lunes, 24 de marzo de 2025

 Como en la canción, “Todo tiene su final, nada dura para siempre”

 

SOBRE CÓMO SE REORGANIZARON LOS PUEBLOS

AGRÍCOLAS DE LA COSTA NORTE AL FINAL DE LA

TEOCRACIA CHAVIN DE HUÁNTAR, DESDE EL AÑO 500 A.C.

SEGUNDA  PARTE  

 

EN NECESARIO Y URGENTE ACTUALIZAR LAS HISTORIAS DE

LAS «CULTURAS PUENTE» DE LA COSTA NORCENTRAL Y NORTE

 POR: ELMER OLORTEGUI RAMIREZ, periodista

I.            LA “REORGANIZACIÓN COSTEÑA”, ENTRE LOS PERIODOS FORMATIVO MEDIO Y FINAL

La teoría general sobre este tema es del arqueólogo japonés Koichiro Shibata, la cual sostiene que durante el sub periodo Formativo Final, en la costa norcentral se produjo un gran proceso de “reorganización social y política”, como consecuencia del colapso de la teocracia de Chavín de Huántar y de la disolución de la Sociedad o Cultura Cupisnique.

Shibata, pertenece a la Universidad de Kobe, Japón y, con fundamentos procedentes de sus investigaciones en el valle de Nepeña, trata de llenar el vacío aludido por Onuki con un nuevo punto de vista, resultado de sus estudios de la evolución social en la sección baja de dicho valle y alrededores.

Para desarrollar su hipótesis, Shibata usa como punto de apoyo de su hipótesis la afirmación hecha en 1992, por su connacional, el arqueólogo Yoshío Onuki acerca de que existía un vacío de información sobre el tramo final de la cronología del Período Formativo, a la que llamó “Blanco costeño”.

Onuki se refería así, específicamente al desconocimiento, por falta de investigación científica, de las causas del abandono de los mayores centros ceremoniales costeros (principalmente de las culturas Sechín y Cupisnique) desde el comienzo del milenio antes de nuestra era, sin que fuesen erigidos lugares similares durante los siguientes siglos.

VI.1 Las proyecciones regionales de la evolución del Valle Nepeña

La teoría de Shibata, está planteada en su trabajo del 2014, Centros de “Reorganización costeña” durante el Período Formativo Tardío: un ensayo sobre la competencia faccional en el valle bajo de Nepeña, costa nor-central peruana.  En este ensayo, el arqueólogo consolida los resultados de sus excavaciones y estudios en el Bajo Nepeña, en Ancash, que empezaron en 2004 y los proyecta hacia toda la costa norcentral.

En esa línea plantea que los grandes cambios en las sociedades costeras que habrían comenzado aprox. 800 años a.C. con el inicio de la declinación de la sociedad teocrática Chavín de Huántar, provocaron el fin o la reducción de dos actividades importantes en toda la región: el trueque y la peregrinación de los moradores.

Esto empezó a descalabrar la integración o concentración poblacional local porque surgieron dos marcadas tendencias político – sociales, las que, al igual que a las poblaciones de los demás valles, afectó seriamente a la del Bajo Nepeña, la que no pudo desplazarse a otros sitios a comerciar, a asistir a fiestas y a otras actividades.

VI.2 Las tendencias políticas dominantes.

La primera tendencia trató de sostener los centros “tradicionales” Cerro Blanco y Huaca Partida, logrando cierto éxito inicial con el reforzamiento y la ampliación de vínculos con pueblos serranos.

La otra que surgió al final de la fase «Nepeña», como propuesta de otras facciones de la población para establecer nuevos centros con organización espacial y social distinta, la que fue acogida y se materializó en la ciudad de Caylán y Huambacho y en los valles vecinos. Esto habría acontecido durante el sub período Formativo Final o Tardío, al cual Onuki aplica lo de “Blanco Costeño”, durante las fases locales <Nepeña> y <Samanco>.

El arqueólogo afirma que, en ese entonces, en el valle de Nepeña hubo gran prosperidad pasajera, en los nuevos asentamientos de gente foránea que llegó con su cultura material, y estilos de arquitectura, cerámica y ganadería. Tales poblados surgieron rápidamente con un concepto espacial muy diferente, sobre todo en la zona baja del valle como de otras cuencas costeñas. Sin embargo, Shibata no informa si se trató de una migración masiva y pacífica o violenta, ni indica su probable origen

Shibata, cree que el surgimiento de Caylán y Huambacho en la fase «Nepeña», fue un proceso similar al del contemporáneo Kuntur Wasi, el cual siendo un original desarrollo social local andino, debido a la intrusión bélica de los cupinsnique de la zona media del valle de Jequetepeque, asimiló influencias costeñas. No obstante, su población siguió usándolo como centro ceremonial hasta su fase tardía, durante la cual amalgamó rasgos locales y las incrustaciones costeñas.

En el valle bajo de Nepeña, Cerro Blanco y Huaca Partida, inicialmente fueron sitios con tradiciones costeñas, pero, en la fase Nepeña ― coetánea de la fase Kuntur Wasi― incorporó, no se sabe si por las buenas o por las malas, una fuerte presencia de elementos serranos.

VI.2.1 Los motores de las dos tenencias político – sociales

Shibata anota que, durante los cinco siglos del Formativo Tardío, los moradores de otros valles de la costa norcentral, no tuvieron centros similares a los de Nepeña. Por eso sus habitantes migraron al interior de cada valle, a criterio de Onuki, a causa de:  i) un gran debilitamiento de la integración social a gran escala que había sido impulsada por la teocracia Chavín y ii) el rechazo a las formas tradicionales de integración.

Cerro Blanco y Huaca Partida fueron una excepción, pues sus élites pudieron atraer algunas poblaciones afines, asegurando algunas ventajas en las difíciles circunstancias, según la ancestral costumbre de los curacas jefes de ayllus de ofrecer a la gente festines y otras formas de bienestar, para conseguir un mayor número de mano de obra, fundamental en ese tiempo.

Shibata cree que, durante los ENSO de entonces, los líderes de la zona baja del valle habrían reclutado a otros ayllus dándoles protección y rápida superación de los desastres climatológicos incontrolables.

VI.2.2. El aporte de Ikehara y Chicoine

En añadidura al aporte de Shibata, en 2019, los arqueólogos Hugo Ikehara y David Chicoine, también sobre la base de sus excavaciones en el valle de Nepeña hasta el 2009, detectaron una notoria variedad de expresiones culturales y procesos sociales que existieron en el periodo de aproximadamente cinco siglos (500 – 1 a.C.). como consecuencia de la caída del culto Chavín.

