Como en la canción, “Todo tiene su final, nada dura para siempre”
SOBRE CÓMO SE REORGANIZARON LOS PUEBLOS
AGRÍCOLAS DE LA COSTA NORTE AL FINAL DE LA
TEOCRACIA CHAVIN DE HUÁNTAR, DESDE EL AÑO 500 A.C.
SEGUNDA PARTE
EN NECESARIO Y URGENTE ACTUALIZAR LAS HISTORIAS DE
LAS «CULTURAS PUENTE» DE LA COSTA NORCENTRAL Y NORTE
I.
LA “REORGANIZACIÓN COSTEÑA”, ENTRE LOS PERIODOS FORMATIVO MEDIO Y
FINAL
La teoría general sobre este tema es del arqueólogo japonés Koichiro
Shibata, la cual sostiene que durante el sub periodo Formativo Final, en la
costa norcentral se produjo un gran proceso de “reorganización social y
política”, como consecuencia del colapso de la teocracia de Chavín de
Huántar y de la disolución de la Sociedad o Cultura Cupisnique.
Shibata, pertenece a la Universidad de Kobe, Japón y, con fundamentos procedentes de sus investigaciones en el valle de Nepeña, trata de llenar el vacío aludido por Onuki con un nuevo punto de vista, resultado de sus estudios de la evolución social en la sección baja de dicho valle y alrededores.
Para
desarrollar su hipótesis, Shibata usa como punto de apoyo de su
hipótesis la afirmación hecha en 1992, por su connacional, el arqueólogo Yoshío
Onuki acerca de que existía un vacío de información sobre el tramo
final de la cronología del Período Formativo, a la que llamó “Blanco
costeño”.
Onuki se refería así, específicamente al desconocimiento, por falta de investigación científica, de las causas del abandono de los mayores centros ceremoniales costeros (principalmente de las culturas Sechín y Cupisnique) desde el comienzo del milenio antes de nuestra era, sin que fuesen erigidos lugares similares durante los siguientes siglos.
VI.1
Las proyecciones regionales de la evolución del Valle Nepeña
La teoría de Shibata, está planteada en su trabajo del 2014, Centros de “Reorganización costeña” durante el Período Formativo Tardío: un ensayo sobre la competencia faccional en el valle bajo de Nepeña, costa nor-central peruana. En este ensayo, el arqueólogo consolida los resultados de sus excavaciones y estudios en el Bajo Nepeña, en Ancash, que empezaron en 2004 y los proyecta hacia toda la costa norcentral.
En esa línea plantea que los grandes cambios en las sociedades costeras que habrían comenzado aprox. 800 años a.C. con el inicio de la declinación de la sociedad teocrática Chavín de Huántar, provocaron el fin o la reducción de dos actividades importantes en toda la región: el trueque y la peregrinación de los moradores.
Esto empezó a descalabrar la integración o concentración poblacional local porque surgieron dos marcadas tendencias político – sociales, las que, al igual que a las poblaciones de los demás valles, afectó seriamente a la del Bajo Nepeña, la que no pudo desplazarse a otros sitios a comerciar, a asistir a fiestas y a otras actividades.
VI.2 Las tendencias políticas dominantes.
La primera tendencia trató de sostener los
centros “tradicionales” Cerro Blanco y Huaca Partida, logrando cierto
éxito inicial con el reforzamiento y la ampliación de vínculos con pueblos
serranos.
La otra que surgió al final de la fase «Nepeña»,
como propuesta de otras facciones de la población para establecer nuevos
centros con organización espacial y social distinta, la que fue acogida y se
materializó en la ciudad de Caylán y Huambacho y en los valles
vecinos. Esto habría acontecido durante
el sub período Formativo Final o Tardío, al cual Onuki aplica lo
de “Blanco Costeño”, durante las fases locales <Nepeña> y
<Samanco>.
El arqueólogo afirma que, en ese entonces, en el valle de Nepeña hubo gran prosperidad pasajera, en los nuevos asentamientos de gente foránea que llegó con su cultura material, y estilos de arquitectura, cerámica y ganadería. Tales poblados surgieron rápidamente con un concepto espacial muy diferente, sobre todo en la zona baja del valle como de otras cuencas costeñas. Sin embargo, Shibata no informa si se trató de una migración masiva y pacífica o violenta, ni indica su probable origen
Shibata, cree que el surgimiento de Caylán
y Huambacho en la fase «Nepeña», fue un proceso similar al del
contemporáneo Kuntur Wasi, el cual siendo un original desarrollo social
local andino, debido a la intrusión bélica de los cupinsnique de la zona media
del valle de Jequetepeque, asimiló influencias costeñas. No obstante, su
población siguió usándolo como centro ceremonial hasta su fase tardía, durante
la cual amalgamó rasgos locales y las incrustaciones costeñas.
