viernes, 25 de julio de 2025

 

LA CULTURA CHACHAPOYAS – PERÚ

SEGUNDA PARTE.

DEL 900 AL 1,470 de nuestra era común.
Entre el Intermedio Temprano (culturas regionales)
y el Horizonte Medio (Imperio Wari)


  • UN GRAN ESFUERZO CIENTÍFICO SOBRE LA IDENTIDAD GENÉTICA DE LOS «CHACHAPOYA».

  • LOS INCAS PROPICIARON UNA INTENSA MIGRACIÓN DE PUEBLOS DE JUNIN.

  • NO HAY EVIDENCIAS GENÉTICAS DE LA PRESENCIA DE EUROPEOS NÓRDICOS, ANTES DE LA LLEGADA DE LOS INVASORES ESPAÑOLES.


Gran vista aérea de la ciudad fortaleza de Kuélap. 

Los arqueólogos ya mencionados, Anna Guengerich y Warren Church, reconocidos estudiosos y verdaderamente enamorados del fenómeno chachapoya, organizaron en el año 2015 el simposio: “¿Qué era Chachapoyas? Hacia una geografía cultural para los Andes peruanos nororientales, nuevos datos e interpretaciones”. El certamen fue parte de la conferencia anual de la Sociedad Americana de Arqueología (SAA), realizada en San Francisco, California.

En el simposio participaron: Klaus Koschmieder, Brian McCray, Arturo Ruiz Estrada y Luis Valle Álvarez, Evelyn K. Guevara, Jukka U. Palo, Antti Sajantila, Sonia Guillén, J. Marla Toyne, Alfredo Narváez Vargas, Brian McCray, Armando Anzellini, Inge R. Schjellerup y James M. Crandall. El objetivo fue actualizar el conocimiento científico sobre los chachapoya.

Como resultado de ese gran esfuerzo, en 2017 publicaron los trabajos presentados sobre casi todos los aspectos del tema con el título: La (Re) construcción de Chachapoyas a través de la historia y la historiografía, en el Boletín de Arqueología de la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP.

En el ensayo, planteado como conclusiones de los debates: Una mirada hacia el futuro: nuevas direcciones en la arqueología de los Andes Nororientales la introducción”, Guengerich y Church, hacen las siguientes precisiones:

No estado, no reino, no federación.

Los Chachapoyenses no formaron una sociedad políticamente centralizada tipo estado o una federación de estados con un mando único y niveles de subordinación.

El extremo sobre este aspecto lo expusieron en 2017 Anna Guengerich y Warren Church, en su trabajo “Una mirada hacia el futuro: nuevas direcciones en la arqueología de los Andes nororientales – Conclusiones”, en el que puntualizan como uno de los resultados de la publicación de los trabajos, “¿Qué fue Chachapoyas?:

En resumen, planteamos la idea de que antes de la conquista incaica nunca existió ningún tipo de unidad integrada —de carácter político, étnico, ni cultural—, que fuera coextensiva con la región que los estudiosos ahora denominan «Chachapoyas»”. Anotan que la arqueología regional reciente reconoce “la diversidad cultural que existió entre las muchas sociedades llamadas «los chachapoyas»” y perciben que esto hace necesaria la construcción de las inexistentes historias culturales de Chachapoyas, tarea que, si no se elaboran marcos básicos de los patrones de cultura material y de los sistemas de interacción de las mencionadas sociedades, será imposible investigar en particular las cuestiones más complejas de interés comparativo y antropológico.

En ese contexto, hay estudiosos que consideran que, en la época pre - inca, hubo algunos grupos de carácter político y/o étnico que no pertenecían a «los chachapoya»: los chillaos, los chilchos, los pacllas, los pomacocha, así como los posic, y los orimona, asentados en la frontera oriental y, específicamente, creen que los luya y los chillaos, jugaron un papel tan importante como los “chachapoyas” en la política regional.

Típica vivienda de los chachapoya de Kuélap, de planta circular 
de piedra y techo cónico de paja, sin parangón en los Andes.

Pero, además de la diversidad cultural otros autores han puesto de manifiesto la diversidad de perspectivas geográficas de los conjuntos sociales y, como una novedad importante, está también el aporte de Guevara et al. (y su equipo) y de Ruiz, respecto a la existencia de una diversidad sub - regional de tipos genético y etnohistórico.

¿Esto quiere decir que la Cultura Chachapoyas, no existió?