En su trabajo: Hacia una revaluación de Salinar desde la perspectiva del valle de Nepeña, costa de Ancash (2011), 2019 - Centro de Estudios Precolombinos de la Universidad de Varsovia/Institut Français d'Études Andines, afirman que los  procesos sociales que han identificado tuvieron diversos matices y variables de diferente peso, de acuerdo a los actores involucrados y la disponibilidad de recursos sociales y económicos de cada área.

En ese marco, solo algunos procesos llegaron a integrar varios pueblos y a centralizar su conducción política y económica.

Otros, entre los cuales está el proceso o fenómeno Salinar, no lo lograron por lo que no pueden ser considerados antecedentes de las características económicas y políticas de lo que más adelante surgió como Moche, en la costa de La Libertad.

Este cuestionamiento de Ikehara y Chicoine, va frontalmente contra la opinión de muchos investigadores quienes siguen creyendo que, Salinar fue una especie una bisagra social entre la Cultura Chavín y la Cultura Mochica, es decir, el puente principal entre los periodos históricos FORMATIVO y el subsiguiente, de DESARROLLOS REGIONALES.

VI.3. La relación de Nepeña con Chavín de Huántar

En un trabajo previo, El sitio de Cerro Blanco de Nepeña dentro de la dinámica interactiva del Periodo Formativo, publicado en 2008, en la edición número 12, del Boletín de Arqueología de la PUCP, Shibata dice que las últimas excavaciones en Cerro Blanco y en la cercana Huaca Partida han proporcionado fechados que permiten comparar los datos de la costa norte, costa central y sierra adyacente, obteniéndose como uno de los resultados el esbozo de un episodio de intensiva interacción cultural, ocurrido en el lapso entre el año 800 y el 700 a.C. (calib.), en una vasta área andina.

En 2014, en su ensayo, Centros de “Reorganización costeña” durante el Período Formativo Tardío: un ensayo sobre la competencia faccional en el valle bajo de Nepeña, costa nor-central peruana., Shibata afirma que, en el sub período Formativo Medio, en el Bajo Nepeña funcionaban, por lo menos, 4 o 5 centros ceremoniales, en lo que fue la fase local llamada «Cerro Blanco».

El principal era Cerro Blanco, ubicado en la margen derecha del río Nepeña, a unos 18 kilómetros al este del litoral y a 145 metros sobre el nivel del mar.  Fue estudiado parcialmente por Julio C. Tello en 1933, casi al mismo tiempo que Punkurí. Tello creyó que ambos pertenecían a la Cultura Chavín, pero, hoy, es conocido que ambos fueron centros ceremoniales de la Cultura Sechín, predecesora y contemporánea de Chavín.

El otro sitio importante era Huaca Partida, situada en la margen izquierda del río Nepeña, cerca de la anterior, a unos 125 m s. n. m. El equipo de Tello, en 1930 solo la inspeccionó después que Donald Proulx la visitó en 1960 y 1970 nadie más se interesó por el lugar. Recien fue excavada en 2004.

En su fase constructiva más antigua fue hallada  cerámica del estilo Cupisnique Clásico, principal indicador de su origen.  Otros sitios son el PV31‒27, el PV31‒192 y uno no registrado. Todos estos edificios fueron construidos con adobe cónico, tronco piramidal y/o paralelepípedo.

Cerro Blanco y Huaca Partida son los únicos excavados y reflejan expresiones arquitectónicas, iconográficas y cerámicas, el primero, de la Cultura Sechín y, el segundo, de la Cultura Cupisnique. También fueron los únicos que continuaron como centros ceremoniales, principalmente para festines, en fase local, «Nepeña», hasta el sub periodo Formativo Tardío.   Pero, sus ocupantes dejaron de usar el adobe cónico y los frisos y emplearon técnicas constructivas serranas:  techo de falsa bóveda, dintel megalítico y ducto de ventilación. Pasaron a usar la olla con cuello corto del estilo “rojo sobre anaranjado” con diseños escalonados, herramientas de obsidiana andina de Quispisisa.

VI.3.1 El antiguo centro ceremonial Cerro Blanco

Tiene tres plataformas. En la Plataforma Sur, de planta triangular, Tello encontró un recinto o «templo» decorado con relieves polícromos. La investigación de Shibata ha comprobado el cálculo de Henning Bischof, de que las tres plataformas formaban un complejo con planta «U», estilo surgido tempranamente en la costa centro norte. 

La comunidad arqueológica siempre ha tenido a Cerro Blanco como colonia de Chavín o como su primera evidencia de su expansión, aunque sin evidencias convincentes. 

Sin embargo, el estudio actual de la iconografía de Cerro Blanco, señala que la dirección de la relación fue de la costa norcentral hacia la sierra, pues resulta que sus íconos corresponden a desarrollos de ese arte de las culturas Sechín y/o Cupisnique. Es imposible considerar una dirección opuesta.

Shibata ha determinado que Cerro Blanco tiene una larga evolución de cuatro fases las que extiende a toda la evolución del valle.

i)                 Fase Huambocayan, la ocupación más temprana entre 1500-1100 a.C. [calib.], fechado extraído de un pedazo de una olla sin cuello, hallada en la capa estratigráfica sin vestigio arquitectónico. El fragmento cerámico y otros se parecen a los alfares de la fase Haldas del valle de Casma (Cultura Sechín) y a los del edificio de Tizal, en Chao. 

ii)                Fase Cerro Blanco. Entre 1100 y 800 a.C. [calib.] durante la cual fueron erigidas las tres plataformas. En la plataforma norte hubo vestigios de un almacén de restos de festines. En esta fase también fue construida Huaca Partida y adornada con frisos.

iii)              Fase Nepeña. Del 800 al 450 a.C. [calib.] En el pase de la fase Cerro Blanco a la Nepeña ocurrió algo por aclarar: la arquitectura de los dos sitios fue remodelada extrañamente con muros toscos y rellenado de espacios. En este estrato se encontraron obsidiana y otros materiales serranos, así como primeras muestras de maíz andino. Se supone que las fiestas fueron más fastuosas y que la reconstrucción de los sitios fue resultado de una intrusión que generó más festines, vínculos regionales intensivos y el uso de materiales y conocimientos andinos. ¿Habían llegado los chavines?