En el valle bajo de Nepeña, Cerro Blanco y Huaca Partida, inicialmente fueron sitios con tradiciones costeñas, pero, en la fase Nepeña ― coetánea de la fase Kuntur Wasi― incorporó, no se sabe si por las buenas o por las malas, una fuerte presencia de elementos serranos.
VI.2.1 Los motores de las dos tenencias
político – sociales
Shibata anota que, durante los cinco siglos
del Formativo Tardío, los moradores de otros valles de la costa norcentral, no
tuvieron centros similares a los de Nepeña. Por eso sus habitantes migraron al
interior de cada valle, a criterio de Onuki, a causa de: i) un gran debilitamiento de la integración
social a gran escala que había sido impulsada por la teocracia Chavín y ii)
el rechazo a las formas tradicionales de integración.
Cerro Blanco y Huaca Partida fueron una
excepción, pues sus élites pudieron atraer algunas poblaciones afines,
asegurando algunas ventajas en las difíciles circunstancias, según la ancestral
costumbre de los curacas jefes de ayllus de ofrecer a la gente festines y otras
formas de bienestar, para conseguir un mayor número de mano de obra, fundamental
en ese tiempo.
Shibata cree que, durante los ENSO de entonces, los líderes de la zona baja del valle habrían reclutado a otros ayllus dándoles protección y rápida superación de los desastres climatológicos incontrolables.
VI.2.2. El aporte de Ikehara y Chicoine
En añadidura al aporte de Shibata, en 2019, los
arqueólogos Hugo Ikehara y David Chicoine, también sobre la base de sus excavaciones en el
valle de Nepeña hasta el 2009, detectaron una notoria variedad de
expresiones culturales y procesos sociales que existieron en el periodo de
aproximadamente cinco siglos (500 – 1 a.C.). como consecuencia de la caída del
culto Chavín.
En su trabajo: Hacia una
revaluación de Salinar desde la perspectiva del valle de Nepeña, costa de
Ancash (2011), 2019 - Centro de
Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia/Institut Français
d'Études Andines, afirman que los procesos sociales que han identificado
tuvieron diversos matices y variables de diferente peso, de acuerdo a los
actores involucrados y la disponibilidad de recursos sociales y económicos de
cada área.
En ese marco, solo algunos procesos llegaron a integrar varios pueblos y a
centralizar su conducción política y económica.
Otros, entre los cuales está el proceso o fenómeno Salinar,
no lo lograron por lo que no pueden ser considerados antecedentes de las
características económicas y políticas de lo que más adelante surgió como
Moche, en la costa de La Libertad.
Este cuestionamiento de Ikehara y Chicoine, va frontalmente contra la opinión de muchos investigadores quienes siguen creyendo que, Salinar fue una especie una bisagra social entre la Cultura Chavín y la Cultura Mochica, es decir, el puente principal entre los periodos históricos FORMATIVO y el subsiguiente, de DESARROLLOS REGIONALES.
VI.3.
La relación de Nepeña con Chavín de Huántar
En un trabajo previo, El sitio de Cerro Blanco de Nepeña dentro de la dinámica interactiva del Periodo Formativo, publicado en 2008, en la edición número 12, del Boletín de Arqueología de la PUCP, Shibata dice que las últimas excavaciones en Cerro Blanco y en la cercana Huaca Partida han proporcionado fechados que permiten comparar los datos de la costa norte, costa central y sierra adyacente, obteniéndose como uno de los resultados el esbozo de un episodio de intensiva interacción cultural, ocurrido en el lapso entre el año 800 y el 700 a.C. (calib.), en una vasta área andina.
En 2014, en su ensayo, Centros de “Reorganización costeña” durante el Período Formativo Tardío: un ensayo sobre la competencia faccional en el valle bajo de Nepeña, costa nor-central peruana., Shibata afirma que, en el sub período Formativo Medio, en el Bajo Nepeña funcionaban, por lo menos, 4 o 5 centros ceremoniales, en lo que fue la fase local llamada «Cerro Blanco».
El principal era Cerro Blanco, ubicado en la margen derecha del río Nepeña, a unos 18 kilómetros al este del litoral y a 145 metros sobre el nivel del mar. Fue estudiado parcialmente por Julio C. Tello en 1933, casi al mismo tiempo que Punkurí. Tello creyó que ambos pertenecían a la Cultura Chavín, pero, hoy, es conocido que ambos fueron centros ceremoniales de la Cultura Sechín, predecesora y contemporánea de Chavín.
El otro sitio importante era Huaca
Partida, situada en la margen izquierda del río Nepeña, cerca de la
anterior, a unos 125 m s. n. m. El equipo de Tello, en 1930 solo la inspeccionó
después que Donald Proulx la visitó en 1960 y 1970 nadie más se interesó
por el lugar. Recien fue excavada en 2004.
