. Habrían seguido el curso del Amazonas contra la corriente y
remontando uno de sus principales tributarios, el Marañón, llegaron a la zona
de Kuélap, siendo ellos quienes transfirieron a los locales chachapoyenses sus
conocimientos de arquitectura lítica militar defensiva y de viviendas
circulares hasta de dos pisos.
Lamentablemente,
el documental no proporciona cronología alguna, pero las supuestas bases de su
teoría sobre el aporte fenicio - celta a la Cultura Chachapoyas son las
siguientes:
1)
Los nativos
Chachapoyas no pudieron generar por sí mismos la tecnología arquitectónica ni
constructiva de Kuélap, que es distinta al diseño arquitectónico y técnicas de construcción
lítica de otras culturas andinas.
2)
La interacción sexual
entre los celta - fenicios y los locales explica las características fisonómicas
de los Chachapoyas, descritas en las primeras crónicas de los invasores
españoles como personas de gran estatura, tez blanca, pelo rubio o rojizo, ojos
azules y de muy agraciado aspecto general, distintos a la mayoría de nativos
americanos que, como dice Federico Kaufmann, descienden de los proto –
mongoles, que llegaron por el puente geológico de Bering.
3)
Giffhorn
arguye que en toda América no hay otra construcción lítica monumental con el
diseño circular de los edificios de Kuélap y su techo cónico, el cual sí se
corresponde casi totalmente con la arquitectura y tradiciones constructivas de
pueblos del Mediterráneo, en particular con los vestigios de construcciones
celtas en la Costa atlántica del Norte de España.
4)
Según el
paleopatólogo, Michael Schutlz, está
comprobado que los Chachapoyas hacían trepanación craneana con fines médicos,
mediante perforaciones circulares una al lado de otra; una técnica que también
usaron los celtas para el mismo fin.
5)
El análisis de vestigios
óseos (momias) de chachapoyenses fallecidos antes de la llegada de Cristóbal
Colón a las islas atlánticas centroamericanas, el 12 de octubre de 1492,
muestra algo sorprendente: que padecieron tuberculosis,
un mal endémico que fue trasladado a América por los europeos, mucho después de
la muerte de las momias analizadas.
6)
El campeón de
tiro con onda de las Islas Baleares, Tom
Caballero, tras examinar una onda de origen chachapoya que le proporcionó
Giffhorn, confirmó que es totalmente idéntica a la onda que él usa, de origen
balear.
7)
Manfred Kayser,
científico del departamento de Biología Molecular de la Universidad de
Rotterdam, confirma que el análisis de ADN de niños actuales de Amazonas, de
pelo rubio, rojo y de ojos azules, muestra que el 50% de su genoma presenta el
cromosoma 1RB que corresponde a la población del occidente de Europa,
específicamente a la zona de Galicia, en la península ibérica y a las islas
británicas, en donde se asentaron los Celtas. El otro 50% corresponde a genomas
de poblaciones nativas de América. Sin duda, esto solo acredita la lógica ascendencia
española de los analizados que conforman la población actual de amazonas,
puesto que el estudio no incluyó estudio del ADN mitocondrial antigua,
adecuadamente fechado y certificado.
Contra
esta fantasiosa teoría, el experto estadounidense en la cultura Chachapoyas, Warren Church, declara enfáticamente en
el documental que, hasta hoy, no ha hallado
un punto histórico de ruptura de la secuencia del desarrollo, ni un gran
cambio cultural en los Chachapoya, ni menos una invasión de extranjeros o
elementos extraños que indiquen que alguna vez todo dio un giro radical para el
pueblo chachapoyano.
SIGUE LA PARTE II



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