El nuevo piso de la plataforma principal, fue elevado entre 70 centímetros y 1,50 metros y fue revestida con una mampostería de rocas canteadas megalíticas de más de un metro de largo, desechándose el uso de adobes. La forma de la escalinata y otras características de Huaca Partida, así como los ductos de ventilación y el techo de falsa bóveda, son elementos totalmente andinos.

También cambió la forma y la decoración de las vasijas cerámicas.

En aquel tiempo, fue entonces, que entró en vigencia un nuevo tipo de centro ceremonial en el Bajo Nepeña, en los sitios VN-35 y 36 de Sute Bajo, en la ciudad de Caylán y Samanco y en la Huaca Coishco, en el valle del Santa.

Caylan, erigida sobre un área de 200 hectáreas, fue el centro ceremonial y político más importante, una especie de capital de una jefatura o curagazgo amplio, levantada con un nuevo estilo arquitectónico y constructivo que cerraba su perímetro rectangular con murallas, sin muchas calles en el interior donde había de recintos rectangulares también amurallados, junto a plazas hundidas y pequeñas plataformas elevadas, conjunto que es una incógnita que los arqueólogos trata de resolver.

La primera prospección indica que tuvo ocupaciones principales durante el Período Formativo, con reocupaciones durante el primer y segundo milenio d.C.

Las diferencias en orientación y la superposición de complejos arquitectónicos del Período Formativo dicen que el asentamiento fue renovado por distintos agentes independientes entre si.

En la fase Nepeña algunas esculturas de piedra y una serie de vasijas decoradas con figuras de animales carnívoros, señalan que sus habitantes continuaron practicando su antigua religión hasta que fue reemplazada por el culto chavinista.

Consumían carne de camélidos y aprovecharon su fibra y su poder de carga desde la fase «Cerro Blanco», lo que indica una temprana relación de intercambio y comunicación de larga distancia con la sierra central y sur.

Por tanto, Shibata concluye que en la fase «Nepeña», coexistieron dos tipos de centros ceremoniales: uno, tradicional e inter regional y, otro, innovador e intra regional.

iv)             Fase Samanco. Del 450 al 150 a.C. [calib.], últimos años del sub periodo Formativo Final. La arquitectura megalítica de la fase anterior fue abandonada y todos los accesos fueron sellados. Siguió el uso tanto de la olla sin cuello con borde biselado exterior como de la olla con cuello y los cántaros. Persistió la cerámica decorada con círculos concéntricos y de círculo con puntos, persistieron como uno de los pocos tipos decorativos, mientras que los adornos de red o textil fueron exclusivos de esta fase. Siguió el uso de antaras y de discos perforados, pero, la obsidiana dejó de ser frecuente.

Durante «Samanco», que corresponde a la segunda mitad del último milenio antes de nuestra, ya durante el pleno desarrollo de las culturas Vicús, Salinar y Virú – Gallinazo, Cerro Blanco y Huaca Partida dejaron de ser centros ceremoniales, dándoles otros usos hasta que fueron abandonados totalmente.

En cambio, el sitio secundario Huambacho prosperó. Fue ampliado horizontalmente, solo con materiales del área y dotado de pocos íconos, lo que sugiere un cambio ideológico.

Este proceso de las fases «Nepeña» y «Samanco», es a lo que Shibata llama la Reorganización social de la costa norcentral.

No obstante, anota que la población siguió usando las ollas sin cuello y vasijas grandes muy comunes en fase «Samanco», los discos perforados para torteros o tapas de vasijas, el rallador y la antara. Tal continuidad sugiere que la mayoría de los usuarios de los centros megalíticos reutilizados, así como de los nuevos centros en la fase «Samanco», no fueron foráneos sino locales.

VI:3.2. Sitios contemporáneos

Según Shibata Cerro Blanco y su asociada Huaca Partida, fueron contemporáneos, por el norte, con el edificio de la segunda fase de Huaca de los reyes en el Bajo Moche, con Huaca Lucía, en el valle de La Leche y con Casa Grande, en el Bajo Chicama, centros ceremoniales que pertenecen al complejo cultural de la fase Cupisnique Clásico. Por el sur, (costa central): con los centros ceremoniales con planta en «U» de las zonas bajas de los valles de dominio de la llamada Cultura ManchayGaragay, Cardal, Manchay Bajo, entre otros—, lo que indica relaciones de larga distancia. Con la sierra: son coetáneos con la fase Ídolo de Kuntur Wasi y la fase Tardía del sitio de Huacaloma, en Cajamarca

Respecto específicamente a Chavín de Huántar, Shibata ha determinado que esta cultura se vinculó con el valle de Nepeña durante su fase evolutiva Blanco y Negro (construcción del Portal Blanco y Negro, de la Plaza Circular y la Galería de las Ofrendas e inicio de la cerámica de estilo Janabarriu), entre el año 800 y 500 a.C. (calib.), lapso correspondiente a la fase Nepeña, en la costa.

Según Shibata los ocupantes de la fase Cerro Blanco compartían tres rasgos iconográficos con Chavín de Huántar: i) La figura “hueso/dientes”, ii) La de “pie/cabeza”, y iii) El conjunto iconográfico compuesto de seres antropomorfos alados colocados sobre felinos.

También ha determinado que hacia el 800 a.C. (calib.), es decir al fin de la fase <Cerro Blanco> y comienzo de la <fase Nepeña>, hubo un periodo de pocos siglos, durante el cual los movimientos transregionales de materiales e individuos fueron de mayor envergadura, vinculados con la renovación o modificación arquitectónica de algunos centros importantes con materiales y elementos nuevos, como en los sitios de Nepeña.

FIN

 

VII.               FOLDER DE IMÁGENES DE LAS CULTURAS PUENTE

Foto 7. Valle Nepeña en el contexto costa norte

 


Foto 8.  Zona baja del Valle Nepeña y principales sitios arqueológicos

 

                                                                                                                                     

Foto 9. Vestigios de la ciudad de Caylán, en el Bajo Nepeña

 

Como en la canción, “Todo tiene su final, nada dura para siempre”

 

SOBRE CÓMO SE REORGANIZARON LOS PUEBLOS

AGRÍCOLAS DE LA COSTA NORTE AL FINAL DE LA

TEOCRACIA CHAVIN DE HUÁNTAR, DESDE EL AÑO 500 A.C.