En su fase constructiva más antigua fue hallada cerámica del estilo Cupisnique Clásico, principal indicador de su origen. Otros sitios son el PV31‒27, el PV31‒192 y uno no registrado. Todos estos edificios fueron construidos con adobe cónico, tronco piramidal y/o paralelepípedo.
Cerro Blanco y Huaca Partida son los únicos excavados y reflejan expresiones arquitectónicas, iconográficas y cerámicas, el primero, de la Cultura Sechín y, el segundo, de la Cultura Cupisnique. También fueron los únicos que continuaron como centros ceremoniales, principalmente para festines, en fase local, «Nepeña», hasta el sub periodo Formativo Tardío. Pero, sus ocupantes dejaron de usar el adobe cónico y los frisos y emplearon técnicas constructivas serranas: techo de falsa bóveda, dintel megalítico y ducto de ventilación. Pasaron a usar la olla con cuello corto del estilo “rojo sobre anaranjado” con diseños escalonados, herramientas de obsidiana andina de Quispisisa.
VI.3.1 El antiguo centro ceremonial Cerro
Blanco
Tiene tres plataformas. En la Plataforma Sur, de planta triangular, Tello encontró un recinto o «templo» decorado con relieves polícromos. La investigación de Shibata ha comprobado el cálculo de Henning Bischof, de que las tres plataformas formaban un complejo con planta «U», estilo surgido tempranamente en la costa centro norte.
La comunidad arqueológica siempre ha tenido
a Cerro Blanco como colonia de Chavín o como su primera evidencia de su
expansión, aunque sin evidencias convincentes.
Sin embargo, el estudio actual de la
iconografía de Cerro Blanco, señala que la dirección de la relación fue de la
costa norcentral hacia la sierra, pues resulta que sus íconos corresponden a
desarrollos de ese arte de las culturas Sechín y/o Cupisnique. Es
imposible considerar una dirección opuesta.
Shibata ha determinado que Cerro Blanco tiene una larga evolución de cuatro fases las que extiende a toda la evolución del valle.
i) Fase Huambocayan, la ocupación más temprana entre 1500-1100 a.C. [calib.], fechado extraído de un pedazo de una olla sin cuello, hallada en la capa estratigráfica sin vestigio arquitectónico. El fragmento cerámico y otros se parecen a los alfares de la fase Haldas del valle de Casma (Cultura Sechín) y a los del edificio de Tizal, en Chao.
ii) Fase Cerro Blanco. Entre 1100 y 800 a.C. [calib.] durante la cual fueron erigidas las tres plataformas. En la plataforma norte hubo vestigios de un almacén de restos de festines. En esta fase también fue construida Huaca Partida y adornada con frisos.
iii)
Fase Nepeña. Del
800 al 450 a.C. [calib.] En el pase de la fase Cerro Blanco a la Nepeña ocurrió
algo por aclarar: la arquitectura de los dos sitios fue remodelada extrañamente
con muros toscos y rellenado de espacios. En este estrato se encontraron
obsidiana y otros materiales serranos, así como primeras muestras de maíz
andino. Se supone que las fiestas fueron más fastuosas y que la reconstrucción
de los sitios fue resultado de una intrusión que generó más festines, vínculos
regionales intensivos y el uso de materiales y conocimientos andinos. ¿Habían
llegado los chavines?
El
nuevo piso de la plataforma principal, fue elevado entre 70 centímetros y 1,50
metros y fue revestida con una mampostería de rocas canteadas megalíticas
de más de un metro de largo, desechándose el uso de adobes. La forma de la
escalinata y otras características de Huaca Partida, así como los ductos
de ventilación y el techo de falsa bóveda, son elementos totalmente andinos.
También cambió la forma y la decoración de las vasijas cerámicas.
En
aquel tiempo, fue entonces, que entró en vigencia un nuevo tipo de centro
ceremonial en el Bajo Nepeña, en los sitios VN-35 y 36 de Sute
Bajo, en la ciudad de Caylán y Samanco y en la Huaca Coishco,
en el valle del Santa.
Caylan,
erigida sobre un área de 200 hectáreas, fue el centro ceremonial
y político más importante, una especie de capital de una jefatura o curagazgo
amplio, levantada con un nuevo estilo arquitectónico y constructivo que cerraba
su perímetro rectangular con murallas, sin muchas calles en el interior donde
había de recintos rectangulares también amurallados, junto a plazas hundidas y
pequeñas plataformas elevadas, conjunto que es una incógnita que los
arqueólogos trata de resolver.
La primera prospección indica que tuvo
ocupaciones principales durante el Período Formativo, con reocupaciones durante
el primer y segundo milenio d.C.