Como resultado de esta diversidad, Guengerich y Church, plantean a la academia que solo use el término “Los chachapoyas” como una mera etiqueta historiográfica y de referencia territorial y que, respecto a desarrollos culturales específicos, aluda a términos geográficos específicos como “cuenca del Huabayacu”, o “margen derecha del Uctubamba”.

Los autores consideran que actualmente quedan pendientes de respuesta los siguientes cinco temas importantes:

  1. La historia regional antes del Período Intermedio Tardío. Porque p

  2. ersiste una falta general de conocimiento sobre las ocurrencias antes del año 1000 de nuestra era, a pesar de que la presencia humana en estas épocas tempranas es innegable.

  3. Las bases de subsistencia de las economías regionales. En las últimas décadas se ha confirmado que el pastoreo de camélidos fue una de las bases económicas en toda la región, no solo durante el Período Intermedio Tardío, sino desde épocas tempranas. Se ha determinado el cultivo de la papa, la quinua, el maíz, el frijol y productos de alturas bajas como yuca, calabaza y frutas silvestres.

  4. La organización sociopolítica y el papel de Kuélap. Sobre esto hay pocos estudios arqueológicos. Sin mayores fundamentos, los pocos estudios postulan que la unidad sociopolítica principal fue el ayllu o curacazgo, el cual comprendía uno solo o unos pocos asentamientos organizados de manera jerárquica, encabezado por un curaca.

Descendiente femenina actual 1

Koschmieder (2014), según datos arqueológicos, dice que estas sociedades eran básicamente            igualitarias, carecían de líderes institucionalizados, pero asumían desigualdades heredadas. De             paso, hay que anotar que la mayoría de los investigadores rechazan la teoría de que Kuélap fue         una especie de capital del reino chachapoya, aunque aún queda por dilucidar cuándo empezó su         construcción, los mecanismos de su edificación, cuánto tiempo demoró el papel que jugaba dentro     de Chachapoyas, e incluso dentro de Luya misma, ¿en qué época ocurrió la asombrosa masacre         que acabó con la ocupación del sitio y cuáles fueron los factores políticos, regionales que                     provocaron esos hechos? Así mismo, falta configurar el panorama total de los orígenes de una             obra tan enorme a manos de sociedades que solo contaban con un nivel menor de integración             política. 

 5. La variación en las prácticas mortuorias. ¿Cuáles fueron sus causas y cuál fue el significado de las diferencias entre los numerosas tipos de sepulturas que surgieron en el mundo andino: entierros en cuevas, ajo rocas, dentro de terrazas agrícolas, en murallas perimétricas, en las viviendas, en hornacinas, urnas y bajo los pisos, en sarcófagos de barro que eran colocados en acantilados de roca caliza y arenisca y entierros en chullpas rectangulares y circulares.




Uno de los mausoleos de los Pinchudos, parte de la diversidad mortuoria

6. Las fronteras de la región, donde las poblaciones de Chachapoyas interactuaban con las sociedades vecinas, son hasta ahora inciertas. Sin embargo, si Chachapoyas no fue una entidad política unitaria, no hubo entonces quien fijara frontera alguna. Solo queda determinar afinidades y diferencias socioculturales entre los grupos y determinar las relaciones del territorio con sociedades del Ecuador, del Oeste y Sur andino, expresadas en un consistente comercio de larga distancia de diversos productos como lascas de obsidiana, pescado y cerámica ecuatorianas, variados productos de camélidos suramericanos y ornamentos procedentes de Bagua, Cajamarca y Ancash.

Sobre este y otros aspectos los estudios del ADN de Guevara et al. de poblaciones contemporáneas, han revelado niveles extremadamente altos de diversidad biológica en comparación con poblaciones amazónicas y andinas, lo cual Guevara interpreta como resultado de la mezcla de varios grupos en varios momentos de la historia. El análisis, del cual se ofrece más adelante sus principales conclusiones, sostiene que, por lo menos, algunos de los antecedentes de estas poblaciones estuvieron entre los pobladores más tempranos de Sudamérica, sobre la base de su estrecha relación con grupos alejados del continente.


Descendiente femenina actual 2


Descendiente masculino actual 1

Descendiente femenina actual 3


Descendiente masculino actual 2

Otros hallazgos.

En la Introducción, “La (Re) construcción de Chachapoyas a través de la historia y la historiografía”, sobre los trabajos del simposio: “¿Qué era Chachapoyas? Hacia una geografía cultural para los Andes peruanos nororientales, nuevos datos e interpretaciones” (2015), Guengerich y Church, añaden los siguientes aportes:

Medio ambiente adverso.