PRIMERA PARTE  

 

EN NECESARIO Y URGENTE ACTUALIZAR LAS HISTORIAS DE

LAS «CULTURAS PUENTE» DE LA COSTA NORCENTRAL Y NORTE


 POR: ELMER OLORTEGUI RAMIREZ, periodista

 

NECESARIA REESCRITURA

La mayoría de los investigadores creía hasta hace poco que, en términos de presencia regional, la poco conocida y estudiada Cultura Salinar fue una especie de fase de transición o una bisagra social entre la Cultura Chavín y el advenimiento de la Cultura Mochica, es decir, un puente entre los periodos históricos FORMATIVO y el de DESARROLLOS REGIONALES.

Hoy, ese criterio debe ser actualizado, sobre la base de los resultados de nuevas investigaciones.

Se trata de un proceso de mejora del conocimiento, similar al que ocurrió a raíz de los descubrimientos de los primeros y más antiguos vestigios de la Sociedad o Cultura Sechín, por parte del arqueólogo alemán Peter Fuchs y su equipo. Sus hallazgos, respaldados por comprobaciones cronológicas científicas y datos estratigráficos irrefutables, acerca de que los Sechín se organizaron y emprendieron las primeras construcciones monumentales, entre 700 y mil años antes que los de Caral, obligaron a cambiar la visión de la Cultura Caral como “cuna de la civilización en el Nuevo Mundo”.

También, es casi idéntico a lo que sucedió con la ahora vasta sabiduría sobre la Sociedad o Cultura Cupisnique y sus grandes desarrollos en los valles de Jequetepeque, Moche, Nepeña y Casma, la cual, finalmente revocó la casi sagrada afirmación de que la Cultura Chavin de Huántar marcó el principio de la alta cultura en los Andes Centrales.

De este modo, el nuevo y mayor saber sobre cómo cambio la vida y sus expresiones durante y después del gran desplome y disolución de la teocracia Chavín de Huántar, arroja nuevas luces sobre el sub periodo Formativo Final. 

Otro ejemplo de un ajuste de timón historiográfico se ha dado con el hallazgo, identificación y amplio estudio de la llamada Cultura Topará en la costa surcentral (Sur de la región Lima y la región Ica), lo que ha dejado en claro que ésta sustituyó a la Cultura Paracas la que solo progresó hasta la fase denominada por Julio C. Tello, “Paracas Caverna” y fue predecesora de la gran formación social Nazca.

Si bien para la mayoría de los arqueólogos, durante el sub periodo Formativo final la debacle de Chavin provocó desconcierto e incertidumbre y en algunos casos la fragmentación de los pueblos integrados por el culto felínico y otras creencias religiosas, nadie hasta el 2006 se había preocupado por esclarecer como fue esa disgregación y la recomposición lenta, pero imparable, del desarrollo de la población con nuevas formas de asociación e integración, nuevos estilos arquitectónicos y constructivos, nuevos cultos y nuevos diseños y acabados cerámicos.

Este trabajo pretende exponer un panorama actualizado de lo que pudo haber ocurrido sobre el surgimiento de las culturas agrarias VICUS, SALINAR Y VIRÚ -GALLINAZO, durante el sub periodo Formativo Final (Del año 700 a.C. al 200 d.C.) en el territorio costeño de las actuales regiones Ancash, La Libertad, Lambayeque y Piura.

I.     LA CULTURA VICUS

El siguiente cuadro muestra que, cronológicamente, en la costa norcentral y norte, la primera cultura puente en organizarse, en la extremadamente alejada zona alta del valle del río Piura, un área muy hostil, fue la Cultura Vicus, a mediados del último milenio antes de nuestra era (año 500 a.C), en paralelo temporal con la Cultura Salinar.

Su origen sigue siendo un misterio, pues los investigadores solo especulan con la posibilidad de que ayllus locales, talvez antes vinculados a la antigua Cultura Chinchipe - Marañón que floreció en Amazonas casi al mismo tiempo que los Sechín, hayan migrado al Alto Piura y recibido influencias de pueblos ecuatorianos y colombianos para organizarse como una teocracia militar.

En la fase inicial de Vicús, la dominante Cultura Chavín se proyectaba aún hasta ese extremo territorial, pero se hallaba ya en un inexorable curso en picada hacia su disolución y su antecesora y a la vez contemporánea, la costeña Cultura Cuspisnique, se apagaba también lentamente hasta desaparecer aproximadamente el año 200 a.C. Por eso es que se considera que tal como ocurrió con Paracas en su fase inicial, Vicus fue un desarrollo cultural que surgió durante la etapa tardía de Chavín, con conexiones de tipo cerámico, metalúrgico y de orfebrería con culturas de Ecuador y Colombia. No obstante, los investigadores apuestan por un origen autóctono de esta sociedad.

Los arqueólogos consideran que se extinguió en el año 500 d.C. completando un ciclo de un milenio, cuando la Cultura Mochica, también había empezado a tambalear hasta que se diluyó en el año 700 d.C.

Vitrina de los estilos cerámicos de la costa norte

Lo importante, interesante y misterioso de esta sociedad es que, sin que se le reconociera aún como una cultura, de los ajuares funerarios de sus tumbas ubicadas en las faldas del cerro Vicús, fueron recuperados inicialmente por ladrones, objetos de oro, cobre y cerámica del estilo mochica, hecho que sorprendió con gran impacto a la comunidad arqueológica. Después, los investigadores comprobaron, también con sorpresa, que, en los mismos contextos, los vestigios mochicas estaban mezclados con piezas cerámicas de rasgos Cupisnique, Salinar, Virú - Gallinazo y con vasijas que pertenecían a un, hasta ese momento, desconocido estilo local.  

Y, resultó que, hasta este flamante estilo alfarero local, bautizado después como Cerámica Vicús, compartía características estilísticas con todos los demás estilos e incluso con la cerámica mochica de las fases I y II; es decir, de las etapas de origen de esta cultura, cuyo lugar de nacimiento, reconocidamente correspondía a los valles Chicama y Moche (región La Libertad), ubicados a casi 800 Kms. del Alto Piura. Nadie aún ha logrado explicar esta situación.