Las diferencias en orientación y la
superposición de complejos arquitectónicos del Período Formativo dicen que el
asentamiento fue renovado por distintos agentes independientes entre si.
En la fase Nepeña algunas esculturas
de piedra y una serie de vasijas decoradas con figuras de animales
carnívoros, señalan que sus habitantes continuaron practicando su antigua
religión hasta que fue reemplazada por el culto chavinista.
Consumían carne de camélidos y
aprovecharon su fibra y su poder de carga desde la fase «Cerro Blanco», lo que
indica una temprana relación de intercambio y comunicación de larga distancia
con la sierra central y sur.
Por tanto, Shibata concluye que en la fase «Nepeña», coexistieron dos tipos de centros ceremoniales: uno, tradicional e inter regional y, otro, innovador e intra regional.
iv)
Fase Samanco. Del
450 al 150 a.C. [calib.], últimos años del sub periodo Formativo Final. La
arquitectura megalítica de la fase anterior fue abandonada y todos los accesos
fueron sellados. Siguió el uso tanto de la olla sin cuello con borde biselado
exterior como de la olla con cuello y los cántaros. Persistió la cerámica
decorada con círculos concéntricos y de círculo con puntos, persistieron como
uno de los pocos tipos decorativos, mientras que los adornos de red o textil
fueron exclusivos de esta fase. Siguió el uso de antaras y de discos
perforados, pero, la obsidiana dejó de ser frecuente.
Durante
«Samanco», que
corresponde a la segunda mitad del último milenio antes de nuestra, ya durante
el pleno desarrollo de las culturas Vicús, Salinar y Virú – Gallinazo, Cerro
Blanco y Huaca Partida dejaron de ser centros ceremoniales, dándoles otros usos
hasta que fueron abandonados totalmente.
En
cambio, el sitio secundario Huambacho prosperó. Fue ampliado
horizontalmente, solo con materiales del área y dotado de pocos íconos, lo
que sugiere un cambio ideológico.
Este proceso de las fases «Nepeña» y «Samanco», es a lo que Shibata llama la Reorganización social de la costa norcentral.
No obstante, anota que la población siguió usando las ollas sin cuello y vasijas grandes muy comunes en fase «Samanco», los discos perforados para torteros o tapas de vasijas, el rallador y la antara. Tal continuidad sugiere que la mayoría de los usuarios de los centros megalíticos reutilizados, así como de los nuevos centros en la fase «Samanco», no fueron foráneos sino locales.
VI:3.2. Sitios contemporáneos
Según Shibata Cerro Blanco y su asociada Huaca Partida, fueron contemporáneos, por el norte, con el edificio de la segunda fase de Huaca de los reyes en el Bajo Moche, con Huaca Lucía, en el valle de La Leche y con Casa Grande, en el Bajo Chicama, centros ceremoniales que pertenecen al complejo cultural de la fase Cupisnique Clásico. Por el sur, (costa central): con los centros ceremoniales con planta en «U» de las zonas bajas de los valles de dominio de la llamada Cultura Manchay — Garagay, Cardal, Manchay Bajo, entre otros—, lo que indica relaciones de larga distancia. Con la sierra: son coetáneos con la fase Ídolo de Kuntur Wasi y la fase Tardía del sitio de Huacaloma, en Cajamarca
Respecto
específicamente a Chavín de Huántar, Shibata ha determinado que esta
cultura se vinculó con el valle de Nepeña durante su fase evolutiva Blanco y
Negro (construcción del Portal Blanco y Negro, de la Plaza Circular y la
Galería de las Ofrendas e inicio de la cerámica de estilo Janabarriu),
entre el año 800 y 500 a.C. (calib.), lapso correspondiente a la fase Nepeña,
en la costa.
Según Shibata los ocupantes de la fase Cerro Blanco compartían tres rasgos iconográficos con Chavín de Huántar: i) La figura “hueso/dientes”, ii) La de “pie/cabeza”, y iii) El conjunto iconográfico compuesto de seres antropomorfos alados colocados sobre felinos.
También
ha determinado que hacia el 800 a.C. (calib.), es decir al fin de la fase <Cerro
Blanco> y comienzo de la <fase Nepeña>, hubo un periodo de pocos siglos,
durante el cual los movimientos transregionales de materiales e individuos fueron
de mayor envergadura, vinculados con la renovación o modificación
arquitectónica de algunos centros importantes con materiales y elementos nuevos,
como en los sitios de Nepeña.
FIN
VII. FOLDER DE IMÁGENES DE LAS CULTURAS PUENTE
Foto
7. Valle Nepeña en el
contexto costa norte
Foto 8. Zona baja del Valle Nepeña y principales
sitios arqueológicos
Foto 9. Vestigios de la
ciudad de Caylán, en el Bajo Nepeña



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