El territorio Chachapoya es ubérrimo, difícil y hasta hostil. En gran parte es el bosque lluvioso (rain forest), en donde un gran número de formas de vida progresa notablemente. Pero, a pesar de los factores medioambientales adversos y su inhospitalidad, quienes se establecieron en la región lo hicieron por decisión propia y lograron una adaptación profunda y positiva. Desde el enfoque de la adaptabilidad, varios investigadores han llegado a la conclusión de que los habitantes prehispánicos de Chachapoyas construyeron sus asentamientos en las cimas de los cerros para protegerse de los derrumbes.

La evidencia de que los bosques montanos tropicales no obstaculizaron el asentamiento ni el aprovechamiento de las tierras, desafía los planteamientos de Steward, Bonavia, Ravines y Kauffmann.

La gran sequía

Los registros locales de las cavernas han servido a los arqueólogos para evaluar la hipótesis de que una sequía prolongada en la Cordillera Central de los Andes entre los años 1 100 y 1500 de nuestra era (Entre el Intermedio Tardío y el Horizonte Tardío), provocó la migración de poblaciones hacia los Andes orientales de Chachapoyas (Moseley 2001). Hoy, los arqueólogos están principalmente interesados en saber si los cambios climáticos pudieron estar correlacionados con momentos de cambios adaptativos en aspectos de subsistencia, movilidad, uso de las tierras y/o cambios demográficos como los ya postulados.

Este periodo de lluvias esporádicas y mínimas ha sido identificado como parte de la manifestación sudamericana de lo que se ha denominado la Anomalía Climática Medieval (ACM), un cambio medioambiental de fuerte impacto cuya datación ha sido refinada mediante el uso de más datos de más sitios, incluso informaciónde las cavernas, para colocar la ACM entre los años del 920 y 1 100 d.C. (Vuille et al. 2012).

Sin embargo, la ACM entre 920 y 1 150 d.C. no coincide temporalmente con evidencias arqueológicas (aun no especificadas) de una llegada abrupta de poblaciones alóctonas, es decir, no originarias de la región.

Es más, las fechas correspondientes a la ACM (920 - 1150 d.C.) coinciden con la transición panandina entre el Horizonte Medio y el Período Intermedio Tardío y, más notablemente, con la época de máxima expansión y desintegración del imperio Wari entre las Épocas 2 a 4 (año 800 al 1 050 ne.). Y, el número de nuevos hallazgos que evidencian una influencia bien marcada de la cultura Wari en Chachapoyas está incrementándose.

Ningún registro espeleológico de las cavernas es idéntico a los otros, pero el registro de más resolución que abarca los siglos de mayor interés arqueológico proviene de la cueva Palestina (870 m.s.n.m.), considerada la tercera más profunda del Perú y de una antigüedad de unos 60 millones de años. Está ubicada cerca de la ciudad de Rioja, en el departamento de San Martín. Su registro muestra señales de la ACM entre el 920 y el 1 100 d.C. (Apaéstegui et al. 2014).

Llegaron del Norte

Los nuevos investigadores franceses — incluso Langlois, Flornoy y los Reichlen—, postularon que estas civilizaciones habían llegado a Chachapoyas desde el Norte, una interpretación compartida por el alemán Hans Horkheimer (1959) en su resumen de los trabajos de Chachapoyas.

Todos no eran altos y bellos

Estudios bio antropológicos de los aspectos físicos de las poblaciones de Chachapoyas, presentan una dirección importante que se ha desarrollado en los estudios regionales a través de los últimos quince años.

Sin embargo, mediante los análisis del ADN mitocondrial y del cromosoma Y, Guevara y sus colaboradores han trazado las afiliaciones de personas de descendencia local con otras poblaciones andinas, amazónicas y americanas. Guevara et al., han hallado evidencias de un nivel elevado de diversidad genética, a la que interpretan en el contexto fronterizo de esta región. En contraste, Toyne y Narváez han utilizado métodos biométricos y morfológicos para el estudio de la enorme muestra de restos humanos de Kuélap, poniendo en duda la imagen tradicional, elaborada por los cronistas españoles, descrita en el sentido de que “los Chachapoyas” era gente excepcionalmente feroz, fuerte, blanca y hermosa.

Habla el ADN de los chachapoya

Para entender a la ACTUAL población chachapoyense en el contexto de otros grupos del noreste andino, un grupo de investigadores analizó muestras de la población moderna chachapoyana, de la jíbara, del enclave Huanca y de la población de Cajamarca. Es una de las primeras investigaciones de este tipo sobre un grupo cultural amplio en el país. Se trata del trabajo “Explorando dinámicas poblacionales ancestrales en el Noreste peruano: Marcadores uniparentales de ADN en los Chachapoyas modernos”., de Evelyn K. Guevara, Jukka U. Palob Antti Sajantilac y Sonia Guillén.