I.1 La cerámica vicús

Enfocándose en la cerámica negativa Vicús, de color rojo ladrillo, Rafael Larco Hoyle, creyó ver en ella influencias de los estilos Cupisnique - Morropón y Salinar, pero una mayor afinidad con el estilo Virú – Gallinazo, porque la mayoría de piezas está hecha a mano, sin moldes y decorada con motivos negativos, pero con menor calidad. Su pasta tenía exceso de arena por mala selección de la arcilla, por lo que sus piezas son pesadas. Su cocción también era defectuosa. Por su elaboración a mano, su aspecto es primitivo de nivel del llamado arte popular. Su modalidad de vasos retratos, también es ingenua y tosca, pues sus representaciones solo son esbozos como caricaturas, tanto de figuras humanas como e animales.

En cuanto a formas, Larco, encontró las siguientes: Botelliformes con asa circular. Antropomorfos de pico y puente. Recipientes globulares, ovoides o casi rectangulares. Dobles recipientes de pico y puente. Vasos antropomorfos, zoomorfos y globulares de asa de estribo. Recipientes de variadas formas con un asa en el gollete. Vasos sibilantes, con figuras de hombres y animales.

Pero, como explicación de los misteriosos hechos anotados, solo hay hipótesis y un gran debate sobre que la Cultura Mochica se originó en Vicus, que los mochicas liberteños tempranos, muy viajeros ellos, llegaron a Vicús y fundaron una colonia;

En capas estratigráficas más recientes, en Vicús han sido hallados piezas cerámicas Chimú e Inca, lo que quiere decir que esta cultura recibió múltiples aportes hasta convertirse en una verdadera vitrina del arte alfarero prehispánico.

II.   LA CULTURA SALINAR

En el Gráfico 1, nótese también que la segunda cultura puente, fue la SALINAR, ésta sí en pleno territorio de influencia de Chavín y Cupisnique. Salinar se habría organizado también a partir del año 500 a.C. y progresó paralelamente con la Cultura Vicús, hasta que desde el año 200 a.C., lo hizo también en condición de contemporánea o coetánea y, por añadidura, en el mismo territorio con la nueva Cultura Virú – Gallinazo.

Desde la primera centuria de nuestra era, Salinar persistió, a pesar de la entrada en vigencia de la Cultura Mochica en el mismo territorio, convirtiéndose en también contemporánea y coetánea de esta.

No obstante, los primeros investigadores de esta cultura creyeron que, en términos de presencia regional, Salinar fue una especie de fase de transición o una bisagra social entre la Cultura Chavín y el advenimiento de la Cultura Mochica, es decir, un puente entre los periodos históricos FORMATIVO y el subsiguiente, de DESARROLLOS REGIONALES.

Este criterio esta cuestionado actualmente de modo frontal, por los resultados de investigaciones realizadas a partir del 2004 en la zona sur del supuesto territorio de Salinar, específicamente en el valle del río Nepeña, en Ancash.

Y, además, esta nueva configuración cronológica ha generado más de una controversia sobre la evolución de los pueblos de la costa norcentral que aún no se resuelven y que trataremos más adelante. Así mimo, ha provocado que una corriente de arqueólogos cuestione que Salinar fue una cultura, afirmando que solo fue una federación de ayllus.

II.1 El probable origen

Se tiene como hipótesis de su origen la tendencia gregaria y sedentaria de los pobladores de la mitad del último siglo antes de nuestra era, quienes, se habían organizado desde las sociedades Sechín y Cupisnique en ayllus, los cuales,  agrupados en número de tres o cuatro constituyeron curacazgos, de a tres por cada valle o cuenca, haciéndose el control de las zonas bajas, medias y altas de cada cuenca.

En el contexto del progresivo decaimiento de la teocracia Chavín de Huántar y del modo de vida costeño de los Cupisnique, estos ayllus  se unieron para dar continuidad al fragmentado e incierto orden de vida, generando nuevos estilos cerámicos, arquitectónicos, constructivos y hasta ideológicos, con la finalidad de fortalecerse ante diversas amenazas.

Así, la nueva integración zonal entre habitantes de la parte el sur de La Libertad y del norte de Ancash, habría ocurrido lentamente, en paralelo con la inexorable, pero prolongada agonía de Cupisnique y de Chavin allá por el año 500 a. C. Salinar terminó hacia el año 300 d. C. sumido en la nueva y gran sociedad Mochica que prevaleció en la costa norte durante el siguiente periodo histórico de los Desarrollos Regionales (PDR)

II.2 El Hallazgo

Lo primero que Rafael Larco Hoyle halló de esta cultura fue su cerámica, de manos de ladrones de tumbas, considerándola como pre-mochica, Uno de esos ladrones le llevó a su sitio de huaqueo llamado Salinar, en las Pampas de Juaguey, en la zona alta del Valle de Chicama, en la cual encontró un gran cementerio prehispánico. En el lugar había 228 tumbas que contenían  vestigios entreverados de distintas culturas que Larco logró descifrar, registrando restos cupisnique con intrusiones salinar y mochica; superposiciones de tumbas mochica sobre salinar e intrusiones mochicas en entierros salinar. El arqueólogo encontró otras necrópolis salinar en derredor del perímetro de la Hacienda Sausal y tumbas solitarias entre estos dos puntos.

En 1948, Larco Hoyle localizó al este del Puerto de Guañape, en el valle Virú, otro cementerio salinar y luego sobre la base del hallazgo de otros asentamientos con cerámica salinar en la parte media y superior de este valle, el arqueólogo la consideró como una cultura compleja y avanzada.

Durante el Proyecto Arqueológico Valle de Moche, Moseley y Mackey (1978), sacaron a luz los escombros de Cerro Arena, donde hubo un complejo arquitectónico de filiación alfarera y constructiva Salinar, a partir de lo cual se hicieron más investigaciones sobre este sitio. En 1982, Brennan determinó la existencia de 2000 estructuras construidas en piedra, caracterizándolas en 3 tipos y 5 variantes arquitectónicas.

Otros investigadores también hallaron cerámica y otros vestigios salinar cerca de Huanchaco y en los flancos del Cerro Blanco, cerca de la Huaca de La Luna, en La Libertad. Así mismo, en Tecapa, en el valle de Jequetepeque. Más al norte, Deza detectó vestigios salinar en Cerro Saltur, producto de excavaciones controladas en dicho sitio arqueológico. En el sur, en 2003, los arqueólogos Cotrina, Peña, Tandaypan y Pretell, recuperaron restos de la Cultura Salinar en el sector Sute Bajo, en el valle de Nepeña, en Ancash. 

II.3 La cerámica Salinar

Larco Hoyle sostiene que quienes originaron el etilo alfarero salinar producían cerámica negra, la cual desecharon para pasarse a la producción de la roja con adornos pintados de blanco y decorado inciso, es decir el estilo llamado “Blanco sobre rojo”. No fue una innovación, sino la integración a una tradición alfarera que estaba extendida en pueblos andinos del área de Chavín de Huántar, en Ancash y en la zona de influencia de los centros ceremonial es Kuntur Huasi y Layzón, en Cajamarca.

Tl vez por eso, la apariencia de la cerámica salinar “Blanco sobre rojo”, es rústica, pero fue mejor que la cerámica cupisnique por su preparación de la pasta con materiales cernidos y aportados en porciones fijas según alguna fórmula y por su cocido en hornos abiertos con mucho oxígeno, de lo cual obtuvieron el color rojo adornado después con tinte blanco. 

Los alfareros Salinar elaboraran botellas con asa estribo, las innovadoras botellas con figura y asa puente, las primeras cerámicas eróticas, y las con representaciones de animales como búhos, lechuzas, felinos, palomas y monos.

Larco Hoyle anota que, lo interesante en esta cerámica, es que dio inicio al arte decorativo pictórico del norte del Perú. Emplearon brocha gruesa para aplicar la pintura, con base de arcilla de color blanco, y comenzaron a decorar sus vasos, utilizando con mejor propiedad los motivos que anteriormente eran incisos.

No se preocupaban del fondo; pintaron sobre la misma superficie, no sólo para decorar sus vasos, sino para avivar los detalles de sus esculturas.

Entonces, fueron los salinar quienes impulsaron con mayor ímpetu el arte pictórico que, más tarde, mejoró grandemente durante Mochica, рeríodo durante el cual el artista, antes de decorar sus vasos con finísimos pinceles, los cubría con una capа de pintura, que servía de fondo para plasmar sobre ella sus motivos.

III. LA CULTURA VIRÚ - GALLINAZO

El puesto tres de la secuencia cronológica de las culturas puente durante el final del Formativo en la costa norcentral, corresponde a la cultura Virú – Gallinazo, la que se organizó cuando Chavín ya había desaparecido y Cupisnique daba sus últimos estertores.

La nueva formación social surgió en el valle del rio Virú (región La Libertad), a partir del año 200 a. C. (Sub periodo Formativo Final) y perduró aproximadamente hasta el 600 d.C. (Periodo de Desarrollos Regionales), coexistiendo en el mismo territorio con la sociedad Moche, en condiciones que los especialistas no han podido dilucidar aun, a pesar del debate existente sobre el tema

No obstante, tal como ocurre sobre la relación Vicús – Mochica, el vínculo de esta cultura con las otras y con Mochica y la más reciente acumulación de nueva información, cuyos detalles se encuentran actualmente bajo investigación y debate, hacen necesaria la reescritura de la evolución de tales sociedades. 

 

III.1 El origen, un misterio a medias

La investigación alfarera temprana

En 1933, el arqueólogo Rafael Larco Hoyle, al excavar una tumba en la Pampa de los Cocos, de la zona media del valle de Virú, halló fortuitamente la primera cerámica de esta cultura: unos tiestos en forma de vasos con pintura negativa tan singular que, luego de otros hallazgos similares, en 1945 publicó la monografía, La Cultura Virú en la que fundamentó su descubrimiento de una nueva cultura.  

En 1936, antes de que Larco divulgara el nombre de cultura Viru, el arqueólogo Wendell Bennett, durante sus excavaciones en “Huaca Gallinazo”, ubicada en la parte baja del valle de Virú, también recuperó cerámica negativa y afirmó que pertenecía a una nueva cultura a la que llamó cultura Gallinazo, usando el topónimo del sitio de su hallazgo. De eso viene entonces el doble nombre de tal cultura, a la que, en adelante, en este trabajo, denominaremos Virú – Gallinazo para consolidar su plena identificación.

Entre 1945 y 1948, Larco Hoyle encontró más cerámica negativa en el valle de Chicama y comprobó, además, que las tumbas virú de ese lugar se sobreponían a las de la extinta Cultura Cupisnique y que eran contemporáneas con las inhumaciones de Salinar. Y, además, en la falda del cerro Santa Ana halló tumbas que contenían tiestos virú – gallinazo y del estilo Moche I.

El indicador cerámico señalaba que, en Chicama, los estilos alfareros Salinar y Virú - Gallinazo habían reemplazado la antigua cerámica Cupisnique y que, después, mientras Salinar se extinguió, lo Virú – Gallinazo siguió vigente hasta ser contemporáneo con Moche I. ¿Qué pasó? Larco no profundizó su análisis de esta singular contemporaneidad temprana entre ambas culturas.

En 1952, los arqueólogos  Strong y Evans, tras excavar en Huaca Gallinazo documentaron estratigráficamente que la cerámica estilo Virú - Gallinazo había desplazado a la alfarería Salinar en el valle de Virú, durante el siglo I d.C, según fechados radiocarbónicos de sus colegas M. West y R. Watson.

Como ha ocurrido con las demás culturas, “el descubrimiento” de Gallinazo – Virú se refiere, fundamentalmente, a la ocasión del primer hallazgo de su cerámica por los arqueólogos, como aplicación de la ecuación arqueológica: nueva cerámica = nueva cultura, ahora considerada insuficiente, por lo que está en revisión. En este caso específico, a lo que ha permitido “leer”, su alfarería se ha añadido contenidos de su arquitectura, modo de construcción, su agricultura y crianzas, su textilería, metalurgia y orfebrería y su religión.

Pero, esta visión de los arqueólogo se ha convertido en una con anteojeras porque los lleva, a machaca martillo, a no tener en cuenta a la o las culturas precedentes y al ayllu como estructura social de base, su genoma mitocondrial y la permanencia o variaciones de distinta intensidad de tradiciones cotidianas, por lo que el origen de Virú – Gallinazo ha quedado envuelto en una nebulosa de desinterés o incapacidad y proyecta la idea de que, no se sabe si de modo acelerado o lento, apareció casi de la nada.

Lo mismo se aplica a VICÚS, SALINAR y hasta a la muy conocida CULTURA MOCHICA en cuyos estudios poco se menciona o es tomada en cuenta  la predecesora, poderosa y amplísima Cultura Cupisnique y, también, la antecesora de ésta, la también poderosa sociedad Sechín, ampliamente dominadoras de la llamada costa central norte y parte de los Andes, de las que, necesariamente, a pesar del tiempo, sus tradiciones, en particular la organización político- económica y social básica del Ayllu y estilos de actividades básicas debieron de impregnar en algún grado a las nuevas expresiones sociales subsiguientes en el tiempo.