Mapa con la ubicación de algunos sitios arqueológicos
principales de Chachapoyas (cortesía de J. Crandall).

Sus conclusiones son las siguientes:

  1. El territorio del bosque nuboso entre el Marañón y el Huallaga, en los Andes nororientales, habría sido utilizado por muchos grupos humanos como corredores entre el Sur de Ecuador y el Norte de Perú durante milenios. Tras los asentamientos permanentes la población mantuvo constante contacto con grupos nómades que iban y venían en diferentes direcciones. Eso dio lugar a que durante sociedades más complejas, se formaran entre las élites redes de intercambio de una gran variedad de bienes a mediana y larga distancia.

  2. Los marcadores uniparentales de ADN en los chachapoyas modernos analizados, apuntan a que las poblaciones sedentarias de esta región (tempranas o tardías), habrían enriquecido con mayor intensidad su acervo genético, expresando una gran diversidad genética que la diferencian marcadamente de otras poblaciones puramente andinas o amazónicos. Aunque aún falta determinar qué factores habrían contribuido más significativamente a dicha diversidad genética de los pobladores modernos del territorio llamado “chachapoyas”.

  3. Jíbaros distantes. Es evidente que hubo influencia de elementos amazónicos en la iconografía chachapoya, fenómeno recurrente en los Andes desde períodos muy tempranos.

Así mismo, a pesar de la extinción del presunto idioma chachapoya, lingüistas y arqueólogos perciben que los jíbaros compartían con los chachapoyas algunos topónimos, al igual que otras características culturales.

En ese sentido la data genética en ambos marcadores (ADN mitocondrial y cromosoma Y), ha mostrado que los chachapoyas y los jíbaros se encuentran genéticamente distantes, de modo que los genes y los elementos culturales, siguen trayectorias y grados de evolución distintos.


Familia jíbara relacionada, pero no determinante

  1. Afinidad genética con los cajamarcas. Los marcadores uniparentales indican una estrecha afinidad genética entre la gente chachapoya y los cajamarcas; sin embargo, los investigadores no han logrado determinar si esto refleja fenómenos antiguos o modernos, pues desde la segunda mitad del siglo XX hasta ahora, se ha observado una fuerte migración cajamarquina hacia el departamento de Amazonas.

Considerando que la arqueología regional ha demostrado que los chachapoyas se relacionaron intensamente con sociedades cajamarquinas, incluso antes del Período Intermedio Tardío, del año 1 000 al 1 470 ne., según evidencias cerámicas, y que durante la ocupación inca, los cajamarcas fueron sometidos a mitimaes en territorio chachapoya. Nuevos estudios más precisos de ADN mitocondrial antiguo debieran demostrar si la intensa relación también involucró una vinculación sexual desde aquellos tiempos.

  1. Afinidad solo paterna con los huancas.

Respecto a los huancas, llegados al territorio chachapoya desde el departamento de Junín durante la ocupación inca, los analistas calculan que durante el curso de más de 20 generaciones debe haber ocurrido un intenso mestizaje huanca – chachapoya.

La evidencia genética dice que sí, pero solo en el caso de la línea paterna (Cromosoma Y). Sin embargo, en materia de la línea materna, el ADN mitocondrial indica que aún existe cierta diferenciación. Esta divergencia entre los marcadores podría obedecer al descubrimiento de diferencias en el ADN mitocondrial, es decir de distancias genéticas significativas, entre los subgrupos étnicos de los chachapoyas.

La muestra chachapoya moderna fue dividida en función a una distribución aproximada de “grupos étnicos Chachapoyas”, respecto a los cuales el análisis demostró que algunas sub - unidades arrojaron diferencias en el caso del marcador femenino (ADN mitrocondrial), surgidas de la ausencia o casi ausencia (N = 1) de ciertos haplo-grupos, en unidades étnicas específicas.

Esto mostró distancias genéticas de los sub grupos Pomacocha y Chillao, los cuales, por tanto, devienen diferentes respecto a las otras subunidades. Así mismo, la data de cromosoma Y, mostró que el grupo de La Jalca se diferencia significativamente de las otras sub unidades.