La arqueología, además de solo haber hallado vestigios de jerarcas, no tiene elementos para conocer el Ayllu ancestral, su funcionamiento y persistencia en el tiempo, como tampoco sabe mucho respecto a los súbditos o subordinados, aparte de tener evidencias de segmentos sociales de sacerdotes y militares en algunos casos. De este modo solo se limita a reconocer a la élite y «los demás», a pesar de los esfuerzos deductivos de la etnohistoria y la antropología.

Si bien es cierto que hace falta corroborar que la religión, la vocación belicista y otras tradiciones de origen Sechín y Cupisnique, pudieran ser los principales  componentes de la amalgama social que vinculó la contemporaneidad de Salinar y de los Virú – Gallinazo con los mochicas durante el Periodo de Desarrollos Regionales, las modernas técnicas de fechado de material antiguo por termoluminiscencia (además del radiocarbono), los análisis de residuos orgánicos en vestigios, de la microbiología capturada en un sitio,  del ADN mitocondrial de restos antiguos de los distintos pueblos de la costa norte, tal vez pudieran demostrar si se trató de la misma gente y de sus descendientes, o de distintos grupos que pudieron haber llegado al territorio desde distintos puntos a pie o por mar.

III.2 El ninguneo arqueológico

Los arqueólogos Izumi Shimada y Adriana Maguiña, en su trabajo, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura Moche, (investigación  correctiva  de la historia de Virú – Gallinazo), remarcan que los arqueólogos y hasta el público general ha ninguneado, ignorado y desdeñado a la cultura Virú - Gallinazo, a pesar de que fue ubicada muy tempranamente en la década de los treinta sin que importara mucho, además,  el extenso territorio que ocupó, sus construcciones monumentales y su gran sistema de irrigación que le dio una alta productividad agrícola.

En concreto, el interés en esta sociedad fue opacado por el gran atractivo que generó el hallazgo casi contemporáneo de la cultura Moche. Atractivo justificado por la alta calidad de su cerámica ceremonial y de culto de sus élites, su textilería, su avanzada metalurgia y orfebrería que produjo objetos de cobre y oro para rituales y lucimiento de altos rangos de mejor calidad artística e industrial, a lo que se sumó su superioridad bélica que le habría permitido apoderarse de gran parte del territorio de los viruñenses.

Por estas, ahora se sabe, equivocadas razones, los Virú – Gallinazo, fueron considerados casi unánimemente como un pueblo atrasado, débil, perdedor, sin mucha importancia en nuestra historia como país.

Estas características han devenido en falsas, pues Shimada y Maguiña, en su trabajo citado, presentan una síntesis de lo que fue la gran expansión de los virú – gallinazo, por el sur, hacia los valles de Moche, Santa, Nepeña y Casma y, por el norte, hacia los valles de Jequetepeque, Chancay – Lambayeque y La Leche. 

III.3 Territorio Virú - Gallinazo

Sobre la base del decisivo indicador alfarero, los especialistas calculan que, entre los años 100 y 400 d.C. Virú – durante su apogeo – Gallinazo – Virú se extendió sobre casi toda la costa norte peruana, desde Casma, en el sur, hasta el valle de La Leche, en el norte, en Lambayeque, siendo probable que también haya penetrado en Piura. Un territorio similar al de la Cultura Mochica, con la que, por añadidura fue coetánea.

III.4 Principales asentamientos

En la costa norcentral Valles Virú, Chicama, Moche, El Santa y Casma): Huaca Gallinazo, en su periodo temprano, Huaca Ai Apaec o Santa Clara, cuando convivieron con los mochicas y el Castillo de Tomaval, en su etapa tardía.

Por el norte: valle de Jequetepeque (La Libertad) Huaca 31 de Pacatnamú, valles de Lambayeque: Cerro Sajino y Huaca Soledad, valle de La Leche y  Huaca del Pueblo, en Batán Grande.

III.5 La cerámica Virú – Gallinazo

La cerámica Virú – Gallinazo es escultórica con diversos tipos de manufactura y decorados, habiendo alcanzando un alto nivel estético. Su diseño y forma incluye: vasijas con asa estribo, botellas figuras modeladas y pico unidos con asa puente, ollas con cuello, urnas, jarras globulares, jarras de cuello corto y cuencos profundos.

Usó el decorado negativo, combinando negro, rojo y blanco, para figuras de cabeza de felinos, aves, serpientes y monos. Su difusión abarcó los valles de Virú, Chicama, Moche, Jequetepeque, Lambayeque, La Leche, Santa y Casma.

Según la tipología del arqueólogo James Ford, Virú – Gallinazo tuvo los siguientes tipos cerámicos:

– El Castillo Decorado (Castillo Modelado y Castillo Inciso).

– El Gallinazo Negativo.

– El Carmelo Negativo.

– El Gallinazo Broad-Line-Incised.

Los arqueólogos Alicia Espinosa, Gabriel Prieto y Walter Alva, estudiaron a fondo los estilos cerámicos Virú – Gallinazo y Mochica para determinar si compartieron o no “escuelas alfareras” y, a partir de eso, definir sus relaciones.

Publicaron sus resultados en el Boletín de Arqueología PUCP / N.° 26 / 2019, bajo el título: Tradiciones técnicas y producción cerámica virú-gallinazo y mochica: nuevas miradas sobre las relaciones entre dos grupos sociales del Período Intermedio Temprano en la Costa Norte del Perú.

Usaron un nuevo método llamado «Análisis Tecnológico», que comprende toda la cadena operativa y verifica científicamente todos los procedimientos y técnicas de elaboración de las vasijas, desde la extracción de la arcilla hasta la manufactura y la cocción, a partir de la observación de huellas diagnósticas o indicadores macroscópicos y microscópicos. Analizaron 4212 fragmentos y cerámicas completas provenientes de cinco colecciones, recuperadas de Sipán, Huaca Prieta, Pampa la Cruz, Huacas de Moche y una muestra de 49 vasijas del Museo Larco de Lima.

Pero, no solo es importante la novedad del uso del nuevo método, sino también el por qué. El interés por las técnicas productivas surgió frente: i) a la incertidumbre y confusión que ha causado la utilización persistente y determinante  por parte de los arqueólogos de la tipología morfo - estilística de objetos artesanales para determinar casi apodícticamente la composición de las sociedades pasadas y, ii) la publicación de varios estudios etno - arqueológicos que han demostrado que un conjunto de formas y diseños no siempre equivale a una cultura y que, al contrario, diversos grupos morfo estilísticos pueden equivaler a una sola cultura.

Vemos ahora que la conclusión crucial del estudio es que, en los hechos, los alfareros de Virú – Gallinazo y los de Mochica pertenecían a diferentes comunidades de filiación alfarera, es decir a distintas “escuelas” ceramistas, que mantenían frecuentes contactos. Para mayor saber lo resultados están siendo consolidados actualmente con los de otros estudios comparativos de los modos de producción alfarera en otros asentamientos mochica y virú-gallinazo.

Entonces, durante el período de los desarrollos regionales el avance técnico y tecnológico fue heterogéneo y que en la alfarería coexistieron en dos tradiciones técnicas predominantes, correspondientes a los Virú – Gallinazo y a los Mochica: el martillado adscrito a las poblaciones virú-gallinazo, mientras que el moldeado - enrollado correspondió a los mochica.

Las dos sociedades no tenían una misma “escuela” o comunidad de práctica. Cada una tuvo sus propios grupos de alfareros, lo cual debe ser convalidado con lo que ocurrió con otros tipos de producción artesanal como la textilería, la metalurgia, entre otros, así como la arquitectura y los patrones funerarios.

Los alfareros virú - gallinazo pertenecían a la misma comunidad de aprendizaje y ejecución, y no tenían una filiación directa con los alfareros mochica.

Shimada y Maguiña creen que, si bien la muestra del material Virú- Gallinazo recuperada por el Proyecto Valle Virú hasta la década de los cincuenta fue importante, así como también los hallazgos cruciales en materia de logros organizativos de la época, ocurrió en ese tiempo un hecho arqueológico que sorprendió a todos y paulatinamente, generó serias dudas que hoy se han convertido en el tema de un gran debate científico aún no resuelto.

Sobre el hallazgo del arqueólogo estadounidense Gordon R. Willey, de una presencia intrusiva en el Bajo Virú, de artefactos y arquitectura Moche III y la paralela y completa desaparición de elementos del estilo Virú – Gallinazo, a partir de lo cual, Willey afirmó que tales cambios fueron el resultado de una guerra de agresión y ocupación por parte de los moches de Chicama, Shimada y Maguiña cuestionan la teoría de una repentina conquista militar Mochica sobre Virú – Gallinazo y la mitad sureña de la costa norte.

Pese a esto, Shimada y Maguiña, en su informe, Nueva visión sobre la cultura Gallinazo y su relación con la cultura Moche, (2009) indican tajantemente que les parece que Virú – Gallinazo  no fue una cultura unificada, sino una “serie de entidades en cada valle” que competían con los moches los recursos de las zonas medias y bajas; tan era así que afirman que el yugo político moche se produjo en distintos tiempos en cada valle y que este control no logró desaparecer la etnia Virú - Gallinazo ni su tradición estilística, pues ambas sobrevivieron a la dominación moche y duraron más.

IV.    ¿QUÉ ES UNA CULTURA?

«Cultura» es un concepto general que engloba el comportamiento social, las instituciones y las normas de las sociedades humanas, así como su conocimiento, sus creencias, arte, leyes, costumbres, las actitudes y los hábitos de los individuos de estos grupos, adscritos a una región o ubicación específica, o se atribuye a ella. «Cultura», necesariamente solo incluye creaciones materiales o inmateriales de la especie Homo sapiens.

IV.1 La «cultura arqueológica»

Como parte del concepto general, el arqueólogo australiano, Gordon Childe, en 1929, definió así otro concepto subsidiario más preciso para los temas de este trabajo, la «cultura arqueológica»: “Encontramos ciertos tipos de restos —ollas, utensilios, adornos, ritos funerarios y formas de vivienda— que se repiten constantemente (el subrayado es nuestro). A este complejo de rasgos asociados lo llamaremos «grupo cultural» o simplemente «cultura». Asumimos que este complejo es la expresión material de lo que hoy llamaríamos «un pueblo».

Pero, Johnson Matthew (2019), en su Teoría arqueológica dice que “se deben encontrar múltiples artefactos para que un sitio se clasifique dentro de una cultura arqueológica específica. Un rasgo por sí solo no da lugar a una cultura, sino que se requiere una combinación de rasgos”.

V.          LA NUEVA NARRATIVA SOBRE LAS CULTURAS PUENTE

La narrativa inicial sobre estas tres culturas, las cuales, como vemos en el Gráfico 1, tuvieron una evolución coetánea con el nuevo poder regional de la Cultura Mochica, en distintos tiempos, compartiendo territorio y más, señala que, finalmente se subsumieron bajo la dominación del nuevo régimen, por las buenas o por las malas.

La nueva información arqueológica y antropológica surgida desde la década de los ochenta y sobre todo en el curso de lo que va del presente siglo XXI, informa que el origen de estas tres culturas fue un largo periodo de “reorganización social” en la costa norcentral y norte que habría empezado entre los años 800 y 700 a.C. el cual recién pudo generar nuevas culturas a partir del año 500 a.C.

Sin embargo, hay un grupo de arqueólogos que afirma que, en tal periodo solo Vicús habría cristalizado como cultura, más no así Salinar ni Virú – Gallinazo, las que solo alcanzaron la categoría de “expresiones culturales”, más no de “culturas”.

La nueva data ha generado también la hipótesis sobre que los Mochica no impusieron totalmente su dominio sobre tales pueblos, sino que desarrollaron una coexistencia o convivencia tipo “tándem” o equipo en los mismos territorios, sobre la base de la amalgama de una sola religión que era aceptada por todos y el mantenimiento de sus correspondientes actividades y estilos alfareros, arquitectónicos, constructivos, metalúrgicos, textiles y de orfebrería, así como de sus costumbres funerarias.  

Continúa en la Segunda parte...

FOLDER FOTOGRAFICO


Gráfico 1



Gráfico 2



Foto 1. Cántaros Vicús



Foto 2. Cerámica Vicús antropomorfa



Foto 3. Cerámica Salinar Blanco sobre rojo. 



Foto 4.Cerámica Salinar erótica. 



Foto 5. Cántaro Virú - Gallinazo asa - puente. 



Foto 6. Botella Virú - Gllinazo cara - gollete.