  1. Tablero de distintos grupos étnicos. Estos resultados, refuerzan lo que dicen las fuentes etnohistóricas: que los chachapoyas fueron un conglomerado de varios grupos étnicos. Aún más, este fundamento genético último se suma a la evidencia arqueológica que apunta a diferencias en atributos materiales en el territorio “chachapoya”, resultante de los trabajos de Koschmieder realizados entre el año 2008 y el 2010.

Anteriormente, esta hipótesis en torno a la diversidad interna de la entidad cultural “chachapoya” también había sido evaluada por Nystrom, quien reportó escasas barreras para el flujo genético entre estas subunidades, con base en rasgos métricos en el esqueleto (Nystrom 2006), a pesar de ciertas limitaciones de este método de análisis, debido a que el fenotipo es altamente influenciado por factores medioambientales.

Nuevamente, los especialistas están seguros de una data concluyente sobre esta heterogeneidad o diversidad genética de los chachapoyas, únicamente podrá ser obtenida mediante estudios de ADN antiguo sumada a información isotópica y eso dependerá de la disponibilidad de muestras de colecciones representativas de la región.

Diversidad genética confirmada.

Un estudio científico anterior sobre “Los enclaves de diversidad genética resistieron los impactos incas en la historia de la población”, realizado por las universidades peruanas Mayor de San Marcos, San Martín de Porres y el Instituto Max Planck de Ciencias de la Historia de la Humanidad de Alemania, halló también la gran diversidad genética de los chachapoya y determinó en su correlato lingüístico, que el idioma quechua habría llegado a Chachapoyas sin ningún gran desplazamiento  de personas.

Por tanto, ambos hallazgos contradicen frontalmente los relatos supuestamente históricos respecto a que los incas forzaron la dispersión masiva de los chachapoyenses.

La autora principal del análisis biológico, Chiara Barbieri, genetista del Max Planck (Barbieri et al. Enclaves of genetic diversity resisted Inca impacts on population history. Scientific Reports), explica que la diversidad genética surge del marcador cromosoma Y, es decir de la línea masculina, de padre a hijo, con un fuerte componente nativo – americano sobreviviente, a pesar de toda la mezcla con genes europeos desde la conquista española; pero, el componente ancestral es “bastante diferente” respecto a la urdimbre genética tejida en la zona cordillerana central y sureña peruana, en donde la dominación incaica homogenizó la composición genética de su población.

De esto, los genetistas infieren que la gente de Chachapoyas permaneció relativamente aislada lo que posibilitó que parte de su legado genético, efectivamente, resistiera la colisión con los incas hasta el día de hoy.

Entonces, por extensión, la detectada herencia genética de los chachapoyas apunta hacia que, tras la invasión militar incaica que tardó varios años en completar su derrota, este pueblo no fue deportado masivamente para controlar sus levantamientos independentistas.

Esto se trae abajo las narraciones de cronistas españoles y mestizos, tomadas de fuente oral inca sin corroboración alguna sobre masivos mitimaes contra los díscolos chachapoyas.

Los colegas peruanos de Barbieri, José Sandoval y Ricardo Fujita, de la Universidad San Martín de Porres, integrantes del equipo, dicen que los chachapoyanos por ser cultural y lingüísticamente muy distintos del resto, pueden decirnos más sobre el pasado peruano prehispánico, ¿de dónde vinieron, si emigraron, qué interacciones tuvieron entre ellos?, no obstante que, para eso, es necesario recuperar su ADN mitocondrial antiguo, lo que requiere más esfuerzo.

El lingüista y autor principal del estudio, Paul Heggarty, también del Max Planck impulsó el estudio desde que en un primer viaje a Chachapoyas halló solo unos cuantos ancianos hablantes de un idioma nativo que se consideraba extinguido y un grupo de solo varias docenas que aún hablan quechua a pesar de que, en otros zonas del Perú, hay millones de quechua hablantes.

En este campo, encontraron otra contradicción. Se pensaba que, porque el quechua chachapoyano es similar al que se habla en Ecuador, debía de existir una vinculación genética muy estrecha. Pero, no es así. El vínculo no existe. Los resultados de ADN no muestran conexiones cercanas entre los hablantes de quechua de estas dos regiones. Jairo Valqui, lingüista de la Universidad Nacional de San Marcos de Lima y coautor del estudio, remarca que, aunque pocas, existen aún huellas de una de las lenguas ancestrales de Chachapoya, en forma de determinadas combinaciones de sonidos característicos, específicamente en apellidos y en algunas palabras de uso actual como solpelope y en los nombres de lugares locales, como el propio Kuélap.

FIN